IRVING FISHER
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Economista norteamericano, nacido en Saugerties en 1867. Desde 1890
hasta 1893 fue profesor de matemáticas, luego de economía nacional y desde
1898 profesor de la Universidad Yale en Newhaven (Connecticut). Fue uno de
los economistas teóricos más famosos de su época, habiéndose caracterizado
por la aplicación de las matemáticas a los problemas económicos, siendo
considerado como uno de los precursores de la econometría.
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Fue el primer presidente de la Econometric
Society.
En Investigaciones matemáticas sobre la
teoría del valor y el precio examina la teoría monetaria desde el punto de
vista del marginalismo y formula una concepción ordinal de la utilidad (números
índices).Posteriormente se refirió al equilibrio del mercado concreto que se
determina el tipo de interés, tema que según su juicio esta gobernado por dos
fuerzas interactuantes:
a)
La impaciencia del individuo en cuanto a ceder renta actual por otra
futura.
b)
El principio de oportunidad de invertir, que implica la conversión de
renta actual por renta de futuro.
Dos componentes básicos en la determinación
del precio de equilibrio del dinero:
a)
Una de tipo subjetivo, recogida por la preferencia del tiempo de
Böhm-Bawerk.
b)
La otra, más objetiva, que depende de las posibilidades técnicas de
obtener una rentabilidad máxima del emplazamiento del dinero.
Elaboró una fórmula, conocida como la Formula de Fisher o
ecuación de cambio de la teoría cuantitativa (MV=PT), que relaciona la oferta
monetaria y su velocidad de circulación con el nivel de precios y da un
carácter determinante a la primera.
Entre otras obras, publicó:
-
Mathematical investigations in the theorie of value and prices (1812)
-
Elements of geometry (1816)
-
A brief introduction to the infinitesimal calculus (Nueva York 1897; Nueva
ed. 1906)
-
Naturaleza del capital y la renta (Nueva York 1906)
-
El tipo de interés(Nueva York 1907)
-
National vitality (Washinton, 1911)
-
Elementary principles of economies (Nueva York, 1912)
-
El poder adquisitivo del dinero (1928)
-
Teoría del interés (1930).
Desde 1896 hasta 1910 fue director de la Yala
Review.
A comienzos del otoño de 1929, poco antes del
famoso Jueves Negro, afirmó: "las cotizaciones bursátiles han alcanzado lo
que parece un permanente alto nivel de estabilización".
Murió en Nueva York en 1947.
·
La Teoría cuantitativa del dinero
Fisher escribió en 1920:
En recientes y conocidas discusiones se han dado una gran variedad
de razones para explicar el elevado coste de la vida; por ejemplo, el
"estraperlo"; la especulación; el acaparamiento; los
intermediarios; los aranceles; la congelación; los trayectos de ferrocarril
más largos; las ventas por teléfono; los envíos gratuitos a domicilio;
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Irving Fisher
(1868-1947) y Milton Friedman (nacido en 1912), son dos de los más importantes
economistas monetarios de los Estados Unidos en este siglo. Ambos han defendido
firmemente que la teoría cuantitativa es el modelo correcto de determinación
del nivel de precios.
los envases individuales; la
aplicación de leyes sanitarias; las pruebas antituberculosas del ganado; la
destrucción de la carne en malas condiciones; la leche en perfectas condiciones
higiénicas; la eliminación de la mantequilla y de los huevos en malas
condiciones; la adulteración de alimentos; la publicidad; la administración
poco científica de las empresas; la extravagancia; el aumento de los niveles de
vida; el coste creciente de la administración pública; el coste creciente de
las pensiones de jubilación y de unos mejores asilos; hospitales; manicomios,
reformatorios, cárceles y otras instituciones públicas. No analizaré un detalle
de lista de explicaciones proporcionadas. Aunque algunas de ellas son factores
para explicar el aumento de precios concretos, ninguna ha sido importante para
explicar el aumento del nivel general de los precios...
