Introduccion, funcion protectora, ciclo vital de los leucocitos, plaquetas, la coagulacion de la sangre.
MUNDO BIOLÓGICO
GLÓBULOS BLANCOS
Existen
cinco tipos de glóbulos blancos, o leucocitos, todos los cuales difieren
considerablemente de los hematíes; tienen núcleo, no contienen hemoglobina (y,
por lo tanto, son incoloros), y se desplazan activamente por medio de
movimientos amiboidales. Los leucocitos pueden desplazarse en contra de la
corriente sanguínea, y aun deslizarse a través de las paredes de los vasos
sanguíneos y penetrar en los tejidos.
Los
glóbulos blancos son mucho menos numerosos que los hematíes; hay un promedio de
cerca de 7.000 por mm. cúbico, pero fluctúan entre 5 y, 9 ó 10 mil en las
diferentes personas, y aun en la misma persona, a diferentes horas del día. La
cantidad de leucocitos es mínima en las primeras horas de la mañana, y máxima a
la tarde. Las personas deficientemente nutridas tienen un número de leucocitos
inferior al normal, y una menor resistencia a las infecciones y enfermedades;
la disminución del número de leucocitos a 500 por Mm3, o menos, es fatal. El
recuento de los leucocitos se efectúa con la misma cámara empleada para los
hematíes. La sangre se diluye menos (sólo 1: 10 en lugar de 1: 200) y el
líquido de dilución contiene ácido acético para destruir los hematíes, y
violeta de genciana para teñir los leucocitos y hacerlos fácilmente visibles.
Los
cinco tipos de glóbulos blancos pueden distinguirse haciendo u tendido con una
gota de sangre sobre un portaobjetos de vidrio y colorando el frotis con el
colorante de Wright u otro similar.
Los
linfocitos, que son los glóbulos blancos más pequeños, tienen un diámetro de 8
micrones. Poseen un núcleo grande, esférico o ligeramente mellado, que se
colora de azul purpúreo intenso con el colorante de Wright pequeña cantidad de
citoplasma forma una delgada capa alrededor del núcleo; el citoplasma no posee
gránulos y se tiñe de azul (color de huevo de petirrojo). Los linfocitos son
menos móviles que los demás Ieucocitos.
Los
glóbulos blancos de mayor tamaño, los monocitos, miden de 12 a 20 micrones de
diámetro. El núcleo de estas células se tiñe de un color púrpura sucio y tiene
una escotadura acentuada, que le da forma de haba o de herradura. Poseen una
gran cantidad de plasma sin gránulos, que se tiñe de azul de pizarra. Los
monocitos son móviles e ingieren bacterias y partículas de desecho: Los
neutrófilos, eosinófilos y basófilos poseen núcleo divididos en dos a cinco
lóbulos, unidos hilos de material nuclear; todos poseen gránulos
citoplasmáticos evidentes, y su diámetro oscila entre 9 y 12 rnicrones. Los
núcleos se tiñen de púrpura intenso, pero
los citoplasmáticos se coloran de distinta manera en cada uno de los
tipos. Los tres tipos son móviles y capaces de ingerir bacterias, pero los
neutrófilos son más activos que los otros dos. Los núcleos de los neutrófilos
poseen de 3 a 5 lóbulos, y su citoplasma contiene pequeños gránulos que se
tiñen de color lavanda pálido. Los eosinófilos poseen núcleos con dos o tres
lóbulos, y grandes gránulos que se tiñen de rojo brillante con la eosina que
contiene el colorante de Wright. Los núcleos de los basófilos son,
habitualmente, bilobulados, y su citoplasma contiene grandes gránulos que se
tiñen de azul oscuro. La proporción de leucocitos de cada tipo se termina por
el recuento diferencial, o fórmula leucocitaria. Se extiende una gota de sangre
sobre un portaobjetos de vidrio, forman
una
capa delgada y lisa; se la tiñe con el colorante de Wright y se examina con el
microscopio. Se cuentan y clasifican varios centenares de glóbulos blancos. Los
valores medios para una persona normal, son: 60 a 70 %de neutrófilos, 25 a 30
de linfocitos, 5 a 10 de monocitos, 1 a 4 de eosinófilos, y 0,5 de basófilos.
