![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Casa de Campo ¿disfraz o carrnaval?: Analisis de la obra Casa de Campo de Jose Donoso Agregado: 07 de ABRIL de 2001 (Por Fernando Loza) | Palabras: 2748 | Votar! | 2 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Esta Monografia fue escrita por Fernando Loza (ferjelo@yahoo.com ) . Muchas gracias!
La novela de José Donoso Casa de Campo motivo de este trabajo, se
centra en un acontecimiento histórico. Su signo alegórico remite a personajes y
acontecimientos específicos y circunscriptos dentro de un período concreto. Las
referencias constituyen un sistema de alusiones específicas a personajes
reconocibles.
La alegoría se ha visto como una relación paralela entre dos
discursos, uno presente en el texto y otro existente en el mundo de las ideas.
El discurso alegórico es, por lo tanto,
marcadamente intertextual y remite a un pre-texto como fuente de los
principios que regulan a una cultura. En el caso que nos ocupa, no se puede
hablar de un pre-texto fundador sino que cabría hablar de un texto de la
historia funcionando como pre-texto ya que las alusiones alegóricas son
simultaneas con la escritura y recepción del texto y se refieren a problemas que
comprometen al autor. Este soluciona ese compromiso mediante el discurso
alusivo, paródico, irónico al igual que los bufones cortesanos. Los rasgos
genéricos de esta novela nos podrían llevar a pensar en la sátira y el discurso de la sátira puede ser remitido
a otro más abarcador: el carnavalesco.
Por lo expuesto, estarían operando en esta novela tres códigos cuyas
relaciones y referencias construyen el espacio textual: un código novelesco, un
código alegórico y un código carnavalesco.
Al primero responde la construcción de la trama, el segundo organiza las
referencias extratextuales e históricas y el tercero autoriza una serie de
procedimientos de enmascarmiento e inversión.
Casa
de Campo
es una novela cuya narración aparece modelada por el discurso carnavalesco.
Para ello, este debe dominar primero el discurso alegórico. Ambos se encuentran
y articulan en un tercero: el de la máscara, discurso encubridor y mentiroso.
Al rescatar la superficie como espacio
de trabajo narrativo, pone en juego estrategias tales como: las caretas y
disfraces literales que intentan fijar personajes en continua movilidad; la
desfiguración de los lenguajes del texto; la disposición o composición
pictórica de la novela articulada sintagmáticamente mediante la yuxtaposición, en
un espacio común, de personajes quienes son privilegiados por el foco narrativo
de manera alternativa. Se debe mencionar dentro de estas estrategias, algunos
motivos tales como los libros de la biblioteca de los Ventura que son pura tapa
y enunciados tales como
“Somos Ventura, Wenceslao, por lo tanto nunca debemos olvidar que
la apariencia es lo único que no engaña”[i].
Pero las apariencias sí engañan. La superficie rescatada modifica
la perspectiva del lector y, si bien no se puede recurrir a la metáfora de
cajas chinas para aludir a sus procedimientos, se puede invocar a la metáfora
del doble fondo cuyo fondo falso encubre otro discurso significativo: la
alegoría. A su vez, este discurso carece de
capacidad para limitar el discurso carnavalesco el cual se funda en la eliminación de todo límite.
Durante el tiempo carnavalesco, el carnaval es el mundo entero y todos sus
discursos. La alegoría se presenta como un leguaje alusivo y esta operando
dentro del discurso del carnaval.
Al convertirse en mundo, el
carnaval instaura la ficción e invalida todo punto de referencia externo. El
autor actúa como el corifeo carnavalesco
“La síntesis efectuada al
leer esta novela -aludo al área donde permito que se unifiquen las
imaginaciones del autor y el lector- no debe ser la simulación de un área real,
sino que debe efectuarse en un área en que la apariencia
de lo real sea constantemente aceptada como
apariencia, con una autoridad propia muy distinta a la de la novela que aspira
a crear, por medio de la verosimilitud, otro realidad homónima pero siempre
accesible como realidad”[ii]
La novela prescinde de
verosimilitud en favor de los personajes, descripciones, espacios, episodios y
lenguajes estilizados conscientemente. Estos conforman un signo complejo cuyo
referente final es la literatura. Como si el desfasaje entre verosimilitud
realista y la norma propuesta por Casa de
Campo no fuera obvio, el autor incluye un diálogo entre él mismo y
Silvestre Ventura al iniciar el capitulo doce “Los Extranjeros”. Este diálogo constituiría una inversión
carnavalesca pues el personaje es más poderoso que el autor: el autor se
convierte en personaje y este, a su
vez, en narrador. Mediante este recurso
le es posible al autor incluir su autocrítica dentro del texto.
