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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: FRAGMENTO DEL DICCIONARIO DE LA EVOLUCIÓN: TRABAJO DE INVESTIGAC: Diccionario de la evolución incluimos la voz dedicada al neurólogo austriaco Sigmund Freud. Para Richard Milner, autor de esta obra, el evolucionismo no está limitado a las ciencias biológicas, sino que ha influido en otras áreas de conocimiento como la p Agregado: 01 de MAYO de 2001 (Por Profesor josé luis dell’ordine) | Palabras: 1168 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Filosofía > |
FRAGMENTO DEL DICCIONARIO DE LA EVOLUCIÓN: TRABAJO DE INVESTIGACIÓN Nro.9
Profesor
josé luis dell’ordine
E-mail:
dellordine@arnet.com.ar
Diccionario de la evolución incluimos
la voz dedicada al neurólogo austriaco Sigmund Freud. Para Richard Milner, autor
de esta obra, el evolucionismo no está limitado a las ciencias biológicas, sino
que ha influido en otras áreas de conocimiento como la psicología e, incluso,
el psicoanálisis. Milner defiende en este fragmento la influencia que
ejercieron las ideas evolucionistas del siglo XIX en el pensamiento de Freud.
Fragmento de Diccionario de la evolución.
De Richard
Milner.
Sigmund Freud
(1856-1939)
En una mesa de su
consultorio, el doctor Sigmund Freud tenía un jarrón de cristal lleno de las
«antigüedades» que le encantaba coleccionar: escarabajos egipcios, hachas de
mano de sílex del paleolítico, figurillas antiguas. ¿Qué relación guardaba esta
ecléctica vitrina de curiosidades con el psicoanálisis? Freud trataba de
investigar cómo los acontecimientos de la infancia de sus pacientes habían
configurado sus personalidades adultas. Aquellos artefactos prehistóricos,
solía decir a sus visitantes, eran claves de la «infancia de la especie
humana».
Freud había estudiado la
carrera de biología durante el auge del darwinismo clásico, cuando las
facultades de medicina alemanas enseñaban la recapitulación. Esta idea,
impulsada en Alemania por Ernst Haeckel, mantenía que el desarrollo de cada
individuo (ontogenia) es una reproducción a cámara rápida de toda la historia de
la especie (filogenia)
Basándose en observaciones
generales del embrión en desarrollo, la teoría de la recapitulación ejerció una
gran influencia fuera del ámbito científico. Esta analogía, mal aplicada y
llevada al extremo de explicar un gran número de fenómenos sociales, provocó
muchos daños. Se partía de la idea inexacta de que, en diversos momentos, el
embrión humano se asemeja en el vientre materno a un pez adulto, un reptil, un
mono, etc., y se suponía que todos los individuos atraviesan los mismos
estadios de desarrollo.
Según una aplicación
ampliada de esta idea, la inteligencia de los niños europeos pasaba por una
etapa similar a la de los adultos de las razas contemporáneas «inferiores»
(salvajes) o de nuestros ancestros prehistóricos primitivos. Los pueblos
tribales que habían sido esclavizados o colonizados por los europeos se
consideraban «primitivos infantiles» que requerían la firme supervisión de un
misionero paternal o un administrador colonial.
A la tríada de niños,
salvajes y hombres primitivos, Freud añadió un cuarto elemento: el adulto
neurótico. (Otros teóricos de su tiempo, como Cesare Lombroso, habían sugerido
que los «criminales» y los «idiotas» se habían detenido en un estadio de
desarrollo humano anterior o eran «regresiones» hacia un tipo primitivo.)
Al tratar a Freud, la
mayoría de los autores ha considerado que sus teorías surgieron, plenamente
formadas, de su propio sistema de pensamiento, sin precedentes científicos. En
realidad, como ha mostrado Frank Sulloway en Freud, Biologist of the Mind
(Freud, biólogo de la mente) (1979), esta «originalidad absoluta» es un mito;
las ideas evolucionistas del siglo XIX ejercieron una enorme influencia en la
formación del pensamiento de Freud.
