![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Los indigenas americanos: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 12084 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Los
pueblos Indígenas americanos
conjunto de pueblos aborígenes que habitaban
el continente americano con anterioridad al descubrimiento de América y a sus
descendientes. El presente artículo se centra en los pueblos indígenas de Norteamérica,
Mesoamérica y Sudamérica.
Antiguos
pobladores
Se
calcula que en el momento de los primeros contactos con los europeos el
continente americano estaba habitado por más de 90 millones de personas: unos
10 millones en el actual territorio de Estados Unidos y Canadá, 30 millones en México,
11 millones en Centroamérica, 445.000 en las islas del Caribe, 30 millones en
la región de la cordillera de los Andes y 9 millones en el resto de Sudamérica.
Estas cifras de población corresponden a estimaciones muy relativas (algunas fuentes
citan magnitudes mucho menores), ya que resulta imposible dar cifras exactas.
Cuando los europeos empezaron a realizar los primeros registros, la población
indígena ya se había visto diezmada por las guerras, el hambre, los trabajos
forzosos y las epidemias de enfermedades introducidas por los europeos.
Primeras
migraciones
A
grandes rasgos, podría decirse que los indígenas americanos probablemente
descendieran de los pobladores asiáticos que emigraron a través de la lengüeta
de tierra del estrecho de Bering durante el periodo cuaternario, que se inició
hace unos 30.000 años.
Según
los testimonios de las migraciones humanas, los primeros pueblos que se
desplazaron hacia el continente americano, procedentes del noreste de Siberia
hacia Alaska, portaban utensilios de piedra y otras herramientas típicas de
mediados y finales del periodo paleolítico de la edad de piedra. Estos pueblos
probablemente vivían en grupos de unos 100 individuos, pescando y cazando
animales como venados y mamuts. Eran nómadas y trasladaban su campamento unas
cuantas veces al cabo del año para aprovechar los alimentos de cada estación.
Es probable que se reunieran durante algunas semanas con otros grupos con el
fin de celebrar ceremonias religiosas y realizar trueques de productos, además
de intercambiar información. Al parecer, los primeros asentamientos se ubicaron
en Alaska y más tarde fueron desplazándose hacia el interior del continente
americano.
Los
hallazgos de las primeras migraciones son muy escasos. Los testimonios que se
desprenden del estudio comparativo de las lenguas indígenas, así como del
análisis de algunos materiales genéticos, sugieren la posibilidad de que estas
migraciones tuvieran lugar hace unos 30.000 años. Algunas pruebas más directas,
procedentes de yacimientos arqueológicos, sitúan esa fecha algo más tarde. Por
ejemplo, en el Yukón, en el actual Canadá, se han descubierto utensilios de
hueso cuya antigüedad ha quedado fijada en el 22.000 a.C. mediante las
técnicas de carbono radiactivo. Los restos de hogueras descubiertas en el valle
de México (véase
Valle de Anáhuac) datan del 21.000 a.C.; se han hallado algunas lascas de
herramientas de piedra cerca de ellas, lo cual determina la presencia humana en
aquella época. En una cueva de la cordillera de los Andes peruanos, cerca de Ayacucho,
los arqueólogos han hallado utensilios de piedra y huesos de animales
triturados, cuyo origen se ha datado en el 18.000 a.C. Otra cueva de
Idaho, Estados Unidos, contiene restos parecidos que datan del 12.500 a.C.
En ninguno de estos yacimientos aparecen objetos o herramientas con un estilo
diferenciado. El único objeto hallado que sí tiene un estilo propio apareció
hacia el 11.000 a.C. y se conoce como puntas ‘clovis’, tipo de punta de
jabalina de base cóncava y con acanaladuras en una o dos de sus caras.
Principales áreas culturales
Un
área cultural es, ante todo, una región geográfica; posee un clima, un paisaje
y una población biológica características, compuesta por su fauna y flora. Las
personas que habitan en la región deben adaptarse a sus peculiaridades para
satisfacer sus necesidades vitales. El continente americano podría dividirse en
muchas áreas culturales y esas divisiones obedecerían a criterios muy
diferentes. En este artículo se consideran nueve áreas para Norteamérica, una
para Mesoamérica y cuatro para Sudamérica.
Norteamérica
Las
áreas culturales de Norteamérica son el Suroeste, los Bosques Orientales, el
Sureste, las Grandes Llanuras, la región Intermontañosa de California, la
Meseta, la Subártica, la Costa Noroccidental del Pacífico y la Ártica.
El
Suroeste
El
área cultural del Suroeste abarca Arizona, Nuevo México, la zona meridional de Colorado
y la zona septentrional limítrofe de México (los estados de Sonora y Chihuahua).
Los primeros habitantes de esta región cazaban con puntas clovis a los mamuts y
otros animales hacia el 9500 a.C.; sin embargo, al finalizar los periodos
glaciales (c. 8000 a.C.) los mamuts desaparecieron. Los pueblos del
Suroeste comenzaron a cazar búfalos (véase Bisontes) y dedicaron más tiempo a
recolectar plantas silvestres para su alimentación. El clima fue haciéndose más
cálido y seco y, entre el año 8000 y el 300 a.C., emergió una nueva forma
de vida, conocida hoy como arcaica. Los pobladores arcaicos cazaban sobre todo venados
y pequeños pájaros; cosechaban frutas, frutos secos y semillas de plantas
silvestres, al tiempo que utilizaban planchas de piedra para moler las semillas
y hacer harina. Hacia el 3000 a.C. los habitantes del Suroeste aprendieron
a cultivar el maíz, que ya había sido cultivado en el valle de México, aunque
durante siglos constituyó un componente menor de su alimentación.
Hacia
el 300 a.C. algunos mexicanos cuya cultura estaba basada en el cultivo del
maíz, el frijol y la calabaza, emigraron hacia el sur de Arizona, como el
pueblo hohokam, que vivía en viviendas construidas con adobes formando un
círculo que rodeaba una plaza central. Eran los antecesores de los actuales pimas
y papagos, que conservan gran parte de su estilo de vida.
Los
pueblos del sector septentrional del área cultural del Suroeste, tras varios
siglos de comerciar con los hohokam, modificaron hacia el año 700 d.C. su
forma de vida originando la que se conoce como cultura anasazi, igual que los
primitivos ‘hombres de las rocas’, cuyo nombre original era cliff-dwellers.
Cultivaban también maíz, frijol y calabaza, y vivían en poblados de piedra en
forma de terrazas o en bloques de adobe construidos alrededor de plazas
centrales; estos bloques presentaban paredes desnudas frente a la parte exterior
del poblado, protegiendo así a sus moradores. Durante los meses más cálidos
muchas familias vivían en pequeñas casas en el campo. Después de 1275, el
sector septentrional padeció importantes sequías, quedando abandonados muchos
campos y poblados anasazi; los que se hallaban en las márgenes del río Bravo o
Grande del Norte, por el contrario, crecieron y expandieron sus sistemas de
regadío.
