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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La Lengua Española: "En el idioma español, la ortografía tiene un lugar social considerable. Es importante conocer sus normas. Esta lengua también se llama castellano, por ser el nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos medievales: Cas Agregado: 09 de JUNIO de 2001 (Por Lic. José Luis Dell Ordine) | Palabras: 11945 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
LENGUA ESPAÑOLA
Descripción temática: En el
idioma español, la ortografía tiene un lugar social considerable. Es importante conocer sus normas.
1. INTRODUCCIÓN
Lengua española, lengua románica,
derivada del latín, que pertenece a la subfamilia itálica dentro del conjunto
indoeuropeo; es el idioma de España y de las naciones de Sudamérica y
Centroamérica —excepto Brasil, las Guayanas y Belice—, y, en el Caribe, de
Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana; cuenta con unos cuatrocientos
millones de hablantes, entre los que se incluyen los hispanos que viven en
Estados Unidos y algunos cientos de miles de filipinos, así como los grupos
nacionales saharauis y los habitantes de Guinea Ecuatorial en la costa
occidental africana.
2. CASTELLANO O ESPAÑOL
Esta lengua también se llama castellano, por ser el
nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos
medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación del
idioma; el término español es relativamente reciente y no es admitido por los
muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues entienden que español
incluye los términos valenciano, gallego, catalán y vasco, idiomas a su vez de
consideración oficial dentro del territorio de sus comunidades autónomas respectivas.
Son esos hablantes bilingües quienes proponen volver a la denominación más
antigua que tuvo la lengua: castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.
En los países hispanoamericanos se ha conservado esta
denominación y no plantean dificultad especial a la hora de entender como
sinónimos los términos castellano y español. En los primeros documentos tras la
fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por acuerdo la
denominación de lengua española. Quien mejor ha estudiado esta espinosa
cuestión ha sido Amado Alonso en un libro titulado Castellano, español,
idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres (1943). Volver a
llamar a este idioma castellano representa una vuelta a los orígenes y quién
sabe si no sería dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto
esfuerzo y estudio le dedicaron, como Andrés Bello, Rufino José Cuervo o la
argentina Mabel Manacorda de Rossetti.
Renunciar al término español plantearía la dificultad de
reconocer el carácter oficial de una lengua que tan abierta ha estado para
acoger en su seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición.
Por otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su
lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños a calificarla
como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar algunos ejemplos. Lo
cual podría significar el primer paso para la fragmentación de un idioma, que
por número de hablantes ocupa el tercer lugar entre las lenguas del mundo. En España
se hablan además el catalán y el gallego, idiomas de tronco románico, y el
vasco, de origen desconocido.
3. ORÍGENES
Como dice Menéndez Pidal “la base del idioma es el latín
vulgar, propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las
lenguas ibéricas” y al vasco, caso de no ser una de ellas. De este substrato
ibérico procede una serie de elementos léxicos autónomos conservados hasta
nuestros días y que en algunos casos el latín asimiló, como: cervesia >
cerveza, braca > braga, camisia > camisa, lancea > lanza. Otros
autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de entonar y
emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el origen de una serie
de cambios en las fronteras silábicas y en la evolución peculiar del sistema
consonántico.
Otro elemento conformador del léxico en el español es el
griego, puesto que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización
griega desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también
influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en diferentes
momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano, escuela, cuerda,
gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del moderno golpear),
púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y polba)
proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia, Calpe. A
partir del renacimiento, siempre que se ha necesitado producir términos nuevos
en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas para crear
palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente creación, o helicóptero.
Entre
los siglos III y VI entraron los germanismos, en su mayor parte a través
del latín por su contacto, entre los siglos III y V, con pueblos bárbaros
muy romanizados. Forman parte de este cuerpo léxico guerra, heraldo, robar,
ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz germánica de wais y way),
guarecer y burgo, que significaba ‘castillo’ y después pasó a ser
sinónimo de ‘ciudad’, tan presente en los topónimos europeos como en las
tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a
Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués y burguesía,
términos que entraron en la lengua mucho más tarde. Hay además numerosos
patronímicos y sus apellidos correspondientes de origen germánico: Ramiro, Ramírez,
Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira, Alfonso. Poseían una declinación
especial para los nombres de varón en -a, -anis, o -an, de donde
surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso sacristán.
Junto
a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al vasco, idioma
cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al respecto. Algunos de sus
hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales ejercieron
poderosa influencia en la conformación del castellano por dos motivos: el condado
de Castilla se fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el
norte de León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los
árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos
lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte castellana
hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos fenómenos fonéticos
que serán característicos del castellano. La introducción del sufijo -rro,
presente en los vocablos carro, cerro, cazurro, guijarro, pizarra,
llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a todas las lenguas
románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos definidores del sistema
fonético español; se trata del fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r).
La
otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar una
f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban por ese fonema
lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración, representada por una h
en la escritura, que con el tiempo se perdió: así del latín farina >
harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña
en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina
en rumano; en vasco es irin.
La
lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de España, el
español entre ellas, pues los árabes asentaron su dominio en la península
durante ocho siglos. Durante tan larga estancia hubo muchos momentos de
convivencia y entendimiento. Los cristianos comprendieron muy pronto que los
conquistadores no sólo eran superiores desde el punto de vista militar, sino
también en cultura y refinamiento. De su organización social y política se
aceptaron la función y la denominación de atalayas, alcaldes, robdas o
rondas, alguaciles, almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros,
quilates, quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates
(hoy sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes,
alcantarillas o azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas
que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias
y azadones. Influyeron en la pronunciación de la s- inicial
latina en j- como en jabón del latín ‘saponem’. Añadieron el
sufijo -í en la formación de los adjetivos y nombres como jabalí,
marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos
topónimos como por ejemplo Zaragoza de “Caesara(u)gusta”, o Baza
de “Basti”. No podría entenderse correctamente la evolución de la lengua y la
cultura de la península sin conceder a la influencia del árabe el lugar que le
corresponde.
4. HISTORIA
En la formación del español cabe distinguir tres grandes
periodos: el medieval, también denominado del castellano antiguo, fechado entre
los siglos X y XV; el español moderno, que evolucionó desde el siglo XVI
hasta finales del XVII, y el contemporáneo, desde la fundación de la Real
Academia Española hasta nuestros días.
4.1. El castellano medieval
El nombre de la lengua procede de la tierra de
castillos que la configuró, Castilla, y antes del siglo X no puede
hablarse de ella. Por entonces existían cuatro grandes dominios lingüísticos en
la Península que pueden fijarse por el comportamiento de la vocal breve y
tónica latina o en sílaba interior de palabra como la o de portam
que diptongó en ué en el castellano, puerta, y vaciló entre ue,
uo y ua en el leonés y aragonés (puorta) y mozárabe (puarta).
En términos generales, se mantuvo la o del latín (porta) en la
lengua del extremo occidental, el galaico-portugués —del que surgirían el
gallego y el portugués—, y en el catalán del extremo oriental, que ejercería su
influencia posterior por las tierras mediterráneas, fruto de la expansión
política.
