![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Jesuitas: Monografía sobre los aspectos destacables de los jesuitas. Fundación. Ideología. Historia. Agregado: 19 de ABRIL de 2002 (Por Natalia Lorena Parracia) | Palabras: 1342 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |

Esta orden fue fundada por San Ignacio
de Loyola el 27 de septiembre de 1.540, en Roma. La Compañía de Jesús, aunque
aprobada por la Santa Sede en el año 1.540, tiene su origen remontándose a
1.534 y su primera aprobación, fue otorgada por el Papa Paulo III, en 1.539. Desde
su principio su finalidad es la acción apostólica. Emiten los tres votos
religiosos, simples y perpetuos, y el voto especial de los profesos al Romano
Pontífice, en materia de misiones. La historia de la Compañía de Jesús, se
divide en dos grandes períodos separados por su extinción (1.773) y su
posterior restauración (1.814). Apenas fundada, su acción abarcó todos los
campos de la vida religiosa, lo que la constituyó en el prototipo de la
Contrarreforma.
San Francisco Javier, en 1.541, abrió el campo misional asiático,
al que siguieron el Congo, (1.547), el Brasil, (1.549) y progresivamente todo
el Nuevo Mundo. El siglo XVI se cerró con el suplicio y muerte de los mártires
de Nahasaki (1.597) y la firme actitud del prepósito general Acquaviva ante un
intento de cambiar la finalidad de la congregación. El siglo XVII se inició con
una primera expulsión, que se produjo en Venecia, en 1.606, y la penetración en
China, conjuntamente con la creación de las reducciones del Paraguay. El origen
de las reducciones jesuitas, está, probablemente, en los experimentos
realizados en la Misión de Juli donde llegó, en el año 1.607, Diego de Torres
como Provincial del Paraguay. Su crecimiento y número de población, fue muy
rápido y la obra de los jesuitas logró, durante un siglo y medio, la
pacificación y establecimiento de cerca de cien mil indios, organizados en comunidades agrarias. Los
indios de estas reducciones estaban oficialmente incorporados a la Corona,
representada por los jesuítas, independientes de cualquier otra autoridad
colonial. Los indios no estaban sometidos a la encomienda, pero el trabajo era
obligatorio, con horarios fijos que se alternaban con las prácticas religiosas.
El régimen económico era comunitario y aunque el trabajo fue preferentemente agrícola,
los jesuítas enseñaron a los indios diversos oficios, creando grandes empresas
artesanales. La política jesuíta consistió en adaptarse a la sicología indígena
y de ahí el éxito que tuvieron. Pero como la envidia es inherente al ser
humano, pronto se alzaron voces, elevadas hasta la Corona española, denunciando
que lo que pretendían los jesuítas era crear un imperio jesuítico, lo que
contribuyó a la decisión real de suprimir la Compañía de Jesús. (1767-68). Tan
funesta decisión, provocó la ruina económica de las reducciones, el progresivo
empobrecimiento de los indios y, en resumidas cuentas, la total aniquilación de
lo que había sido una obra perfecta.
Y esto sólo fue uno de los episodios de la tremenda campaña
antijesuítica que se desató en Europa. Fueron expulsados de Portugal (1.761),
Francia (1.764), España (1.767), Sicilia (1.765) y Parma (1.768) y la supresión
por vía administrativa decretada por el Papa Clemente XIV en 1.773. La
restauración, impulsada porJosé Pignateli, tomando como base los grupos de
jesuítas que habían permanecido en la Rusia Blanca, fue sancionada por Pío VII
(1.814) pero no todo resultaría fácil. El afianzamiento y la difusión fueron
dificultados por las persecuciones en muchos países.
La Compañía de Jesús, cuenta con veintisiete Santos (trece de los
cuales fueron mártires) y ciento cuarenta y dos beatos (ciento treinta y ocho
mártires). Esta es la historia, en líneas generales, de la Compañía de Jesús.
Pero, quedó un punto importantísimo que no puede, ni debe, obviarse: la
personalidad de su Fundador, san Ignacio de Loyola.
San Ignacio era vasco, de familia acomodada, cuyo verdadero nombre
era el de Iñigo López de Recalde. No parece estar muy claro si nació en 1.491 o
1.495.
