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La historia de Francisco el Hombre

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    LA HISTORIA DE FRANCISCO EL HOMBRE

    Por : Rafael Escalona Martnez (romulo@col3.telecom.com.co)

    En todas las pocas, en todos los pueblos, siempre han, existido hombres parranderos y folclricos, que son espejo de sus pueblos. Algunos se apartan de lo comn, porque se guan por sus propios criterios y no por criterios ajenos.Por algunas razones hay algunos que son diferentes a los otros del montn. Ellos creen que hacen bien lo que hacen, y no les importa lo que otro piense.

    Yo era muy nio, pero me acuerdo que al primer acordeonero que conoc en Patillal fue a Mano Chee que macujiaba eI acorden, pero para el pueblo era, una maravilla. No haba otro!En ese entonces el doctor Roberto Pavajeau era un hombre joven. Hijo de Valledupr, descendiente de una noble familia y educado en EEUU., donde se diplom como Doctor en odontologa.Se perfil, en ese entonces en Valledupar, como un joven serio, correcto y tambin algo parrandero. Le encantaba eI acorden. Encontr su cuarto, contemporneo y, como l, descendiente de una de las familias ms ricas y distinguidas de Valledupar. Se llamaba: Anbal Guillermo Castro.Irrumpieron en ese gran mundo social con el acorden.

    Por primera vez un acordeonero, un hijo del pueblo, pisaba con confianza, y sobretodo en parrandas, los grandes salones de la aristocracia de esta ciudad.Pero Chico Bolao y Juan Muoz los pisaron tambin porque al doctor Pavajeau y a Anbal Guillermo Castro y a Evaristo Gutirrez les gustaba el acorden. Estos tres vallenatos eran sencillos; amigos del pueblo, y buenos parranderos. El doctor Pavajeau se cas con Ita, dama de Patillal; hija de pap Cesar y mam Nena. Como le deca el pueblo a esos patriarcas.

    Sus viajes de Valledupar a Patillal eran frecuentes, a ver a Ita, su esposa, y algunos hijos que ya le haban nacido.

    En una de esas se trajo a Juan Muoz, el acordeonero de San Diego.Entonces en Patillal no haba banda de msicos, ni cine, ni televisin, ni pianolas. Solo en las casas de algunos ricos, muy pocos una que otra vitrola que haba que darles manigueta, y dos o tres discos que yo no me explico cmo podan durar tanto, ni de donde los traan.

    Me acuerdo que uno comenzaba as:

    En una mesa te puse un ramillete de flores, Mara no seas tan ingrata reglame tus amores. Pero Ia gente del pueblo necesitaba ser criados de la casa del rico para poder or las vitrolas, porque slo as entraban y salan a la casa.

    Un dia Ilego el Doctor Pavajeau con Anbal Guillermo, a Patillal. Hubo Musica para todos. Juan Muoz. toc en las sabanas y por primera vez se oy un acordeonero que no era Mano Chee.Y muchas veces despus volvi el Dr. Pavajeau a Patillal con Muoz y otras veces traa a Chico Bolado, el famoso Bolaito.La influencia del acorden comenz a notarse y comenz a hablarse de Francisco el Hombre. Ya su fama haba llegado a todas partes, y la gente comentaba que haba tocado con el diablo y que m,lo haba derrotado en las montaas de treinta en la Guajira.

    Mi compadre Nicols, el hijo del viejo Pedro, como viva en el centro del pueblo en mi casa, siempre tenia los ojos y los odos abiertos. As, cada vez que el Doctor Pavajeau llegaba con un acordeonero, era el primero que se pegaba a orlo en la puerta de la casa donde tenan la parranda, no le importaba la paliza que le diera mi mam. Por eso en estas parrandas oy muchas cosas, y se maravill de la historia que contaban sobre Francisco el Hombre cuando toc con el Diablo. Y viva pendiente! Un da me dijo:

    =Compadre Rafa, yo le voy a pedir a mi papa que nos eche la historia de Francisco el Hombre.El si se la sabe, porque yo le o decir un dia que viva junto con l. all en el treinta, un pueblo de la Guajira. y que le haba regalado una pollina, y que su papa era compadre de su papa y compadre de su mama Por eso un dia que el viejo Pedro nos estaba echando el cuento del pap de Duany, el gran mama que viva en la Sierra Nevada y que venia al Valle en un buey azul con pezuas de oro, lleg Ral, eI hijo de to Roberto y no dijo: lleg Juan Muoz y, fueron como cien hombres a caballo a. recibirlo de aquel lao de La Malena. Mucha parranda la que se va a forma. En casa de Marcelino.

