Autor: María
Ester Grebe
I. INTRODUCCIÓN.
A pesar del
profundo cambio cultural experimentado por los indígenas alacalufes de Chile en el
curso del presente siglo, el estudio de sus manifestaciones musicales en
relación al contexto cultural del cual se desprenden merece nuestra atención
por las siguientes razones principales:
En primer
lugar, sus expresiones constituyen, con alta probabilidad, uno de los
testimonios de mayor antigüedad y arcaísmo, cuyas raíces se hunden en el tiempo
de los orígenes del hombre americano y sus tempranos flujos migratorios.
Reconocemos no sólo su valor antropológico para el conocimiento integral del
hombre de nuestro continente, sino también su valor etnomusicológico corno
preciosa fuente de consulta para estudios comparativos ulteriores. Sería
injusto desconocer, además, su valor como expresión artística primigenia, cuya
simplicidad y primitivismo no están exentos de un impulso estético elemental.
Destacamos, en
segundo lugar, el proceso de extinción acelerada de la cultura alacalufe
que presupone su desaparición a corto plazo, situación que ya ha ocurrido
irremediablemente con los grupos "fueguinos" afines: los onas
y yaganes
de Chile y Argentina. De ahí la urgencia de emprender la preservación y estudio
sistemático de los testimonios de su cultura musical en el momento presente.
Cabe señalar,
además, que en nuestro país no se ha producido ningún estudio general o
específico, de carácter científico o artístico, sobre la cultura musical de los
alacalufes.
No obstante, ella ha sido explorada en forma fragmentaria y preliminar por
algunos científicos extranjeros, quienes han aportado tanto las fuentes sonoras
primarias iniciales para el estudio de las expresiones musicales "fueguinas"
como algunos estudios antropológicos -que incluyen transcripciones musicales- y
publicaciones etnomusicológicas específicas. Por pertenecer los alacalufes
al tronco cultural de los nómades recolectores y cazadores del cono sur de
América, es indispensable emprender el estudio de su música a partir del examen
conjunto de los materiales existentes sobre la música de los
"fueguinos" de Chile y Argentina. Ellos se reducen a un escaso número
de grabaciones de terreno y publicaciones científicas.
1. Las
grabaciones de música "fueguina" se desglosan en seis recolecciones
básicas que permanecen en su mayor parte inéditas:
1.1. Los
cilindros con canciones grabadas a yaganes y onas en 1907-1908 por el
coronel C. Wellington Furlong, depositados posteriormente en el Archivo de
Berlín y regrabados en 1948 en la Biblioteca del Congreso de Washington. Dos de
sus canciones fueron editadas más adelante en The Demonstration Collection of E. M.
von Hornbostel and the Berlin Phonogramm-Archiv (Folkways FE 4175,
1963).
1.2. Los
cilindros con canciones grabadas a yaganes, alacalufes y onas en 1923-1924 por Martin
Gusinde y Wilhelm Koppers, depositados en el Archivo de Berlín.
1.3. Las
grabaciones de canciones de los onas argentinos efectuadas por el
paleontólogo Rodolfo Casamiquela, algunas de las cuales fueron editadas en un
disco por el Instituto de Etnomusicología de Buenos Aires en 1966.
1.4. Las
grabaciones de terreno inéditas de C. S. Coon y Alberto Medina, que contienen
lenguaje y canciones alacalufes recogidas en Puerto Edén en
1959, depositadas posteriormente en el Archivo de Música Tradicional de la
Universidad de Indiana.
1.5. Las
grabaciones de canciones de los onas argentinos recogidas por la
antropóloga Dra. Anne
Chapman en 1966. Una selección de las mismas ha sido
editada en dos discos titulados Selk'nam (Ona) Chants of Tierra del Fuego, Argentina
(Folkways FE 4176, 1972).
1.6. Las
grabaciones de terreno registradas por la autora del presente artículo en
Puerto Edén durante el verano de 1971, las cuales contienen canciones alacalufes
complementadas con entrevistas a los portadores de la tradición musical.
Si bien es
cierto que las dos primeras colecciones representan al estilo musical arcaico
de los "fueguinos", las cuatro colecciones restantes pertenecen a los
últimos sobrevivientes aculturados, quienes son en su mayoría bilingües y
evidencian crecientes grados de asimilación por parte de la cultura occidental.
2. Las
publicaciones científicas que aportan efectivos conocimientos, generales o
específicos, sobre la música de los alacalufes y los grupos afines
colindantes son, en orden cronológico, las siguientes:
2.1. Fischer, Erich. "Patagonische Musik". En Anthropos, m, 1908, pp. 941-951.
2.2. Lehman-Nitsche, Robert. "Patagonische Gesänge und Musikbogen".
En Anthropos,
III, 1908, pp. 916-940.
