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Literatura española del siglo XVIII

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    LITERATURA ESPAÑOLA SIGLO XVIII

    Estudio preliminar y notas: Alicia María Zorrilla

    EL SIGLO XVIII EUROPEO

    B siglo XVIII es, en toda Europa, una época de notables cambios y reformas que se caracteriza por un análisis intelectual de la naturaleza humana y por el anhelo de saber.

    En cada país, los intelectuales estimulan ese proceso de renovación.

    En Francia se reúnen en torno del llamado enciclopedismo, en Inglaterra, surgen clubes, en los países germánicos, el movimiento se denomina Aufklärung, que significa "ilustración" o "iluminación''.

    El Siglo de las Luces o Ilustración es una "corriente filosófica un tanto optimista, en virtud de la cual se confiaba en el poder de la razón humana y en la bondad natural del hombre, afectando a las costumbres, educación y legislación, promoviendo la filantropía y la tolerancia religiosa, y preocupándose por el estudio de la naturaleza, las ciencias, los asuntos políticos y económicos e instituciones aptas para fomentar e) bien de la humanidad".

    Las distintas monarquías se hallan orientadas hacia el despotismo ilustrado, ya no de "derecho divino", que adquiere auge en la segunda mitad del siglo con la fórmula: ''Todo para el pueblo, pero sin el pueblo", principio que se refería a la restauración de la riqueza nacional y a la mejora moral e intelectual del pueblo.

    País

    REINADO

    Francia

    Luis XV

    La dinastía Hannoveriana:

    Gran Bretaña

    Jorge; Jorge III, Jorge III

    Federico Guillermo 1

    Prusia

    Federico II

    María Teresa

    imperio Austro-húngaro

    José II

    Casa de Borbón-Anjou.

    España

    Felipe V, Fernando VI,

    Carlos III, Carlos IV.

    Se generaliza el interés por la ciencia aplicada y por los problemas económico-políticos, y se multiplican las academias en diversos países; en ellas se reúnen espíritus escogidos, amantes de las letras y las artes. Además, un profundo espíritu crítico, principal timbre del siglo, anima la obra de reconstrucción de los más distinguidos pensadores.

    Francia ocupa en este siglo una brillante posición frente al resto de los estados europeos. Su nombre es sinónimo de cultura y, desde su intervención  en la independencia de los Estados Unidos, sinónimo de libertad.

    La Ilustración quiere reunir todos los conocimientos científicos y hacerlos asequibles a los grandes círculos. El órgano que difunde la filosofía y la ciencia es la Enciclopedia. B primer representante de este movimiento es Pierre Bayle (1647-1706), autor del Dictionnaire historique et critique. La Enciclopedia debía ser la traducción de un diccionario inglés, pero Denise Diderot, al advertir que el vocabulario inglés poseía demasiadas lagunas como para servir de modelo, decide redactar el plan de una obra de absoluta originalidad. El segundo redactor es Jean Le Rond d'Alembert, uno de los más destacados matemáticos de Francia. El objetivo de los autores es exponer en forma constructiva todo cuanto constituye la unidad íntima de la cultura y del pensamiento humano,

    En la Enciclopedia colaboran con sus artículos, entre otros, Montesquieu, Quesnay, Turgot, Buffon, Voltaire, Marmontal y Holbach. Los temas de dichos artículos giran en torno de la Filosofía, la Religión y la Literatura.

    El título completo de la obra es Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers (1751-1780) y consta de treinta y cinco volúmenes.

    EL SIGLO XVIII ESPANOL

    El comienzo del siglo XVIII coincide en España con la instauración de la dinastía borbónica, que procede de una antigua casa feudal francesa que tomó su nombre del castillo de Bourbon (en el Bourbonnais), señorío que ya existía en el siglo VIII.

    La nueva casa reinante da otra orientación a la política interior y exterior españolas. Además, su procedencia explica la estrecha relación que nace entre España y Francia.

    Desde el punto de vista histórico, la España en la que viven Samaniego e Iriarte se caracteriza por una acentuada decadencia política y cultural, aunque surgen mejoras en el orden económico y social.

    Felipe V (1700-1724): Hijo segundo del Gran Delfín, recibe de su abuelo, Luis XIV, el título de duque de Anjou. Su reinado es beneficioso para España, pues durante el mismo el país resurge de la postración en que se hallaba al morir el último de los Austria, Carlos II (1665-1700). Las letras continúan en decadencia, aunque se llevan a cabo importantes creaciones: la Biblioteca Real (hoy Biblioteca Nacional de Madrid), en 1712, y la Real Academia Española, en 1713.

    Felipe modifica la sucesión al trono establecida en las Partidas, de Alfonso el Sabio, con la publicación del Auto Acordado (1713), que excluye del trono a las mujeres mientras vivan descendientes varones del rey en línea directa o colateral.

    Desde el punto de vista industrial, comienzan a funcionar fábricas de tejidos y tapices. Además, el rey manda construir, para su solaz, un palacio en el real sitio de San ldelfonso (La Granja), en tierras segovianas de Balsain, a imitación del de Versalles. Trabajan, a su servicio, pintores, escultores y jardineros franceses, así como tejedores flamencos y arquitectos italianos.

    Luis I (1724): Hijo de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya. Su reinado es efímero, debido a unas viruelas que acaban con su vida cuando sólo cuenta dieciséis años.

    Segundo reinado de Felipe V (1724-1746): Se caracteriza, desde el punto de vista político, por las ambiciones monárquicas de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, respecto de sus hijos Carlos y Felipe, Se lleva a cabo la fundación de la Academia de Medicina (1734), el Jardín Botánico, en Madrid, y el Observatorio Astronómico (1735), en Cádiz; la Academia de la Historia (1738) y la Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744): La Real Academia Española publica el Diccionario de Autoridades (1726-1739) y la Ortografía (1741).

    Fernando VI (1746-1759): Hijo de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, estimula la economía del país y fomenta las ciencias, las bellas letras, la música y la pintura. Su reinado constituye el más largo período de paz de que disfrutó España desde la época de Felipe II.

    Carlos III (1759-1778). Hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio. Se destaca por su cultura y es influido por las ideas enciclopedistas de su tiempo. Introduce en España el despotismo ilustrado. Dos acontecimientos de suma importancia se producen durante su gobierno: el motín de Esquilache (1764), y la expulsión de los jesuitas (1 de abril de 1767) de España y de todas sus colonias. El monarca fomenta el desarrollo de las ciencias, de las letras y las artes; crea las Sociedades Económicas de Amigos de/ País; funda las Compañías de Comercio con Indias y el Banco de San Carlos; estimula el progreso industrial (manufacturas de tapices, telas, alfarería fina, vidrios, etc ). Su ministro Campomanes recomienda que se traduzcan y circulen por España los artículos de la Enciclopedia sobre artes y oficios.

    En 1771, la Real Academia Española publica su Gramática.

    Carlos IV (1778-1808): Hijo de Carlos III y de Maria Amalia de Sajonia, Reina durante un período en que Europa está conmocionada por las ideas de la Revolución Francesa. Reprime los abusos de los acaparadores de granos y favorece el desarrollo de la ciencia y del trabajo,

    Este reinado es absorbido por la privanza de Godoy, favorito de la reina Maria Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. Firma éste un tratado de alianza ofensiva y defensiva con la República Francesa, cuya consecuencia es una guerra con Inglaterra y la pérdida de la flota española en Trafalgar. La omnipotencia de Godoy provoca la formación de un partido en torno del príncipe de Asturias, más tarde Fernando VII. En medio de intrigas familiares, Napoleón se convierte en árbitro de España. La corte se traslada, entonces, a Aranjuez con el propósito de partir desde allí a Sevilla y luego viajar a América. Cuando el pueblo conoce estos proyectos se amotina en Aranjuez (1808) y pide la destitución de Godoy. Carlos IV accede y, finalmente, debido a su creciente impopularidad, deja el trono en manos de su hijo Fernando.

    LA CULTURA DIECIOCHESCA

    La historia. En este siglo, la Historia deja de ser literaria para convertirse en documental, erudita y crítica. Se crea la Rea/ Academia de la Historia, se lleva a cabo la empresa de un Diccionario histórico critico de España y se publica la España Sagrada, del Padre Enrique Florez (1702-1773), en veintinueve volúmenes.

    La arqueología. Los estudios paleográficos empiezan en este siglo con la publicación de la Biblioteca Nacional de Polygraphia española, del archivero de la Catedral de Ávila, Cristóbal Rodríguez.

    Como Carlos III, cuando era rey de Nápoles, había iniciado las excavaciones de Pompeya y Herculano, corre por su reino la afición a las antigüedades y se excava en la Península (Termes, Numancia) y en América (Palenque, Trujillo).

    La economía. El mercantilismo se inicia en España en el siglo XVI. A esta tendencia pertenece Jerónimo de Uztáriz, autor de Theoria y práctica del comercio y de la marina (1724).

    El siglo XVIII reacciona contra esa tendencia y se abre paso al liberalismo económico, al que contribuyen el marqués de Ensenada, Floridablanca, Campomanes y Jovellanos. Las ideas de la escuela fisiocrática se advierten en la discusión de la Ley agraria, en la que descuella el Informe en el expediente de la Ley agraria, escrito por Gaspar Melchor de Jovellanos.

    El derecho y la sociología. Tiene personalidad el derecho genuinamente nacional. Se crean Academias de Derecho. Se publican obras como las Cartas, de Cabarrús; los Discursos, de Campomanes; y las Empresas políticas, de Pozuelo.

