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La fe cristiana y sus proyecciones sociopolíticas
La importancia del
mensaje evangélico es incomparable. Desde el plano histórico puede
considerárselo como una revolución , y teniendo en cuenta su carácter divino se
lo puede tomar como una revelación.
La revolución cristiana
se caracteriza por la modificación radical del concepto de
divinidad que tenía el hombre, ya que a diferencia de la
antigüedad pagana y del mundo grecolatino el cristianismo afirma la
trascendencia divina , situando a Dios fuera de la naturaleza visible y por
encima de ella, sustituyendo así la mitología por la metafísica.
Mediante la encarnación
del verbo, la divinidad reviste la naturaleza humana
, y en consecuencia la naturaleza participa de la divinidad.
La revolución cristiana no engendra una ruptura total con el mundo antiguo,
ya que no se opone en su integridad y totalidad al mundo , sino que acepta
ampliamente esa herencia, teniendo así con el mundo pagano numerosos elementos de continuidad. Los
autores cristianos ven en ciertos datos de la historia factores necesarios o al
menos favorables al advenimiento del cristianismo, como por ejemplo la idea de
que la unificación del mundo bajo el dominio romano era indispensable para
facilitar la expansión del mensaje evangélico a los gentiles.
Por otro lado utiliza en
el plano filosófico el pensamiento antiguo , deslizándose en el marco del saber
tradicional, adaptación que más tarde fue admitida y elogiada por la Edad Media
y el Renacimiento.
En el campo de la vida
pública las instituciones existentes subsistieron, y no fueron atacadas en
absoluto por el cristianismo.
Pero también hay
diferencias entre el mundo pagano y el cristiano que pueden considerarse como elementos de ruptura entre
ambos.
Con el cristianismo aparece un
nuevo clima espiritual , que se propaga a través de los siglos por
medio de los relatos del Evangelio.
El antiguo deber de justicia,
tomado por los romanos de las ideas de Cicerón , es
sobrepasado por el nuevo deber de
caridad , que implica una renovación ,un cambio de vida por
la oración, la castidad, la sobriedad, preparando la unión con Dios.
En el plano político , el pensamiento
antiguo se equivoca en algunos puntos , como por ejemplo lo
hace Aristóteles al considerar al esclavo como un instrumento cuya existencia
es indispensable para la ciudad, negándole la capacidad de llevar una vida
virtuosa , o como lo hace Cicerón , quien si bien define el derecho natural y
lo exalta en términos muy elevados , no le concede plena eficacia ante la
imposibilidad de poder conectar sus afirmaciones de principio con sus
consecuencias prácticas, para lo que sería necesario la noción de una moral
trascendente, ligada a la existencia de un Dios único , poder supremo ,
eternamente viviente y activo.
El Cristianismo emergió a
la historia a partir de una raíz cultural y religiosa judía,
que aportó la idea de un Dios único ,
ya existente en la antigüedad pero no en la era grecolatina.
El pensamiento del pueblo
judío se manifiesta en el plano religioso e intelectual por un conjunto de
textos sagrados reunidos en la Biblia , la cual no se ocupa de cuestiones
políticas más que de una manera accesoria en su vinculación con las relaciones
religiosas que son lo esencial.
El aporte hebraico es
importante, no por las instituciones sino por lo que concierne a la naturaleza
de la autoridad, sustituyendo con su concepción al pensamiento grecolatino, con
el cual se diferencia en que el pueblo judío es monoteísta, y en que mantiene
relaciones directas con Dios, quien concertó una alianza con el pueblo judío de
carácter indisoluble, a consecuencia de la cual Dios conduce personalmente a su
pueblo, pero respeta su libertad y no lo obliga directamente a un
comportamiento determinado , sino que lo lleva a su camino por medio de
castigos o por la intervención de los Profetas encargados de recordar al pueblo
judío su destino y sus obligaciones.
El régimen político
resultante es el de una sociedad sin constitución política ,cuya organización
está sometida directa y únicamente a la soberanía de una ley religiosa y civil,
consagrada por un contrato solemne entre el pueblo y Dios, lo cual es otra
diferencia con la antigüedad pagana, que constantemente estuvo obsesionada por
el problema constitucional. Este régimen no pudo durar mucho tiempo, por lo
cual el pueblo judío es gobernado luego por jueces, y mas adelante por pedido
del pueblo Dios les permite tener un rey.
