“LA
ESPERANZA BÍBLICA”
TRABAJO
RECOPILADO, ELABORADO Y ENVIADO: LIC.
JOSÉ LUIS DELL’ORDINE
dellordine@arnet.com.ar
ÁREA DE
PUBLICACIÓN: RELIGIÓN
PALABRAS
CLAVES: ESPERANZA, BIBLIA, VIDA, JESÚS,
RESURRECCIÓN, ALEGRÍA, ÉTICA, MORAL.
BIBLIOGRAFÍA
CONSULTADA:
Ø APUNTES
DE INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA
Ø ANTOLOGÍA
DE TEXTOS, Francisco Fernández Carvajal;
Ediciones Palabra, Madrid, 1990.
Ø EL
DIOS CRISTIANO; Nereo Silanes; Ediciones
Secretariado Trinitario, Salamanca, España, 1992.
Ø VOCABULARIO
DE TEOLOGÍA BÍBLICA; X.León-Dufour; Biblioteca
Herder, Barcelona, 1990.
ÍNDICE:
1) INTRODUCCIÓN
BÍBLICA
2) ORDEN
DE LOS LIBROS
3) USO
4) INSPIRACIÓN
BÍBLICA
5) IMPORTANCIA
e INFLUENCIA
6) EL
ANTIGUO TESTAMENTO
7) LITERATURA
DEL ANTIGUO TESTAMENTO
8) NARRACIONES
9) OBRAS
POÉTICAS
10) MATERIALES SAPIENCIALES
11) LEYES
12) ESCRITOS APOCALÍPTICOS
13) LA EVOLUCIÓN DEL ANTIGUO TESTAMENTO
14) EL PENTATEUCO
15) HISTORIA DEUTERONÓMICA
16) LOS LIBROS POÉTICOS
17) LOS LIBROS PROFÉTICOS
18) EL CANON
19) EL CANON HEBREO
20) EL CANÓN CRISTIANO
21) LOS TEXTOS Y LAS VERSIONES ANTIGUAS
22) TEXTOS MASORÉTICOS
23) LA SEPTUAGINTA Y OTRAS VERSIONES DEL GRIEGO
24) PESITA ANTIGUA LATINA, VULGATA Y LOS TÁRGUM
25) EL ANTIGUO TESTAMENTO Y LA HISTORIA
26) SEPARACIÓN ENTRE LA INTERPRETACIÓN Y LA
HISTORIA
27) EL NÚCLEO HISTÓRICO
28) TEMAS
DOCTRINALES DEL ANTIGUO TESTAMENTO
29) EL DIOS DE ISRAEL
30) LA ALIANZA Y LA LEY
31) EL SER HUMANO
32) EL NUEVO TESTAMENTO
33) TEXTO, CANON Y PRIMERAS VERSIONES
34) MANUSCRITOS Y CRÍTICA TEXTUAL
35) ESCRITOS PRECANÓNICOS
36) EL CANON
37) PRIMERAS VERSIONES
38) LA LITERATURA DEL NUEVO TESTAMENTO
39) EVANGELIOS
40) HISTORIA
41) EPÍSTOLAS
42) ESCRITOS APOCALÍPTICOS
43) FORMAS LITERARIAS
44) LA HISTORIA EN EL NUEVO TESTAMENTO
45) DETERMINACIÓN DEL CONTEXTO CRONOLÓGICO
46) LAS NARRACIONES DE LA INFANCIA
47) LOS APÓSTOLES Y LA IGLESIA PRIMITIVA
48) PRINCIPALES TEMAS DEL NUEVO TESTAMENTO
49) DIOS
50) JESÚS
51) ESPÍRITU SANTO
52) REINO DE DIOS
53) LA SALVACIÓN
54) CONCLUSIONES
INTRUDOCCIÓN TEMÁTICA:
ESPERANZA: (teología), virtud teologal que lleva al
individuo a poner absoluta confianza en Dios y en su proyecto de salvación de
la humanidad. La de quien tiene y alimenta su esperanza no es una actitud
estática, pues la virtud le lleva a colaborar de una forma activa en ese plan
de redención. De ahí surge el compromiso con la paz, con la justicia y con toda
iniciativa humana destinada a alcanzar el reino anunciado por Jesús.
En la
práctica es difícil separar la fe y la esperanza, aunque de acuerdo con la
tradición cristiana, la primera actúa más de acuerdo con la inteligencia y la
segunda con la voluntad. Además, como pide san Pedro en la primera de sus epístolas
(Pe. 3,15), estamos obligados a dar razón de nuestra esperanza ante los demás.