En
1540 los conquistadores españoles llegaron a los asentamientos de los
descendientes de los anasazi, los indios pueblo. A partir de 1598 los españoles
los dominaron, pero en 1680 los pueblo organizaron una rebelión que les
permitió recuperar su libertad hasta 1692. Desde entonces, los indios pueblo
han estado, primero, bajo el dominio del gobierno español, después mexicano y,
por último, estadounidense. Los pueblo se esforzaron por conservar su cultura:
continuaron cultivando sus tierras y en algunos poblados mantuvieron de forma
secreta su propio gobierno y religión. En la actualidad hay 22 poblados pueblo.
En
el siglo XV aparecieron en el Suroeste algunos cazadores que hablaban la lengua
athabasca —emparentada con ciertas lenguas de Alaska y el oeste de Canadá—, que
habían emigrado en dirección sur por las Grandes Llanuras occidentales.
Saquearon los poblados pueblo en busca de comida y, después de que los
españoles fundaran los mercados de esclavos, pusieron a la venta a sus
prisioneros; de los pueblo aprendieron a cultivar la tierra y de los españoles
a criar ovejas y caballos. En la actualidad, estos pueblos son el navajo y el
grupo apache.
El
sector occidental del Suroeste está habitado por individuos que hablan las
lenguas yuma, incluidos los solitarios havasupai, que poseen sus cultivos en el
fondo del Gran Cañón del Colorado, y los mojave, que viven en la parte baja del
río Colorado. Los pueblos de habla yuma viven en pequeños poblados de chozas
cerca de los campos pantanosos de cultivo. Otros grupos pertenecientes a esta
región cultural son los hopi de Arizona y la etnia tarahumara que habita en el
estado mexicano de Chihuahua.
Bosques
Orientales
El
área cultural de los Bosques Orientales está formada por las regiones templadas
del este de Estados Unidos y Canadá, desde Minnesota y Ontario hasta el océano
Atlántico por el este, y Carolina del Norte por el sur. Esta vasta región, que
en origen contaba con bosques muy tupidos, estuvo habitada en principio por
cazadores, algunos de los cuales utilizaban puntas de flecha clovis. Hacia el
7000 a.C., cuando las condiciones climatológicas se modificaron y fueron
más cálidas, emergió una cultura arcaica. Los pueblos de esta área subsistían,
cada vez en mayor medida, a base de carne de venado, frutos secos y granos
silvestres. Hacia el 3000 a.C. la población de los Bosques Orientales
alcanzó culturalmente unos niveles que no se volvieron a dar hasta después del
1200 d.C. El cultivo de la calabaza lo aprendieron de los antiguos
mexicanos y en el Medio Oeste cosechaban girasoles, amarantos, arándanos y
otras plantas similares. Todas ellas se cultivaban para recoger las semillas,
que —a excepción de las de girasol— se molían para fabricar harina. Fueron
proliferando la pesca y la captura de crustáceos y, en las costas de Maine,
pescaban el pez espada. En el área occidental de los Grandes Lagos se extraía
cobre a cielo abierto, con el que se fabricaban cuchillos y diversos adornos, y
en toda la zona de los Bosques Orientales se tallaban pequeñas esculturas en
piedras preciosas.
Después
del año 1000 a.C. el clima se fue enfriando y comenzaron a escasear los
alimentos, lo que provocó una disminución de la población en la parte atlántica
de la región. En el Medio Oeste, sin embargo, los pueblos se organizaron en
grandes redes comerciales y levantaron grandes túmulos abovedados para ser
utilizados como centros de actividades religiosas. Estos primeros constructores
de túmulos, denominados hopewell, cultivaban maíz, pero dependían más bien de
los alimentos arcaicos. Hacia el 400 d.C. la cultura hopewell declinó.
En
el 750 surgió la cultura del Mississippi basada en una agricultura intensiva
del maíz. Sus pobladores construyeron grandes ciudades con plataformas de
tierra, o túmulos, que servían de sustento para los templos y las residencias
de los gobernantes. En el río Mississippi, en la actual Saint Louis, Missouri,
los pueblos de esta zona construyeron la ciudad de Cahokia, que tal vez
alcanzara una población de 50.000 habitantes. Cahokia contaba con centenares de
túmulos y su templo principal se hallaba sobre el más grande: 30 m de
altura, unos 110 m de largo y 49 m de ancho. Durante este periodo el
cultivo del maíz también adquirió gran importancia en la región atlántica,
aunque no se construyó ninguna ciudad.
La
presencia de los europeos en los Bosques Orientales data al menos del 1000 d.C.,
cuando algunos colonizadores procedentes de Islandia intentaron asentarse en Terranova.
A lo largo del siglo XVI, los pescadores y balleneros europeos utilizaron la
costa de Canadá. La colonización europea de esta región se inició en el siglo
XVII. No fue preciso vencer gran resistencia, en parte porque los indígenas de
la región habían sufrido grandes epidemias provocadas por el contacto con los
europeos. Por estas fechas, las ciudades del Mississippi también habían
desaparecido, probablemente como consecuencia de las epidemias.
Los
pueblos indígenas de los Bosques Orientales abarcan a los del pueblo iroqués,
como los mohawk o wyandot; a los pueblos de lengua algonquina, como los delaware,
shawnee, mohicano, ojibwa, fox, shinnecock, potawatomi e illinois, y de la
familia lingüística siux, como los iowa y winnebago. Algunos pueblos de los
Bosques Orientales emigraron hacia el oeste durante el siglo XIX; otros
permanecen en esta región dentro de sus pequeñas comunidades.
El
Sureste
El
área cultural del Sureste es la región semitropical al norte del golfo de
México y al sur de la región medioatlántica-Medio Oeste; se extiende desde la
costa atlántica hacia el oeste hasta encontrarse con Texas. Gran parte de este
territorio estuvo formado por bosques de pinos que los indígenas de la región
mantenían limpios de maleza, una forma de controlar la enorme cantidad de
venados para su caza.
El
cultivo de las plantas autóctonas se inició a finales del periodo arcaico,
hacia el año 3000 a.C., y en la región vivía una población muy numerosa.
En el 1400 a.C. se construyó una ciudad, nombrada por los modernos
arqueólogos como Poverty Point, cerca de la actual Vicksburg, en Mississippi.
Igual que las ciudades del Mississippi 2.000 años después, Poverty Point tenía
una gran plaza central y enormes túmulos de tierra que hacían las funciones de
plataformas para los templos o de enterramientos cubiertos.
El
número de indígenas del área del Sureste fue creciendo hasta producirse los
primeros contactos con los europeos. El cultivo del maíz hizo su aparición
hacia el 500 a.C. Se siguieron construyendo más ciudades y se comerciaba
activamente con artículos artesanos. El primer conquistador europeo, el español
Hernando de Soto, cruzó el Sureste con su ejército entre 1539 y 1542; las
enfermedades que llevaron consigo los españoles de su expedición causaron la
muerte a miles de indígenas.
