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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La Luna.: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 2235 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Astronomía > |
Trabajo práctico:
La Luna:
Luna: el satélite natural de la Tierra
(el término luna también se aplica algunas veces a los satélites de otros
planetas del Sistema Solar). El diámetro de la Luna es de unos 3.480 km
(aproximadamente una cuarta parte del de la Tierra) y su volumen es como una
quincuagésima parte del de la Tierra. La masa de la Tierra es 81 veces mayor
que la de la Luna. Por tanto, la densidad media de la Luna es de sólo las tres
quintas partes de la densidad de la Tierra, y la gravedad en la superficie
lunar es un sexto de la de la Tierra.
La Luna orbita
a la Tierra a una distancia media de 384.403 km y a una velocidad media de
3.700 km/h. Completa su vuelta alrededor de la Tierra en una órbita
elíptica en 27 días, 7 horas, 43 minutos y 11,5 segundos con respecto a las
estrellas Para cambiar de una fase a
otra similar, o mes lunar, la Luna necesita 29 días, 12 horas, 44 minutos y 2,8
segundos. Como la Luna tarda en dar una vuelta sobre su eje el mismo tiempo que
en dar una vuelta alrededor de la Tierra, en realidad, siempre es la misma cara
de la Luna la que se ve desde la Tierra. Aunque la Luna aparece brillante a
simple vista, sólo refleja en el espacio alrededor del 7% de su luz. Este poder
de reflexión, o albedo, es similar al del polvo de carbón.
La Luna vista
desde la Tierra
Un observador
sólo puede ver en cada momento determinado un 50% de la superficie total de la
Luna. Sin embargo, de vez en cuando se puede ver un 9% adicional alrededor del
borde aparente debido al balanceo relativo de la Luna llamado libración. Esto
sucede a causa de las ligeras diferencias en el ángulo de visión desde la
Tierra de las diferentes posiciones relativas de la Luna a lo largo de su
órbita elíptica inclinada.
La Luna muestra
fases cambiantes a medida que se mueve en su órbita alrededor de la Tierra. La
mitad de la Luna está siempre bajo la luz del Sol, de la misma forma que en la
mitad de la Tierra es de día mientras que en la otra mitad es de noche. Las
fases de la Luna dependen de su posición con respecto al Sol en un instante
dado. En la fase llamada Luna nueva, la cara que la Luna presenta a la Tierra
está completamente en sombra. Aproximadamente una semana más tarde la Luna
entra en su primer cuarto, mostrando la mitad del globo iluminado; siete días después
la Luna muestra toda su superficie iluminada, será la Luna llena; otra semana
más tarde, el último cuarto, la Luna vuelve a mostrar medio globo iluminado. El
ciclo completo se repite cada mes lunar. Es Luna llena cuando está mas lejos
del Sol que de la Tierra; es Luna nueva cuando está más cerca. La Luna está en
cuarto menguante en su paso de Luna llena a nueva y en cuarto creciente en su
paso de nuevo a Luna llena. Las temperaturas de su superficie son extremas, van
desde un máximo de 127 °C al mediodía lunar hasta un mínimo de -173 °C
justo antes del amanecer lunar.
Superficie de la
Luna
En la
antigüedad, los observadores de la Luna creían que las regiones oscuras de su
superficie eran océanos, dándole el nombre latino de mare (‘mar’), que se sigue utilizando
todavía; las regiones más brillantes se consideraron continentes. Nuevas
observaciones y exploraciones de la Luna han aportado un conocimiento mucho más
amplio y específico. Desde el renacimiento, los telescopios han revelado
numerosos detalles lunares, y las naves espaciales han contribuido en enorme
medida a este conocimiento. Entre las características discernibles en la
superficie de la Luna están los cráteres, cadenas de montañas, llanuras o
mares, fracturas, cimas, fisuras lunares y radios o “rayos”. El mayor cráter es
el llamado Bailly, de 295 km de ancho y 3.960 m de profundidad. El
mar más grande es el Mare Imbrium (mar de las Lluvias), de 1.200 km de
ancho. Las montañas más altas, en las cordilleras Leibniz y Doerfel, cerca del
polo sur de la Luna, tienen cimas de hasta 6.100 m de altura, comparables
a la cordillera del Himalaya. En observaciones con telescopio se han
determinado cráteres de tamaño tan pequeño como de 1,6 km. El origen de
los cráteres lunares se ha debatido durante mucho tiempo; las últimas
evidencias muestran que la mayor parte de ellos se formaron por impactos
explosivos de meteoritos de gran velocidad o pequeños asteroides, sobre todo
durante la era primaria de la historia lunar, cuando el Sistema Solar contenía
todavía muchos de estos fragmentos. Sin embargo, algunos cráteres, fisuras
lunares y cimas presentan características de indiscutible origen volcánico.
