Trabajo Práctico sobre la O.N.U.
Organización de las Naciones Unidas (ONU) es la organización internacional de
naciones basada en la igualdad soberana de sus miembros. Según su Carta
fundacional, la ONU fue establecida para “mantener la paz y seguridad internacionales”,
“desarrollar relaciones de amistad entre las naciones”, “alcanzar una
cooperación internacional fundada sobre las relaciones de amistad entre las
naciones”, “alcanzar una cooperación internacional en la solución de problemas
económicos, sociales, culturales o humanitarios” y “fomentar el respeto por los
derechos humanos y las libertades fundamentales”. Sus miembros se comprometen a
cumplir las obligaciones que han asumido, a resolver disputas internacionales a
través de medios pacíficos, a no utilizar la amenaza o el uso de la fuerza, a
participar en acciones organizadas en concordancia con la Carta y a no ayudar a
un país contra el que la ONU haya dirigido estas acciones, y a actuar de
acuerdo con los principios de la Carta.
Desarrollo de la ONU
Se suele considerar a la ONU como
sucesora de la Sociedad de Naciones, organización internacional creada tras la
I Guerra Mundial para cumplir muchos
de sus mismos fines. La Sociedad, sin embargo, no consiguió mantener la paz,
debilitándose de forma paulatina en los años previos a la II Guerra Mundial.
Orígenes
El primer compromiso para
establecer una nueva organización internacional se recogió en la Carta del
Atlántico, firmada por el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt y
el primer ministro británico sir Winston Churchill el 14 de agosto de 1941, en
una conferencia celebrada a bordo de un buque de guerra frente a las costas de
Terranova. Ambos dirigentes se comprometieron a establecer un “sistema
permanente y más amplio de seguridad general” y expresaron su deseo de
“conseguir la máxima colaboración de todas las naciones en el plano económico”.
Los principios de la Carta del Atlántico fueron aceptados por las Naciones
Unidas de forma más general en su Declaración, firmada el 1 de enero de 1942
por los representantes de las 26 naciones aliadas contra las potencias del Eje
Roma-Berlín-Tokio durante la II Guerra Mundial. Fue en este documento donde por
primera vez se utilizó de modo oficial el término Naciones Unidas, que había
sido sugerido por Roosevelt.
En 1943, en una conferencia
celebrada en Moscú, se iniciaron las gestiones para crear una nueva
organización. El 30 de octubre de ese año, representantes de la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Reino Unido, China y Estados Unidos
firmaron una declaración en la que reconocían la necesidad de establecer “en el
tiempo más breve posible una organización general internacional”. En un
encuentro celebrado en Teherán (Irán) un mes más tarde, Roosevelt, Churchill y
el máximo dirigente soviético, Stalin, reafirmaron “la suprema responsabilidad
que recae sobre nosotros y sobre todas las Naciones Unidas de crear una paz que
destierre el azote y el terror de la guerra”.
Tras la declaración de Moscú,
representantes de las cuatro potencias se reunieron en Dumbarton Oaks
(Washington, Estados Unidos), en el otoño de 1944, para estudiar una serie de
propuestas destinadas a la creación de una organización internacional.
Aprobaron un borrador de carta constitutiva que especificaba sus fines,
estructura y métodos operativos, pero no lograron ponerse de acuerdo en el
método de votación del Consejo de Seguridad propuesto, que sería el órgano que
habría de tener la mayor responsabilidad en cuestiones relativas al
mantenimiento de la paz y la seguridad.
El problema de las votaciones quedó
resuelto en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), última cumbre
negociadora a la que asistirían Roosevelt, Churchill y Stalin en el último de
sus encuentros durante la contienda. En síntesis, el líder soviético aceptaba
la postura británica y estadounidense, que limitaba las prerrogativas de las
grandes potencias en asuntos de procedimiento, pero mantenía el derecho al veto
en cuestiones esenciales. Al mismo tiempo, los líderes aliados plantearon que
se celebrase una conferencia de las Naciones Unidas para preparar la Carta
constitutiva de la nueva organización.
Delegados procedentes de 50
naciones se reunieron en la ciudad estadounidense de San Francisco el 25 de
abril de 1945 para la oficialmente denominada Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Organización Internacional. Durante dos meses elaboraron una carta
de 111 artículos basada en el borrador realizado en Dumbarton Oaks. La Carta
fue aprobada el 25 de junio y firmada al día siguiente. Entró en vigor el 24 de
octubre de 1945, tras ser ratificada por la mayoría de los signatarios. Los
vínculos surgidos de la alianza bélica contra enemigos comunes aceleraron el
acuerdo para establecer esta nueva organización.
Sede
El 10 de diciembre de 1945, el
Congreso de Estados Unidos invitó a la ONU a establecer su sede en su país. La
Organización aceptó y en agosto de 1946 se trasladó temporalmente a Lake
Success (Nueva York). Ese mismo año se adquirió un lugar que bordeaba el East
River de Manhattan y se elaboraron planes para establecer una sede permanente.
Según un acuerdo alcanzado entre los Estados Unidos y la ONU, se concedió al
lugar una cierta extraterritorialidad. El complejo, finalizado a mediados de
1952, incluye la sala de la Asamblea General, el edificio de la Secretaría, el
edificio de Conferencias y la Biblioteca Dag Hammarskjöld.
Adhesión
Según queda recogido en su Carta,
la adhesión a la ONU está abierta a todos aquellos estados “amantes de la paz”
que acepten las obligaciones de la Organización. Las 50 naciones que asistieron
a la Conferencia de San Francisco, a las que se unió Polonia, se convirtieron
en miembros fundadores de la ONU. Hasta 1971, China estuvo representada por una
delegación del gobierno nacionalista de Taiwan. Sin embargo, en octubre de ese
mismo año, la Asamblea General votó a favor de que fuese la delegación de la
República Popular China la que ocupase dicho puesto.
Los nuevos miembros son admitidos
por propuesta del Consejo de Seguridad y tras ser aceptados por una mayoría de
dos tercios en la Asamblea General. Desde 1945, el número de sus miembros ha
sobrepasado en más de tres veces el inicial, sobre todo debido a la admisión de
muchos países africanos y asiáticos que alcanzaron la independencia con
posterioridad a la fundación de la Organización. En mayo de 1994, la ONU
contaba con 184 miembros.
Organización
La Carta de la ONU estableció seis
órganos principales: la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo
Económico y Social, el Consejo de Tutela o de Administración Fiduciaria, el
Tribunal Internacional de Justicia y la Secretaría General.
Todos los estados miembros están
representados en la Asamblea General, que es el principal organismo
deliberativo de la ONU. La Asamblea se reúne anualmente en sesiones regulares y
en sesiones especiales a petición de una mayoría de sus miembros o del Consejo
de Seguridad. La Asamblea no tiene autoridad para hacer cumplir sus
resoluciones. Éstas son recomendaciones que se hacen a los estados miembros,
pero que carecen de poder de aplicación directa. La Carta, no obstante, permite
a la Asamblea establecer agencias y programas que lleven a cabo sus
recomendaciones. Entre las más importantes se encuentran: el Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Conferencia de Naciones Unidas
para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) y el Fondo de las Naciones Unidas
para la Infancia (UNICEF).
El Consejo de Seguridad, reunido en
sesión permanente, es el órgano central para el mantenimiento de la paz. El
Consejo cuenta con 15 miembros, 5 de ellos permanentes: China, Francia, Reino
Unido, Rusia y Estados Unidos. Con carácter periódico se han elaborado
propuestas para integrar nuevos miembros permanentes (como, por ejemplo,
Alemania o Japón) para reflejar de este modo el cambiante equilibrio del poder
mundial, pero hasta la fecha no se ha llevado a cabo ninguna revisión
importante. Los miembros no permanentes son elegidos para un bienio, y la
Asamblea General elige cinco nuevos miembros cada año. Las decisiones del
Consejo necesitan nueve votos, incluidos los votos por unanimidad de los
miembros permanentes cuando se trate de temas de vital importancia. Esta regla
de la “unanimidad de las grandes potencias” no es válida cuando se trata de
cuestiones de procedimiento.
El Consejo Económico y Social
(ECOSOC), que se reúne una vez al año, cuenta con 54 miembros, de los cuales 18
son elegidos anualmente por la Asamblea General para ejercer un mandato de tres
años. El ECOSOC coordina las actividades económicas y sociales de la ONU y de
sus agencias especializadas, entre las que se hallan la Organización Mundial de
la Salud (OMS), la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Internacional del Trabajo
(OIT). En la práctica, las funciones del ECOSOC se ven limitadas porque cada
agencia especializada se organiza de un modo autónomo y se gobierna por sus
propios estatutos y órganos elegidos. Estas agencias entregan informes anuales
al ECOSOC. El conjunto de la ONU y de sus agencias especializadas recibe el
nombre de Sistema de las Naciones Unidas.