El
castellano fue tan innovador en la evolución del latín como lo fueron los
habitantes de Castilla en lo político. A esta época pertenecen las Glosas
silenses y las Glosas emilianenses, del siglo X, que son
anotaciones en romance a los textos en latín: contienen palabras y
construcciones que no se entendían ya. Las primeras se escribieron en el
monasterio benedictino de Silos, donde para aclarar el texto de un penitencial
puede leerse “quod: por ke”, “ignorante: non sapiendo”; las Glosas
emilianenses se escriben en el monasterio de San Millán de la Cogolla o de
Suso.
En
el sur, bajo dominio árabe, las comunidades cristianas hablaban mozárabe.
Heredado de la época anterior a la conquista musulmana, lo mantuvieron sin
grandes alteraciones, bien por afirmación cultural que marcara la diferencia
con las comunidades judía y árabe, bien por falta de contacto con las evoluciones
que se estaban desarrollando en los territorios cristianos. En esta lengua se
escriben algunos de los primeros poemas líricos romances: las jarchas,
composiciones escritas en alfabeto árabe o hebreo, pero que transcritas
corresponden a una lengua arábigo-andaluza. De los cambios fonéticos que se
produjeron en esta época en el castellano, el más original consistió en
convertir la f- inicial del latín en una aspiración en la lengua
hablada, aunque conservada en la escritura.
El
primer paso para convertir el castellano en la lengua oficial del reino de
Castilla y León lo dio en el siglo XIII Alfonso X, que mandó componer
en romance, y no en latín, las grandes obras históricas, astronómicas y
legales. El castellano medieval desarrolló una serie de fonemas que hoy han
desaparecido. Distinguía entre una -s- sonora intervocálica, que en la
escritura se representaba por s, como en casa, y una s
sorda, que podía estar en posición inicial de palabra como silla, o en
posición interna en el grupo -ns-, como en pensar o en posición
intervocálica que se escribía -ss- como en viniesse. Las letras ç
y z equivalían a los sonidos africados (equivalente a ts, si era
sordo, y a ds, si era sonoro), como en plaça y facer. La
letra x respondía a un sonido palatal fricativo sordo, como la actual ch
del francés o la s final del portugués y también existía correspondiente
sonoro, que se escribía mediante j o g ante e, i: así dixo,
coger, o hijo. Distinguía entre una bilabial oclusiva sonora -b-,
que procedía de la -p- intervocálica del latín o b de la inicial
sonora del latín (y que es la que hoy se conserva), y la fricativa sonora, que
procedía de la v del latín, cuyo sonido se mantiene hoy en Levante y
algunos países americanos.
Desde
el punto de vista gramatical ya habían desaparecido las declinaciones del latín
y eran las preposiciones las que señalaban la función de las palabras en la
oración. El verbo haber todavía tenía el significado posesivo tener,
como en había dos fijos y se empleaba para tener y para formar
las perífrasis verbales de obligación que originarían a partir del
siglo XIV los tiempos compuestos; por eso, entre la forma del verbo haber
y el infinitivo siguiente era posible interponer otro material léxico, hoy
impensable, como en “Enrique vuestro hermano habia vos de matar por las sus
manos”. Los adjetivos posesivos iban precedidos de artículo; así se decía los
sus ojos alza.
El
español del siglo XII ya era la lengua de los documentos notariales y de
la Biblia que mandó traducir Alfonso X; uno de los manuscritos del siglo XIII
se conserva en la biblioteca de El Escorial. Gracias al Camino de Santiago
entraron en la lengua los primeros galicismos, escasos en número, y que se
propagaron por la acción de los trovadores, de la poesía cortesana y de la
provenzal.
4.2. El castellano moderno La
publicación de la primera gramática castellana de Elio Antonio de Nebrija en
1492, fecha del descubrimiento de América y de la toma de Granada por los Reyes
Católicos, establece la fecha inicial de la segunda gran etapa de conformación
y consolidación del idioma.
A
esta época pertenecen el cambio de las consonantes que altera y consolida
definitivamente el sistema fonológico del español. Desaparece la aspiración de
la h, cosa que testimonia la versificación. Se funden en un único fonema
la s sonora y sorda, prevaleciendo el valor sordo. Las consonantes ç
y z pasan a ser el fonema fricativo (con pronunciación equivalente a ts)
que se escribirá ç durante el siglo XVI y pasará a tener el valor de la z
(con su pronunciación actual) en el siglo siguiente, con lo que de esta manera
se resolvió la vacilación ortográfica c, ç, z. Las variaciones fonéticas que
representaban x, g, j, se solucionaron también en favor del sonido velar
fricativo sordo que en el XVII pasa a tener la pronunciación y grafía actuales
de g y de j. Desapareció asimismo la distinción -b-, -v-
que se neutralizó en -b- durante el siglo XVI. En la morfología
aparecieron los tiempos compuestos de los verbos, y se convierte en auxiliar el
verbo haber. En la sintaxis el orden de los elementos de la oración se
hace más rígido, y se anteponen los pronombres átonos a infinitivos y
gerundios.
Desde
el punto de vista del léxico, el español adquirió una gran cantidad de
neologismos, pues a estos momentos correspondió la expansión de Castilla y, por
lo tanto, el contacto con otras culturas. Consiguió consolidarse como lengua
dominante frente a otros dialectos peninsulares al llevarse a cabo la unidad
política de Castilla y Aragón y ser el castellano la lengua de los documentos
legales, de la política exterior y la que llegó a América de la mano de la gran
empresa realizada por la Corona de Castilla, ya fijada en la gramática
normativa de Nebrija. A partir de los primeros momentos del siglo XVI se
prefirió la denominación de española para la lengua del nuevo imperio, y
la preocupación de los intelectuales del momento se refleja en la enorme tarea
de sistematizarla, analizarla y divulgarla. Lo demuestran la publicación del
gran Diccionario de Alcalá, obra de la Universidad Complutense creada por
Cisneros; la aparición de la Minerva de Francisco Sánchez de las Brozas,
conocido por El Brocense, que es una gramática normativa y descriptiva más
moderna que la realizada por el grupo francés de Port-Royal, y, a principios
del siglo XVII, la publicación del Tesoro de la lengua castellana o española
(1611) de Sebastián de Covarrubias, primer diccionario de la lengua, que
contiene cuanta información histórica y sincrónica había disponible en el
momento de su publicación.
En
Francia, Italia e Inglaterra se editaban gramáticas y diccionarios para
aprender español, que fue la lengua diplomática hasta la primera mitad del
siglo XVIII. En esta etapa de la lengua se llegó al esplendor literario
que representan los autores del siglo de oro. El léxico incorpora palabras
originarias de tantas lenguas como contactos políticos tenía el imperio. Del
italiano entran en el español desde el siglo XV al XVII los nombres de la
métrica y preceptiva literaria como soneto, asonante, silva y lira,
palabras relacionadas con las bellas artes como fachada, escorzo, medalla,
piano. De otros campos léxicos son italianismos de la época centinela,
alerta, escopeta, aspaviento, charlar, estropear y muchas más. Son
galicismos paje, jardín, jaula, sargento, forja o reproche.