Origen de la Luna
Antes de la era
moderna de la astronáutica, los científicos desarrollaron tres teorías principales
sobre el origen de la Luna: fisión de la Tierra, formación en una órbita
cercana a la Tierra y formación lejos de la Tierra. En 1975, después de
analizar las rocas lunares y primeros planos de la Luna, los científicos
propusieron la teoría del impacto planetesimal, que ha llegado a ser la teoría
con más probabilidades de verosimilitud sobre la formación de la Luna.
Formación por
fisión de la Tierra
La versión
moderna de esta teoría propone que la Luna fue expulsada espontáneamente de la
Tierra cuando ésta estaba recién formada y giraba con rapidez sobre su eje.
Esta hipótesis gana adeptos, en parte porque la densidad de la Luna es la misma
que la de las rocas del manto superior de la Tierra, justo debajo de la
corteza. Sin embargo, esta teoría presenta una dificultad: el momento angular
de la Tierra, para lograr inestabilidad rotacional, tendría que haber sido
mayor que el momento angular del sistema actual Tierra-Luna. De acuerdo con los
principios básicos de la mecánica, la cantidad total del momento angular en un
sistema aislado como lo es el sistema Tierra-Luna permanece constante.
Formación en una
órbita cercana a la Tierra
Esta teoría
propone que la Tierra, la Luna y los demás cuerpos del Sistema Solar se
condensaron independientemente de la enorme nube de gases fríos y partículas
sólidas que constituyeron la nebulosa solar primordial. Gran parte de este
material, finalmente, se acumuló en el centro para formar el Sol.
Formación de la
Luna lejos de la Tierra
De acuerdo con
esta teoría, se supone la formación independiente de la Tierra y la Luna, como
en la anterior hipótesis; sin embargo, establece que la Luna se formó en un
lugar diferente del Sistema Solar, alejado de la Tierra. Se presupone entonces
que las órbitas de la Tierra y la Luna las arrastraron y aproximaron, de forma
que la Luna fue atraída a una órbita permanente alrededor de la Tierra.
Impacto
planetesimal
Esta teoría,
que se publicó por primera vez en 1975, presupone que en el principio de la
historia de la Tierra, hace unos 4.000 millones de años, la Tierra fue golpeada
por un enorme cuerpo llamado planetésimo, del tamaño de Marte. El impacto
catastrófico expulsó partes de la Tierra y de este cuerpo, situándolas en la
órbita de la Tierra, donde los detritos del impacto se reunieron formando la
Luna. Esta hipótesis, después de numerosas investigaciones con las rocas
lunares durante las décadas de 1970 y 1980, se ha convertido en la teoría más
aceptada sobre el origen de la Luna. El mayor problema de esta teoría es que
parecería necesario que los materiales terrestres se hubieran fundido
totalmente después del impacto, mientras que la geoquímica de la Tierra no
indica una fusión tan radical.
Exploración lunar
A lo largo de
los siglos XIX y XX, las exploraciones visuales con telescopios de gran
potencia han permitido obtener un conocimiento muy amplio del lado visible de
la Luna. El lado de la Luna no visible, se mostró al mundo por primera vez en
octubre de 1959 con las fotografías tomadas por la nave espacial soviética Lunik 3.
Estas fotografías mostraron que el lado lejano de la Luna es similar al
cercano, excepto en que los grandes mares lunares están ausentes. Ahora sabemos
que los cráteres cubren toda la Luna, desde los de tamaños gigantescos,
rodeando los mares, hasta los de tamaños microscópicos. Las fotografías de las
naves espaciales estadounidenses —Rangers 7, 8 y 9 y Orbiters 1 y 2—
de 1964 y 1966 apoyan estas conclusiones. La Luna tiene aproximadamente 3
billones de cráteres de más de 1 m de diámetro.