1. INTRODUCCIÓN Biblia,
también llamada Santa Biblia, libro sagrado o Escrituras, de judíos y
cristianos. Sin embargo, las Biblias del judaísmo y del cristianismo difieren
en varios aspectos importantes. La Biblia judía son las escrituras hebreas, 39
libros escritos en su versión original en hebreo, a excepción de unas pocas
partes que fueron redactadas en arameo. La Biblia cristiana consta de dos
partes: el Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento. Las dos
principales ramas del cristianismo estructuran el Antiguo Testamento de modo
algo diferente. La exégesis del Antiguo Testamento leída por los católicos es
la Biblia del judaísmo más otros siete libros y adiciones (véase la tabla
adjunta). Algunos de los libros adicionales fueron escritos en su versión
primitiva en griego, al igual que el Nuevo Testamento. Por su parte, la
traducción protestante del Antiguo Testamento se limita a los 39 libros de la
Biblia judía. Los demás libros y adiciones son denominados apócrifos por los
protestantes y libros deuterocanónicos por los católicos.
El término Biblia llegó al latín del griego biblia o
‘libros’, forma diminutiva de byblos, el término para ‘papiro’ o ‘papel’
que se exportaba desde el antiguo puerto fenicio de Biblos. En la edad media,
los libros de la Biblia eran considerados como una entidad unificada.
2. ORDEN DE LOS LIBROS
El orden y el número de los libros es distinto entre las
versiones judía, protestante y católica de la Biblia. La Biblia del judaísmo se
divide en tres partes bien diferenciadas: la Torá, o Ley, también
llamada libros de Moisés; Profetas, o Neviím, dividida en Profetas
Antiguos y Profetas Posteriores; y Hagiográficos, o Ketuvim, que incluye
Salmos, los libros sapienciales y literatura diversa. El Antiguo Testamento
cristiano organiza los libros según su contenido: el Pentateuco, que se
corresponde con la Torá; los libros históricos; los libros poéticos o
sapienciales, y los libros proféticos. Hay quienes han percibido en esta
organización una cierta sensibilidad en cuanto a la perspectiva histórica de
los libros: primero, los relativos al pasado; a continuación, los que hablan
del presente; por último, los orientados hacia el futuro. Las versiones
protestante y católica del Antiguo Testamento ordenan los libros en la misma
secuencia, aunque los protestantes incluyen sólo los libros que aparecen en la
Biblia judía.
El Nuevo Testamento incluye los cuatro Evangelios;
los Hechos de los Apóstoles, que es la historia de los primeros tiempos del
cristianismo; las Epístolas, o cartas, de Pablo y otros autores; y el
Apocalipsis o Libro de la Revelación. Algunos libros identificados como
epístolas —en particular la Epístola a los Hebreos— son en realidad tratados
teológicos.
3. USO
La Biblia es un libro religioso, no sólo en virtud de su
contenido, sino también del uso que le dan cristianos y judíos. Se lee en la
práctica totalidad de los servicios de culto público, sus palabras conforman la
base de la predicación y la instrucción, y se emplea en el culto y estudio
privados. El lenguaje de la Biblia ha moldeado y dado forma a las oraciones,
liturgia e himnos del judaísmo y del cristianismo. Sin la Biblia, estas dos
religiones habrían sido mudas.
Tanto la importancia reconocida como la real de la
Biblia difieren de una forma considerable entre las diversas subdivisiones del
judaísmo y del cristianismo, aunque todos sus fieles le atribuyen un mayor o
menor grado de autoridad. Muchos reconocen que la Biblia es la guía íntegra y
suficiente para todos los asuntos de la fe y de su práctica; por su parte,
otros respetan la autoridad de la Biblia a la luz de la tradición o de la
continuidad de la fe y de la práctica de la Iglesia desde los tiempos de los apóstoles.
4. INSPIRACIÓN BÍBLICA
Los primeros cristianos heredaron del judaísmo una
concepción de las Escrituras que daba por sentado que constituían una fuente
autorizada. En un principio no se propuso ninguna doctrina formal acerca de la
inspiración de las Escrituras, como es el caso del islam, que sostiene que el
Corán fue dictado desde los cielos. Sin embargo, por lo general los cristianos
creían que la Biblia contenía la palabra de Dios tal y como fue transmitida por
su Espíritu: primero a través de los patriarcas y profetas y más tarde por boca
de los apóstoles (véase Apocalipsis). De hecho, los autores de los
libros del Nuevo Testamento aludieron a la autoridad de las Escrituras hebreas
en apoyo de sus alegaciones con respecto a Jesucristo.
