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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Locura en el Quijote: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3795 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Locura en el Quijote:
Fue este mismo
entusiasmo que lo llevó a la locura. Esta postura se contradice con la que sostiene Vicente Gaos, quien dice:
“Don Quijote no está rematadamente loco”[2].
Sin embargo para afirmar que si está loco el protagonista nos basta con
remitirnos a la obra que nos dice: “En efecto, rematado ya su juicio, vino a
dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo”[3],
entre otros parlamentos de los distintos personajes.
La locura llevó a este
hidalgo a dos conclusiones:
·
Que todo cuanto leía en
aquellos libros de caballerías era verdad histórica y fiel narración de hechos
que en realidad ocurrieron y hazañas que llevaron a término auténticos
caballeros en tiempo antiguo.
·
Que en su época (comienzo
del siglo XVII)era posible resucitar la vida caballeresca de antaño de los libros de caballería en
defensa de los ideales medievales de justicia y equidad[4]
.
Creemos conveniente dividir en dos categorías a las personas que se encuentran al rededor de Don Quijote durante la obra. En primer término, los sensatos e inteligentes, que advierten que es un loco que se cree caballero. Todos estos personajes han estado diciendo y repitiendo a Don Quijote que en el mundo no existen caballeros andantes, por lo menos en tiempos modernos, que no son más que fantasías de los autores de libros vanos y mentirosos. Finalmente los tontos o simples, que se creen que se hallan frente a un caballero andante.
Analizaremos a continuación el comportamiento
de los tres personajes principales de la obra, Don Quijote, Sancho y Dulcinea.
A pesar de que este último sea un personaje que no aparece personalmente su
participación es fundamental ya que entorno a su falsa persona se desarrollan
los cambios de personalidad de los otros dos personajes. “la locura de Don
Quijote como asunto narrativo corría el riesgo de convertirse en una payasada
(…) si no se le daba una aspiración superior, y ello Cervantes lo solucionó
magnificamente con la creación de Dulcinea del Toboso”[5].
Siguiendo el ideal caballeresco, se vio precisado “ a buscar de quien
enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas, y sin
fruto, y cuerpo sin alma”[6].
Ante esta necesidad Don quijote escoge como dama a una moza labradora de la que
algún tiempo estuvo enamorado, aunque ella nunca lo supo. Su nombre era Aldonza
Lorenza, pero Don Quijote la convertía en su imaginación en la princesa
Dulcinea del Toboso.
Al salir por segunda vez de su aldea Don
Quijote lleva consigo a un escudero, Sancho Panza. Este decide acompañar al
hidalgo por la promesa del gobierno de una ínsula.
El papel de Sancho a lo largo de esta segunda
salida es aportar la realidad; se producirá un constante choque entre el ideal
caballeresco y la realidad, la locura. Este personaje tendría que ser ubicado
en el segundo grupo de personajes ya que él cree que Don Quijote es un
caballero andante, a pesar de su sentido común. Uno de los ejemplos más claros
para mostrar el contraste entre el hidalgo y su escudero es el de los molinos
de viento.
Como dice Emlio Orozco, en las obras del
barroco encontramos profundidad, gravedad y trascendencia, a demás de la
irrupción de lo real, humano y afectivo. Por último resalta el sentido
trascendente del realismo. Esto es lo que vemos en Don Quijote, la realidad del
personaje. “Cervantes acomoda el lenguaje a la realidad del mundo moderno”[7].
Como dice José de Armos en el Quijote y su época, Don Quijote no comete locuras
porque ama un ideal al que le dedicó toda una vida. Su locura consiste en
suponer que puede reparar la injusticia, defender a los débiles, y castigar a
los malvados, siendo un hombre solo, viejo y con antiguas armas. Todo esto es
lo que convierte en alusiones las ideas de Don Quijote.
Asiente Agustín Basave Fernández del Valle
cuando dice que la novela de Cervantes “es la mejor novela realista moderna”[8].
Con pie en los hidalgos españoles, dice del Valle, de su tiempo, el genio
Cervantes prototipiza en Don Quijote la figura ideal de caballero hispánico.