El mismo Freud comenzó sus
Lecciones introductorias al psicoanálisis (1916) con la afirmación de la
premisa de Haeckel, que a él le parecía evidente de por sí: «Todo individuo
recapitula de alguna manera en forma abreviada el entero desarrollo de la
especie humana». Y, en 1938, explicaba que «con los neuróticos es como si nos
halláramos en un paisaje prehistórico, por ejemplo en el jurásico. Los grandes
saurios siguen aún rondando, los equisetos crecen tan altos como palmeras».
Stephen Jay Gould observa
que la «recapitulación fue fundamental y omnipresente en el desarrollo
intelectual de Freud». Sus estadios «oral» y «anal» representan no sólo las
experiencias tempranas del niño, sino que se remontan, también, a un antepasado
animal cuadrúpedo.
La famosa obra de Freud Tótem
y tabú (1913) se subtitula: Algunos puntos de coincidencia entre la vida
mental de los salvajes y los neuróticos. En esta imaginativa obra clásica,
Freud meditaba sobre la relación entre el tabú del incesto, difundido por el
mundo entero —el «complejo de Edipo», que creía haber encontrado en los niños—
y el totemismo tribal: la identificación con un animal sagrado que sólo puede
ser muerto una vez al año en que es devorado ritualmente.
Al llegar aquí, elaboró su
propio mito psicoanalítico de «la horda primigenia», versión freudiana del
pecado original. Freud imaginaba que la primera sociedad prehistórica había
sido un clan patriarcal regido por un padre dominante que monopolizaba la
comida y el sexo. Para conseguir una mujer, los hijos asesinaron a su padre.
Pero entonces se sintieron demasiado culpables como para disfrutar de las
mujeres. Según el pensamiento de Freud, esta situación habría sido el origen
del tabú del incesto.
Más tarde, los hijos
aliviaron su sentimiento de culpa fundiendo el recuerdo de su padre con el de
un animal simbólico totémico cuya muerte era tabú. Sin embargo, una vez al año,
el tótem sagrado era muerto y devorado simbólicamente. El nuevo «mito original»
de Freud era audaz e imaginativo, pero no hay pruebas de que tales sucesos
hayan ocurrido nunca.
Últimamente se han
detectado especulaciones aún más cogidas por los pelos en su manuscrito Una
fantasía filogenética, escrito en 1915 pero olvidado y guardado en un viejo
baúl durante setenta años y publicado por fin en 1987.
Esta extraña obra rastrea
las huellas de la histeria, las obsesiones, las neurosis de angustia y otros
trastornos modernos hasta la rigurosa vida de nuestros antepasados en el
período glacial. La angustia, por ejemplo, surgió porque “la humanidad, bajo la
influencia de las privaciones que le imponía el avance de la glaciación, se
angustió de manera general. El mundo exterior, predominantemente amable hasta
entonces y que ofrecía todo tipo de satisfacciones, se transformó en una masa
de peligros amenazadores”.
Sometidos a estas
rigurosas condiciones, las personas tuvieron que limitar su número, lo que
provocó una reorientación de los instintos libidinales hacia otros objetos. La
situación resurge en la actualidad en forma de «histeria de conversión» o
fetichismo (deseos sexuales dirigidos a objetos como el calzado o el cuero, en
vez de al sexo opuesto). Según su idea, los comportamientos que carecen de
sentido en el mundo actual deben de haber tenido una utilidad en el pasado y
haber sido transmitidos como una especie de memoria hereditaria.
Las conclusiones de Freud
sobre los orígenes y disfunciones del comportamiento se basan, pues, en dos
teorías biológicas anticuadas: la recapitulación, combinada con la herencia
lamarckiana. La mayoría de los freudianos actuales, desconocedores de la historia
de la teoría de la evolución, no pueden apreciar la profundidad con que el
pensamiento de Freud hunde sus raíces en estas importantes modas científicas
del siglo XIX, que han sido abandonadas desde hace mucho tiempo por los
biólogos.
Fuente: Milner, Richard. Diccionario
de la evolución. Barcelona. Biblograf, 1995.[1]
CONTACTO: E-mail: dellordine@arnet.com.ar
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