    Desde el punto de vista sociológico, Campomanes cifra el porvenir de España en su desarrollo económico, y Jovellanos relaciona el derecho a la vida con el derecho al trabajo.

    Las ciencias exactas, físicas y naturales. Resurge la ciencia española. Los reyes de la Casa de Borbón traen a España investigadores extranjeros. Se destacan como naturalistas: Antonio José Cavanilles, autor de una Historia Natural del Reino de Valencia, José Celestino Mutis, que estudia la flora y la fauna de Nueva Granada (Colombia) y funda los observatorios astronómicos de Bogotá y Madrid; y Félix de Azara, explorador de América Meridional. Entre los geógrafos, se destaca Isidoro de Antiflón.

    Se crea el Depósito de Hidrografía (1797), donde se coleccionan mapas, descripciones de viajes, etc. El geógrafo Tomás López publica una Colección de Mapas de las provincias de España, y Villaseñor, Alcedo Herrera y Alcedo Bajarano, obras sobre geografía americana.

    El matemático Jorge Juan redacta el Examen marítimo y Compendio de Navegación y funda el Observatorio Astronómico de Cádiz (1754). Además, son notables los viajes científicos y de exploración de la Armada española en expediciones dirigidas por Alejandro Malaspina y José de Bustamante, desde el Río de la Plata, por el Cabo de Hornos, hasta Alaska y mares de Oceanía.

    Entre los médicos descuellan Balmis y Salvá

    La pedagogía. El Padre Martín Sarmiento (1695-1772) defiende, en Educación de los niños y Educación de la juventud, el método intuitivo y las lecciones de cosas, y se declara partidario de la enseñanza simultánea de la lectura y la escritura,

    Carlos III, verdadero protector de la enseñanza pública, creó en 1770 los Reales Estudios de San Isidro. De esta época es el importante documento pedagógico titulado Discurso sobre la Educación popular de los artesanos y su fomento, cuyo autor es Campomanes, y la tradición caligráfica se mantiene con Torío de la Riva, autor de Arte de escribir por reglas y con muestras (1798). En 1806 se abre en Madrid, bajo la protección de Godoy, el Real Instituto Militar Pestalozziano.

    Gaspar Melchor de Jovellanos publica su Memoria sobre educación pública. La enseñanza secundaria se imparte en los colegios mayores y menores, y en las escuelas de latinidad. La enseñanza universitaria es un recuerdo de a francesa, ya que se orientan los estudios superiores hacia el cultivo y desarrollo de las ciencias experimentales y positivas, muy en boga en las universidades europeas de este siglo.

    El arte. En la primera mitad del siglo XVIII continúa imperando el Barroco, junto al recargado estilo churrigueresco, cuyo nombre proviene del madrileño José de Churriguera (1665-1725). Luego, ejercen su influencia el rococó francés o estilo Luis XV y el seudoclasicismo italiano.

    La arquitectura. El estilo neoclásico surge como reacción contra el Barroco y prevalece en la segunda mitad del siglo y principios de[ siguiente,

    Entre las figuras más destacadas se halla el madrileño Juan de Villanueva, autor del Museo del Prado, el Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico (Madrid), la Iglesia del Caballero de Gracia y la Casita del Príncipe, y el italiano Francisco Sabatini, arquitecto preferido de Carlos 111, que planea la Puerta de Alcalá y el Ministerio de Hacienda, en la capital española.

    La escultura: Los Borbones crean un arte frío y amanerado. Luis Salvador Carmona y Juan Pascual de Mena cultivan la escultura religiosa policromada, pero el representante característico del Neoclasicismo es Manuel Álvarez, autor de la Fuente de Apolo, una de las más bellas de Madrid.

    La pintura. Surge en España el arte extranjero, especialmente francés, y la pintura académica fruto de la enseñanza oficial. El italiano Giambattista Tiépolo es pintor oficial de Carlos IIl. A pesar de ello, Francisco de Goya y Lucientes pone fin a ese arte inexpresivo y abre el camino al arte pictórico contemporáneo. En 1789 es nombrado pintor de cámara por Carlos N, cargo en el que continúa durante el brevísimo reinado de José Bonaparte, y durante el de Fernando Vil. Entre sus cuadros más famosos figuran: la Familia de Carlos W; el Dos de Mayo, la Mala desnuda, y la Última Comunión de San José de Calasanz.

    La música. Penetra en España la influencia italiana. El cantante Carlos Broschi, el gran Farinelli, llega a ser protagonista de la vida política. En 1703 aparece en Madrid la primera compañía italiana de ópera.

    Para contrarrestar esta influencia, Luis Misón impone la tonadilla escénica, breve obra de teatro montada sobre la caricatura de las costumbres de la época y base de la zarzuela renovada.

    Las capillas de las catedrales siguen siendo el centro de la actividad musical.

    Florecen el villancico y el oratorio, de polifonía clásica, gracias a los compositores Nebra, en Madrid, Valis, en Barcelona, y el padre Antonio Soler, maestro de capilla de El Escorial. El padre Feijóo reacciona contra el italianismo y propugna la sencillez en el canto eclesiástico. Sobre la base de esa sencillez construye una teoría musical en la que, tal vez, se hallan sus mejores aciertos de escritor: "La música, acompañada de la virtud, hace de la tierra noviciado del cielo".

    Respecto de la música instrumental, proliferan las orquestas en los coros, catedrales y en las cámaras principescas; magníficos compositores, como José Ellas, renuevan la orgánica de Madrid.

    En 1770 se establece en dicha ciudad la primera imprenta de música que publica obras de compositores españoles y extranjeros.

    La literatura. Como las otras artes, las letras españolas se hallan entre dos fuerzas que se contraponen y complementan: la tradición nacional, salida del Barroco, y la influencia neoclásica y academicista, nutrida por lo francés.

    El siglo XVIII, más reflexivo que creativo, es, desde el punto de vista    estético, un siglo francés. La influencia de Francia comienza antes del advenimiento de la casa de Borbón al trono y se acentúa después de este hecho.

    Esa tendencia da origen al Neoclasicismo, fomentado en las escuelas por las órdenes docentes que enseñan las teorías de Aristóteles y de Horacio, y por publicaciones, como el Diario de los literatos de España (1737-1742)`(1).

    Ignacio de Luzán (1702-1754), educado en Italia y Francia, introduce en su Poética (1737) las tres unidades de Boileau -tiempo, lugar, acción- que secan la rica vena española y acaban con el carácter espontáneo y original de las obras. La literatura debe respetar, entonces, los modelos griegos y latinos, las poéticas de Horacio y de Aristóteles, como ya lo habían hecho los escritores franceses del siglo XVI l.

    Se ponen de moda los estudios eruditos, El más notable representante de esta tendencia es Fray Benito Jerónimo de Feijóo y Montenegro (1676-1764), autor del Teatro crítico universal y de las Cartas eruditas y curiosas, e introductor del espíritu crítico de los enciclopedistas franceses.

    El jesuita José Francisco de Isla (1703-1781) publica su novela acerca de[ famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, y traduce el Gil Blas, de Lesage (tragedia).

    El teatro aceptó las tres unidades en obras como Hormesinda, de Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780) y La comedia nueva y El Sí de las Niñas, de Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), que tiene por modelo a Moliére.

    La mejor tragedia del siglo XVI lI es "Raquel", de García de la Huerta.

    La lírica (2) se halla representada por Félix María de Samaniego (1745-1801) y por Tomás de Iriarte (1750-1791); con ellos florece la fábula.

    Juan Pablo Forner (1756-1797), polemista violento y certero, adopta la forma bucólica en El Asno erudito, pero es más conocido por su obra póstuma, Exequias de la lengua castellana.

    En 1789, Leandro Fernández de Moratín lanza su crítica a la afectación, característica de este siglo, en La derrota de los pedantes.

    En 1793, José Vargas Ponce escribe su Declamación contra los abusos introducidos en el castellano, paraselar las causas que habían provocado la decadencia de la lengua española: el olvido de los más eminentes clásicos; el desdén hacia las lenguas clásicas; la amplia influencia del francés; las endebles traducciones de sermonarios y de novelas; el escaso cultivo de la poesía; el predominio del teatro italiano; el lujo foráneo de la moda femenina.

    Juan Meléndez Valdés (1754-1817) escribe sus Besos de amor y su oda A las artes, además de anacreónticas, elegías y endechas.

    El dramaturgo Ramón de la Cruz (1731-1794) pinta en sus sainetes la vida de los barrios bajos de Madrid: La pradera de San Isidro; Los panaderos, etc.

    José Cadalso y Vázquez (1741-1782) y Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) son prerrománticos en este mismo siglo. El primero es autor de las Noches lúgubres, de las Cartas marruecas (3)  y de Los eruditos a la violeta, El segundo, hombre de vasta cultura, escribe El Pelayo, El delincuente honrado, Informe sobre la Ley agraria, etc. Dice Martín Alonso que si "en Jovellanos aparecen reunidas las condiciones de la sintaxis clásica con los elementos nuevos que era menester para reflejar el pensamiento moderno, en un lenguaje libre de galicismos y aliviado del peso barroco del XVII, en Torres de Villarroel (1696-1758) hallamos al "hombre inquieto del Neoclasicismo, de postura independiente y pesimista". Su novela de carácter picaresco, Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego Torres de Villarroel (1743), refleja ese pesimismo, fruto de la experiencia, y es punto intermedio entre la prosa de Quevedo y la autoconfesión de Rousseau.

