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      La reforma.


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    Categoría: Apuntes y Monografías > Historia >

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                                                                  La Reforma

     

     

     

                    Como otros acontecimientos importantes de la historia, la Reforma tenía profundas raíces en el pasado. El pueblo inglés, en guerra con Francia, no estaba dispuesto a permitir que las recaudaciones de la Iglesia inglesa se enviaran a un Papa francés residente en Francia, porque inevitablemente ese dinero, gastado en Francia, contribuiría a la prosperidad del enemigo. Pero era una cuestión grave negar a los Papas el derecho a recibir tales contribuciones, establecidas desde tanto tiempo atrás.

                El creciente descontento por la situación de la Iglesia se vio intensificado por el hecho de que el gobierno papal era incapaz de mantener su jurisdicción sobre la organización eclesiástica fuera de Francia. Prelados de espíritu mundano descuidaban sus obligaciones y la disciplina de la Iglesia se tornó laxa. Con frecuencia, el comportamiento de obispos, sacerdotes y monjes provocaba escándalo y descontento. La conducta del clero proporcionó otra base más para el descontento contra la Iglesia como institución. Naturalmente, eso también era cierto en otros lugares aparte de Inglaterra.

     

     

     

     

    Factores que determinan

     

     

     

     

     

     

    La Reforma.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Angustia del hombre de

     

     

     

     

    Desprestigio del sacerdo-

    fines de la Edad Media.

     

     

     

     

    cio.

     

     

     

     

    Las indulgencias.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Temor a la muerte súbita.

     

     

     

     

    Negación de los sacramen-

    Miedo al tormento eterno.

     

     

     

     

    tos y de la jerarquía ecle-

     

     

     

    El hombre cree que puede

     

    siástica: Wicliffe y Huss.

     

     

     

    "comprar" la salvación.

     

     

     

    Sentimientos individuales

     

     

     

     

    Pasión por la palabra escri-

    de culpabilidad.

     

     

     

     

    ta.

     

     

     

     

    Profunda necesidad de fe.

     

     

     

     

                Durante la Edad Media, el miedo al castigo que merecían los pecados y el temor de perder la salvación eterna, inquietaron a los hombres. La Iglesia concedía indulgencias, es decir, perdones, a todos los que realizasen obras de caridad, peregrinajes u oraciones o emprendiesen una cruzada. Pero sostuvo siempre que la indulgencia no tenía validez por sí sola; debía estar acompañada por la plegaria y la frecuencia de los sacramentos: confesión y comunión.

                A pesar de ello, hacia fines del medievo, la angustia espiritual se acentuó. La Iglesia comenzó a aceptar limosnas a cambio de las indulgencias; pero no las señaló como condición única y necesaria para conseguirlas. Sin embargo, en su desesperación, el hombre creyó así, con demasiada facilidad, que podía "comprar" su salvación futura.

     

    Juan Wycliffe

                Permítasenos recordar que la Iglesia cristiana medieval era considerada como una institución indispensable, fundada por Jesús, para guiar a los fieles en cuestiones de fe y, a través de la administración de los siete sacramentos, los medios de la gracia, salvar a las almas de la condenación eterna. Los sacramentos eran un medio indispensable para la salvación y el clero los administraba con exclusividad. Cuando, en los siglos XII y XIII, los valdenses y los abligenses atacaron el compartimento de los corrompidos miembros del clero, se vieron obligados, por necesidad lógica, a negar el dominio exclusivo de los medios de salvación por parte de la Iglesia, para poder as
    descartar la dependencia de una sacerdote corrompido.

                Muchos reformadores posteriores llegaron, impulsados por la misma lógica, a idénticas conclusiones. Durante la guerra de los cien años, Juan Wycliffe (1320-1384), erudito de Oxford y patriota inglés, denunció los males de la Iglesia. Insistía en que la Iglesia debía renunciar a toda autoridad temporal y afirmaba que los ingleses no estaban obligados a pagar impuestos al papado. Declaró que el individuo no dependía, para su salvación, de la jerarquía eclesiástica, sino directamente de Dios. Esto lo llevó a la conclusión de que la Biblia era la verdadera guía hacia la fe, y la única esencial. De conformidad con tales creencias, tradujo la Biblia al inglés para que el pueblo pudiera leerla. Organizó predicadores, conocidos como lolardos, para que adoctrinaran a las clases pobres. Negó muchas doctrinas católicas, entre ellas la de la transubstanciación, que es la creencia en que, en el sacramento de la Eucaristía, el pan y el vino se transforman realmente en la sustancia del cuerpo y la sangre de Jesús.
     