En un principio, el Consejo de
Tutela o de Administración Fiduciaria tenía la responsabilidad de supervisar 11
territorios que se encontraban bajo el régimen de fideicomiso al final de la II Guerra Mundial. A principios de la década de 1990,
todos los territorios bajo fideicomiso que en su origen habían sido puestos
bajo tutela internacional se habían disuelto y todas las dependencias habían
alcanzado la soberanía completa o bien la autonomía en el seno de otro Estado.
El único fideicomiso que quedaba, el archipiélago de las Palau, se convirtió en
la independiente República de Palau en 1994, con lo que el Consejo de Tutela
quedó en trance de desaparición. Otras cuestiones vinculadas al tema colonial
han sido transferidas a la Asamblea General y a órganos subsidiarios
especiales.
El Tribunal Internacional de
Justicia, con sede en La Haya (Países Bajos), es el organismo judicial de la
ONU. El Tribunal trata casos que le son sometidos por miembros de la ONU, que
conserva el derecho de decidir si acepta o no el cumplimiento de sus
resoluciones. A petición de la ONU, de sus órganos principales o de las
agencias especializadas, el Tribunal Internacional de Justicia puede tener del
mismo modo competencia consultiva. El Tribunal está compuesto por quince jueces
elegidos, para un ejercicio de nueve años, por la Asamblea General y el Consejo
de Seguridad.
La Secretaría General está al
servicio de los otros órganos de la ONU y ejecuta los programas y políticas de
la Organización. Al frente del mismo se halla el secretario general, nombrado
por la Asamblea General por recomendación del Consejo de Seguridad. Desde su
fundación la ONU ha tenido siete secretarios generales: Trygve Halvdan Lie
(1946-1953); Dag Hjalmar Hammarskjöld (1953-1961); Sithu U Thant (1961-1971);
Kurt Waldheim (1972-1981); Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991); Butros
Butros-Gali (1992-1996); y Kofi Annan (1997- ).
Financiación
Los costes operativos de la ONU se
cubren con aportaciones efectuadas por los estados miembros de acuerdo con un
programa de contribuciones aprobado por la Asamblea General. Sólo el
presupuesto regular, destinado a actividades en curso recogidas en la Carta, se
cubre con aportaciones fijas. Programas especiales como los de la UNICEF y el
PNUD suelen financiarse gracias a las aportaciones voluntarias. Durante el
periodo correspondiente a 1990 y 1991, las asignaciones del presupuesto regular
ascendieron a más de 2.100 millones de dólares. Según el programa para 1990 y
1991, la mayoría de los miembros pagaron menos del 1% del presupuesto. Sólo 15
países aportaron más del 1%. Los principales contribuyentes fueron Estados
Unidos (25%) y la URSS (10%). De los miembros restantes, sólo Japón, Alemania,
Francia, Gran Bretaña, Italia y Canadá contribuyeron en más de un 2%. A
mediados de la década de 1980, la ONU sufrió una grave crisis financiera.
Muchos estados miembros, incluidos Estados Unidos y la URSS, se negaron a pagar
parte de sus aportaciones debido a problemas fiscales nacionales y al
descontento provocado por ciertos aspectos del sistema de funcionamiento de la
ONU.
La paz y la seguridad
Según queda recogido en la Carta de
Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad es ante todo responsable de los
asuntos relativos al mantenimiento de la paz y la seguridad; la Asamblea
General tiene sólo una autoridad residual. Los artículos 33 a 38 de la Carta
autorizan al Consejo para instar a naciones en conflicto a que resuelvan sus
diferencias por medios pacíficos, como, por ejemplo, las negociaciones, la
investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje y la vía legal. Al
desempeñar esta responsabilidad, el Consejo puede nombrar representantes o
crear comités especiales que investiguen las disputas y recomienden
alternativas de solución.
Cuando el Consejo determina que una
disputa representa una amenaza para la paz, puede, cumpliendo los artículos 39
a 51, aplicar sus recomendaciones, ya sea por medios no militares, como las
sanciones económicas y diplomáticas, o por la utilización de fuerzas militares.
Ésta es la única ocasión en la que la Carta autoriza una acción coercitiva.
Esta acción está sujeta al voto unánime de los cinco miembros permanentes del
Consejo, con lo que pone de relieve la importancia del derecho de veto de las grandes
potencias en temas fundamentales. La acción militar también se ve sujeta a la
disponibilidad de fuerzas armadas, condición que ha resultado difícil de
cumplir.
Por último, según el artículo 26,
el Consejo de Seguridad asume la responsabilidad de formular planes “para el
establecimiento de un sistema de regulación de armamentos”. La Carta de la ONU
concede menos importancia al control internacional de armas y al desarme como
instrumentos para alcanzar la paz de lo que lo hizo el pacto de la Sociedad de
Naciones. Debido a algunos sucesos ocurridos entre ambas guerras mundiales,
muchos líderes llegaron a la conclusión de que la paz sólo podía lograrse a
través de la cooperación de las principales potencias, que habrían de actuar,
en palabras de Roosevelt, como “policías del mundo”. Esta idea está incorporada
en el requisito de unanimidad de las grandes potencias, a la vez que explica
por qué se ha llamado a la Carta sistema de seguridad colectiva ‘limitada’, ya
que no se puede emprender una acción coercitiva en contra de la voluntad de un
país que tiene un puesto permanente en el Consejo.
Impacto de la
Guerra fría
Poco después de la II Guerra Mundial y de la fundación de la ONU, la
cooperación política entre las principales potencias —en especial entre Estados
Unidos y la URSS— se rompió, y se inició el periodo de la Guerra fría. Como los
intereses estadounidenses y soviéticos chocaban, la capacidad de la ONU para
mantener la paz se vio seriamente limitada.
Según el artículo 43 de la Carta,
el Consejo de Seguridad debía negociar acuerdos con los estados miembros para
conseguir unidades militares que pudieran permitir la aplicación de sus
decisiones. Las negociaciones, iniciadas en 1946, pronto alcanzaron un punto
muerto en lo relativo a las cuestiones del tamaño, composición y
establecimiento de las fuerzas militares. Los Estados Unidos propusieron que
cada miembro permanente del Consejo proporcionase tropas especializadas. Los
estadounidenses aportarían, por ejemplo, unidades de aviación, los británicos unidades
navales y los soviéticos tropas de tierra. Sin embargo, la URSS abogó por la
igualdad, con lo que cada país enviaría igual número de tropas. Estas
diferencias nunca se solucionaron.
Un estancamiento similar se produjo
en la Comisión de la Organización de las Naciones Unidas para la Energía
Atómica, creada por una resolución aprobada en la Asamblea General el 24 de
enero de 1946. El mandato de la comisión era desarrollar un sistema que
controlara la energía atómica y la limitara a su utilización con fines
pacíficos. Los Estados Unidos presentaron un plan global para el control
internacional de la energía atómica, en el que se incluía un acuerdo para
eliminar las propias armas nucleares, así como las instalaciones, una vez que
se hiciera operativo un sistema internacional de inspección. La URSS insistió
en que Estados Unidos destruyera al punto todas las armas nucleares existentes
y se negó a cualquier inspección internacional, aduciendo que esto supondría
una violación de la soberanía nacional. Una vez más, las diferencias existentes
entre las dos naciones resultaron irreconciliables.
En realidad, las intenciones
originales de la Carta nunca han sido llevadas a la práctica. No obstante, el
Consejo de Seguridad no se paralizó por completo: fue capaz de resolver
disputas, sobre todo gracias a la mediación y a los buenos oficios, en
situaciones en las que los intereses de los miembros permanentes, en especial
los Estados Unidos y la URSS, convergían. Uno de estos casos fue la retirada
neerlandesa de Indonesia en 1949; otro, el fin de la guerra de los Seis Días en
1967. En 1950, sin embargo, surgieron graves diferencias entre las grandes
potencias cuando fuerzas de Corea del Norte atacaron Corea del Sur,
precipitando así la guerra de Corea.
