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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Biografia de Jorge Luis Borges.: Vida y obra de Jorge Luis Borges. Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 4396 | Votar! | Sin Votos | 1 comentario - Leerlo | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
El
23 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación nace Jorge Luis Borges en
Buenos Aires, hijo de Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo, en la casa
familiar de la calle Tucumán, entre Esmeralda y Suipacha, la casa de sus
abuelos maternos. Era una casa chica y con 2 patios y un aljibe de donde sacaba
el agua.
Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés
antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés.
Su padre, era abogado. Filosofo anarquista en la línea de Spenser, enseñaba
psicología en la escuela Normal de Lenguas Vivas, donde dictaba las clases en
inglés utilizando como texto la versión abreviada del manual de psicología de
William James. El ingles de su padre, se debía a que su madre, Francés Haslam
nació en Sttafodshire, y su familia provenía de la región de Northumbria. Borges solía hablar de dos tradiciones
heredadas de sus antepasados, una militar y otra literaria: en la primera se
destacan el coronel Isidoro Suárez, bisabuelo materno que "a la edad de
veinticuatro años dirigió una famosa carga de caballería peruana y colombiana
que decidió la batalla de Junín" y el coronel Francisco Borges, abuelo
paterno fallecido en la batalla de La Verde (1874); en la tradición literaria
se encuentran el poeta romántico Juan Crisóstomo Lafinur y Edward Young Haslam,
bisabuelo paterno que editó en Argentina uno de los primeros periódicos
ingleses, el Southern Cross. Su madre Leonor Acevedo de Borges, provenía de
familias argentinas y uruguayas tradicionales. “Creo – decía Borges- que herede
de mi madre su fuerte sentido de la amistad. Para mi siempre ha sido una
compañera, sobre todo cuando me quede ciego, y una amiga tolerante y
comprensiva, fue una verdadera secretaria, contestaba mis cartas, me leía,
tomaba mi dictado, fue ella, aunque tarde en darme cuenta, quién silenciosa
estimulo mi carrera literaria”.
En
1901, tras el nacimiento de su hermana Norah, la familia decide mudarse a una
casa más amplia de Palermo. Su padre le revelo el poder de la poesía: “El hecho
de que las palabras sean no solo un medio de comunicación sino símbolos mágicos
y música”. Por esta época la familia pasa sus vacaciones de verano en Adrogué,
pueblo cercano a Buenos Aires, o en casa de unos familiares uruguayos, los
Haedo.
Paso
gran parte de su infancia sin salir de su casa. Al no tener amigos, con su
hermana, inventaron dos compañeros imaginarios a los que llamaban, Quilos y el
molino de viento.
Siempre
fue miope y usó lentes y era mas bien débil. Como la mayoría de sus parientes
habían sido soldados, y él sabía que nunca lo sería, desde muy joven se
avergonzó de ser una persona destinada a los libros y no a la vida de acción.
Durante
toda su juventud pensó que el hecho de ser amado por su familia equivalía a una injusticia, no se sentía digno de
ningún amor en especial y recordaba que sus cumpleaños lo llenaban de
vergüenza, por que todo el mundo lo colmaba de regalos y él pensaba que no
había hecho nada para merecerlo.
Alrededor
de lo 30 años logra superar esa sensación.
La
primera novela que leyó completa fue Huckleberry Finn, después vinieron los
libros del Capitán Marriat, Dickens, Don Quijote, las mil y una noches de
Burton, esta, plagada de lo que entonces se consideraban obscenidades le fue
prohibida, y tuvo que leerla a escondidas. Pero, dice, “En ese momento estaba
tan emocionada por la magia del libro que no percibió en absoluto las partes
censurables”, estos libros los leyó en ingles, cuenta que mas tarde leyó Don
Quijote en versión original, y le pareció una mala traducción. En español leyó
muchos de los libros de Eduardo Gutiérrez sobre bandidos y forajidos – Sobre
todo Juan Moreira- su madre le prohibió la lectura del Martín Fierro, ya que lo
consideraba un libro solo indicado para matones y colegiales y además no tenía
nada que ver con los verdaderos gauchos, este libro también lo leyó a
escondidas. La opinión de su madre se basa en el hecho de que Hernadez había
apoyado a Rosas, y por lo tanto era un enemigo de sus antepasados unitarios.