    Juan Huss

    En Bohemia ocurrió una reacción religioso- patriótica similar. Hus había estudiado los escritos de Wycliffe y adoptó la mayor parte de sus concepciones religiosas.

                En tiempos de Hus, los checos alcanzaron una fuerte conciencia nacional. Les molestaba la dominación alemana y era inevitable que el resentimiento se volcara hacia los obispos- príncipes alemanes, que gobernaban extensos fundos bajo el imperio. El gran Estado - Iglesia, gobernado desde Aviñón y Roma, aparecía cada vez más, a los ojos de los checos, como una institución extranjera.

                Hus favoreció la formación de  una Iglesia nacional checa, independiente de Roma. Cuando se ofrecieron indulgencias en Bohemia para recaudar dinero para una cruzada contra Nápoles, algunos de los artesanos de Praga declararon que las indulgencias eran una mentira. Fueron condenados y ejecutados. Hus fue excomulgado y Praga quedó sometida a un interdicto. El rey obligó a Hus a retirarse de la Universidad; se mantuvo en el retiro hasta la convocatoria del Concilio de Constanza, dos años más tarde, en 1414.

                Hus y su compañero de jerarquía, Jerónimo de Praga, viajaron a Constanza para exponer sus argumentos ante el concilio. Fueron condenados y quemados en la hoguera.

                La ejecución de Hus y Jerónimo provocó una rebelión en Bohemia. Cuatrocientos cincuenta y dos nobles checos firmaron un petitorio en protesta contra la acción del concilio y se unieron para la mutua defensa. Las filas bohemias no tardaron en dividirse por obras de disputas sobre cuestiones de doctrina religiosa y siguió un período de guerra civil. Se pidió al emperador Segismundo que interviniera. La guerra de Bohemia continuó durante once años, desde 1420 a 1431. El más hábil de los jefes extremistas bohemios fue Juan Ziska, cuyos carretones guarnecidos de hierro, en el papel de los modernos tanques, hacían estragos entre los soldados alemanes. Debilitadas por la larga guerra, las facciones modernas más moderadas llegaron por último a un acuerdo de transacción.

                Durante el resto del siglo XV, las Alemanias permanecieron políticamente desunidas y débiles. Pero el comercio prosperaba, en particular en Alemania occidental, a lo largo del Rin. En este siglo, la famosa familia de banqueros de Augsburgo, los Fugger, extendió sus operaciones a las tierras bajas, el Tirol e Italia.  

     

    El abuso de las indulgencias

                    En 1513 ascendió al trono papal un miembro de la famosa familia de los Médicis de Florencia, que tomó el nombre de León X. León era un humanista, un estudioso de la antigua literatura latina y un mecenas del arte y las letras renacentistas. La construcción de la gran iglesia de San Pedro, en Roma, proyectada por Bramante y Miguel Ángel, fue una iniciativa que acogió con entusiasmo. Con objeto de impulsar esa obra, decretó indulgencias para los fieles que contribuyeran a la construcción de San Pedro, por cuyo intermedio quedarían liberados de las penas merecidas por sus pecados, a condición, por supuesto, de que obtuvieran el perdón de la manera acostumbrada, a través del sacramento de la penitencia.

                El arzobispo de Maguncia, Alberto, que pertenecía a la familia de los Hohenzollern, vio en esta campaña de indulgencias una oportunidad para resolver sus dificultades financieras. Algo antes, Alberto había acudido a los banqueros Fugger con una interesante proposición.

    Sólo había siete inspectores en el Sacro Imperio Romano y el arzobispo de Maguncia era uno de ellos. El emperador Maximiliano era viejo y había varios príncipes poderosos que codiciaban el título de emperador. Alberto razonó que, en tales circunstancias, se ofrecerían pródigos sobornos a los electores y, con esto en mente, procuró obtener la designación en el arzobispado vacante.