Entre
los pueblos del Sureste figuraban los cherokee, los choctaw, los chickasaw, los
creek y los seminola, conocidos por los primeros exploradores como las Cinco
Tribus Civilizadas, ya que se parecían a las naciones europeas en cuanto a
organización y economía, y porque incorporaron a su forma de vida algunas
notables importaciones europeas (como los árboles frutales). Otro famoso pueblo
del Sureste fue el natchez, cuya evolucionada cultura de construcción de
túmulos fue totalmente destruida por los europeos durante el siglo XVIII.
Las
Grandes Llanuras
Las
Grandes Llanuras de Norteamérica se extienden desde el centro de Canadá hasta
México, por el sur, y desde el Medio Oeste hasta las montañas Rocosas, por el
oeste. La caza del búfalo constituía en todos los casos la principal fuente de
sustento en esta área cultural, hasta que las manadas fueron exterminadas en la
década de 1880. La mayoría de los pueblos de las Grandes Llanuras vivían como
pequeños grupos nómadas que se desplazaban siguiendo a las manadas en busca de
alimento y pieles. A partir del 850 d.C. se construyeron algunas ciudades
a lo largo del río Missouri y en la zona central de esta enorme meseta.
Los
hábitos de los pueblos de las Grandes Llanuras son los que hoy se conocen como
‘típicas costumbres indias’: largos tocados de plumas, viviendas tipo tepee,
pipa ceremonial, trajes de cuero y danzas con un gran sentido religioso.
Durante el siglo XIX, cuando los colonos invadieron sus territorios, las
costumbres de estos pueblos se hicieron célebres a través de los periódicos,
revistas y fotografías que popularizaron esta región.
Entre
los primitivos pueblos de las Grandes Llanuras se encuentran los indios
blackfoot o pies negros, cazadores de búfalos, así como los mandan e hidatsa,
que se dedicaban a la agricultura en las márgenes del río Missouri y que eran
conocidos por los comerciantes franceses como los gros ventres del Missouri.
Cuando los colonos europeos se asentaron en los Bosques Orientales, muchos
pueblos del Medio Oeste se trasladaron a las Grandes Llanuras, entre ellos los siux,
los cheyene y los arapajó. Anteriormente, hacia 1450, ya habían comenzado a
trasladarse a esta región algunos miembros de los pueblos shoshón y comanche
procedentes de los valles situados al oeste de las montañas Rocosas. A partir
de 1630, estos pueblos se apropiaron de numerosos caballos de los ranchos
españoles en Nuevo México para comerciar con ellos por toda la región. Así, la
cultura de los pueblos de las Grandes Llanuras de aquella época mostró algunos
elementos de las áreas culturales vecinas. Otros pueblos de esta región son
también los tonkawa y crow.
Región
Intermontañosa de California
Esta
área comprende los sistemas montañosos y valles de Utah, Nevada y California.
Hacia el 8000 a.C. se desarrolló una forma de vida arcaica: caza del
venado, pesca, caza con red de aves migratorias, recolección de piñas y
semillas silvestres, que perduró sin grandes cambios hasta el 1850 d.C.
Los poblados eran sencillos, formados por chozas, que durante los meses más
cálidos apenas se cubrían. La tecnología agrícola era muy compleja; la cestería
alcanzó el grado de auténtico arte. En la costa de California, las gentes
pescaban y cazaban morsas, delfines y otros mamíferos acuáticos desde las
barcazas; la riqueza de recursos fomentó un comercio muy reglamentado que
utilizaba las conchas de mar como ‘moneda’ de cambio (véase Wampum).
Los
paiute, ute y shoshones del norte y oeste son los pueblos más conocidos de la región
de los valles conocida como Gran Cuenca; las tribus de la zona de California
incluyen a los yurok en el noroeste; a los pomo, maidu, miwok, patwin y wintun
en el centro, y a las ‘tribus de misiones’ en el sur, cuyos nombres impuestos
por los europeos proceden de las misiones españolas que intentaban
convertirlos, como por ejemplo, los diegueños, luiseños, ignacianos,
gabrielinos y otros.
La
región de la Meseta
Esta
región comprende los bosques perennes y las montañas de Idaho, el este de Oregón
y Washington, el oeste de Montana y la parte limítrofe de Canadá. Al igual que
en la región Intermontañosa, en la Meseta predominaba el tipo de vida arcaico,
aunque enriquecido con las subidas anuales del salmón por los ríos Columbia,
Snake, Fraser y sus afluentes, así como por las cosechas de ‘camas’ (una planta
del oeste de Estados Unidos de bulbo comestible) y otros tubérculos y raíces
alimenticias de las praderas. La gente vivía en poblados construidos con casas
redondas semienterradas en el invierno y acampaban en chozas en el verano.
Desecaban grandes cantidades de salmón y bulbos para alimentarse en invierno y,
en la parte baja del río Columbia, los pueblos wishram y wasco fundaron un
poblado que servía de punto de encuentro, comercio y compra de alimentos
desecados para los viajeros procedentes de la costa del Pacífico y las Grandes
Llanuras.
Entre
los pueblos de la Meseta se encuentran los nez percé, walla walla, yakima y
umatilla de la familia lingüística sahapta; los flathead, spokane y okanagon de
la familia lingüística salish, y los cayuse y kutenai (sin ninguna filiación
lingüística).
La
Subártica
La
región Subártica comprende la mayor parte de Canadá, que se extiende por el
oeste desde el océano Atlántico hasta las montañas que bordean el océano Pacífico,
y por el sur desde la tundra hasta unos 300 km de la frontera actual de
Estados Unidos. La mitad oriental de esta región estuvo helada en su mayor
parte, por lo que el suelo y el drenaje son muy pobres. La práctica de la
agricultura era casi imposible por la escasez de temperaturas cálidas, por lo
que los pueblos de esta región vivían de la caza del alce y el caribú y de la
pesca. Eran nómadas, se refugiaban en tiendas de campaña o algunas veces, en la
parte occidental, en viviendas circulares semienterradas (como en la región de
la Meseta). Para trasladar sus campamentos se servían de canoas en verano y de
trineos en invierno. Debido a la escasez de alimentos, la población de la
región Subártica siempre fue muy reducida.
Los
pueblos indígenas de la mitad oriental de esta región hablaban la lengua
algonquina; entre ellos se encuentran los cree, ottawa, montagnais y naskapi.
En la mitad occidental se hablan las lenguas athabascas septentrionales, entre
ellas la chipewyana, beaver, kutchin, ingalik, kaska y tanana. Muchos pueblos
subárticos, aunque asentados en la actualidad en poblados, aún continúan
viviendo de las pieles, la pesca y la caza.
La
Costa Noroccidental del Pacífico
La
costa oeste de Norteamérica, desde el sur de Alaska hasta el norte de
California, forma el área cultural de la Costa Noroccidental del Pacífico.