Los
americanismos, que comienzan a entrar en el siglo XVI, ofrecen una lista
referida a las realidades que en Europa no se conocían y que son españolismos
tomados por las lenguas europeas como patata, cóndor, alpaca, vicuña, pampa,
puma, papa (denominación afincada en Canarias para patata), que
proceden del quechua y el guaraní. Los términos más antiguos, como canoa,
ya citado en el diccionario de Nebrija, proceden de los arawak. A este conjunto
pertenecen huracán, sabana, maíz, cacique, colibrí, caribe, enagua y caníbal.
De la familia de lenguas náhuatl habladas por los nahuas, se incorporan hule,
chocolate, tomate, cacao, aguacate y petate.
4.3. El español
contemporáneo En el año 1713 se fundó la Real Academia
Española. Su primera tarea fue la de fijar el idioma y sancionar los cambios
que habían introducido los hablantes a lo largo de los siglos, siguiendo unos
criterios de autoridad. En esta época ya había finalizado el cambio fonético y
morfológico y el sistema verbal de tiempos simples y compuestos era el mismo que
ha estado vigente hasta la primera mitad del siglo XX.
Los
pronombres átonos ya no se combinaban con las formas de participio y, gracias a
la variación morfológica, los elementos de la oración se pueden ordenar de
formas muy diversas con una gran variedad de los estilos literarios, desde la
mayor violación sintáctica que representan el barroco del siglo XVII, los
poetas de la generación del 27 y el lenguaje publicitario, hasta la imitación
de los cánones clásicos, también violentadores del orden del español, que
incorporaron los neoclásicos o los primeros renacentistas.
Coincidiendo
con otro momento de esplendor literario, el primer tercio del siglo XX,
aparecieron las nuevas modificaciones gramaticales que aún hoy están en proceso
de asentamiento. De ellas cabe citar: la reducción del paradigma verbal en sus
formas compuestas de indicativo y subjuntivo, la sustitución de los futuros por
perífrasis verbales del tipo tengo que ir por iré, la práctica
desaparición del subjuntivo, la reduplicación de los pronombres átonos en
muchas estructuras oracionales y con verbos de significación pasiva, que están
desarrollando una conjugación en voz media como en le debo dinero a María;
la posposición casi sistemática de los calificativos, la reducción de los
relativos, prácticamente limitados a que y quien en la lengua
hablada. Junto a ello, la irrupción continua de neologismos, que nombran
innovaciones técnicas y avances científicos, tiene dos momentos: los anteriores
a la mitad del presente siglo, que contienen raíces clásicas como termómetro,
televisión, átomo, neurovegetativo, psicoanálisis o morfema, y los
neologismos apenas castellanizados, siglas y calcos del inglés y fruto de la
difusión que de ellos hacen las revistas especializadas, la publicidad o la
prensa, como filmar, radar, módem, casete, anticongelante, compacto, PC, o
spot.
5. DIALECTOS Hasta
la irrupción de la radio y la televisión en la sociedad —en la segunda mitad de
este siglo—, era relativamente fácil diagnosticar por los hábitos fonéticos y
la entonación la pertenencia de un determinado hablante a su correspondiente
área dialectal. Hoy, aunque también se siguen dando estas diferencias, la
imitación de la norma que esos medios han ido creando entre los hablantes, hace
que la pertenencia a diferentes comunidades lingüísticas no sea tan clara ni
tan rotunda.
Del
mapa lingüístico medieval ibérico surgieron variedades lingüísticas, de la
cuales, algunas se convirtieron en lenguas, y otras, con el paso del tiempo, se
transformaron en dialectos de alguna de ellas. Entre las variedades
relacionadas con el español se encuentran: el leonés, que se habló desde
Asturias hasta las tierras de Cáceres y que, ya a finales del siglo XV,
había dejado su lugar de idioma en pugna con el castellano para ocupar el puesto
de mera variedad dialectal; el aragonés, con una situación análoga al leonés,
que se habló en el reino de Aragón y cuyas fronteras naturales son los Pirineos
por el norte, la cordillera Ibérica por el oeste y los límites de Cataluña y
Valencia por el este. A partir del siglo XIV, como consecuencia de la
conquista de Andalucía por los castellanos, surgió el andaluz, que integró
algunos rasgos del mozárabe, como un auténtico dialecto del castellano. El
extremeño, que empezó siendo una variedad fronteriza del leonés y el castellano
se ha consolidado como uno de los pocos dialectos hoy todavía identificables
por sus aspiraciones implosivas y su peculiar léxico. El riojano, que se habló
en La Rioja, y que tan decisivamente influyó en el castellano escrito de los primeros
tiempos, era una variedad dialectal del aragonés. Otro dialecto fronterizo aún
vigente lo representa el murciano, en el que confluyeron el castellano, el
aragonés y el valenciano, variedad catalana. En las islas Canarias existe el
canario, cuya entonación, léxico y fonética influyeron en el español americano
del istmo y norte de Sudamérica.
En
el siglo XVI el castellano sirvió de base para la creación de un sabir o
lengua de intercambio en el Mediterráneo. Un siglo después se configura otro
sabir en el Caribe, que luego se criolliza para dar paso al papiamento de
Curaçao. Los jesuitas que entraron en contacto con los indios guaraníes crearon
otra lengua de intercambio conocida como lengua general. Un hecho análogo se
dio en Filipinas, del que surgió otra lengua criolla que hoy está prácticamente
perdida.
En
cuanto al continente americano, no han faltado autores que calificaban de
dialectos a cada una de las variedades lingüísticas que se han consolidado en
los respectivos países. Pero, en rigor, no se puede hablar del dialecto
argentino, sino del dialecto porteño, variedad popular de un barrio de Buenos
Aires. Tampoco cabe hablar de grandes zonas dentro del español americano como
el caribeño, andino, rioplatense, ecuato-peruano, mexicano o centroamericano,
porque son imprecisas e imposibles de sistematizar. La dialectología del
español en América debe hacerse por cada país antes de que la homogeneidad que
imponen la radio, el cine y la televisión borren las fronteras dialectales que
aún existen. El único rasgo común al español americano consiste en la práctica
desaparición del fonema interdental fricativo sordo /z/, rasgo que comparte con
el dialecto andaluz, extremeño y canario. Así pues, hablando con propiedad
cabría decir lo contrario: en el español peninsular existe un fonema que no
comparten la mayoría de los dominios lingüísticos de este idioma.
6. GRAMÁTICA ESPAÑOLA Desde
el punto de vista de la clasificación de las lenguas, el español es una lengua
flexiva, aunque en menor medida de lo que lo fue el latín. Es una lengua de
acentuación fundamentalmente grave, es decir, acento en la penúltima sílaba, lo
que no significa que no existan palabras agudas, muy numerosas, o esdrújulas,
procedentes mayoritariamente de préstamos griegos. Conserva desinencias para el
género, pero ha perdido el neutro en los nombres y los adjetivos y lo conserva
en los pronombres como eso, lo vuestro, y en el artículo determinado lo,
que se emplea como mecanismo nominalizador de adjetivos y de oraciones, a las
que confiere una significación de totalidad y abstracción, como en lo que
quieras.
