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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Los incas: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 2007 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Trabajo práctico sobre los Incas:
Inca
(del quechua, inka, ‘rey’ o ‘príncipe’), nombre genérico de los
gobernantes cuzqueños, con equivalencia a soberano, quienes establecieron un
vasto imperio en los Andes en el siglo XV, muy poco antes de la conquista del
Nuevo Mundo por los españoles. El nombre también se aplica por extensión, a
todos los súbditos del Imperio incaico o Incanato. Inca es, arqueológicamente,
el nombre de una cultura y un periodo prehispánico.
Historia
Los incas no eran un grupo étnico
natural del Cuzco, región que después será su área central, se trataba de una
población que emigró hacia el año 1100 d.C., probablemente desde el
Altiplano, hacia el valle de Cusco o Cuzco, donde durante casi trescientos años
llevaron a cabo incursiones y alianzas con los pueblos de la zona. Con el paso
del tiempo se convirtieron en un grupo muy poderoso e importante, sin embargo
permanecieron en la región hasta la invasión chanca y el gobierno de Pachacutec
Inca Yupanqui, cuando empezaron a expandirse por otras regiones.
Cuenta la leyenda que eran años en
que gobernaba el Inca Viracocha, cuando aparecieron rodeando la ciudad del
Cuzco los chancas, un pueblo muy belicoso de la sierra central, quienes
atacaron y destruyeron la ciudad, tras de lo cual Viracocha huyó. Frente a las
ruinas del viejo templo solar, el Inticancha, el general Yupanqui imploró su
ayuda al dios Sol, el cual convirtió a las piedras que rodeaban la ciudad en
soldados (conocidos como pururaucas) y éstos derrotaron a los enemigos. La gente
entonces aclamó a Yupanqui como su nuevo inca y éste asumió el cargo con el
nombre de Pachacutec (‘el que transforma el mundo’). Con el nuevo inca, el
sector militar se vio fortalecido y la expansión adquirió importancia.
Pachacutec conquistó la meseta del Collao, Arequipa, el valle del Mantaro, a
los chinchas (icas), Lima, entre otros territorios, y organizó el
Tahuantinsuyu. A Pachacutec le sucedió Túpac Inca Yupanqui, quien como auqui
(‘príncipe heredero’) continuó la expansión por la costa y la sierra norte,
dominando a los chachapoyas, los chimú y otros pueblos importantes hasta el
actual territorio de Ecuador. Posteriormente, ya como inca, se dirigió al sur,
donde avanzó hasta el río Maule, punto que se convertirá en la frontera sur del
Imperio. Éste, no obstante, alcanzó su mayor extensión con el reinado
(1493-1525) del hijo de Túpac, Huayna Cápac. Hacia 1525, el territorio bajo
control inca se extendía por la zona más meridional de la actual Colombia, por
Ecuador, Perú y Bolivia y por zonas de lo que hoy en día es el norte de
Argentina y Chile, abarcando un área de más de 3.500 km de norte a sur, y
de 805 km de este a oeste. Los investigadores estiman que esta inmensa
región estuvo habitada por una población de entre 3,5 y 16 millones de personas
de distintas culturas andinas.
La muerte de Huayna Cápac en 1525,
antes de que pudiera designar a su sucesor, provocó la división del Imperio.
Sus dos hijos, los hermanastros Huáscar y Atahualpa, aspiraban al trono. La
consiguiente y encarnizada lucha entre ambos, que finalizó en 1532 con la
captura de Huáscar, debilitó seriamente al Imperio. En este crítico momento el
conquistador español Francisco Pizarro desembarcó en la costa con una fuerza de
unos 180 hombres dotados de armas de fuego. Pizarro, apoyado por distintos
grupos de indígenas descontentos por la dominación inca, logró controlar el
Imperio, altamente centralizado, haciendo prisionero a su jefe, Atahualpa.
Temeroso de que Pizarro pudiera ordenar su destitución en favor de Huáscar,
Atahualpa dio la orden de ejecutar a su antiguo rival, lo que sería una de las
causas de su propia condena en el proceso al que le sometieron los españoles un
año después. El 26 de julio de 1533, cuando todavía se estaba acumulando un
enorme depósito de ornamentos de oro procedentes de todos los rincones del
Imperio, Pizarro ejecutó al garrote a Atahualpa.