    Este siglo se caracteriza también por la iniciación de los trabajos de compilación de la obra literaria. La empieza Mohedano con una Historia literaria de España (1776), a la que siguen otras obras del mismo fondo: Biblioteca de traductores, de Antonio Pellicer; Orígenes de la lengua castellana, de Luis Velázquez; Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles, de Martín Sarmiento (1695-1771): Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV, del bibliotecario, crítico y filólogo Tomás Antonio Sánchez, en la que se da a conocer por primera vez el Poema de Mío Cid.

    Contribuyó poderosamente al progreso de los estudios del idioma la creación de la Real Academia Española (1713).

    El problema del origen del español vuelve a ser planteado por Mayáns y Síscar en sus Orígenes de la lengua española; además, es de gran interés el Ensayo de los sinónimos de M Deudo y Ávila (1757).

    A partir de 1750, cobra importancia la figura del arabista Miguel Casiri bibliotecario de El Escorial quien publica la Biblioteca  hispanoarábiga

    NOTAS

    (1) los periódicos fomentan un nuevo tipo de lectura; relacionados con ellos surgieron el ensayo reducido y la carta.

    (2 Dice Martín Alonso: "Los poetas neoclásicos no buscaban el lujo decorativo de Góngora, pero tampoco la expresión sencilla, sino el tono solemne y humanístico lleno de latinismos. Tres cosas atan a la ficción poética: la razón, la verdad y la imitación grecolatina. Todo lo que en el Barroco era pasión v libertad, es aquí disciplina y cálculo" (En Evolución sintáctica del español, Aguilar, S.A. de Ediciones, Madrid, 1962, Pág. 305).

    3) En el siglo XVIII español se escriben varias obras en forma de cartas ( siguiendo el ejemplo de Montesquieu, Goldsmith, Rousseau y Richardson: Cartas de Ibrahim, de Meléndez Valdés; La Serafina, de Mor de Fuentes; El evangelio en triunfo o historia de un filósofo desengañador, de Pablo de Olavide.

    EL ESTADO DE LA LENGUA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII

    El estado en que se halla hoy la Lengua Castellana

    es capaz de que se enseñen en ella las más superiores

    ciencias y las más exquisitas facultades

    (Diccionario de Autoridades XLII)

    Ha dicho con justeza Guillermo Díaz Plaja que el siglo XVIII "representa un momento de ordenación y de estudio".'

    En contraposición al laberíntico estilo barroco, el neoclasicismo busca la sencillez expresiva y el equilibrio del siglo XVI.

    El reinado de Felipe V --como dijimos- favorece la introducción de los gustos y modas francesas, por ende, los escritores españoles comienzan a usar vocablos de esa procedencia que se conocen con el nombre de galicismos (2), y que luego se incorporan al idioma:

    "toaleta", "bufete", "petimetre", "corsé", “equipaje", "coqueta", "irreprochable", "libertinaje", 1ibertino" y otros. Por eso, dice Tomás de Iriarte en su fábula V: "El francés del español / tomó voces, aunque pocas;  el español al francés,  casi se las tomó todas". Este hecho provoca la reacción de los puristas que procuran mantener la integridad de la lengua, y explica también el porqué de la creación de la Real Academia Española, por iniciativa de don Juan Manuel Fernández Pacheco, Marqués de Villena3. La nueva entidad da a luz su Diccionario de la lengua castellana en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua (1726-1739), título que refleja, por su prolijo carácter descriptivo, el amaneramiento de la época. Esta obra es más conocida con el nombre de Diccionario de Autoridades, porque cada una de sus acepciones es autorizada por una cita de los mejores autores desde Mío Cid hasta su época.

    "El principal fin, que tuvo la Real Academia Española para su formación, fue hacer un Diccionario copioso y exacto, en que se viese la grandeza y poder de la lengua, la hermosura y fecundidad de sus voces, y que ninguna otra la excede en elegancia, phrases, y pureza_" (4).

    Su constante preocupación por el idioma se manifiesta en dos publicaciones posteriores: la Ortografía (1741) y la Gramática (1771). Respecto de esta última, dos obras se adelantan a los propósitos académicos: Gramática de la lengua castellana (1743), de Martínez Gayoso, y Arte de romance castellano, dispuesto según sus principios generales y uso de los mejores autores (1769), del padre Benito de San Pedro.

    La Academia, que se autodenomina española, habla de lengua castellana: "La Lengua Castellana, que por usarse en la mayor y mejor parte de España, suelen comúnmente llamar Española los Extranjeros, en nada cede a las más cultivadas con los afanes del arte, y del estudio" (5).

    La razón de esta preferencia radica, sin duda, como bien dice Amado Alonso, en que "en Castilla se formó" y "en Castilla es donde, por lo general, se habla mejor" (6).  Además, responde a la índole de las ideas dieciochescas: erudición, racionalismo, propósito purista, empeño casticista, centralismo uniformador con su corte castellana.

    Así como a comienzos del siglo XVI la importancia que había asumido España frente al mundo hizo circular el neologismo "español" con un significado más alto que castellano, en el siglo XVIII, esta denominación reemplaza a aquélla, pero la conlleva: es el "español de Castilla".(7)

    1 Historia del español a través de la imagen y el ejemplo.

    2 Voz que proviene de Galia, nombre propio con que antiguamente se designaba a Francia.

    3 La fundación de la Academia fue aprobada por Real Cédula del rey don Felipe V, expedida el 3 de octubre de 1714. Adoptó por divisa un crisol puesto al fuego, con la leyenda "Limpia, fija y da esplendor"

    4 Véase pág. 1 del Diccionario de Autoridades.

    5 "Discurso Proemial sobre el origen de la Lengua Castellana", en Diccionario de Autoridades, pág. XIIL

    6 Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres, Editorial Losada, S.A., 4a edición, Buenos Aires, 1968, pág. 91.

    LA FÁBULA

    Definición

    La palabra "fábula" proviene del latín fábula y significa "rumores, hablillas, habladurías, conversaciones de las gentes o del vulgo". Sin duda, el término se relaciona con el verbo latino fabuláre, de donde nació nuestro verbo "hablar" (fablare - fablar - hablar), con el adjetivo fabulosus, "fabuloso", "dícese de lo que da pábulo a la fábula" y con el sustantivo fabulator, "el inventor de fábulas, el fabulador.

    Ignacio de Luzán nos dice, en su Poética, que la palabra se aplica a "varias significaciones". "Por eso se da el nombre de fábulas poéticas a las transformaciones que refiere Ovidio, y a todo lo demás que cuentan los poetas gentiles de sus dioses, semidioses, héroes y ninfas. Pero si se atiende a su etimología del verbo fari, que significa "hablar", parece se queda neutral entre- la verdad y la mentira, pudiendo muy bien una y otra ser asunto de nuestros razonamientos. Así vemos que en uno y otro sentido la han usado los latinos, tanto para significar un hecho todo fingido, como un hecho verdadero e histórico."

    Los escritores latinos (Horacio, Terencio) llaman fábulas a los poemas épicos y a los dramas.

    Aristóteles, en su Poética, considera que es la acción de una tragedia, comedia o poema épico; por tal motivo dice que ha de ser grande, verosímil y entera: "La imitación de la acción es la fábula, pues llamo fábula en este sentido a la composición misma de las acciones"; "La fábula es el principio y como el alma de la tragedia..."; "La fábula no es una, como creen algunos, cuando trata de un solo personaje, puesto que a un solo personaje suceden muchas e infinitas.

    Cosas. Y, como para Aristóteles la belleza consiste "en la medida y en el orden", sostiene que para que la fábula sea bella debe poseer una "extensión tal que pueda ser retenida por la memoria".

    Advertimos, además, que su concepto de fábula se aleja del que nos atañe, cuando leemos que "el poeta debe ser creador de fábulas antes que de versos, por cuanto es poeta de acuerdo con la imitación e imita acciones......

    El Diccionario de Autoridades nos ofrece las distintas acepciones que poseía ya la palabra en el siglo XVIII:

    o "El rumor y hablilla del Pueblo, y lo que comúnmente se dice y habla de algún particular".

    o "Ficción artificiosa con que se procura encubrir o disimular alguna verdad filosófica o moral",

    o "Cuento o narración de cosa que ni es verdad ni tiene sombra de ella, inventado para deleitar, ya sea con enseñanza o sin ella: las de la primera especie se llaman Apólogas y las de la segunda Milesias. En el capítulo 47 de la primera parte del Quijote, leemos: "Y según a mí me parece, este género de escritura y composición cae debajo de aquel de las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que atienden solamente a deleitar, y no a enseñar: al contrario de lo que hacen las fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente".

    • Mentira.

    • Metafóricamente se toma como sinónimo de burla con que se provoca a risa a costa de una persona o cosa.

    En cada una de estas definiciones hallamos un aspecto que conviene a la composición literaria de la que hablaremos:

    a) es lo que se dice sobre algo;

    b) encubre una verdad, generalmente, moral;

    c) es una narración inventada para enseñar deleitando;

    d) participa de la mentira en lo que atañe a la actuación casi humana de los animales:

    e) mueve a risa, a veces.

    Se consideran sinónimos de la palabra "fábula" otras palabras como apólogo, alegoría, cuento, ficción, invención, mito, leyenda, parábola, quimera, proverbio, anécdota.

    - El apólogo (del latín apologus, tomado del griego apólogos) w define como "cuento", "fábula", "relato detallado".

    - La alegoría (del griego alegoría, "metáfora", "decir otras cosas en la asamblea"), consiste en hacer patentes en el discurso, mediante metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, con el fin de dar a entender una cosa, expresando otra diferente.

    - El cuento es la relación o noticia de alguna cosa sucedida y por extensión -según el Diccionario de Autoridades- se llaman también así las fábulas o consejas que se suelen contar a los niños para divertirlos.