6.1. Morfología y sintaxis El
nombre ya había perdido las desinencias de caso en el latín tardío del siglo
VI. En su lugar el español, como las demás lenguas románicas mediterráneas, sustituyó
por un procedimiento sintáctico lo que fue en principio morfológico, es decir,
marcó con preposiciones más nombre las funciones gramaticales de sujeto, objeto
directo, indirecto y complementos verbales de otra especie. En el caso de los
objetos directos personales o afectivos usa la preposición a, como en el
esquema querer a una persona y querer al gato; emplea a,
asimismo, en el caso del objeto indirecto, como en, por ejemplo, dar algo a
alguien; en el caso del sujeto, son las desinencias verbales las que llevan
la marca del sujeto (comíamos, supone siempre un sujeto en primera
persona del plural) y, sólo en el caso de necesitar especificarlo, es la
posición del sujeto en la frase, antepuesto al verbo, el elemento que determina
esta función. Por ejemplo, Los poblamientos humanos destruyen los bosques
cambiaría su sentido si se escribiera al revés: Los bosques destruyen los
poblamientos humanos; por lo tanto, el orden de los objetos que van
pospuestos al verbo también es importante. Los demás complementos observan un
orden bastante libre.
Una
ordenación diferente y peculiar del sujeto está presente en las oraciones
interrogativas del español que se habla en toda la zona de influencia del
Caribe. Mientras que en las demás variedades del idioma el sujeto de una
oración interrogativa va pospuesto al verbo de acuerdo con el esquema:
pronombre interrogativo-verbo-sujeto, como ¿qué quieres tú?, en esa
variedad el orden de la oración es: pronombre interrogativo-sujeto-verbo, como
por ejemplo ¿qué tú quieres? No se trata, como algunos estudios
señalaron, de ningún anglicismo sintáctico, sino de una evolución interna del
idioma relacionada con otros hechos, como el cambio en la determinación y la
pérdida de algunas desinencias verbales, consecuencia de la relajación de los
fonemas finales y su consiguiente neutralización.
Los
verbos redujeron a tres las cuatro conjugaciones del latín. Posee desinencias
para las personas, el número, el tiempo, el modo y la voz. En el caso de la
segunda persona, el español canario, andaluz occidental y americano, salvo
algunas zonas colombianas, ha conservado las formas del siglo XVII y ha
desarrollado una conjugación para el singular basada en la concordancia
originaria con vos, segunda persona del plural; las formas
correspondientes a tú se consideraron vulgares y hasta humillantes, y por esa
razón la persona de confianza reconocida como digna de respeto fue tratada de vos;
a su vez, las personas de menor confianza reciben el mismo tratamiento que en
la península; son usted y concuerdan con la tercera persona. El cambio afecta
por igual a la conjugación verbal y al paradigma de los pronombres personales y
se denomina voseo al cambio en el empleo de tú por vos, tanto en el
verbo como en los pronombres, así como en los posesivos que también necesitan
la concordancia de persona. Hoy se observa una tendencia a aceptar el paradigma
peninsular entre las clases urbanas y cultas, sobre todo entre las argentinas.
6.2. La voz verbal En
el caso de la voz, las cosas no son tan claras como aparecen en algunos
manuales. La voz activa emplea haber como verbo auxiliar para formar los
tiempos compuestos, lo que permite a ciertas escuelas lingüísticas hablar de
desinencias discontinuas o morfemas discontinuos en los tiempos compuestos,
porque el verbo auxiliar está completamente gramaticalizado y no posee otra
función que la de marca de tiempo, persona y modo. En la voz pasiva todos los
tiempos se forman con el auxiliar ser, también gramaticalizado, y no
existen más desinencias de pasiva que las que comporta el auxiliar.
El
verbo carece de desinencia de aspecto, pero existe una serie de perífrasis con
claro valor aspectual de acción en desarrollo, como estar + gerundio o acabar
de + infinitivo. En las gramáticas escolares hasta mediado el siglo XX
se hablaba de una conjugación perifrástica, activa y pasiva; hoy las gramáticas
más completas hablan de perífrasis de obligación del tipo haber de +
infinitivo, tener que + infinitivo, o deber (de) + infinitivo. Sea
adecuado o no el tratamiento como voz o como meras perífrasis, son
procedimientos muy rentables en español para construir la obligación y hasta
los matices del futuro; compárense estos matices en la significación de vendrá,
debe venir, tiene que venir, ha de venir.
Otro
hecho relacionado con el cambiante paradigma de la voz es la conjugación
pronominal, que empezó siendo una conjugación reflexiva y que hoy ha adquirido
valor de voz media, como nos tomamos unos cafés. En esos casos el
pronombre átono recibe el nombre de anáfora. Este fenómeno no aparece tan
extendido en el español americano.
7. OTROS RASGOS DEL
ESPAÑOL El español también se caracteriza por su
constante empleo del pronombre se, y el uso vivo del subjuntivo que
tantos problemas origina a quienes aprenden español como segunda lengua. Entre
las características heredadas del latín debe destacarse la sintaxis y los
procedimientos sintácticos para matizar, calificar o convertir en nombres, y
por tanto sujetos, a oraciones completas.
Formular
una hipótesis es un hecho complejo en español; así puede decirse quizá venga
sin matización mayor, o bien, es posible que venga, podría venir, puede que
venga, o si viniera. Otras lenguas no matizan con posibilidades
gramaticales, sino léxicas, y poseen un inventario mayor de adverbios y frases
adverbiales que signifiquen hipótesis. No obstante la complejidad gramatical,
la matización y la gradación es mayor que si se realiza por medios léxicos,
pues ninguna lengua mantiene muchas palabras de significado tan próximo como el
que proporcionan las construcciones anteriores, al menos entre las lenguas no
aislantes.
8. EL ESPAÑOL EN EL MUNDO
El español es, por número de hablantes, la tercera lengua
del mundo. Pese a ser una lengua hablada en zonas tan distantes, existe una
cierta uniformidad en el nivel culto del idioma que permite a las gentes de uno
u otro lado del Atlántico entenderse con relativa facilidad. Las mayores
diferencias son de carácter suprasegmental, es decir, la variada entonación,
fruto al parecer de los diversos substratos lingüísticos que existen en los
países de habla hispánica. La ortografía y la norma lingüística aseguran la
uniformidad de la lengua; de ahí la colaboración entre las diversas Academias
de la Lengua para preservar la unidad, hecho al que coadyuva la difusión de los
productos literarios, científicos, pedagógicos, cinematográficos, televisivos,
ofimáticos, comunicadores e informáticos.