La guerra de Corea
Corea, que había estado bajo
control japonés desde 1905, fue dividida tras la II Guerra Mundial siguiendo el paralelo 38 que atraviesa
la península de Corea. Se establecieron dos gobiernos paralelos, uno al norte,
respaldado por la URSS, y otro al sur, apoyado por Estados Unidos. Los
esfuerzos de la ONU por unificar el país a través de unas elecciones libres
fracasaron. Cuando fuerzas norcoreanas atacaron el sur el 25 de junio de 1950,
el Consejo de Seguridad consideró el ataque una violación de la paz y exigió la
retirada de las tropas norcoreanas al norte del paralelo 38. En otras dos
resoluciones, el Consejo estableció un mando de la ONU bajo los auspicios de
Estados Unidos y pidió a las naciones miembros que proporcionaran unidades
militares que ayudaran a repeler el ataque armado a Corea del Sur.
Había dos elementos poco usuales en
el caso de Corea. El primero era la ausencia de la URSS del Consejo de
Seguridad. Seis meses antes, el delegado soviético había abandonado el Consejo
como protesta por la presencia continuada del portavoz nacionalista en el
escaño designado para China, a pesar de la derrota de los nacionalistas y del
establecimiento de un gobierno comunista en la China continental. La URSS no
estuvo, pues, presente para vetar las medidas del Consejo contra el régimen
norcoreano, que contaba con el apoyo soviético. Cuando el delegado soviético
volvió al Consejo en el mes de julio, declaró ilegal la acción en Corea, dado
que se había emprendido sin el consentimiento de todos los miembros permanentes
del Consejo. Los Estados Unidos replicaron que la decisión se había tomado con
el acuerdo de aquellos miembros permanentes que se hallaban presentes y que
habían participado en la votación. En esta controversia, la URSS realizó una
interpretación estricta de las provisiones de la Carta, mientras que la de los
Estados Unidos fue una interpretación amplia, cada uno motivado por intereses
políticos.
Un segundo elemento poco habitual
en el caso coreano fue el establecimiento de una unidad militar de la ONU, que
era, en verdad, un mando militar estadounidense, compuesto por tropas de 16
estados miembros y de la República de Corea. Como no se había alcanzado ningún
acuerdo previo para proporcionar a la ONU fuerzas militares, el Consejo de
Seguridad tomó medidas ad hoc, solicitando a Estados Unidos poder utilizar su
ya establecida estructura militar como base para las acciones de la ONU.
El conflicto continuó durante más
de tres años, firmándose un armisticio el 27 de julio de 1953. Más de 40 años
después, el país sigue dividido a pesar de la aceptación por ambas partes del
principio de reunificación. Corea sigue siendo un tema pendiente en la agenda
de la Asamblea General, aunque se han aprobado resoluciones instando a las dos
partes a sustituir el largo armisticio por una paz estable. Tanto Corea del
Norte como Corea del Sur fueron, en 1991, admitidas en la ONU.
Una consecuencia importante del
conflicto coreano fue la resolución “Unirse por la Paz”. Después de que la URSS
volviera al Consejo de Seguridad, los Estados Unidos presentaron a la Asamblea
General una resolución que autorizaba a la Asamblea a tratar casos que
amenazaran la paz cuando un veto impidiese la acción del Consejo. Esta
resolución, denominada ‘Unidos por la Paz’, adoptada el 3 de noviembre de 1950,
hizo explícita una ampliación de la autoridad de la Asamblea General en materia
de paz y seguridad.
Las fuerzas de paz
de la ONU
Desde principios de la década de
1950, el papel de la ONU en el mantenimiento de la paz y la seguridad en el
mundo se ha incrementado. Fuerzas auspiciadas por la ONU han actuado de forma
muy activa en zonas donde la descolonización ha provocado inestabilidades
políticas. En muchos casos, la retirada de una antigua potencia colonial
generaba un vacío político al que seguía un proceso de lucha por el poder. En
respuesta a esto, la ONU desarrolló una estrategia, que el secretario general
Hammarskjöld llamó ‘diplomacia preventiva’, que consistía en el despliegue de
fuerzas de paz con dos fines principales: separar a los antagonistas, dando
tiempo y oportunidades para la negociación, e impedir la extensión geográfica
de los conflictos locales. En 1988, las fuerzas de paz de la ONU recibieron el
Premio Nobel de la Paz.
Se han realizado operaciones de paz
en el Oriente Próximo desde 1956 y en Chipre desde 1964. En África se
mantuvieron algunas tropas en el Congo (llamado Zaire entre 1971 y 1997) desde
1960 hasta 1964. Desde entonces, se han enviado misiones de paz a Angola,
Sahara Occidental, República de Suráfrica y Mozambique. En 1992, la ONU decidió
una importante operación en Somalia, en la que intervinieron unos 30.000
soldados a principios de 1993 para dar protección a las operaciones
humanitarias, en especial el reparto de víveres en zonas de hambruna. Otras dos
zonas donde la ONU ha participado de un modo muy activo fueron, a principios de
la década de 1990, Camboya, en la que la ONU estuvo controlando las elecciones,
y Bosnia-Herzegovina durante la guerra de la antigua Yugoslavia, que finalizó
con decenas de miles de muertos y millones de personas sin hogar. Según las
reglas formuladas en principio por Hammarskjöld, se excluía a las grandes
potencias de las fuerzas de paz para impedirles que encubrieran sus propios
intereses bajo la bandera de la ONU. Con el fin de la Guerra fría, tropas
británicas y francesas jugaron un papel importante en el conflicto de la
antigua Yugoslavia, mientras que un gran número de soldados estadounidenses fue
enviado en un principio a apaciguar Somalia. En 1992, un contingente de tropas
japonesas se unió a la operación camboyana.
Oriente Próximo
La primera fuerza de paz de la ONU
fue organizada en Oriente Próximo en respuesta a la crisis de Suez de 1956. El
Oriente Próximo había sido una zona de duros antagonismos desde 1948, cuando se
iniciaron las hostilidades entre los países árabes de la región y el Estado de
Israel, creado de acuerdo con un plan de la ONU que dividía a Palestina en dos
estados separados, uno judío y otro árabe. En 1949, un mediador de la ONU, que
actuaba bajo la autoridad del Consejo de Seguridad, negoció una serie de
acuerdos de armisticio entre Israel, por un lado, y Egipto, Jordania, Líbano y
Siria, por otro. Se constituyó así el Organismo de Naciones Unidas para la
Vigilancia de la Tregua (en inglés, United Nations Truce Supervision
Organization, UNTSO) en Palestina, para ayudar a las partes involucradas a
supervisar los términos de los acuerdos, aunque durante un tiempo la zona
permaneció en una situación de calma inestable.
La crisis de Suez
Los combates volvieron a iniciarse
el 29 de octubre de 1956, cuando Israel trasladó tropas a la península del
Sinaí, obligando a los soldados egipcios a replegarse al canal de Suez. Ese
mismo año, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser había nacionalizado el
canal, provocando la preocupación de británicos y franceses, que temían que se
impidiera a sus barcos utilizarlo. La situación en Oriente Próximo se complicó
en gran medida cuando Gran Bretaña y Francia atacaron Egipto el 31 de octubre y
desplegaron tropas en la zona del Canal de Suez. De forma conjunta, británicos
y franceses vetaron además una resolución del Consejo de Seguridad que exigía a
Israel la retirada de sus tropas más allá de la línea del armisticio, fijada en
1949.
Con la autoridad que le
proporcionaba la resolución ‘Unidos por la Paz’, la Asamblea General, en una
serie de resoluciones, pidió el fin de las hostilidades y estableció una Fuerza
de Emergencia de Naciones Unidas (en inglés, United Nations Emergency Force,
UNEF) para supervisar que todas las partes en conflicto cumplieran lo acordado.
A finales de diciembre, las tropas británicas y francesas se habían retirado de
Egipto, y en marzo de 1957 se habían realizado los preparativos para la
retirada de las tropas israelíes. La primera unidad de la UNEF llegó a Egipto el
15 de noviembre de 1956 y en febrero de 1957 unos 6.000 soldados procedentes de
10 estados miembros fueron repartidos en tres zonas: a lo largo de la frontera
egipcio-israelí, en la franja de Gaza y cerca del estrecho de Tiran para
controlar el paso al golfo de Aqaba, vital para el comercio israelí.
Otros conflictos
En mayo de 1967, la UNEF fue
retirada a petición de Egipto, y el 5 de junio, Israel desencadenó la
denominada guerra de los Seis Días, un ataque coordinado en todos los frentes
para asegurarse posiciones más sólidas a lo largo de sus fronteras. El 10 de
junio, Israel ocupó el Sinaí, la franja de Gaza, Cisjordania y parte de los
altos del Golán, en la frontera con Siria. El 22 de noviembre, el Consejo de
Seguridad aprobó por unanimidad la resolución 242, que establecía una serie de
principios para asegurar la paz en la zona. En resumen, la resolución proponía
que Israel se retirara de los territorios ocupados a cambio del establecimiento
de fronteras seguras y de que los países árabes reconocieran la independencia
del Estado de Israel.