    - La ficción es una invención poética, una simulación con que se pretende encubrir la verdad o hacer creer lo que no es cierto.

    - La invención es engaño, ficción.

    -El mito (del griego mitos,"palabra")es fábula, leyenda, ficción alegórica.

    -- La leyenda (del latín legere, Ieer") es la relación de sucesos que tienen más de maravillosos o tradicionales que de históricos o verdaderos, También se la define como composición poética de alguna extensión, en que se narra un suceso de esa clase.

    - La parábola (del griego parabolé, "arrojar al lado, comparar) es la narración de un suceso fingido, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral La fábula es una forma especial de parábola. Juan Baltasar Gracián, en su Agudeza y arte de ingenio, escribe que las parábolas "son especies de alegorías, muy a propósito para enseñar, por ser más graves que los apólogos, y no menos gustosas, participan algo de enigmas; también se funda su artificio por semejanza, son como una pintura narrada, que representa el intento que se pretende". Y agrega: "En la parábola, todos los sujetos que se introducen son humanos, y en eso se distingue de la fábula; aun las virtudes o vicios de que se trata, se fingen en personajes. .". Esta comparación de la fábula con la parábola nos remite a las parábolas evangélicas. Recordemos ésta, por ejemplo:

    "Decía: El reino de Dios es como un hombre que arroja la semilla en la tierra, y ya duerma, ya vele, de noche y de día, la semilla germina y crece, sin que él sepa cómo. De sí misma da fruto la tierra: primero la hierba, luego la espiga, enseguida el trigo que llena la espiga; y cuando el fruto está maduro, se mete la hoz, porque la mies está en sazón." ("La parábola de la semilla que crece"), A imitación de ellas, los escritores cristianos solían fundamentar sus explicaciones doctrinales con fábulas que tenían el valor de ejemplos. San Ambrosio (siglo IV), entre ellos, consideraba que Ios ejemplos persuaden más que las palabras". Desde el siglo VIII se aconseja el empleo de ejemplos en la predicación. Los sermones introducen breves narraciones de distinto origen, en las que la historia se confunde con lo fabuloso, con el objeto de aclarar aspectos morales. Las fuentes de estos ejemplos son: la literatura sacra (Antiguo y Nuevo Testamento; la patrística; las vidas de Santos; los milagros de la Virgen, etc.), la literatura profana (fabularios, leyendas, apólogos orientales, etc.), anécdotas contemporáneas, historias de animales, etc. La mayor parte de los mismos se halla escrita en latín, otros, en lengua vulgar, como el Libro de los Exemplos, de Clemente Sánchez, que data de comienzos del siglo XY

    - El proverbio (del latín proverbium; de pro, "en lugar de" y verbum, "verbo") es una sentencia, adagio o refrán. Obra dramática cuyo objeto es poner en acción un proverbio o refrán. En la Biblia leemos: "Hijo mío, no la pierdas nunca de vista;  guarda siempre la prudencia y el consejo, que serán vida para tu alma / y gracia para tu cuello Entonces irás confiado tu camino y no tropezará tu pie. Cuando te acostares no sentirás temor;-/ te acostarás y dormirás  dulce sueño. No tendrás temor de repentinos pavores 1 ni de la ruina de los impíos cuando venga. Porque Yahvé será tu confianza y preservará tu pie de quedar preso". ("Felicidad del justo").

    - La quimera (del griego, "animal fabuloso con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón") es lo que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo.

    - La anécdota (del griego, "inédito") es la relación, breve, de algún rasgo o suceso particular más o menos notable.

    Félix María de Samaniego, en el "Prólogo" que escribe para sus fábulas, emplea indistintamente los términos "fábula" y "apólogo".

    Sin duda, ninguno de sus aparentes sinónimos pueden definirla cabalmente. De ahí, que muchos consideren que la fábula no posee una definición. Jean de La Fontaine (1621-1695), el mejor poeta francés del siglo XVIi, afirma que es una amplia comedia de cien actos diversos, en que la escena es el universo.

    Miguel Agustín Príncipe sostiene que sus límites son vagos, pero reconoce que responden a ciertas reglas: no ofuscar la moralidad; deducción ingeniosa de la misma; verdad de caracteres; saber contar, dialogar y pintar; lenguaje claro, sencillo y natural.

    Otros aseguran que la auténtica fábula debe ser escrita en prosa. Respecto de esto, Samaniego aclara en su "Prólogo": "Confesaré sinceramente que no he acertado a aprovecharme de ella, si en mi colección no se halla más de la mitad de fábulas que en la claridad y sencillez de estilo, no pueda apostárselas a la prosa más trivial.

    Se han ensayado otras definiciones: las fábulas son las composiciones que enseñan "el modo correcto de comportarse en este mundo"; "relatan mediante palabras, actos o sucesos -fabulosos, si bien pueden acontecer- lo que uno debería hacer; son "cuentos populares que han ido pasando de generación en generación"; narraciones en las que, "con fines moralistas, unos seres irracionales, y a veces inanimados, actúan y hablan como si tuvieran intereses y pasiones humanas".

    También se la ha denominado "cuento admonitorio", es decir, que amonesta, aconseja o exhorta,

    Algunos críticos afirman que "cuando se considera por una parte lo que fue el apólogo en la antigüedad asiática, donde tuvo su cuna, y, por otra, que la versificación no es, en la fábula, sino una envoltura graciosa y pintoresca de un pensamiento ante todo simbólico, sensato y filosófico. Cuesta trabajo convencerse de que deba ser tenida por un género sinceramente poético, en la acepción propia y elevada de esta palabra. La fábula es cuento, emblema, lección, sátira; es todo menos verdadera poesía".

    En síntesis, podemos concretarlos distintos puntos de vista, definiéndola como una composición literaria, generalmente en verso, en /a que, mediante una ficción alegórica y la participación de seres humanos o la personificación de animales, seres inanimados o abstractos, se da una enseñanza útil o moral.

    Origen y difusión

    La fábula es, sin duda, una manifestación del alma popular. Pertenece al folklore (folk, "pueblo"; lore, "saber"), pues, como otras expresiones de esta índole, contiene el sentimiento y la sabiduría del pueblo. Tiene su origen en Oriente. Las narraciones fabulísticas que nacen y se desarrollan en la India nos ofrecen los más antiguos relatos que, luego, resurgen en el folklore de pueblos diversos y muy distantes. Los fabularios indios están escritos en prosa y, a veces, en ella aparecen intercalados versos que, a modo de sentencia, presentan la moraleja de la narración. B escritor indio -dice Martín de Riquer- nos presenta una serie inacabable de apólogos en los que muestra su interés por lo humanamente universal y desligado del tiempo, en oposición a lo particular, real y concreto de la historia, género que sólo concibe poéticamente y del que no sabe ni quiere separar la leyenda; su fantasía le lleva a crear pequeños cuadros tomados del mundo circundante o del mundo de la maravilla y del prodigio en los que plantea problemas morales e incluso prácticos."

    El libro de apólogos más antiguo y conocido es el Patchatantra ("Los cinco libros"), cuyas primeras redacciones se fechan entre los siglos 11 y VI, pero cuyo origen seguramente es anterior. La obra, de carácter doctrinal, consta de setenta narraciones. Con ella, un sabio, Visinnusarman, considerado el verdadero autor de la misma, instruye a los hijos de un rey sobre ciencia política y moral práctica. Los apólogos son casi todos animalísticos. El chacal Damanaka, que protagoniza varias historias, desempeña la misma función que el astuto zorro de los ciclos occidentales.

    En el siglo VI este fabulario es traducido al persa y esta versión, hoy perdida, se utiliza para realizar una traducción al árabe en el año 750. De ésta nace el Calila e Dimna (dos lobos hermanos), fabulario castellano del siglo XIII, debido a la labor de Alfonso X, el Sabio, creador de la Escuela de Traductores de Toledo, y el fabulario hebreo, que es traducido al latín por Juan de Capua. Esta nueva versión es trasladada a algunas lenguas modernas. Sobre la versión árabe también se traduce el Sendebar o Libro de los engaños et los asayamientos de las mujeres, que se divulga por todo. Occidente.

    Del Pañtchatantra deriva el Hitopadesa ("La buena instrucción"), redactado, tal vez, entre los siglos X y XIV, por Narayana, un conjunto de fábulas, cuentos y apólogos breves, cuyo objetivo es la enseñanza moral.

    En Grecia, la prosa se cultiva después que la poesía. Los primeros textos de prosa griega surgen en el siglo VI a.C.; en esta época se ubica también la figura del fabulista Esopo, cuya existencia parece dudosa debido a la falta de documentos que la atestigüen y a las contradictorias leyendas que en torno de él se tejieron. Algunos autores griegos lo consideran natural de Tracia; otros, de la ciudad de Frigia. Herócloto, que es la primera fuente existente sobre Esopo, afirma que el fabulista vivió entre 570-526 a.C., Heraclio de Ponto cree que en 540 a.C, Fedro y otros, entre 612-527 a.C.:

    A Esopo se atribuyen breves narraciones en prosa con intención moralizante. "Aparte de su valor como textos de moral popular -dice Martín de Riquer- las fábulas esópicas, que ponen en movimiento animales y les hacen obrar y hablar como hombres, parecen brevísimas escenas de comedia y constituyen un documento precioso para comprender la intimidad y la vida cotidiana de los griegos." Leamos una de ellas: "Una zorra y un leopardo a propósito de su belleza discutían. El leopardo a cada momento exaltaba la variedad de su pelaje; la zorra respondiendo dijo: "¡Qué por encima de ti estoy yo en belleza, yo que soy variada, no de pelaje, sino de espíritu!" La fábula muestra que el adorno de la inteligencia es mejor que la belleza corporal". ("La zorra y el leopardo".)