Grande es la influencia
también sobre el concepto de la autoridad. Siendo Dios el poder
soberano , los reyes deben obedecer sus órdenes, y sus súbditos deben obedecer
sus órdenes como si viniesen de Dios mismo. Los reyes obtienen así un poder
legítimo , que no debe ser ejercido ni egoísta ni arbitrariamente porque Dios
les pedirá severas cuentas. Por consiguiente deben conocer y respetar las leyes,
vivir en humildad frente a Dios, sin caer ante el lujo , y estar en todo
momento atento al bien del pueblo que Dios le confía. La justicia del rey será
bendecida por Dios y se traducirá en la prosperidad del pueblo y el
mantenimiento de la dinastía.
Esta concepción será
recogida casi enteramente por la tradición cristiana en la de "autoridad-función", que no está ausente en las
teorías de Aristóteles , quien hace de la búsqueda del interés general el
criterio del buen gobierno que altera y desvía el interés egoísta de quien
manda, ya sea el rey, la minoría o la multitud.
La concepción cristiana,
basada en la judía, es más sólida, porque admite una reciprocidad entre el
monarca y la comunidad, entre quienes hay una unión necesaria, que se
manifiesta más tarde por un vínculo jurídico de obligaciones recíprocas. La
tradición judía estima que el poder del soberano está creado en interés del
pueblo, de lo cual resulta que la obediencia puede tener un carácter
condicional, dependiente de la legitimidad de la orden dada, cosa totalmente
ajena al pensamiento grecorromano.
A esta concepción de la
autoridad el cristianismo agrega transformaciones en
base a su idea acerca de la persona,
la cual por su naturaleza religiosa y moral no puede aceptar cualquier acto que
le proponga o le imponga el Estado. El hombre debe dejar de lado ciertas
relaciones de subordinación y rechazar todo intento de absorción , porque tiene
fines esencia les que no puede
sacrificar, y lleva consigo derechos inherentes a su personalidad , resultantes
de su vocación a la inmortalidad. La determinación de los límites de los
derechos del Estado es cosa esencial para el cristianismo.
El ciudadano , que en la
Ciudad Antigua no era más que una parte del todo, reviste ahora un valor
absoluto, en razón del bien espiritual trascendental al cual está llamado y en
el que participa desde la tierra . Por esto el concepto del Estado soberano
será aceptable para el cristianismo únicamente en la medida en que sea una
sociedad abierta y en que no pretenda encerrar en él al hombre y con el hombre
al cristianismo. De esta manera nace una nueva parte del derecho que concierne
a las relaciones del Estado con los individuos , o las colectividades, que por
oposición al derecho constitucional puede llamarse derecho
relacional.-
La revolución cristiana
cambia radicalmente el sentido de las ideas políticas . Para los antiguos éstas
eran esencialmente constitucionales, y el problema era determinar cuál era el
mejor régimen. Para el cristiano, en cambio, la existencia temporal no es más
que preparación y encaminamiento , y en consecuencia lo que la afecta es
secundario, como el caso de la organización política, en la que las
instituciones pertenecen al dominio de lo contingente, de lo relativo.
El cristianismo hace
sobre el plano constitucional dos aportes esenciales , que están presentes en
todas las doctrinas políticas, hasta en las más actuales. Estos aportes son, a
primera vista, contradictorios.
El primer aporte es la
idea de unidad humana , reflejo
de la unidad divina. El conjunto de los humanos forma un todo , moralmente
coherente y orgánicamente institucionalizable.
El segundo aporte es la
idea de dualidad de lo espiritual y de lo temporal
, no solamente como principio de vida personal , sino como principio de
organización colectiva. Tanto lo espiritual como lo temporal reclaman para cada
uno la existencia de una comunidad organizada , por lo que hay que distinguir
dos sociedades : una política y una eclesiástica , que son las estructuras
constitucionales nuevas y que plantean tres nuevos problemas :
1 - El problema de la humanidad .
2 - El problema de la dualidad político-eclesiástica .
3- El problema de la conciliación de estos dos puntos
de vista, aparentemente contradictorios.
La noción de humanidad ,
de unidad humana, no está ausente en la política antigua , pero aparece
incompleta y desempeña un papel secundario.
·
Para Aristóteles la unidad es la ciudad .
El hombre está hecho para vivir en Ciudad y ella es la unidad de vida. Más allá
de la Ciudad concibió una federación de ciudades griegas, en la que por una
parte la Ciudad permanece como célula madre, mientras que por otra parte
excluye de esta confederación helénica a todos los bárbaros que tienen con
relación a la federación casi la situación de esclavos o jornaleros.