La doctrina de la inspiración de la Biblia por el
Espíritu Santo y de la infalibilidad de su contenido surgió en realidad durante
el siglo XIX como respuesta al desarrollo de la crítica bíblica, estudios
científicos que parecían poner en entredicho el origen divino de la Biblia.
Esta doctrina sostiene que Dios es autor de la Biblia; por eso la Biblia es Su
palabra. Los científicos bíblicos y los teólogos han propuesto numerosas
teorías para explicar esta doctrina, que van desde un dictado verbal directo de
las Escrituras por Dios, hasta una iluminación que ayudó al autor inspirado a
comprender la verdad que expresaba, tanto si ésta era revelada como aprendida
por la experiencia.
5. IMPORTANCIA E INFLUENCIA
La importancia e influencia de la Biblia entre cristianos y
judíos puede explicarse, en general, en términos externos e internos. La
explicación externa es el poder de la tradición, de las costumbres y del credo:
grupos religiosos que manifiestan estar guiados por la Biblia. En cierto
sentido, el verdadero autor de las Escrituras es la comunidad religiosa, que
las desarrolló, las reverenció, las utilizó y las canonizó (es decir, las
incluyó en listas de libros bíblicos reconocidos de una forma oficial). Por
otra parte, la explicación interna es lo que numerosos cristianos y judíos
continúan sintiendo como poder del propio contenido de los libros bíblicos. El
antiguo Israel y la primitiva Iglesia conocían muchos más textos religiosos que
los que constituyen la Biblia actual. Sin embargo, los escritos bíblicos fueron
venerados y utilizados por lo que decían y por cómo lo decían. Fueron
canonizados con rango oficial porque la gran mayoría de los creyentes los
utilizaba y creía en ellos. La Biblia es el auténtico documento fundamental del
judaísmo y del cristianismo.
Es de público conocimiento que la Biblia, en sus centenares
de diferentes traducciones, es el libro de mayor difusión en la historia de la
humanidad. Es más: en todas sus formas, la Biblia ha sido influyente hasta
llegar a extremos insólitos, y no sólo entre las comunidades religiosas que la
consideran sagrada y la reverencian. En especial, la literatura, el arte y la
música del mundo occidental tienen una enorme deuda con los temas, motivos e
imágenes de la Biblia. Algunas traducciones al inglés, como la así llamada
“Biblia Autorizada” (o versión del rey Jacobo, 1611) o la traducción de la
Biblia al alemán por Martín Lutero (terminada en 1534), no sólo influyeron en
la literatura sino que también promovieron el desarrollo de ambos idiomas.
Estos efectos siguen vigentes en las naciones en proceso de formación, donde
las traducciones de la Biblia a la lengua vernácula contribuyen a moldear las
tradiciones lingüísticas futuras.
6. EL ANTIGUO TESTAMENTO Es notable
que el cristianismo incluya dentro de su propia Biblia las escrituras íntegras
de otra religión, el judaísmo. El término Antiguo Testamento (de la
palabra latina para ‘alianza’) se aplicó a estas Escrituras sobre la base de
las obras de Pablo y de otros primitivos cristianos, que diferenciaron entre la
‘Antigua Alianza’ que Dios estableció con Israel y la ‘Nueva Alianza’ sellada a
través de Jesucristo (véase, por ejemplo, Heb. 8,7). Como la primitiva Iglesia
creía en la continuidad de la historia y de la actividad divinas, incluyó en la
Biblia cristiana los registros escritos de la antigua y de la nueva alianza.
7. LITERATURA DEL ANTIGUO
TESTAMENTO El Antiguo Testamento puede
considerarse desde numerosas y diversas perspectivas. Desde el punto de vista
literario el Antiguo Testamento (de hecho, la Biblia entera) constituye una
antología, una colección de muchos libros diferentes. No es en absoluto un
libro unificado por lo que respecta a sus autores, su fecha de composición o su
estilo literario. Por el contrario, representa una auténtica biblioteca.
En general los libros del Antiguo Testamento y las
partes que los componen pueden clasificarse como narraciones, obras poéticas,
escritos proféticos, códices legales o apocalipsis. En su mayoría, se trata de
categorías amplias que incluyen diversos tipos o géneros diferentes de
literatura y tradiciones orales. Ninguna de estas categorías se limita al
Antiguo Testamento, ya que puede hallarse en otras literaturas antiguas, en
especial la del Oriente Próximo. Sin embargo, es necesario subrayar que algunos
estilos no quedaron al fin incluidos en el Antiguo Testamento. Las cartas o
epístolas, tan importantes en el Nuevo Testamento, no se encuentran en el
Antiguo en forma de libros separados (a excepción de la Carta de Jeremías en
algunas tradiciones manuscritas). No es posible hallar tampoco autobiografías,
dramas ni sátiras. Sorprende de una forma especial el hecho de que la mayor
parte de los libros del Antiguo Testamento contiene varios géneros literarios.