Desde
su niñez cuando le sobrevino la ceguera a su padre, se consideraba tácito que
él cumpliría el destino literario que las circunstancias habían negado a su
padre. Georgie, como era llamado en casa, tenía apenas seis años cuando le dijo
a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribió en inglés un
resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un
episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés "El príncipe
feliz" de Oscar Wilde.
En
1906, como su padre desconfiaba de la educación pública, Borges tomó sus
primeras lecciones en inglés con una institutriz británica, Miss Tink. Tres
años después ingresa en la escuela primaria (cuarto grado), donde soporta las
burlas de sus compañeros debido a sus lentes y el cuello y la corbata estilo
Eton con que lo envían a clase.
En
1914 se trasladan a Europa; el objetivo de l viaje respecto a su Hermana y a él
es que concurran a la escuela en Ginebra. Comienza a estudiar allí. Por su
cuenta, fuera del colegio empezó a estudiar alemán.
Mientras
vivía en Suiza empezó a leer a Shopenahue. “ Hoy si tuviera que elegir- declaró
en una entrevista- a un filosofo lo elegiría a él. Si el enigma del universo
puede formularse en palabras creo que esas palabras están en su obra.
Permaneció
en Suiza hasta 1919. Decidió con su familia volver a Argentina, pero pasar
primero un año en España. Fueron a Mallorca porque era barata y hermosa.
En
el invierno de 1919-1920 ve publicado su primer poema. Se llamaba “himno del
mar” y apareció en la revista Grecia. Cuenta como un gran acontecimiento de esa
época su amistad con Rafael Calnsinos Assens; le gustaba considerarse su
discípulo, había legado de Sevilla, donde estudió para sacerdote, hasta que al
descubrir que su apellido en los archivos de la Inquisición, decidió que era
judío. En 1921 regreso a buenos Aires. Más que un regreso fue un
redescubrimiento. Podía ver Buenos Aires, con entusiasmo y con una mirada
diferente, por que se había alejado de ella largo tiempo. “La ciudad – no toda
la ciudad, claro, sino algunos lugares que adquirieron para mi una importancia
emocional- me inspiro los poemas de “Fervor de Buenos Aires”, mi primer libro
publicado”.
Escribió
sus poemas en 1921 y 1922.
Quizá,
dijo cierta vez, el mayor acontecimiento a mi regreso, fue Macedonio Fernández,
de quién, termino heredando de mi padre su amistad.
En
el período1921/1930, fue de gran creatividad, escribió y publicó 7 libros. 4
ensayos, 3 poemas. Fundó 3 revistas y escribió con regularidad para una docena
de publicaciones periódicas entre ellas “La prensa”, ”Nosotros”, “Inicial”,
“criterio” y “Síntesis”. Pasados lo años diría –“esa productividad hoy me
asombra tanto como el hecho de que sólo siento una remota afinidad con la obra
de aquellos años”. Nunca autorizó la reedición de 3 de esos 4 libros de
ensayos, cuyos nombres prefirió olvidar.
Cuando
en 1953 Emecé, propuso editar sus
“obras completas”, aceptó por la única razón de que eso le permitiría suprimir
aquellos libros, para él absurdos.
Yo
hacía, dice Borges en otro momento, todo lo posible por escribir latín en
español, y el libro se desmoronaba bajo el peso de sus complejidades y sus juicios sentenciosos.
