ANDRÉS MANJÓN y
MANJÓN
Esta biografía
está basada en el libro "Andrés Manjón y Manjón" que escribió Fray
Valentín de la Cruz (escritor burgalés)
Su niñez
Don Andrés Manjón
y Manjón nació en 1846 en Sargentes de la Lora (BURGOS). Hijo de Lino y Sebastiana.
Cuando Andrés
cumplió 6 años, su madre y su tío, sacerdote párroco entonces de Sargentes de
la Lora, don Domingo, ven la necesidad de un sistema educativo para el niño. El
buen párroco se entrega con lo mucho que es y puede, a la criatura; juega con
él, le obsequia, le reprende, le lleva a la iglesia y le pone junto al altar.
La segunda aula,
en la que Andrés aprendió la asignatura de la vida, fue su mismo pueblo,
Sargentes de la Lora, amplio y alto, luminoso y frío. Tuvo como maestro a don Fco.
Campos. Don Andrés lo dibujó cabalmente:
"De unos 40
años, alto, nervioso y escueto, muy enérgico, de cara tiesa, voz de autoridad
con tono de mal humor y asomos de riña; quien sabía hacer letras, pero sin
ortografía; leer, pero sin gusto; y calcular, pero en abstracto y sólo con
números enteros, hasta dividir por más de una cifra".
En la red de su
sistema cayó Andresillo cuando apuntaba sus 7 añitos. Pero el niño se rebela
pronto contra la situación y opta por la pasividad: "hacía novillos".
Para él, la
escuela, la cultura y el saber teórico eran algo antipático e inútil. Fue su
madre, la perspicaz Sebastiana, quien se dio cuenta y le hizo ver que tenía que
ir a la escuela para aprender a leer, para ser algún día sabio y santo
sacerdote.
Polientes
En 1857 hizo su
primera Comunión. Se planteó en familia el problema del progreso escolar de
Andrés, que a los tres cursos, sabía tanto como el Sr. Campos. Se resolvió
enviando al muchacho a la capital del partido, a Sedano. Allí estuvo 6 meses.
Aquella salida cultural había servido de muy poco.
Andrés había
demostrado capacidad. Lino, Sebastiana y don Domingo coincidían en rescatar al
niño de los terrones y del ganado; había que lanzarlo a las posibilidades de la
vida, aunque para ellos sólo había una, el altar.
Aquel verano de
1858, la familia determinó que Andrés iniciase la carrera eclesiástica, con el
aprendizaje de la lengua latina. La decisión significaba un sacrificio
múltiple; pero, en lo económico, don Domingo supliría de sus ascéticos ahorros
cuanto faltase al esfuerzo de sus padres.
Cerca de
Sargentes, en Panizares, don Marcos, el párroco, se propuso enseñar latín a
algunos muchachos de la comarca. Su método fue castigar y meter la ciencia a
fuerza de repeticiones y con el auxilio del palo.
La familia de
Andrés veía positivamente la formación que el chico recibía; como el chico
simpatizaba con él, al ser trasladado el párroco a Cortes, un barrio de Burgos,
Andrés también fue con él. Los cuatro meses que pudo resistir, apenas dejaron
huella en el recuerdo del muchacho. Las razones de su abandono pudieron ser
varias: la lejanía de la familia, la dedicación pastoral que absorbía al
párroco en su nueva parroquia; y, principalmente, la presencia, en la cercana
Polientes, de un dómine que merecía toda la confianza del tío don Domingo.
Andrés se resignó
y fue inscrito en la preceptoría de Polientes, que actuaba como seleccionadora,
enviando al Seminario Mayor a los alumnos más capacitados y con vocación
sacerdotal. La seriedad y el castigo eran la norma de la disciplina y se creían
firmemente que "la letra con sangre entra"....Bajo la autoridad de
don Liborio cayó Andrés en octubre de 1859 y bajo ella se mantuvo durante dos
años.
Ante este panorama
tan deprimente no es de extrañar que Andrés se confirmase en su vocación
campesina y añorase la vuelta a Sargentes. Pero no todo es negativo, algo nace
en él durante su estancia en Polientes, que, sin duda, preexistía en él, pero
que aquí comienza a configuranrse y que le durará mientras viva: un sentido de
la disciplina y de autodominio, que le hace aplicarse al estudio y dominar su
propio gusto.