2.3. Gusinde, Martin. Die Feuerland Indianer. M”dling/Wien,
1931-1939, 3 vols.
2.4. Hornbostel, Erich von.
"Fueguian Songs". En American Anthopologist, XXXVIII, 3, 1936,
pp. 357-367.
2.5. Hornbostel,
Erich von. "The Music of the Fueguians". En Ethnos, XIII, 3-4, 1948, pp. 61-102.
2.6.
Emperaire, Joseph. Los Nómades del Mar. Santiago, Universidad
de Chile, 1963. 263 pp.
Las dos
primeras aportan valiosas informaciones sobre la música e instrumentos
musicales nativos de la Patagonia argentina, abriendo, asimismo, posibilidades
comparativas interculturales. A pesar de su naturaleza eminentemente
antropológica, las obras de Gusinde y Emperaire entregan tanto algunas
transcripciones musicales esquemáticas como algunas informaciones sobre la
función de la música en la cultura. Sin embargo, las publicaciones de mayor
relieve y trascendencia son aquellas de Hornbostel, cuyos detallados análisis,
incisivos comentarios y comprensión profunda de la música "fueguina"
han convertido sus dos trabajos en fuentes de consulta de valor único e
indiscutido.
A pesar de su
considerable aporte, ninguno de estos trabajos proporciona un enfoque global o
segmental de la cultura musical alacalufe. En consecuencia, el objetivo
principal del presente estudio será contribuir al conocimiento general de dicha
cultura musical, mediante una apreciación cabal de sus expresiones en relación
al contexto cultural del cual se desprenden y forman parte inseparable. Por
tanto, en él primará necesariamente un criterio sintético, omitiéndose aquellos
aspectos poco significativos que no aportan a la comprensión unitaria de los
estilos, estructuras musicales y su correspondiente marco cultural. En un nivel
específico, se otorgará especial importancia al estudio del proceso dinámico de
cambio cultural -que ha afectado en forma dramática la continuidad y supervivencia
del grupo indígena- y de su correspondiente aculturación musical.
Los materiales
básicos de música alacalufe empleados en el presente estudio etnomusicológico
se descomponen de la siguiente forma:
Transcripciones
de 15 cantos imitativos, 10 de los cuales pertenecen a Hornbostel (1948: 100- 101),
derivando de las grabaciones originales de Gusinde y Koppers (1923-1924); y los
5 restantes a Emperaire (1963:219-221).
Grabaciones de
6 canciones recogidas en Puerto Edén por Coon y Medina (1959) .
Grabaciones de
43 versiones de 10 canciones recogidas en Puerto Edén por la autora del
presente artículo (1971), que constituyen la parte sustancial del repertorio alacalufe
estudiado.
A este
conjunto, se suman los materiales comparativos provenientes de las fuentes
sonoras y publicaciones sobre música y cultura "fueguina" previamente
descritas en el presente capítulo.
Con el fin de
obtener nuevas versiones de las seis canciones alacalufes de 1959, la
autora del presente artículo llevó éstas consigo en su expedición del año 1971.
Su audición estimuló en los indígenas el deseo de interpretar sus propias
versiones de dichas canciones, obteniéndose así un rico material comparativo.
Fue posible, al mismo tiempo, constatar la desaparición de algunas canciones
por haber perdido éstas su funcionalidad en la vida de las nuevas generaciones
de alacalufes
aculturados. Un valioso complemento de estos materiales musicales es aportado
por las numerosas entrevistas grabadas magnetofónicamente a cinco intérpretes
principales de las canciones. En ellas, surgieron diversos datos empíricos
relacionados con las funciones y significados de la música y sus textos. Al
estar orientada dicha expedición de terreno por un propósito exploratorio, en
su desarrollo primó el empleo de técnicas de observación y entrevistas
inestructuradas y semiestructuradas, las cuales se proyectaron libremente a
medida que surgían espontáneamente los indicadores de la propia realidad
cultural. El registro de la información se efectuó principalmente por medio de
grabaciones y fotografías de terreno; y secundariamente en forma literal manuscrita.
El orden
metodológico inductivo ha guiado el desarrollo total del proyecto, el cual ha
sido complementado por el empleo sistemático del método comparativo, sirviendo
éste tanto para confrontar los materiales musicales entre sí como para relacionar
éstos con los datos empíricos de terreno y las fuentes bibliográficas.
II. LA CULTURA ALACALUFE: BREVE ESBOZO
DESCRIPTIVO.