- Los romanos la conciben como la unidad de
conquista : someter el mundo mediterráneo y quitar a los bárbaros lo que
es necesario para la protección del imperio. Frente al enemigo, la Ley de
las XII tablas proclama que existe "una autoridad eterna". Al
extranjero se lo considera susceptible de ser sometido y luego admitido,
pero en una situación subordinada, cuando no servil.
- Los estoicos tuvieron la idea de una unidad más
profunda. Cicerón concibió la existencia de un derecho natural , el mismo
que en Roma y en Atenas. Las ideas concernientes a la universalidad del
derecho fueron apenas aplicadas antes de la era cristiana, en la que cada
pueblo, cada ciudad , cada familia tiene sus dioses particulares y en la
que una jerarquía celeste corresponde a una jerarquía social terrestre.
Por lo tanto no hay igualdad jurídica ni espiritual.
- La transformación introducida por el cristianismo
es extremadamente profunda, más bien decisiva. No admite ninguna
diferencia de naturaleza entre los hombres , porque si bien puede haber
diversidades accidentales de función , de situación, de raza, de
nacionalidad , etc. no las hay en cuanto a la humanidad : todo hombre es
igualmente hijo de Dios . Las tres divisiones que conoció el mundo antiguo
( la división de los judíos entre el pueblo elegido y el que no lo fue ;
la división de los griegos entre ellos mismos y el resto del mundo y la
división fundamental en todas partes entre los que son libres y los que
son esclavos ) se desvanecen ante esta renovación integral que aporta el
cristianismo. La supresión de barreras trae aparejada, en consecuencia, la
realización de la unidad. El principio de esta unión es Dios, quien
penetra la diversidad del mundo y lo dirige por entero hacia un mismo fin,
por lo que hay unidad del universo terrestre en la unidad del monarca
divino, que es Dios y de quien necesariamente emana todo poder, directa o
indirectamente, hecho a imagen de Él.
Poco tiempo después ésta
noción de una comunidad orgánica de los hombres se apodera de los espíritus en
tal forma que para designarla una palabra cambia de sentido. Humanidad deja de
ser la "comunidad de sangre", o sea la similitud de naturaleza
fisiológica existente entre los individuos de la especie humana de la que habla
Cicerón , y deja también de lado sus dos sentidos derivados : uno, que indica
las virtudes de la suavidad y la benevolencia en consideración hacia nuestros
semejantes , y el otro , en el que "las humanidades" designan los
estudios liberales que favorecen la adquisición y el ejercicio de estas
virtudes. El cristianismo modifica el alcance del término , que ya no contempla
la naturaleza común del animal humano sino la naturaleza común de las personas
concebida en su nueva dignidad como consecuencia de la Redención . De este modo
la palabra "humanidad" designará una entidad propia constituida por
todas las generaciones y todas las razas, que trasciende todas las divisiones
secundarias. Una comunidad universal ,fundada por el propio Dios y única
jurídica y espiritualmente, al estar sometida a una única ley y a un único
gobierno.
La dualidad político-eclesiástica
surge inmediatamente después del concepto de unidad de la humanidad , que
da a entender que un principio único de organización debía presidir de ésta ,
existiendo competencia de la autoridad religiosa en ciertos dominios y, en
otros , competencia de la autoridad civil. Esta distinción entre el campo de lo
político y el campo de lo eclesiástico es la base de todo derecho público
moderno, que ha tomado su propia dimensión cuando Cristo distinguió entre las
cosas referentes a César y las pertenecientes a Dios.
En la antigüedad el poder
es, por esencia , ilimitado, incluso en la democracia. El Estado puede tener
diversas formas pero es siempre totalitario , tiene el derecho de mandar en
todo y su poder no está constreñido, en principio , por ningún límite. Este
totalitarismo es explicado por Aristóteles : la existencia del todo es anterior
y superior al de las partes , por lo que no es extraño para la Antigüedad el
concepto de subordinación mientras que lo es la noción de derecho individual.
La subordinación incluye la religión como institución del Estado.
El cristianismo introdujo
en la reflexión política una variante fundamental que es el rechazo al carácter
totalizante que lo político contenía para la antigüedad clásica, en la que la
concepción grecorromana considera que todo el hombre se agota en la dimensión
política. El cristianismo plantea que el hombre es ciudadano de dos ciudades,
de la temporal y de la sobrenatural, es decir, es una persona irreparablemente
dividida entre dos lealtades que necesitan ser jerarquizadas, problema que el
Evangelio soluciona al decir que es necesario obedecer a Dios antes que a los
hombres.