    Fue entonces cuando mi compadre Nicols, apartando el miedo a un lado le dijo al viejo Pedro;

    - Bueno pap, lleg el momento. Yo quiero saber si es verdad o es mentira eso que dicen del seor Francisco el Hombre. Fue verdad que toc con el Diablo? Echemos ese cuento, que Ud. nunca nos lo ha echado.

    - Vmonos pa' dentro del rancho, dijo el viejo Pedro, pero apaguen la vela que se los voy a echar.Y que ninguno hable Agarren el escapularioQue tienen en el pecho, y despus recen el Credo que les ense Mxima y despus me avisan.Pobre del que hable, se lo va a llevar el maeco

    - Ya pap, yo ya acabe dijo el compadre Nicols. - Y yo tambin, y yo tambin dijimos todos.

    La cosa comienza as, dijo el viejo Pedro Treinta es un casero muy pobre de la Guajira, cerquita de Tomarrazn y Cotoprix. All la gente es muy pobre Que rico puede vivir ah?La gente vive de la yuca y el guineo que siembran. Si el ao es bueno, si llueve, les va bien, si no, les va mal. Pero no se mueren de hambre, porque comen Panela con maz tostao.

    La otra casa que ms hacen es coger burros cimarrones vendrselos a las arrias de mula. Bueno, all en ese pueblecito, viva, creo que todava vive, Francisco Moscote. Despus le pusieron, Francisco el Hombre.

    Yo creo que en Riohacha se consigui un Acorden machacao en la tienda de un arubano. Se lo trajo Pa' Treinta y comenz a molestarlo hasta cuando se entendieron bien. Yo parrandeaba con l otro dia paso una arria de mula que llevaba mercancas de Riohacha hacia Valledupar, y el dueo del arria hizo negocio con Francisco; el Turco le dio un acorden y Francisco le dio una burra, Y desde entonces Francisco se convirti en la tapa, en el Cuco de los acordeoneros.

    Cuando llegaba alguno un pueblo o a un casero vecino, lo iban a buscar pa' que tocara con l: Pero cuando llegaba ya el otro se haba ido, del puro miedo. Un dia encolerizado por no encontrar contendor dijo en Cotoprix. Ni que me busquen, ni busco a nadie Si quiere que me busque el Diablo cuando quiera pa' toca con !. Y se reg la noticia de que Francisco haba desafiado al Diablo.

    La Jimena, una vieja, bruja del Tupe que viva en. Tomarrazon le dijo:

    Ve Francisco; esa fantochera te va a pesar, Don Sata no se queda con esa.Vo sey muy petulante, vais a ve, vais a ve Francisco Io que te va a pasa

    Ya nadie le deca Francisco sino Francisco el hombre. Y montado en su burro Josco, con el acorden en el pecho, cuando haba fiesta, en todos los pueblos estaba.Tenia el camino trillao de Tomarrazn pa' Treinta de Treinta pa. Macho Bayo, derechito a Cotoprix caseros estos vecinos en la regin Guajira dondeFrancisco el Hombre reinaba con su acorden y nadie le discuta.

    Pero un dia que sala de Macho Bayo s le acerco un hombrecito flaco con un acorden brillante y bonito que tenia espejitos arriba del teclado. El hombrecito le dijo:

    Esta muy temprano! Mejor te vas a las once de la noche. Te espero en el camino de la montaa de Treinta. Yo quiero tocar contigo. Me Llamo Lucif. :. Vengo de una regin muy caliente: Si me ganas te doy este acorden. que nadie la tiene,choque la mano, amigo.

    All t espero. Desde ese momento ya Francisco el Hombre no pens sino en el hombrecito y el acorden brillante que tenia espejos. Como ese no haba visto ninguno!. Si con estos anteriores tocaba tan bonito, ahora, con este tan coqueto, no quedara msico acordeonero que l no arrasarara.