Los alacalufes
modernos pertenecen a las arcaicas estirpes de pescadores y mariscadores
nómades, remanentes de los estratos paleoamericanos, cuyos antepasados llegaron
al extremo sur de Chile en tiempos remotos (Mostny, 1972:293). Los
testimonios más antiguos de dicha cultura se han localizado en la isla de
Englefield en el seno de Otway. Movilizados en canoas, transitaron "por
los canales, fiordos y lagos interiores desde varios miles de años' (ibid.:
30). Aunque su prehistoria es casi desconocida, su corriente migratoria parece
haberse orientado por la costa desde el norte (Lothrop, 1928: 199; Mostny,
1972:30),
eligiendo posteriormente para su peregrinaje nomádico las islas de los
archipiélagos sureños situados entre los golfos de Penas y de Trinidad.
A pesar de que
tanto a los alacalufes
como a los demás grupos de cazadores y recolectores nómades del extremo sur se
les denomina habitualmente como "fueguinos", dicho término es
demasiado impreciso (Emperaire, 1963: 56). En
efecto, él no diferencia las "dos diferentes líneas de desarrollo cultural:
una representada por los cazadores terrestres, cuyos primeros vestigios datan
del décimo milenio antes de Cristo y la otra por pescadores y recolectores
marinos" (Mostny, 1972:33), a los
cuales se atribuye mayor antigüedad (Lothrop, 1928:200-201) (1) La primera dio
origen a los onas y tehuelches, "indios pedestres"
residentes en las pampas continentales y Tierra del Fuego; y la segunda a los alacalufes
y yaganes,
"indios canoeros" que habitaron los archipiélagos de la vertiente
pacífica (ibid.:
199-200; Emperaire, 1963:56; Mostny, 1972:33-34). No
obstante, existen evidencias de contacto cultural entre ambos grupos, lo cual
se produjo en el pasado a través de regiones territoriales interiores
colindantes, limitándose dicho contacto "a trueques o batallas"
(Emperaire, 1963: 62) .
La relación
cultural entre alacalufes y yaganes es profunda y estrecha. Ella se
evidencia tanto a nivel somatológico y cronológico como de la cultura material
e inmaterial, diferenciándose sólo en sus patrones lingiiísticos (Lothrop, 1928:128-201;
Steward y Faron, 1959:397-398;
Emperaire, 1963: 65) . En
efecto, ellos comparten una vida material extremadamente precaria, la cual,
junto con su peculiar estructura social, facilitan su vida de nómades marinos
de considerable movilidad y amplio desplazamiento. Por tanto, "sólo el
ambiente marino les resulta acogedor" ( Emperaire, 1963: 62), a pesar
de su inclemencia climática, múltiples peligros y difícil supervivencia.
Resumimos
esquemáticamente, a continuación, los rasgos básicos de la antigua cultura alacalufe
tradicional de antaño (2):
La unidad
básica de la estructura social es la familia nuclear, cuyo reducido tamaño y
relativa autonomía favorecían el desarrollo de su elemental economía de
subsistencia, carente de las prácticas más rudimentarias de agricultura. La
alimentación se basaba casi exclusivamente de la pesca, caza y simple
recolección de mariscos agotando sucesivos bancos, puesto que los frutos, bayas
y raíces silvestres poseían una importancia reducida.
Debido a su
continua movilidad nomádica, la familia alacalufe requería una extrema
simplificación de sus posesiones materiales. En consecuencia, estas últimas se
reducían a la liviana choza de base ovalada cubierta con pieles, cortezas y
follajes, cuyo montaje y desmontaje eran rápidos y fáciles; la canoa
manufacturada con cortezas de coihue, medio único y vital de transporte
marítimo; los utensilios de pesca, caza y recolección de alimentos,
consistentes en arpones, dardos, trampas, hondas, arco y flecha, complementados
por canastos trenzados, bastones, garrotes y otros implementos poco elaborados;
y la vestimenta funcional compuesta de capas y taparrabos de piel y algunos
ornamentos.
A pesar que de
la cultura inmaterial alacalufe quedan, en la actualidad, sólo
restos muy disminuídos, de la revisión de diversas fuentes bibliográficas (3) deducimos que
en el pasado ella ha estado dominada por su cosmovisión telúrica; su íntimo
contacto con la sobrecogedora naturaleza de los archipiélagos y canales de
Chile; su rico mundo de creencias, mitos, sueños y presagios; su complejo
sistema religioso de difícil reactualización. En este último, se diferenciaban
cuatro tipos principales de conceptos y prácticas: creencias y ritos del ciclo
vital, chamanismo, creencias en seres sobrenaturales y magia (Steward y Faron, 1959:389) (4). En el
complejo ceremonial del ciclo vital, se distinguían los ritos de nacimiento,
pubertad, muerte, fertilidad e iniciación. Cabe señalar que en la mayoría de
dichos ritos y, en particular, en aquellos de iniciación, tanto el canto como
la danza ocupaban un lugar preponderante como medio de comunicación en el cual
participaban activamente los miembros de la congregación ritual con un variado
repertorio poético-musical propio de cada rito específico (Bird, 1946:73-77). Estos
últimos, sumados a las actividades chamánicas y mágicas, han desaparecido,
persistiendo aún hoy día, con cierta vitalidad, sólo algunas creencias en seres
sobrenaturales: espíritus o seres míticos cuyas acciones explican al indígena
en forma simple las causas de los fenómenos naturales y los misterios de su
precaria existencia humana acechada por el peligro, la enfermedad y la muerte.