Las subidas y bajadas de los
precios se corresponden aproximadamente con las subidas y bajadas de la oferta
monetaria. Esto ha sido así a través de toda la historia. Respecto a este hecho
general, hay datos suficientes aunque nos faltan los números índices con los
que hacer mediciones exactas. Siempre que ha habido rápidas extracciones en las
minas, tras el descubrimiento de los metales preciosos utilizados para hacer el
dinero, los precios han aumentado con una rapidez similar. Esto se observó en
el siglo XV después de que se llevaran grandes cantidades de metales preciosos
a Europa procedentes del Nuevo Mundo; y de nuevo en el siglo XIX, después de la
extracción del oro californiano y australiano de los años cincuenta, y todavía
de nuevo en ese mismo siglo, con las extracciones de los años noventa en
Sudáfrica, Alaska y Cripple Creek. Asimismo, cuando otras causas distintas a
las extracciones mineras, como las emisiones de papel moneda, producen
violentas variaciones de la cantidad de dinero, generalmente son seguidas por
violentas variaciones de nivel de precios.
La
Prolongación de la Tradición Cuantitativista: el Enfoque de Transacción y el
Enfoque de los Encajes.
a) El enfoque de transacciones.
La teoría
cuantitativa del dinero es sin duda una de las más antiguas de la economía
política. Sin necesidad de remontarnos hasta Bodin, cuyo cuantitativismo es
discutible, podemos recordar que D. Hume y luego D. Ricardo afirmaron que el
poder de compra del dinero, para un nivel dado de actividad económica, es
inversamente proporcional a su cantidad. Esta relación es la que someterá a
examen el economista norteamericano Irving Fisher en su obra The Purchasing
Power of Money (1911). Sin duda la versión de Fisher constituye la imagen más
conocida del cuantitativismo. Pero el éxito de su célebre ecuación MV = PT
puede ocultar no sólo el aporte del autor, sino también las numerosas sombras
de su razonamiento.
El punto de
partida de Fisher es simplemente el equilibrio contable de los intercambios que
se desarrollan en una economía durante un período de tiempo dado: al valor de
todos los bienes ofrecidos en el mercado le corresponde el valor de todos los
flujos monetarios que se dan en contrapartida. Se trata así de una identidad
que Fisher describe del siguiente modo: Definamos como E (gasto) la circulación
total del dinero en una comunidad dada durante un año; y como M (dinero) la
suma media de dinero en circulación en dicha comunidad durante el año.... Si
dividimos el gasto del año (E) por la cantidad media de dinero (M) obtendremos
la tasa media de rotación del dinero, es decir la velocidad de circulación del
dinero v=E/M. E (o M.v) expresan el lado monetario de la ecuación. Volviendo
sobre el lado real tenemos los precios de los bienes intercambiados y sus
cantidades. El precio de venta medio de un bien particular, como el pan
comprado durante el año, se representa por p y la cantidad total por Q. Del
mismo modo el precio de otro bien será p´ y su cantidad Q´, y del mismo modo
para todos los bienes intercambiados".
La identidad
contable de intercambios se escribe como: o en forma simbólica: Mv = PT.
Se debe
entender bien el significado de esta identidad. En primer lugar, no se trata
evidentemente de una teoría, sino de una constatación contable que se verifica
en toda economía monetaria. En segundo lugar, esta identidad se refiere a un
período, lo que se traduce en que los valores de M y de P sean promedios.
Además, en
ella se consideran todas las transacciones realizadas en el período
considerado, cualquiera que sea la naturaleza de las mismas (bienes finales,
intermedios, activos diversos,...) y el número de veces que cada bien sea
intercambiado (un intercambio tres veces cuenta por tres bienes) y, sólo por
ese motivo, se puede definir v como la velocidad de circulación del dinero.
Finalmente,
el dinero, del que aquí se habla, como dice Fisher, es "cualquier derecho
de propiedad susceptible de ser aceptado en los intercambios". El dinero
debe comprender en sentido estricto a los "medios de pago", es decir,
billetes, monedas y depósitos a la vista.
Esta última
característica permite a Fisher presentar una formula desarrollada de la
identidad de intercambios distinguiendo dos velocidades diferentes, para las
monedas y los billetes (v) y para los depósitos (v´), y suponiendo que la
emisión de depósitos está relacionada de manera rígida con la emisión de moneda
manual. Esta ecuación se escribe:
Admitiendo
este punto, el paso siguiente consiste en introducir hipótesis particulares
que, al integrarse en la identidad de intercambios, terminarán transformándola
en una teoría cuantitativa. Estas hipótesis son tres:
1. El
volumen de transacciones está determinado por las "fuerzas reales" de
la economía" (por ejemplo: "los deseos de los hombres, la
diversificación industrial, las facilidades de los transportes").