Si bien el poder civil es
respetado, a su lado se instituye una Iglesia que , en el plano intermedio de
la humanidad es la transposición del poder originario de Dios. En adelante hay
otra sociedad , con un jefe, con una constitución, con obligaciones y,
eventualmente, con sanciones.
Un dualismo fundamental
se opone así al régimen totalitario de la antigua Ciudad. Hay división entre
dos sistemas de vida y entre dos poderes. El poder político tiene su dominio en
lo temporal, es decir , el gobierno de los intereses presentes de la vida
humana , con las correspondientes sanciones materiales. En contraposición, el
poder religioso se ejerce sobre lo intemporal, y se refiere a las relaciones
entre los hombres y Dios. Su dominio es el de lo espiritual, y tiene también
sanciones apropiadas que no son de carácter material.
La armonía de las dos sociedades
es la consecuencia de la dualidad de lo espiritual y lo temporal, de la que
surge la existencia de dos instituciones distintas , una "política" o
"laica" y otra "eclesiástica" o "sacerdotal".
La Iglesia tiene una
vocación más extendida que el Estado, puesto que reivindica la dirección de
toda la humanidad. Toma su puesto en el Derecho Constitucional, como sociedad
que es, con su jefe, sus gobernantes y sus agentes y posee una constitución.
Además, modifica radicalmente el dominio del Estado, puesto que el individuo ya
no pertenecerá sólo a él.
La comunidad religiosa
forma, en relación al Estado, un todo autónomo y homogéneo, más homogéneo
incluso que el Estado, puesto que es en espíritu y en verdad un organismo vivo.
Así, de una parte, el
individuo se encuentra liberado espiritualmente del Estado, pero por otro lado
se ve en el plano religioso, integrado en otra sociedad invisible y visible a
la vez. Será atraído simultáneamente por dos organizaciones opuestas : una
política y otra religiosa.
En los deberes
fundamentales del hombre en el terreno político se encuentra el estar
intrincado en una relación social que conlleva un sesgo de dominación, en el
sentido de que el mando es necesario para asegurar la cohesión y el progreso de
la sociedad , por eso la epístola de San Pablo dice que no hay autoridad que no
provenga de Dios porque la autoridad es necesaria para que la sociedad tome
forma y el hombre pueda cumplir su vocación comunitaria. Sin autoridad la
sociedad se disuelve y se convierte en un campo de batalla donde impera la ley
de la selva y donde la potencia social del hombre se ve radicalmente frustrada.
La propuesta básica del
cristianismo no es una fórmula política ni un proyecto social sino un mensaje
de salvación espiritual de contenido rico en fe en Dios. El aspecto central de
este mensaje religioso está dado por la imagen del Reino de Dios. Según el
cristianismo el hombre es una naturaleza caída que está simbolizada en el
pecado original; todos los hombres vienen a la vida dotados de una ambigüedad
radical hacia el bien y hacia el mal. La capacidad hacia el mal equivale al
pecado.
El mal y el bien no
solamente aluden a la vida individual sino también y muy especialmente hacia la
social, a la vida en común y Cristo es el remediador de todo ese mal.
La enseñanza primaria del cristianismo en cuanto a fe
religiosa es la creación del mundo y del hombre por Dios, la condición pecadora
del hombre , la redención de ese pecado por la encarnación y la muerte de
Jesús. La salvación es individual y colectiva, está planeada como un asunto de
la humanidad en conjunto con su Creador . Existe según el cristianismo una
historia que va por debajo de la historia temporal y que es la historia de la
salvación de la emergencia y del crecimiento del Reino de Dios.-
La doctrina Pauliana
Refleja la situación de
la Iglesia primitiva. Durante los primeros años de la predicación evangélica no
se había recalcado la noción de humanidad, ni la de dualidad de los poderes. En
el seno del Imperio Romano, los cristianos de los orígenes forman una sociedad,
en la que existen iglesias sobre las cuales se reconoce la supremacía de Roma y
que se comunican entre sí. En ese momento la Iglesia se está como separada del
mundo , al ser una sociedad oculta y carente de toda organización en el plano
jurídico.