Limitada al este por cordilleras, el territorio habitable es una franja de
tierra entre el mar y la montaña. El mar es rico en mamíferos marinos y en
peces, como el salmón y el halibut; en tierra firme hay ovejas y cabras de
monte, alces (véase Wapití), abundantes bayas, raíces y tubérculos
comestibles. Estos recursos abastecían a una densa población organizada en
grandes poblados en los que la gente vivía en casas de madera, algunas de más
de 30 metros de longitud. Cada vivienda albergaba a una amplia familia, a veces
con esclavos, y era dirigida por un jefe. Durante el invierno, los habitantes
escenificaban dramas religiosos e invitaban a los poblados vecinos a celebrar
con ellos las fiestas ceremoniales denominadas potlatch, en las que se
repartían abundantes obsequios. El comercio tenía una gran importancia y se
extendía hacia otros continentes como el norte de Asia, donde se adquiría
hierro para fabricar cuchillos. Las culturas de la Costa Noroccidental del
Pacífico son también célebres por sus magníficas tallas en madera y tótems.
Esta
cultura se desarrolló después del 3000 a.C., cuando se estabilizaron los
niveles marinos y se regularizaron las migraciones del salmón y algunos mamíferos
de mar. El esquema básico de su vida apenas cambió y a lo largo de los siglos
la artesanía en madera fue adquiriendo un alto grado de perfección. Algunos
grupos indígenas de la Costa Noroccidental del Pacífico son los tlingit, tsimshian,
haida, kwakiutl, nootka y chinook.
La
Ártica
El
área cultural Ártica discurre junto a las costas de Alaska y del norte de
Canadá. Dado que los inviernos son prolongados y oscuros, resulta imposible
cualquier tipo de agricultura; las gentes viven de la pesca y la caza de focas,
caribús y ballenas. Las viviendas tradicionales en verano eran las tiendas. Las
casas invernales eran redondas, con estructuras muy aislantes de pieles y tepees;
en el centro de Canadá, las viviendas de invierno se solían construir con bloques
de hielo. La población era escasa debido a los escasos recursos.
El
Ártico no estuvo habitado hasta el 2000 a.C. aproximadamente, después de
que los glaciares se hubieran derretido totalmente en la región. En Alaska, los
inuit y los yuit desarrollaron una ingeniosa tecnología para afrontar la dureza
del clima y la escasez de recursos. Hacia el 1000 d.C. varios grupos de
inuit de Alaska emigraron a través de Canadá hacia Groenlandia; bautizada como
la cultura thule, parece ser que absorbieron a un pueblo anterior en el este de
Canadá y en Groenlandia (la cultura dorset). Estos pueblos reciben ahora el
nombre de inuit de Groenlandia. Debido a esta migración, las culturas y lenguas
inuit tradicionales presentan grandes analogías desde Alaska hasta Groenlandia.
Los yuit viven en el suroeste de Alaska y en el extremo oriental de Siberia, y
están emparentados con los inuit en cuanto a cultura y antepasados, pero su
lengua es algo diferente. Parientes remotos de los inuit y los yuit son los aleutianos,
que desde 6000 a.C. están asentados en su patria en las islas Aleutianas,
dedicados a la pesca y caza de mamíferos marinos.
Mesoamérica
Las
civilizaciones se desarrollaron en México y en la parte superior de
Centroamérica a partir del 1400 a.C. Estas civilizaciones surgieron de un
estilo de vida arcaico cazador-recolector que hacia el 7000 a.C. incluía
el cultivo de pequeñas cantidades de frijol, calabaza y maíz. Hacia el 2000 a.C.
los antiguos mexicanos dependían totalmente de las plantaciones de estos cultivos,
además de amaranto, aguacate y otras frutas, así como del chile (ají). Las
ciudades fueron creciendo y hacia el 1400 a.C. la civilización olmeca
poseía una capital con palacios, templos y monumentos construidos sobre una
enorme plataforma de unos 50 m de altura y cerca de 1,6 km de
longitud. Los olmecas vivían en la selva de la costa del golfo de México; sus
rutas comerciales se extendieron hasta Monte Albán en el oeste de la República
Mexicana (en el actual estado de Oaxaca) y el valle de México. A medida que fue
disminuyendo el poder de los olmecas (hacia el 400 a.C.), fueron en
aumento los asentamientos en las montañas del interior y, poco antes del
comienzo de la era cristiana, la primera ciudad del México precolombino había
alcanzado dimensiones urbanas en Teotihuacán en el valle de México. Desde el
450 hasta el 600 Teotihuacán dominó el Altiplano, comerciando con Monte Albán y
con los reinos mayas que habían surgido en el suroeste de México, y
conquistando a pueblos rivales por el sur incluso en el valle de Guatemala.
Teotihuacán ocupaba unos 21 km2 con bloques de viviendas de
varios pisos, mercados, multitud de pequeños talleres, templos sobre
plataformas y palacios cubiertos de murales.
La
cultura maya también se distinguió por desarrollar, caso único entre los
pueblos indígenas americanos, una lengua escrita basada en glifos.
Hacia
el 700 d.C. Teotihuacán sufrió una serie de ataques que le arrebataron su
supremacía. Más adelante, en ese mismo siglo, muchas ciudades mayas quedaron
abandonadas, tal vez arruinadas al tocar a su fin el comercio con Teotihuacán.
Otras ciudades mayas, sobre todo en el norte de Yucatán, no corrieron la misma
suerte. Hacia el año 1000, una nueva potencia del México central —los toltecas—
comenzaron a formar un imperio alrededor del ya existente en el valle de México
y penetraron en el territorio maya de Chichén Itzá. Este imperio se derrumbó en
1168. Hacia el 1433, el valle de México había recuperado el dominio sobre la
mayor parte de México como resultado de una alianza de tres reinos vecinos.
Esta alianza garantizaba una patria a partir de la cual el rey Moctezuma I de
los aztecas inició sus conquistas territoriales durante el siglo XV. El imperio
floreció hasta 1519, año en el que el conquistador español Hernán Cortés arribó
a la costa oriental de México y avanzó junto a sus aliados mexicanos, los tlaxcaltecas,
enemigos de los aztecas, en dirección a la capital azteca, Tenochtitlán. Las
luchas internas y las epidemias vinieron a debilitar a los mexicanos,
circunstancias que hicieron posible que Cortés triunfara en su conquista.
En
el momento de las primeras conquistas españolas, los pueblos indígenas de
México formaban parte de los dominios del Imperio azteca, de los reinos y
señoríos mixtecos en el actual estado de Puebla y de los tarascanos en el
estado de Michoacán, así como de los zapotecas en Oaxaca, los tlaxcaltecas de
Tlaxcala, los otomíes en Hidalgo, los totonacas en Veracruz, los supervivientes
del estado maya de Mayapán en Yucatán y grupos menores de filiación mayense en
el sur, además de otros grupos independientes en las regiones fronterizas, como
los yaquis, huicholes y tarahumaras en el norte de México. Tras la conquista
española —que tardó más de dos siglos en abarcar a todo México— la mayoría de
los grupos indígenas se vio obligada a sobrevivir como campesinos gobernados
por la clase alta hispano-mexicana.