Por ejemplo, el Éxodo incluye narraciones, leyes y poesía; la mayoría de los
libros proféticos incorporan narraciones y poesía, además de los géneros
proféticos como tales.
8. NARRACIONES Tanto en
su contexto como en su contenido, la gran mayoría de los libros del Antiguo
Testamento son narraciones, es decir, recogen y refieren los acontecimientos
del pasado. Si tienen, como casi todos, una trama (o al menos el desarrollo de
una tensión y su resolución), una caracterización de los personajes y una
descripción del escenario en el que se producen los acontecimientos, son
relatos. Por otra parte, muchas obras narrativas del Antiguo Testamento son
historias, aunque no se ajusten a la definición científica del término. Una
historia es una narración escrita del pasado guiada por los hechos, en la
medida en que el autor pueda determinarlos e interpretarlos, y no por
consideraciones estéticas, religiosas o de otra índole. Las narraciones
históricas del Antiguo Testamento son obras más populares que críticas, ya que
los autores recurrieron a menudo a tradiciones orales, algunas de ellas poco
fiables, para escribir sus relatos. Además, todas las narraciones se
compusieron con un propósito religioso. Pueden, en consecuencia, llamarse
historias de salvación, ya que su propósito es demostrar cómo participó Dios en
los acontecimientos humanos. Ejemplos de dichas obras son la Historia
deuteronomística (desde el Deuteronomio hasta el 1 y 2 Reyes), el Tetrateuco
(desde el Génesis hasta el libro de los Números) y la Historia del Cronista (1
y 2 Crónicas, Esdras y Nehemías). La así llamada Historia de la sucesión del
trono de David (2 Sam. 9-20, 1 Re. 1-2) es la narración bíblica que más se
acerca al concepto moderno de la historia. El autor presta atención a los
detalles de los eventos y personajes históricos e interpreta el curso de los
acontecimientos a la luz de las motivaciones humanas. No obstante, puede
intuirse la intervención divina en el trasfondo de los textos.
Otros libros narrativos son: Rut, un breve episodio;
Jonás, un relato didáctico; y Ester, una novela histórica o una leyenda
festiva. Es probable que estos libros tengan su origen en cuentos populares o
leyendas. En los libros deuterocanónicos pueden encontrarse algunos relatos
didácticos: Tobías, Judit, Susana y Bel y el dragón.
En los libros del Antiguo Testamento pueden hallarse
muchos de estos y otros géneros narrativos. El Génesis, como la mayoría de las
demás obras narrativas, está compuesto de diversos relatos individuales, muchos
de los cuales circulaban de forma oral e independiente. Las historias
patriarcales del Génesis (11-50) han sido denominadas leyendas, sagas y, con
mayor precisión, sagas familiares. Muchas de ellas son etiológicas, es decir,
que explican un lugar, una práctica o un nombre en términos de su origen.
9. OBRAS POÉTICAS Entre los
libros poéticos del Antiguo Testamento se incluyen Salmos, Job, Proverbios,
Eclesiastés, Cantar de los Cantares (canónicos), Eclesiástico (deuterocanónico)
y Plegaria de Manasés (apócrifo). Sabiduría tiene mucho en común con los libros
poéticos sapienciales, aunque no es poesía. La mayoría de los libros proféticos
están escritos de acuerdo con las reglas líricas hebreas, aunque son lo
bastante distintos como para que puedan ser diferenciados.
9.1. Características generales La poesía
hebrea tiene dos características principales, una fácil de reconocer incluso en
una traducción, y una segunda más difícil de discernir. La característica más
obvia es el uso del parallelismus membrorum o paralelismo de versos u
otras partes. Por ejemplo, el significado de un versículo puede reformularse o
repetirse en un segundo versículo, como en Sal. 6,1: “Yahvé, no me corrijas en
tu cólera, en tu furor no me castigues”. Se trata, como resulta obvio, de
sinónimos. Por otra parte, la segunda línea de la unidad puede exponer el
aspecto negativo de la aseveración de la primera, como en Prov. 15,1: “Una
respuesta suave calma el furor, una palabra hiriente aumenta la ira”. En otros
casos, la segunda línea puede ampliar o explicar la primera y en otras
circunstancias el paralelismo es pura formalidad. Una importante ventaja de la
mayoría de las traducciones modernas de la Biblia es que mantienen la forma
poética del hebreo, permitiendo al lector disfrutar y comprender la estructura
del original.