Con la elaboración del texto
como metatexto, se articula la ficción del relato. En varias oportunidades el
lenguaje de la novela formula el trabajo narrativo como una escenificación como
por ejemplo en el siguiente pasaje
“Aspiro solo a establecer
el proscenio para mi recitación, rico, eso si, de bastidores, bambalinas,
telones y tramoyas...”[iii]
o hacia el
final de la narración donde encontramos
“El telón tiene ahora que caer y las luces apagarse: mis
personajes se quitarán las máscaras, desmontaré los escenarios, guardaré la
utileria...”[iv]
Los personajes mismos de la
novela llegan a convertirse en actores y espectadores dentro de la ficción. En
determinado momento Juan Pérez contempla con sarcasmo a “los señores” quienes están
“paralizados en el
escenario del presbiterio, como si la maquinaria que los movía se hubiese roto”[v]
El lenguaje se constituye
también como un lugar de la metamorfosis. Al respecto y en ocasión del juego
“La Marquesa Salió a las Cinco”
encontramos otro idioma, el “idioma marquesal”. Este es interpretado por
niños que no hablan como tal sino como adultos e insertan dentro de su norma
discursiva, ya estilizada, el lenguaje que sigue
“Banal sería, oh
atribulado vástago de los eriales, el intento de arañar el cristal de la brisa
para soterrar en su meliflua cadencia nuestros secretos palaciegos como una
ráfaga de perfumes violados...”[vi]
El narrador, por su parte,
contribuye también a la movilidad del lenguaje. Ello le permite impostar
diferentes tonos y elevar la norma literaria
de Casa de Campo cuyo
registro adquiere mayor libertad para decir el carnaval con sus transformaciones
y ambigüedades. Esta ambigüedad se manifiesta, por ejemplo, en el manejo del tiempo. Mientras los niños
insisten que ha pasado un año entero desde que los adultos partieron de
excursión, estos se empeñan en afirmar que solo ha transcurrido un día. Acerca
de este punto el narrador mantiene un discurso cuidadosamente vago al respecto
mediante el uso del estilo indirecto libre. Este estilo, le permite un discurso
fácil e imperceptiblemente apreciable por la voz de algún personaje de modo que
el punto de vista resulta, de esta manera, ambiguo.
Este tiempo funciona además
como un significante alegórico, ya que pone en entredicho las concepciones
históricas de los sucesos de 1973. Los grupos de poder tradicionales, niegan la
historia para implantarse como dirigentes “naturales”. La novela elabora esta
negación en el episodio del antitiempo que refiere la inauguración de un nuevo
orden.
“...en este antitiempo que
inauguraremos usted será mi principal colaborador para detener la historia
donde queremos y donde debemos detenerla” [vii]
Al tiempo doble se contrapone un espacio único. Es único y
centralizado, como en el carnaval, en la plaza pública o el lugar del desfile.
La novela insiste en la centralización del espacio narrativo y simultáneamente
en la demarcación de límites que lo separan del otro espacio. Este se confunde
con la novela y sirve a la vez de escenario. No debemos olvidar que la práctica
del carnaval aparece dominada por ese concepto de limites, porque si bien se transgreden,
sin estos el carnaval no podría existir.
En Casa de Campo ese límite no esta marcado
solo por un adentro y un afuera sino también por otro que subdivide el interior
en zonas reservadas a personajes en orden de jerarquías. Afuera viven los nativos
y los hipotéticos antropófagos. Adentro
la casa se encuentra estratificada.
En los laberintos de los sótanos moran los sirvientes. En la parte
principal de la casa lo hacen los padres con sus hijos. Sin embargo a estos
últimos hay ciertos sectores que les están vedados y están al cuidado de
lacayos especialmente entrenados. La novela es la destrucción de todos esos
límites y propasarse del límite significa minar las convenciones sociales
que mantienen a los Ventura en el lugar privilegiado de la sociedad como el
ocupado por la casa en el centro de la llanura. También hay límites sexuales
que se borran en el cuerpo de ciertos personajes travestidos y límites que hay que cruzar para salir de
la niñez y entrar en la adolescencia.