Tres de ellos tienen plena vigencia: Ayayema, el genio perverso y poderoso que
domina y gobierna a los elementos naturales y persigue al indígena rondando en
la oscuridad de la noche para enfermarlo o provocar en él diversos males y
accidentes; Kawtcho, el gigante maléfico que ataca
al hombre con sus manos ganchudas, apareciendo con sus luces características en
las noches de tormenta; y Mwono, el hombre de las nieves que habita en
la cima de las montañas y glaciares precipitando las avalanchas de nieve con
gran estrépito. Estas y otras creencias constituyen supervivencias del antiguo
complejo perteneciente a la cultura alacalufe tradicional. Su persistencia fue
atestiguada por la presente autora en numerosos testimonios registrados en su
expedición del año 1971.
No obstante,
en la actualidad la
cultura alacalufe
tradicional vive una etapa tardía de su dramático y rápido proceso de cambio,
disgregación y extinción, en cuyo desarrollo es posible distinguir cuatro
etapas (Emperaire, 1963: 204-207):
La primera se
remonta hasta 1930 y representa a la cultura alacalufe tradicional, cuya
estructura no sufre alteraciones significativas resistiendo el proceso de
aculturación.
La segunda
(1930-1948) corresponde a los descendientes de los antiguos alacalufes
cuya cultura se modifica al producirse una ruptura en la transmisión de sus
patrones culturales, conservando, sin embargo, el recuerdo de las formas de
vida de sus antepasados.
La tercera
(1948-1960) está representada por aquellos indígenas que buscan concientemente
su escisión del grupo matriz, aspirando a integrarse a la cultura chilena
representada por sus grupos laborales afines: cazadores, pescadores o leñadores
de la zona austral.
La cuarta se
inicia en 1960 y corresponde a aquellos jóvenes alacalufes quienes,
careciendo de comprensión e identificación con su propia cultura, imitan la
cultura material chilena adoptando actitudes pasivas o mendicantes. Pierden ásí
su autenticidad y calidad expresiva, deseando su alejamiento del grupo matriz,
definitivo y sin retorno.
La extinción
del grupo humano ocurre paralelamente. Según Bird (1946: 57), en el
pasado "es dudoso que ellos excediesen alguna vez de unos pocos
miles". En 1917, Cooper (1917:47) estima su
población en 200 o 400 (5), reduciéndose en 1953, de acuerdo a la encuesta
demográfica de Emperaire (1963:80), a 61
sobrevivientes; y a sólo 49 según un recuento esquemático de los residentes de
Puerto Edén efectuado en el verano de 1971 por la presente autora. A pesar de
dicho alarmante descenso poblacional, los alacalufes constituyen aún el grupo más
numeroso de "fueguinos", puesto que tanto los yaganes como los onas
chilenos están prácticamente extinguidos.
La crisis
demográfica del grupo alacalufe y demás culturas
"fueguinas" es analizado por el misionero salesiano Antonio Coiazzi (1914: 13), quien
-resumiendo el pensamiento de su superior, Monseñor Fagnano- reduce sus causas
a cuatro principales: "1ª las influencias patológicas, como tuberculosis y
sífilis, y afecciones a los órganos de la respiración; 2ª las matanzas hechas
por los colonizadores con armas de fuego; 3ª captura de las mujeres y niños en
las guerras entre las tribus enemigas y en venganzas privadas, o por
deportaciones violentas de parte de la autoridad; 4ª el cambio demasiado
repentino de alimentación, vestidos, habitación, de vida nómade, etc.". A
dichas causas deben agregarse la emigración sin retorno; las muertes violentas
por ahogamientos, accidentes de caza, pesca y asesinatos; las muertes por
enfermedad, destacándose la alta tasa de mortalidad infantil y de adolescentes;
y el impacto del alcoholismo.