Ese mismo año, los españoles
iniciaron su marcha a Cuzco. En Jauja (un punto intermedio) conocieron a Túpac
Hualpa (Toparpa), quien se presentó como hijo de Huayna Cápac y legítimo
heredero al cargo de inca, Pizarro lo nombró entonces como tal. Al llegar y
ocupar Cuzco, recibieron la noticia de que Toparpa había sido asesinado,
entonces Francisco Pizarro nombró a Manco Inca (Manco Cápac II) como nuevo
soberano. Manco Inca se rebeló contra los españoles en 1536, cercó Lima y Cuzco
por algunas semanas, hasta que finalmente fue derrotado en Sacsahuamán. Tras la
derrota huyó hacia el oriente, fundando un centro de resistencia conocido como
Vilcabamba: por ello a él y a sus descendientes se les conoce como incas de
Vilcabamba. Al morir Manco Inca, le sucedió en el trono su hijo Sayri Túpac,
quien firmó la paz con el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete,
pero falleció en 1561, siendo reemplazado por Titu Cusi Yupanqui, que reinició
las hostilidades; finalmente, en 1570, asumió el poder Túpac Amaru, quien fue
derrotado y decapitado en 1572 por orden del virrey Francisco de Toledo.
Cultura
Los incas fueron gobernantes que
recopilaron y dieron gran extensión a una serie de costumbres que
ancestralmente existían en los Andes. Su valor no se halla tanto en su
capacidad creativa, sino en su habilidad para difundir, ordenar y administrar
el sistema andino en un amplio territorio. La base de la cultura y la
organización andina se encuentra en el parentesco, es decir, en el ayllu,
un conjunto de personas que se consideran parientes pues creían descender de un
antepasado común. Éstos están a su vez unidos por vínculos de reciprocidad, es
decir, están comprometidos a ayudarse mutuamente en las labores cotidianas; a
este tipo de trabajo se le conoce con el nombre de ayni. También tienen la
obligación de trabajar juntos para el beneficio de todo el ayllu: este trabajo
se conoce como minca. Los miembros de un ayllu responden a la autoridad de
sus curacas
(caciques), que son los encargados de regular las relaciones sociales, de
ejecutar las fiestas, de almacenar recursos, repartir las tierras entre su
gente y disponer de la mano de obra. La economía inca no conoció ni la moneda,
ni el mercado, por lo tanto los intercambios y la fuerza laboral se obtenían a
través de lazos de parentesco o por reciprocidad. Entre parientes existía un
intercambio de energía constante, pero también se daba trabajo para la
autoridad, conocido como mita. El inca pedía como tributo exclusivamente mano
de obra, que era enviada a trabajar sus tierras, a hacer cerámica, a construir
andenes o grandes obras arquitectónicas. A cambio, el inca devolvía estos
servicios organizando rituales, manteniendo los caminos, repartiendo bienes en
caso de necesidad o en fiestas; esta relación por la cual el inca devolvía el
trabajo del ayllu se conoce como redistribución.
En el cenit de su poderío, los
incas habían desarrollado un sistema político y administrativo no superado por
ningún otro pueblo nativo de América. El Imperio incaico era una teocracia
basada en la agricultura y en el sistema de ayllus, o grupos de parentesco,
dominada por el inca, que era adorado como un dios viviente. En la organización
política inca llama la atención la existencia de un sistema de poder dual,
donde todas las autoridades aparecían siempre emparejadas: por ejemplo, en el
caso del inca, se propone la existencia de dos incas que gobiernan en
simultáneo, un inca hanan (‘arriba’) y un inca hurin (‘abajo’). De
igual forma, las autoridades a nivel local eran también duales: a nivel de los
ayllus, las máximas autoridades fueron los curacas; todo ayllu tenía dos
curacas, uno hanan y otro hurin. Por debajo de los incas, se encontraban las
familias de los antiguos incas, las cuales formaban grupos de parentesco
conocidos como panacas (‘familia noble’), quienes se encargaban de mantener
el recuerdo del inca fallecido, de realizar ceremonias en su nombre y de cuidar
de sus bienes y alianzas hechas en vida. Las panacas tenían gran influencia en
la decisión del nombramiento de los sucesores al cargo de inca. Debajo de este
sector se encontraban los jefes de los pueblos conquistados por los incas, los
cuales, en caso de no ser rebeldes, recibían una educación cuzqueña y una serie
de privilegios. El siguiente nivel de autoridad lo constituían los curacas,
jefes de los ayllus. La gente común estaba agrupada en la categoría de hatun runa,
se trataba de campesinos miembros de un ayllu, éstos tenían la obligación de ir
a la mita (trabajo por turnos) para el Estado inca. Algunos salían
temporalmente de esta condición y eran movilizados fuera de su lugar de origen:
a estos se les conoce como mitimaes o mitmaqunas, población que
era movilizada a distintas zonas con diferentes objetivos, como obtener
recursos o poblar regiones. Finalmente, cabe mencionar a los yanacona,
los cuales eran separados definitivamente de su ayllu y pasaban a depender
directamente del inca, para quien desempeñaban una labor especializada.