    Fedro, que nace esclavo como Esopo, atribuye a éste la creación de la fábula: "Esopo, creador de la fábula, halló el asunto, que yo he pulido en versos senarios". ("Prólogo", Libro Primero.) Se ignora la fecha de su nacimiento. Algunos sostienen que vio la luz en Tracia; otros, en la colonia romana de Pinilippi. En Roma forma parte de la servidumbre de la familia de los Césares. Es liberado de la esclavitud por el emperador Augusto. De ahí que sus fábulas, dispuestas en cinco libros, lleven como titulo: Phaedri Augusti Liberti Fabularum Aesopiarum Liber (Libro de las Fábulas esópicas de/ liberto de Augusto, Fedro). Según se cree, murió en el año 69 de la Era Cristiana.

    En el ''Prólogo" del Libro Primero, Fedro explica sus ventajas: mueve a reír y al prudente enseña la vida con el consejo".

    En el "Prólogo" del Libro Segundo, advierte que ''el género literario creado por Esopo está compuesto de ejemplos, y no se busca otra cosa con las fábulas, sino corregir los errores de los mortales y estimular su propia atención y actividad. En el Epílogo" de este mismo libro, aclara que "Esopo, esclavo temeroso, no atreviéndose a decir lo que quería, tradujo en fábulas sus propios sentimientos, burlando a la calumnia con graciosas ficciones. Yo, por mi parte, convertí su senda en amplia vía, imaginando más fábulas de las que él dejara e inventando otras para mi desgracia". Su propósito es concreto: ''mostrar la misma vida y las costumbres de los hombres". En el "Prólogo" del Libro Cuarto, reconoce que él se sirve de un "género antiguo, pero con asuntos nuevos".

    En la Edad Media, la fábula grecolatina de carácter moralizador alcanza una gran difusión. Las fábulas de Fedro dan origen a un fabulario denominado Romulus. Otra obra de la misma índole, el Romulus anglo-latino, es redactada en Inglaterra, pero se ha perdido

    Marco Fabio Quintiliano, escritor español de la época romana, nacido en Calahorra (Logroño) en 42 y muerto en 120, expone, en su obra De Institutione Oratoria, sus ideas acerca de la fábula: "Suelen también mover, y no poco, especialmente a gente rústica, aquellas fabulitas que tomaron el nombre de Esopo, aunque parece que su primer inventor fue Hesíodo porque oyen con gusto estas cosas inventadas con tanta sencillez, y por lo mismo que les halaga el oído, dan asenso a lo que proponen".

    En el siglo XII, un judío converso de Huesca, llamado Pedro Alfonso, introduce en Europa el apólogo de. origen orientar a través de su libro Disciplina Clericalis, traducido luego a varias lenguas.

    En el siglo XIV, el apólogo orienta¡ también aparece en la obra de don Juan Manuel (1282-1348): el Libro de los estados (1327-1332), derivado del Barlaam y Josatat, y el Libro de Patronio o Conde Lucanor (1340), en el que influyen el Barlaam y Josafat, el Sendebar, Calila e Dimna y la Disciplina Clericalis. En este mismo siglo, Juan Ruiz, arcipreste de Hita, publica su Libro de buen amor, que contiene varias fábulas procedentes de los Rómulos medievales, No todas tienen carácter moral; algunas se presentan como verdaderas parodias de la fábula, ya que Juan Ruiz demuestra, a través de ellas, que pueden utilizarse con finalidad opuesta.

    El comienzo del siglo XV señala el auge de los fabularios escritos en latín, en lenguas romances y germánicas. Reciben el nombre de isopetes (nombre que deriva de Esopo) y constituyen la lectura preferida del pueblo.

    Bartolomé de Argensola (1562-1631), literato español que tiene como modelo a los clásicos latinos, traduce dos fábulas de Horacio: "Los dos ratones" (Epístola IV) y "La golondrina" (Epístola V).

    El siglo XVIII le da nuevo aliento a la fábula como "instrumento de fina sátira social, política y literaria". Como bien dice Ignacio de Luzán, el objetivo de la poesía en este siglo es "aprovechar deleitando". En el capítulo V de su Poética ("De la esencia y definición de la poesía") define la poesía como "imitación de la naturaleza en lo universal o en lo particular, hecha con versos, para utilidad o para   deleite de los hombres, o para uno y otro juntamente".

    La imitación es para él el género de la poesía; no se refiere sólo a la imitación de acciones humanas, sino también a los que imitaron "en significado análogo".

    En lo universal o en lo particular: considera que la imitación se reduce a esos "dos géneros`. Imitar lo particular es pintar las cosas como "son en sí"; imitar lo universal es pintar las cosas "según la idea y opinión de los hombres".

    Hecha con versos: ése es el instrumento del cual se sirve la poesía. Para utilidad o para deleite de los hombres, o para uno y otro junto estos tres fines ya aparecen en el Arte Poética de Horacio, y en toda la preceptiva neoclásica.

    En el Capítulo XI ("De[ fin de la poesía"), Luzán dice que el poeta podrá "uniendo lo útil a lo dulce, dirigir sus versos al fin de enseñar deleitando, o deleitar enseñando, en un poema épico, en una tragedia o comedia"; y agrega que "sólo del feliz maridaje de la utilidad con el deleite nacen, como hijos legítimos, los maravillosos efectos que, en las costumbres y en (os ánimos, produce la perfecta poesía"

    Se halla latente en el pensamiento de Luzán el concepto aristotélico del arte como "naturaleza poetizada" y de la naturaleza como "arte sin poetizar". La unión de la naturaleza, fuente de toda verdad, con el arte se intensifica, además, por el deseo de llevar a cabo una creación que resulte beneficiosa para el hombre y, por ende, para la sociedad. Entonces, a fa naturaleza y al arte deben agregarse la verdad y la moral. De ahí que la fábula sea una continua búsqueda de las reglas del arte, de la sabiduría y de la ética mediante la narración de la vida de los animales y de las cosas.

    Samaniego se propone, pues, instruir deleitando y así lo expresan los versos horacianos: "Todo sufragio ganó quien mezcló lo dulce a lo útil, 1 al lector deleitando y amonestando igualmente".

    Tomás de Iriarte sostiene, en Donde las dan las toman, que Samaniego es el primero en publicar una colección de fábulas. Y en la "Dedicatoria a Don Tomás de Iriarte" (Libro 111), Samaniego escribe: "En mis versos, Iriarte, / Ya no quiero más arte / Que poner a los tuyos por modelo. / A competir anhelo / Con tu numen, que el sabio mundo admira, / Si me prestas tu ira, / Aquélla en que tocaron dulcemente  Música y Poesía juntamente". A pesar de ello, no podemos considerar que Iriarte o Samaniego hayan sido los creadores de la fábula ni de un estilo fabulístico, pues los trabajos de investigación han permitido el hallazgo de fábulas en las obras de Lope (El castigo sin venganzas, El príncipe perfecto, Ejemplo de casadas); de Tirso de Molina (El pretendiente al revés); de Calderón; de Ruiz de Alarcón y de otros. La única novedad que introducen Iriarte y Samaniego en sus obras fabulísticas es la crítica aguda de los defectos literarios; recuérdese la Fábula IX ("La hormiga y la pulga"), de Iriarte.

    Si el siglo XVIII puede considerarse como el del resurgimiento de la fábula, es porque en él nace una auténtica preocupación por ofrecer a los niños obras que se adecuen a sus inquietudes y a sus necesidades. De ahí que se insista en el carácter didáctico-moralizante de la literatura dieciochesca.

    Alberto Navarro González nos dice, además, que ese auge proviene de la crisis que provocaron los conceptos de "heroísmo", "abnegación" y "sublimidad", y de la creciente valoración del bienestar.

    Desde la época del Arcipreste hasta la de Samaniego e Iriarte pasan cuatro siglos. "Durante esos cuatro siglos -dice Federico Carlos Sáenz de Robles- hay que buscarlas, ya en prosa, ya en verso, en las graves crónicas de los reinados, en los doctrinales políticos, en los tratados ascéticos, en los centones de anécdotas y chascarrillos, en los pasos, entremeses, comedias, en los poemas épicos." Un año antes de la publicación de las Fábulas, de Samaniego, el sabio jesuita Lasala publica, en Bolonia, una traducción 11 versos latinos de las Fábulas de Locman, realizada sobre la base del texto árabe. En 1784, el latinista Miguel García Asensio publica, en Madrid, una traducción española de las mismas fábulas a través del texto de Lasala.

    En 1785, don Bernardo María de Calzada, traductor muy conocido de varias obras francesas, lleva a la imprenta una traducción de las Fábulas, de La Fontaine.

    Después, Juan Bautista Arriaza escribe La Fábula de las Fábulas

    A fines de 1796 dice: "En unos años en que reinaba en la corte una plaga de fábulas (como la pudiera haber de tercianas) satirizaron al autor en una de ellas".

    En 1797, José Agustín Ibáñez de la Renteria escribe Fábulas en verso castellano.

    A fines de siglo, Ramón de Pisán publica, con el anagrama Román de Pinos, varias fábulas en los periódicos de Madrid y Salamanca. Las mismas aparecen en colección en 1819.

    Entre 1861 y 1862, Miguel Agustín Príncipe publica sus Fábulas en verso castellano y en variedad de rimas,

    En 1842, Campoamor publica las suyas.

    Entre 1848 y 1865, Juan Eugenio Hartzenbusch, erudito y dramaturgo, da a la imprenta alrededor de doscientas fábulas.

