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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Música Judia: Agregado: 24 de MAYO de 2000 | Palabras: 1037 | Votar! | 2 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Música > |
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Investigado en
Microsoft Encarta 1999 © por Gustavo Ferruccini
15 de septiembre de 1999
Es
una música religiosa y folclórica del pueblo judío desde los tiempos del
Antiguo Testamento hasta la actualidad. También, la música de los compositores
judíos basada en su cultura.
La
música judía antigua parece haber sido utilizada principalmente para el culto
público, pero también en ocasiones, casi rituales, como coronaciones y
celebraciones. De hecho, tal como indican muchos pasajes del Antiguo
Testamento, sería difícil para los judíos imaginar una ocasión de alegría en la
que no estuviera presente la música.
Instrumentos
Los
antiguos judíos utilizaban varios instrumentos de cuerda, el más característico
era el kinor o lira. Se trataba, según la tradición, del instrumento del rey
David. Otros instrumentos de cuerda eran el nevel o arpa, y el asor o cítara.
Los instrumentos como el ugav o tubo de lengüeta, y el jalil o flauta, que
poseían connotaciones orgiásticas en Israel y en Grecia, fueron objeto de
desaprobación por parte de los sacerdotes. La jatsotsra o trompeta y el shofar
o cuerno de carnero, eran instrumentos rituales utilizados en el templo y en
conexión con la monarquía. Este último aún desempeña un papel destacado en los
ritos judíos. Entre los instrumentos de percusión se encuentran el tof (un
tambor de marco tipo pandereta tocado por mujeres), el pa'amón, la campana o
cencerro, y los metsiltayim o platillos.
Las
melodías utilizadas en la liturgia son tanto de carácter tetracordal (basadas
en escalas de cuatro notas) como modal. Los textos litúrgicos eran entonados
por los sacerdotes, mientras una orquesta de músicos profesionales acompañaba a
éstos con versiones ornamentadas de las melodías cantadas. El canto de la
congregación también era antifonal: los sacerdotes o un conjunto coral
cualificado cantaban una parte y la congregación otra. El ritmo solía ajustarse
a los acentos de las sílabas de las palabras.
La
música de la sinagoga
Después
de la diáspora y la posterior destrucción del Templo a manos de los romanos en
el año 70 d.C., la sinagoga adquirió una importancia cada vez mayor. La
práctica litúrgica de la cantilena (el canto de las Escrituras), que remonta su
origen al siglo V a.C., y que interpretaban músicos-sacerdotes, se convirtió en
obligación de una sola casta de la congregación alrededor del siglo I d.C. A
partir de entonces se prohibió cualquier tipo de acompañamiento con
instrumentos musicales. La congregación masculina al completo cantaba los
responsos, en cualquier sitio que se requiriera el servicio. La práctica de la
cantilena y el deseo de que se interpretara de manera correcta dio lugar a un
incipiente sistema de notación durante el siglo V d.C. y a la conservación de
cantos antiguos en determinados grupos, como el de los judíos yemenitas. La
investigación del canto yemenita y babilónico demostró que el canto cristiano
tiene una gran deuda con el antiguo modelo judío.
Sin
embargo, se desarrollaron nuevas formas, y dichos himnos y modos de oración
posbíblicos (muchos de ellos basados en sistemas métricos y rítmicos árabes)
crearon la necesidad de contar con músicos profesionales. Por consiguiente, a
principios de la edad media se instauró el oficio del jazán o cantor litúrgico.
Al
principio, la obligación fundamental del cantor era hacerse cargo de la parte
más complicada de la liturgia. No obstante, alrededor del siglo VIII, los
cantores comenzaron a improvisar en sus interpretaciones. Después de muchos
siglos, esta práctica (que cada vez incluía más elementos de canciones no
judías así como melodías de himnos católicos romanos y protestantes) se tradujo
en unas melodías de canto litúrgico extremadamente elaboradas, muy alejadas de
los modos de oración originales de la antigüedad.
En el
siglo XVI, los extáticos nigunim o himnos sin palabras, de los
seguidores de la esotérica y mística cábala y de sus descendientes
espirituales, los hasídicos de los siglos XVIII y XIX, heredaron el estilo del
canto litúrgico ornamental. Inspirados originariamente en doctrinas religiosas
que acentuaban una vocalización espontánea y una expresividad emotiva de las
palabras de la oración, fueron degenerando como resultado de los repetidos
intentos, frecuentes e inapropiados, de mezclar las melodías judías con la
música artística europea. Sin embargo, las canciones y danzas jasídicas
revisten un gran interés.
A
partir del siglo XV, en los guetos de Europa oriental había grupos de músicos
folclóricos (kleizmerim) que tocaban música escrita en partituras, y que la
interpretaban en los servicios de la sinagoga así como en las festividades
profanas. Ocasionalmente, han actuado ante un público cristiano, convirtiendo
la música en medio de intercambio cultural. El estilo kleizmer renació en la
década de 1980, gracias a músicos aficionados que interpretan música popular y
folclórica con varios instrumentos.
El
movimiento reformista
Los
intentos de reformar la liturgia datan del siglo XIX. La figura principal de la
reforma fue Salomón Sulzer, que era el cantor litúrgico principal de la
comunidad judía de Viena y un compositor de buena formación. Sulzer reconoció
el carácter oriental de la música judía y se esforzó por elaborar un servicio
litúrgico disciplinado que incorporase esta tradición de una manera aceptable
para la comunidad judía occidentalizada.
Durante
el siglo XX, varios compositores, entre ellos el suizo-estadounidense Ernest
Bloch y el francés Darius Milhaud, crearon unos arreglos orquestales y corales
para los servicios de la sinagoga. Otros compositores, como el norteamericano Leonard
Bernstein en su sinfonía Kadish (1961-1963), incorporaron las
melodías judías de rezo hogareñas a sus músicas. Steve Reich ha combinado los
procedimientos del minimalismo con un idioma melódico lleno de ecos de música
folclórica judía en Tehilim (1981), una composición basada en
tres salmos. Por el contrario, otros compositores se han dedicado a tratar el
tema judío con un lenguaje musical completamente occidental, como Arnold
Schönberg en la ópera Moses und Aron (1930-1932) y Aaron Copland
en su trío para piano Vitebsk (1927).
En
Israel, las canciones folclóricas espirituales del judaísmo oriental, que contienen
reminiscencias de la música árabe, han comenzado a fusionarse con ella y con
las canciones de los judíos europeos. Gran parte de la música original israelí
reunifica los elementos orientales tradicionales con los de la música
occidental contemporánea.
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