"Relacion entre la obra pictorica ""El Triunfo de Galatea"" y ciertas obras literarias como ""Las Metamorfosis"" de Ovidio,"
INTRODUCCIÓN
El trabajo que a continuación voy a desarrollar se
centra en la relación existente entre una determinada obra pictórica y
determinadas obras literarias. La obra pictórica que actúa como eje del trabajo
es un fresco del artista renacentista Rafael, que lleva como nombre El Triunfo
de Galatea. Como obra literaria de posible inspiración del autor
tenemos a Ovidio y sus Metarmofosis,
y como explicación, una crítica de Juan de la Encina al fresco de Rafael. Para
empezar se hace necesario introducir al autor en su contexto histórico por lo
cual haremos un recorrido por el Renacimiento.
EL RENACIMIENTO
La palabra Renacimiento es de
origen francés, renaissance, pero deriva de la expresión italiana rináscita,
usada por Petrarca y Boccaccio y elaborada conceptualmente por Vasari. El
Renacimiento es un fenómeno fundamentalmente italiano, nacido en Florencia y
que luego se extendió a toda Europa. El Renacimiento es un complejo de ideas
políticas, culturales y lingüísticas que tiene su origen en el Humanismo. Pero
el Humanismo no es sólo causa, sino también componente del Renacimiento y por
tanto se refleja en su arte.
Petrarca considera la edad romana como una época de esplendor y de luz, y
la Edad Media como una de oscuridad y tinieblas. Es este aspecto el que influye
en que no se dé el Renacimiento de igual manera fuera de Italia, ya que
aquellas naciones que aunque tengan un componente cultural e idiomático romano,
como España y Francia, tienen su punto de referencia en la Edad Media y no en
la Antigüedad romana. En España las nacionalidades se originan durante la
Reconquista, que culmina en la reafirmación
política conseguida por los Reyes Católicos y por tanto la edad gloriosa
no es la Antigüedad sino la Edad Media. Esto explicará la permanencia de formas
medievales y las distintas versiones del Renacimiento.
Los humanistas manifiestan su amor a todo lo
relacionado con la Antigüedad (Grecia y Roma mezcladas en una unidad cultural,
producto de una deficiente perspectiva histórica) coleccionando objetos del
pasado que se proponen como obras de arte y modelos a imitar. Esta afición
provocó un coleccionismo más sistemático y público en conventos, jardines y
palacios, que derivaría más tarde hacia los museos.
El Renacimiento italiano estaría dividido en dos
etapas. La primera de ellas es el Quattrocento (siglo XV)en el que hace su
aparición y la segunda es el Cinquecento (siglo XVI) en el que el
Renacimiento alcanzaría un excepcional esplendor.
EL QUATTROCENTO O PRIMER RENACIMIENTO
En el norte de Italia subsiste a comienzos del siglo
XV el espíritu del "gótico internacional ", lo que era común a toda
la Europa septentrional. Sin embargo entre 1400 y 1420 se desarrolla en
Florencia una tendencia contraria, que ya había sido anunciada en el siglo
anterior por Giotto. Esta tendencia opta progresivamente por la representación
del volumen y la restitución de la profundidad al espacio, que pronto se
vinculó al respeto por la perspectiva lineal. Al mismo tiempo la arquitectura
se caracteriza por un marcado retorno a la tradición antigua y a la teoría. La
segunda mitad del siglo es testigo del enfrentamiento entre el nuevo estilo
toscano y las particularidades locales, e incluso el sabor naturalista venido
de los Países Bajos. Venecia tardará bastante en comenzar a oponer a la visión
plástica de los florentinos otra concepción basada en el juego de los valores y
las connotaciones atmosféricas. En resumen, en sólo un siglo, Italia se abre a
tres experiencias fundamentales: la conquista del volumen y de la perspectiva,
o realismo de la forma; la conquista de la materia (en Flandes), o realismo
óptico; y la conquista de la luz, o realismo tonal de la visión.