Estos espacios del adentro,
se pueblan significativamente de figuras carnavalescas. A lo largo de la obra
se encuentran personajes disfrazados que protagonizan ceremonias, juegos y
rituales de manera espectacular. En ciertos casos los disfraces pueden ser
metafóricos, como en el caso de Melania en el papel de madre al principio de la
novela y Juvenal, más tarde, vestido de
hombre durante la ausencia de los padres. También se encuentra otro tipo de
disfraz. Tal es el caso de Juan Pérez que disfraza su ambición de sumisión
El relato también incluye
desenmascarmientos. Wenceslao es un caso. Este personaje es consciente del “detrás de la máscara” y es él quien se
libera de esa máscara en ocasión de cortarse los bucles para dejar de ser la poupée diabolique
“Hola! Soy Wenceslao Gomara
y Ventura”[viii]
Pero en Casa de Campo es imposible la estabilidad de un rostro.
Así Wenceslao pasará de muñeca decorativa a líder de la resistencia
subterránea, papel codificable en términos de estereotipos culturales.
Con relación a los juegos infantiles en Casa de Campo, estos no constituyen prácticas inocentes. Al
contrario, se trata de una práctica siempre en peligro de perder su identidad
mediante la violación de límites. Entonces el juego se transforma en una
máscara más. En una máscara falsificadora como en el caso de Arabela destruida
por la tortura. La extranjera se asombra de su mal estado y le pregunta al
Mayordomo quien responde
“-No es nada, si me
permite decírselo, su merced -explicó el Mayordomo- Sólo está jugando a La
Marquesa Salió a las Cinco” [ix]
Evidentemente el juego se
presenta acá como el intento de restituir el decoro de las apariencias y el
orden de la familia Ventura. Es porque las apariencias engañan que existe el
imperativo de “correr un tupido velo” que define las situaciones desde su
ideología.
Pasando a los personajes,
estos están construidos de acuerdo a un
planteo exterior y visual; moldeados como imagen y para ser más concretos como
imagen carnavalesca. Tenemos por ejemplo
la figura del Mayordomo
“¿Cómo no haber notado
antes su mandíbula salvajemente cuadrada y su nariz de tubérculo? ¿Y su tez
cetrina, sudada, y la bajeza de su frente? .... ¿Hasta donde iba a llevar las
cosas este hombre de brazos simiescos, de toscas manos de luchador a paga pero
enguantadas de blanco, de silueta innoble de tanto inclinar el cuello ante
órdenes pero que ahora lo mantenía rígido porque era él quien las impartiría? ¿Era, en verdad un hombre......” [x]
Es obvio que la descripción
de este tipo de personaje es la del dictador “gorila” y con ello también es
obvia la carnavalización de la figura dictatorial. Pero el Mayordomo no es el único
personaje de la novela que pertenece a un tipo genérico. También lo son
“... lacayos rutilantes,
jardineros azules, cocineros blancos, caballerizos pardos, ..[xi]
El chef es otra caricatura
más en este desfile
“El Chef, inmaculadamente
vestido de blanco, con su alto bonete almidonado, sus carrillos rojizos y sus
labios rojizos sobre los cuales vibraba el minúsculo acento circunflejo de su
bigotito...”[xii]
También aparecen extranjeros
cuya identidad se esconde detrás de la máscara circense como en el siguiente
caso
“Utilizaba una cornetilla
para oír, varios pares de gafas que cambiaba a menudo haciendo restallar unas
cajitas negras en que los guardaba, tenacillas para manejar los billetes, una
leontina con brújula, dos relojes que controlaba uno contra otro, objetos que
desplegaba ante el éxtasis de Berenice y luego devolvía a los innumerables
bolsillos de su práctica chaqueta de viaje...”[xiii]
Esta profusión de objetos a
través de la cual se describe al personaje, constituye una hipérbole
carnavalesca que anula la individualidad de cada objeto en particular y los
confunde en una misma categoría abstracta y genérica.
La máscara, como exterior
descriptivo, no agota las relaciones del personaje con el modelo carnavalesco.