Emperaire (1963: 88), sintetiza
elocuentemente la dramática agonía de la cultura alacalufe: "Todos ellos
se sienten aún más movidos a partir desde que la vida en los campamentos no es
ya lo que era en otro tiempo. Han desaparecido las fiestas y ceremonias. Ya no
se usan las pinturas corporales, no hay ya sino muy raras veces cantos y
mímicas. El interés de los miembros del grupo se desvía de lo que constituía en
otro tiempo la vida misma de la tribu para gravitar únicamente en torno de los
loberos y sus bienes tan deseables. Muchos niños mueren. Los adultos son
afectados por un mal desconocido. Poco a poco, una especie de desaliento y de
resignación se apodera de los alacalufes ... Los pasajeros y las
tripulaciones, llenos de piedad por los desgraciados indios, desnudos al viento
y bajo la lluvia, se pusieron a distribuirles de todo un poco, utilizable o no.
Los indios empezaron a habituarse a recibir por el solo hecho de pedir. La caza
y la pesca, que eran, sin embargo, las actividades vitales del grupo, pasaron a
un segundo plano, pues eran menos remunerativas y mucho más penosas que la
espera del paso de los barcos". En 1940, la distribución gratuita de
víveres por parte del gobierno chileno dio el golpe de gracia. Su antigua
alimentación rica en proteínas -a base de mariscos, peces y pájaros- fue
sustituída por otra a base de hidratos de carbono; las ricas pieles
impermeables de la vivienda y del vestuario tradicional por telas corrientes y
harapos que no protegían contra la lluvia, la nieve y la humedad permanente; la
estimulante actividad laboral nomádica de recolección, pesca y caza por una
malsana inactividad casi total. Así, su resistencia a la enfermedad disminuyó,
quedando a merced de contagios, enfermedades y muerte.
Sin embargo,
desde hace algunos años, gran parte de los problemas de salud, vivienda y
vestuario han sido solucionados o paliados, arrastrando consigo una inevitable
y profunda aculturación. En efecto, los alacalufes sobrevivientes fueron
erradicados de la gran playa de Puerto Edén, donde por mucho tiempo habían instalado
sus chozas, agrupándoseles ahora en una colonia de viviendas de madera; su
vestuario no difiere hoy día de aquel usado por los chilenos; y la posta vecina
vela constantemente por la salud del grupo. A estos factores se suma el acceso
de los niños alacalufes a la escuela, lo cual ha motivado en ellos un
abandono de la lengua nativa y el empleo predominante del español. En todos los
niveles materiales e inmateriales visibles, se observan préstamos culturales
múltiples y definitivos. Su antigua economía de subsistencia a base de
recolección, pesca y caza no constituye ahora su única fuente de recursos,
puesto que una gran parte de ella ha sido sustituída por la artesanía
consistente en la manufactura de pequeños botes y canastos tradicionales
destinados ahora a los turistas y pasajeros de barcos mercantes.
Es así como la
prehistoria de los alacalutes -que comienza y finaliza en el
período preagroalfarero- es sucedida abruptamente, a partir del siglo XIX, por
su dolorosa y dramática incorporación a la sociedad chilena. La
incompatibilidad de estructuras y niveles culturales de ésta última con
respecto a aquellas de la sociedad alacalufe determinó tanto una integración
forzada como la destrucción veloz de una de las culturas paleoindígenas más
arcaicas y antiguas del continente.
Estos dos seres sobrenaturales, mencionados por Emperaire (1963) y que recoge
aquí la autora del presente artículo, al parecer basándose en esa fuente y no
por datos de sus informantes, no fueron identificados por mis propios
informantes (casi los mismos de la autora) 5 años más tarde en mi primer
trabajo de campo en Puerto Edén. A través de más de 20 añs de contacto
ininterrumpido con la lengua kawésqar y sus hablantes, éstos nunca aceptaron la
existencia de tales seres, reconociendo sí la de Ayayema, el espíritu del mal
(no en el sentido cristiano u occidental: este espíritu es un quebrantador del
orden natural, por ello puede ser causante de algo malo que le suceda a un
individuo, al entorno o a un grupo de personas, no como producto de un castigo
por una mala acción, sino como una intervención perturbadora de la normalidad).
Es probable que el pretendido "hombre de las nieves" sea un animal fabuloso
y mítico que los kawésqar dicen que vive en los glaciares y cuyas huellas
manifiestan haberlas visto. (Oscar Aguilera)
III. LA MÚSICA Y SU PROCESO DINÁMICO DE
CAMBIO.
Es obvio que
el proceso de cambio cultural de los alacalufes -que, como hemos señalado, ha
invadido todos los ámbitos de su vida material e inmaterial- ha afectado
profundamente su lenguaje musical, por ser este un elemento inseparable de su
sistema de comunicación humana integrado a la configuración total de la cultura
nativa.