FUNCIÓN PROTECTÓRA DE LOS GLÓBULOS
BLANCOS
La
principal función de los leucocitos proteger al cuerpo contra los organismos
patógenos. Los neutrófilos y los monocitos destruyen a las bacterias que
invaden el organismo, ingiriéndolas de un modo similar al que emplea la amiba
para ingerir partículas de alimento. El englobamiento de una partícula por una
célula se denomina fagocitosis. Las bacterias fagocitadas son digeridas por
enzimas segregadas por el leucocito. Éste continúa ingiriendo partículas hasta
que es destruido por la acumulación de productos de desecho. Se ha observado
que los neutrófilos fagocitan entre 5 y 25 bacterias, y los monocitos hasta 100
antes de morir.
Cuando
las bacterias- penetran en los tejidos del cuerpo destruyen a las células por
ataque directo, o por producción de toxinas químicas Los vasos sanguíneos de la
región afectada se dilatan, aportando una mayor cantidad de sangre, lo que
origina en la zona el característico enrojecimiento y el aumento de
temperatura, que se denominan inflamación. Las paredes de los vasos sanguíneos
se hacen más permeables; por eso pasa líquido de la corriente sanguínea a los
tejidos, produciéndose así una hinchazón. Los leucocitos (neutrófilos, en
particular) migran a través de las paredes de los vasos sanguíneos, fagocitando
a los invasores y los restos de tejidos destruidos. La acumulación, de células
tisulares muertas, bacterias y, leucocitos vivos y muertos, forman un fluido
amarillento y espeso, denominado Pus. Los leucocitos son atraídos al lugar de
la infección por productos químicos liberados por los organismos invasores y
los tejidos inflamados.
Una
vez que las bacterias han sido destruidas se remplaza el tejido perdido.
Algunos tejidos tienen la propiedad de regenerarse por multiplicación de las
células vecinas; otros tienen una capacidad limitada de regeneración, y son
remplazados por células del tejido conectivo, que producen fibras para formar el
tejido cicatricial. Se cree que los linfocitos desempeñan un papel activo en
este proceso, pues tienden a acumularse en las zonas en las cuales se realiza
la cicatrización. Los linfocitos cultivados fuera del cuerpo, en medios
estériles, pueden convertirse en células de tejido conectivo; cabe suponer que
este mismo proceso puede realizarse dentro del cuerpo para facilitar el proceso
de reparación.
El
organismo posee un segundo tipo de protección contra las enfermedades: la
producción de proteínas específicas denominadas anticuerpos, en respuesta a la
presencia de sustancias extrañas, denominadas antígenos, en la sangre o los
tejidos. Los anticuerpos son producidos por las células plasmáticas, que
semejan linfocitos y están localizadas en el bazo, los ganglios linfáticos y
las paredes del aparato digestivo y, quizás, por los mismos linfocitos.
La
cantidad de eosinófilos aumenta grandemente cuando el cuerpo es infectado por
un animal parásito, tal como Trichinella, nematelminto que causa la
triquinosis. Estos leucocitos posiblemente intervengan de algún modo para
contrarrestar los efectos del
parásito.
Los estados alérgicos, tales como la fiebre del heno, el asma y la alergia por
absorción de proteínas extrañas, también se caracterizan por un gran aumento de
eosinófilos circulantes. La inyección de hormonas corticoadrenales (cortisona o
hidrocortisona), causa a los pocos minutos una disminución de dicho número, que
se reduce a la mitad (o menos) del valor normal.
El
número de leucocitos circulantes aumenta en la mayoría de las infecciones,
pudiendo elevarse el recuento a más de 20.000 leucocitos por milímetro cúbico
en la apendicitis o en la neumonía. Se cree que los tejidos inflamados liberan
una sustancia ("factor promotor de leucocitosis") que por la corriente
sanguínea llega a la médula ósea, donde estimula la producción y liberación de
leucocitos, particularmente neutrófilos. La cantidad de leucocitos tos que hay
en la sangre refleja la gravedad de la infección, y el recuento leucocitario
periódico se utiliza para controlar el grado de recuperación del paciente.
Algunas enfermedades se caracterizan por el aumento de un determinado tipo de
leucocitos, y la fórmula leucocitaria es útil para el diagnóstico. El número de
linfocitos aumenta en la tos convulsiva y en la anemia perniciosa, en las
quemaduras producidas por el sol, en las enfermedades crónicas como la
tuberculosis, y en las personas que viven a grandes alturas o en los trópicos.
La
fiebre tifoidea y el paludismo determinan, habitualmente, un aumento del número
de monocitos; la neumonía, la apendicitis y otras
infecciones
bacterianas agudas, aumentan en forma típica el número de neutrófilos. El
incremento de la cantidad de eosinófilos se produce en las infecciones por
tenias, anquilostomas y otros animales parásitos, y en la escarlatina, el asma
y algunas enfermedades de la piel.