                Alberto detentaba ya dos beneficios eclesiásticos. Pero pensó que como el Papa tenía necesidad de fondos para la construcción de la Catedral de San Pedro, si él podía anticipar con un pago en efectivo las annatas o primicias de su nuevo beneficio, que tradicionalmente se pagaban en Roma, no tendría dificultad en obtener la designación. Pidió a los Fugger que le adelantaran la suma necesaria. La designación se efectuó de acuerdo con lo planeado.

                Pero la salud del emperador era mejor de lo que Alberto calculaba y el producto de su nuevo beneficio, menor. Los intereses de su deuda con los Fugger se acumulaban con más rapidez de lo que Alberto podía pagar. En consecuencia entrevistó a Fugger una vez más y propuso un adelanto similar a Roma, sobre el producto anticipado de la campaña de indulgencias, a condición de que Alberto estuviera a cargo de ella. Esperaba pagar sus deudas con lo recaudado de la campaña de indulgencias. Esto también se desarrolló de acuerdo con los designios de Alberto.

                Alberto empleó entonces a un predicador entusiasta e irresponsable, Juan Tetzel, para que viajara por Alemania y persuadiera a los fieles a fin de que se mostraran generosos en sus dádivas para el fondo de la indulgencia. El éxito de su propia oratoria parece haber extraviado a Tetzel. Comenzó a afirmar que el perdón era innecesario para quienes compraran indulgencias y que incluso era posible comprar el perdón de pecados no cometidos todavía. Tales afirmaciones asombraron a muchos de los alemanes más inteligentes. Lutero protestó ante el elector, Federico de Sajonia, y ante su superior eclesiástico en Alemania, que era, por supuesto, Alberto mismo. Cuando los fieles llegaban a confesarse, se negó a reconocer las indulgencias de Tetzel y, naturalmente, esto provocó conmoción.      

     

    Martín Lutero

    Nació en Eisleben el 10 de noviembre de 1483, descendiente de campesinos, hecho en el que siempre insistió. Su padre, Hans Lutero, trabajó en las minas de cobre de Mansfeld. Recibió una sólida educación en Mansfeld, Magdeburgo y Eisenach. En 1501, a los 17 años, ingresó en la universidad de Erfurt, donde se licenció en 1502 y se doctoró en 1505. Después quiso estudiar Derecho, como su padre deseaba, pero en el verano de 1505 abandonó de pronto sus estudios, vendió sus libros e ingresó en el monasterio de los agustinos de Erfurt, decisión que sorprendió a sus amigos y consternó a sus padres. Más tarde lo explicó recordando que por entonces tuvo varios encuentros con la muerte que le hicieron sentir la fugacidad de la vida. En el monasterio cumplió las reglas impuestas para el noviciado pero no encontró la paz de Dios que esperaba. En el otoño de 1506 profesó como monje y un año después se ordenó sacerdote.

    Con el propósito de estudiar teología para ocupar una cátedra en una de las muchas universidades alemanas regidas por los monjes, su amigo y consejero Johann von Saupitz, vicario general de los agustinos, le asignó en 1508 un curso introductorio de filosofía moral en la nueva universidad de Wittenberg (fundada en 1502). En 1509 se licenció en teología y volvió a Erfurt, donde impartió clases y estudió (1509-1511). En noviembre de 1510 visitó Roma en representación de siete monasterios agustinos y cumplió los deberes religiosos acostumbrados para un visitante piadoso, pero la mundanidad del clero romano lo indignó. Al poco tiempo de reanudar sus deberes en Erfurt, lo enviaron a Wittenberg para estudiar el doctorado de teología. En 1512 se doctoró y asumió la cátedra de teología bíblica que conservó hasta su muerte.

    Lutero fue un predicador, profesor y administrador muy activo. Sus estudios del Nuevo Testamento para preparar sus clases lo llevaron a creer que los cristianos se salvan no por sus propios esfuerzos o méritos sino por el don de la gracia de Dios, que ellos aceptan por la fe. Aunque los eruditos no se ponen de acuerdo en cuanto a la fecha exacta y el lugar de la experiencia, el acontecimiento, crucial en la vida de Lutero, lo hizo enfrentarse contra algunos de los principios fundamentales de la Iglesia católica.

     

    La doctrina luterana: la Nueva Iglesia de Sajonia.

