La vida humana
" Ya se han escrito todas las buenas máximas, solo falta ponerlas
en práctica.", lo decía Pascal.
Siempre mi vida ha girado en un constante aprendizaje de aplicación de
la filosofía en la vida. Pero resulta que eso es tan extraño, complejo y
misterioso que llamamos filosofía se parece mucho a lo que todos los hombres
hacen todos los días desde el principio del mundo. Por lo cuál, tal vez no sea
tan extraño, y desde luego es algo muy propio del hombre.
Yo
me encuentro en el mundo, rodeado de cosas, haciendo algo con ellas,
"viviendo". Cuándo caigo en la cuenta de eso, llevo ya mucho tiempo
viviendo, es decir, que mi vida ha empezado ya, no he asistido a su comienzo.
Entre las cosas que encuentro está mi propio cuerpo, que se presenta como una
cosa más, que me gusta más o menos, que funciona bien o mal, que no he elegido.
Es cierto que me acompaña siempre, que lo llevo siempre "puesto", que
lo que le pasa me interesa y me afecta, que por medio de él veo, toco, me
relaciono con todas las cosas; que por él esta aquí estoy yo aquí, y que
gracias a él cambio de lugar.
Y
también encuentro eso que llaman las "Facultades psíquicas": la
inteligencia, la memoria, la voluntad, el carácter. A lo mejor mi inteligencia
es buena para algo, pero mala para otras cosas; o recuerdo bien los versos y
mal los números de teléfono; o tengo voluntad débil, o mal genio. Nada de
eso he elegido, nada de eso soy yo, sino que es mío, como el país o la época en
que he nacido, la familia a la que pertenezco, mi condición social, etc.
Con
todo eso que encuentro a mi disposición, bueno o malo, tengo que
hacer mi vida, tengo que elegir en cada momento lo que voy a hacer, quién voy a
ser. Lo más grave es que la parte más interesante del mundo no está
presente, no dispongo de ella, porque lo que elijo es quién voy a ser
mañana, y el mañana no existe; existirá... mañana; es el futuro. Y el futuro es
inseguro, incierto, está oculto.
¿Qué
hacer?, ¿Que elegir?, ¿Que camino tomar?, no tengo más remedio que
tratar de ver juntas todas mis posibilidades, para poder elegir entre ellas.
Y, ¿Cómo elegiré? depende de quién quiero ser, de mi proyecto. Es decir,
que tengo que imaginarme primero como tal persona, como tal hombre o mujer, y
ese proyecto imaginario es el que, ante las posibilidades que tengo ante mí,
decide. Dicho con otras palabras, para vivir tengo que ponerme ante todo a
pensar, a imaginarme a mi mismo y ver en su conjunto el mundo. Por eso, el gran
filósofo español José Ortega y Gasset hablaba de la razón vital, sin la cuál no
puedo vivir porque solo puedo vivir pensando, razonando.
Vemos ahora que la filosofía
no es más que hacer a fondo, con rigor, con un método adecuado eso que todos
hacemos a diario para poder vivir humanamente. Los individuos y los pueblos y
las épocas que filosofan viven con mayor claridad, no se dejan arrastrar,
saben lo que hacen, tienen una iluminación superior a los demás. Y tienen
también la audacia de creer que ellos mismos pueden intentar buscar la verdad,
orientarse por si mismos cumpliendo las reglas de método, del camino que puede
conducir a ese descubrimiento. La consecuencia es que el que filosofa pretende
ser más el mismo, más de verdad, ser lo que se llama más auténtico.
PROFESOR: José Luis Dell’Ordine
28/04/01 21:11:12