La otra característica importante de la poesía hebrea
es el ritmo, que parece haberse basado en el número de acentos en cada línea.
Una de las métricas más fáciles de reconocer es la de la kiná (endecha o
lamentación), en la que la primera línea tiene tres sílabas acentuadas y la
segunda, dos.
Los libros poéticos abarcan una gran diversidad de
géneros. Los más difundidos son los diversos cantares de adoración (Salmos) y
la poesía sapiencial. Además, la Biblia incluye un libro de poesía amorosa, el
Cantar de los Cantares.
9.2. Poesía lírica La
literatura cultual (del culto religioso) de Israel era poesía lírica; es decir,
poesía pensada para ser cantada. La mayoría de estos libros, aunque no todos,
están recopilados en Salmos. Muchos son himnos: canciones de alabanza a Dios, a
sus obras a favor de Israel o a su creación. Otros son lamentaciones de la
comunidad o cantares de queja que, de hecho, son oraciones de petición,
cantadas por el pueblo cuando se veía enfrentado a una situación difícil. Casi
una tercera parte de los Salmos son lamentaciones individuales, cánticos
utilizados por o en nombre de individuos al borde de la muerte o del desastre.
Una vez que la nación o el individuo han sido salvados de sus infortunios, se
cantan poesías de acción de gracias. Unos pocos salmos, como 2, 45 y 110
celebran la coronación de un rey en Israel como egregio siervo de Dios.
9.3. Poesía sapiencial La poesía
sapiencial incluye colecciones de refranes de sabiduría y poemas breves, como
en Proverbios, y largas composiciones, como en Job, Eclesiastés y Eclesiástico.
Los materiales sapienciales más concisos son proverbios, refranes y
admoniciones, por lo general de uno o dos versos de longitud. Algunos eran sin
duda refranes tradicionales o populares mientras que otros llevan el sello de
la reflexión y la composición creativa. Proverbios 1-9 contiene un conjunto de
poemas sobre la naturaleza de la propia sabiduría, mientras que Job es una
composición poética larga en forma de diálogo enmarcado en un cuento popular.
Eclesiastés es una obra un tanto inconexa y Eclesiástico es un libro escrito
por un maestro judío que más tarde tradujo su nieto.
La temática central de los refranes sapienciales
abarca desde los consejos prácticos para una vida provechosa y próspera, hasta
reflexiones acerca de la relación entre transitar por el camino de la sabiduría
y obedecer a la ley revelada por la divinidad. A Job, al menos en cierto
sentido, le atormenta el sufrimiento de los justos, en tanto que Eclesiastés es
una triste reflexión acerca del significado de la vida por parte de alguien que
se halla a las puertas de la muerte.
10. MATERIALES PROFÉTICOS Los
profetas eran conocidos en otras regiones del antiguo Oriente Próximo, pero
ninguna otra cultura desarrolló un cuerpo de literatura profética comparable al
de Israel. Por ejemplo, los antiguos autores egipcios escribieron obras
literarias llamadas ‘profecías’, pero por su forma y contenido eran diferentes
de los libros proféticos de la Biblia.
La mayoría de los libros proféticos hebreos contienen
tres tipos de literatura: narraciones, oraciones y discursos proféticos. Por lo
general, las narraciones son relatos o reseñas de la actividad profética,
atribuidos al propio profeta o contados por una tercera persona. Incluyen
descripciones de visiones, reseñas de acciones simbólicas, relaciones de
actividades proféticas (como, por ejemplo, los conflictos entre los profetas y
sus opositores) y narraciones o notas históricas. Uno de los libros de la
colección profética, Jonás, es en realidad un relato acerca de un profeta, y
contiene un solo versículo de mensaje profético (Jon. 3,4). Las oraciones
incluyen himnos y peticiones, como las lamentaciones de Jer. (por ejemplo, Jer.
15,10-21).