El
área cultural de Mesoamérica —México, Guatemala, El Salvador, la parte
occidental de Honduras y de Nicaragua— destacaba por su carácter agrícola,
abasteciendo a los mercados de las grandes ciudades en las que los comerciantes
traficaban con utensilios, vestidos y artículos de lujo importados a través de
las lejanas rutas terrestres y marítimas. En las ciudades vivían los artesanos
y los trabajadores, los mercaderes, la clase opulenta, así como los sacerdotes
y eruditos que registraban las obras literarias, históricas y científicas en
textos jeroglíficos (la astronomía estaba especialmente desarrollada, véase
Astronomía maya). Las ciudades se decoraban con esculturas y vistosas pinturas,
que representaban los símbolos mesoamericanos del poder y el saber: el águila,
el jaguar y la serpiente.
Sudamérica
Las
áreas culturales de Sudamérica abarcan desde la parte inferior de Centroamérica
—el este de Honduras, Nicaragua y Costa Rica— hasta el extremo meridional de
América del Sur. Cabe distinguir cuatro áreas principales: 1) la parte norte de
Sudamérica y el Caribe; 2) los Andes centrales y meridionales y la costa
adyacente del Pacífico; 3) la selva tropical del este de Sudamérica, y 4) la
Sudamérica meridional, un área que alberga sólo a pueblos nómadas de cazadores-recolectores.
La
parte norte de Sudamérica y el Caribe
El
área cultural de la parte norte de Sudamérica y el Caribe incluye tierras bajas
de selva, sabanas cubiertas de hierba, la parte septentrional de la cordillera
de los Andes, algunos territorios áridos del oeste de Ecuador y las islas del
Caribe. Debido a su ubicación geográfica, la región podría prestarse a servir
de vínculo entre las grandes civilizaciones de México y Perú, pero por la
dificultad que entrañan los desplazamientos por tierra a través de la selva y
las montañas de la parte baja de Centroamérica, los contactos precolombinos
entre Perú y México se desarrollaron sobre todo por mar, desde el golfo de Guayaquil
en Ecuador hasta los puertos occidentales de México. Los pueblos indígenas de
la parte norte de Sudamérica y el Caribe vivían en pequeños estados
independientes. Aunque comerciaban directamente con México y Perú a través de
Ecuador, estos grandes imperios nunca entraron en contacto con ellos.
Los
hallazgos de puntas de flecha tipo clovis indican la presencia de cazadores en
la zona ya en el 9000 a.C.; otros testimonios sugieren que en la zona
septentrional ya existían habitantes hacia el 18.000 a.C. El estilo
arcaico de vida se prolongó desde los tiempos de la desaparición de los
mastodontes y los mamuts, en el periodo Clovis, hasta el 3000 a.C.
aproximadamente. En esta época, los moradores de los poblados desarrollaron el
cultivo del maíz en Ecuador y de la mandioca en Venezuela, además de que
prosperó la alfarería. Con fecha posterior fueron colonizadas por primera vez
las islas del Caribe. Hacia el 500 a.C., en las ciudades de algunas áreas
del norte de Sudamérica aparecieron estilos locales específicos de escultura y
metalistería. El crecimiento de la población y el progreso tecnológico
prosiguieron hasta que los españoles conquistaron esta región; por entonces,
los reinos Chibcha de Colombia ya eran célebres por su exquisita artesanía en
oro. En el entorno del mar Caribe, los pequeños grupos como los misquito de
Nicaragua, los cuna de Panamá y los arawak y caribe de las islas se dedicaban a
la agricultura y la pesca en las proximidades de sus poblados; los caribes
también vivían a lo largo de la costa de Venezuela. Estos pueblos practicaban
un estilo de vida más sencillo que el de los pueblos de los estados
septentrionales andinos.
Andes
centrales y meridionales
La
cordillera de los Andes, que se extiende por toda la mitad occidental de
Sudamérica, junto con los angostos valles costeros entre las montañas y el
océano Pacífico, constituyeron el territorio de una de las grandes
civilizaciones del continente.
En
tiempos recientes, las excavaciones del yacimiento del Monte Verde en el sur de
Chile han proporcionado pruebas irrefutables de la existencia humana ya por el
13.000 a.C. Algunas excavaciones algo más al norte, en Perú, revelan que
hacia el 700 a.C. se cultivaban frijol y ají. Algunos siglos más tarde se
produjo la domesticación de las llamas. A veces se criaban cobayas o cuis como
alimento comestible; el algodón, la papa, el maní y otros alimentos se fueron
incorporando a la agricultura peruana, y hacia el 2000 a.C. se introdujo
el maíz procedente de los Andes septentrionales. Los pueblos de la costa del
Pacífico, Chile, Perú y Ecuador, también supieron aprovechar la riqueza marina,
con su abundancia de especies, así como las aves acuáticas, las morsas, los
delfines y los crustáceos.
Después
del año 2000 a.C. los pueblos asentados en los diferentes valles costeros
del Perú central se aliaron para construir grandes templos de piedra y adobe
sobre enormes plataformas. Después del 900 a.C. estos templos se
destinaron a una nueva religión, centrada en la ciudad de Chavín de Huantar.
Esta religión tenía como símbolos el águila, el jaguar, la serpiente
(probablemente una anaconda) y el caimán, que simbolizaba el agua y la
fertilidad de las plantas. Estos símbolos son en cierta forma análogos a los de
las religiones de México, pero no se conoce ningún vínculo concreto entre ambas
culturas. Después del 300 a.C. comenzó a declinar la influencia de Chavín,
o posiblemente su dominio político. Surgió así la cultura moche o mochica en la
costa septentrional de Perú y la nazca en la costa sur. Ambas dieron lugar a la
construcción de grandes proyectos de regadío, ciudades y templos,
desarrollándose un comercio intenso que incluía la exportación de cerámica
fina. Los moche representaron su vida cotidiana y sus mitos en pinturas y en
esculturas cerámicas; se retrataban como feroces guerreros y también fabricaron
esculturas de cerámica modelada que representaban viviendas con familias,
plantas cultivadas, pescadores e incluso parejas de amantes. También eran
diestros trabajadores del metal.
Hacia
el 600 d.C. las culturas moche y nazca desaparecieron y surgieron dos
nuevos estados poderosos en Perú: Huari en las montañas centrales y Tiahuanaco
en las montañas meridionales del lago Titicaca. Tiahuanaco fue un gran centro
religioso que hizo resurgir los símbolos de Chavín, pero ambos estados duraron
pocos siglos. A partir del siglo XI volvieron a adquirir importancia los
estados costeros, especialmente Chimú en el norte, con su amplia y esplendorosa
ciudad capital Chanchán, construida de adobe y piedra. Todo Perú llegó a estar
dominado por un estado que nació en las montañas centrales en Cuzco; era el
estado quechua, pueblo que pasó a ser el componente más poderoso del Imperio inca.