Administrativamente, todo el
territorio estaba dividido en cuatro grandes regiones o suyos (‘parte’), a ello debe
su nombre Tahuantinsuyu
(una palabra quechua que significa literalmente ‘Tierra de los Cuatro
Cuarteles’ o ‘de las Cuatro Partes’), que estaba, a su vez, subdividido en
cuatro: Antisuyu, Collasuyu, Cuntisuyu y Chinchaysuyu.
Fue el inca un pueblo de
agricultores avanzados: para cada zona desarrollaron una estrategia que
permitía obtener el máximo provecho. Utilizaron andenes o terrazas de cultivo
para aprovechar las laderas de los cerros, camellones o waru waru en zonas altas
inundables, irrigaciones, etc. Es destacable la existencia de un arado de pie
conocido como chaquitaclla. Los cultivos más importantes fueron la papa
(patata) y el maíz, además del ají, la chirimoya, la papaya, el tomate y el
frijol. Las llamas fueron los animales básicos de transporte; también se
domesticaron las vicuñas y alpacas por su fina lana. Otros animales
domesticados fueron guanacos, perros, cobayas y ocas. Las principales manufacturas
incas fueron la cerámica, los tejidos, los ornamentos metálicos y las armas con
bellas ornamentaciones. A pesar de no contar con caballos, ni vehículos de
ruedas ni un sistema de escritura, las autoridades de Cuzco lograron mantenerse
en estrecho contacto con todas las partes del Imperio. Una compleja red de
caminos empedrados que conectaban las diversas zonas de las regiones, permitía
esta comunicación; mensajeros entrenados —los chasquis—actuando en
relevos, corrían 402 km al día a lo largo de esos caminos. Los registros
de tropas, suministros, datos de población e inventarios generales se llevaban
a cabo mediante los quipus, juegos de cintas de diferentes
colores anudados según un sistema codificado, que les permitía llevar la
contabilidad. Botes construidos con madera de balsa constituían un modo de
transporte veloz a través de ríos y arroyos.
Entre las expresiones artísticas
más impresionantes de la civilización inca se hallan los templos, los palacios,
las obras públicas y las fortalezas estratégicamente emplazadas, como Machu
Picchu. Enormes edificios de mampostería encajada cuidadosamente sin argamasa,
como el Templo del Sol en Cuzco, fueron edificados con un mínimo de
equipamiento de ingeniería. Otros logros destacables incluyen la construcción
de puentes colgantes a base de sogas (algunos de casi cien metros de longitud),
de canales para regadío y de acueductos. El bronce se usó ampliamente para
herramientas y ornamentos.
La religión tuvo un carácter de
gran formalidad. El dios supremo de los incas era Viracocha, creador y señor de
todas las cosas vivientes. Otras grandes deidades fueron los dioses de la
creación y de la vida, Pachacamac, del Sol, Inti (padre de los incas), y las
diosas de la Luna, Mamaquilla, de la Tierra, Pachamama, y del rayo y la lluvia,
Ilapa. Las ceremonias y rituales incas eran numerosos y frecuentemente
complejos y estaban básicamente relacionados con cuestiones agrícolas y de
salud, en particular con el cultivo y la recolección de la cosecha y con la
curación de diversas enfermedades. En las ceremonias más importantes se
sacrificaban animales vivos y raramente se exigía la realización de sacrificios
humanos como ofrenda a los dioses. Los incas produjeron un rico corpus de
folclore y música, del cual sólo perviven algunos fragmentos.
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