Sin embargo,
el estudio de su aculturación musical debe ser necesariamente fragmentario. Es
imposible intentar una reconstrucción completa de la música alacalufe
antigua por no existir suficientes documentos sonoros objetivos que así lo
permitan. Sabemos que las escasas grabaciones de terreno de música
"fueguina" contienen en su mayoría canciones de onas y yaganes de Chile y
Argentina, existiendo sólo escasos trozos alacalufes que son en su totalidad
canciones profanas imitativas. No obstante, al pertenecer dichas grabaciones (6) y los estudios
etnomusicológicos correspondientes (Hornbostel, 1936 y 1948) a tres
culturas de gran afinidad y parentesco musical, estructural y estilístico, sus
materiales constituirán un punto de referencia importante para efectuar
comparaciones diacrónicas e interculturales. Para los efectos del presente
estudio se utilizarán principalmente las grabaciones de los años 1959 y 1971
complementadas con las breves transcripciones de Hornbostel y Emperaire (7).
Diversos
científicos han observado el lugar destacado que en el pasado ocupó la música y
la danza en la vida del grupo alacalufe y de los demás
"fueguinos". En general, se distinguen dos repertorios musicales: uno
religioso, ya desaparecido, ligado al ceremonialismo ritual; y otro profano,
aún vigente, ligado a las actividades cotidianas y sentimiento humanos.
En el primero
de ellos, se destacan los ritos mortuorios e iniciáticos. Refiriéndose a los
ritos de enfermedad de los "fueguinos", Cañas Pinochet (1911: 393)
observa: "Se ponen a cantar en un tono triste y monótono, durante largas
horas, imitando el ruido sordo del mar o el de los impetuosos vientos
huracanados que soplan en aquellas regiones". En los ritos mortuorios, los
alacalufes
ejecutaban golpes percutidos con bastones que acompañaban a sus gritos rituales
(Bird, 1946:77). Sin
embargo, el rito principal era el de iniciación, en el cual el canto y la danza
desempeñaban una función comunicativa relevante (ibid.: 73-75; Steward y
Faron, 1959:403-404).
Después de la ejecución de cánticos preparatorios, los candidatos a la
iniciación aprendían y entonaban la canción de la ballena, la cual constituía
un eje de gravitación ritual. A continuación, se interpretaban cantos nocturnos
alusivos a los animales y pájaros (Bird, 1946:75).
Por su parte,
el repertorio musical profano alacalufe aparece íntimamente ligado a las
actividades cotidianas de trabajo; a su íntimo contacto con la naturaleza y la
flora y fauna de los archipiélagos. Un grupo importante de cantos lo
constituyen aquellos de fisonomía onomatopéyica que imitan a diversos pájaros y
animales, los cuales, en la antigüedad eran acompañados por mímica y pantomima
alusivas (8). Dichos cantos
poseían un valor utilitario por servir al cazador para atraer a su presa (Bird,
1946:61).
"Los alacalufes
cantaban así a todos los animales de los archipiélagos, en cortas frases
indefinidamente vueltas a tomar con ritmos diferentes . . . Los alacalufes
cantan lentamente, siempre a media voz y con un timbre rasgado. Alguien
comienza a cantar primero. Los asistentes se unen poco a poco al cantor: el
ritmo se hace entonces más rápido. Todos los cantos conocidos se caracterizan
por una acentuación muy fuerte de las sílabas, todas bien cortadas, por grandes
contrastes de intensidad y por notas ornamentales" (Emperaire, 1963: 218) .
El repertorio
profano incluye, asimismo, diversas canciones descriptivas o anecdóticas en las
cuales el indígena relata "sus pescas en el mar, sus cazas en el bosque, a
la nutria y al lobo que se les escapa", y a todo aquello relacionado con
sus necesidades vitales (Cañas Pinochet, 1911:394). La
variada gama de temas y sentimientos del alacalufe se expresan en canciones de amor
y de cuna, en canciones alegres y juegos cantados. Cuando el padre juega con su
hijo, "lo hace saltar en sus brazos, le sonríe, le habla suavemente
canturreando" ( Emperaire, 1963: 217) .
En muchas
canciones, se observa el uso de sílabas sin significado, lo cual responde a una
particularidad de la poesía cantada de los "fueguinos" (Cañas
Pinochet,
loc. cit.). Otra particularidad de su canto es la ausencia total de
acompañamiento instrumental, reduciéndose en su mayor parte a una sola línea
melódica. Este hecho, que indica una carencia actual de instrumentos musicales,
no presupone la inexistencia de los mismos en el pasado. La afirmación de Bird
(1946:78) tendiente
a que los alacalufes
han carecido de instrumentos musicales debe interpretarse sólo en relación a
aquellas especies más evolucionadas. En efecto, Erich von Hornbostel (1948:87) señala:
"La aserción de muchos autores de que los fueguinos carecen totalmente de
instrumentos musicales es errónea", puesto que ellos poseyeron diversos
medios para producir intencionalmente recursos sonoros. Entre ellos cabe
mencionar los siguientes: aerófonos de hueso de pájaro; idiófonos percutidos
tales como bastones rítmicos, cueros enrollados, ramas, palos y los propios
puños del hombre; idiófonos sacudidos consistentes en capas de piel y sonajas
de concha enfiladas (Gusinde, 1931-39:I y II;
cf. Hornbostel, 1936: 365-366 y
1948: 88-89) .