Va acumplir 15
años y desconoce los elementos de otras ciencias: Geografía, Historia,
Aritmética, etc., ni se oían sus nombres. Sin embargo, Andrés no guardó rencor
a don Liborio y hasta escribió sobre él estas hermosas líneas:
"... aunque
duro por educación y naturaleza, fue todo un hombre, bueno, digno, consecuente,
honrado, modesto, celoso en el cumplimiento de su deber, amante de sus discípulos
y por todos respetado y querido".
Seminario
El siguiente paso
será el Seminario. En septiembre de 1861, su tío le lleva a Burgos.Tras un año
de muchísimo trabajo, enfrentado Andrés con el tribunal, superó brillantemente
la Latinidad, las Historias, las Ciencias, hasta el Griego, obteniendo la
máxima calificación: "Meritissimus".
Después seguirán
tres años de estudios filosóficos en el Seminario de San Jerónimo como alumno
externo. En este tiempo muere su padre, por enfermedad de bronquios. Será su
madre, Sebastiana, quien prepara su cabalgadura y decide salir de noche, hacia
Burgos, para ser ella, quien le comunique a su hijo la triste noticia.
La muerte de su
padre generó en Andrés una crisis de responsabilidad, se figuraba constantemente
la imagen de su madre, cercada de 4 hermanitos, el más pequeño de 21 meses,
luchando bravamente por el pan de cada día.
Andrés se entrega
al estudio y el balance final del primer curso de Filosofía no pudo ser más
brillante "Meritissimus". Durante el curso 1863-64 también obtuvo al
final un "Meritissimus".
El curso 1864-65,
hay un profesor nuevo para Andrés, don Domingo Peña, que explicaría Derecho a
los alumnos de Tercero de Filosofía. Debe ser su primer destino a clase y
Andrés demostró ironía con él. Pronto es voz común entre los alumnos, la
ojeriza que don Domingo tiene a Manjón. Los exámenes en junio confirmaron la
tragedia; en Derecho Natural fue suspendido por el catedrático Peña. Andrés se
presentó ante don Domingo y posteriormente a la autoridad del centro, ya que se
sentía seguro conocedor de la disciplina descalificada, exponiendo lo que él
calificaba como una injusticia. Don Domingo no se convenció. Nadie le hizo
caso. El despecho se apoderó de Andrés, se sentía humillado. Habló con sus amigos
y les dijo que se iba, porque no podía presentarse en su casa con aquel
suspenso.
Manolo Campos se
alistó con él en la aventura. Llegaron hasta Oviedo, sucios, ojerosos, llenos
de remiendos y de pelambres. Es septiembre y su madre no ha perdido la calma.
Después de recoger la cosecha enfila a Burgos. Apenas llega a la capital, se
encuentra a su hijo de sopetón.
De esta
experiencia Andrés descubrió el lado positivo: la ciencia de soportar la
injusticia; el apelar a Dios antes que a los hombres; el humilde convencimiento
de que muchas espontaneidades de la juventud no son más que estupideces. Las
conclusiones se grabaron tanto que, años adelante, confesaría sin rubor: "
A un suspenso le debo lo que soy".
Normaliza la
situación académica entre el 1 y el 15 de septiembre y obtiene la calificación
de "Meritus" Parece que hasta don Domingo se arrepintió de su tajante
postura, reconociendo que Andrés era y había sido un estudiante distinguido.
Concluido cada
curso, siempre con la mejor de las calificaciones, el seminarista vuelve los
veranos a su entrañable Sargentes.
A los 26 años
cumplidos, Andrés es un hombre cabal: voluntarioso, conocedor claro del bien y
del mal; sufridor en la vida hasta la austeridad, creyente, su palabra es sí o
no, trabajador y rezador, ilusionado por algo que intuyen en su vida, pero que
no cuaja todavía en formas reales.
Una vez terminados
los estudios, vuelve a Valladolid; le tienta la idea de ejercer la docencia por
libre; abre un estudio privado para alumnos de Segunda Enseñanza. Como los
alumnos no afluían con la abundancia prevista, tuvo que dejarlo.
En la Universidad
de Salamanca, en la Cátedra de Derecho Romano, había una vacante que solicitó y
le fue concedida; allí estuvo cinco meses hasta que la plaza se cubrió
definitivamente.
En otoño de 1874,
Andrés llega a Madrid, se presenta en la Corte con una carta de recomendación.