Los alunizajes
con éxito de las sondas espaciales no tripuladas de la serie estadounidense
Surveyor y de la soviética Luna en la década de 1960 y, finalmente, los
alunizajes tripulados en la superficie lunar del programa estadounidense Apolo,
hicieron realidad las mediciones directas de las propiedades físicas y químicas
de la Luna. Los astronautas del Apolo recogieron rocas lunares, sacaron miles
de fotografías y colocaron una serie de instrumentos en la Luna que enviaron
información a la Tierra por telemetría de radio. Estos instrumentos midieron la
temperatura y la presión del gas en la superficie lunar; la corriente de calor
desde el interior de la Luna; las moléculas e iones de los gases calientes
emitidos desde la atmósfera del Sol, es decir, el viento solar ; los campos magnéticos
y gravitacionales de la Luna, y las vibraciones sísmicas de la superficie lunar
causadas por los llamados terremotos de la Luna, desprendimientos de tierra e
impactos de meteoritos. Mediante los rayos láser se midió la distancia exacta
entre la Tierra y la Luna.
Después de las
mediciones de las rocas lunares se ha sabido que la Luna tiene 4.600 millones
de años, más o menos los mismos que la Tierra y que el resto del Sistema Solar.
Las rocas de los mares lunares se formaron cuando la roca derretida se
solidificó hace entre 3.160 y 3.960 millones de años. Estas rocas se parecen a
los basaltos terrestres, un tipo de roca volcánica muy extendida en la Tierra,
pero con algunas diferencias importantes. Las pruebas indican que las regiones
montañosas lunares, o continentes, pueden estar formadas de una roca ígnea
plutónica menos densa llamada anortosita, formada casi por completo por
plagioclasa mineral . Otros tipos de muestras lunares importantes incluyen los
cristales, brechas (ensamblajes complejos de fragmentos de rocas cementados
conjuntamente por la acción del calor o la presión, o por ambos) y suelo o
regolita (fragmentos rocosos muy finos producidos por miles de millones de años
de bombardeos de meteoritos).
El campo
magnético de la Luna no es tan intenso o amplio como el de la Tierra. Algunas
rocas lunares son débilmente magnéticas, lo que indica que se solidificaron en
un campo magnético más potente. Las mediciones magnéticas, entre otras,
muestran una temperatura interna de la Luna de hasta 1.600 °C, que está
por encima del punto de fusión de la mayor parte de la rocas lunares. Los
registros sísmicos sugieren que algunas regiones cerca del centro lunar pueden
ser líquidas.
Los sismómetros
situados en la superficie lunar han registrado, también, señales que muestran
impactos de meteoritos, en una proporción de 70 a 150 por año, y con masas
desde 100 g hasta 1.000 kg. Por tanto, la Luna sigue siendo
bombardeada por meteoritos (aunque no con tanta frecuencia como en el pasado),
lo que puede resultar problemático para los ingenieros que diseñan bases
permanentes en la superficie lunar. La superficie está cubierta por una capa de
grava, que puede tener una profundidad de varios kilómetros en los mares y una
profundidad todavía desconocida en las regiones montañosas. Se cree que esta
grava se ha formado por los impactos de meteoritos.
La atmósfera de
la Luna es tan tenue que no se puede reproducir ni en las mejores cámaras de
vacío situadas en la Tierra.
Los seis
alunizajes tripulados a la Luna —las misiones Apolo 11, 12 y de la 14
a la 17—
trajeron a la Tierra muestras de roca lunar y de suelo, en total 384 kg. Y
no fue hasta la última misión, el Apolo 17, cuando entre la
tripulación de astronautas se incluyó a un geólogo, H. H. Schmitt. Invirtió 22
horas en explorar la región Taurus-Littrow Valley y cubrió 35 km en un
vehículo lunar. Todavía hoy continúan los análisis intensivos sobre los datos y
las rocas obtenidas en las misiones lunares.
A finales de
1996, un grupo de científicos estadounidenses anunció el descubrimiento de la
posible existencia de hielo (probablemente agua helada) en un cráter de la cara
oscura de la Luna. El descubrimiento se basó en las señales de radar enviadas
en 1994 por la sonda Clementine a la superficie lunar. El 5 de
marzo de 1998, la NASA anunció que la sonda espacial Lunar Prospector —lanzada
dos meses antes— había confirmado la existencia de agua helada en el satélite.
La sonda estaba equipada con un espectrómetro de neutrones que facilitó las
pruebas científicas; el espectrómetro registró los neutrones que emanaban de
los polos de la Luna cuando los átomos de hidrógeno o las moléculas de agua
eran bombardeadas por los rayos cósmicos. Los investigadores creen que el agua
(entre 10 y 300 millones de toneladas) se originó por el impacto de cometas y
asteroides helados que han bombardeado la superficie lunar durante 2.000
millones de años. No obstante, fuentes de la NASA han comentado que, aunque
estas pruebas son altamente fiables, la evidencia definitiva se obtendrá de
muestras físicas, tomadas sobre el terreno.
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