En el año 1.521,
ya se encontraba, mandando soldados, defendiendo la fortaleza de Pamplona,
contra los ataques franceses. Allí resultó herido en una pierna y hubo de ser
llevado a su casa de Loyola. Durante el tiempo que tardó en restablecerse de la
herida recibida, Iñigo quiso leer libros de caballerías, pero como no los había
en la casa, recurrió a unas "Vidas de Santos" y una "Vida de
Cristo" de Ludolfo de Sajonia, más conocido como "el Cartujo".
Dichas lecturas influyeron decisivamente en el ánimo del futuro santo.
Abandonando su casa de Loyola, Iñigo, marchó como peregrino al Santuario de
Monserrat, en Barcelona, como una primera etapa para ir a Tierra Santa. Después
se retiró a la vecina localidad de Manresa e hizo penitencia en una cueva,
cerca del río. Y allí fue donde Dios se comunicó con él, "como un maestro
enseña a su discípulo". Sentado en la orilla del río Cardoner tuvo la
premonición de lo que iba a ser su vida de allí en adelante.
Iñigo permaneció un año en Manresa y allí escribió sus
"Ejercicios". Parece ser que el origen de este extraordinario librito
es algo oscuro. En el vecino Monasterio de Monserrat, existía la costumbre de
preparar, a los que deseaban comulgar, haciéndoles realizar ejercicios según el
plan del abad García de Cisneros. En Manresa, Iñigo había despertado cierta
curiosidad y algunos ciudadanos se honraban proveyéndole de lo necesario.
Iñigo, por su parte, en su deseo de ayudarles espiritualmente y dirigirles en
sus devociones, redactó los "Ejercicios". Iñigo, posiblemente, ya
llevaba en su mente la creación de la Compañía de Jesús. Pero hay que admirarse
con qué prudencia y cautela obró, hasta cerciorarse de su auténtica vocación.
En vez de permanecer en la cueva haciendo vida de ermitaño, marchó a Tierra
Santa. Este viaje le hizo comprender que el mundo se perdía por la ignorancia.
Había, pues, que estudiar.
Pasó a Alcalá y Salamanca. Sus pobres ropas, su deseo de hacer
prosélitos y sus devociones, alarmaron a los agentes de la Inquisición que, por
dos veces, lo encarcelaron. Después de seis años de preparación en España,
Ignacio marchó a París. Después, viajó a Inglaterra y Holanda. Tardó casi seis
años en encontrar nueve amigos que pensaran como él. El día de la Asunción de
la Virgen del año 1.534, juraron los votos de la nueva Orden en la cripta de la
pequeña iglesia de Montmartre. Sólo uno, Imabro, era sacerdote y dijo la misa
en aquella ocasión. Los otros eran doctores en teología y estaban preparándose
para el apostolado intelectual.
Había nacido la Compañía de Jesús. Los diez compañeros marcharon a
Italia para predicar y hacer obras de misericordia. Pronto llamaron la atención
de la curia romana. Uno tras otro, los Papas fueron aprobando las
constituciones de la Compañía con las reformas que San Ignacio fue
introduciendo en ellas. El resultado fue la creación de una milicia puesta al
servicio del Pontificado.
La Compañía de Jesús no tiene una Orden gemela de mujeres. En el
año 1.546, tres catalanas que habían ayudado a Ignacio, durante sus estudios en
París, con envíos de dinero, fueron a Roma y consiguieron sus propósitos de que
el Papa les autorizara la formación de otra milicia femenina. El padre
Rivadeneyra dice al respecto: "es cosa de espanto recordar, en aquellos
pocos días que duró, cuánta fue la ocupación y molestia que le dió (a San Ignacio)
el gobierno de tres solas mujeres. Y así dió luego cuenta al Sumo Pontífice del
grave estorbo que sería aquella carga para la Compañía". El Papa, pues,
procedió a abolir la milicia de mujeres.
La Iglesia les debe mucho a los
jesuítas. Ellos, aun quizás sin saberlo, representaron el espíritu del
Renacimiento dentro de la Iglesia. Al fraile medieval que quemaba herejes,
muchas veces analfabetos, le sucedió el "caballero" jesuíta, limpio,
educado, de modales corteses, pretendiendo ganar las almas mediante el
convencimiento y jamás por la fuerza, utilizando la violencia física. San
Ignacio así lo quiso: no asustar jamás al pecador con una visión
desconsoladora. Los jesuítas, enseñando, escribiendo o visitando, con sus
maneras cultas, conducían, a los hombres, a creer y obedecer que es, en
definitiva, la misión universal de la Iglesia.

| ||||
| X | ||||