CICLO VITAL DE LOS LEUCOCITOS
Los
distintos tipos de leucocitos se originan en diversos órganos. Los linfocitos
se forman en el bazo, las amígdalas y los ganglios linfáticos; los monocitos se
originan en la médula ósea y en el bazo, y los neutrófilos, eosinófilos y
basófilos se forman en la médula ósea roja. Si bien todos los leucocitos poseen
núcleo, los circulantes no se dividen. Los leucocitos no son destruidos por
ningún órgano en particular. Algunos son destruidos por las bacterias, y otros
atraviesan la mucosa del aparato digestivo, o la del urinario, siendo
eliminados hacia el exterior con las heces o la orina. La vida de la mayoría de
los glóbulos blancos es muy corta; dura entre 2 y 4 días. La sangre de un
individuo sometido a una intensa irradiación por rayos gamma (como la
proveniente de una explosión atómica), pierde todos sus neutrófilos en unos
tres días. Se considera que el período de vida de un linfocito es más corto
aún, aproximadamente de unas cuatro horas. Este cálculo se' basa en el hecho de
que el número de linfocitos que entran en el torrente sanguíneo desde los
conductos linfáticos, cada 24 horas, es varias veces mayor que el número total
presente en cualquier momento.
PLAQUETAS
Las
plaquetas sanguíneas, un tercer tipo de elementos figurados de la sangre, son
importantes en la iniciación del proceso de coagulación de la sangre. Son
cuerpos esféricos, incoloros, desprovistos de núcleos, con un diámetro aproximadamente
igual a la tercera parte del de los hematíes. Se cree que la mayoría de ellos
se origina por la fragmentación de las células gigantes, en la médula ósea
roja, pero experimentos recientes indican que algunos se forman a partir de
células fagocitarías pulmonares. Su ciclo de vida se calcula en cuatro días.
LA COAGULACIÓN DE
LA SANGRE
Para
impedir la pérdida accidental de sangre, se ha desarrollado un complejo
mecanismo. En algunos animales, como el cangrejo, cuando un vaso es lesionado
la contracción de los músculos de su pared impide la hemorragia. En el hombre y
en otros vertebrados, así como en muchos de los invertebrados, hay una serie de
reacciones químicas, en las que se forma un coágulo sólido para taponar el vaso
lesionado, que evitan la producción de la hemorragia. La coagulación es,
esencialmente, una función del plasma y no de las células sanguíneas, y entraña
la transformación del fibrinógeno soluble (una de las proteínas plasmáticas),
en fibrina insoluble.
La
sangre extraída de un vaso sanguíneo y trasladada a un tubo de ensayo, pasa del
estado líquido al de gel semisólido en cerca de
6
minutos (el tiempo de coagulación oscila entre 4 y 10 minutos). Los filamentos
de fibrina aprisionan a los glóbulos rojos y blancos, que contribuyen a dar solidez
al coágulo, pero que no son esenciales para el proceso de coagulación. El
coágulo se retrae, posteriormente, y rezuma un líquido de color como la paja,
el suero, que es similar al plasma en muchos aspectos, pero no puede coagular
por carecer de fibrinógeno.
La
sangre no coagula, como muchos creen, por estar expuesta al aire, o porque cesa
de fluir; si al extraerla se la coloca en un vaso parafinado, no coagula aunque
esté expuesta al aire y estacionada. El mecanismo de la coagulación, en
realidad, es bastante complejo; en él intervienen diferentes sustancias
contenidas en el plasma, cuyas interacciones mutuas determinan tres grupos (le
reacciones; cada una de las dos primeras reacciones produce una enzima
requerida para la reacción siguiente.
La
primera parte de este mecanismo, incluye la desintegración de las plaquetas
sanguíneas y la liberación de una sustancia llamada tromboplastina. Cuando las
plaquetas se ponen en contacto con una superficie rugosa (prácticamente,
cualquier superficie que no sea el liso endotelio de los vasos sanguíneos),
tienden a adherirse a ella y desintegrarse. La desintegración es acelerada por
una globulina denomina "factor antihemofílico", que se encuentra en
el plasma normal.
La
tromboplastina formada en esta primera reacción actúa enzimáticamente en la
segunda, para convertir a la protrombina en trombina. Ésta es una reacción
complicada, que requiere la presencia de iones calcio y, la de por lo menos dos
proteínas plasmáticas más ("globulina aceleradora" y "factor
sérico acelerador de la conversión de la protrombina sérica, o SPCA). La
protrombina es una globulina plasmática producida por el hígado. Se desconoce
la función del calcio en esta reacción, pero si se eliminan los iones de
calcio, por adición de citrato u oxalato, se impide la coagulación.