Las hostilidades se iniciaron una
vez más en octubre de 1973 (durante la guerra del Yom Kipur), cuando Egipto
atacó posiciones israelíes en el Sinaí, y Siria hizo lo mismo con aquellas que
se encontraban en los altos del Golán. Después de pedir un alto el fuego, el
Consejo de Seguridad volvió a instar a las partes en conflicto para que
buscaran una solución más amplia a su disputa aplicando la resolución 242. Se
estableció en el Sinaí una nueva fuerza de paz, la UNEF II, con el fin de
patrullar una zona neutral entre las tropas egipcias e israelíes. En marzo de
1974, ambas partes se habían retirado. Al norte, en los altos del Golán,
siguieron produciéndose enfrentamientos esporádicos hasta junio, cuando
llegaron las Fuerzas de las Naciones Unidas Encargadas de Observar la
Desmilitarización (en inglés, United Nations Disengagement Observer Force,
UNDOF). No obstante, las causas del conflicto árabe-israelí no habían
desaparecido.
Desde 1974, Oriente Próximo ha sido
año tras año un asunto a incluir y considerar en la agenda de la ONU. En marzo
de 1978, se establecieron otras fuerzas de paz para ayudar a estabilizar la
situación existente en el Líbano después de que tropas israelíes cruzaran la
frontera como represalia contra una incursión palestina. La Fuerza Provisional
de Naciones Unidas en el Líbano (en inglés, United Nations Interim Force in
Lebanon, UNIFIL) estaba compuesta por 6.000 soldados procedentes de 10 países.
La mediación de
Estados Unidos
Los esfuerzos realizados al margen
de la ONU para buscar una solución más amplia tuvieron cierto éxito cuando, en
marzo de 1979, Egipto e Israel, gracias a la mediación de Estados Unidos,
firmaron el Tratado de Camp David, que establecía formalmente la paz y que
contemplaba una retirada progresiva del Sinaí por parte de los israelíes, la
reanudación de relaciones diplomáticas entre ambos países y un marco general
para extender el proceso de paz a otros estados árabes. La misión de la UNEF II
terminó el 24 de julio de 1979, tras la retirada israelí del Sinaí.
La década de 1980
Los observadores de la UNTSO
prosiguieron su labor entre Egipto e Israel bajo los términos del acuerdo de
1949, y tanto UNDOF como UNIFIL continuaron operando durante la década de 1980.
El sur del Líbano seguía siendo una zona inestable. La región había sido una
plaza fuerte para las bases de los comandos palestinos hasta la invasión
israelí de junio de 1982. A raíz de esta operación, y al mismo tiempo que las
guerrillas palestinas, se establecieron en el Líbano tropas israelíes y sirias.
La ocupación israelí de Gaza y
Cisjordania se convirtió en objeto de ataques cada vez más serios por parte no
sólo del Consejo de Seguridad, sino también de la Asamblea General. Las
resoluciones reconocieron los derechos de los palestinos y se permitió a sus
representantes que presentaran su caso ante el foro mundial. La expansión de
los asentamientos israelíes en los territorios ocupados no hizo sino complicar
más el problema. En 1993, los líderes de Israel y de la Organización para la
Liberación de Palestina (OLP) firmaron un acuerdo de paz que pedía a los
palestinos que asumieran de forma gradual la responsabilidad de la
administración civil de los territorios ocupados, empezando por la franja de
Gaza y la zona de Jericó. En 1994, se aplicaron las primeras etapas del
acuerdo.
El conflicto del
Golfo
La invasión de Kuwait por parte de
Irak el 2 de agosto de 1990, que originó la guerra del Golfo Pérsico, obtuvo
una respuesta inmediata del Consejo de Seguridad. Entre los meses de agosto y
noviembre se aprobaron una serie de resoluciones que condenaban la ocupación y
anexión de Kuwait, imponían un importante embargo sobre las transacciones
comerciales y financieras con Irak y con el Kuwait ocupado por los iraquíes,
autorizaban el uso de la fuerza militar para garantizar el cumplimiento de esta
medida y, por último, permitía a los estados miembros el uso de “todos los
medios necesarios” para expulsar a Irak de Kuwait si no se retiraba antes del
16 de enero de 1991. En respuesta, Irak pidió la celebración de una conferencia
internacional de paz que tratase una amplia gama de conflictos regionales,
incluido el conflicto palestino-israelí. Estados Unidos y sus aliados se
opusieron de forma rotunda a esta vinculación. Después de que la coalición
liderada por Estados Unidos en la guerra del Golfo derrotara de modo fulminante
a Irak y restaurase la independencia de Kuwait, se envió una fuerza de paz de
la ONU para que controlara una zona desmilitarizada a lo largo de la frontera
que separaba a ambos países. La presencia de la ONU se hizo necesaria asimismo
en el norte de Irak para proteger a los kurdos, que se habían rebelado contra
el régimen de Saddam Husayn. La situación estuvo a punto de degenerar en un
nuevo conflicto bélico en los primeros meses de 1998, cuando el líder iraquí
impidió que los expertos de la Comisión Especial de Naciones Unidas (en inglés,
United Nations Special Commission, UNSCOM) verificaran el cumplimiento por
parte de Irak de las resoluciones dictadas por la ONU acerca de la eliminación
de armas de destrucción masiva. En febrero, tras trasladarse a Bagdad y
entrevistarse con Husayn, el secretario general de la Organización, Kofi Annan,
logró un acuerdo que evitó el inminente ataque estadounidense (dispuesto bajo
el nombre de Operación Trueno del Desierto).
África
La primera operación importante de
la ONU en África comenzó en 1960, en la República Democrática del Congo, poco
después de que ésta lograra su independencia de Bélgica. Un motín de las tropas
congoleñas dio origen a una alteración del orden público, a lo que Bélgica
respondió enviando de inmediato fuerzas militares a la zona. Al mismo tiempo,
la provincia de Katanga (la actual Shaba), liderada por Moïse Kapenda Tshombé,
declaró su independencia. El presidente congoleño Joseph Kasavubu y su primer
ministro Patrice Lumumba solicitaron ayuda a la ONU. Con la autorización del
Consejo de Seguridad, el secretario general organizó un programa económico y
una fuerza internacional de paz que, en su momento culminante, contó con más de
20.000 soldados. El 21 de febrero de 1961, el Consejo de Seguridad autorizó a
las tropas de la ONU a utilizar la fuerza.
La misión de la ONU era complicada:
ayudar a mantener el orden sin dar la impresión de estar a favor de alguna de
las partes en conflicto y ejercer con todo cuidado la autoridad militar con
fines defensivos sin lanzar programas ofensivos. Sin lugar a dudas, la ONU
ayudó al Congo a resurgir como país unido. En 1961, sin embargo, se produjo una
terrible pérdida, cuando el secretario general Hammarskjöld murió en un
accidente de aviación mientras intentaba obtener un alto el fuego entre el
gobierno central y Katanga.
Las fuerzas de paz de la ONU
destinadas en el Sahara Occidental, Suráfrica, Angola y Mozambique estaban constituidas
principalmente por observadores. La misión en Somalia, iniciada a finales de
1992, resultó mucho más compleja. Tras la derrota del líder somalí Muhammad
Siad Barre, que ostentaba el poder desde hacía mucho tiempo, a manos de los
rebeldes en 1991, la nación se sumió en un absoluto caos. Para las agencias
internacionales encargadas de paliar la hambruna resultaba cada vez más difícil
realizar su trabajo, con lo que el peligro de que grandes masas de la población
murieran de hambre era inminente. En abril de 1992, el Consejo de Seguridad
votó a favor de realizar una operación en Somalia, pero cuando 500 soldados
llegaron en septiembre no pudieron hacer nada. El 3 de diciembre, el Consejo
votó que se aceptara una oferta de Estados Unidos para enviar un gran
contingente militar que salvaguardara las operaciones humanitarias. En el plazo
de un mes, el número de soldados había ascendido en torno a los 15.000 y los
alimentos procedentes de la ayuda humanitaria habían empezado a llegar a la
mayor parte de la población. La ONU relevó a Estados Unidos en esta misión en
mayo de 1993, pero en junio 23 soldados paquistaníes murieron en una emboscada
organizada por los rebeldes somalíes, a cuya cabeza se encontraba al parecer
Muhammad Farrah Aidid, el líder de un clan. Los Estados Unidos mandaron
refuerzos con el fin de capturar a Aidid y apaciguar a sus seguidores. Tras
varias misiones fallidas, los Estados Unidos y la ONU volvieron a hacer
hincapié en la necesidad de alcanzar una solución política.