En la literatura profética predominan los discursos,
ya que la actividad inherente del profeta consistía en difundir la palabra de
Dios relativa al futuro inmediato. Los mensajes más comunes son profecías de
castigo o de salvación. Tanto unas como otras están contextualizadas, como la
mayoría de los discursos proféticos, por fórmulas que identifican las palabras
reveladas por Dios; por ejemplo, “oráculo de Yahvé”. Por lo general, la
profecía de castigo explica las razones de éste en términos de injusticia
social, arrogancia religiosa o apostasía y asimismo detalla la naturaleza del
desastre, militar o de otra índole, que recaerá sobre la nación, grupo o
individuo a la que va dirigida. Las profecías de salvación anuncian la
inminente intervención de Dios para rescatar a Israel. Otros discursos incluyen
las profecías contra las naciones extranjeras, discursos de aflicción que
enumeran los pecados del pueblo, admoniciones o advertencias (véase
Profecía).
11. LEYES La materia
legal es tan destacada en las Escrituras hebreas que el judaísmo llamó Torá
(del hebreo torah, ‘ley’) a los primeros cinco libros y los primitivos cristianos
a la totalidad del Antiguo Testamento. Los textos legales son dominantes en
Éxodo, Levítico y Números. El quinto libro de la Biblia fue denominado
Deuteronomio (‘segunda ley’) por sus traductores griegos, aunque el libro es en
síntesis un informe de las últimas palabras y hechos de Moisés. Contiene, no
obstante, numerosas leyes, por lo general en el contexto de la interpretación y
la predicación o el sermón.
Según la tradición bíblica, la voluntad de Dios fue
revelada a Israel a través de Moisés al establecer la alianza en el monte
Sinaí. En consecuencia, todas las leyes —a excepción de las contenidas en
Deuteronomio— pueden encontrarse desde Éxodo 20 hasta Números 10, donde se
relatan los acontecimientos que tuvieron lugar en Sinaí.
Los especialistas han detectado en las leyes hebreas
dos modalidades principales, las apodícticas y las casuísticas. La ley
apodíctica está representada por los Diez Mandamientos (Éx. 20,1-21; 34,14-26);
(Dt. 5,6-21), aunque no se limita a ellos. Estas leyes, que por lo general se
encuentran en compilaciones de cinco o más, son sucintas manifestaciones,
inequívocas y sin ambigüedades de la conducta humana que Dios exige. En caso de
ser positivas, se denominan mandamientos; si son negativas, se trata de
prohibiciones. Por otra parte, cada una de las leyes casuísticas consta de dos
secciones. La primera establece una condición (“Si un hombre roba un buey o una
oveja, y los mata o vende...”) y la segunda las consecuencias legales
(“...pagará cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja”, Éx.
21,37). Por lo general, estas leyes se refieren a los problemas que pueden
surgir en la vida rural y urbana. Las leyes casuísticas son similares en su
forma, y a menudo en su contenido, a las normas recogidas en el Código de Hammurabi
y otros códigos legales del antiguo Oriente Próximo.
12. ESCRITOS APOCALÍPTICOS El
apocalipsis, como género diferenciado, surgió en Israel en el periodo posterior
al exilio, es decir, tras el cautiverio de los judíos en Babilonia entre el 586
y el 538 a.C. Un apocalipsis o revelación expone una serie de
acontecimientos futuros mediante una larga y detallada reseña de un sueño o de
una visión. Utiliza imágenes de fuerte contenido simbólico y con frecuencia
extravagantes, que a su vez son explicadas e interpretadas. Los escritos
apocalípticos suelen reflejar la perspectiva histórica que tiene el autor de su
propia era, en un momento en que las fuerzas del mal se aprestaban para librar
su batalla final contra Dios, tras lo cual nacería una nueva edad.
Daniel es el único libro apocalíptico, como tal, de
las Escrituras hebreas, y su primera mitad (capítulos 1 al 6) es en realidad
una serie de historias legendarias. Sin embargo, partes de otros libros son en
muchos aspectos similares a la literatura apocalíptica (Is. 24-27; Zac. 9-14; y
algunas partes de Ezequiel). Entre los apócrifos, Esdras es un apocalipsis. El
judaísmo de los dos últimos siglos a.C. y del primer siglo d.C. produjo muchas
otras obras apocalípticas que nunca fueron consideradas canónicas. Entre ellas
se incluyen Enoc, Guerra de los Hijos de la Luz y los Hijos de la Oscuridad, y
el Apocalipsis de Moisés. Véase Pseudoepígrafos.
Hasta hace poco tiempo, la mayoría de los
especialistas sostenía que el desarrollo de la literatura y el pensamiento
apocalípticos estuvo muy influido por la religión persa. Este punto de vista
está siendo objetado por la identificación de las raíces de la literatura
apocalíptica en el propio pensamiento israelita, en especial en la concepción
del futuro por parte de los profetas, así como en las más antiguas tradiciones
del Oriente Próximo.