    Y le llegaba de primera, porque para la fiesta de la Virgen estaba desafiado a tocar'tres das y tres noches con Frut Pearanda en Fonseca. Y Fruto no era cualquier cosa. Sabia mover las notas y era bien. ladino: Adems, ya Francisco sabia que a Fruto le haban triado un acorden nuevo de vuelta a Cartagena, de ese tornillo de maquina que sueltan buena meloda. Pero ese no le ve el forro al dei hombrecito flaco, el de espejitos arriba del teclado, pens pa s mismo. Compr una botella d ron y quiso invitar al hombrecito pero este haba desaparecido. Bueno, se dijo, la cita es a las 12. All en la montaa de Treinta nos encontramos; te espero, t quito las ganas y me llevo el acorden.

    Pa' que chupe, pa, que sepa, y pa' que otro dia no se meta.

    Francisco se sent en un tronco seco de trupio que haba frente a la casita de bahareque de la vieja Petronila, la.maestra de escueta, y que era la nica que tenia un reloj en el pueblo, que le haba dado de cumpleao su padrino Gratiniano Gmez, en Riohacha.

    As que l no le poda fallar al hombrecito. La puerta de la casa esta abierta de par en par y tenia el reloj frente a frente.Haba una hora de camino. Francisco no le quitaba el ojo al reloj. A las once en punto le brinc al burro Josco, lo garabate y puy para la montaa de Treinta a encontrarse con el hombrecito y a cumplir l desafo. En el camino se puso a pensar: Ese hombrecito cobrizo de donde ser? Por lo flequetero y hazaoso parece que fuera de Dibulla o de Camarones.

    No tuvo que espueli ni garabatear al burro cuando se apart de m despus de que me desafo. Ahora me acuerdo parece que ese burro, el del hombrecito, no pona los cascos de las patas en el suelo. Andaba como en el aire.

    Bueno, es que dicen que los caballos y los burros que se cran junto al mar son. mas briosos que los de por aqui. y Dibulla queda pegadita al mar.

    Ser por lo que comen esos animales. : ! Pero y esa acorden tan rara? Tambin yo s cmo de vanidosos son esos negritos de por all. Sobretodo uno como ste, si le dicen que toca bien! Nada le importa haberle cambiado al seor Gratiniano en Riohacha todo el dividivi que cogi en un ao, pelndose eI espinazo en el sol por ese acorden que tiene espejos. No ms pa echa vaina! Porque estoy seguro que no toca na'. Pero ya le voy a quit las ganas, ya te las voy. a quit. Es qu te voy a tapa la boca. De ah en adelante y por todo el camino, ya Francisco no pensaba en. otra cosa sino en el hombrecito cobrizo, en el acorden de espejitos y en la garrotera que con ella le pegara a Fruto Pearanda en Fonseca durante la fiesta de la virgen. Le hablo a su burro Tosco y de dijo:

    Prtate bien, apura el paso. Cuidado vais a tropez. Esa va a ser mucha mochila llena de trupia y maz que te voy a pon cuando lleguemos a la casa.

    Y despus te suelto 5 das en el potrero. Nadie vuelve en esos das a ponerte la silla y slo te coger para darte trupa y maz. As que apura el paso, el hombrecito me est esperando.

    Y entraron a la montaa de Treinta, y la montaa se puso oscura, el Josco par las orejas y a Francisco se le pararon los pelos! El Josco se paraba y se meca de atrs pa'lante. y de alante pa' tras. Nunca Francisco lo haba espueliado ni garabateao tanto para que caminara

    Lo vio que temblaba y que sudaba; parece que no caminaba. Pero de pronto se encontr delante del hombrecito, y el burro estaba parado patas arriba, en las orejas. Faltaba un minuto para las 12 Faltaba medio minuto.