El emperador inca de aquella época, Pachacutec Inca Yupanqui, inició la expansión
de su Imperio en el siglo XV; hacia 1525, los incas dominaban desde Ecuador
hasta Chile y Argentina. Entre 1525 y 1532 se desencadenó una guerra civil en
su seno y a su término desembarcó en Perú el conquistador español Francisco
Pizarro, que apenas tuvo dificultades para conquistar al devastado Imperio
inca.
Durante
este periodo, las partes central y meridional de los Andes estaban habitadas
por campesinos que cultivaban diversas plantas. Los productos locales,
transportados en caravanas de llamas, se exportaban y se intercambiaban hacia
la costa, las montañas y la selva tropical oriental. Los reinos de esta región
estaban gobernados por administradores auxiliados por soldados y sacerdotes.
Los peruanos carecían de lenguaje escrito, pero utilizaban el ábaco para sus
cálculos aritméticos, y llevaban un registro numérico de carácter
administrativo con ayuda de unos collares anudados, parecidos a los ábacos,
denominados ‘quipus’.
La
selva tropical
Se
cree que los territorios bajos de la selva en el este de Sudamérica fueron
colonizados después del año 3000 a.C., ya que los arqueólogos no han
encontrado rastros de pueblos anteriores. La población siempre fue
relativamente escasa, concentrada en las orillas de los ríos, de donde obtenían
sus alimentos y plantaban diversos cultivos, incluidas algunas plantas
alucinógenas para celebrar sus ceremonias religiosas, que además exportaban
hacia el Perú. Aunque cazaban animales como los tapires y los monos, la selva
protegía a muy pocas especies. No había grandes ciudades y la gente vivía en
poblados de chozas. Apenas llevaban vestimenta, debido al calor húmedo, pero
tejían telas de algodón y se adornaban con pinturas corporales. Entre la
multitud de pequeños grupos del área cultural de la selva tropical se encuentran
los makiritares, yanomami, bororó, botocudo, tapuya, mundurucu, tupinamba,
shipibo y cayapó. En la parte septentrional de la selva tropical habitan
algunos grupos de lengua arawaka y caribe. Aunque los grupos de la selva
tropical hoy conservan gran parte de su tradicional forma de vida, padecen
enfermedades importadas por los europeos, así como la destrucción de su
territorio por parte de los granjeros, madereros, mineros y empresas de
explotación agrícola.
Sudamérica
meridional
En
Uruguay, Argentina y Chile, los pueblos agrícolas como los mapuche del grupo araucano
de Chile, aún viven en poblados y cultivan maíz, papas o patatas y cereales.
Aunque en tiempos criaban llamas, tras la invasión española empezaron a
domesticar otro tipo de animales como vacas, ovejas, cerdos y gallinas, además
de utilizar los caballos para pastorear y para la guerra. Más al sur, en la Pampa,
no resultaba posible practicar la agricultura, por lo que los habitantes de
esta región vivían de la caza del guanaco y ñandú y, en las costas, de la pesca
y la recolección de crustáceos. En el archipiélago de Tierra del Fuego se han
descubierto utensilios para la caza y recolección que se remontan al 7000 a.C.
En la Patagonia, la caza sufrió una gran transformación cuando apareció el caballo
traído por los españoles a mediados del siglo XVI. Los tehuelches cazaban
guanacos a caballo y, al igual que los pueblos de las Grandes Llanuras de
Norteamérica, una vez que dispusieron de caballos para el transporte,
construyeron viviendas mayores y les surgió la necesidad de abastecerse de
otros artículos. Más al sur todavía, cerca del estrecho de Magallanes, los
grupos ona y alacalufe carecían de la caza existente en el norte; sobrevivían a
base de pescado y crustáceos, pero también cazaban focas y morsas. Como pueblos
nómadas, vivían en pequeñas viviendas cónicas cubiertas con pieles de guanaco.
A pesar del clima frío y brumoso, iban casi desnudos. Parece ser que la vida en
Tierra del Fuego apenas sufrió alteración a lo largo de 9.000 años, ya que su
clima no permitía ni la agricultura ni el pastoreo. Los pueblos indígenas de
esta región padecieron también graves enfermedades llevadas por los europeos y
en la actualidad quedan muy pocos supervivientes.
Formas de vida
Entre
las formas tradicionales de vida de los grupos indígenas americanos hay que
destacar su organización social y política, sus actividades económicas, así
como sus religiones, lenguas y arte.
Organización
social y política
La
organización social de los diferentes grupos indígenas se basa en la familia.
Algunas sociedades indígenas conceden gran importancia a la cooperación
económica entre marido y mujer, y otras a la que se origina entre hermanos y
hermanas.
Las
sociedades más pequeñas se dieron históricamente en las regiones en las que
escaseaban los alimentos. Valgan como ejemplo los cree y los pueblos de habla
athabasca de la región Subártica de Canadá, los paiute del desierto de Nevada y
los ona de Tierra del Fuego. Desde el momento en que se practicó la
agricultura, las comunidades aumentaron en número hasta llegar a estar formadas
por miles de individuos. En Norteamérica y en la región de la selva tropical
los diversos grupos indígenas vivían en poblados y formaban una alianza más o
menos organizada con las comunidades vecinas. Cada una de las comunidades y la
propia alianza estaban gobernadas por consejos, formados a su vez por
representantes de cada una de las familias, y el consejo de la alianza estaba
constituido por los representantes de cada comunidad. El consejo elegía a un
hombre o a una mujer (especialmente en el sureste de Norteamérica y en la selva
tropical de Sudamérica) que actuaba como jefe, es decir, presidía el consejo y
actuaba como portavoz principal a la hora de negociar con otros pueblos. En
muchas regiones las familias de los poblados se agrupaban en clanes,
denominados ayllus en Perú. Éstos solían disponer de recursos como terrenos
agrícolas y pozos de pesca que asignaban, según las necesidades, a las
familias.
En
México y Perú, los reinos que habían contado con cientos de miles de súbditos
quedaron estratificados en clases y se fundaron imperios de millones de
personas. Los ciudadanos admitían la religión oficial, aunque a veces se
permitía que las prácticas religiosas locales coexistieran con la religión oficial,
mientras que los prisioneros de guerra y los deudores se convertían en
esclavos. El Imperio inca de Perú estaba férreamente organizado y controlado,
trasladando a las personas e incluso a los pueblos por todo su territorio según
las necesidades del Imperio. En México, por el contrario, a los grupos locales
de tipo clan se les solía conceder un poder limitado.