    Lo mismo hicieron después don Pascual Fernández Baeza (Colección de fábulas políticas y morales); don Cayetano Fernández (Fábulas ascéticas); don Rafael José de Crespo (Fábulas y epigramas), don Juan Pisón y Vargas (Fábulas políticas y morales).

    Finalmente, diremos que para la composición de las mismas, se emplean los metros usados en el Siglo de Oro: sonetos, octavas, décimas, romances, liras, silvas, letrillas etc.

    LA FÁBULA Y LA LITERATURA FANTÁSTICA

    El Diccionario académico define la palabra ''fantástico" de la siguiente manera: "Quimérico, fingido, que no tiene realidad, y consiste sólo en la imaginación". "Fantasía" es un término que proviene del griego y significa "imaginación'',

    Al hablar de la literatura fantástica nos referimos a obras en cuya trama se unen lo sobrenatural, lo maravilloso, lo inexplicable, lo que excede los limites de nuestra realidad cotidiana,

    Una narración es fantástica cuando su contenido atraviesa el ámbito de la lógica y se nutre de la irrealidad, del sueño, de la magia, de las transformaciones. Así lo demuestra el siguiente fragmento del cuento "La naranja maravillosa", de Silvina Ocampo: ''En cuanto mordió la naranja Claudia comenzó a relucir de belleza su boca brillaba como una cereza, sus ojos se tiñeron de azul, sus mejillas parecían pintadas y Sus pestañas más sedosas, largas y negras que las pestañas de una estrella de cine. D vestido cubierto de remiendos y de agujeros se transformó en un vestido de seda tornasol cubierto de lentejuelas, de cintas, de entredoses, de volados, de puntillas......

    La poesía también nos proporciona ejemplos de esta índole. Recordemos los últimos versos de "La rosa niña", de Rubén Darío: "Mas a los influjos del hada amorosa, que supo el secreto de aquel corazón, se fue convirtiendo poco a poco en rosa,  en rosa más bella que las de Sarón,  La metamorfosis fue santa aquel día.  (La sombra lejana de Ovidio aplaudía),  pues la dulce niña ofreció al Señor, que le agradecía y le sonreía en la melodía de la Epifanía, su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha flor".

    Lo mismo ocurre en algunas leyendas: "-Yo sé que vos habéis sido quien. por una mala tentación, acabáis de coger el rosario de ¡a Virgen con vuestras manos mismas...

    Y la dama, fuera de sí, en un acceso de rabia, exclamó:

    -Ari biyur (que me convierta en piedra) si no es verdad lo que digo.

    Y. en el acto, la dama se convirtió en roca", ("Ari biyur".)

    Cabe preguntarse, entonces, si la fábula forma parte de la literatura fantástica, La respuesta es negativa, ya que sus autores no pretenden que los lectores crean que los animales hablan o adoptan la conducta propia de los hombres. Realidad e imaginación no confunden, pues, sus dominios.

    El diálogo entre animales es, en realidad, una convención literaria: "A una Mona: muy taimada, dijo un día, cierta Urraca:  "Si vinieras / a mi estancia, ¡cuántas cosas te enseñara!,,...", (XILVII, "La Urraca y la Mona", de Iriarte.)

    De ahí que Bruno Bettelheim haya escrito que 1as fábulas afirman siempre, y explícitamente, verdades morales; no hay ningún significado oculto, no queda nada para nuestra imaginación".

     FÁBULA Y METÁFORA

    Ha escrito Segundo Serrano Poncela que ''ya el hecho de trasponer la imaginación y su aparato expresivo al campo de la creación fabulatriz es una metáfora radical......

    La fábula puede considerarse una metáfora -y más aún una alegoría- si tenemos en cuenta que el argumento que nos brinda su lectura (plano imaginado) encubre la denuncia de un vicio que trasciende los límites de la moral (plano real), Este plano es develado, luego, por la moraleja. De ahí que tras esa "metáfora" se solape "una peculiar visión del mundo, dinámica y difícilmente conceptualizable".

    Según Ignacio de Luzán, el P. Le Bossu define la fábula como "discurso inventado para formar las costumbres por medio de instrucciones disfrazadas debajo de ¡as alegorías de una acción", y agrega que consta de dos partes esenciales: 1a verdad, que le sirve de fundamento, y la ficción, que es como el disfraz de la verdad". Lo corroboramos, por ejemplo, con la fábula XLIII, de Iriarte. La ficción comprende todo lo que refiere el poeta acerca de lo que sucedió entre los músicos (dos grillos, una rana, una cigarra, dos tábanos, un cerdo y un burro) que se reunieron para celebrar con "su arte" el cumpleaños de[ león: "Baste decir que los más  las orejas se taparon,  y por respeto al león, disimularon el chasco".

    La verdad se halla en la instrucción moral: si intervienen muchos en la composición de una obra, cada uno se la adjudica, si es valiosa, y critica a los restantes, si es mala: "¡Así permitiera el Cielo que sucediera otro tanto cuando, trabajando a escote ~ tres escritores o cuatro, cada cual quiere la gloria 1 si es bueno el libro, o mediano, y los compañeros tienen / la culpa si sale malo!",

    Por eso, dice Luzán: "Conque la acción sola, sin alegoría ni instrucción, es como un cuerpo sin alma, y la instrucción moral sin acción imitada, que (a contenga en sí y la encubra, es como un alma sin cuerpo,

    LAS FÁBULAS DE IRIARTE

    Iriarte no es el creador de la fábula literaria, pero si el primero que ha dejado una copiosa colección de carácter original casi en su totalidad.

    No prologa sus fábulas, como lo hace Samaniego, pero expresa sus conceptos acerca de ellas en su obra Para casos tales. A pesar de esto,  la lectura de la Fábula ("El elefante y otros animales") nos introduce en su mundo: "Allá, en tiempo de entonces, ' y en tierras muy remotas, ~ cuando hablaban los brutos  su cierta jerigonza, notó el sabio Elefante / que entre ellos era moda incurrir en abusos dignos de gran reforma". Advertimos aquí, entonces:  La presentación de los futuros personajes de sus fábulas, quienes, conforme a la tradición grecolatina, que conservan la Edad Media y el Siglo de Oro, son en su mayoría animales (oso, cerdo, loros, araña, burro, hormiga, conejos, pato, rana, ardilla, caballo, lobo, gato, ratón y muchos otros), aunque también aparecen plantas (parietaria, tomillo, té, salvia), seres humanos (titiritero, caminante, jardinero, cazador, pastor, trapero, erudito, galán, dama, ricacho, médico, enfermo y otros), cosas (campana, esquilón, huevos, espada, abanico, escoba, asador, relojes, río Tajo, retrato. quita-sol, verruga y otras). En su fábula, Iriarte especifica el lugar que ocupa el animal en la obra y, al referirse al oso, por ejemplo, dice: "Queriendo hacer de persona. Ese "querer hacer de persona" explica el porqué del uso de las mayúsculas en la designación de los animales y de las cosas. Respecto del espacio en que se mueven, cada uno está ubicado en su medio, pero no podemos hablar de una descripción minuciosa de ambientes; por el contrario, si algo caracteriza a los espacios es la

    vaguedad con que son presentados: "Cerca de unos prados" (Vlll); "Por entre unas matas" (XI); "A orillas de un estanque" (XIII). Lo mismo ocurre con el tiempo en que transcurren los hechos: "A tratar de un gravísimo negocio se juntaron los Zánganos un día", (IV), "Diz que un día en un convento entró una Lechuza... Miento, que no debió ser un día; fue, sin duda, estando el sol ya muy lejos del ocaso...'' (XXIII).  Los "abusos" de los que habla conformarán el tema de las mismas:

    Preceptiva literaria: aunque no es su objetivo componer una preceptiva literaria, muchas fábulas nos ofrecen diversos conceptos de esa índole: "Se ha de considerar la calidad de una obra, y no el tiempo que se ha tardado en hacerla''. (II); "Sin claridad no hay buena obra''. (VI); "La perfección de una obra consiste en la unión de lo útil y de lo agraciable". (XLIX); Fácilmente se luce con citar y elogiar a los hombres grandes de la antigüedad; el mérito está en imitarlos''. (IV), "Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por casualidad. (VIII); "Si es vicioso el uso de voces extranjeras modernamente introducidas, también lo es, por el contrario, el de las anticuadas". (XXXIX); "No ha de considerarse en un autor la edad, sino el talento" (XILVI); "La Naturaleza y el arte han de ayudarse recíprocamente". (LIV), "Es Igualmente injusta la preocupación exclusiva a favor de la literatura antigua o a favor de la moderna". (LXIII), Crítica a los literatos de la época: "Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden los necios". (III); "Los que corrompen, su idioma no tienen otro desquite que llamar puristas a los que le hablan con propiedad, como si el serio fuera tacha". (V); "No falta quien quiera pasar por autor original, cuando no hace más que repetir con corta diferencia lo que otros muchos han dicho". (XII) , "Nada sirve la fama si no corresponden las obras". (XVII).

    La moral: Más que una preceptiva literaria, podemos hablar de una ética literaria, cuyo eje es, sin duda, una exigencia de autenticidad: "Cuando se trata de censurar los defectos de una obra, no deben censurarse los personales de su autor (XXXIV), "la verdad no puede ser más de una, aunque las opiniones

    sean muchas". (LVIII); "Al que trabaja algo, puede disimulársele que lo pregone; el que nada hace, debe callar. (LXIV).