En consecuencia, el
primer punto de la enseñanza evangélica, "Dad al César", adquiere su
importancia. Se recalca la obediencia al poder establecido. Los cristianos de
la época necesitan, en cierto modo, rivalizar en lealtad porque es muy
importante que el Imperio Romano, ya en decadencia, no se derrumbe. A pesar de
las persecuciones el cristianismo incipiente puede desarrollarse, y sobre la
primacía del deber de obediencia al César los cristianos y sus jefes quieren
responder con la doctrina a las calumnias de los paganos, a quienes ven como
una secta de revolucionarios. Pero para que pueda producirse la revolución
religiosa del cristianismo no es necesario que se llegue a la revolución social
o política. Otra razón más es la aparición de las herejías. En estas
condiciones es lógico que hasta el momento en que se terminen las persecuciones
( Edicto de Constantino en el año 313 ) los apóstoles, y después los escritores
cristianos pongan de relieve el deber de sumisión a las órdenes del soberano,
por ser quien posee la suprema autoridad , o a los gobernantes , por ser en
quienes él la ha delegado.
Concepción pauliana de la autoridad política
: Esta enseñanza se repite en la Epístola a los romanos de San Pablo, que dice
que "que todas las almas se sometan a los soberanos porque no hay poder
que no venga de Dios", fórmula que es la base de la enseñanza cristiana
sobre este tema. Igualmente los cristianos deben "someterse no sólo por
temor sino por escrúpulo de conciencia". La obediencia del príncipe no es
simplemente una actitud externa sino también una manifestación del espíritu.
San Pablo confirma esta doctrina general en las instrucciones pastorales dadas
a sus discípulos. Al Apóstol le parece esencial recordar por una parte a los
fieles el deber de obediencia, y por otra parte hacerles rogar por quienes
ejercen el mando en la Ciudad.
Algunos autores también
llaman a esta concepción "ministerial". La palabra
"Ministerio" no está tomada en el sentido actual del derecho público sino
en el sentido teológico, que significa ejecución. La autoridad del príncipe se
impone porque es el instrumento de Dios.
La Iglesia constituye una
formación casi exclusivamente espiritual, aun cuando preste algunos servicios
de orden práctico, especialmente asistencia a los pobres. Pero sigue siendo
clandestina y, por otra parte, el poder público es completamente extraño a la
religión. Los deberes de los cristianos frente al Estado pagano descansan
exclusivamente en el derecho natural. Sólo porque los emperadores y sus
delegados llenan de manera natural su ministerio para el bien, le hacen objeto
aquéllos de una obediencia deferente y de sus rezos al Dios de los cristianos.
La oración para el emperador
: La doctrina de San Pablo se encuentra en todos aquellos que, después de él
han escrito y hablado sobre esas cuestiones.
Tomás de Antioco, más o
menos en la misma época, distingue entre el culto y el honor, diciendo que
"no puede rendirse culto a César porque César no es Dios", pero debe
rendirse a César y a quienes lo representan legítimos honores, porque si bien
César no es Dios, es el hombre establecido por Dios. Los legítimos honores
consistirán el amor, la obediencia y la oración, que necesariamente hay que
entregar al César , no sólo por costumbre y hábito, sino también por obligación
religiosa, hasta que sus ordenes impliquen un antagonismo con la fe y la moral
cristiana. Esta oposición no implica una resistencia violenta, porque el
cristianismo opone a las órdenes injustas una resistencia pasiva y la limita
estrictamente a las prescripciones que pudiesen menoscabar el culto del
verdadero Dios.
El cristiano no puede
rezar al emperador, pero si puede rezar por él y los poderes establecidos. Lo
hace por distintos motivos . En primer lugar, el cristiano ruega por el
emperador porque no se siente enemigo de nadie. El emperador debe ser amado
aunque sea un perseguidor. Por otro lado , el cristiano al beneficiarse con la
tranquilidad del orden civil, que permite su elevación espiritual, debe, en
consecuencia, orar por el mantenimiento de ese orden. En tercer lugar, el
cristiano debe venerar en el emperador al hombre nacido de Dios. Tertuliano
señala que el emperador es más emperador de los cristianos que cualquier otro :
"es todavía más nuestro César porque ha sido establecido por nuestro
Dios". El emperador es superior a cualquiera e inferior al solo Dios
verdadero. Cree que el fin del Imperio de Roma ha de acarrear el fin del mundo.
Todos estos argumentos se
fundan en el respeto al orden natural, pero para el cristiano la sumisión
reviste un carácter sobrenatural, dado que Dios quiere ese orden natural. El
Estado, en ese entonces todavía pagano, permanece exclusivamente en ese plano y
el cristianismo no tiene influencia sobre él. Con excepción de la reserva de
las cosas de Dios, no se afecta en nada la concepción de Estado antiguo ni se
modifica nada en las formas de poder.