Chipre
La Fuerza de Naciones Unidas
encargada del Mantenimiento de la Paz en Chipre (en inglés, United Nations
Force in Cyprus for Peace-keaping, UNFICYP) fue enviada a aquel país en mayo de
1964 para servir de fuerza disuasoria ante los enfrentamientos que se venían
produciendo entre las comunidades griega y turca. Chipre obtuvo la
independencia de Gran Bretaña en 1960, con una Constitución que intentaba
equilibrar los derechos e intereses de los dos grupos étnicos que componían la
población, siendo la comunidad griega mayoritaria sin discusión. A finales de
1963, después de tres años de paz relativa, estalló la violencia entre ambas
comunidades. El 4 de marzo de 1964, el Consejo de Seguridad recomendó la
mediación de la ONU y autorizó la formación de una fuerza de paz. A finales de
ese mismo año, el número de soldados ascendió casi a los 7.000, aunque esta
cantidad se ha ido reduciendo de forma progresiva, hasta alcanzar unos 2.100 en
los últimos años de la década de 1980.
El periodo más difícil se inició en
1974, cuando Turquía intervino para apoyar a los turcochipriotas después de que
un cambio de gobierno amenazara con romper el equilibrio constitucional a favor
de aquellos grecochipriotas que deseaban la unión con Grecia. A mediados de
agosto, se alcanzó un alto el fuego, al que sucedió al año siguiente el
traslado, con la ayuda de la UNFICYP, de más de 8.000 turcochipriotas al norte
de la isla, que se hallaba bajo control turco. Desde entonces la UNFICYP ha
patrullado una franja que separa el sector norte del sector griego, al sur.
Mientras tanto, el secretario
general ha participado sin interrupción en conversaciones destinadas a negociar
un acuerdo entre los chipriotas griegos y turcos. En los últimos años estas
negociaciones se han centrado en las directrices necesarias para establecer un
Estado bizonal y garantizar la seguridad de la comunidad turcochipriota. A
finales de 1983, cuando las conversaciones se encontraban aún en un punto
muerto, la región del norte —ocupada por fuerzas turcas— declaró su independencia,
autodenominándose República Turca del Norte de Chipre. La ONU se negó a
reconocer al nuevo Estado turcochipriota y el personal de la UNFICYP continuó
sirviendo de barrera entre ambas zonas.
La descolonización
El envío de fuerzas de paz a
regiones en conflicto ha sido sólo una de las aportaciones de la ONU al proceso
de descolonización. El sistema de fideicomiso de la ONU, basado en los
principios de los mandatos de la Sociedad de Naciones, se veía limitado a las
antiguas colonias de estados ex-enemigos y a antiguos territorios de la
Sociedad que no habían alcanzado la autonomía. Una primera propuesta de colocar
todos los territorios coloniales bajo la tutela de la ONU se encontró con la
oposición de las potencias coloniales. No obstante, se logró un compromiso
trascendental en la lucha por la autonomía que quedó recogido en el artículo 73
de la Carta, artículo que constituía una declaración relativa a los territorios
no autónomos, y que era de ámbito universal, es decir, aplicable a todos los
territorios coloniales.
El artículo 73 era sólo una
declaración de intenciones de largo alcance, pero permitía a la Asamblea
General, de base más amplia, antes que al Consejo de Tutela, más limitado,
convertirse en el foro central de los temas coloniales. La declaración pidió a
los regímenes coloniales que entregaran informes que recogieran las condiciones
socioeconómicas de sus territorios. Ya en 1946, la Asamblea estableció un
comité para estudiar dichos informes, que pasó a convertirse en un Comité para
la Información de los Territorios No Autónomos, de carácter permanente. Este
Comité sirvió cada vez más como instrumento de responsabilidad mundial, a la
vez que presionó a las potencias coloniales para que aceleraran la concesión de
la independencia.
Con la adhesión a la ONU, en 1960,
de estados recientemente independientes, una extensa mayoría de la Asamblea
votó a favor de ampliar los objetivos del artículo 73 mediante una nueva
declaración sobre la concesión de independencia a los países y pueblos
coloniales. La declaración de 1960 sostiene que el colonialismo “constituye una
negación de los derechos humanos fundamentales” y que la “falta de preparación
política, económica, social o educativa no debería nunca servir de pretexto
para retrasar la independencia”.
Con o sin la ONU, los antiguos
imperios coloniales estaban abocados a su desintegración (el proceso ya había
comenzado a finales de la II Guerra Mundial). La ONU, sin
embargo, proporcionaba una estructura organizada en la que se podía activar la
oposición al colonialismo y en la que las nuevas naciones surgidas de éste
podían movilizarse en pos de una causa común. La ONU proporcionaba también un
foro donde tratar cuestiones coloniales. El sistema de fideicomiso, e incluso
el artículo 73 original, se basaba en la idea de que la autonomía era un
objetivo limitado y de largo alcance. Gracias a la Asamblea General, dominada
ahora por una mayoría de estados colonizados con antelación, se ha identificado
la independencia con un deseo inmediato de todos los pueblos y se ha organizado
el apoyo internacional a la lucha por la autodeterminación.
Los problemas originados por la
descolonización en el sur de África cuentan en la ONU con una historia de
polémicas muy larga, entre las que cabe mencionar varias cuestiones, como la de
los antiguos territorios que se hallaban bajo administración portuguesa, los
esfuerzos de la mayoría blanca por mantener el control de Rhodesia del Sur (la
actual Zimbabwe), el conflicto con Suráfrica a causa del antiguo mandato de
África del Suroeste (actualmente Namibia), y la política del apartheid
(segregación racial) desarrollada por el gobierno surafricano desde 1948 hasta
1991.
Los territorios
portugueses
Desde que entró en la ONU en 1955,
Portugal se negó a cumplir el artículo 73 y a entregar información sobre sus
territorios, aduciendo que sus “provincias de ultramar” eran como cualquier
otra parte del país y que, por lo tanto, no estaban sujetas a una regulación
internacional. Un comité especial, constituido en 1960, llegó a la conclusión de
que la relación de Portugal con sus territorios era de naturaleza colonial y
recalcaba el derecho que tenían los pueblos de los territorios a su
autodeterminación. Durante la década de 1960, tanto el Consejo de Seguridad
como la Asamblea General condenaron a Portugal por los actos represivos
llevados a cabo contra los grupos de liberación que habían surgido en todos los
territorios coloniales. La postura política portuguesa no cambió hasta después
de producirse una revolución en el propio Portugal. En agosto de 1974, el nuevo
gobierno portugués inició un proceso que, antes de finalizar 1975, condujo a la
independencia de sus territorios coloniales: Guinea-Bissau (10 de septiembre de
1974), Mozambique (25 de junio de 1975), Cabo Verde (5 de julio de 1975), Santo
Tomé y Príncipe (12 de julio de 1975) y Angola (11 de noviembre de 1975).
Rhodesia del Sur
En 1965, el gobierno de la minoría
blanca de Rhodesia del Sur, que ya gozaba de una autonomía limitada, proclamó
una “declaración unilateral de independencia” de Gran Bretaña. Los británicos
habían resistido hasta entonces las presiones que se les habían hecho para
conceder la independencia, poniendo como condición para ésta el establecimiento
de un gobierno pluralista. El gobierno de la minoría blanca recibió la condena
inmediata de la Asamblea General. En una serie de resoluciones posteriores, el
Consejo de Seguridad ordenó, tras ser aprobado por votación, sanciones
económicas obligatorias destinadas a aislar el comercio y las comunicaciones de
Rhodesia del Sur. La Asamblea expresaba asimismo su apoyo a los grupos de
liberación organizados contra el régimen minoritario y hacía un llamamiento a
las agencias de la ONU para que les proporcionaran ayuda material. El régimen
minoritario, apoyado en particular por Suráfrica, pudo hacer frente a las
presiones, tanto internas como externas, hasta 1980. Fue entonces cuando, tras
una larga lucha y un periodo de compleja transición política, se estableció un
nuevo gobierno, de mayoría negra. El 17 de abril de 1980, Rhodesia del Sur se
convirtió en nación independiente con el nombre de República de Zimbabwe.