EL CINQUECENTO O SEGUNDO RENACIMIENTO
Los años comprendidos entre 1500 y 1530
corresponden con el periodo del "Renacimiento clásico", que
representa una especie de marcha triunfal hacia el pleno dominio de los medios
de expresión. Sin embargo, este florecimiento se manifiesta en un equilibrio
más dinámico, más expresivo que el que había creído descubrir el Quattrocento
en el purismo geométrico o en la traducción espacial por medio del
dibujo. De ahí la creciente tentación de aprovechar todas las posibilidades de
la materia, una necesidad general de contar con una escala monumental, llevada
incluso al gigantismo. Se tiende a una interpretación de la Antigüedad
totalmente orientada por la preocupación de armonizar el espíritu pagano con el
espíritu religioso, el humanismo con el dogma oficial. Esto da lugar, con
Rafael, a grandes conjuntos decorativos y alegóricos dotados de un equilibrio
amplio y majestuoso. Esta síntesis, sólo al alcance de unos pocos artistas como
Rafael o Tiziano, no tardará en dar paso a otras exigencias. Éstas, por nacer
de la poesía de un Leonardo o los atormentados excesos de un Miguel Angel,
abolirán la rigidez de la forma clásica y su sumisión a leyes inmutables y
universales. En este sentido, el siglo XVI coincidirá con una creciente
afirmación de la personalidad íntima del artista y de su singularidad, cuya
exacerbación terminaría por acabar con el ideal del Renacimiento.
EL TRIUNFO DE GALATEA Y RAFAEL
Este fresco tiene unas dimensiones de 295x 225 cm.
Fue realizado por Rafael bajo un luneto de San Sebastián del Piombo, en la sala
llamada "de la Galatea" en la planta baja de la villa suburbana del
banquero pontificio Agostini Chigi en 1511.
Galatea avanza triunfalmente sobre las ondas,
erguida en la concha arrastrada por una pareja de delfines guiados por el niño
Palemón; alrededor, el desenfrenado cortejo de tritones y nereidas, mientras
desde el cielo los amorcillos disparan sus dardos. La luz cristalina realza los
poderosos cuerpos de los tritones en la preciosa taracea del fondo: verde
marmóreo de la insurcable superficie del mar y rojo compacto(pompeyano)del
manto de Galatea, ofrecido, con los cabellos, al viento que hinche el velo de
la cercana nereida: los colores irreales sugieren un conocimiento profundo de
la pintura romana antigua. La calidad de la obra, evidente a pesar de daños y
retoques seiscentistas, y el clasicismo de entonación arcaizante, mítica,
indican una casi total autografía.
Rafaello Sanzio, llamado Rafael, nació en Urbino en
1483 y murió en Roma en 1520. Está considerado junto con Miguel Ángel y
Leonardo uno de los principales maestros del Renacimiento italiano. De 1500 a
1504 vivió en Perugia, donde fue discípulo y colaborador del Perugino con el
que realizó obras de composición apacible y colorido claro. Influido por el
arte de Leonardo, Miguel Ángel y por los grupos figurativos de Fra Bartolomeo,
abandonó la tendencia intimista de su maestro y desarrolló, durante su estancia
en Florencia (1504-1508) un estilo pictórico donde las formas y las
composiciones claras y simétricas están sujetas a un orden clásico armónico y
equilibrado. Al mismo tiempo, el tema de la Virgen con el Niño comenzó a
adquirir cada vez mayor importancia en su obra. En 1508, requerido por el papa
Julio II, viajó a Roma donde residió hasta su muerte; su estilo tendió por
entonces a lo monumental. Realizó la decoración de las Estancias del Vaticano,
numerosos frescos y pinturas de cielo raso. Entre 1514 y 1519 proyectó las
decoraciones de las logias vaticanas, gran parte de las cuales fueron
realizadas por sus discípulos, mientras que el Triunfo de Galatea es obra del
propio Rafael. Hacia 1516 concluyó los cartones de diez tapices con la historia
de los Hechos de los Apóstoles destinados a la Capilla Sixtina. Entre las obras
del período romano, cuya audaz composición evidencia ya elementos manieristas,
cabe citar las representaciones de madonas, así como los retratos y algunos
cuadros de tema religioso.
Como arquitecto, Rafael realizó
numerosas obras y notables proyectos. A partir de 1515 sucedió a Bramante en la
dirección de las obras de San Pedro del Vaticano.
Hay una carta de Rafael, que aún
se conserva, donde él mismo habla del Triunfo de Galatea. La carta va dirigida
al famoso diplomático y hombre de letras Baldassare Castiglione. Fue escrita
probablemente con la ayuda de otro erudito del círculo. Esto no quiere decir
que haya razones para pensar que el que le ayudó a escribirla no se atuvo
fielmente a lo que quería decir el artista. Al parecer Castiglione había
felicitado a Rafael por el fresco del Triunfo de Galatea que acababa de pintar
para Agostino Chigi. Con esta carta Rafael sólo quería devolverle el cumplido
que le había hecho:
“En
cuanto a la Galatea, me tendría por un gran maestro con que la mitad de los
muchos elogios que su Señoría me escribió fueran merecidos. No obstante,
reconozco en vuestras palabras el amor que me tenéis, y diría que para pintar a
una mujer hermosa me sería obligado ver unas cuantas mujeres hermosas, siempre
a condición de que vuestra Señoría estuviera a mi lado en el momento de hacer
la elección. Pero como escasean los jueces certeros tanto como las mujeres
hermosas, voy a recurrir a cierta idea que tengo en la mente. No sé si será
portadora de algún valor artístico, pero sí que me esforzaré por
conseguirlo.