La ambivalencia del carnaval se puede ver como el efecto de la metamorfosis y,
en razón de estar siempre presente, se
la puede considerar un código dentro de la novela. Al hablar de máscara o de
disfraz ya se está hablando de transformación, de la destitución de los signos
del yo y su reemplazo por los signos de la otredad.
Pero hay otro tipo de
transformación que involucra a los personajes. La trama de Casa de Campo es como un sube y baja que
nunca deja de mecerse y que nivela y desnivela la pirámide social y a los
personajes en su relación jerárquica respecto del poder. Esto da dinamismo al
relato mediante la renivelación constante de sus polos. Desde el comienzo el relato se abre con un vacío de poder.
Hay alianzas y dimisiones. Los grupos se contraen o expanden y se urden nuevas
confabulaciones. Estas metamorfosis carnavalescas están compuestas por la
disolución y reconstitución de diferentes grupos de poder, por la sustitución
de cabecillas y programas y por la inversión de valores. Este constante
realineamiento de la balanza, no
consigue reponer a los Ventura en su antiguo lugar: la cima del poder. Los
cambios han aumentado la dependencia de los extranjeros: la fortuna
subdesarrollada de los Ventura está condicionada por su participación. Los
Ventura son vistos entonces como solicitantes y es este el mismo papel que Juan
Pérez había desempeñado cuando vio la
posibilidad de ascenso al poder. Esta nivelación de rasgos entre señores y
subalternos es típicamente carnavalesca. En el carnaval está representada en la ceremonia central de la
sustitución del rey por el bufón. Los extranjeros surgen entonces como el grupo
más poderoso y conforman una cerrada élite que excluye y desdeña al resto de la familia, a la casa y a las
tierras. En el último párrafo de la novela se desarrolla una especie de cuadro
que resume estas oscilaciones del poder centradas en la mezcla de figuras
provenientes de grupos y rangos diferentes: quedan abrumados, enmascarados por
la tormenta de vilanos, disfraz blanco que nivela a todos.
“Pronto, en el salón de
baile quedaron tumbadas las figuras de grandes y niños y nativos confundidas,
apoyadas unas en otras, en los almohadones cubiertas por mantas a rayas tejidas
por las mujeres de los nativos, respirando apenas, con los ojos cerrados, con
los labios juntos, viviendo apenas, y para que no murieran ahogados en la
atmósfera de vilanos, los atendían elegantes y eficaces, los personajes del
fresco trompe l’oeil”[xiv]
La amenaza de muerte es
corregida por la promesa de una nueva vida garantizada por las figuras
carnavalescas del trompe l'oeil que asumen las funciones
protectoras de los padres carnavalizándolas.
El modelo carnavalesco pone a disposición de la novela un lenguaje que
trasciende las ideologías y que le permite, además, aludir a ellas a través de
la parodia. En el caso que nos ha ocupado, el autor ha ido más lejos ya que se
ha apropiado de un discurso alegórico cuyos referentes históricos son, como
hemos dicho, concretos y desenmascarables. Donoso ha elaborado un lenguaje a lo
largo de la obra que le ha permitido transgredir y a la vez recuperar los
valores culturales de su sociedad.
Bibliografía.
BAJTIN, Mijail. La Cultura Popular en la
Edad Media y el Renacimiento. El Contexto de François Rabelais. Madrid, Alianza Editorial.
2a.ed. 1988.
DONOSO, José. Casa de
Campo. Santiago de Chile,
Alfaguara , 1998.
GUTIERREZ MOUAT, Ricardo Impostura e impotación. La modelización lúdica y carnavalesca de una producción
literaria. Gaittesburg, MD Hispamérica , 1998
[i] José Donoso, Casa de Campo, Santiago de Chile, Alfaguara, 1998
[ii] Ib.Id Op. Cit pág. 59
[iii] Ib. Id Op.Cit pág. 372
[iv]Ib Id Op. Cit pág. 520
[v]Id Id. Op. Cit pág 285
[vi]Ib Id Op. Cit pág 460
[vii]Ib Id Op. Cit pág 352
[viii]Ib Id Op. Cit pág 30
[ix]Ib Id Op. Cit pág 477
[x]Ib Id Op. Cit pág 289
[xi]Ib Id Op. Cit pág 305
[xii]Ib Id Op. Cit pág 278
[xiii]Ib Id Op. Cit pág 443
[xiv]Ib Id Op. Cit pág 526
| ||||
| X | ||||