    Y faltaba la mitad de medio minuto. Llegan las 12 de la noche. '

    la montaa y a las nubes parece que las mecan la brisa del silencio en la oscuridad del cielo y de la tierra. No haba ni una sola estrella que iluminara la bveda del cielo. No haba luna, todo era oscuridad! Los pjaros que cantan bonito en la noche, esa noche haban dejado de cantar. Slo se oa repetidamente el graznido inspido, aterrador de la lechuza y el balbuceo solidario del bho, su primo herman. No se vean luceros, slo mariposas negras y moradas, muy moradas, que no movan las alas y parecan paradas en una vara de aire, pero cuando resollaban echaban cordones de candela por la nariz, El viejo Pedro sigui:

    Francisco, iganlo bien, o sea el muchacho de 19 aos que por all en la Guajira pusieron Francisco el Hombre, llega montao en su burro y con el acorden en el pecho, y traa tambin colgado al cuello y le colgaban por el pecho como padrinos, las medallas benditas de JesusSacramentado y la Virgen de Remedios, patrona de Riohacha y de todos los guajiros.

    Cuenta la. gente que donde se encontraron, en ese sitio, mas nunca volvi a crecer la hierba y se secaron los arboles y no volvi a llover y cuando llueve tiene que ser los Viernes Santos con relmpagos y truenos. No se supo cmo ni cundo Francisco el Hombre se encontr sentado en una piedra sin haberse bajado de su burro.

    Frente a l estaba un hombre delgado y alto, de un color raro. No era blanco, negro ni moreno. Tenia un color cobrizo que cambiaba con la luz de sus ojos como el camalen.

    Francisco el Hombre tenia el acorden. en el pecho apoyada en las piernas, porque estaba sentado en una piedra negra que pareca un comejen de donde salan culebras y araas y avispas de todos los colores menos azules.

    Francisco el Hombre se dio cuenta que los ojos de ese tipo, de su vecino, era lo nico que alumbraba aquel lugar de la montaa. No sali la luna ni haban estrellas en el cielo.Pero esos ojos alumbraban como bombillos de candela, y la primera vez que abri la boca y se sonri para saludar a Francisco, este se mir en sus dientes como si fueran un espejo. Todos eran de oro brillante como no los haba notado antes, cuando llego.

    Y as la presencia de Don Sata, del Diablo se fue notando; primero por la llegada de una nube negra sostenida por murcilagos chillones de alas puntiagudas, y luego por un insoportable olor a azufre. No se dieron. las manos, como lo hacen los rivales al comienzo de un desafo.

    Ni don Sata miro a Francisco el hombre, porque en en el cuello le colgaban las medallas de Jess Sacramentado y la Virgen de los Remedios, y como Uds. saben, Don Sata no gusta de esta gente, son poco amigos.

    La nube negra y los murcilagos chillones hicieron teln detrs del dueo del infierno, quien tomo asiento sobre una enorme y escalofriante calavera que tenia cuernos rojos. En cada uno de ellos se pos un pjaro negro y feo y debajo, una alfombra hecha con escamas de dragones infernales y clavada a la tierra con lanzas de tres filos y puales ensangrentados. Francisco el Hombre se olvido de que l era Francisco el Hombre y quiso devolverse,pero ya no haba camino. Slo se vea en lo que, fue el camino, una culebra hirviente de azufre humeante.

    Entonces parti el garabato con que garabateaba el burro. Hizo una cruz y se sent sobre ella, pero las imgenes sagradas que llevaba en el cuello comenzaron a temblar, esto significaba que estaba respaldado para peliar en nombre de Dios.

    Se levanto, se hizo el signo de la Cruz, Don Sata le torci los ojos y le dio la espalda.

    Despus comenz el duelo.

    Un murcilago le mordi la oreja a Francisco Comenz a tocar nervioso porque estaba oscuro y nervioso. El nico que vea las teclas del acorden era Don Sata porque las alumbraba con sus ojos. Luego comenz Don Sata con una risotada estremecedora y aguda que hizo apagar los fogones de todos los caseros de la comarca y salir las cabras de los chiqueros, de los corrales, y a los gatos de los rincones, y desde muy lejos se escuchaba el ladrido de los perros asustados. .

    Don Sata comenz con una meloda extraa, que adormeci a Francisco el Hombre y lo haca ver llamas de candelas enormes, cubiertas de telaraas y ms all, en el fondo, diablos y mujeres encueras bailando en las llamas del infierno.