Namibia (África
del Suroeste)
El proceso de descolonización de
Namibia, en otro tiempo conocida por África del Suroeste, no finalizó hasta
1990. Colonia alemana en un principio, África del Suroeste fue puesta bajo el
mandato de la Unión (hoy República) de Suráfrica tras la I Guerra Mundial. Después del fin de la II Guerra Mundial, Suráfrica prefirió mantener el statu quo
antes que administrar el territorio por el sistema de fideicomiso, y se negó a
que la ONU vigilara su administración.
En 1950, el Tribunal Internacional
de Justicia determinó que Suráfrica tenía la obligación de entregar informes a
la ONU y, en 1962, declaró ilegal la aplicación en Namibia de la política del apartheid.
En 1971, el Tribunal dictaminó que la presencia continuada de Suráfrica en el
territorio era ilegal porque una resolución de 1966 de la Asamblea General
había dado por terminado su mandato, entregando la administración del
territorio al Consejo de las Naciones Unidas para África del Suroeste (más
tarde llamado Consejo para Namibia) al año siguiente.
Durante las postrimerías de la
década de 1970 y en la de 1980, las negociaciones con Suráfrica se basaron en
la resolución 385 del Consejo de Seguridad, que pedía elecciones en el
territorio bajo supervisión de la ONU. En las negociaciones que se llevaron a
cabo para preparar las elecciones, tomaron parte un grupo de cinco naciones
occidentales, en colaboración con gobiernos africanos representativos, el
secretario general y el representante de Namibia ante la ONU. Dichas
negociaciones se vieron enturbiadas por los enfrentamientos producidos entre el
gobierno surafricano y los grupos de liberación, y por la falta de acuerdo
alcanzado en lo relativo al papel que había de jugar la Organización del Pueblo
de África del Suroeste (en inglés, South West Africa People’s Organization,
SWAPO), un grupo nacionalista negro africano. En diciembre de 1988, Suráfrica
accedió de modo oficial a permitir que Namibia fuera independiente, en un
compromiso que incluía asimismo la retirada de las tropas cubanas de Angola. En
noviembre de 1989, bajo supervisión de la ONU, se celebraron elecciones libres
para elegir una asamblea constituyente. El 21 de marzo de 1990, Namibia alcanzó
su independencia.
El apartheid
surafricano
El fin del Imperio portugués y la
aparición de Zimbabwe forzaron a Suráfrica a resolver la cuestión de Namibia.
Las condiciones del acuerdo, sin embargo, estaban relacionadas con la
determinación del país surafricano a mantener dentro de sus propias fronteras
su política discriminatoria de apartheid a pesar de la condena de la
comunidad mundial y de la fuerte oposición de los estados negros africanos que,
en su mayoría, habían obtenido su independencia a partir de 1960. El problema
del apartheid
había formado parte de la agenda de la ONU desde el momento en que el gobierno
surafricano lo propagara como política oficial en 1948. Fue condenado de una
forma reiterada como crimen contra la humanidad a pesar del argumento
surafricano de que era un asunto de incumbencia nacional, y, por lo tanto, no
entraba dentro de la jurisdicción de Naciones Unidas.
Aunque Suráfrica siguió siendo
miembro de la ONU, a partir de 1970 no se aceptaron las credenciales de sus
delegaciones, impidiéndole así su participación en la Asamblea General. La
Asamblea recomendó igualmente que se excluyera a Suráfrica de todas las
organizaciones y conferencias internacionales. Estos esfuerzos por condenar a
dicha nación al ostracismo para provocar los cambios deseados, fueron
concentrados en el Comité Especial de Naciones Unidas contra el Apartheid,
que era el que coordinaba a escala mundial los esfuerzos dirigidos contra esta
política discriminatoria. En 1977, el Consejo de Seguridad estableció un
embargo de armas obligatorio a Suráfrica, al pedir más tarde a la Asamblea
general mayores sanciones económicas.
El ataque al apartheid era un tema
central y unificador para los estados negros africanos, el mayor grupo regional
de la ONU en lo que a votos se refería. La ONU proporcionó una tribuna mundial
para ejercer presión no sólo sobre el propio país surafricano, sino también
sobre aquellas naciones que seguían manteniendo relaciones diplomáticas y
económicas con Suráfrica. A finales de 1991, ya se había abolido la base legal
del apartheid,
pero la población negra carecía aún de derechos políticos, incluido el derecho
al voto. En 1993, blancos y negros se reunieron en varias ocasiones para
negociar una nueva Constitución, y en octubre la ONU decidió por votación
levantar todas las sanciones. Suráfrica celebró sus primeras elecciones
democráticas, en las que pudieron votar los negros, en abril de 1994. El líder
del Congreso Nacional Africano, Nelson Mandela, fue elegido como primer
presidente negro del país.
Las Naciones Unidas, el comercio y el desarrollo
La ONU ha participado muchas veces
en la primeras —y difíciles— etapas de la independencia política, en la que la
mayoría de las nuevas naciones ha pedido ayuda socioeconómica a gran escala.
Las actividades económicas y sociales constituyen en la actualidad la mayor
parte del trabajo de la ONU. Más del 85% del presupuesto y del personal se
dedican a actividades encuadradas en tres categorías. En primer lugar, el
ECOSOC sirve de foro para las amplias conversaciones sobre los problemas
económicos y sociales, para la coordinación de los programas de la ONU y de las
agencias especializadas. En segundo lugar, como apoyo a ECOSOC y a la Asamblea
General, se proporcionan servicios de información e investigación, que corren a
cargo de un personal especializado y de grupos especiales de estudio, entre los
que se incluyen órganos permanentes de ECOSOC, como son las comisiones de
estadística, de población y de derechos humanos. En tercer lugar, la ONU es la
responsable de gestionar programas como el PNUD y la UNICEF y de órganos
subsidiarios como el UNCTAD, creados para desempeñar responsabilidades
específicas aprobadas por la Asamblea General.
También se deben considerar las
actividades económicas como parte de todo el sistema de Naciones Unidas,
incluidos los órganos subsidiarios, los comités y las agencias especializadas.
A su vez, las agencias especializadas pueden ser divididas en dos grupos. Las
instituciones financieras —el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco
Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD, parte del grupo del
Banco Mundial)— tienen la obligación de conceder préstamos a los estados
miembros. El FMI permite a los miembros de la ONU apoyar el valor de sus
monedas cubriendo déficit temporales en sus balanzas de pago. El Banco Mundial
ayuda a financiar proyectos de desarrollo de largo alcance. Las agencias
funcionales —como la UNESCO, la OMS y la FAO— son responsables de la
cooperación internacional y de la ayuda técnica dentro de sus campos de
competencia.
Financiación y
desarrollo
El primer programa de desarrollo de
las Naciones Unidas fue un programa de asistencia técnica, financiado con
grandes limitaciones, establecido en 1949. En 1952, sobre todo por iniciativa
de estados miembros asiáticos y de Oriente Próximo, un comité de la ONU propuso
un Fondo Especial de las Naciones Unidas para el Desarrollo Económico (SUNFED)
que proporcionara subvenciones y préstamos a bajo interés para suplir los
préstamos condicionados, a un alto interés, accesibles gracias al Banco
Mundial. La propuesta del SUNFED fue rechazada por los países industrializados,
cuyas aportaciones financieras eran esenciales para el éxito de este fondo
especial. Sin embargo, en respuesta a las necesidades económicas cada vez
mayores de los países en vías de desarrollo, se estableció en 1960 la
Asociación Internacional de Desarrollo (AID) como filial del Banco Mundial,
para proporcionar empréstitos a largo plazo y a bajo interés.
Los países industrializados preferían
proporcionar ayuda financiera a través del mecanismo del Banco Mundial debido a
la diferencia existente en el procedimiento de voto entre la ONU y las
instituciones financieras. La ONU se rige por el principio de una nación, un
voto, mientras que en las instituciones financieras el voto es valorado en
función de las aportaciones monetarias. A medida que países de Asia y África
han ido obteniendo su independencia política, las naciones en vías de
desarrollo han podido ir ejerciendo cada vez más el control por mayoría en la
ONU, de forma reiterada en la Asamblea General. En las instituciones
financieras, sin embargo, los países industrializados, en su calidad de
principales contribuyentes, conservan la mayoría en lo que al voto se refiere.
De esta forma, los países del Tercer Mundo han intentado trasladar una mayor
autoridad, en lo relativo a la financiación en asuntos de desarrollo, del Banco
Mundial y el FMI, a la ONU, paso al que se han opuesto las principales
potencias. Éste es uno de los grandes puntos de discordia que existen entre
ambos grupos.