No es posible
efectuar un análisis sistemático del proceso de cambio estilístico de la música
alacalufe
sin poseer algunos hitos temporales claves. Afortunadamente, para los efectos
de esta etapa básica de nuestro trabajo se cuenta con cuatro repertorios
estratificados correspondientes a cuatro ejes cronológicos comparables entre
sí: los repertorios antiguos de 1923-1924 y 1946-1948; el repertorio antiguo de
origen reciente de 1959; y el antiguo de supervivencia actual de 1971 (9). Por tanto,
nuestra muestra total está integrada por la suma de estos cuatro repertorios
los cuales se describen en los Cuadros Nos.1 y 2 (10).
Por lo
general, el cambio estilístico musical no aparece en forma autónoma sino
íntimamente unido a la función y estructura de la música. En consecuencia, es
necesario bifurcar nuestro análisis en dos niveles. En el primero, se
estudiarán las transformaciones estilísticas asociadas o derivadas de cambios
funcionales de la música y de su correspondiente contexto cultural; y, en el
segundo, se ubicarán las modificaciones estilísticas dependientes de la
estructura musical.

Función y Cambio Estilístico.
De acuerdo a
su función y tomando como unidad básica la canción-tipo -caracterizada por el
empleo de un texto poético o tema característico, aunque no necesariamente por
una melodía común-, es posible clasificar las canciones alacalufes en tres grupos:
Canciones comunicativas afectivas, que expresan sentimientos humanos. Ellas incluyen cinco
canciones-tipo: de amor (2), de cuna (1), y de regocijo o alegría
(2), constituyendo el grupo reciente y actual más numeroso debido a la gran
cantidad de versiones.
Canciones imitativas (11), cuyas
variedades de antaño incluían numerosas imitaciones de animales y pájaros
(zoomórficas) e imitaciones de acciones humanas y objetos materiales. En el
presente, ellas se reducen a sólo tres canciones-tipo: del lobo fino, de los patos liles
y del
lobo toruno.
Canciones lúdicas
o juegos
cantados, consistentes en cuatro canciones tipo: jugando con
el mar del repertorio de 1959; y jugando redondo, columpio y haciendo
fuego del repertorio de 1971.
En cada uno de
estos tres grupos destaca una de sus canciones-tipo por su mayor vigencia,
funcionalidad y abundancia de versiones. Ellas son, respectivamente, las
canciones de
amor, del lobo fino y jugando redondo, todas las cuales están
representadas abundantemente en los repertorio de 1959 y 1971.
No obstante, las canciones-tipo
restantes experimentan en la actualidad una notable disminución de su vigencia,
funcionalidad y energía creativa originales. Como resultado del dramático
cambio cultural, desintegración y disminución numérica del grupo étnico, se ha
producido un debilitamiento generalizado de las expresiones musicales
tradicionales visible en los siguientes seis niveles de análisis:
1. Pérdida del
repertorio religioso: Diversos testimonios recogidos en 1971
por la presente investigadora en Puerto Edén (12) indican que
los ritos mágico-religiosos de los alacalufes se han perdido
irremediablemente. Dicha pérdida parece haber ocurrido gradualmente a partir de
1930, acentuándose abruptamente desde 1950. No obstante, antes de esas fechas
Gusinde (1951:269-34S) pudo
atestiguar, a través de sus valiosas experiencias personales de terreno, la
vigencia de dicho repertorio musical fueguino asociado a ritos de iniciación a
la pubertad, ceremonias masculinas, ritos funerarios y de iniciación chamánica (13). Hoy día, nos
resta sólo la música profana como única supervivencia musical. Todas las
grabaciones realizadas durante los primeros decenios del presente siglo (l4) no incluyen,
desafortunadamente, trozos musicales religiosos alacalufes. Podemos inducir,
sin embargo, el carácter de esta música por medio de las grabaciones chamánicas
onas
de Chile y Argentina (15), Cuyo estilo
se aproxima, en líneas generales, al de las canciones profanas aunque denota
una mayor fijeza estructural y un marcado arcaísmo en su contenido.