    Como el objetivo fundamental que persigue al escribir sus fábulas es el de censurar los defectos de los literatos: ridiculizar los vicios de las letras y la pureza del lenguaje; lograr la gracia del estilo, la fecundidad de la invención, la soltura de la versificación (sus destinatarios son los jóvenes que desean aprender a versificar), la variedad de los metros, es fácil comprender el porqué del título: Fábulas literarias. Por eso, dice Marcelino Menéndez y Pelayo que Iriarte fue el inventor de un nuevo género de poesía didáctica: la Fábula literaria, antes de él no ensayada sistemáticamente en ninguna literatura".

    .  La "reforma'' dará origen a la moraleja, palabra que deriva de moral" (del latín mos-moris, "uso, costumbre, manera de vivir") y que es la lección o enseñanza moral provechosa que se deduce de una fábula y que él pretende inculcar. La preceptiva clásica sostiene la existencia de dos clases de fábulas de acuerdo con la posición que ocupa la moraleja en la misma:

    -              si encabeza la composición, la fábula recibe el nombre de dantos (IX, XIV, XXII, LXXV);

    -              si la cierra, se denomina adfabulatio (todas las demás).

    Ignacio de Luzán, en su Poética, considera que existen tres clases de fábulas: racionales (en las que sólo participan seres humanos o dioses); moratas o morales (en las que aparecen animales con costumbres humanas); mixtas (en las que intervienen animales y hombres). De acuerdo con esta clasificación, diremos que, en Iriarte, predominan las moratas o morales, aunque también las hay mixtas (XXV "El lobo y el pastor) y racionales "Los cuatro lisiados"). Agrega Luzán que "Las mixtas y las moratas ostentan manifiestamente la ficción, pero las racionales la encubren con capa de verisimilitud".

    Y continúa Iriarte en su Fábula : "Afeárselos quiere, / este fin los convoca" Quiere "afeárselos", porque quiere destacar esos defectos y culpar las malas acciones: "mil ridículas faltas,  mil costumbres viciosas:  la nociva pereza, / la afectada bambolla,  la arrogante ignorancia,  la envidia maliciosa". Estos versos especifican los 'abusos" de los que habla al principio y constituyen el meollo de muchas de las fábulas. Los adjetivos que califican esos "errores", asumen el carácter de epítetos para destacar su nota característica: las "faltas" son "ridículas"; las "costumbres", "viciosas"; la "pereza'', "nociva"; la 'bambolla", "afectada"; la "ignorancia", "arrogante"; la envidia", "maliciosa". El "sabio Elefante" tiene también su auditorio: "el Cordero inocente, la siempre fiel Paloma, / el leal Perdiguero,  la Abeja artificiosa, el Caballo obediente, / la Hormiga afanadora,  el hábil Jilguerillo, la simple Mariposa".

    Otra vez los adjetivos actúan como epítetos para subrayar la cualidad que distingue a cada uno de estos animales.

    En contraposición a esta "gustosa" concurrencia que simboliza la naturaleza buena y la virtud, aparecen los demás personajes que se sienten ofendidos ante tales consejos, pues ellos son el símbolo de la naturaleza mala y no virtuosa: "El Tigre, el rapaz Lobo / contra el censor se enojan.  ¡Qué de injurias vomita  la Sierpe venenosa!  Murmuran por lo bajo,  zumbando en voces roncas, / el Zángano, la Avispa, el Tábano y la Mosca. / Sálense del concurso, por no escuchar sus glorias,  el Cigarrón dañino, / la Oruga y la Langosta. La Garduña se encoge,  disimula la Zorra,  y el insolente Mono hace de toda mofa". Si nos detenemos nuevamente en la adjetivación, advertiremos que Iriarte la elige con absoluta justeza: "rapaz" (lobo); "venenosa" (sierpe); "dañino" (cigarrón); "insolente" (mono).

    Detrás de este personaje que asume el difícil papel de "censor", está el poeta, quien, de acuerdo con la estructura de las fábulas, cierra esta primera con una advertencia: ""quien las siente, se culpa; el que no, que las oiga,".

    Finalmente Iriarte se apodera de la primera persona, es decir, nos revela su autoría para referirse al carácter universal de los temas que desarrolla en su obra: "habían a mil naciones, / no sólo a la española'', y a la antigua prosapia de los mismos: "porque defectos notan que hubo en el mundo siempre, como los hay ahora".

    Aunque se supone que cada fábula tiene un destinatario bien conocido en la época (la XIII, José López de Sedano, erudito y dramaturgo; la XXXI, Ramón de la Cruz; la XXXVII, Forner; la XLVIII, Metastasio; la LlI, Samaniego; la LXVIII, Meléndez Valdés: la LXXII, de intención autobiográfica), Iriarte aclara: "Y pues no vituperan señaladas personas, quien haga aplicaciones  con su pan se lo coma". El contenido de los dos últimos versos nos conduciría a pensar, como A. Cioranescu, en que Ias fábulas literarias son nada más que la expresión polémica de sus desavenencias con el mundo de los literatos contemporáneos" y en que Ias generalizaciones morales, por mucho, valor universal que tengan, están destinadas a servir, antes que todo, las pasiones, el odio o la defensa pro domo de su autor. Pero, en realidad, no son "nada más" que eso, pues encontramos en ellas aciertos líricos que reflejan los sentimientos del poeta (LXXII).

    Respecto de las fuentes de su obra, podemos nombrar a Fedro, Horacio, Virgilio, Bartolomé Argensola, La Fontaine, Garcilaso y Cervantes.

    Como autor del siglo XVIII, Iriarte no prescinde de las reglas que deben regir la obra literaria. De ahí que reconozca las siguientes: ha de tener aplicación universal; las acciones de los personajes no deben quebrantar el principio de verosimilitud; unidad de la acción; equilibrio entre forma y contenido; - acción amena, atrayente y bien imaginada; cada personaje debe mostrar la característica que lo define; estilo natural, exento de toda afectación; versificación fácil  y fluida; la narración debe ser breve y concisa, es decir, sin detalles innecesarios; las conclusiones a que conducen los argumentos, deben formar parte de la adfabulación.

    De acuerdo con el Arte Poética de Horacio, y con toda la perceptiva neoclásica, Iriarte sostiene que: la verdadera obra artística nace de las reglas de la retórica y de la poética; el arte -para ser tal debe unir lo agradable con lo útil, la belleza con la enseñanza; el modo de expresión debe alejarse de) rebuscamiento barroco (Que despreciable es la poesía de mucha hojarasca!"), y ser, por ende claro y sencillo.

    En síntesis, la actitud del poeta responde, sobre todo, a la búsqueda de la perfección literaria y de la integridad del hacedor de la obra comprometido con su época y con su condición de escritor. Dos fábulas (XLII y XXXIX) nos permiten conocer el blanco de sus quejas,  a primera, contra los partidarios del estilo oscuro, laberíntico; la segunda, contra los excesivamente afectos al más acendrado casticismo.

    Las Fábulas literarias son, en definitiva, expresión acabada del llamado "Siglo de las Luces", iluminador de las tinieblas medievales y crítico agudo de la confusión barroca.

    LAS FÁBULAS DE SAMANIEGO

    "Continuando mi obrilla,

    Este cuento moral, esta patraña---."

    (Fábula 1, Libro IV)

    Samaniego escribe un "Prólogo" para sus fábulas en el que hallamos:

    - el propósito que lo llevó a escribirlas: ''y siendo, por decirlo así, el primer pasto con que se debe nutrir el espíritu de los niños, las máximas morales, disfrazadas con e) agradable artificio de la fábula, me destinó a poner una colección de ellas en verso castellano con el objeto de que recibiesen esta enseñanza...'';

    - la definición de cada una de ellas como "un cuentecillo adornado con la dulzura y armonía poética...'':

    - quiénes son los destinatarios de la misma  ''desea que respectivamente logren mis fábulas igual acogida que en los niños, en los mayores, y aun si es posible, entre los doctos..,'':

    - las fuentes: Esopo, Fedro, La Fontaine; los asuntos contenidos en las fábulas de los libros VI, ViI y VIII pertenecen al fabulista inglés Gay; el IX es original,

    - su esfuerzo por lograr la originalidad: "entregándome con libertad a mi genio, no sólo en el estilo y gusto de la narración, sino aun en el variar rara vez algún tanto, ya del argumento, ya de la aplicación de la moralidad; quitando, añadiendo o mudando alguna cosa, que, sin tocar al cuerpo principal del apólogo, contribuya a darle cierto aire de novedad y gracia";

    - su deseo de ser sencillo y claro: "Que alguna vez parezca mi estilo, no sólo humilde, sino aun bajo, malo es; mas, ¿no sería muchísimo peor que, haciéndole incomprensible a los niños, ocupasen éstos su memoria con inútiles coplas?",

    - la certeza de que ha sido "el primero en la nación que ha abierto el paso a esta carrera, en que he caminado sin guía, por no haber tenido a bien entrar en ella nuestros célebres poetas castellanos";

    - la necesidad de que estas composiciones ofrezcan "enseñanza" y "utilidad" ("El útil bien es la mejor belleza." XIII, Libro I), así lo expresa también en la Introducción al Libro 1: "Que en estos versos trato / De caros un asunto / Que instruya deleitando''.

    Algunos de los temas que desarrolla son, como en Iriarte, de carácter literario, pero otros tienen valor universal: la ambición desmedida; el vicio; la cautela; la cobardía; el bien y el mal; la mala amistad; el presente y el futuro; los malos consejos; la virtud; el valor de la libertad; la razón como guía el conocimiento del prójimo el valor de la tolerancia; la traición. Los temas de carácter literario' se encuentran en el Libro II, Fábula XV (los malos escritores); en el Libro III, Fábula 1 (se refiere a Iriarte); en el Libro IV, Fábula 1 (su humildad ante su obra); en el Libro IX, Fábula XIV (el ingenio y el arte) y Fábula XIX (valorar las palabras por su contenido y no por el rango de quien las dice).