El
siguiente fracaso fue una especie de reacción. Me fui al otro extremo: traté de
ser lo más argentino posible. Busqué el diccionario de Argentinismos de Segovia
e introduje tantos localismos que muchos de mis compatriotas casi no lo
entendieron. Dado que perdí el diccionario no estoy seguro de poder entenderlo
yo mismo, de modo que lo abandone. El tercero de esos innombrables constituye
una redención parcial. Me estaba liberando del estilo de libro anterior y
volviendo poco a poco a la cordura, a escribir con cierta lógica tratando de
facilitar las cosas al lector en vez de intentar deslumbrarlo con pasajes
grandilocuentes.
“Prisma”,
fundada en 1921, duró apenas dos números y fue la primera revista que dirigió.
El pequeño grupo ultraísta en el que participaba, estaba curioso por tener una
revista propia, pero le faltaban los medios para hacerlos. Fijándose en los
avisos de las carteleras, se le ocurrió que podían imprimir una “revista mural”
y pegarla en las paredes de los edificios de ciertos barrios de la ciudad. Cada
número constaba de una única hoja de tamaño grande que incluía un manifiesto de
6 u 8 poemas breves y lacónicos, impresos con mucho blanco alrededor y con un
grabado de su hermana. Salían de noche, Borges, un primo, González y Lanuza,
armados con baldes que les proporcionaba su madre, de engrudo y brochas y
caminaban kilómetros y kilómetros pegando hojas , por Santa Fe, Callao, Entre
Ríos y México. Lectores perplejos destrozaban su trabajo casi a medida que lo
hacían. Alfredo Bianchi de “Nosotros” vio una hoja y los invitó a publicar una
antología ultraísta en las páginas de
su prestigiosa revista.
Después
empezaron a hacer una revista de 6 páginas que en realidad era una sola hoja
impresa de ambos lados y plegada dos veces. Esa fue la primera versión de
“Proa”, de la cuál se publicaron tres números. Dos años más tarde, en 1924,
apareció la segunda.
En
1924 se vinculó dos grupos literarios diferentes uno, era el de Ricardo
Güiraldes, quien todavía no había escrito “Don Segundo Sombra”. - “Güiraldes
fue muy generoso conmigo - decía Borges- Si le entregaba un poema torpe, él adivinaba lo que estaba
tratando de decir, o lo que mi inexperiencia literaria me había impedido decir.
Después le comentaba a otra gente, que se desconcertaba al no encontrar en el
texto lo que él veía”. El otro grupo, fue el de la revista “Martín Fierro”.
Ligados
a esa época están los nombres de Silvia y victoria Ocampo.
“Para
resumir este periodo de mi vida, me siento en total desacuerdo con el joven
pedante y un tanto dogmático que fui. Pero los amigos están todavía muy
presentes y muy próximos. De hecho, son parte indispensable de mi vida. Creo
que la amistad es la pasión que salva a los argentinos”.
En
el transcurso de su vida, leyó muy pocas novelas. Y en la mayoría de los casos
“solo he llegado a la última página por sentido del deber”, solía decir Borges.
Al
mismo tiempo fue un gran lector de cuentos, “la sensación de que grandes
novelas como Don Quijote y huckleberry Finn prácticamente carecen de forma,
sirvió para reforzar su gusto por el cuento, cuyos elementos indispensables son
la economía y una formulación nítida del comienzo, el desarrollo y el fin.
Como
escritor creyó durante años que el cuento estaba más allá de sus posibilidades.
Tardó
seis años, de 1927 a 1933, en escribir su primer cuento logrado, “Hombre de la
esquina Rosada”. Un amigo suyo- Nicolás paredes- había muerto y él quería
perpetuar algo de su voz, de sus anécdotas, y su manera particular de
contarla “Me esforcé en cada página,
recitando en voz alta las frases hasta encontrar el tono exacto. Vivíamos en
Adrogué; y como sabía que mi madre desaprobaría el tema de manera terminante,
escribí en secreto durante varios meses”.