En 1959, se creó un Fondo Especial
a modo de versión limitada de la propuesta del SUNFED. Este Fondo Especial se
veía restringido a conceder ayudas para la preinversión muy ajustadas que se
utilizarían al principio de proyectos más amplios, que podrían en adelante
acceder a una financiación más cuantiosa por parte del Banco Mundial, la AID u
otras entidades. En 1966, el Fondo Especial y el primer programa de asistencia
técnica se fusionaron creando el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD). A mediados de la década de 1980, el PNUD estaba realizando más de 5.000
proyectos financiados a través de aportaciones voluntarias de estados miembros.
El PNUD constituye un ejemplo
representativo de lo que es una agencia que desarrolla funciones operativas, de
financiación y de coordinación. Opera bajo un consejo de gobierno compuesto por
48 estados miembros (21 industrializados y 27 en vías de desarrollo) que se
reúne dos veces al año para aprobar nuevos proyectos. Los proyectos del PNUD
forman parte de “programas de países”, de una duración de 3 a 5 años, que son
elaborados por países receptores y en relación directa con sus planes
nacionales de desarrollo. Dichos proyectos son ejecutados por otros departamentos
de la ONU o por las agencias especializadas. Los proyectos educativos, por
ejemplo, serán ejecutados más tarde por la UNESCO, en tanto que los sanitarios
serán incumbencia de la OMS.
Desde la década de 1960, la
Asamblea General ha intentado orientar con eficacia los programas de desarrollo
estableciendo metas y procedimientos en una serie de programas llamados décadas
de desarrollo para las décadas de 1960, 1970 y 1980. Para cada decenio, la
Asamblea General aprobaba una resolución concebida con la necesaria amplitud y
que servía como conjunto de directrices aplicables en este plazo de tiempo. Uno
de los fines principales de tales resoluciones ha sido incrementar, por todas
las vías apropiadas, la cantidad de fondos destinados al desarrollo.
Conferencia de las
Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo
Los programas para el desarrollo de
la ONU forman parte de una red mucho más amplia de ayuda que incluye asimismo
programas organizados a escala regional y nacional. Al mismo tiempo, los países
en vías de desarrollo deben aportar aún la mayor parte del capital necesario
para su crecimiento económico, ya sea a través de la aplicación de una política
de ahorro o de beneficios conseguidos gracias a acuerdos con naciones
extranjeras. En consecuencia, la ayuda al desarrollo ha dependido cada vez más
de las condiciones generales de la economía mundial, sobre todo aquellos
factores que determinan que los países en vías de desarrollo participen en el
comercio mundial y consigan capital extranjero gracias a la exportación de
materias primas y productos manufacturados.
La relación existente entre la
ayuda al desarrollo y el comercio fue resaltada de una forma especial en el
trabajo realizado en la década de 1950 por la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPALC). A principios de la década de 1960, esta conexión
era aceptada por la mayoría de los países del Tercer Mundo que, en 1964,
tomaron la iniciativa en la Asamblea General de establecer la UNCTAD. Poco
antes de la primera sesión de la UNCTAD, 77 naciones en vías de desarrollo
elaboraron una declaración de principios, que afirmaba que “el comercio
internacional podía convertirse en un elemento más poderoso de avance económico
no sólo por la expansión de las exportaciones tradicionales de los países en
vías de desarrollo, sino también por el crecimiento de los mercados, lo que
contribuiría a una participación en las exportaciones mundiales, con mejores
condiciones para el comercio”.
La UNCTAD es un órgano subsidiario
de la Asamblea General, y su objetivo es promover el comercio internacional,
con el marcado propósito de acelerar la evolución económica en los países de
Asia, África y Latinoamérica. Todos los miembros de la ONU pertenecen a la
UNCTAD, que se reúne una vez cada cuatro años en una conferencia general.
Además de su personal, el grupo permanente incluye un comité de comercio y
desarrollo compuesto por miembros que representan de forma proporcional cuatro
núcleos de estados: el grupo afroasiático, los estados industrializados con
economía de mercado, los países latinoamericanos y las repúblicas de Europa del
Este y de la extinta URSS.
En las negociaciones que se
desarrollaban en el seno de la UNCTAD o en la Asamblea General, los países
afroasiáticos y latinoamericanos constituían por su propia historia y tradición
el ‘Sur’, frente a la postura adoptada por los países industrializados en
función de políticas basadas en la economía de mercado, que conformaban el
‘Norte’. En este diálogo ‘Norte-Sur’, fundamentado sobre relaciones económicas
mundiales, la URSS y sus aliados participaban sólo de modo marginal.
Consecuente con la ideología comunista, la URSS solía aducir que el estado de
la economía mundial constituía el fruto de las clásicas condiciones
imperialistas, con lo que era responsabilidad de las potencias occidentales
compensar a sus antiguas colonias por la explotación a la que se las había
sometido. Los términos y protagonistas de este debate han cambiado con el
hundimiento del bloque soviético y con el acelerado avance económico de algunas
zonas del Sur.
Desde 1964, las actividades de la
UNCTAD se han centrado de modo intensivo en reformas de la economía mundial que
mejoraran la posición de los países del Tercer Mundo. La primera es el Programa
Integrado para las Mercancías (PIM), que conlleva la negociación de acuerdos
para garantizar la estabilidad de los precios de las materias primas exportadas
por países subdesarrollados. Los descensos repentinos en los precios mundiales
del estaño, cobre o café, por ejemplo, pueden reducir de forma drástica los
ingresos de países para los que éstas son las únicas materias exportables.
Relacionada con el PIM, es la
reforma consistente en el establecimiento de un Fondo Común utilizado para
financiar reservas de estas materias, de modo que el suministro mundial pueda
así ser regulado para evitar fluctuaciones en los precios. La UNCTAD aboga
también por una disminución de las medidas proteccionistas aplicadas a las
exportaciones de productos manufacturados procedentes de países en vías de
desarrollo. Las principales naciones en materia de comercio a escala mundial
han reducido con regularidad sus aranceles con el paso de los años a través de
acuerdos elaborados bajo los auspicios del Acuerdo General sobre Aranceles y
Comercio (GATT) y de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Estos
mecanismos, sin embargo, operan sobre la base de reducciones recíprocas de
aranceles, lo que sitúa en una posición de desventaja a las naciones del Tercer
Mundo, que sólo se encuentran en una primera fase de industrialización.
Aunque la postura de las
principales potencias en lo que respecta a las propuestas de la UNCTAD ha
pasado con los años del completo rechazo a una reacia tolerancia, la aplicación
real de estas medidas se ha visto frenada a la postre. Los acuerdos realizados
sobre materias primas individuales no han asegurado la estabilidad de los
precios, el Fondo Común no ha recibido financiación y los gobiernos de muchas
naciones industrializadas han sido cada vez más reticentes a la hora de
permitir importaciones con un trato preferencial que puedan competir con los
productos de sus propias industrias. Como respuesta a todo esto, los países
subdesarrollados han lanzado un ataque más fuerte y de mayor contenido político
a la estructura de la economía mundial pidiendo un nuevo orden económico
internacional.
El nuevo orden
económico internacional
Los elementos de un nuevo orden
quedaron plasmados en resoluciones aprobadas en el transcurso de dos sesiones
especiales de la Asamblea General que tuvieron lugar en 1974 y 1975. Estas
resoluciones estuvieron precedidas, sin embargo, por dos importantes cambios de
las condiciones económicas.
El primero consistió en un
deterioro general de la economía mundial que se inició a finales de la década
de 1960 y continuó hasta bien entrada la de 1970. Desde el fin de la II Guerra Mundial hasta la mitad de la década de 1960,
se había producido en la economía mundial un periodo de crecimiento histórico,
en particular en las economías de mercado occidentales y en Japón, sometidos al
liderazgo de los Estados Unidos. El ritmo de crecimiento empezó a disminuir a
finales de la década de 1960, cuando Estados Unidos sufrió una serie de déficit
en su balanza de pagos, lo que debilitó en un grado considerable tanto su
propia economía como la de sus socios comerciales, además de su capacidad para
dominar la economía mundial. Esta recesión también afectó a los países
subdesarrollados, que dependían de las naciones occidentales no sólo para la
ayuda al desarrollo, sino también en su calidad de mercados para las
exportaciones y de fuentes de productos acabados, sobre todo en lo relacionado
con artículos de tecnología avanzada.