Según
Gombrich, en circunstancias normales Rafael habría elegido una modelo y
representado su físico con la mayor fidelidad posible, pero este procedimiento
no sirve para este caso. Rafael pretendía representar a una ninfa de belleza
legendaria, y ninguna modelo puede poseer tan extraordinaria belleza. Debido a
esto Rafael alude a un método alternativo que se menciona varias veces en la
Antigüedad clásica: se dice que el pintor Zeuxis, viéndose en la necesidad de
representar a la hermosa Helena de Troya, había pedido ver a las cinco jóvenes
más bellas de la ciudad de Croton, donde estaba trabajando, escogiendo la parte
más bonita de cada una de ellas para llegar a una imagen compuesta por
imitación selectiva. Rafael dice en su carta que sólo recurriría a este
procedimiento si un juez de la belleza femenina tan famoso como el conde
Castiglione le asesoraba en su elección. Pero lo más importante es que
duda que pueda llevarse a cabo, ya que
escasean tanto los jueces certeros como las mujeres hermosas; y a falta de
ambos, ha descartado la imitación de la naturaleza, prefiriendo imitar cierta
idea que tiene en la mente, esforzándose en lograr tal calidad.
LAS METAMORFOSIS Y OVIDIO
Las
Metamorfosis
son un poema épico en 15 libros y unos 12.000 hexámetros, que cuentan, en orden
cronológico, unas 250 historias. Cada una de ellas comprende un cambio de
forma, desde la creación del mundo y los amores de los dioses, hasta cambios
asociados con los héroes romanos, que culminan en la apoteosis de Julio César.
Una pequeña parte del placer de todo ello, reside en la ingenuidad de las
transiciones entre relato y relato, como en el libro XIII, donde la monstruo
Escila cuenta a las ninfas del mar cómo ha rechazado a los jóvenes que vinieron
a hacerle la corte, cuando era todavía virgen. Era fácil para ti, suspiró
Galatea, pero no lo fue para mí escapar
del cíclope Polifemo, que se enamoró de mí. Galatea lloraba al hablar. Escila
le secó las lágrimas y la instó a que contara su historia. Tras el relato de
Galatea, llega Glauco y cuenta cómo se convirtió en un dios marino. Así Ovidio
va enlazando las historias de una manera fluida.
En las Metamorfosis se cuenta la
historia del amor de Galatea por Acis y de la muerte de éste a manos del amante
rechazado por Galatea, Polifemo. La excusa para la inserción en las Metamorfosis
es la transformación de Acis en río, en el momento de su muerte. En Ovidio se
da mayor énfasis a Polifemo que a Galatea. El cíclope es brutal y terrorífico,
pero en la historia, en general, no se pone en evidencia este aspecto de su
naturaleza. El tema principal es su necedad rústica. En este episodio de las Metamorfosis,
el provinciano cortesano hace al villano blanco de sus burlas (Ovidio era
natural de la ciudad de Sulmo y era el poeta metropolitano por
excelencia.)Polifemo se enamora y empieza a cuidar de su aspecto, sobresaliendo
su ignorancia total de los requisitos de limpieza. Siendo un pastor gigante, y no teniendo nada de don Juan, usa
un rastrillo para peinarse y una hoz para recortar su barba. Como cualquier
enamorado por primera vez, tiene que ensayar para expresar su alegría y sonreír,
y como no tiene espejo tiene que usar el agua tranquila.
Ovidio sin embargo tiene poco de
satírico. No puede negarse la dulzura de su carácter. Durante los 50 primeros
versos la burla deja paso al encanto, a pesar de que la famosa serenata de
Polifemo sea en realidad un inventario de sus rebaños, y de que enumere no a
uno sus propios encantos de una manera muy peculiar.