2. La
velocidad de circulación del dinero es un dato institucional y comportamental
(depende de "los hábitos de pago" del "uso de las facilidades de
crédito", etc.)
3. Las
variaciones de la cantidad de dinero son exógenas (dependen de la "producción
minera" de la "introducción de una moneda metálica menos
costosa" de la "emisión de billetes de banco" y, por supuesto,
de la política del banco central).
De este
conjunto de hipótesis resulta que v y T son datos, y que el nivel de precios
depende de la cantidad de dinero en circulación, y le es directamente
proporcional. En otras palabras: el poder de compra del dinero (1/P) es
inversamente proporcional a la cantidad de dinero.
De acuerdo
con lo anterior, la teoría cuantitativa da una explicación mecánica y
unilateral del nivel de precios que es fácil de criticar. Pero para Fisher y
para los cuantitativistas americanos de la época el juego de la teoría
cuantitativa era más complejo e intrincado de lo que permite suponer una simple
ecuación.
En particular,
Fisher tuvo el cuidado de señalar que la aplicación de las proposiciones
precedentes debe limitarse a situaciones próximas a las de equilibrio de largo
plazo. En este caso, según él, "el nivel de precios es normalmente el
único elemento pasivo de la ecuación de intercambios".
Por el
contrario, en el corto plazo, es decir en los períodos de transición debe
tenerse en cuenta la inestabilidad de v al igual que la de T. A corto plazo,
por ejemplo, las fluctuaciones del nivel de actividad pueden modificar la
velocidad (haciéndola subir en las fases de expansión y bajar en las fases de
recesión).
Del mismo
modo, tales fluctuaciones pueden influir sobre la base monetaria (por
intermedio de la expansión o de la contracción del crédito). Así, ambas
variables, v y M, perderán el estatuto de variables exógenas. Además, durante
los períodos de transición, las variaciones de M pueden influir sobre la
actividad económica (estimulando el gasto), así como la velocidad (ya que los
medios de pago abundantes circulan más lentamente). De todos modos, aun en el
corto plazo, siempre que se producen variaciones importantes, son los cambios
en M los que constituyen la variable causal y determinante.
Cualquiera
que sea el caso, la multiplicidad de tales interdependencias se expresan
claramente en el modo en que Fisher describe el encadenamiento de las
secuencias de efectos que siguen a un aumento inicial de la masa monetaria y
que
caracterizan
la fase de transición. En primer lugar, los precios crecen. Después aumentarán
los tipos de interés, pero no suficientemente para eliminar los beneficios
porque el aumento de tipos se produce con retraso respecto al aumento
de precios.
Dado el aumento de la demanda, los empresarios invierten y aumentan su demanda
de préstamos. De todo ello resulta un crecimiento inducido de la masa monetaria
que hace crecer nuevamente los precios. Este proceso se repite hasta el
equilibrio, que se obtiene cuando los precios son proporcionales a la nueva
cantidad de dinero y cuando el aumento de los tipos es suficiente para
restablecer el nivel normal de beneficios.
Si se añade
que, para Fisher, tales períodos de transición duran "en promedio" 10
años, podemos concluir que la ecuación de intercambios aparece como algo, más
teórico que real, que permite explicar una dinámica de los precios y del dinero
mucho más interesante que la relación mecánica postulada por la ecuación
cuantitativa.
Así las
cosas, la teoría cuantitativa es mucho más relevante. Fisher siempre pensó que
todas las múltiples causas indirectas que influyen sobre los precios hacen
sentir sus efectos a través de v, M y T, y por eso le parecía útil la teoría
cuantitativa. Por ejemplo, Fisher señalaba que hay múltiples circunstancias que
hacen variar la actividad a corto plazo y, en consecuencia, afectan al volumen
de transacciones. Tampoco ignoraba la influencia del tipo de interés y de la
tasa de variación de los precios sobre la velocidad de circulación del dinero.