    De acuerdo con la clasificación de Luzán, predominan las fábulas moratas o morales, aunque hay también racionales (Libro VI, Fábula

    "El pastor y el filósofo") y mixtas (Libro W, Fábula IV - "El búho y el hombre").

    En la misma Introducción Samaniego aclara que sus personales (perros, lobos, ratones, gatos, monas, zorras, caballos y ciervos) "han de hablar en verso" y darán, con extremado juicio, "los consejos más sanos". Respecto de ellos, podemos llevar a cabo la siguiente clasificación: animales (los más nombrados son el asno, el águila, el león, la zorra, el ratón, el perro y el lobo; también aparecen, entre otros, el cerdo, la cigarra, la hormiga, el escarabajo, la cigüeña, las moscas, el leopardo, la serpiente, el ciervo, etc.); seres humanos (el muchacho, el hombre, el herrero, el labrador, los dos amigos, la lechera, el pescador, el charlatán, el rústico, el cazador, el viejo, el enfermo, el médico, los pastores (Salicio, Nise, Melibeo), Clori, Anarda, etc. Nombra también a Esopo, Demetrio, Meandro, Simónides); cosas (los montes, el hacha, el torrente, el río, la alforja, la rosa, la danza, el espejo, el busto); abstracciones (el amor, la muerte, la locura); la mitología (Júpiter, que es el más nombrado; Apolo, Minerva, Ceres, Pan, Teseo, Morfeo, Orfeo, Baco, la Fortuna, los númenes, la Naturaleza, las sirenas, las Musas, Hércules, Diana, Ulises). Tanto las citas mitológicas como el nombre de presuntos pastores o bellas damas responden al gusto neoclásico.

    Estos personajes, como los de Iriarte, se mueven en su medio, pero la misma concisión a que se obliga el fabulista para cumplir con las reglas le impide extenderse en importantes descripciones. Lo que debe destacarse no es, precisamente, el espacio, donde ocurren los hechos, sino los hechos mismos.

    Las referencias temporales presentan características semejantes: "Una lóbrega noche silenciosa  Iba un león horroroso / Con mesurado paso majestuoso  Por una selva..." (Libro IV Fábula XXI); "En un bello jardín, cierta mañana..." (Libro VIH, Fábula Vil); ''Llevado de la dulce melodía". Del cántico variado y delicioso / Que en un bosque frondoso. Las aves forman, saludando al día. Entró cierta mañana en Un sabio en los dominios de Diana" (Libro VIII, Fábula IV).

    - En la Introducción al Libro II, Samaniego se autodenomina "fabulista" y reconoce como modelos a Fedro y a La Fontaine, La del Libro III comienza con una invocación a Iriarte, mediante la cual manifiesta su decisión de tomar como modelo sus versos y adoptar como "sacro numen" al viejo Esopo. De aquí deducimos que Samaniego, considerado por los críticos el primero entre los fabulistas españoles, busca la originalidad en el modo de contar los hechos y no en el argumento el propiamente dicho. A pesar de ser menos culto que Iriarte, lo supera en naturalidad, gracia y flexibilidad del verso, y compone fábulas más humanas y universales que las de aquel poeta.

    - Don Marcelino Menéndez y Pelayo escribe que Samaniego "era partidario fervoroso del arte docente, y rechazaba como una herejía literaria la idea, patrocinada por Luzán y por Iriarte, de que puede haber obras poéticas destinadas exclusivamente al deleite y al gusto''.

    La mona

    Fábula de Tomás Iriarte

    (Hay trajes, propios de algunas profesiones literarias, con los cuales aparentan muchos el talento que no tienen.)

    Aunque se vista de seda la Mona, Mona se queda.

    El refrán lo dice así; yo también lo diré aquí, y con eso lo verán en fábula y en refrán.

    Un traje de colorines, como el de los matachines*, cierta Mona se vistió;

    aunque más bien creo yo que su amo la vestiría,

    porque difícil sería que tela y sastre encontrase.

    Viéndose ya tan galana, saltó por una ventana al tejado de un vecino,

    y de allí tomó el camino para volverse a Tetuán*.

    Esto no dice el refrán, pero lo dice una historia que de apenas hay memoria,

    por ser el autor muy raro (y poner el hecho en claro no le habrá costado poco).

    Él no supo, ni tampoco he podido saber yo,

    si la Mona se embarcó, o si rodeó tal vez por el istmo de Suez*

    lo que averiguado está es que por fin llegó allá,

    Vióse la Señora mía en la amable compañía de tanta Mona desnuda;

    y cada cual la saluda como a un alto personaje, admirándose del traje,

    y suponiendo sería mucha la sabiduría, ingenio y tino mental, del petimetre* animal.

    Opinan fuego al instante, y nemine discrepante*,

    que a la nueva compañera la dirección se confiera de cierta gran correría

    con que buscar se debía en aquel país tan vasto la provisión

    para el gasto de toda la mona tropa. (¡Lo que es tener buena ropa!)

    La directora, marchando con las huestes de su mando,

    perdió, no sólo el camino, sino, lo que es más, el tino;

    y sus necias compañeras atravesaron laderas, bosques, valles, cerros, llanos, desiertos, ríos, pantanos;

    y al cabo de la jornada ninguna dio palotada;*

    y eso que en toda su vida hicieron otra salida en que fuese el Capitán más tieso ni más galán.

    Por poco no queda Mona, a vida* con la intentona; y vieron por experiencia que la ropa no da ciencia.

    Pero, sin ir a Tetuán, también aquí se hallarán monos que,

    aunque se vistan de estudiantes, se han de quedar lo mismo que eran antes.

    NOTAS

    ·         Matachines. Hombres disfrazados ridículamente

    ·         Con carátula y vestido ajustado al cuerpo desde la cabeza a los pies, hecho de varios colores, y alternadas las piezas de que se compone: como un cuarto amarillo y otro colorado.

    ·         Tetuán. Ciudad de Marruecos.

    ·         Istmo de Suez. Lengua de tierra entre el golfo de Suez, al sur, y el Mediterráneo, al norte, que forma el límite común de Asia y África, y, más especialmente, de Egipto y Siria.

    ·         Petimetre. El que cuida demasiado su compostura y sigue las modas. Es voz compuesta de palabras francesas (petit maitre, "pequeño señor-, "señoriíto").

    ·         nemine discrepante. Expresión latina para dar a entender que nadie está en desacuerdo. dio palotada. No acertó en cosa alguna de las que hizo.

    El Filósofo y la Pulga

    Autor: Félix María de Samaniego

    Meditando a sus solas cierto día,

    Un pensador Filósofo decía:

    "El jardín adornado de mil flores,

    Y diferentes árboles mayores,

    Con su fruta sabrosa enriquecidos,

    Tal vez entretejidos

    Con la frondosa vid que se derrama

    Por una y otra rama,

    Mostrando a todos lados

    Las peras y racimos desgajados,

    Es cosa destinada solamente

    Para que la disfruten libremente

    La oruga, el caracol, la mariposa:

    No se persuaden ellos otra cosa.

    Los pájaros sin cuento (*).

    Burlándose del viento,

    Por los aires sin dueño van girando.

    El milano cazando

    Saca la consecuencia:

    Para mí los crió la Providencia.(**).

    El cangrejo, en la playa envanecido,

    Mira los anchos mares, persuadido

    A que las olas tienen por empleo (***)

    Sólo satisfacerle su deseo,

    Pues cree que van y vienen tantas veces

    Por dejarle en la orilla ciertos peces.

    No hay, prosigue el Filósofo profundo,

    Animal sin orgullo en este mundo.

    El hombre solamente

    Puede en esto alabarse justamente.

    Cuando yo me contemplo colocado

    En la cima de un risco agigantado,

    Imagino que sirve a mi persona

    Todo el cóncavo cielo de corona.

    Veo a mis pies los mares espaciosos,

    Y los bosques umbrosos,

    Poblados de animales diferentes,

    las escamosas gentes,(****)

    los frutos y las fieras,

    Y las aves ligeras,

    Y cuanto tiene alimento

    En la tierra, en el agua y en el viento,

    Y digo finalmente:

    Todo es mío.

    ¡Oh grandeza del hombre y poderío!

    Una Pulga que oyó con gran cachaza (*****)

    Al Filósofo maza (******),

    Dijo: ¡Cuando me miro en tus narices,

    Como tú sobre el risco que nos dices,

    Y contemplo a mis pies aquel instante

    Nada menos que al hombre dominante,

    Que manda en cuanto encierra

    El agua, viento y tierra,

    Y que el tal poderoso caballero

    De alimento me sirve cuando quiero,

    Concluyo finalmente:

    Todo es mío.

    ¡Oh grandeza de Pulga y poderío!

    Así dijo, y saltando se le ausenta.

    De este modo se afrenta

    Aún al más poderoso

    Cuando se muestra vano y orgulloso.

    (*) sin cuento. Sin número ni fin. (**)Providencia. Dios, el Ser Supremo. por empleo. (***)Por entretenimiento, ejercicio y modo de vivir. (****) escamosas gentes. Metáfora para indicar la pluralidad de peces. (*****) cachaza. Demasiada flema, dejo y espacio en el modo de proceder: como el de los que no se matan, ni apresuran en los negocios, aunque sean importantes y se pudieran hacer breve y ligeramente. (******) maza. Persona necia, pesada y molesta en su conversación y trato.

     
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