Finalmente,
la trombina formada en la segunda reacción, actúa enzimáticamente para
convertir el fibrinógeno en fibrina, proceso en el que se separa una pequeña
porción de la molécula de fibrinógeno, y el resto se polimeriza para formar
largos filamentos de fibrina.
Si
bien este mecanismo es bastante complejo, es obvio que está admirablemente
adaptado para producir una rápida formación del coágulo cuando se lesiona un
vaso sanguíneo, e impedir, sin embargo, la coagulación dentro de los vasos
sanguíneos intactos. Aun la sangre normal contiene una pequeña cantidad de
tromboplastina, porque se produce constantemente la desintegración de un
pequeño número de plaquetas. La sangre normal contiene, además, un activo
anticoagulante llamado heparina, producido en las células cebadas (mastzellen)
del pulmón y del hígado. La heparina impide la transformación de la protrombina
en trombina, y se utiliza clínicamente para impedir la coagulación.
Las
enfermedades del hígado pueden alterar el mecanismo de la coagulación, por
perturbar la síntesis de protrombina. Para la síntesis de esta sustancia se
requiere una adecuada provisión de vitamina K. La absorción intestinal de
vitamina K es facilitada por la bilis; un déficit de bilis puede producir un déficit
de protrombina y provocar una alteración de la coagulación, aun cuando la dieta
contenga una adecuada proporción de vitamina K. Para impedir las hemorragias
internas durante las operaciones del hígado o las vías biliares, es habitual
tratar antes al paciente con inyecciones de vitamina K.
La
sangre que fluye durante la menstruación no coagula, ya sea porque su
fibrinógeno ha sido eliminado en el útero, o porque se ha
coagulado
antes y la fibrina ha sido posteriormente destruida por enzimas proteolíticas.
Algunas
bacterias atacan las paredes de los vasos sanguíneos, y las sustancias
coagulantes intervienen en la reparación de estas zonas debilitadas. La
destrucción de las células y la acumulación y desintegración de las plaquetas
en la pared rugosa ocasionan la liberación de tromboplastina y causan la
formación de un coágulo sobre la zona debilitada. El coágulo solo no es muy
eficaz, pero las células del tejido conectivo de la pared arterial migran hacia
él, formando un tejido conectivo fibroso y resistente que constituye la
cicatriz y refuerza el coágulo. Esto no deja de presentar peligros, pues el
coágulo puede ocluir por completo el vaso sanguíneo, e impedir el pasaje de la
sangre. Muchos órganos están irrigados por infinidad de vasos y, en ellos, un coágulo
intravascular, al que se denomina trombo, no es muy peligroso. Otros órganos,
en cambio, están irrigados por una única arteria, y si ésta queda totalmente
ocluida por un trombo, dejan de recibir sangre. A veces, un trombo formado en
un vaso se desprende, y es transportado por la sangre a otro vaso, al que
obstruye. Cuando obstruyen un vaso, los trombos, o cualquier otra partícula
transportada por la corriente sanguínea, reciben el nombre de émbolos.
La
hemofilia, enfermedad hereditaria ligada al sexo, que afecta principalmente a
los hombres, a quienes es transmitida por la madre, se caracteriza por una
coagulación tan defectuosa que un leve rasguño puede producir una hemorragia
fatal. Esta enfermedad atrajo la atención general por haberse presentado en
varias familias reales europeas, especialmente en los Borbones y los Romanoff,
que la heredaron, según parece, de la reina Victoria de Inglaterra. Los
hemofílicos carecían del "factor antihemofílico", la globulina que
acelera la desintegración de las plaquetas y la liberación de tromboplastina.
Sus plaquetas son extremadamente estables, y no se desintegran con facilidad
cuando la sangre fluye al exterior.
La
propiedad coagulante del plasma lo ha transformado en un importante instrumento
para la investigación con cultivos de tejidos. Después de reiterados e
infructuosos intentos de cultivar tejidos fuera del organismo, el doctor Ross
Harrison logró hacerlo, en 1910, utilizando una gota de plasma coagulado como
medio de cultivo para sus tejidos. Este descubrimiento proporcionó tina técnica
por medio de la cual se han realizado muchas investigaciones sobre crecimiento,
desarrollo y propiedades fundamentales de tejidos, bacterias y virus.