Según Polifemo, Galatea es más
blanca que la hoja de la alheña, más alta que el aliso, más espantadiza que el
delicado cabritillo. Ovidio añade siete versos más, con una función más bien de
relleno y con algunas comparaciones triviales, pero agradables. Lo burlesco
reaparece con intensidad cuando se compara a Galatea con el plumaje de un
cisne, lo cual es una digna comparación poética, y después a la leche cuajada
que no lo es. El maravilloso catálogo de regalos que ofrece a Galatea culmina
burlescamente con el par de oseznos que había guardado para el final del
inventario. Galatea rechaza a Polifemo a causa de unos defectos triviales, como
tener un solo ojo y ser caníbal, prefiriendo a Acis. En Ovidio, Acis es solo
memorable por su temor. Al final del relato asistimos a una transformación,
desde mi punto de vista, más venerable, que es la de Polifemo en un ser nuevo,
renovado por el amor y convertido en un ser
"civilizado"; por lo que terminó abandonando la vida bucólica.
En definitiva Ovidio es retórico,
claro, obra de la imaginación y de las ideas. Es la poesía de una realidad
imaginada.
La historia de Polifemo y Galatea
ocupa demasiados versos como para reproducirlos en su totalidad aquí, por lo
que escogido una sola estrofa (789-797) donde Polifemo describe físicamente a
su amada Galatea.
“Más blanca, Galatea, que la
alheña,
más florida que el prado, más que
aliso
alto eres alta, más que el cristal
brillas,
espantadiza más que el cabritillo,
más suave que la concha que el mar
pule,
cual sombra en el verano o sol de
invierno,
mejor que las manzanas, más
erguida
que el plátano, luciente más que
el hielo,
como uva dulce, como pluma suave
o cual leche cuajada, y si no
huyeras
de mí, más bella que el regado
huerto.”
El poeta latino Ovidio (Pluvius
Ovidius Naso) nació en Sulmona en el año 43 a. de C. y murió en Tomes (actual
Constanta) en el año 17 ó 18 d. de C. Como hijo de una familia acomodada, tomó
clases de retórica en Roma y realizó el tradicional viaje de estudios a Grecia
y Egipto. Atraído por la poesía abandonó la carrera de funcionario, tras
desempeñar algunos cargos sin importancia. Sus primeras elegías eróticas y las
epístolas ficticias de las Heroidas imitan las de Tibulo y Propercio.
Pese a configurarse como poemas didácticos, el Arte de amar y los Remedios de
amor desarrollan también temas elegíacos. Ovidio se hallaba
componiendo los Fastos y las Metamorfosis, cuando Augusto lo desterró a
Tomes, por motivos aún no aclarados. En el exilio compuso las Tristes
y las Pónticas,
en los que la elegía se convierte en instrumento de comunicación personal,
anticipando así el prototipo del poeta moderno de los inicios de las
literaturas románicas, a las que sirvió de modelo a partir del siglo XII.
JUAN
DE LA ENCINA Y SU CRÍTICA
Juan de la Encina es un español, crítico de arte, que le dedica
cierta parte de sus trabajos a Rafael. En una de sus obras, La pintura
italiana del Renacimiento, de la Encina hace una maravillosa crítica, a Rafael y su Galatea,
considerándola como una obra inigualable y llena de gracia, pero mejor pasemos
a leer la crítica a continuación reproducida:
“Pero, claro está, nada iguala al Triunfo de
Galatea. Es probable que no haya realizado Rafael nada más hermoso y
lleno de vida triunfal. Va Galatea gentil sobre su carro marino, mostrando en
escorzo los encantos maravillosos de su cuerpo divino, rodeada de tritones y
sirenas, que forman como un coro de sonora alegría, un canto orgulloso a la
hermosura de aquel cuerpo resplandeciente de diosa, que representa ante los
ojos del espectador la juventud, sempiternamente renovada del eterno femenino”.
Juan de la Encina
hace alusión, en líneas siguientes, al también crítico de arte Bernard
Berenson, citando sus mismas palabras: ”La Antigüedad misma – a escrito el
descontentadizo Berenson- no ha realizado en las artes de la figura una imagen más completa y embrujadora en ninguna
de sus más bellas invenciones.” También de la Encina considera que “la Galatea”
es la única obra de la mano de Rafael en la Farnesina, siendo el resto de la
decoración obra de sus discípulos. Rafael cedió los dibujos para el desarrollo
de la Fábula
de Psiquis y fue principalmente Giulio Romano quien la pintó en el techo y las paredes. Según de la
Encina se llega a esta conclusión debido a que se nota la falta de la mano del
maestro, y esto la hace diferente. Sin embargo, dice que la gracia es tan fresca,
alada y primaveral que parece verse, sin que esté allí, la misma mano de
Rafael. Considera que la decoración de la Farnesina es un de las más
representativas del espíritu pagano del Renacimiento. A pesar de que no toda la
decoración fue realizada por Rafael, la vertiente pagana del genio del maestro
tiene allí entera expresión.