Fue admitido como inspector, encargado de disciplina, en el Colegio de San
Isidoro. No se encerró en su colegio. Se alistó en la Academia de
Jurisprudencia y Legislación, pero esta experiencia no le resultó positiva.
El 16 de agosto de
1876, nace la Institución Libre de Enseñanza; Manjón se sintió frente a ella
por dos razones que mueven la vida de Andrés: Dios y la Patria. La ausencia de
Dios y el olvido de la tradición española eran imperdonables.
Es 1878. Se habían
anunciado oposiciones para la Cátedra de Disciplina Eclesiástica en la
Universidad de Salamanca. El tribunal le concedió el nº 1, pero la plaza se la
adjudicaron al nº 2. Tuvo que volver a opositar a finales del 78 o principios
del 79. Obtuvo de nuevo el nº 1. Ahora le adjudican la Cátedra. Ya es profesor
universitario. Canceló sus compromisos en el Colegio "San Isidoro" y
se despidió.
Andrés era titular
de la Cátedra de Disciplina Eclesiástica en la Universidad de Santiago de
Compostela a la que había opositado. Cuando en 1880 se anunciaron vacantes en
Derecho, Manjón solicitó la Cátedra de Disciplina Eclesiástica en la
Universidad de Granada, donde vivirá el resto de sus días.
El 23 de octubre
de 1885, el Cabildo del Sacro Monte, Abadía granadina, le eligió para la
asignatura de Derecho Canónico. Para ser canónigo se exigía la condición
sacerdotal y en la primavera del 86, decide caminar hacia el sacerdocio. El 19
de junio era ungido sacerdote.
En el otoño de
1886, neosacerdote y flamante canónigo, organizó su vida sobre las obligaciones
en el Sacro Monte y en la Universidad. Funda las Escuelas del Ave-María,
dedicando su tiempo, su dinero y toda su entrega a esta obra. Estos eran sus
principios:
Contra la
ignorancia, la enseñanza.
Contra la pobreza,
el socorro.
Contra la
corrupción, la educación moral.
Contra el
escándalo público, la influencia social.
El primer
desdoblamiento del sistema educacional avemariano lo hizo en su pueblo natal,
por el que sentía un cariño especial. Todos los veranos los había pasado en él.
Otro de los
proyectos que llevó a la práctica fue el Seminario de Maestros para
"avemarianizar" a sus responsables, se inauguró en 1905.
En 1918 había
Escuelas del Ave-María en Granada y en 36 provincias españolas. A lo largo de
su vida se abrieron unas 400 escuelas, no sólo en España, sino también en
países ultramarinos.
Sus principios
pedagógicos eran: la educación ha de ser una y no contradictoria; integral;
debe comenzar desde la cuna; debe ser gradual y continua; progresiva;
tradicional e histórica; orgánica y armónica; activa por parte del maestro y
del alumno; sensible; moral y religiosa; artística y manual; educando con el
ejemplo; mens sana in copore sano.
Manjón fue un
enamorado de la palabra; de la palabra hablada y de la palabra escrita. Sus
obras literarias se dirigen a la escuela o al maestro. Entre otras, sus obras
selectas son:
El maestro mirando
hacia dentro.
Hojas Evangélicas
y Pedagógicas del Ave-María.
El Catequista.
Tratado de
Educación.
El pensamiento del
Ave-María. Modos de enseñar.
El maestro mirando
hacia fuera. I y II parte.
En 1900 fue
nombrado Hijo Predilecto de Granada. En 1909, la Diputación Provincial de
Burgos, le nombra Hijo Predilecto de la provincia de Burgos, lápida que figura
en la fachada del palacio de la Diputación burgalesa. Él no asistió a estos
homenajes. No le gustaban y no se sentía digno de ellos por su gran humildad.
Su madre muere en
1898. La última visita a su terruño fue en 1921.
Don Andrés mereció
los elogios de muchacho responsable, joven serio, profesor concienzudo y
sacerdote ejemplar, humilde y prudente. La fortaleza era temperamental. En su
interior no consintió que la pereza, el aburguesamiento, la comodidad, los
honores, levantaran cabeza y sentaran plaza en su alma.
El 10 de julio de
1923 murió. Sus restos se hallan en la capilla de las Escuelas del Ave-María,
en una sencilla cripta. Dos letras escritas, A y M le dicen al visitante el
nombre y apellidos de quien ocupa la tumba; es la rúbrica de una personalidad
sobria y humilde.