Con
el titulo original de “Hombres de las orillas”, el cuento apareció en el
suplemento de los sábados del diario “critica” del que era colaborador. Por
timidez, y quizá creyendo que el cuento no era digno de él, lo firmó con el
seudónimo: Francisco Bustos (Nombre de uno de sus tatarabuelos). Aunque tuvo un
éxito casi vergonzoso “hoy lo encuentro teatral y afectado, y los personajes me
parecen falsos, nunca lo considere un punto de partida sino una especie de
excentricidad.”
El
verdadero comienzo de su carrera de cuentista se produjo con la serie de
ejercicios titulada “Historia universal de la infamia”, que fueron publicadas
en las columnas de Critica entre 1933 y 1934. “Por alguna ironía, “Hombre de la
esquina Rosada”, era realmente un cuento, mientras esos ejercicios y algunas de
las ficciones que siguieron me llevaron poco a poco a la escritura de cuentos
legítimos, asumían la forma de falsificaciones y seudoensayos. En Historia
universal de la infamia no quería repetir
lo que hizo Marcel Schwob, en sus vidas Imaginarias. Schwob inventó
biografías de hombres reales sobre los que hay escasa o ninguna información.
Él, en cambio, leyó sobre la vida de personas conocidas y cambio y deformo
deliberadamente todo a su antojo.
“
El acercamiento a Almotasim” escrito en 1935 es una falsificación y un
seudoensayo. Simula ser una reseña de un libro publicado por primera vez en
Bombay, 3 años antes. Para su segunda falsa edición, le atribuyó un escritor
real, Víctor Gollancz, y un prologo de una escritora real Dororhy L. Sayes.
Pero tanto el autor como el libro son pura invención suya.
En
1937 encuentra su primer empleo
estable. Anteriormente había hecho pequeñas tareas de redacción. Colaboró en el
suplemento de Critica (una publicación de pasatiempos profusa y
vistosamente ilustrada) y en “el Hogar”, semanario popular donde escribía dos
veces al mes un par de páginas sobre libros y autores extranjeros. También
escribió textos para noticieros y coordinó una revista seudocientifica, llamada
Urbe,
órgano promocional de un sistema de subterráneos privados de Buenos Aires.
Todos habían sido trabajos mal pagos y sentía que desde hacía mucho tiempo que
estaba en edad de contribuir con los gastos de la casa.
A
través de amigos, consiguió un puesto de auxiliar primero en la sucursal Miguel
Cané de la Biblioteca Municipal, en un barrio gris y monótono hacia el sudoeste
de la ciudad. Si bien tenia por debajo a un auxiliar segundo, y a un auxiliar
tercero, también tiene por encima a un director , a un oficial primero, a un
oficial segundo y a un oficial tercero.
Su
sueldo era se $210 mensuales que después aumentaron a doscientos cuarenta.
En
la biblioteca trabajó muy poco. Eran alrededor de cincuenta empleados,
haciendo lo que podían haber hecho
quince con facilidad. Su tarea, compartida
con otros veinte compañeros, consistía en clasificar los libros de la
biblioteca que hasta ese momento no habían sido catalogados. Sin embargo era
tan reducida que podían encontrarlo sin necesidad de recurrir al catálogo, que
elaboraban con esfuerzo pero nunca usaban porque no hacía falta. “El primer día
trabajé honradamente. Al día siguiente, algunos compañeros me llamaron aparte y
me dijeron que no podía seguir así porque
los ponía en evidencia “además – adujeron – como ésta clasificación está
para dar una apariencia de trabajo, nos vas a dejar en la calle”. Les dije que
en vez de clasificar cien libros como ellos, yo había clasificado cuatrocientos, “bueno si seguís así el jefe
se va a enojar y no sabrá que hacer con nosotros” me contestaron. Para que todo
fuera más verosímil, me pidieron que un día clasificar ochenta y tres libros,
el siguiente noventa, y ciento cuatro el tercero .
Resistí
en la biblioteca 9 años. Fueron nueve años de continua desdicha. Los empleados
sólo se interesaban en las carreras de caballo, los partidos de fútbol y los
chistes verde.