13. LA EVOLUCIÓN DEL ANTIGUO
TESTAMENTO No cabe ninguna duda de que todos
los libros del Antiguo Testamento no tuvieron su origen en la misma época y en
el mismo lugar. Por el contrario, son el producto de la evolución de la fe y la
cultura israelitas durante al menos un milenio. En consecuencia, otra
perspectiva literaria analiza los libros y sus elementos constituyentes en
términos de sus autores y de su historia literaria y preliteraria.
En la práctica, todos los libros atravesaron un largo
periodo de transmisión y evolución antes de llegar a ser recopilados y
canonizados. Es más: es necesario distinguir entre los puntos de vista
tradicionales judíos y cristianos en cuanto a la autoría y datación de los
libros, por una parte, y su historia literaria real como ha sido reconstruida
por los especialistas a partir de las pruebas contenidas en los libros bíblicos
y en otros lugares, por la otra. El presente artículo no tiene por objeto
presentar una reseña detallada de la historia literaria del Antiguo Testamento.
Muchos de los hechos reales se desconocen, la historia es larga y por lo
general complicada, y las conclusiones más antiguas deben revisarse cada cierto
tiempo a la luz de nuevos hallazgos y métodos de investigación. Sin embargo, es
posible resumir el perfil general de dicha historia.
Casi todos los libros del Antiguo Testamento
recorrieron un largo camino desde el momento en que se pronunciaron o
escribieron las primeras palabras hasta que adquirieron su forma definitiva. En
este proceso participaron muchas personas, como narradores, autores, editores,
oyentes y lectores. Y en este devenir les cupo un papel importante, no sólo a
los individuos, sino a las diferentes comunidades de fe.
Detrás de muchas de las actuales obras literarias
pueden discernirse tradiciones orales. Por ejemplo, la mayoría de los relatos
del Génesis circularon de forma oral antes de ser transcritos. Los discursos
proféticos, hoy en forma escrita, se transmitieron primero de modo oral. De
hecho, todos los Salmos, tanto si fueron escritos como si no, se compusieron
para ser cantados o recitados en voz alta durante las ceremonias religiosas.
Sin embargo, no sería prudente deducir que la difusión oral fuera tan sólo
precursora de la literatura escrita, y que cesó una vez que se escribieron los
libros porque está probado que las tradiciones orales coexistieron con el
material escrito durante muchos siglos.
14. EL PENTATEUCO Según la
tradición judeo-cristiana Moisés fue el autor del Pentateuco, los primeros
cinco libros de la Biblia. Sin embargo, tal aseveración no aparece en ninguno
de estos libros. La tradición tiene su origen en la forma en que son
denominados por los hebreos, libros de Moisés, aunque con ello quisiesen
significar relativos a Moisés. Ya en la edad media, los eruditos judíos
reconocieron que existía un problema con la tradición: Deuteronomio (el último
libro del Pentateuco) relata la muerte de Moisés. En realidad, los libros son
obras compuestas por autores anónimos. Sobre la base de numerosas copias y
repeticiones, incluyendo dos designaciones diferentes para la deidad, dos
relatos separados de la creación, dos historias entrelazadas del diluvio, dos
versiones de las plagas de Egipto y muchas otras pruebas, los especialistas
modernos han llegado a la conclusión de que los escritores del Pentateuco
utilizaron varias fuentes distintas, cada una de un escritor y de un periodo
diferentes.
Las fuentes difieren en su vocabulario, estilo
literario y perspectiva teológica. La más antigua es la Jehovística o Yahvista
(J, porque utiliza el nombre divino Jahvé, transcrito también como
Jehová, o Yahvé), que por lo general suele datarse entre los siglos X o IX a.C.
La segunda es la Elohísta (E, porque utiliza el nombre general de Elohím
para designar a Dios), y suele situarse en el siglo VIII a.C. A continuación
está la Deuteronómica (D, limitada al Deuteronomio y a unos pocos
pasajes de otros libros), de finales del siglo VII a.C. La última es la
Sacerdotal (P, de ‘priest’, sacerdote en inglés, por su énfasis en la
ley cúltica y en los asuntos sacerdotales), situada en los siglos VI o V a.C. J
incluye una reseña narrativa completa desde la creación hasta la conquista de
Canaán por Israel. E ya no es una narración completa, si es que alguna
vez lo fue; su material más antiguo se remonta a Abraham. P se concentra
en la alianza y en la revelación de la ley en el monte Sinaí, aunque sitúa
ambos elementos dentro de una narración que se inicia en la creación.
