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Catalogado en base de datos como: Marx- El Capital Sección IV- PRODUCCIÓN DE PLUSVALÍA RELATIVA:
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    Sección IV- PRODUCCIÓN DE PLUSVALÍA RELATIVA

    Resumen Contenidos

     

    Valor: cantidad de trabajo abstracto, homogéneo, socialmente necesario con una habilidad media para la producción de mercancías.

     

    Capital Constante: aquella porción del capital cuyo valor está fijado de antemano: infraestructura, maquinarias.

     

    Capital Variable: es la parte de la producción cuyo valor oscila de acuerdo a la conjunción de diversas variables, y que se consume en el acto productivo. Tiene forma de salario .

     

    Plusvalía: valor no retribuido al trabajador, apropiado por el capitalista

     

    CAP. XII- PLUSVALÍA RELATIVA

     

    Se pregunta como incrementar los niveles de plusvalía sin incrementar la jornada de trabajo (plusvalía absoluta).

    El valor del trabajador debe sumar la cantidad de unos valores de subsistencia por debajo de los cuales la clase obrera no puede existir como tal (hablamos de clase obrera como sujeto colectivo); y el sobretrabajo es lo que queda del tiempo de trabajo durante la jornada. El tiempo de trabajo del obrero no puede abreviarse a través de la reducción salarial opr debajo del valor de su fuerza; sino  sólo por la disminución de este valor (baja valor bienes-salario)

    “Por aumento de la fuerza productiva o de la productividad del trabajo, entendemos en general un cambio en sus procedimientos, con reducción del tiempo socialmente necesario para la producción de una mercancía, de modo que una menor cantidad de trabajo adquiera la fuerza suficiente para crear más valores de uso. El modo de producción se consideraba dado cuanto estudiamos la plusvalía proveniente de la duración prolongada del trabajo. Pero cuando se trata de ganar plusvalía por transformación del trabajo necesario en sobretrabajo, ya no basta con que el capital deje intactos los procedimientos tradicionales del trabajo y se conforme con prolongar su duración. Por el contrario, necesita modificar las condiciones técnicas y sociales, es decir, el modo de producción. Sólo así podrá aumentar la productividad del trabajo, disminuir de esa manera el valor de la fuerza de trabajo y con ello abreviar el tiempo necesario para reproducirla.

    “Denomino plusvalía aboluta a la producida por la simple prolongación de la jornada de trabajo, y plusvalía relativa a la que , por el contrario, proviene de la abreviación del tiempo de trabajo necesario y del cambio correspondiente a la magnitud relativa de las dos partes de que se compone la jornada.” (315)

    La reducción de los bienes-salario contribuye al incremento de la tasa general de plusvalía.

    El desarrollo técnico (tecnología + organización del trabajo) implica un incremento de la productividad; y por tanto mayor plusvalía. El incremento de la productivdad del trabajo se expresa en una baja del precio de la mercancía; lo cual la hace más factible de colocar en el mercado, realizando el valor. Quién primero descubre un método de producción que aumenta la productividad, se apropia de una ganancia excepcional – plusvalía extraordinaria – que rige hasta que empresas competidoras logran adoptar las innovaciones desarrolladas por la empresa “pionera”: “esta plusvalía extraordinaria desaparece en cuanto el nuevo modo de producción se generaliza, y al mismo tiempo se desvanece la diferencia entre el valor individual y el social de las mercancías producidas más baratas.” (318)

    “Por consiguiente, en definitiva, la tasa general de plusvalía resulta afectada nada más que cuando el aumento de la productividade del trabajo hace descender el precio de las mercancías comprendidas en el círculo de los medios de susbsitencia que son elementos del valor de la fuerza de trabajo. El valor de las mercancías está en relación inversa de la productividad del trabajo del cual proviene. Otro tanto ocurre con la fuerza de trabajo, puesto que su valor lo determina el de las mercancías . En cambio, la plusvalía guarda una relación directa con la productivdiad del trabajo.(...) El capital, entonces, tiene una incesante inclinación y una constante tendencia a aumentar la fuerza productiva del trabajo para reducir el precio de las mercancías y por consiguiente el de los obreros.” (318-319) Al capitalista no le importa el valor de la mercancía, sino solo la plusvalía que puede extraer.