Sin embargo Don Quijote vive en constante
tensión con la dura realidad, ya que es un hombre medieval que vive en el siglo
XVII. El choca con el realismo, ya que cree que puede resucitar la caballería
andante; está loco porque no piensa como toda la gente, no se acomoda a la
realidad de todos los días.
Del Valle dice que en el Quijote son visibles
las dos corrientes de la sensibilidad que al cruzarse en el espíritu de
Cervantes han producido el alzamiento culminante de la figura del caballero.
Una consiste en la experiencia realista, otra en sus gestiones poéticas.
Sancho le advertirá constantemente a su
compañero la realidad que éste último no ve a causa de su locura. Le advierte
que es venta lo que Don Quijote cree castillo, le informa que son rebaños lo
que él toma por ejércitos, entre otras cosas.
En el episodio de la libertad de los
galeotes, estos se burlarán de Don Quijote y lo apedrearán. Sancho queda con
temor de la Santa Hermandad, por haberle su hidalgo concebido la libertad.
Luego de esta aventura Sancho y Don Quijote
se retiran a Sierra Morena, donde el hidalgo da muestras de cordura, ya
que en el momento que quiere hacer locuras revela que procede desde la razón.
Luego Don Quijote y Sancho mantienen una conversación muy interesante en la que
el hidalgo le dice que Dulcinea ha sido sublimada e idealizada por su
imaginación poética. “Yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni
falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como
en la principalidad”[9].
Es un paréntesis de cordura, que nos revela
hasta que punto es literaria la locura de Don Quijote, ya que confiesa que su
Dulcinea es equivalente a las idealizaciones de los poetas[10].
Pero luego Don Quijote permanece fiel a su
locura caballeresca y le pregunta a su escudero si hallo “aquella reina de la
hermosura…ensartando perlas o bordando alguna empresa con oro de cañutillo,
para este su cautivo caballero”[11].
Cabe resaltar que en un principio, Sancho
había estado totalmente convencido de que su amo estaba enamorado de una
princesa llamada Dulcinea, habitante del Toboso, aunque esto le asombrará ya
que nunca había oído hablar de una princesa que viviese en una aldea tan cerca a la suya.
Pero Sancho se ve obligado a mentirle a Don
Quijote y asegurarle que ha cumplido su encargo. El escudero no puede inventar
una escena de tipo caballeresco y contar a su amo que halló en el Toboso un
palacio y a la princesa ya que Don Quijote había confesado su idealización de Dulcinea. En consecuencia Sancho
inventará una escena con la auténtica Aldonza, escena lo más aproximada posible
a la que hubiera podido ocurrir si hubiera llevado la carta, pero Don Quijote
resistirá en la creencia de que Dulcinea es una alta dama.
En conclusión se han contrapuesto dos
ficciones diferentes entorno a Aldonza Lorenzo – Dulcinea: la idealizadora de
Don Quijote y la realista de Sancho, y si aquel se ha mantenido en su locura
caballeresca, este, que ahora ha comprendido de su amo. Se ha esforzado en
inventar una escena y unos detalles que correspondes exactamente a los que
hubiera sido lógico que ocurriera si hubiese cumplido su misión. Esta es la
primera invención de Sancho respecto a Dulcinea.
Comenzando la segunda parte de la novela de
Cervantes escrita en 1616, Don quijote daba muestras de estar en su entero juicio, y a fin de asegurarse ello el cura y
el barbero van a visitarlo y conversan amigablemente. El diálogo transcurre
dentro de la más elegante discreción
hasta que se toca el tema caballeresco, que hace disparatar al hidalgo quien
así pone de manifiesto que su enfermedad está muy lejos de haberse curado
“al cabo de ese tiempo acudieron el cura y el
barbero, y se sorprendieron al ver su aspecto sosegado y la sensatez de la conversación.