Alimentación
Al
menos desde el 2000 a.C., la mayor parte de la población ha vivido de la
agricultura. El maiz era el cereal más común, pero también gozaban de
popularidad otras plantas: la papa o patata, cacahuate o maní, chile o ají,
tomate, algodón, cacao, aguacate y otros muchos cultivos, que fueron cosechados
por los americanos.
El
ganado tenía una importancia menor para los americanos que para los pueblos de
otros continentes. En las culturas meridionales las proteínas se obtenían de
las plantas, en concreto del frijol, mientras que a lo ancho de todo el
continente americano se ingerían más proteínas procedentes del pescado y la
caza, especialmente del venado. Las técnicas de preparación de los alimentos
variaban según el tipo de comida y el área cultural. Siempre han jugado un
papel preeminente las técnicas de desecado de alimentos, incluida la carne.
Vestimenta
y adornos
Los
indígenas americanos no concedían demasiada importancia a la vestimenta, pero
sí a los adornos. Los pueblos de climas cálidos, por ejemplo, apenas cubrían
sus cuerpos, excepto en las celebraciones; en tales ocasiones se adornaban con
flores, se pintaban el cuerpo y usaban extraordinarios tocados o penachos de
plumas (véase
Arte plumario). En los pueblos mesoamericanos y en Perú, los hombres llevaban
un taparrabos y una manta anudada al hombro, y las mujeres vestían una falda y
una blusa ligera; estos vestidos eran de algodón o, en el caso de Perú, de fina
lana de vicuña. Los pueblos cazadores de Norteamérica confeccionaban prendas
con pieles curtidas de ciervo, alce o caribú; solían tener forma de túnica, más
largas las de las mujeres que las de los hombres, con mangas y perneras
desmontables. En el Ártico, los inuit y los aleutianos vestían abrigos,
pantalones y botas de caribú o, si era preciso, de piel impermeable de algún
mamífero marítimo.
Vivienda
y construcción
Las
viviendas de algunos pueblos indígenas podrían parecer sencillas, pero eran
bastante complejas. Los iglúes de los inuit, construidos con hielo en invierno
o con pieles o tepees en verano, estaban dispuestos sobre un armazón de
madera o barbas de ballena de forma abovedada, con una entrada semihundida para
mantener el calor del interior y permitir su ventilación; el chikee
de los seminola, climatizado de forma natural, se componía de una techumbre que
cubría una plataforma abierta. El tepee de los pueblos de las Grandes
Llanuras proporcionaba una vivienda eficaz para aquellos individuos que debían
trasladar sus campamentos para poder cazar, ya que resultaban fáciles de
transportar y de levantar.
Los
pueblos de climas fríos que disponían de madera abundante, como los indígenas
de Tierra del Fuego y los grupos de la región Subártica, utilizaban
cortavientos para mantener grandes fogatas. Otros pueblos pasaban las épocas de
frío en construcciones abovedadas casi hundidas en la tierra para aislarse de
las bajas temperaturas.
Los
pueblos de Mesoamérica y los Andes construían edificios de piedra y argamasa
(cemento, cal y arena), así como de madera y adobe. Los edificios públicos y
las viviendas de las clases más altas se erigían sobre plataformas elevadas y
solían tener un gran número de habitaciones dispuestas en torno a los atrios y
patios interiores. Véase Arte y arquitectura de Teotihuacán: Arquitectura;
Arte y arquitectura mayas: Arquitectura.
Comercio
y transporte
El
comercio constituía una actividad económica trascendental en todos los grupos
indígenas del continente. El antiguo Imperio azteca de México basaba su
economía en la fabricación y exportación de diversos productos, como hojas de obsidiana,
un cristal volcánico natural con el que se confeccionaban los mejores cuchillos
de la época. Varios siglos más tarde, los aztecas organizaron sus conquistas
enviando a los mercaderes a los demás reinos para que fomentaran el comercio,
actuaran como espías y colaboraran en la conquista de aquéllos cuyos
gobernantes se rehusaran a mantener relaciones comerciales.
En
el Imperio inca se construyeron magníficas carreteras en agrestes terrenos
montañosos a fin de transportar grandes cantidades de productos locales con
pobladas caravanas de llamas y vicuñas. El comercio también se practicaba por
vía marítima a lo largo de toda Sudamérica y por México y el Caribe. Gran parte
del comercio marítimo se efectuaba en grandes balsas de vela o, en el caso del
Caribe, en canoas construidas con enormes troncos. Las grandes civilizaciones
de Mesoamérica y los Andes intercambiaban productos alimenticios, textiles,
cuchillos y cerámica, además de artículos de lujo como joyas, vistosas plumas
de pájaros tropicales y chocolate. También se comerciaba con plantas, tanto
medicinales como alucinógenas. Los artículos se compraban y vendían en grandes
mercados al aire libre situados en las plazas o zócalos principales de los
pueblos y ciudades.
En
otros reinos, el comercio se practicaba gracias a los grupos nómadas que eran
recibidos en cada poblado por el jefe local, que supervisaba las transacciones
que realizaba su pueblo. En muchas zonas se utilizaban las conchas de mar, las
cuentas o las piedras preciosas como instrumento de trueque. En casi todas
partes gozaban de gran consideración comercial las pieles y las plumas de vivos
colores. En el oeste de Norteamérica, el salmón desecado, el aceite de pescado
y las cestas tejidas con fibras vegetales constituían elementos importantes de
intercambio, mientras que en el este se comerciaba con pieles curtidas de
venado, cobre, perlas y conchas de mar.
Actividades
recreativas
Los
juegos y demás actividades de recreo de los indígenas americanos eran similares
a los de otras civilizaciones. Los niños jugaban con figurillas de barro y
juguetes en miniatura, imitando las actividades de los adultos. Los jóvenes y
los adultos practicaban juego de pelota o tlachtli, con una pelota de caucho o
hule en Mesoamérica y el norte de Sudamérica, de cuero o fibra en otros
lugares. El tlachtli se jugaba en una cancha rectangular, y su finalidad
consistía en hacer pasar una pelota dura a través de un aro de piedra colgado
en alto. Otros juegos mesoamericanos eran el patolli, una especie de parchis y
dados a la vez; el volador, que reproducía el movimiento de los astros, y el
melagoaste, especie de ‘sube y baja’; todos ellos tenían carácter ritual y
mitológico. La vilorta (juego con una pelota de madera) era muy popular en toda
la región oriental de Norteamérica y más tarde fue adoptada por los
colonizadores europeos. Las competiciones —carreras a pie, lucha, tiro con arco
y, tras la llegada de los españoles, las carreras de caballos— estaban por lo
general a la orden del día.
Religión
y folclore
Las
creencias y prácticas religiosas de los indígenas americanos eran muy variadas.
Los pueblos mexicanos y andinos, los del suroeste, sureste y algunos grupos de
la costa del Pacífico de Norteamérica disponían de jefes religiosos que
ocupaban todo su tiempo en las tareas propias de su cargo, así como de templos
o edificios dedicados a la adoración de sus respectivos dioses. Los pueblos de
otras regiones tenían sacerdotes que desempeñaban esta actividad durante parte
de su tiempo y por lo general carecían de templos permanentes. Los sacerdotes
de medio tiempo y los chamanes o curanderos aprendían a dirigir las ceremonias
ayudando a los más ancianos; en las culturas más importantes, los sacerdotes
recibían su formación en escuelas anexas a los templos.