Un segundo cambio comenzó en 1973
con la drástica subida de los precios del petróleo iniciada por los miembros de
la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Creada en un
principio en 1960, la OPEP concentra a los principales productores mundiales de
petróleo, un grupo de países subdesarrollados del Próximo Oriente, África y
Sudamérica que controlaban un recurso crítico para las economías muy
industrializadas. La dependencia de éstas de este recurso vital se vio
amenazada de forma dramática por el alza de precios en el momento en que la
estructura de las relaciones económicas entre las naciones industrializadas
estaba cambiando. El éxito de la OPEP proporcionó a las naciones en vías de
desarrollo el incentivo necesario para exigir una reestructuración de las
relaciones económicas, en las que estos países pudieran ejercer una mayor
influencia sobre las reglas que gobiernan el comercio internacional.
El Nuevo Orden Económico
Internacional (NOEI) quedó plasmado en cuatro resoluciones de la Asamblea
General que, tomadas en su conjunto, recogen el propósito histórico de
incrementar el nivel de la ayuda financiera con el programa de la UNCTAD,
estabilizar los precios de las materias primas y abrir nuevos mercados para los
países en vías de desarrollo. Los otros fines del NOEI para las naciones
tercermundistas incluyen una búsqueda más intensa de la autosuficiencia, un
papel más activo en el FMI y en el Banco Mundial, una mayor participación en el
comercio internacional y un mayor grado de industrialización, la protección de
sus recursos a través de códigos que gobiernen la conducta de las
multinacionales y un paso gradual del modelo de intercambios a otro que refleje
de forma más completa la interdependencia de las naciones.
El NOEI representa un conjunto de
aspiraciones de largo alcance del llamado Tercer Mundo, que supone un desafío
para los intereses más establecidos de las naciones industrializadas. En 1980,
la Asamblea General aprobó por votación convocar otra sesión especial para
comprobar el progreso que se iba realizando hacia el NOEI y preparar una nueva
serie de negociaciones globales en temas económicos. Tras casi un año de conversaciones
preliminares, la Asamblea no se puso de acuerdo para determinar una agenda y
los procedimientos de una conferencia global, con lo que la sesión especial
concluyó sin resultados concretos. Siguen existiendo diferencias importantes en
lo que a temas de procedimiento se refiere, incluida la significación de la
ONU, en vez del FMI y el Banco Mundial, como foro principal de negociaciones en
asuntos financieros. La relevancia de todo el programa del NOEI también está
sujeta en la actualidad a revisión, debido a muchas naciones subdesarrolladas
del Arco del Pacífico y de Latinoamérica que están experimentando un rápido
desarrollo en la década de 1990 y al cambio general que se ha producido en la
mentalidad económica, que ha pasado a favorecer el libre mercado como
fundamental motor del desarrollo.
El papel de las Naciones Unidas
En la actualidad, las Naciones
Unidas son a la vez más y menos de lo que los fundadores habían anticipado. Son
menos, porque, desde el fin de la II Guerra Mundial hasta el final de la década de 1980,
la rivalidad existente entre Estados Unidos y la URSS dejó al descubierto la
débil unanimidad de las grandes potencias en temas de paz y seguridad. Son más,
porque la rápida desintegración de los imperios coloniales, producida desde la
década de 1940 hasta la de 1970, creó un vacío en la estructura de las
relaciones internacionales que la ONU, en muchas áreas, pudo y supo ocupar.
Incluso durante el periodo de
rivalidad entre las superpotencias, la ONU ayudó a mitigar las tensiones entre
el Este y el Oeste. Gracias a sus misiones de paz, por ejemplo, fue capaz de
mantener ciertas áreas de tensión fuera del dominio de las grandes potencias.
La ONU estableció también varios comités sobre desarme y participó en la
negociación de tratados con el fin de prohibir las armas nucleares en el
espacio exterior y el desarrollo de las armas químicas. La Agencia
Internacional de la Energía Atómica (AIEA) ha contribuido a controlar la
proliferación de armas nucleares inspeccionando instalaciones nucleares para
comprobar su uso. No obstante, se han alcanzado medidas importantes en el tema
del control de armas gracias a las negociaciones directas desarrolladas entre
las superpotencias. Entre estas medidas se incluyen el Tratado de Prohibición
Parcial de Pruebas (1963), el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares
(1968), las negociaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas (SALT) de 1972
y 1979, y los tratados de Reducción de Armas Estratégicas (START) de 1991 y
1993.
Además del envío de fuerzas de paz,
la ONU ha tenido un papel más relevante en el tránsito de numerosos países
hacia la autodeterminación en algunas áreas conflictivas. Ha sido una tribuna
importante en la que estados de independencia tardía han comenzado a tomar
parte en las relaciones internacionales, proporcionándoles así la oportunidad
de representar sus intereses fuera de su propio entorno, de adherirse a grupos
de naciones con intereses parecidos y de escapar de los forzados compromisos de
sus antiguos vínculos coloniales. Un problema con el que se enfrenta la ONU en
la década de 1990 es la impresión que existe en algunos países occidentales de
que se ha convertido en un instrumento de los países subdesarrollados y que,
por lo tanto, ya no constituye un foro viable para llevar a cabo negociaciones
satisfactorias para naciones más avanzadas en el plano económico.
Muchos problemas globales han sido
considerados en una serie de conferencias especiales, celebradas con el
patrocinio de las Naciones Unidas, entre las que se encuentran la Conferencia
sobre el Entorno Humano (1972), la Conferencia sobre Población Mundial (1974),
la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer (1975), la Conferencia
sobre Asentamientos Humanos, o sobre el Hábitat (1976), la Conferencia sobre la
Desertización (1977), la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento (1982) y la
Cumbre Mundial para los Niños (1990). En 1992, más de 100 jefes de Estado y de
gobierno, la mayor reunión de dirigentes nacionales de la historia, se
reunieron en Río de Janeiro (Brasil) para celebrar la Conferencia sobre
Medioambiente y Desarrollo, llamada también Cumbre de la Tierra.
La caída del comunismo, que tuvo
lugar en Europa del Este y la URSS entre 1989 y 1991, planteó nuevos desafíos y
oportunidades para la acción de la ONU. Por una parte, el fin de la rivalidad
entre Estados Unidos y la URSS permitía a la ONU asumir un papel más intenso en
la búsqueda de soluciones a los conflictos de Camboya, la antigua Yugoslavia,
el Sahara Occidental y el golfo Pérsico. Por otra parte, la guerra civil
yugoslava y los conflictos étnicos existentes dentro y entre las antiguas
repúblicas soviéticas eran sólo ejemplos de la amenaza que la desintegración
del que fuera bloque soviético podía representar para la paz y la estabilidad.
Cómo afrontar un papel mayor en el mantenimiento de la paz y cómo acomodar la
mayor influencia política y económica que habían adquirido Alemania y Japón
fueron asimismo desafíos a los que la ONU hubo de enfrentarse en la década de
1990. Después de más de 40 años de debates internacionales, en 1993 se aprobó
la creación de un nuevo puesto: el alto comisario para los Derechos Humanos.
Nombrado por el secretario general, el comisario es responsable de velar por el
respeto mundial a los derechos humanos fundamentales.
El futuro de la Organización pasa
por convertirse en el único y auténtico garante de la estabilidad mundial. En
este sentido, el Tratado Global de Prohibición de Pruebas Nucleares (aprobado
por la Asamblea General el 10 de septiembre de 1996), la II Cumbre de la Tierra
(celebrada en junio de 1997 en Nueva York, que acordó la futura creación de una
Organización Mundial del Medio Ambiente) y la Convención de Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático (celebrada en la ciudad japonesa de Kioto en
diciembre de 1997, en la que se delimitó un programa mínimo para la reducción de las emisiones de gases
de efecto invernadero por parte de los países desarrollados) pueden citarse
como sus más recientes actuaciones para fomentar la concordia internacional. Su
papel como mediadora en conflictos regionales alterna resultados notables
(vigilancia del proceso de paz en Bosnia-Herzegovina) con muestras de
determinada incapacidad. En este último aspecto, habría que señalar el relativo
fracaso de la Organización en la región africana de los Grandes Lagos, donde no
se pudo salvaguardar la seguridad de los refugiados en las sucesivas crisis de
Ruanda (1994) y Zaire (actual República Democrática del Congo, 1996-1997).
Las Naciones Unidas no
son un gobierno mundial, sino más bien un instrumento muy flexible mediante el
cual las naciones pueden cooperar para solucionar sus mutuos problemas. Que
cooperen y utilicen la ONU de forma creativa depende de cómo sus gobiernos y
sus pueblos entiendan las relaciones con los demás y de cómo imaginen su lugar
en el futuro de la humanidad.