Sin embargo el cura para poner a prueba su cordura le comenta que corrían
noticias de la llegada del turco con una poderosa escuadra (…)las palabras del
hidalgo hicieron caer en cuenta a los
dos amigos que Don Quijote seguía tan loco como antes.”[12]
Luego
de emprender la tercera salida Don Quijote envía a Sancho con el encargo de
solicitar de Dulcinea licencia para que el caballero la vea y reciba su
bendición. Sancho se separa de su amo y reflexiona. La solución que halla para
resolver su comprometida situación, es tomar a tres labradoras y presentárselas
al hidalgo, diciéndole que una de ellas es Dulcinea. Don Quijote le manifiesta
a su escudero que “solo ve tres labradoras montadas en tres borricos”[13]
Las labradoras siguen su camino y Don Quijote
y Sancho comentan el encuentro, este último insiste en resaltar que se trata de
las tres altas damas y pondera la belleza, riqueza y buen olor de Dulcinea; Don
Quijote confiesa que no ha conseguido ver sino tres labradoras y que Dulcinea
era fea y olía mal.
Por segunda vez Sancho presenta ante su amo
una ficción de Dulcinea. La primera vez había sido, como ya dijimos cuando le
relató su fingido mensaje y amoldó su mentira a la realidad de Aldonza Lorenzo.
Ahora, una labradora realmente fea la ha convertido en Dulcinea encantada.
En este episodio se produce otra evolución en
la locura de Don Quijote. La situación es exactamente contraria a las que se
nos han ofrecido en la primera parte, donde Don Quijote ante la realidad vulgar
y corriente, se imagina un mundo ideal y caballeresco. Hasta aquí lo que era
normal es que Sancho, ha hecho todo lo posible para desengañarlo de su error.
Pero ahora en la tercera salida de Don Quijote, observamos que este aspecto se
ha invertido, Sancho lo pone ante tres feas labradoras y sostiene que él está
viendo a tres encantadoras damas, y ahora, precisamente, los sentidos no
engañan a Don Quijote, que ve la realidad tal cual es.
Esta diferencia se puede advertir en dos fases paralelas: cuando Don
Quijote afirmó que veía dos inmensos ejércitos a punto de entrar en batalla y
que oía relinchar los caballos y sonar los clarines, Sancho respondió: “No oigo
otra cosa sino muchos balidos de ovejas y carneros”[14].
Sin embargo cuando Sancho le insiste en que
avanzan por el camino Dulcinea y sus dos doncellas, Don Quijote afirma: “Yo no
veo sino a tres labradoras sobre tres borricos."[15]
Llega a la venta
el maese Pedro, quien se dirige a Don Quijote y lo saluda como “el resucitado
insigne de la ya puesta en olvido andante caballería”[17].
Se hace una representación de títeres, la que Don Quijote presencia con
serenidad y agrado y realiza atinados comentarios como es observar que no es
propio de una ciudad mora, que tañen en ella las campanas. Pero cuando la
pareja Galperos y Melisenda huye perseguida por los moros Don Quijote
desenvaina la espada y arremete a cuchilladas contra los títeres, estropeando
gran parte de ellos y derribando todo el teatro.
A continuación nos
referiremos a la actitud que toman los personajes secundario en torno a la
locura de Don Quijote.
Como dijimos anteriormente podemos dividir en dos grupos a los
personajes del Quijote, los que reconocen su locura y aprovechan para burlarse
y los que se convencen de que es un caballero andante. Dentro de todos los
personajes secundarios se destacan los que se burlan de Don Quijote, lo que da
aspecto cómico e interesante a la novela.
El hecho de que la
mayoría de los personajes pertenecientes al primer grupo se burlen de Don
Quijote, nace de él mismo ya que para hacerse caballero se coloca armas
pertenecientes a sus bisabuelos, lo que marca un importante anacronismo o como
dice Riguer “el protagonista se transforma en un arcaismo viviente”[18],
lo que provocará la risa de sus contemporáneos. El aspecto grotesco se
acrecentará significativamente cuando el hidalgo cubra su cabeza con una bacía
de barbero. Otro punto burlesco es su caballo, un viejo rocín que le pertenece,
al que llama Rocinante por parecerle “alto, sonoro y significativo”[19]a
pesar de que en realidad sea escuálido y menguado corredor.
Ya en la primer
aventura, Don Quijote se encuentra con un personaje socarrón que había notado
la falta de juicio del hidalgo, es el ventero que le jugará una burla en el
momento en que es armado caballero.
Luego volverían a
burlarse del hidalgo los mercaderes toledanos, a quienes, Don Quijote les exige
reconozcan a Dulcinea del Toboso como la más hermosa doncella del mundo. Los mercaderes
dejan a Don Quijote muy lastimado y sin que pueda levantarse. Aquí es cuando se
produce un nuevo aspecto de la locura del protagonista: los desdoblamientos, es
decir, cree ser otra persona. Primero cree ser Valdovinos y luego se cree
Abindarráez.