Aun que resulte irónico, en esas época yo era un
escritor bastante conocido, salvo en la biblioteca. Una vez un compañero
encontró en una enciclopedia el nombre
de un tal Jorge Luis Borges, y se sorprendió
de la coincidencia de nuestros nombres y fechas de nacimiento.
Cada
tanto los trabajadores municipales éramos premiados con un Kilo de yerba. De
noche, mientras caminaba las 10 cuadras hasta la parada del tranvía, se me
llenaban los ojos de lágrimas. Esos pequeños regalos de arriba marcaban mi vida
sombría y servil. Mientras viajaba en tranvía leía La Divina Comedia . Hacía
todo el trabajo de la biblioteca y después me escapaba al sótano, donde pasaba
las otras cinco horas leyendo o escribiendo. Así leí los seis volúmenes de la
Historia de la decadencia y caída del imperio Romano de Gibbon y la historia de
la República Argentina de Vicente Fidel López. Leí a León Bloy, a Claudel, a
Grousssac y a Bernard Shaw. Durante las vacaciones traducía a Faulkner y a
Virginia Woolf. En cierto momento fui ascendido a las vertiginosas alturas del
puesto de oficial tercero. Una mañana mi madre me llamó por teléfono y pedí
permiso para volver a casa. Llegué apenas a tiempo para ver morir a mi padre”.
El
día de nochebuena de 1938 (año en que murió su padre) sufrió un grave
accidente. Subía corriendo una escalera y sintió que algo le raspaba la cabeza.
Había rosado un batiente recién pintado, A pesar de que fue atendido enseguida,
la herida se infectó, paso casi una semana sin dormir con alucinaciones y
fiebre muy alta. Una noche perdió el habla. Fue operado de urgencia. Tenía
septicemia y durante un mes se debatió entre la vida y la muerte. Mucho después
escribiría sobre eso en su cuento “El
Sur”
Cuando
comenzó a recuperarse temió haber perdido la razón. “Mi madre quería leerme un
libro que yo había encargado, pero durante dos o tres noches fui postergando la
lectura. Finalmente prevaleció la voluntad, y después de escuchar una o dos
páginas rompí a llorar. Mi madre me preguntó que significaban esas lágrimas.
“lloro porque entiendo” dije.
Escribió
un cuento “Pierre Menard, autor del Quijote.
Al
igual que su precursor, “El acercamiento a Almotásim”, “Pierre Menard” era
todavía un paso intermedio entre el ensayo y el verdadero cuento.
Aunque
sus colegas lo consideraban un traidor porque no compartía su diversión
bulliciosa, él siguió escribiendo en el sótano de la biblioteca, o en la azotea
cuando hacía calor. “La lotería babilonia”, “la muerte y la brújula” y “las
ruinas circulares”, fueron escritos (del todo o en partes) durante el tiempo
robado a la biblioteca. Acompañados por algunos mas se convirtieron en El jardín
que se bifurca, libro que amplió y cuyo titulo fue modificado por el
de Ficciones.
“Ficciones y el Aleph” dice Borjes “son, según creo,
mis libros mas importantes”.
En
1946, fue honrado con la noticia, de que había sido ascendido” al cargo de inspector de
aves y conejos en los mercados. Se presentó en la municipalidad para
preguntar a que se debía este ascenso. Sin entender preguntó al empleado,
porque entre tanta gente que trabajaba
en la biblioteca, lo habían elegido a él, para desempeñar ese trabajo. “Bueno
-contestó
el empleado- usted fue partidario de los aliados durante la guerra. Entonces,
¿Qué pretende?. Como esa afirmación era irrefutable, presentó su renuncia al
otro día, pero siempre con el apoyo de sus compañeros.