Desde España se ha elaborado el primer método unitario de
enseñanza del idioma que difunde por el mundo el Instituto Cervantes. El
trabajo coordinado de las Academias ha cristalizado en la “Elaboración de la
norma culta de las grandes ciudades”, que presta especial atención a la
fonología y al léxico. Es el segundo idioma hablado en Estados Unidos, que
cuenta con varias cadenas de radio y televisión con emisiones totalmente en
español; asimismo, y por razones estrictamente económicas, es la lengua que más
se estudia como idioma extranjero en los países no hispánicos de América y
Europa. Lejanos ya los tiempos en que fue considerada la lengua diplomática,
condición en la cual la sustituyó el francés, hoy es lengua oficial de la ONU y
sus organismos, de la Unión Europea y de otros organismos internacionales. Ha
sido incluido como idioma dentro de las grandes autopistas internacionales de
la información como Internet, lo que asegura la constante traducción de las
innovaciones informáticas, su difusión e intercomunicación. Donde aparece más
incierto el futuro del idioma es en el continente africano, abandonado por
razones políticas a la voluntad de sus hablantes; no hay que olvidar que
todavía sirve de lengua diplomática junto al francés para el pueblo saharaui.
No obstante, todo parece augurar que en el próximo siglo será una de las
lenguas de mayor difusión, y quién sabe si en momentos de deseable mestizaje no
dé lugar a una lengua intermedia que asegure la comunicación con el continente
americano en su conjunto.
Ø
Apéndice:
Lenguaje
Ø
INTRODUCCIÓN
Lenguaje, medio de comunicación entre los seres
humanos a través de signos orales y escritos que poseen un significado. En un
sentido más amplio, es cualquier procedimiento que sirve para comunicarse.
Algunas escuelas lingüísticas entienden el lenguaje como la capacidad humana
que conforma al pensamiento o a la cognición.
Ø
FORMAS DE ABORDAR EL ESTUDIO
El lenguaje puede ser estudiado desde dos puntos de vista:
según el uso o la estructura.
El uso se relaciona con otros campos, como la literatura, la
comunicación de la información, la enseñanza de idiomas, la sociología, la
ciencia política y la psicología. Los estudios sobre el uso del lenguaje tratan
sobre lo que dicen las personas, lo que piensan que dicen y lo que significa
aquello que escriben o hablan para comunicarse. Todo ello incluye el análisis
de los contenidos, la crítica literaria, el estudio del cambio lingüístico y
los factores sociales que determinan los comportamientos lingüísticos de los
miembros de una comunidad idiomática. También se aborda el estudio de los
efectos de la lengua en la conducta humana. Para la crítica literaria el
lenguaje está integrado por palabras que, adecuadamente ordenadas, producen una
emoción o un razonamiento. Para la lexicografía, es el conjunto de palabras que
poseen un significado, un origen y una historia. Por último, se puede entender
el lenguaje como la forma en que las palabras se seleccionan y combinan,
proceso inherente a los individuos, a los grupos o a los géneros literarios.
La estructura del lenguaje concierne a la lingüística. Cada
movimiento o escuela lingüística plantea diferentes enfoques sobre el uso y la
estructura. Aquellos que se centran en la comunicación escrita, estudian la
estructura del texto —es decir, de qué forma hay que ordenar las
palabras y las oraciones para que constituyan un todo coherente— y les preocupa
la posibilidad de traducir una lengua con toda exactitud. Por otro lado, los
lingüistas comparativos agrupan e identifican las familias lingüísticas que
proceden de un tronco común. Los partidarios del estructuralismo afirman que el
lenguaje tiene tres niveles organizados de forma jerárquica: sonidos,
combinaciones de sonidos para formar palabras y combinaciones de palabras para
formar frases y oraciones. En el plano fonemático se analizan los sonidos; en
el morfemático se describen las combinaciones de sonidos en unidades con
significado (los morfemas y sus combinaciones para formar palabras), y en el
sintagmático el enfoque se centra en las combinaciones de palabras. Para los
generativistas, el lenguaje es un conocimiento inherente a los seres humanos
que les permite la competencia lingüística; asimismo, estudian la capacidad y
el proceso de adquisición de un idioma.
Ø
COMUNICACIÓN HUMANA Y COMUNICACIÓN ANIMAL
Si entendemos el lenguaje como un medio de expresión y de
comunicación, hay que incluir el estudio de los sonidos y los gestos. Como es
evidente que los animales emiten sonidos y producen gestos, la pregunta es
inmediata: ¿poseen un lenguaje como los seres humanos? Está claro que muchas
especies animales se comunican entre sí. Sin embargo, la comunicación humana
difiere de la animal en siete razones que los lingüistas han formulado: 1)
posee dos sistemas gramaticales independientes aunque interrelacionados (el
oral y el gestual); 2) siempre comunica cosas nuevas; 3) distingue entre el
contenido y la forma que toma el contenido; 4) lo que se habla es
intercambiable con lo que se escucha; 5) se emplea con fines especiales (detrás
de lo que se comunica hay una intención); 6) lo que se comunica puede referirse
tanto al pasado como al futuro, y 7) los niños aprenden el lenguaje de los adultos,
es decir, se transmite de generación en generación.
Sin embargo, recientes investigaciones sobre los primates han
demostrado que muchas de estas características no son exclusivas de los seres
humanos. (Véase Conducta animal). No obstante, se puede afirmar con
cierta seguridad que el lenguaje humano posee características especiales. Los
seres humanos relacionan una serie limitada de unidades gramaticales y de
signos separados para formar un conjunto infinito de oraciones que bien
pudieran no haber sido oídas, emitidas, leídas, escritas o pensadas con
anterioridad. Los niños que todavía no han aprendido gramática establecen sus
propias reglas de lenguaje empleando su capacidad lingüística, así como los
estímulos que reciben de la comunidad lingüística en la que han nacido.
Ø
FUNDAMENTOS DEL LENGUAJE
Para que exista el lenguaje se requieren ciertos factores:
de índole fisiológica (el organismo tiene que ser capaz de emitir sonidos); de
índole gramatical (el discurso tiene que poseer una estructura), y de índole
semántica (es imprescindible que la mente pueda entender lo que se habla).
Ø
FISIOLOGÍA
Aunque muchos de los órganos humanos de la fonación tienen
otras funciones (como la de comer), están perfectamente dispuestos para el
habla, por lo que el lenguaje humano aparece como el mejor sistema de
comunicación entre los seres vivos. En el acto de hablar, una corriente de aire
sale de los pulmones y se ve modificada por la vibración o no de las cuerdas
vocales (después de pasar por la laringe), por el movimiento de la lengua, el
paladar y los labios. Las personas que sufren de trastornos fisiológicos en el
habla, como los sordomudos, cambian su sistema de comunicación, por ejemplo por
medio de signos visuales.
Ø
Cualquier lenguaje humano tiene una estructura
gramatical en la que las unidades fónicas (señalizadoras) se combinan para
producir un significado. Las unidades mínimas portadoras de significado son los
morfemas. Un morfema puede ser una palabra, pero también un prefijo o un sufijo
(véase Afijos). Por ejemplo, en la palabra coexistir hay dos
morfemas co y existir. Las palabras y los morfemas se clasifican
según el papel que tengan en la oración. Las clases de morfemas se corresponden
con las partes del discurso (como nombres y verbos) pero también con prefijos,
sufijos y otros elementos. Los distintos tipos de palabras forman sintagmas que
a su vez se combinan para formar unidades mayores, como oraciones y párrafos.