    La cosa se iba poniendo fea para Francisco.

    El burro revent la cabuya y se fue despavorido echando peos, cagajones, rebuznando, meniando el rabo y tirando las patas.

    A Francisco el Hombre se le olvid la meloda y los versos del merengue de la Chencha que pensaba cantar y se le acalambraron los dedos de los manos y not tambin que ya no estaba sentado sobre la piedra donde estuvo en un principio, cuando se encontr con el Diablo y comenz el duelo, sino que ahora una fuerza misteriosa se lo estaba llevando, lo estaba metiendo, lo arrastraba hacia dentro de la montaa lejos del camino cosa rara, no le hizo nada, no lo espinaban las espinas, pero Don Sata no caminaba..siempre estaba. sentado delante de l y reculando de espalda a la montaa. Entonces se acord del Credo, oracin. que le haba enseado su madrina para que no le fregaran las brujas, y alejara el maoco.

    Pero Don Sata, que no era muy tonto, lo hacia confundir con una oracin de La Magia Negra, que le ense una india guajira a Francisco el Hombre. Esta oracin parece que si le gustaba a Don Sata, porque se rea mostrndole un pocon de dientes de oro y echando humo de azufre por la boca. .

    Francisco el Hombre, se hizo la seal de la cruz en la frente y comenz a tocar el Credo al revs, es decir: de atrs pa,lante.

    Parece que le echaron aceite al acorden. y a l en los dedos. El acorden se le puso ladina.

    Pero no logr repetirIe el Credo, porque Don Sata brinc a la nube negra y le grit:

    - Tramposo, me les pagars! y desapareci.

    Cmo una exhalacin, como un estornudo con los pjaros feos en el hombro y los murcilagos; y la nube hedionda a azufre, tambin desapareci

    No se sabe como Francisco lleg a su casa. Amaneci tirado boca abajo en la puerta.

    Nadie sabe cmo llego. Lo acostaron en su chinchorro y duro tres das sin hablar, ni comer: Trajeron al cura de Riohacha, lo ba en agua bendita, le hispo la cabeza y le enganch un Cristo grandote en el pescuezo, y la noticia se reg que Francisco el Hombre haba tocado con el Diablo.

    Al burro Josco se le cayo el pelo.

    Cuando volvi a Riohacha en la tienda de Don Gratiniano le dijeron: Francisco, llegaron acordeones nuevos y le sacaron para que la viera un acorden de espejitos igualita a la que tenia el hombrecito en la montaa del Treinta.

    Se santigu, se hizo la seal de la Cruz y sali corriendo. Don Gratiniano dijo: Todava esta loco... Lo cierto es que Francisco el Hombre nunca toc un acorden de espejitos, ni tocaba con el que tocara una de esas, no las poda ver cuando se enfrent con Fruto Pearanda en Fonseca durante la fiesta de la virgen, lo hizo con un acorden viejo Tornillo de mquina, y se lo gano.

    As que Nicols, muchacho cabeza. dura y obstinao, que qu Juan Muoz, que Chico Bolao, que

    Mano Che, ni qu Mano Chee!

    Si Francisco el Hombre ha sido el nico hombre despus de Jesucristo, que ha podido derrotar al diablo, y con un acorden... !

    Pero tambin, agrego el viejo Pedro, eso no quiere decir que Juan Muoz y Chico Bolao no sean los mejores acordeoneros en la actualidad de toda la regin. Les va a costar trabajo superarlos los que vengan otras. Yo tambin de lejitos los he odo, y yo s de acorden, Acurdense que yo parrandeaba con Francisco el Hombre...

    Por eso, porque son buenos es por lo que los quieren y aprecian tanto el Doctor Pavajeau,

    Anbal, Guillermo, Evaristo y todo el mundo. Pero es que Francisco el Hombre,

    es Francisco el Hombre...

    Despus, cuando ya Uds. sean grandes, en las parrandas donde quiera toquen y oigan acorden, van a or hablar muchas cosas de Francisco el Hombre ya tambin en l rancho del viejo Pedro era tarde, iban llegando las 12 de la noche. Entonces los. muchachos volvieron rezar el Credo al derecho y se acostaron, y se durmieron.


     
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