Uno
de los acontecimientos mas grandes de su vida fue su amistad con Adolfo Bioy
Casares. Se conocieron en 1930 o 1931, cuando Bioy Casares tenía diecisiete
años y Borges un poco más de treinta. Decía Borges, que en estos casos siempre
se supone que el hombre mayor es el maestro y el menor el discípulo. Que al
principio de esta relación, pudo ser así, pero algunos años mas tarde, cuando
empezaron a trabajar juntos, él sintió que el verdadero y secreto maestro era
Bioy Casares. “El y yo emprendimos
muchas aventuras literarias – contaba Borges -, compilamos antologías de poesía
argentina, de cuentos fantásticos y de cuentos policiales; escribimos artículos
y prólogos; anotamos a Sir Thomas Browne y a Gracián; traducimos cuentos de
escritores como Beerbohm, Kipling, Wells y Lord Dunsany; fundamos una revista,
“Destiempo”, que duró tres números; escribimos guiones para cine que fueron
siempre rechazados. Al contradecir mi gusto por lo patético, lo sentencioso y
lo barroco, Bioy me hizo sentir que la discreción y el control son más
convenientes. Si se me permite una afirmación tajante, diría que Bioy me fue
llevando poco a poco hacia el clasicismo”.
Un
día revolviendo en los cajones de su casa, comenzó a descubrir poemas y textos
en prosa que en algunos casos se remontaban
a su trabajo en “Crítica”. Esos materiales dispersos – organizados se
convirtieron en El Hacedor. Para su sorpresa, ese libro – que más que escribir
acumuló – dijo: le pareció su obra mas personal, y para su gusto la mejor. La
explicación es sencilla decía, en las páginas de El Hacedor no hay ningún
relleno. Cada pieza fue escrita porque sí, respondiendo a una necesidad
interior, Al preparar ese libro ya había comprendido que escribir de manera
grandilocuente no sólo es un error sino un error que nace de la vanidad. Creo
con firmeza que para escribir bien hay que ser discreto.
La
fama como la ceguera, me fue llegando poco a poco, nunca la había buscado”.
A
los 70 años seguía trabajando y lleno de planes. Había escrito un nuevo libro
de poemas, Elogio de la Sombra. Era su primer libro de poemas desde 1960, y fueron
los primeros que escribió en su vida pensando en hacer un libro. Su
preocupación central, como se advierte en varios de sus poemas, es de
naturaleza ética, independiente de toda inclinación religiosa o antirreligiosa.
La “sombra” del título se refiere tanto a la ceguera como a la muerte. Hacia
poco que había terminado el guión de una película, que luego se llamaría Los otros.
El argumento era suyo pero había sido escrito con Adolfo Bioy Casares y el
joven director argentino Hugo Santiago.
“Supongo que ya he escrito mis mejores libros. Eso me da
cierta satisfacción y tranquilidad. Sin embargo, no creo que lo haya escrito
todo. De algún modo, la juventud me resulta más cercana que cuando era joven.
Ya no considero inalcanzable la felicidad como me sucedía hace tiempo. Ahora se
que puede ocurrir en cualquier momento, pero nunca hay que buscarla. En cuanto
al fracaso y a la fama, me parecen irrelevantes y no me preocupan. Lo que
quiero ahora es la paz, el placer del pensamiento y de la amistad. Y aunque parezca
demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado”. J.L. Borges
ANECDOTAS
Su
humor sutil lo podemos apreciar en muchos de sus pensamientos: “la gente ha
sido inexplicablemente buena conmigo. No tengo enemigos, y si ciertas personas
se han puesto ese disfraz, han sido tan bondadosas que ni siquiera me han
lastimado. Cada vez que leo algo que han escrito contra mi, no sólo comparto el
sentimiento sino que pienso que y mismo podría hacer mejor el trabajo, quizá
debería aconsejar a los aspirantes a enemigos que me envíen sus criticas de
antemano, con la seguridad de que recibirán toda mi ayuda y mi apoyo. Hasta he
deseado secretamente escribir con seudónimo, una larga invectiva contra mí
mismo. ¡Ay, las crudas verdades que guardo!” (“Jorge Luis Borges,
Autobiografía, El ateneo”)
-
Un día Borges está charlando muy entretenido con un ejecutivo de la Editorial
Alianza cuando suena, inoportuno, el teléfono. La empleada atiende y vuelve con
un nombre. Borges pide que lo llamen el martes “ –Le recuerdo señor que el
lunes viaja a Europa – acota la mujer. – Precisamente por eso – confirma
Borges”.