    El desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, en la producción capitalista, tiene el objetivo de disminuir la parte de la jornada en que el obrero debe trabajar para sí , con el fin de prolongar , de esa manera, la otra parte, en que puede trabajar gratis para el capitalista.” (320)

     

     

    CAPÍTULO XIII- LA COOPERACIÓN

               

                “En rigor, la producción capitalista comienza a establecerse cuando un solo amo explota a varios asalariados a la vez, cuando el proceso de trabajo, ejecutado en gran escala, exige para la venta de sus productos un amplio mercado.Una multitud de obreros que trabajan al mismo tiempo bajo las órdenes de un mismo capital, en el mismo espacio (o, si se quiere, en el mismo campo de trabajo) , con vistas a la producción de un mismo tipo de mercancías: he ahí el punto de partida histórico de la producción capitalista. ” (321)

                La diferencia con el artesano es que el taller se amplía sus dimensiones: la primera diferencia es puramente cuantitativa.

                Señala el carácter medio del rendimiento de la jornada (si bien hay variaciones individuales, pero puede extraerse un promedio que va variando): “siempre se sobreentiende un mínimo de habilidad en el trabajo, y ya veremos más adelante que la producción capitalista sabe medirla.” (322) Aunque haya excepciones, el salario se calcula en base al valor promedio.

                Ahora bien, el empleo de un personal numeroso “provoca una revolución en las condiciones materiales del trabajo”.(322-323) Se ponen en común los equipos e infraestructura para la producción; hay un cambio en la escala. Esto implica una reducción del caiptal constante y con ello la porción de valor que traslada a la mercancía. Esto permite a su vez disminuir el costo de la mercancía; y la erlación entre la plusvalía y el capital anticipado (suma de partes constantes y variables).

                Cuando varios trabajadores funcionan juntos con vistas a un objetivo común, en el mismo proceso de producción o en procesos distintos pero conexos, su trabajo adopta la forma cooperativa. (...) No se trata únicamente de aumentar las fuerzas productivas individuales, sino de crear, por medio de la cooperación, una nueva fuerza que funcione nada más que como fuerza colectiva.” (323-324)

                Hay formas simples y más complejas de cooperación. Hay tipos de producción que reconocen momentos críticos – como ocurre con algunas producciones agrícolas; o con la pesca del arenque – y que exigen tensar esfuerzos concentrados en un punto.

                “La cooperación permite agrandar el espacio en que se desarrolla el trabajo.(...) Por otro lado, a la vez que amplía la escala de producción, permite reducir el espacio en que se ejecuta el proceso de trabajo. Ese doble efecto, tan potente palanca en la economía de los faux frais (falsos costos) , se debe nada más que a la aglomeración de los trabajadores, a la aproximación entre sí de operaciones distintas, pero conexas, y a la concentración de los medios de producción.(...) Al actuar de consuno con otros, en un objetivo común y según un plan concertado, el trabajador borra los límites de su individualidad y desarrolla su potencia como especie. (...) La concentración de los medios de producción en manos de capitalistas individuales es, entonces, la condición material de cualquier cooperación entre asalariados.” (p.326-327)

     

                “En los comienzos del capital, su  mando sobre el trabajo tiene un carácter puramente formal y accidental. El obrero no trabaja entonces a las órdenes del capital, como no sea porque le vendió su fuerza. Sólo trabaja para él porque no posee los medios materiales para hacerlo por su propia cuenta. Pero en cuanto hay cooperación entre obreros asalariados, el dominio del capital se desarrolla como una necesidad para la ejecución del trabajo, como una condición real de producción. En el campo de ésta, las órdenes del caiptal se hacen, a partir de entonces ,tan indispensables como las del general en el campo de batalla. Todo trabajo social o común, que se despliega en gran escala, exige una dirección para armonizar las actividades individuales.Ésta debe cumplir con las funciones generales que tienen su origen en la diferencia existente entre el movimiento de conjunto del cuerpo productivo y los movimientos individuales de los miembros independientes que lo componen. Un músico que ejecuta un solo se dirige por si mismo, pero una orquesta necesita un director. Esta función de dirección, de vigilancia y de mediación se convierte en la función del capital en cuanto el trabajo que le está subordinado se vuelve cooperativo, y como función capitalista adquiere caracteres especiales. El poderoso aguijón, el  gran resorte de la producción capitalista , es la necesidad de valorizar el capital. Su objetivo determinante es la máxima extracción posible de plusvalía, o, lo que es lo mismo, la mayor explotación  posible de la fuerza de trabajo. (...) En manos del capitalista, la dirección no es sólo esa función especial que nace de la naturaleza misma del proceso de trabajo cooperativo o social , sino además, y ante todo, la de explotar el proceso de trabajo social, función que se basa en el antagonismo inevitable entre el explotador y la materia que explota. Por otro lado, a medida que se acrecienta la magnitud de los medios de producción que se enfrentan al trabajador como propiedad ajena, crece la necesidad de un control, de una verificación de su utilización de manera conveniente. Por último, la cooperación de obreros asalariados no es más que un simple efecto del capital que los ocupa de modo simultáneo. El vínculo entre sus funciones individuales y su unidad como cuerpo productivo se encuentra fuera de ellos, en el capital que los reúne y los retiene. El encadenamiento de sus trabajo se les presenta, desde el punto de vista ideal, como el plan del capitalista, y la unidad de su cuerpo colectivo se les aparece, en la práctica, como su autoridad, el poder de una voluntad ajena que somete los actos de los trabajadores a sus objetivos. (328-329)