Pero como decía Schumpeter: "es posible que tales influencias indirectas
se conviertan en un tema mucho más interesantes que la cuestión de si podemos
meterlas en los chalecos de fuerza que son M, v y T". Si le creemos a
Schumpeter, Fisher estaría intentando un camino poco prometedor para explicar
el nivel general de precios.
Cuando
Irving Fisher escribió su tesis en 1892, construyó también una máquina equipada con bombas, ruedas,
palancas y todo lo que creyó conveniente para demostrar su teoría de los
precios. En la imagen aparece el
diseño que le sirvió para construir dos prototipos.
b)
La teoría del Interés de Irving Fisher
En 1930, I.
Fisher publica su Teoría del Interés en los Estados Unidos, una obra que
representa un nuevo desarrollo de las ideas contenidas en su obra anterior
sobre el mismo tema (The Rate of Interest, 1907) y en el artículo Precedents
for Defining Capital del Quarterly Journal of Economics.
Según
Fisher, la fuente del interés y su determinación reposa sobre dos elementos con
los que deberemos hacer la síntesis. El primero es un factor objetivo, calificado
de "oportunidad de invertir", que se traduce en la posibilidad de
aumentar el consumo futuro renunciando a una parte del consumo presente. El
segundo es un factor subjetivo, la "preferencia por el presente", que
se traduce en "la impaciencia" o el "deseo de gastar".
Estos dos elementos hacen evocar la figura de Böhm-Bawerk, a quien
efectivamente Fisher rinde homenaje dedicándole su obra.
Veremos en
primer lugar esta síntesis y, en segundo lugar, estudiaremos la distinción
entre la tasa nominal y la tasa real tal como la concebía Fisher.
La curva de
oportunidad de invertir:
La curva de
oportunidad de invertir indica cómo, sacrificando una parte del consumo de hoy,
las operaciones de producción nos permiten obtener el consumo de mañana. Esta
curva se presenta como una curva de transformación técnica sobre el espacio de
bienes y cuya pendiente, en valor absoluto, es igual al rendimiento marginal de
la renuncia al consumo presente para obtener el consumo futuro. La hipótesis
natural de rendimientos decrecientes nos indica que dicha curva es cóncava con
respecto al origen: es decir, hay que sacrificar un volumen creciente de
consumo presente para obtener un volumen dado de consumo futuro en tanto y en
cuanto crezca la inversión, ya que la productividad marginal es decreciente.
Esto es lo que representa el gráfico para un universo simplificado de dos
períodos.
Notemos
también que esta curva se representa con un sesgo vertical; es decir, que la
tangente en el punto de intersección de la curva y de la primera bisectriz (en
valor absoluto), es superior a la unidad. Esto significa que en una economía
estacionaria, situada en el punto S donde el consumo presente y el futuro son
iguales, toda renuncia al consumo presente permite un aumento mayor del consumo
futuro. En resumen, se supone que los métodos de producción utilizados son
globalmente productivos.
El hecho de
que la renuncia al consumo de hoy permita obtener un consumo superior mañana
traduce, en el lenguaje de Böhm-Bawerk, la superioridad técnica de los bienes
presentes sobre los bienes futuros. Nos damos cuenta entonces que lo que
tenemos aquí es la "tercera razón", avanzada por tal autor, que
explica que la tasa de interés sea positiva. Además esta propiedad conduce a
los agentes económicos a subestimar relativamente los recursos futuros respecto
a los recursos presentes y es un motivo, entre otros, de la preferencia
manifiesta por el presente. También reconocemos aquí la "primera
razón" de un interés positivo.
Estos dos
aspectos de la teoría del interés de Böhm-Bawerk se integran con naturalidad en
la curva de oportunidad de invertir de Fisher.
¿Cómo se
determina entonces la posición óptima?. Para un tipo dado de interés, esta se
alcanzará cuando el valor actualizado (VA) del flujo de consumo (C0, C1=f(C0))
alcance su máximo:
Lo que se
obtiene cuando: -f´ (C0) = (1+r)
De este
modo, la productividad marginal de la reducción del consumo presente para
alcanzar, a través de la producción, un consumo futuro más elevado, es igual en
el óptimo al "factor interés", es decir a (1+r).