-
Tres funcionarios del Ministerio de Educación lo visitan para hacerle un
ofrecimiento: un auto con chofer. “- Siempre hay alguien que me viene a buscar.
Además – se ataja Borges – voy a estar pensando que hay una persona ahí,
adelante, esperando que yo le diga algo. Los funcionarios en, su trabajo,
insisten. – Pero Borges, el gobierno dispone de muchos autos para servir a
distintas personalidades. – Es que en un país donde hay tantos vivos, tal vez
sea bueno que haya algún tonto para equilibrar”.
-
Acompañado por María Kodama, Borges vuelve en 1980 a Palma de Mallorca, donde
había pasado varios años de su juventud. Rafael Jaume, dueño de la librería
Caballo Verde, le muestra una reliquia: un libro de 16 poemas juveniles de
Borges. El escritor le ordena a Kodama: ”rómpalo inmediatamente”. Ella le
explica que tiene una buena foto suya en la portada. “Entonces guarde la foto y
rompa el resto” insiste Borges, sin dudar.
-
Borges firma ejemplares en una librería del centro. Un joven se acerca con el
libro “Ficciones” y le dice; “Maestro, usted es inmortal”. Borges le contesta:
“Vamos hombre. No hay que ser tan pesimista”.
-
El escritor Luis Guzmán conoce a Borges pero no se atreve a revelarle su
profesión. Al rato Borges se lo pregunta. Guzmán, nervioso, le confiesa que
escribe. “ Mire que curioso – retruca Borges-
¿Usted Sabe que yo hago lo mismo?”.
-
Una mañana de octubre de 1967, Borges está al frente de su clase de literatura
inglesa de la facultad. Un estudiante entra y lo interrumpe para anunciar la
muerte del Che Guevara y la inmediata suspensión de las clases para rendirle un
homenaje. Borges contesta que el homenaje seguramente puede esperar. Clima
tenso. El estudiante insiste “Tiene que ser ahora y usted se va”. Borges no se
resigna y grita: “No me voy nada. Y si usted es tan guapo, venga a sacarme del
escritorio”. El estudiante amenaza con cortar la luz. “He tomado la precaución
– retruca Borges – de ser ciego esperando este momento”.
-
El escritor argentino radicado en
Francia, Hector Bianciotti, recuerda una de las tantas salidas elegante de
Borges, Cuando le incomodaban los halagos de la gente. Ocurre en París, en un
estudio de televisión.
-
¿Usted se da cuenta de que es uno de los grandes escritores del siglo?- lo interrogan. - Es que éste ha sido –evalúa
Borges – un siglo muy mediocre.
En
1964, Borges se entera de que la mujer
que ama se va a casar con otro hombre. Y tiene un pensamiento casi literario:
para poder sacarse el dolor espiritual – se dice – lo mejor será suplantarlo
por el dolor físico. Decide ir al dentista. Borges se debía el arreglo de tres
muelas y pide la inmediata extirpación de las tres, juntas. Con un pañuelo
ensangrentado en la boca, llega a la Biblioteca Nacional. Su amigo y
vicepresidente de la Biblioteca, José Edmundo Clemente, le pregunta:
-¿
Que le ha pasado Borges?
-Vengo
del dentista. Me fui a sacar una muela y le pedí que lo hiciera sin anestesia.
Estoy triste porque una mujer me abandonó. Quería olvidar el dolor, Clemente.
Pero no puedo olvidarlo.
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