                Entre 1526 y 1528, Lutero organizó la Nueva Iglesia de Sajonia que sirvió de modelo a las demás. Los principios básicos de su administración fueron los siguientes:

    . El príncipe, que goza del poder civil absoluto, gobierna a la Iglesia y nombra a los pastores. Estos pueden casarse.

    . La fe en Dios es la única fuente de salvación. Desaparecen el culto mariano y la veneración de los santos, así como sus imágenes. La cruz es el único símbolo admitido.

    . Se conservan dos sacramentos solamente: Bautismo y Eucaristía. Ésta se realiza bajo las dos especies, pan y vino. La confesión previa no es necesaria.

    . La misa luterana es el servicio religioso del domingo, rezado y explicado en alemán. En los días restantes, el culto se reduce a la instrucción, el sermón y el canto de los salmos.

    . Lutero niega la transubstanciación, es decir, el cambio de la substancia del pan y del vino en la del cuerpo y sangre de Cristo de la Eucaristía.

     

    Reforma luterana

                Muy influido por el occamismo, para el que entre Dios y los hombres existía un abismo insondable, y por el agustinismo, que minimizaba la libertad, Martín Lutero construyó, a principios del siglo XVI, un sólido edificio teológico, basado en lo que él consideraba la esencia del Evangelio y en contra de la tradición eclesiástica. Para el agustino alemán, partiendo de la premisa de que el Evangelium est promissio, había que anteponer la confianza al temor y la fe a las obras.

                Sus noventa y cinco tesis fijadas, en 1517, en la puerta de la iglesia de la Universidad de Wittenberg, de la que era profesor, iniciaron la ruptura doctrinal con Roma al atacar con acritud los abusos económicos cometidos en la predicación de las indulgencias. Los dos opúsculos publicados en 1520 - De la cautividad babilónica de la Iglesia, en el que afirmaba la supremacía de la fe, y De la libertad cristiana, en el que sostenía que la libertad interior del cristiano nace de una fe libremente hallada -, complementados cinco años después por El cautiverio de la voluntad, en el que formulaba su teoría de la predestinación según la cual Dios otorgaba o no su gracia a los hombres, independientemente de sus obras, delimitaron los puntos fundamentales de un novedoso     - herético, según Roma - sistema teológico, que haría reaccionar inmediatamente al papado, excomulgándole en aquel mismo año de 1520 por la bula Exsurge Domine, y al emperador, a la sazón Carlos V, condonándole a las penas reservadas a los herejes por la dieta de Worms de 1521.

                Tanto la excomunión papal como la condenación imperial, cada una de por sí con fuerza suficiente para hundir en el ostracismo más completo a cualquiera sobre el que recayeran tales fallos, se volvieron ineficaces por una imprevisible alianza  de conveniencias. En efecto, las atrevidas y profundas reformas de Lutero sirvieron de banderín de enganche a tres fuerzas sociales y políticas muy desiguales.

    Los amenazadores movimientos agrarios de 1525 consideraron las formulaciones luteranas como la más oportuna de las coberturas ideológicas de sus reivindicaciones sociales. Por su parte, la Ritterschaft alemana, desposeída de sus antiguos derechos y sin el prestigioso desprotegido social de antaño, encontró en Lutero el apoyo para sus pretensiones políticas. Pero ni los primeros ni la segunda lograron la aquiescencia del solicitado reformador, porque fueron los príncipes alemanes los que le trajeron a su causa. El elemento innovador del luteranismo - la libertad interior del cristiano -, al no rebasar la esfera de lo individual, no solo dejaba incólume la estructura jerárquica y patriarcal de la sociedad alemana, sino que la reforzaba mucho más al convertir a los príncipes en

    soberanos confesionales (soberanía a través de la que se realizaba el plan divino en la tierra) y supervisores de la iglesia reformada, cuyo "derecho de visitación" les autorizaba a secularizar sus bienes.

    Así pues, la teología protestante de Lutero, resumida programáticamente por su amigo Philipp Melanchton (1497 - 1560) en la Confesión de Augsburgo (1530), no sólo fue un importantísimo hecho religioso que escindió a la Cristiandad, sino que tuvo unas incuestionables consecuencias políticas al favorecer directamente el despotismo de los príncipes alemanes. A partir de ese momento, la fe de los súbditos dependería de la decisión de los príncipes (cuius regio, eius religio). De esta manera, el luteranismo contribuyó decisivamente a la formación del sistema estatista en Alemania contra el imperio y el papado, y a la estabilización de las monarquías de Gustavo Vasa (1523 - 1560) en Suecia y de Christian III de Schleswig (1534 - 1559) en Dinamarca. Las raíces de lo que más tarde sería considerado el Estado absoluto de Hegel quedaban sólidamente enterrados en el suelo alemán.   