Ø
SEMÁNTICA Por
último, en el lenguaje humano es imprescindible que el hablante relacione unos
sonidos con un significado y que a su vez ese significado sea percibido y
comprendido por las demás personas que comparten la misma lengua. En este
proceso de comunicación, la gramática adopta el papel de mecanismo que enlaza
el pensamiento y las ideas con la lengua que las transmite. Cada oración o
emisión portadora de significado posee una estructura profunda y una de
superficie. En la de superficie se encuentran las palabras y los elementos de
la oración tal y como se dicen e interpretan. En la profunda, las palabras y
los elementos de la oración se estructuran gramaticalmente. En este nivel, la
estructura de la oración es ambigua. Existe la posibilidad de que dos
estructuras de superficie tengan el mismo significado (Juan parece estar
contento y Parece que Juan está contento). Asimismo, una estructura
de superficie puede tener dos significados (Comer carne puede ser peligroso
puede significar que para alguien el comer carne sea peligroso y que siempre
que se coma carne exista peligro). Las dos interpretaciones de esta oración
surgen porque una sola estructura de superficie es el resultado de dos
estructuras profundas. Sin embargo, en el caso anterior las dos estructuras de
superficie corresponden a una sola estructura profunda.
La comunicación humana es un proceso único que combina la
actividad de los órganos del habla, la estructura gramatical y los significados
denotados y comprendidos.
Ø
LAS LENGUAS DEL MUNDO Sea
cual sea la comunicación que establecen los seres humanos por medio de la
lengua, los gestos o los signos, debe cumplir el mismo proceso: adecuarse al
pensamiento que se quiere transmitir; sin embargo, las lenguas que se hablan en
el mundo, aunque cumplen con esa finalidad, difieren ampliamente entre sí tanto
en sus sistemas fonéticos como en sus estructuras gramaticales.
Ø
CLASIFICACIÓN EN FUNCIÓN DE CRITERIOS FORMALES Se
puede establecer una clasificación de las lenguas sobre la base de sus
diferencias gramaticales. A principios del siglo XIX los lingüistas de la
escuela comparativa intentaron agrupar las lenguas en cuatro grupos de acuerdo
con un criterio morfológico o tipológico. Estos grupos de lenguas fueron los
siguientes: lenguas analíticas, aglutinantes, flexivas e incorporantes.
Las lenguas analíticas, también llamadas aislantes o isolantes,
son las que poseen palabras de una sola sílaba que pueden ser portadoras del
significado básico o del equivalente de los elementos gramaticales como
persona, pasado. Cada palabra es inmutable. Así, en chino para decir que
alguien vino hay dos palabras: lai (‘venir’) y li
(‘pasado’).
Las lenguas aglutinantes son las que reúnen (aglutinan) en una
sola palabra varios elementos, cada uno de los cuales posee una significación
fija e individual. A la raíz de la palabra se le añaden los afijos (los
prefijos se colocan delante, los infijos van en el centro de la palabra y los
sufijos se colocan detrás de la raíz). La lengua turca es un ejemplo de lengua
aglutinante; así, la raíz äv ('casa') puede recibir los sufijos, äv
dä ('en la casa'), äv lar ('las casas') y äv lärda ('en las
casas').
En las lenguas flexivas, los afijos aportan las variaciones de
género, caso, persona, número, voz, aspecto, tiempo y conjugación que
constituyen la flexión. El latín, el griego y el español son ejemplos de
lenguas flexivas.
Por último, en las lenguas incorporantes se funde una serie de
elementos semánticos y gramaticales en una palabra, como el objeto directo o el
indirecto en el verbo. El swahili es una lengua incorporante; por ejemplo, la
palabra hatukuviwanunulia significa 'no los compraremos para la gente' y
sus componentes son: ha (negación) tu (nosotros) ku
(pasado) vi (pronombre objeto de tercera persona plural y género neutro)
wa (la gente) y nunulia (comprar a, comprar para).
Ø
CLASIFICACIÓN GENÉTICA O POR GRUPOS DE FAMILIAS El
hecho de que dos lenguas tengan el mismo orden de palabras dentro de la oración
no quiere decir que estén relacionadas entre sí. Para saber si existe una
relación hay que estudiar su genealogía y clasificarlas desde el punto de vista
genético. Esta clasificación, a diferencia de la tipológica, supone la
comparación de los sistemas fonéticos y de las unidades de significación para
demostrar su grado de parentesco. Del mismo modo que los parecidos familiares
entre las personas muestran su raíz genética, entre las lenguas emparentadas
existen parecidos aunque se trate de lenguas muertas.
Los miembros de una familia lingüística poseen una conexión
histórica y descienden de un antepasado idiomático común. Los árboles
genealógicos muestran las relaciones entre las lenguas; la lengua troncal más
antigua se encuentra en la cúspide del árbol y las ramificaciones subsiguientes
muestran el grado de alejamiento o proximidad entre los miembros de la familia.
Las lenguas emparentadas lo están en sus elementos gramaticales y en el léxico,
y exhiben correspondencias regulares entre los sistemas fonético y semántico.
Por ejemplo, la palabra inglesa fish y la española pez
corresponden a la latina piscem; asimismo, la inglesa father y la
española padre corresponden a la latina patrem. Donde el latín
tiene -t- en posición interior de palabra, el español tiene -d- y
el inglés -th-, como lo muestra el grupo anterior patrem, padre,
father. Todas están emparentadas, son calcos, es decir, genéticamente es la
misma palabra. Donde el latín y el español tienen p-, el inglés tiene f-.
La lingüística comparada estudia el campo en el que se establecen las
correspondencias sistemáticas entre fonemas y sememas (sonidos y unidades de
significado) de las palabras calco (también llamadas cognadas); por medio de la
comparación entre las lenguas vivas ya agrupadas se intenta reconstruir el
antepasado común, perdido en muchos casos. A estas lenguas precursoras, hoy
total o parcialmente reconstruidas, se les califica como proto, como el
proto-indoeuropeo.
Ø
Familias europeas y asiáticas La
más conocida es la familia de las lenguas indoeuropeas en la que están
incluidas la mayoría de las lenguas europeas, las del norte de la India y de
otras regiones intermedias. Consta de las siguientes subfamilias: itálica,
germánica, celta, griega, báltica, eslava, armenia, albanesa, indoirania y las
extinguidas hitita y tocaria. Hay otras subdivisiones en cada una de las
subfamilias. El español, por ejemplo, pertenece a la rama de las lenguas
románicas, que están incluidas en la subfamilia itálica dentro de la gran
familia indoeuropea. El grado de parentesco que existe entre el español y otras
lenguas de la misma familia, como el inglés, el griego y el sánscrito, es cada
vez más remoto.