La curva de
deseo de gasto:
la curva de
deseo de gasto representa el mapa de indiferencia del consumidor entre el
consumo presente y el consumo futuro. Según la hipótesis habitual tales curvas
de indiferencia son convexas con respecto al origen: el consumidor sólo acepta
sacrificar un volumen decreciente de consumo presente para alcanzar un volumen
dado de consumo futuro a medida que este último aumenta. Esto es lo que está
representado sobre el gráfico.
Obsérvese
que las curvas de indiferencia se representan con un sesgo vertical; es decir
que, en el punto de intersección con la bisectriz, la pendiente en valor
absoluto es superior a la unidad. Esto significa, que en una economía
estacionaria, los agentes sólo aceptan renunciar a una unidad de consumo
presente a cambio de más de una unidad de consumo futuro.
Bohm-Bawerk,
interpreta esta propiedad como la subestimación de las necesidades futuras
debida a: la miopía de los agentes económicos, a su falta de voluntad, a la
incertidumbre y a la brevedad de la existencia. Se trata entonces de la segunda
razón de una tasa positiva de interés y que, junto con la primera, se traduce
en la preferencia por el presente.
Con todo
esto, ¿cómo se determina la posición óptima?. Esta se alcanza aplicando a la
distribución intertemporal del ingreso, las mismas reglas que presiden la
distribución del gasto en un período dado. Se trata entonces de maximizar la
función de
utilidad intertemporal (U(Co, C1)) sobre la restricción presupuestaria que, en
este caso, se escribe como la igualdad de la suma actualizada del flujo de
recursos (Yo, Y1) y la suma actualizada del flujo de consumo (C0, C1). Es
decir:
De este
modo, el óptimo se alcanza cuando la relación de las utilidades marginales del
consumo presente y futuro es igual al "factor de interés".
El óptimo
individual:
Enfrentados
a una tasa de interés r formada sobre un mercado de capitales en que estos
pueden prestarse, los agentes económicos optimizan su situación cuando sean
satisfechas simultáneamente las condiciones de optimalidad de la oportunidad de
invertir y de deseo de gasto; es decir cuando: -f´(C0) = U´(C0) / U´(C1) =
(1+r). Los gráficos muestran cómo se alcanza tal situación para dos individuos
diferentes.
Partiendo de
un ingreso A´ y teniendo en cuenta la recta D cuya pendiente en valor absoluto
es igual al factor de interés (1+r), el óptimo de inversión se sitúa en B. Así,
el individuo M puede situarse en una curva de deseo de gasto más elevada
alcanzando la posición óptima C. En suma, M comenzará por invertir A´B´, luego
tomará prestado B´C´, y su ahorro neto será -A´C´. El mismo razonamiento se
puede aplicar al individuo N, conduciendo a una inversión A´B´, y luego a un
préstamo B´C´; el ahorro total será entonces igual a A´C´.
Evidentemente
podemos multiplicar el número de agentes, pero todos estarán sometidos a la
misma regla: el óptimo individual se obtiene cuando el factor de interés (1+r)
es igual a la tasa marginal de transformación intertemporal de la producción
así como a la tasa marginal de preferencia intertemporal del consumo.
La
determinación del tipo de interés de mercado:
Hasta ahora,
hemos supuesto que el tipo de interés está dado lo que nos permitió deducir
fácilmente el óptimo individual. Para la economía en su conjunto, los deseos
individuales de los agentes deben ser compatibles unos con otros. Esto deberá
traducirse en la igualdad del ahorro y la inversión, y es, por supuesto, el
tipo de interés el que debe realizar dicho ajuste. Veamos cómo.
Imaginemos,
por ejemplo, que el ahorro total es inferior a la inversión total y que, por lo
tanto, los deseos de tomar prestado son superiores a las posibilidades de
préstamo. En este caso, la competencia en el mercado de capitales hará aumentar
el tipo de interés. En este caso, la recta D pivota hacia abajo. Como resultado
M reducirá su inversión lo mismo que los préstamos que toma en el mercado. Si
el aumento del tipo de interés es suficientemente alto podría darse el caso de
que M se convierta en prestador. En cuanto a N, cuyo caso se representa en la
figura de la derecha, sus inversiones también disminuirán. La evolución de sus
préstamos es más delicada de analizar. Si el efecto sustitución es mayor que el
efecto ingreso, como aparece en el gráfico y como suele suponerse, al ahorro
prestado por N será superior que antes.