     

    El doble rostro de la producción capitalista es  , por un lado , de estímulo de la producción cooperativa y de otro de maximización de la tasa de genancia. Para cumplir ese doble fin, la dirección debe ser despótica: las “formas específicas de ese despotismo se desarrollan a medida que crece la cooperación.” (329)

     

    “Como personas independientes, los obreros son individuos aislados que entran en relación con el mismo capital, pero no entre sí. Su cooperación comienza en el proceso de trabajo, pero en ese momento han dejado de pertenecerse. En cuanto ingresan a él, están incorporados al capital. En la medida en que cooperan, en cuanto son los miembros de un organismo activo, son nada más que un modo particular de existencia del capital. La fuerza productiva que los asalariados despliegan al funcionar como trabajador colectivo es, por lo tanto, fuerza productiva del capital.” (330)

     

    “Así como la potencia colectiva del trabajo, desarrollada por la cooperación, aparece como forma productiva del capital, la cooperación se presenta como modo específico de la producción capitalista. Esa es la primera fase de transformación que recorre el proceso de trabajo a consecuencia de su subordinación al capital. Esta transformación se desarrolla de manera espontánea. (...) El modo de producción capitalista se presenta, pues, como necesidad histórica, para transformar el trabajo aislado en trabajo social. Pero en manos del capital esa socialización del trabajo sólo aumenta sus fuerzas productivas para explotarlo con mayor ganancia.” (332)

     

     

    CAPÍTULO XIV- DIVISIÓN DEL TRABAJO Y  MANUFACTURA

     

                Desde mediados del siglo XVI hasta el último tercio del siglo XVIII se adopta la manufactura en su forma clásica, desarrollando el tipo de cooperación que tiene como base la división del trabajo. “La manufactura tiene un doble origen. Un taller puede reunir bajo las órdenes de un mismo capitalista a artesanos de distintos oficios, por las manos de quienes deben pasar un producto para llegar a su perfecta perfección. Una carroza era el producto colectivo de los trabajos de muchos artesanos independientes entre sí, tales como carpinteros, guarinciones, sastres, cerrajeros, fabricantes de llantas, torneros, tapiceros, vidrieros, pintores, barnizadores, doradores, etc. (...) En su origen, la fabricación de carrozas se prestanba como una combinación de oficios independientes. Poco a poco se convierte en una división de la producción de esos vehículos en sus diversos procedimientos específicos, cada uno de los cuales se cristaliza como tarea particular de un trabajador y cuyo conjunto se ejecuta por la reunión de esos trabajadores parcelarios. Así, las manufacturas de telas y muchas otras nacieron de la agolomeración de los distintos oficios bajo las órdenes del mismo capital. (...) Pero la manufactura también puede surgir por un camino en todo sentido inverso. (...) En lugar de hacer ejecutar las  distintas operaciones por un mismo obrero, una tras otra, se las separa, se las aísla, y luego se confía cada una ellas  a un obrero especial, y los trabajadores que cooperan las ejecutan a la vez, juntos, uno al lado del otro. Esta división, establecida una vez por accidente, se repite, muestra sus ventajas y se osifica poco a poco en una división sistemática del trabajo. De producto individual de un obrero independiente que hace una multitud de cosas, la mercancía se convierte en el producto social de una reunión de obreros, cada uno de los cuales ejecuta constantemente la misma operación de detalle. (...) El origen de la manufactura, su derivación del oficio, presenta, pues, un doble rostro. Por un lado tiene como punto de partida la combinación de distintos oficios, independientes entre sí, a los cuales se hace dependientes y se simplifica hasta el punto en que ya no son otra cosa que operacinoes parciales y complementarias unas de otras en la producción de una misma y única mercancía. Por otro lado se adueña de la cooperación de artesanos del mismo tipo, descompone el mismo oficio en sus diversas operaciones, la aísla e independiza hasta el punto en que cada una se convierte en la función exclusiva de un trabajador parcelario. Por lo tanto, la manufactura introduce la división del trabajo en un oficio, o la desarrolla; o bien combina oficios distintos y separados. Pero sea cual fuere su punto de partida, su forma definitiva es la misma: un organismo de producción cuyos miembros son los hombres.” (333)