La familia indoeuropea es una de las doce familias que se han
propuesto como extensas agrupaciones de lenguas. Existen diversos enfoques
lingüísticos a la hora de establecer las clasificaciones. Por ello, cuando
determinadas escuelas anglosajonas hablan de familias de lenguas, los lingüistas
europeos, con mayor tradición comparativa, prefieren hablar de subfamilias. Por
otro lado, estos últimos se muestran muy reticentes cuando se fijan
determinadas agrupaciones porque hay pocos datos y mucha premura en las
clasificaciones.
En Europa existen otras lenguas que no pertenecen a la familia
indoeuropea; es el caso de la lengua vasca, lengua que al parecer no está
relacionada con ningún otro grupo de lenguas conocidas. El finlandés, estonio,
lapón (o saami) y húngaro son las lenguas más occidentales de la llamada rama
ugrofinesa (que también incluye otras lenguas de los Urales y de Siberia).
Algunos autores vinculan la familia altaica a las lenguas urálicas en un grupo
denominado uralaltaico (agrupación hoy desechada por la escuela comparativa);
la rama principal de las lenguas altaicas está formada por el turco, el mongol
y las manchú-tungus. A los grupos de lenguas siberianas que no parecen estar
emparentadas se les ha denominado lenguas paleosiberianas. En el Cáucaso se
habla de las lenguas caucásicas; la más estudiada ha sido la georgiana.
Muchas lenguas de la India y de sus vecinos al noroeste pertenecen
a la rama indoirania de la familia indoeuropea. Otros dos grupos de lenguas, la
munda, que se suele considerar como rama de las lenguas austroasiáticas, y la
dravídica (ambas incluidas en las lenguas indias) representan a más de ochenta
millones de hablantes. En el sur de Asia encontramos las lenguas chinotibetanas
con cientos de millones de hablantes. Sus ramas principales son la tibetano-birmana
y la china (cuyos numerosos dialectos suponen auténticas lenguas). Algunas
escuelas lingüísticas vinculan esta rama china con las lenguas thaís (donde se
incluyen la thai y la siamesa); otras estiman que no forman parte de ellas.
Ø
Lenguas del Pacífico y africanas En
el Pacífico existen tres grandes grupos: el primero comprende a la familia
malayo-polinesia, cuya rama occidental está formada por la indonesia y la
oriental por la oceánica; el segundo grupo lo configuran las lenguas papúes,
las de Nueva Guinea, con numerosas lenguas aisladas y otras agrupaciones (puede
que exista algún tipo de conexión todavía no encontrada); el tercer grupo lo
constituyen las lenguas indígenas de Australia (emparentadas entre sí, aunque
no se conoce una agrupación mayor que las incluya). Aún cabría hablar de un
cuarto tipo, el referido a la lengua tasmana, hoy desaparecida.
En África centro-oriental se hablan las lenguas de la familia
camitosemítica o afroasiática. Está integrada por cinco ramas semíticas: además
del árabe y el hebreo, la integran el chadiano (que incluye el hausa, lenguas
muy difundidas en el occidente de África), el bereber (del norte de África), la
cusita (en el este de África) y la copta, hoy desaparecida. Hay otras tres
grandes familias africanas: la nigero-kordofana, cuya rama más extendida es la
nigero-congoleña; la bantú, que es la agrupación más difundida en el este y sur
de África, con el swahili y el zulú, y la familia nilo-sahariana, cuya
principal subdivisión es la nilo-chari y la rama nilótica con la lengua de los
masai. La familia khoisán incluye las lenguas clic de los pueblos que viven en
el desierto de Kalahari.
Ø
Lenguas aborígenes americanas La
clasificación de estas lenguas ha dado como resultado la identificación de unas
150 familias, según criterios muy estrictos. Desde otras escuelas se han
agrupado en torno a una docena de conjuntos que se han denominado superestirpes,
aunque los últimos estudios han echado abajo tales clasificaciones. Incluso
aplicando el primer criterio quedan sin agrupar bastantes conjuntos de ellas.
En la costa del Ártico y en Groenlandia los inuit hablan las lenguas
aleutianas-esquimales; las esquimales se subdividen en la inupik y la yupik. En
la zona subártica del Canadá se encuentran las lenguas athabasca y algonquino.
En Estados Unidos se hablaba algonquino al este del río Mississippi, que
convivía con la iroquesa y la muskogee. En las Grandes Llanuras se habla una
familia de lenguas que recibe ese nombre, cuyo principal idioma es el sioux,
pero también se hablan lenguas de la rama occidental del algonquino y las
caddo. Las shoshone (de la familia yuto-azteca) se hablan en la Gran Cuenca, y
más al norte se localiza la familia sahapta. En la Costa Noroccidental se
hallan las familias salish y wakashan, las lenguas tlingit (que se creyeron
emparentadas con las lenguas athabascas) y la haida, que es una lengua aislada.
Por toda la región cultural del Suroeste se encuentra el apache, rama de las
athabascas, y junto a ella el grupo yuma y otra rama de las lenguas yuto-aztecas.
En California se han encontrado muchas lenguas que constituyen pequeñas
agrupaciones, cuyas relaciones no parecen claras. Véase Lenguas
aborígenes (Estados Unidos y Canadá).
La familia yuto-azteca esta muy difundida en México y en
Centroamérica, cuyo representante más importante es el náhuatl; también se
reconocen las lenguas de la gran agrupación otomanque (mixteca, otomí y
zapoteca, entre otras) así como las familias mix-zoque, totonaca o totonaco y
tequistlateca. La familia maya, con varios millones de hablantes, comprende
unas 24 lenguas. Veáse también Lenguas aborígenes de Hispanoamerica.
Según el criterio que se aplique para clasificar las lenguas de
América del Sur, cabe cifrar la existencia de unas 90 familias que no incluyen
todas las lenguas existentes en el subcontinente. El quechua, el aimara, el
tupí-guaraní y el mapuche son las lenguas más habladas. En el norte de
Sudamérica, así como en el sur de Panamá, se encuentran las lenguas del grupo
chibcha (con el guaimí, el paez y el warao), pero la familia que tuvo mayor
difusión la constituye la arawaca (con el isleño, el guajiro y el campa). En el
conjunto gê se pueden incluir numerosas lenguas que se hablan en Brasil.
Ø
CLASIFICACIÓN GEOGRÁFICA También
resulta de gran utilidad analizar y observar las vías de comunicación a través
de las cuales las lenguas vecinas han podido relacionarse. Cuando se han
estudiado, por ejemplo, las lenguas de la Costa Noroccidental de Estados
Unidos, se ha descubierto que estas lenguas compartían el léxico (por ejemplo,
en relación con las faenas de pesca de algunos de sus pueblos), demostrando que
mantenían muchas concomitancias. Todo ello implica que a lo largo de los siglos
han existido préstamos gramaticales, fonéticos y léxicos entre las lenguas de
una región determinada. Sin embargo, los parecidos regionales no certifican el
parentesco, ni tampoco que pertenezcan a un mismo grupo de lenguas.