En suma, el
equilibrio se alcanzará gradualmente a través de la reducción de la inversión y
del aumento del ahorro que acompaña al aumento del tipo de interés.
Tasa real y
tasa nominal de interés:
En una
economía con inflación, es necesario distinguir entre la tasa de interés
nominal y la tasa de interés real. Ciertamente, Fisher no fue el primero en
establecer esta distinción, pero sin duda si fue él quien dedujo por primera
vez todas las implicaciones para la dinámica de la tasa de interés.
Imaginemos
una tasa de inflación igual a p.a, anticipada por los agentes económicos. Todos
los prestamistas anticiparán una pérdida de poder de compra sobre el capital
prestado igual a tal tasa de inflación prevista. Como consecuencia lógica estos
estarán dispuestos a protegerse incorporando a la tasa propuesta una prima que
cubra tal depreciación. Además de ello el prestador debe cubrir una pérdida de
poder de compra sobre los intereses percibidos por que estos también se
despreciarán con la inflación. En total, la tasa nominal o tasa de mercado
estará formada por tres elementos: (1) la tasa que habría prevalecido en
ausencia de expectativas de inflación y que corresponde a la tasa real
prevista; (2) la cobertura de la depreciación prevista del capital y (3) la
cobertura de la depreciación prevista de los intereses. Es decir:
Generalmente
se simplifica la relación anterior suponiendo que la depreciación prevista de
los intereses es negligible con respecto a los demás términos. Si se admite
esta simplificación la relación de Fisher se convierte en:
Simplemente,
diremos que la tasa de interés nominal es la suma de la tasa de interés real y
de la tasa de inflación anticipada. Podemos añadir además que este
razonamiento, para una situación de inflación, es completamente reversible:
se aplica
también en situaciones de deflación. Más adelante veremos cómo Fisher utiliza
este razonamiento para la explicación de la crisis de los años 30.
De la
descomposición de la tasa nominal de interés Fisher extraerá cuatro
conclusiones de orden empírico:
1) las
expectativas inflacionistas repercuten sobre la tasa nominal. De otro modo, es
natural suponer que la observación del movimiento real de los precios conduce a
la formación de expectativas en el mismo sentido. En consecuencia, las
expectativas de inflación se producen en situaciones inflacionistas. De ahí la
primera conclusión de Fisher: "El tipo de interés tiende a ser elevado
cuando el nivel de precios está en aumento y bajo cuando el nivel de precios
está bajando".
2) Sin
embargo, la percepción del proceso inflacionista no es inmediata. De ahí
resulta que la aparición de tipos elevados se produce con retraso sobre la
inflación actual. La segunda conclusión de Fisher es, entonces, "la tasa
de interés sigue a la tasa de crecimiento de los precios sólo con un cierto
retraso, de manera que la relación entre ambas variables se oscurece cuando
procedemos a una comparación directa".
3) Si las
expectativas se forman con retraso en función de la experiencia pasada, surge
inmediatamente una tercera conclusión: "el tipo de interés está altamente
relacionado con una tasa ponderada de las tasas de crecimiento de los precios
experimentada en el pasado) que representa el efecto del retraso".
4)
Finalmente, debido a que una tasa de crecimiento elevada de los precios entraña
un nivel elevado de precios (y a la inversa), la cuarta conclusión de Fisher
será: "la tasa de interés tiene una clara tendencia a ser elevada cuando
el nivel de precios es elevado y baja en el caso inverso".
Incontestablemente,
la distinción Fisheriana entre la tasa nominal y la tasa real contiene una
explicación completa de la dinámica de las tasas de interés y de la dinámica de
los precios.
·
La Ecuación de Fisher
La formula
expresa que el tipo de interés nominal es la suma de dos componentes: el tipo
de interés real al plazo considerado, más inflación esperada durante este
período y el tipo de interés real suele ser bastante estable para cada país.
La expresión
matemática ideada por Irving Fisher, y que aparece por primera vez en "El
poder adquisitivo del dinero", para explicar las relaciones entre oferta
monetaria y su velocidad de circulación con respecto al nivel de precios es:
MV+M´V´ = P
T
Donde M designa
el volumen de dinero efectivo; M´, el de dinero bancario; V y V´, las
velocidades de circulación respectivas; T, el volumen de transacciones
efectuadas durante un período considerado, y P, el nivel general de precios.