Ninguno de los autores de estos documentos, si es que
fueron individuos y no grupos, fue un autor creativo en el sentido moderno del
término. Más bien trabajaron como editores que recopilaron, organizaron e
interpretaron tradiciones más antiguas, tanto orales como escritas. En
consecuencia, la mayor parte del contenido de las fuentes es mucho más antiguo
que las propias fuentes. Algunos de los materiales escritos más antiguos son
pasajes extraídos de obras poéticas como Paso del Mar (Éx. 15), y parte del
material legal tiene su origen en antiguos códigos. Una opinión reciente
sugiere que los relatos individuales del Pentateuco fueron compilados bajo un
epígrafe que aludía a diversas temáticas trascendentales (la promesa a los
patriarcas, el éxodo, la travesía del desierto, Sinaí y la conquista de la
Tierra Prometida), adquiriendo su forma básica en torno al 1100 a.C. En
cualquier caso, el relato de las raíces de Israel se conformó en y bajo la
influencia de la comunidad de la fe.
15. HISTORIA DEUTERONOMÍSTICA En los
últimos años, Deuteronomio, Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes han sido
reconocidos como un relato unificado de la historia de Israel desde los tiempos
de Moisés (siglo XIII a.C.) hasta el exilio en Babilonia (el periodo que
arranca desde la caída de Jerusalén en el 586 a.C. hasta culminar en la
reconstrucción en Palestina de un nuevo Estado judío tras el 538 a.C.).
Por cuanto el estilo literario y la perspectiva teológica son similares a las
del Deuteronomio, esta reseña se ha dado en denominar Historia
deuteronomística. Sobre la base de los últimos acontecimientos que reseña,
entre otras evidencias, se ha llegado a la conclusión de que puede haber sido
escrita en torno al 560 a.C., durante el exilio. Sin embargo, es posible
que al menos una edición fuera anterior.
El escritor (o escritores) de la obra tenía como
objetivo registrar la historia de Israel, así como dar cuenta de la catástrofe
que recayó sobre la nación a manos de los babilonios. Por un lado, trabajó como
lo haría cualquier otro historiador, recogiendo y organizando fuentes más
antiguas, tanto escritas como orales. Empleó materiales muy heterogéneos,
incluyendo relatos de los profetas, relaciones de diversa índole, crónicas más
antiguas e incluso registros de la corte. De hecho, suele derivar al lector a
sus fuentes (por ejemplo, Jos. 10,13; 2 Sam. 1,18; 2 Re. 15,6). No obstante
aplicó también la visión del teólogo, quizá de alguien que ya tenía firmes
convicciones acerca del curso y significado de los acontecimientos que iba
registrando. Estas convicciones hallaron su expresión en la forma en que
organizó el material y añadió los discursos, que él mismo había escrito, en
boca de los principales protagonistas (por ejemplo, Jos. 1). Creía que Israel
había sido sojuzgada por Babilonia debido a la desobediencia a la ley de Moisés
(como en Deuteronomio), en especial por adorar dioses falsos en altares
paganos; creía asimismo que los profetas habían advertido del exilio mucho
tiempo antes de que se produjera.
16. LOS LIBROS POÉTICOS Resulta muy
difícil datar o atribuir a un determinado autor o autores tanto la poesía
cultual como la sapiencial del Antiguo Testamento, sobre todo por contener tan
pocas alusiones históricas. Se considera que David es el autor de Salmos
porque, según la tradición, cantaba y componía. De hecho, sólo 70 de los 150
salmos se identifican de modo inequívoco con David, y muchísimos menos datan de
la época de este rey hebreo. Las atribuciones a David y a otros se hallan en
los encabezados, añadidos mucho después que los Salmos fueran escritos. La
identificación de Proverbios y de otros libros sapienciales con Salomón tiene
su origen en la tradición de la gran sabiduría de este monarca, y es fiable por
cuanto promovió instituciones que desarrollaron este tipo de literatura. La
poesía sapiencial contiene algunos de los materiales más antiguos de las
Escrituras hebreas (en los refranes y proverbios), y las composiciones como
Eclesiastés y Eclesiástico algunos de los más recientes.
Salmos se convirtió en el libro de himnos y oraciones
del Segundo Templo de Israel, pero muchos de los cánticos son anteriores a la
construcción del santuario. Contienen motivos, temas y expresiones que Israel
heredó de sus predecesores cananeos. Muchas voces hablan en y a través de los
Salmos, pero sobre todas se oye la expresión de una comunidad que se entrega a
la oración.