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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Lo incierto en la realidad.: "Análisis de la clave narrativa de la obra ""Paseo"" de José Donoso. (Carrera de Letras de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina.)" Agregado: 10 de FEBRERO de 2001 (Por Fernando Loza) | Palabras: 1462 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Lo incierto en la realidad
La clave
narrativa en la obra “Paseo” de José Donoso, motivo de este trabajo, esta
orientada hacia lo incierto. La duda se erige como una realidad que no se puede
precisar en un código unívoco. No serían ya dos partes enfrentadas, “esto o
aquello” sino que estarían ambas coexistiendo.
Aún cuando la
presencia de personajes como la tía Matilde -ambivalente- o la perra - todavía
blanca- o el narrador en primera persona son fundamentales, nos parece
interesante el tratamiento de la narración así como también la afirmación que
esta realiza.
El relato da
comienzo con el siguiente párrafo en primera persona:
“Bien puede
no haber sido así -puede que mi imaginación y mi recuerdo me traicionen.
Después de todo yo no era mas que un niño entonces, al que no tenían por que
participar las angustias de las personas, si
las hubo, ni el resultado de sus conversaciones” (Bastardilla es
nuestro)
La
narración gira en torno a la misteriosa desaparición de la tía Matilde. En este
relato se cuenta cómo en una familia ordenada y organizada de la burguesía, un
elemento extraño, la perra blanca, introduce el caos destruyendo un sistema de
vida o al menos cuestionándolo en sus fundamentos. La historia que cuenta el
narrador es la que detallamos pero el propio discurso organiza otra tanto o más
importante que la primera. El discurso tiene la forma de una evocación que un
narrador adulto hace de un hecho de que fue testigo en su infancia. El carácter
evocativo de su discurso, posibilita toda una acción donde memoria fiel e
imaginación infiel, luchan tratando de establecer la realidad tal cual es o tal
cual fue.
Ese intento por
asir una historia es lo que configura una acción fundamental, por ello es significativo que se
recurra constantemente al uso de
locuciones del tipo “tal vez”, “quizá”, a imprecisiones “algo como” o “como si”
o a preguntas del tipo “¿Cómo era posible?” y también las adversativas “pero no”
y “pero no creo”. Todo esto da al relato un matiz de incertidumbre que impide
distinguir lo que realmente sucedió de lo imaginado por la conciencia evocadora
del narrador. Nuestra cita mas arriba “si las hubo” es, en ese sentido, un ejemplo.
Junto a esa inestabilidad y negación del
relato, se agregan los modos aseverativos y comprobatorios “No era verdad”, “Es
cierto que a veces”, “Fue una de esas mañanas” “Pero yo sabía que no era
verdad”. Esto permitirían concluir en la existencia de dos planos: el de lo
verdadero y el de lo deformado por la evocación.
Se refuerza de
esta manera el doble movimiento del texto ya que por un lado se contribuye a crear una sensación de
veracidad mientras que por otro se instala la ambigüedad, la inestabilidad.
Ese contrapunto
entre lo afirmado y lo negado, entre lo sugerido y lo dicho es el intento
de decir lo inestable. El narrador se
refiere, a través de su conciencia evocadora, a los hechos del pasado y a sus
propios sentimientos ligados a su función de testigo. Hay entonces dos tiempos
del personaje narrador: un pasado -motivo del relato- y un presente de la
narración que incluye al anterior.
Toda la historia
que corre paralela a lo narrado cuya protagonista es la tía Matilde, es
contrapunteada por el discurso evocador del narrador que, si bien en algunos
casos es un mero testigo, actúa a la manera de un coro, comentando, previendo,
presuponiendo a la vez que encuadra y otorga sentido a los hechos de la historia
de la tía Matilde. El discurso es, entonces,
la evocación del tiempo de un testigo cuya voluntad de conciencia
evocadora, intenta explicar un tiempo pasado o como dice el narrador
refiriéndose a su antigua casa:
“una
ausencia, una falta que, por ser desconocida, era irremediable, algo que ni
pesaba, pesaba por no existir”
También hay un
intento de explicar lo que el narrador siente como una dimensión misteriosa de
lo real:
“... y jamás
supe si la tía Matilde, arrastrada por la perra blanca, se perdió en la ciudad,
o en la muerte o en una región más misteriosa que ambas”
El personaje
evocador-narrador pone de manifiesto la carencia de medios confiables, la
exclusión frente a las claves para el acceso a lo incierto y misterioso. Por
ello hallamos dos elementos que funcionan como claves de ese mágico mundo. En
el afuera de la casa: las sirenas de
los barcos, los pitazos. En el adentro de la casa con la puerta de la biblioteca.