Según Juan de la Encina, el concepto en que la
crítica tenía a Rafael ha variado mucho en el siglo XVIII y los tres primeros
tercios del siglo XIX. En realidad no se hacía crítica sino más bien reverencia
y adoración religiosa. Tuvo una muerte prematura que ayudó a que todas las
academias guardaran su imagen como arquetipo de hombre-artista. Sin embargo, en
la época de Juan de la Encina (década de los 40 de nuestro siglo)ya no hay una
fiel devoción y adoración hacia Rafael, sino que ahora se le conoce tanto en
sus defectos como virtudes. La admiración que sigue despertando está más
fundamentada en el estudio minucioso de este gran maestro.
Juan de la Encina era sólo un seudónimo, su
verdadero nombre era Ricardo Gutiérrez
Abascal y como ya hemos dicho antes era un crítico de arte. Nació en
Bilbao en 1890 y murió en México en 1963.Fue autor de artículos en los
periódicos madrileños La Voz y El Sol y la revista España.
Desde 1931 fue director del Museo de Arte Moderno de Madrid. Durante la guerra
civil intervino para que las obras del Museo del Prado fueran enviadas a Suiza,
evitando así su destrucción. En 1938 se exilió a México, donde fue catedrático
de Historia del Arte de la Universidad Nacional Autónoma. Entre sus obras
destacan:
La trama del arte vasco(1919), Guiard y Regoyos (1921), Victorio
Macho(1926), El mundo histórico y poético de Goya(1939),
Retablo
de la pintura moderna(1953), y el escogido para este trabajo, La pintura
italiana del Renacimiento(1949).
CONCLUSIÓN
Durante la realización de este trabajo me he visto
en numerosas dificultades. Para empezar hablaré de los problemas en los que me
vi a la hora de recopilar la información. Elegí la obra pictórica por
casualidad, porque hasta entonces no la conocía, y si la había visto antes ya
no me acordaba. Cuando vi el fresco me quedé prendada, me pareció muy bonito,
con un colorido muy bien escogido, y muy a corde con mis gustos. Tras
observarlo varias veces me di cuenta que me recordaba a algo: la concha y el
velo henchido por el viento, de la nereida y el de la propia Galatea me
transportaban al Nacimiento de Venus de Botticelli. Sin embargo yo ya
conocía las Metamorfosis
de Ovidio, por lo que por esa parte no me resultó muy difícil. El caso es que
consulté diferentes traducciones y observé que diferían mucho unas de otras,
por lo que opté trabajar sobre la que me pareció menos enrevesada y más
agradable al oído. Otro problema que tuve fue a la hora de encontrar una obra
posterior, en este caso, la crítica. El caso es que encontraba críticas
generales a Rafael e incluso a su Escuela de Atenas, pero ninguna en
particular al Triunfo de Galatea, por lo que en un primer momento pensé en
olvidarme de “la Galatea” y hacer el trabajo sobre la Escuela de Atenas, pero me
resistí a dejar de lado la obra que primero había elegido, porque ya había
trabajado durante muchas horas en ella. Al final encontré la crítica de un
español que ni yo ni nadie parecía conocer. Luego descubrí que Juan de la
Encina era sólo un seudónimo y que su verdadero nombre era Ricardo Gutiérrez
Abascal, entonces ya pude saber más de él y escogerlo como autor de la obra de
explicación; aunque más que escoger lo que hice fue coger la única opción que
tenía.
Con este trabajo he descubierto muchas cosas, sin
contar los conocimientos que he adquirido. Mientras recogía la información y me
pasaba horas enteras en la biblioteca (cuando éstas no me sobraban) descubrí
que me gusta más el arte de lo que yo pensaba. El caso es que cuando consultaba
cualquier libro me entretenía leyendo y observando otras obras que nada tenían
que ver con lo que yo estaba buscando. Esto me sorprendió de mí misma porque
siempre que tengo que hacer un trabajo se me hace terriblemente tedioso, sin
embargo, en esta ocasión disfruté haciéndolo. En resumen, sólo decir que he
aprendido muchas cosas, que el trabajo hubiera podido ser más extenso si no
fuera por la falta de tiempo material, y que ha sido todo un placer (aunque
desconocido hasta entonces) para mí.
BIBLIOGRAFÍA
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FERNÁNDEZ
ARENAS, J.: Las
claves del Renacimiento. Ed. Ariel, Barcelona,
1986.
·
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Barcelona, 1986.
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·
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·
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·
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italiana del Renacimiento.Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1949.
·
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Ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1992.
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