Más adelante, durante
el pleito de la albarda y el yelmo, los amigos de Don Quijote (el cura y el
barbero) interviene y afirman que se trata de un yelmo, no sólo para darle la
razón a su amigo sino también por pura diversión. El barbero a quien le habían
robado la bacía queda sorprendido cuando ve que tanta gente honrada sostenga
semejante disparate en favor de un loco.
Es el
mismo cura quien resuelve el conflicto con los cuadrilleros que tienen que
llevar a Don Quijote a prisión por la liberación de los Galeotes,
convenciéndoles de que el hidalgo está completamente loco.
El cura y el barbero de acuerdo con Sansón
Carrasco, acuerdan el envío de éste último a combatir, disfrazado de caballero,
con la intención de buscar a Don Quijote, obligarlo a combatir, vencerlo y
exigirle se volviera a su pueblo y permanecer un largo rato allí sin salir, con
lo que se contaba, el hidalgo podría sanar de su locura. Pero Don Quijote gana
la batalla y queda convencido de que existen caballeros andantes, de que se
daban en realidad lances como los de los libros de caballería y que los
malignos encantadores seguían deformándole lo que percibía con los sentidos,
ahora cuando estos no lo engañaban. Con esto se demuestra que sigue la locura
en el protagonista de la novela.
Luego Don Quijote deseoso de visitar la cueva
de Montesinos consigue como guía al primo de un licenciado que antes había
encontrado en el camino. Se trata de una especie de Don Quijote de la
erudición, ya que este alocado personaje está escribiendo un libro que se llama
“Metamorfoseos”.
Este loco de la erudición entabla muy buenas
relaciones con el hidalgo Don Quijote, a quien toma en serio incluso cuando
dice los mayores disparates y de cuyo juicio no duda jamás. Don Quijote y el
primo son tal para cual y se avienen perfectamente.
Desde el capítulo 30 hasta el 57 de esta
segunda parte Don Quijote y Sancho son acogidos por unos duques. Estos duques
han leído la primera parte del “Quijote”, y en consecuencia cuando conocen al
hidalgo y a su escudero Sancho, saben perfectamente que los caracteriza: la
locura caballeresca y el ingenio de Don Quijote y la ambición y lealtad de
Sancho. Ricos aristócratas con una verdadero corte de servidores y criados. Los
duques deciden aprovechar el paso de Don Quijote y Sancho por sus propiedades
para divertirse a costa de ellos. Así el duque ordena a toda su servidumbre que
siga la locura del hidalgo y que se comporten al estilo de los libros de
caballería. Un colaborador eficaz en la burla a Don Quijote será el mayordomo,
conocedor de las aventuras caballerescas.
Los duques no se fijarán en las dificultades
de hacerles creer que unen el ambiente de los libros de caballería y harán una
complicada imitación del mundo caballeresco y de sus aventuras, que sin
necesidad de desfigurar la realidad, revivirán artificialmente a Don Quijote y
Sancho.
A la duquesa le hace mucha gracia los modales
y la conversación de Sancho, quien llegará a sentir un gran afecto por la dama
sin percibir que para ella no era más que un objeto de diversión.
Al lado de los duques, Don Quijote y Sancho
están por primera vez rodeados de un mundo aristocrático y refinado y conviven
con la nobleza. El mundo de venteros, cabreros, pastores y labradores más o
menos acomodados, en el que hasta ahora estaban inmersos casi siempre, se
sustituye por la suntuosidad y el poder de una auténtica corte, que aunque
reproduce con toda fidelidad el esplendor de algunas cosas nobles de principios
del siglo XVII, por su magnificencia, elegancia y apego a una vieja tradición,
conserva elementos y actitudes que en cierto modo se asemejan a la vida
medieval descrito en los libros de caballería. Ya no será preciso que Don
Quijote imagine un mundo irreal, pues el que le circunda se amolda a sus sueños
literarios. Por otra parte las órdenes
del duque acrecentarán este ambiente novelesco, que Cervantes ha creado con
sumo cuidado y sin olvidar ni un solo momento la más elemental verosimilitud.[20]
Sólo dos personas del palacio se excluyen de
las órdenes dadas por el duque: el eclesiástico, que malhumoradamente interpela
a Don Quijote por sus sandeces y reconviene a su señor por organizar tal farsa,
y cierta dama de honor de la duquesa, llamada doña Rodriguez. En este personaje
Cervantes a pintado magistralmente a la mujer tonta y la ha hecho obrar y
hablar de la manera más estúpida posible. Doña Rodriguez cree con seguridad que
Don Quijote es un caballero andante.