En los pitazos de
los barcos hallamos simbolizada la llamada de libertad de esas sirenas que al
igual que los cantos de las sirenas mitológicas encantan al niño con un
misterioso mundo del afuera. Pero mientras él está excluido de
ese mundo la tía Matilde está incluida en el. Ha ingresado en compañía de la
perra blanca y se opera en ella una transformación.
La exclusión y
separación serán dadas con mayor fuerza con las referencias a la puerta de la
biblioteca. Recordemos que la puerta abre y cierra el relato:
“¿Qué
pensar? A veces oía a los hermanos hablar quedamente, lentamente, como era su
costumbre, encerrados en la biblioteca, pero la maciza puerta tamizaba el
significado de las palabras, permitiéndome escuchar sólo el contrapunto grave y
pausado de sus voces. ¿Qué decían? Yo deseaba que allí dentro estuvieran
hablando de lo que era importante de verdad, que, abandonando el respetuoso
frío con que se trataban abrieran sus angustias y sus dudas haciéndolas
sangrar. Pero tenía poca fe en que así fuer, que mientras rondaba junto a los altos muros del vestíbulo cerca
de la puerta de la biblioteca, se grabó en mi mente la certeza de que habían
elegido olvidar reuniéndose sólo para discutir, como siempre, los pleitos del
estudio jurídico...."
“La puerta
de la biblioteca era demasiado maciza, demasiado pesada y jamas supe si tía
Matilde, arrastrada por la perra blanca .....”
El alcance de exclusión adquiere, mediante la
adjetivación “maciza” para la puerta, un carácter aun mayor. Esto permite
suponer que la exclusión también está dada en el adentro de la casa y que la
separación del personaje es con relación al mundo de las sirenas de los barcos
pero también del misterioso suceso de la tía Matilde.
Pero esta
exclusión del personaje es permanente con respecto a su no acceder ni a la
imaginación, ni al conocimiento. Las
sirenas y la puerta permiten dar idea de ese sentimiento en su infancia.
Enfrentando ahora con el pasado mediante la evocación, la exclusión permanece.
El narrador intenta
superar la incertidumbre por medio de la evocación De este modo junto a lo que
es conocido esta lo desconocido y por
esto el relato pasa a ser ambiguo e
incierto: lo central pasa a ser ambiguo. El personaje queda distanciado antes y
ahora de la realidad.
Se trata entonces
de hechos sucedidos hace largo tiempo y nos encontramos acá frente a un
narrador similar a Cide Hamete Benengeli, el cual es presentado como real. El
personaje narrador-evocador, es o ha sido testigo de los hechos. Su evocación
preside el relato. Podría pensarse entonces que se quiere dar una doble visión
pero a nuestro entender hay una unidad en la persona que evoca y narra a la vez
que hay independencia que es la establecida en el texto por la forma de estar
organizado: dos historias y su relación.
La misma oración
de cierre del relato “jamas supe” hacen incierto el desenlace y la suerte de la
tía Matilde e intensifica el hecho de que el discurso genera más dudas que las
que despeja. Esta ambigüedad conlleva una nota de angustia que es propia de la
irresolución y que el narrador-evocador le deja al lector:
“ahora
pienso que quizás tuvieran razón en desear borrarlo todo, porque ¿para qué
vivir con el terror inútil de verse obligado a aceptar que las calles de una
ciudad puedan tragarse a u ser humano, anularlo, dejándolo sin vida y sin
muerte, suspendido en una dimensión más inciertamente peligrosa que cualquier
dimensión con nombre?”
Lo incierto, lo
peligroso, no surge de la introducción de un elemento mágico en una familia o
en un entorno ordenado. El peligro se debe a que no hay una respuesta
valida con que interpretar la realidad sino varias: todas las que la
imaginación permite.
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