     

    LAS 95 TESIS DE LUTERO (fragmento)

     

    7. Dios no perdona a ningún hombre sus culpas, sin someterlo al mismo tiempo y humillarlo en todo al sacerdote, vicario suyo.

    20. Por tanto el Papa, por remisión plenaria de todas las penas, no entiende de todas sin más, sino solamente de las por él impuestas.

    21. Yerran por consiguiente aquellos predicadores de  indulgencias que dicen que por las indulgencias papales el hombre queda libre de toda pena y se salva.

    22. Ni siquiera a las almas del purgatorio puede perdona aquellas de las que, en virtud de los cánones, debieron ser absueltas en esta vida.

    23. De poderse otorgar a alguien la remisión de todas sus penas, es seguro que esto se concede sólo a los muy perfectos, es decir, a muy pocos.

    24. Por esto tiene que engañarse la mayor parte del pueblo, por aquella indiscriminada y magnífica promesa de la remisión de la pena.

    40. Una contrición sincera busca y ama las penas; la largueza de las indulgencias, por el contrario, las desvirtúa, e impele a su repulsa.

    41. Se han de predicar con cautela las indulgencias apostólicas, para que el pueblo no piense equivocadamente que se anteponen a las demás buenas obras de la caridad.

    43. Se ha de enseñar a los cristianos que hacen mejor dando al pobre o prestando al necesitado, que tratando de redimir mediante indulgencias. 

     

    Juan Calvino

    Calvino nació en Noyon el 10 de julio de 1509. Recibió enseñanza formal para el sacerdocio en el Collège de la Marche y en el Collège de Montaigue, dependientes de la Universidad de París. Alentado por su padre a dedicarse al Derecho en lugar de a la Teología, Calvino ingresó también en las universidades de Orléans y Bourgues. Junto a varios amigos empezó a interesarse por los movimientos humanístico y reformista, y emprendió estudios sobre la Biblia griega. En 1532 publicó un comentario sobre el De Clementia de Séneca, poniendo de manifiesto su preparación como erudito humanista. Su asociación con Cop, que acababa de ser elegido rector de la Universidad de París, obligó a ambos a huir cuando Cop anunció su apoyo en 1535 a Martín Lutero. Aunque pocas veces se refirió a este tema, Calvino estuvo sometido a una experiencia religiosa personal más o menos por esta época.

    Durante los dos años siguientes Calvino viajó con frecuencia, evitando las autoridades eclesiásticas mientras estudiaba, escribía y disertaba a partir de la Biblia y la tradición cristiana los principios básicos de su teología. En 1536 publicó la primera edición de su Christianae Religionis Institutio, un conciso y provocativo trabajo que le situó en la vanguardia del protestantismo como pensador y predicador. Durante el mismo año Calvino visitó Ginebra camino de Estrasburgo y fue invitado por Guillaume Farel a participar en el movimiento reformista de la ciudad. Calvino permaneció en Ginebra con Farel hasta 1538, cuando la ciudad votó contra Farel y los dos fueron invitados a marcharse.

     Calvino concluyó su interrumpido viaje a Estrasburgo y participó en la vida religiosa de esa comunidad hasta septiembre de 1541. Durante su estancia en Estrasburgo, Calvino se casó con Idelette de Bure, que era viuda. El matrimonio tuvo un hijo, que murió en la infancia. En Estrasburgo Calvino publicó además el primero de sus numerosos comentarios sobre los libros de la Biblia.

    En 1541 los ginebrinos convencieron a Calvino para que regresara y les dirigiera de nuevo en la reforma de la Iglesia. Permaneció en esa ciudad el resto de su vida, excepto los breves viajes en defensa de la reforma de la Iglesia. Su esposa murió en 1549, y no se volvió a casar. Aunque recibió casa y salario del Gobierno, no tuvo cargo oficial y no se hizo ciudadano de Ginebra hasta 1559. Hasta la derrota de la familia Perrin en 1555 hubo una importante oposición al liderazgo de Calvino en la ciudad.