Pero el afán burlón del duque llega al
extremo de convertir en fugaz y ficticia realidad la suprema ambición de
Sancho: ser gobernador de una ínsula. Antes de tomar posesión del cargo le
informan que es costumbre que el nuevo
gobernador responda dos preguntas difíciles a fin de medir su ingenio. Se le
exponen tres casos en litigio, y en todos, Sancho demuestra tener un ingenio
vivo y despierto a demás de un gran sentido común. Con ello Cervantes no ha
deformado la figura de este personaje ya que los tres juicios de Sancho ponen
de manifiesto una auténtica sabiduría, muy posible en un hombre con buen
sentido práctico.
Luego Sancho abandona la ínsula y parte junto
a Don Quijote hacia Barcelona, en cuyas playas, Don Quijote es vencido por el
caballero de la blanca luna, Sansón Carrasco. Derrotado el hidalgo, regresa a
su aldea.
Mientras espera el desencanto de Dulcinea
enferma y tras un largo sueño despierta recuperado de su locura. “bendito sea
el dios que tanto bien me ha hecho (…) ya tengo juicio…”[21]
Reconoce no ser más Don Quijote, sino Alonso
Quijada cuyas costumbres dieron el nombre de bueno. En el momento de realizar
su testamento aclara dejar su hacienda a su sobrina, pero con la condición de
que si algún día se casase, no fuera con un hombre que conociese a cerca de los libros de caballería. Entendemos que
esto se debe a que él reconoce que las novelas de caballería lo han llevado a
la locura, pero en el momento de morir, recuperada su cordura, quiere
desentenderse de ellas, incluso después de muerto por medio de su familia.
En conclusión la locura de Don Quijote sufre
una alta variación a lo largo de toda la obra. Durante la primera salida, Don
Quijote desfigura la realidad que percibe siguiendo el ideal caballeresco por
él conocido. También sufre cambios de personalidad. En la segunda salida
aparece su compañero Sancho, quien nos ayuda a conocer la realidad que sigue
transfigurando Don Quijote. En la tercera salida los sentidos no engañan a Don
Quijote pero el que si lo engaña es su escudero y los duques.
Como dijimos con anterioridad los personajes
que se topan con él se dividen en dos categorías, los sensatos e inteligentes,
como por ejemplo encontramos al ventero, los duques, etc. y los tontos que
creen que Don Quijote es un caballero andante como Doña Rodriguez, el primo,
entre otros.
Bibliografía
utilizada:
Cervantes, Don Quijote de la Mancha. 1980, Barcelona.
Ed. Planeta
Vicente Gaos, Claves de la literatura española.1971,
Madrid.
Riguer, Aproximación al Quijote. 1969, Barcelona. Ed. Salvat
Emilio Orozco, Barroco y manierismo
Trabajo Práctico:
Don Quijote de la Mancha (1605 y 1615)
ALUMNOS:
Fernández, Juan Pablo
Fernández Bugna, Agustín
4°2da -1999-
[1] Don Quijote de la Mancha, Parte I cap. 1
[2] Vicente Gaos, Claves de la Literatura española
[3] Don Quijote de la Mancha, Parte I cap. 1
[4] Aproximación al Quijote
[5] Don Quijote de la Mancha, nota de editores
[6] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 1
[7] Las voces del Quijote
[8] Filosofía del quijote
[9] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 25
[10] Aproximación al Quijote
[11] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 25
[12] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 1
[13] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 10
[14] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 18
[15] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 10
[16] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 24
[17] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 25
[18] Aproximación al Quijote
[19] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 1
[20] Aproximación al Quijote
[21] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap último
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