Según Fisher, una variación de MV, supone una variación de P, pues M´V´ varían
en el mismo sentido y proporcionalmente a MV, y T tiende a ser estable.
Las
aportaciones posteriores han puesto de manifiesto que las variaciones en MV no
entrañan necesariamente alteraciones del índice de precios, caso que se da
únicamente cuando se verifica una ocupación plena de los factores productivos.
Hemos
observado la relación entre los tipos de interés nominales, los tipos de
interés reales y las tasa esperada de inflación. El tipo de interés real (esperado)
es el tipo nominal menos la tasa de inflación esperada:
re @
i - pe
La ecuación
es la ecuación de Fisher, así llamada en honor de Irving Fisher, el más famoso
economista de los Estados Unidos en el primer tercio de este siglo, que atrajo
la atención hacia la relación entre la inflación y el tipo de interés.
La ecuación
de Fisher llamada inmediatamente la atención sobre una relación muy importante
entre el crecimiento monetario, la inflación y tipos de interés. Vimos
anteriormente que, a largo plazo, el tipo de inter real vuelve a su nivel de
pleno empleo, r*, y que las inflaciones actuales y esperada convergen.
Utilizando estos dos factores (re = r*, pe = p), podemos escribir la
relación a largo plazo como:
I @ r* + p
Si r*
permanece constante, la Ecuación implica un resultado fundamental; A largo
plazo, cuando ya se han producidos todos los ajustes aumento de la inflación se
refleja totalmente en los tipos de interés nominales.
Estos
aumentan en la misma proporción que la inflación. La razón de que la conexión
entre la inflación y los tipos de interés nominales sean tan fuertes que a
largo plazo el tipo de interés real no se ve afectado por las perturbaciones
exclusivamente monetarias.
Por
supuesto, la constancia del tipo de interés real sólo se cumple en el
equilibrio a largo plazo. A lo largo del proceso de ajuste, el tipo de interés
real sí varía y, por tanto, los cambios de tipo de interés nominal reflejan
cambios tanto de los tipos reales como las expectativas de inflación.
·
Wicksell y Fisher y la Paradoja de Gibson
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La
"Paradoja de Gibson", según la expresión utilizada por Keynes en
Treatise on Money (1930), se refiere a una aparente contradicción entre la
teoría sobre la relación entre los precios y el tipo de interés, de un
lado, y la realidad observada, de otro.
Un
razonamiento teórico simple, y bastante frecuente, podría llevarnos a
justificar una relación inversa entre ambas variables. En efecto, basta
suponer que el aumento de los tipos, al frenar el
|
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crédito y
los negocios, deprime la actividad económica y del mismo modo conduce a la baja
de precios.
También
desde hace mucho tiempo, sabemos que los precios y el tipo de interés
evolucionan en fase y no en oposición. T. Cooke (1774-1858) en su Histoire de
Prix (1838-1857), puso en evidencia esta relación empírica y los trabajos
sucesivos no hicieron más que confirmarla.
Con respecto
a tal evidencia, los trabajos de Wicksell y Fisher aportaron los elementos
teóricos necesarios para la resolución de la "paradoja de Gibson".
Hemos visto
que de acuerdo con Wicksell, un aumento en la tasa natural, que introduce una
desviación positiva entre la tasa natural y la tasa de mercado, estimula la
inversión y crea un desequilibrio global que conduce a un alza en los precios.
Tal desequilibrio será absorbido paulatinamente por el aumento del tipo
monetario de interés. De este modo, durante la fase de ajuste coinciden el
aumento de los precios y el aumento de los tipos. Así, la distinción
Wickselliana nos ofrece una primera explicación a la paradoja. Por otra parte,
como acabamos de ver, según Fisher, el crecimiento progresivo de las
expectativas de inflación empuja los tipos al alza cuando crecen los precios,
disociando de este modo el tipo nominal del tipo real. De este modo, Fisher nos
ofrece una segunda explicación de la paradoja. Por supuesto, vale la pena
añadir, que
los dos mecanismos no son excluyentes y bien pueden reforzarse entre ellos.