El imperio cristiano : a
diferencia de la simplicidad que hay en la situación de la Iglesia primitiva,
el fin de las persecuciones acarrea con las primeras superposiciones
constitucionales las primeras dificultades intelectuales. Desde que el
emperador se hace cristiano las cosas ocurren de otro modo. Los titulares del
poder se convierten en fieles y en calidad de tales pertenecen a la Iglesia.
Por otra parte, la Iglesia empieza por ser tolerada y luego es directamente
reconocida. Forma una colectividad institucionalizada que sobrepasa en
importancia a todo cuanto podía contener el Imperio de asociaciones
organizadas. A partir de ahí se plantea un problema
"interconstitucional".
La primera fase era
esencialmente la de la obediencia al poder establecido, llevada al extremo. La
segunda implica ya ciertas tentativas en los hombres de Estado de convertir a
los hombres de Iglesia en subordinados suyos, y en los hombres de Iglesia, de
tomar ventaja sobre los hombres de Estado.-
San Juan Crisóstomo y la explicación de la
doctrina pauliana
Crisóstomo no tiene
inclinación hacia la política. Sólo ve en ella el aspecto moral, por lo que no
construye un sistema. Se encuentran en él los rasgos del pensamiento cristiano
de las primeras épocas.
En primer lugar la obediencia a los poderes constituidos.
Quienes los resisten, resisten la orden de Dios. La obediencia es debida no al
príncipe sino a Dios, y no representa un favor, una liberalidad sino una deuda
que pagan.
Según la afirmación
pauliana, todo poder emana de Dios, es, el poder en sí mismo, actualmente
llamado poder objetivo, y no la persona de su titular, sujeto del poder, lo
establecido por Dios. No habla de cada príncipe en particular sino del cargo
mismo.
Aunque existan poderes, y
haya quienes manden y quienes obedezcan, el poder es obra de Dios,
no hay poder que no emane de Dios. Lo divino es la institucionalización del
poder; lo librado a las querellas de los hombres en su titular.
En cuanto al carácter de
la dominación, legítimamente ejercida, la considera natural, pero no invoca la
naturaleza racional de Aristóteles, sino que considera la naturaleza pecadora.
La subordinación de los individuos es una consecuencia de sus faltas.
Presenta una distinción
entre lo espiritual y lo temporal , al decir que "el rey está encargado de
las cosas de aquí abajo ; yo, el sacerdote, de las funciones celestiales; el
rey está encargado de los cuerpos, el sacerdote está encargado de las almas; el
rey perdona las deudas, el sacerdote perdona los pecados; el rey obliga, el
sacerdote exhorta; el rey hace uso de la fuerza, el sacerdote de la persuasión;
uno hace la guerra con armas materiales, el otro con medios espirituales; uno
combate a los bárbaros y el otro al demonio".-
San Ambrosio y el nacimiento del sacerdotalismo
San Ambrosio, muerto diez
años antes que Crisóstomo, es situado intelectualmente después que éste. Marca
una fase de desarrollo del pensamiento que rompe con el precedente, aunque no
son los principios sino la situación lo que se ha modificado. Al hacerse
cristianos, el jefe del Estado o el Estado mismo han dejado de ser extraños a
la Iglesia. El arzobispo de Milán ve en el emperador a un fiel sometido a su
jurisdicción.
Especifica que reconoce plenamente los derechos del
emperador, pero que éste, como cristiano, tiene deberes para con la Iglesia
cuando dice "el emperador está en la Iglesia y no por encima de la
Iglesia".
Existe una subordinación
del emperador frente al poder ecleciástico. En lo referente a la religión y a
la moral, la obediencia amplia y casi incondicional a los poderes políticos, es
sustituída por una obligación de esos mismos poderes de aceptar la autoridad
espiritual. Como cristiano, el emperador se halla sometido a la Iglesia, al
Papa y al obispo que lo representan, cuando falta disciplina religiosa o la ley
moral, a causa del pecado. Como pecador, la Iglesia podrá imponerle la
contrición, la penitencia y el propósito de enmienda. Le obligará a rectificar
su conducta, no ya por métodos materiales sino simplemente mediante el
ejercicio de las sanciones espirituales que pueden imponerse como castigo a
todos sus fieles, pero que con relación a un príncipe adquieren un aspecto resonante.-