La
mayoría de los grupos indígenas creía en una fuerza espiritual como origen de
toda la vida. En muchas áreas del continente americano, la fuerza divina se
plasmaba de diversas formas: como luz y fuerza de vida, centrada en el Sol;
como fertilidad y poder, ubicada en la Tierra; como sabiduría y poder de los
dirigentes terrenales, reflejada en ciertas criaturas como el jaguar, el oso o
las serpientes. En la mayor parte de América, los devotos religiosos
potenciaban sus facultades de percepción de la divinidad utilizando a veces
plantas alucinógenas, como el peyote, o en ocasiones ayunando y entonando
canciones hasta alcanzar visiones espirituales.
Los
indígenas americanos creían que el alma de los difuntos viajaba a otra parte
del Universo, donde disfrutaba de una existencia placentera mientras que
desarrollaba las actividades cotidianas. El alma de las personas desdichadas o
perversas vagaba por los alrededores de sus antiguas viviendas, provocando
desgracias. Muchos pueblos indígenas celebraban una ceremonia conmemorativa
anual en recuerdo de sus parientes difuntos; en Latinoamérica esta celebración
se fusionó más tarde con la festividad cristiana del Día de los Difuntos. Véase
Mitología azteca; Mitología maya; Mitología inca.
Actividades
guerreras
Al
margen de la exagerada afirmación europea acerca de la extremada belicosidad de
los indígenas americanos, es cierto que antes de la invasión europea ya se
habían producido numerosas guerras entre los diferentes pueblos. La mayoría de
los indígenas peleaban en pequeños grupos, cifrando su victoria en el efecto
sorpresa. Las grandes civilizaciones de México y Perú a veces practicaban el ataque
por sorpresa, pero sus ejércitos también luchaban en formación disciplinada.
Los aztecas libraron auténticas batallas, denominadas ‘guerras de las flores’,
con los pueblos vecinos; su objetivo consistía en buscar prisioneros para
después sacrificarlos a sus dioses (los aztecas creían que el Sol se apagaba si
no se le alimentaba con sangre humana). Otros pueblos indígenas realizaban
incursiones para capturar prisioneros que utilizaban como esclavos. Algunas
batallas fueron producto de la venganza. Al parecer, la causa más frecuente de
enfrentamiento era la defensa o conquista de territorios.
Antes
de la colonización española, la guerra se desarrollaba a pie o desde las
canoas. Tanto en las grandes civilizaciones de México y Perú, como en otras
sociedades indígenas menores, se practicaba el combate cuerpo a cuerpo con
mazas, hachas y espadas, así como el combate a media distancia con jabalinas y
flechas arrojadas con arcos (llamados en náhuatl, atlatls). El arco y las
flechas se utilizaban en los ataques, y los dardos de fuego se lanzaban contra
los poblados de chozas. Cuando los españoles introdujeron el caballo, los
indígenas desarrollaron la técnica del ataque a caballo.
Lenguas
En
la actualidad, en el continente americano se hablan unas mil diferentes lenguas
indígenas, y varios centenares más han desaparecido desde la conquista. Los
habitantes de algunas regiones no sólo hablaban su lengua nativa sino también
las de los grupos con quienes mantenían contacto habitual. En diferentes
instancias, una misma lengua servía de idioma común para toda una región
multilingüe; por ejemplo, el tucano (área del Amazonas occidental) y el quechua
(región andina). Algunas regiones poseían un idioma comercial, lengua
simplificada o mezcla de varias de ellas, útil para los comerciantes con una
lengua indígena distinta; entre ellas se cuentan la chinook (costa del
Pacífico, Norteamérica), el mobilio (Norteamérica, Sureste) y la lingua geral
(Brasil). Los lingüistas han agrupado a un gran número de lenguas aborígenes en
unas 180 familias, pero otras muchas carecen de filiación conocida; los
eruditos difieren a la hora de establecer unas relaciones más amplias entre las
familias. Las características gramaticales, los sistemas fonéticos y la
formación de las palabras varían mucho de una familia a otra, pero dentro de
una misma región una familia puede ejercer una gran influencia sobre otra. Véase
Lenguas aborígenes (Estados Unidos y Canadá); Lenguas aborígenes de
Hispanoamérica.
Artesanía
y arte
Casi
todas las técnicas artísticas conocidas en Europa, Asia y África durante el
siglo XVI, resultaban familiares para los indígenas americanos antes de la
llegada de los europeos, aunque no siempre se aplicaran de la misma forma. Por
ejemplo, aun cuando las naciones andinas contaran con excelentes artesanos del
metal, fabricaban muy pocos utensilios metálicos (la gente solía utilizar
herramientas de piedra); sin embargo, toda su maestría la aplicaban en la
creación de magníficos adornos. Fruto de todo ello fueron el excelente arte y
arquitectura precolombinas.
Trabajo
en piedra
El
arte más antiguo conocido por los arqueólogos es el trabajo de sílex o lascas
de piedra. Entre el 9000 y el 6000 a.C. se fabricaron con gran destreza
puntas de piedra para flechas y dardos. Mientras que el trabajo en sílex
desaparecía lentamente en algunas áreas culturales, en Mesoamérica el arte de
tallar el sílice (véase Cuarzo) y sobre todo la obsidiana continuaba gozando
de alta consideración. A finales del periodo arcaico, después del 300 a.C.,
la técnica del horadado y pulimentado (en vez de la talla) alcanzó el nivel de
arte. Entre el 1500 y el 400 a.C., los olmecas fabricaron en Mesoamérica
pequeños adornos de piedras semipreciosas, así como delicadas esculturas
naturalistas en piedra de tamaño natural. Véase Arte olmeca.
En
cuanto a la arquitectura, las culturas andinas prehispánicas desarrollaron al
máximo la construcción en piedra, acoplando los bloques de piedra pulimentados
con tanta precisión, que se hacía innecesario el uso de argamasa en muros que
después se han mantenido en pie más de mil años (véase Arte inca). Los
pueblos mesoamericanos también construían con piedra, pero por lo general
recubrían los edificios con yeso o escayola y los adornaban con murales. Véase
Arte azteca.
Cerámica
La cerámica
más antigua del continente data del año 3500 a.C. aproximadamente. Hacia
el 2000 a.C. ya habían aflorado varios estilos conocidos de cerámica y en
los objetos de los siglos posteriores se pueden diferenciar las piezas de
cocinar a diario de la vajilla de comer. Entre los estilos más excepcionales
destacan las vasijas mayas decoradas con escenas de la realeza y la mitología.
Véase Arte y arquitectura mayas: Cerámica y lítica.