Ø
LENGUAJE ORAL Y LENGUAJE ESCRITO Cuando
una lengua posee escritura y expresión oral, es decir que no es una lengua
muerta, su escritura puede presentar los caracteres gráficos de otra lengua y
haber adaptado a su alfabeto los fonemas, sílabas o morfemas que ésta no tenía
en sus orígenes. Al estudiar la adaptación que existe entre escritura y
expresión oral, es posible comparar la forma oral y escrita de una lengua.
Existen muchos tipos de escritura. En la china, cada signo escrito
es un morfema. En la escritura cherokee, cada símbolo representa siempre la
misma sílaba. El japonés posee una escritura parecida, los llamados silabarios.
En las escrituras que emplean un alfabeto, como el latino, cada signo
representa un sonido de la lengua hablada. El alfabeto latino posee 26 letras
que suelen mantener las lenguas que lo emplean, aunque no coincidan con el
número de fonemas que tienen que representar. Por ejemplo, en español existen
sonidos inexistentes en la lengua latina; para representarlos se usan
combinaciones de letras denominadas dígrafos, como ll, ch, o la tilde
sobre la n (ñ), para representar sonidos inexistentes en el latín
clásico.
La forma escrita de las lenguas es constante, estática y suele
reflejar la forma que tenía la lengua cuando se adoptó el alfabeto, silabario o
sistema gráfico del que se trate. En cambio, la lengua hablada es dinámica y
cambia continuamente, aunque lo haga con lentitud desde el punto de vista
fonético. El caso del español no ofrece grandes problemas de adecuación entre
la escritura y la pronunciación, sobre todo si comparamos su situación con la
de otros idiomas, como el inglés, donde la inadecuación es muy notoria. En las
lenguas que han adoptado una escritura reciente (como el swahili) o que la han
reformado (como el hebreo), es donde mejor se observa la adaptación entre la
lengua oral y la escrita.
A diferencia del habla, la escritura no representa el timbre, el
tono, la intensidad o la entonación; si acaso, incluye, en el mejor de los
casos, determinados signos, como los de puntuación o las mayúsculas. Tampoco
comprende las variantes dialectales e idiomáticas. Prueba de ello es que los
chinos que hablan dialectos diferentes se entienden mejor por medio de las
formas escritas que por el lenguaje oral. Por ese motivo, los hablantes de los
distintos dialectos del alemán escriben en alto alemán, que han adoptado como
norma escrita. En Latinoamérica no existe en general una aguda situación de
incomunicación entre los hablantes de las diversas zonas, por lo que ni la
lengua escrita ni la hablada suponen una barrera para la comprensión..
Ø
LA NORMA LINGÜÍSTICA La
forma escrita del lenguaje goza de un prestigio mayor que la oral y suele tener
una complejidad gramatical y un léxico más preciso. Así pues, la norma escrita,
que se suele denominar literaria, suele influir en el habla de la población
escolarizada. En ciertas situaciones, esos hablantes intentarán imitar la norma
escrita e, incluso, por razones de cultura, evitarán el empleo de sus usos
orales, que relegan para las situaciones menos relevantes. En los países
árabes, por ejemplo, las personas cultas emplean la norma del árabe clásico tanto
en el habla como en la lengua escrita, mientras que las personas menos
instruidas sólo emplean el árabe coloquial. El uso de dos variedades de la
misma lengua y por un único hablante en situaciones distintas se denomina
diglosia. Son diglósicos los hablantes que emplean la norma literaria como
lengua oral si están en público, y su norma nativa regional cuando están entre
amigos (como ocurre con los suizos germano-hablantes).
La norma en una lengua es aquella variedad que se ha convertido en
dominante; esta situación puede darse por razones políticas y es la legislación
o las costumbres las que la consagran. La norma lingüística es la que rige la
escritura, esto es, es la variedad literaria de la comunidad de hablantes o, al
menos, la que posee una norma ortográfica o un conjunto de materiales escritos
en ella. Cuando se enseña una lengua, se enseña la norma lingüística y quienes
la aprenden no pueden incorporar sus propios hábitos personales.
Ø
DIALECTO, ARGOT Y JERGA Un
dialecto es una variedad de una determinada lengua que se distingue claramente
de aquellas que se emplean en otras zonas geográficas y por diferentes grupos
sociales. Por ejemplo, los habitantes de las islas Canarias suben a la guagua
igual que los chilenos, en tanto que los hablantes del español en la península
Ibérica lo hacen al autobús. Entre aquellos que hablan el mismo dialecto
geográfico o social, existen otras variedades lingüísticas que dependen de
situaciones específicas.
Un caso diferente es el de los lenguajes especiales que emplean
profesionales o gremios (abogados, médicos, labradores, artesanos y otros)
cuando hablan de su profesión, o grupos sociales (jóvenes, marginados) que se
sirven de un lenguaje informal bien como afirmación generacional o para no ser
entendidos por personas ajenas a ellos; en general, este modo de expresión se
denomina argot. Un argot compuesto por toda una terminología especializada que
emplean los miembros de una determinada profesión, sin connotaciones
peyorativas, es lo que constituye una jerga. También se considera jerga o
germanía al lenguaje del mundo del hampa. Lo emplean los abogados, médicos, los
pescadores y los críticos, por citar algunas profesiones. Sin embargo, el
empleo de los términos argot, jerga y germanía varía según los autores.
Ø
SABIR O PIDGIN Y LENGUAS CRIOLLAS Dada
la función comunicativa del lenguaje, hay lenguas que desarrollan sus propias
variedades dialectales y de argot para asegurar la comunicación hasta
transformarlas por completo (el latín vulgar sufrió esta evolución). Puede
suceder que el cambio se lleve a cabo con gran rapidez como resultado del
contacto entre pueblos que hablan idiomas distintos y tienen la urgencia de
establecer intercambios. En esas situaciones es posible que aparezca un sabir o
pidgin, lengua de urgencia que está basada en la estructura gramatical de una
sola lengua, pero en el léxico y en la fonética recibe y adopta las formas de
cuantas lenguas poseen las personas que lo utilizan. En el área hispánica se
denomina sabir porque ése fue el nombre de la primera lengua de
intercambio que se basó en la gramática del español; en el área de influencia
del inglés recibe el nombre de pidgin por motivos análogos.
Estas lenguas no poseen hablantes nativos y suelen tener por origen las necesidades de los comerciantes para hacerse entender por los indígenas de regiones distantes en zonas costeras. Cuando los hablantes de un sabir lo transmiten a sus hijos, que lo acaban convirtiendo en su primera lengua, aparece una lengua criolla. El criollo ya posee hablantes nativos que constituyen toda una comunidad y evoluciona como un idioma cualquiera. Un ejemplo de todo ese proceso lo representa el papiamento, lengua que surgió en las Antillas como sabir hasta convertirse en criolla. Otro ejemplo lo representa el pidgin-english que se habla en los puertos chinos y que ha evolucionado hacia una lengua criolla, el chinook. Otro ejemplo es el caso del idioma de Sierra Leona, el krio, que surge a partir de un pidgin inglés en la costa de África.