    Calvino redactó el borrador de las nuevas ordenanzas que el Gobierno modificaría y adaptaría como constitución de Ginebra, regulando a la vez temas sagrados y profanos. Calvino apoyó también el establecimiento de un sistema de escuelas municipales para todos los niños, con una academia en Ginebra como centro de formación para los estudiantes más adelantados. En 1559 inauguró la academia, con Theodore Beza como rector, que muy pronto se convertiría en una verdadera universidad.

    Mientras Calvino estuvo al servicio de Ginebra, la ciudad se vio amenazada con frecuencia por los ejércitos católicos a las órdenes de Emanuel Philibert, duque de Saboya, y de otros jefes. En realidad la ciudad era una fortaleza amurallada y recibía alguna ayuda de las granjas de los alrededores y de los aliados próximos. Por este motivo, la amenaza de conquista contribuyó a que la vida fuese muy severa en Ginebra y a su necesidad de comercio. Los cristianos disidentes eran expulsados a menudo de la ciudad, y se llegó a ejecutar a un individuo por hereje. Hombre de su tiempo, Calvino aprobó la condena a la hoguera de Miguel Servet (aunque él recomendara la decapitación) cuando el científico católico y unitario fue capturado en la ciudad. Además de sus convicciones religiosas, el factor determinante en la ejecución de Servet fue sus estudios sobre la circulación de la sangre de los hombres, teorías que Calvino reprobaba.

    Calvino se propuso mejorar la vida de los habitantes de la ciudad de muchas formas. Defendió la creación de hospitales, alcantarillado, barandillas protectoras en los pisos altos para evitar que los niños se cayeran, atención especial para los pobres y los enfermos y la introducción de nuevas industrias. Promocionó el uso del francés en las iglesias, y contribuyó de forma muy personal a su formación como lengua moderna con sus escritos en lengua vernácula.

    Sin embargo los escritos de Calvino han resultado ser su contribución más duradera a su Iglesia. Compuso himnos y animó a otros a hacerlo. El famoso salterio ginebrino, compuesto en su mayor parte por su colega Louis Bourgeois, se convirtió en el modelo de muchos himnos protestantes. Compuso un influyente catecismo, cientos de cartas a compañeros reformistas, y comentarios sobre casi todos los libros de la Biblia. Se recopilaron además sus escritos y sermones.

    Calvino nunca gozó de buena salud; sufría asma crónica y catarro. Estuvo muy delicado a causa del violento ataque de fiebre cuartana en 1558. Murió el 27 de mayo de 1564 y fue enterrado en una sepultura anónima en Ginebra.

     

    Reforma calvinista

                Mientras que Lutero hizo su reforma desde una óptica tradicional, Juan Calvino acometió la suya con el bagaje de una profunda formación humanista que le permitiría, con el fino bisturí de un impecable racionalismo, alterar sustancialmente el evangelismo luterano. La publicación de su magna obra Institutio christianes religiones, en 1536, implicó, además de un notable cambió teológico, la presentación de una revolucionaria teoría política. Desde la perspectiva teológica, si bien admitió - como Lutero - la sola justificación por la fe, el reformador francés, afincado en Ginebra a partir de 1541, se distingue por su predestinación absoluta para el cielo o el infierno, para el bien o el mal, en virtud del impresionante poder del Dios oculto, quien, por su Decretum horribile, determina desde la eternidad y para siempre los que se salvan o condenan. Pero este planteamiento de la contundente acción divina supone el inequívoco postulado de la irremediable pecaminosidad de todos los hombres que, paradójicamente, no conlleva ningún tipo de amilanamiento, sino todo lo contrario: los hombres, algunos hombres al menos, seguros de la elección divina, desplegarán una arrolladora actividad en los sectores comerciales y financieros. Las bases para que posteriormente se vinculase la andadura del capitalismo con el protestantismo - como haría Max Weber - quedaban establecidas.

                En cuanto a sus aportaciones de teoría y praxis políticas, fueron sencillamente decisivas en un momento clave en el que estaba naciendo el Estado moderno. La originalidad de este teólogo humanista, que llegó a ser jefe político y religioso e