Cabría
preguntarnos qué es América y quién es el hombre americano, ante esta pregunta
se puede formular dos posibles respuestas: si el hombre americano es aquél que
proviene de Europa entonces la América de él será distinta a la del otro
posible hombre americano: el indígena. Por lo cual la literatura de ambos se
compondría desde diferentes puntos de vista y de distintas formas, lo que quizá
para uno es necesario para comprender su historia no lo es para el otro.
La América actual está conformada mayoritariamente por
aquel hombre que vino de Europa, por eso para comprender su pasado, su origen y
el origen de su literatura es necesario remitirse a su historia, al momento de
su conquista y de su poblamiento, al momento en que los hombres del viejo mundo
vinieron a este nuevo mundo buscando algo: su futuro, y también enterrando
algo: su pasado. ¿Cuáles fueron sus motivos para olvidar el pasado?, ¿por qué
sólo existía en ellos la perspectiva del futuro?, una posible respuesta podría
ser plantear a nuestro origen como el de una idea europea, como una utopía
europea, es decir, los europeos planificaron nuestro mundo a raíz de sus
expectativas y de su filosofía. Las noticias que tenían de América las obtenían
a través de los cronistas, que enviaban lo que allí acontecía y a partir de
ellas el hombre de Europa imaginaba lo que podría suceder en América a partir
de lo que él pensaba, y tenía la
impresión de que era el sitio donde podía volcar las expectativas que tenía. Como se puede distinguir en Literatura de
fundación , donde el autor describe
a América como: “Tierra de elección del
futuro: antes de ser, América ya sabía cómo iba a ser.”, América no se basó en
su pasado, como es en general el origen de los pueblos, sino en el futuro de
otro pueblo, el que lo conquistó. A raíz de esto es posible explicar el origen
de su literatura: cómo nació, por qué y para qué lo hizo. Es posible que haya
nacido en contra de esa utopía, para encontrar un pasado a sus habitantes, en
un momento en el que ya hacía tiempo habíamos dejado de ser un pensamiento
europeo para formar un pueblo propio, que como tal, necesita de este, para
poder constituirse. Lo requiere tanto como un individuo necesita el suyo, para
poder tener una identidad.
Los escritores latinoamericanos , aunque no en todos los
casos, tuvieron que alejarse de su ciudad, de su modo de vida, para
experimentar otro y así poder llegar a reconocer el propio. Esto se puede
explicar a partir de una actitud natural del hombre mediante la cual alejándose
de sus problemas, puede reconocerlos, observarlos mejor y luego quizá
solucionarlos. Como si no perteneciendo por un tiempo a una situación en la que
siempre ha estado inmerso, pueda llegar a verla tal cómo realmente es.
Volviendo a los escritores y a la literatura hispanoamericana, éstos
necesitaron aislarse para descubrirse, mediante ese desarraigo forjaron su identidad,
y para lograrla descubrieron o idearon su pasado. Si bien tuvieron que alejarse
para poder escribir sobre ellos, lo hicieron de las dos maneras posibles: se
fueron hacia otros países o se quedaron físicamente en su país y se aislaron,
se alejaron de sí mismos mediante su imaginación, permitiéndose así reconocer o
inventar un pasado para establecer una identidad latinoamericana en lo que
respecta a la literatura. Los escritores actuales no sienten esta necesidad de
irse como los de otra época, quizá se deba a que aquella literatura constituyó
para el escritor de hoy su historia, y no necesita buscarla ya que se siente “completo”
como persona (es decir, con un pasado, un presente y un posible futuro); pero esto
no es lo que les sucede a todos, algunos no lo sienten de esta manera y siguen
tratando de escribir su historia. Retomando el momento histórico en el que los escritores
latinoamericanos experimentaban la necesidad de producir ese alejamiento, a través
del mismo se acercaron a sus raíces: a la naturaleza americana y a los indígenas.
Pero el pueblo indígena no es el mismo que denominamos América,
es decir que las áreas culturales indígenas se ubican geográficamente en América, pero tienen un pasado propio y no fueron
concebidos como la idea de otro continente. El indígena tiene su pasado, sus raíces
culturales en América, y es precisamente por eso que no tiene la necesidad de
aislarse para reconocerse, sino que siempre supo cómo era, dado que se conformó
a raíz de las costumbres de su pueblo, aprendiendo su pasado para poder así
imaginarse un futuro. La literatura indígena escribe de su pueblo, del modo de
ser de sus habitantes desde su condición como tales. Cuando los escritores
latinoamericanos se acercaron a sus raíces lo hicieron también a los indios, y
escribieron en algunas ocasiones sobre ellos, conformando así la literatura indigenista. Pero esto o bien
si se quiere se puede clasificar como un error de los escritores, o bien se
puede haber hecho con un sentido político y clasificar a esta literatura como
una literatura panfletaria. Si estos escritores buscaron sus orígenes, y
buscaron entender su pasado no deberían haberlo hecho con una parte de la
sociedad que pertenece al presente, y no al pasado, como lo son los indígenas. Además
dentro de su historia, la del hombre que provino de Europa, los indígenas no ocuparon
un lugar muy importante para sus proyectos, fueron aquellos que habitaban América,
los que sentían a esta tierra como suya, y a los que los desplazaron los
europeos para constituir en ésta una prolongación de la suya. Fueron conquistados
y arrebatados de sus tierras en la época del descubrimiento, y continuaron
siendo alienados por los habitantes de cada país luego de su independencia, un
caso particular fue el de la Campaña del Desierto en la Argentina. Este tipo de
literatura, la indigenista, no es un proyecto de reivindicación cultural; y
desde mi punto de vista hasta puede ser una manera más de exterminarlos, de abolir
su literatura tratando nosotros de reemplazarla por la nuestra con el nombre de
ellos. Son dos pueblos diferentes en un mismo continente, aquellos que
estuvieron siempre y se formaron a partir de sus creencias y religiones en esta
tierra, y desde esa posición escriben de ellos, y el otro pueblo, el que
proviene de Europa, que nació como un proyecto de otros y luego tuvo que
aislarse para reconocerse.
Como consecuencia de las historias de cada uno de estos
pueblos el carácter y la función de la literatura en ambos puede ser diferente.
Octavio Paz cuando caracteriza o cuando
analiza a la literatura hispanoamericana lo hace desde el punto de vista de que
fue escrita para rescatar una realidad y una historia, para buscar una tradición,
un regreso a esta tierra, en sus propias palabras la define como: “Voluntad de
encarnación, literatura de fundación.”. En cambio, la literatura indígena no
tiene tal función, no busca rescatar o inventar algo, porque ese “algo” ya lo
conoce; tampoco necesita que nadie escriba por él, el indio, porque él lo puede
hacer por sí mismo, no le es necesario que alguien de afuera le diga ni le enseñe
a ser lo que él es. Por lo cual la literatura indigenista carece de sentido y
por lo tanto no puede pertenecer a un proyecto de reivindicación cultural.
TRABAJO PRÁCTICO
DE
LITERATURA
TEMA: Reflexión sobre Literatura
de Fundación
PROFESORA: Iniesta
ALUMNA: Verónica M. Sánchez
AÑO: Quinto DIVISIÓN: Décima