2. Disminución de la
cantidad y variedad de canciones imitativas:
Puesto que las
canciones imitativas aparecen íntimamente relacionadas con la actividad laboral
cotidiana y, específicamente, con las importantes faenas de pesca, caza y
recolección de alimentos, cualquiera modificación o pérdida de funcionalidad de
dichas actividades repercute en sus correspondientes expresiones musicales. De
hecho, una gran parte de dichas actividades han sido reemplazadas hoy día por
labores artesanales domésticas, cambio que ha contribuído poderosamente a la
disminución cuantitativa y cualitativa de dichas canciones. Efectivamente, de
las diez canciones-tipo imitativas recogidas en 1923-24 (Hornbostel, 1948:100-101) sólo
aparecen cinco en la colección de 1946-48 (Emperaire, 1963:219-221),
reduciéndose a tres en la colección de 1959. Estas tres canciones-tipo son de
la especie zoomórfica y sobreviven aún en 1971, aunque conocidas e
interpretadas exclusivamente por algunos alacalufes de edad más avanzada. Ellas
son: la canción
del lobo fino, interpretada por cuatro indígenas; la canción de
los patos liles, interpretada por tres de ellos; y la canción del
lobo toruno, interpretada por sólo uno (16).
Según nos
relatan nuestros amigos alacalufes, desde hace algún tiempo la
caza del lobo y del pato silvestre ha disminuído debido a la relativa extinción
de las especies y a las actividades competitivas de los loberos chilotes. Al
mismo tiempo, es posible percibir en la ecología de la zona de los canales una
disminución de la fauna original. Todo esto ha repercutido sensiblemente en la
disminución del número de canciones funcionales alusivas a pájaros y animales
marítimos. A ello se suma el abandono actual de la mímica y pantomima que
acompañaban expresivamente a los cantos de antaño.
3. Ausencia del
juego cantado alacalufe en las actividades infantiles:
A pesar de no
existir testimonios de juegos cantados anteriores a las recolecciones de 1959 y
1971, sabemos por los propios alacalufes que ellos poseen gran
antigüedad. La actividad lúdica parece haber sido importante y variada en el
pasado, como lo demuestra el interesante trozo denominado jugando con el mar, un
expresivo recitado con risas intercaladas recogido por Coon y Medina en 1959 de
una mujer adulta (17). Las once
versiones de tres juegos cantados infantiles recogidas en 1971 por la presente
investigadora han sido interpretados exclusivamente por adultos en calidad de
vivencia de sus pretéritas actividades lúdicas. Dichos juegos son: jugando
redondo ("kenajanayowa")
interpretado por cuatro alacalufes adultos, en el cual un grupo de
niños gira hasta perder el equilibrio; columpio ("karaktúe") interpretado
por un alacalufe
anciano, en el cual se representa el movimiento pendular del balanceo lúdico
infantil; y haciendo
fuego ("wajena")
interpretado por una sola mujer adulta (18). Este último
juego, según una anciana alacalufe, es un "canto solo . . . un
jueguito chiquitito: más leñita pa' echar fueguito . . . Se juega con palitos .
. . Se echan al fuego con cuidado de no quemar".
De acuerdo a
testimonios recogidos de los líderes actuales de la comunidad alacalufe,
los juegos tradicionales de la niñez se han perdido por no poseer éstos lugar y
espacio adecuado para poder desarrollarlos. Estos juegos parecen haber
disminuído ostensiblemente desde la erradicación de los alacalufes de la gran playa
de Puerto Edén. Al carecer de playa la actual colonia indígena, sus niños sólo
pueden jugar saltando en la cuerda sobre un pequeño puente de madera adyacente
a las viviendas. A este impedimento físico se une el mayor acceso de los niños
a la escuela local, en la cual han aprendido nuevos juegos cantados y rondas
provenientes tanto de la tradición oral chilena como del repertorio escolar. El
olvido del idioma nativo por parte de los pequeños y su falta de identificación
con la cultura de sus progenitores constituyen otros factores decisivos en ésta
pérdida de expresiones musicales infantiles.
4. Disminución
de la frecuencia del canto:
"Poco se
canta no más ahora. Aquí está más triste. No hay playa pa' caminar...Una vez
[se canta] cada canción: hay que trabajar...
". Antes, en cambio, "los antiguos
remaban y cantaban...". Este elocuente testimonio proporcionado por un
líder de la comunidad alacalufe es corroborado unánimemente por
los demás indígenas. Él sugiere una explicación básica: El desplazamiento y
subsiguiente concentración de las actividades laborales en la pequeña artesanía
-en detrimento de las actividades de trabajo realizadas en pleno contacto con
la naturaleza- ha contribuído a la menor frecuencia del canto relacionado con
la actividad física motora (trabajo y juego); y a la supervivencia ostensible
del grupo de canciones comunicativas afectivas que favorecen la expresión de
sentimientos humanos. Así, son las canciones de amor, de cuna y de regocijo,
las que evidencian un mayor número de versiones (19) y de intérpretes (7) en
nuestra recolección de 1971.