La Iglesia
católica
Desde 1946 la mayoría del Sacro Colegio ya no era
italiana, y el “senado” de la iglesia había pasado a ser “la imagen de la
universidad de la Iglesia”. Por otra parte, la preocupación
científica y crítica cede a la inquietud propiamente pastoral: la renovación
litúrgica, que produjo una crisis, el “liturgismo” y que en 1940 lleva a una
verdadera escisión entre el clero alemán y el austríaco que se solucionó recién
en 1948. Los manuales de teología para los seminaristas y la enseñanza catequística
se inspiran más directamente en las fuentes de la Fe. Al mismo tiempo el
existencialismo actúa sobre el pensamiento cristiano y contribuye a dar a la
teología la preocupación del hombre concreto inmerso en el mundo./Por otra
parte, los cristianos han podido comprobar que no viven en una cristiandad sino
en una sociedad profana y laica en la que la iglesia ve disminuir cada día su
influencia, por lo que los problemas del apostolado ya no se plantean en los
tradicionales países de misión, sino que aparecen también en los países de
antiguo cristianismo: construcción de numerosas iglesias en los barrios
extremos de las grandes ciudades, estudio metódico del proceso de
descristianización, fundación de la Misión de Francia, para proporcionar
sacerdotes a las zonas rurales descristianizadas, y de la Misión de París, a la
que pertenecen sacerdotes obreros. /Aparece una teología del “laicado”: quiere
demostrar que la vida religiosa y la vida profana no son compartimentos
estancos, y que es necesario intervenir en todos los ámbitos de la sociedad
para cristianizala en su espíritu y en sus estructuras. Después de la 2ª G.M.
aparecen grupos cristianos de izquierda, como la Unión de Cristianos
Progresistas que propone una decidida colaboración de sus miembros con el
partido comunista. Este avance de la Iglesia en el mundo se ve seguido por un
repliegue cuando las victorias conseguidas por Rusia, el profundo incremento de
su influencia en la Europa central, y la guerra fría acentúan la orientación
del Papado violentamente hostil al “Comunismo Ateo” y provocan la rigidez de la
Iglesia en todos los campos: condenación del socialismo y del comunismo a
través de una encíclica, la desautorización de los sacerdotes obreros), la
señalización del fin del liberalismo intelectual, y denuncia la historicidad,
subrayando la importancia de la formación teórica en la enseñanza a los
seminaristas a través de una encíclica (1951). Su jerarquía retrocede
visiblemente en comparación con esta actitud y se fortifica tras las encíclicas
pontificias sin intervenir nunca en los conflictos sociales./ Las nuevas
condiciones de la vida moderna (la influencia del bienestar y de mayores
facilidades para la comunicación) han influido sobre la iglesia como factores
de descristianización. En los países en los que la población es protestante en
su mayor parte se observa el mismo debilitamiento del sentimiento religioso.
Ante este fenómeno de descristianización, Juan XXIII pensó en discutir el lugar
que ocupaba la iglesia en el mundo cambiante, por lo que en el año 1962 comenzó
el Concilio Vaticano II, en el curso del cual el catolicismo romano entró de
manera definitiva en el s. XX. Juan XXIII a través de una encíclica aprobó los
sindicatos, el estado de bienestar, y la democracia constitucional. Se acercó a
los protestantes y a los judíos como ningún otro papa. Su objetivo era que la
Iglesia volviera a ocuparse de los asuntos del mundo, por lo que era necesario
reconciliarse con otras creencias, servir de puente entre oriente y occidente.
El Vaticano II redactó 16 documentos que detallaban la reforma eclesiástica. La
misa no tenía que decirse toda en latín, los miembros seglares debían ser
invitados a participar de forma más activa en la liturgia y estudiar la Biblia
en vez de confiar los dogmas sólo a los eclesiásticos. El concilio se adhirió a
la “colegialidad” entre el Papa y sus obispos reduciendo la autoridad absoluta
del pontífice. El cambio de la iglesia generó un entusiasmo general en
Latinoamérica, donde la religión y la revolución iban a la par. En la Segunda
Conferencia de Obispos Latinoamericanos inspirados por las reformas del
Vaticano II, examinaron el papel social de la iglesia en sus países,
denunciaron la opresión sistemática de los pobres, criticaron la explotación
del 3er mundo por las naciones industrializadas y exigieron reformas políticas
y sociales. Esta aplicación práctica de la Fe se conoció como teología de la
liberación. Ni a Roma ni a los regímenes conservadores latinoamericanos les
gusto el cariz marxista de la liberación. Juan Pablo II apoyó a los movimientos
defensores de los derecho humanos y esto lo hizo muy popular incluso fuera de
la Iglesia, sin embargo resultó ser más conservador que Pablo VI. Abogaba por
el retorno a valores más estrictos. Ordenó a los sacerdotes apartarse de la
política de izq. y rechazar la teología de la liberación, e insistió en la
superioridad del papa sobre sus obispos.