     

                Destaca dos puntos inherentes a la naturaleza de la manufactura: a pesar de la descomposición del oficio, la  ejecución sigue aquí dependiendo de la habilidad, la fuerza, celeridad y seguridad de la mano del obrero en el manejo de la herramienta: el oficio es siempre la base. La manufactura es un tipo de cooperación especial, y sus ventajas provienen aquí de la naturaleza especial de la cooperación.

     

    II- El trabajador parcelario y su herramienta

     

                El obrero parcelario transforma todo su cuerpo en órgano exclusivo y mecánico de la misma operación simple, que ejecuta durante toda su vida, de modo que emplea en ella menos tiempo que el artesano que ejecuta toda una serie de operaciones. Hace algunas reflexiones sobre el secreto del oficio y su transmisión histórica de generación en generación. “Un artesano que ejecuta, uno tras otro, todos los procesos parciales que convergen en la producción de un trabajo, debe cambiar de lugar y de instrumentos. La transición de una operación a otra interrumpe el curso de su trabajo y, por decirlo así, crea poros en su jornada.” (337)   La existencia y magintud de estos poros depende de los cambios de tarea del artesano: “el ascenso de la productividad proviene, bien de una inversión de más fuerza en determinado espacio de tiempo, bien de una disminución en la inversión improductiva de esa fuerza. El excedente de su inversión que exige cada transición del reposo al movimiento resulta compensado si se prolonga la duración de la velocidad normal, una vez adquirida esta. Por otro lado, un trabajo continuo y uniforme termina por debilitar el florecimiento y la tensión de los espíritus vitales, que encuentran descanso y encanto en el cambio de actividad. La productividad del trabajo no depende sólo del virtuosismo del obrero, sino, además, de la perfección de sus instrumentos.” (337)

                Los instrumentos se van modificando conforme se reestructuran los procesos de trabajo; la manufactura implica una diferenciación y especialización creciente de los instrumentos de producción: “El período manufacturero simplifica, perfecciona y multiplica los instrumentos de trabajo al adaptarlos a las funciones separadas y exclusivas del obrero parcelario.” (337)

     

    III-Mecanismo general de la manufactura. Sus dos formas fundamentales: la manufactura heterogénea y la orgánica.

                La manufactura presenta dos formas fundamentales, definidas por la naturaleza de su producción. En el caso de la producción de relojes, la producción suele ser dispersa (trabajo a domicilio) bajo la conducción de un único capitalista.

                “El segundo tipo de manufactura, es decir, su forma perfecta, entrega productos que recorren fases de desarrollo conexas, toda una serie de procesos graduados (...) En la medida en que combina oficios antes independientes, una manufactura de ese tipo disminuye el espacio que separa las diversas fases de la producción.  (...) Las diversas operaciones conexas, sucesivas en el tiempo, se vuelven simultáneas en el espacio, combinación que permite aumentar en considerable medida la masa de mercancías elaboradas en un tiempo dado.” (339-340) La manufactura “solo llega a su objetivo cuando clava al obrero para siempre en una operación de detalle.” (340) El proceso se va encadenando: el trabajo de uno es el punto de partida del trabajo de otro; y bajo un mismo techo estas operaciones pueden desarrollarse simultáneamente. El tiempo de trabajo deseado se establece experimentalmente “ y el mecanismo total de la manufactura sólo funciona con la condición de que se logre determinado resultado en un tiempo dado.” (340) Esta dependencia inmediata de los trabajadores y de los trabajos obliga a cada uno a emplear nada más que el tiempo necesario para su función, y “de esa manera se consigue una continuidad, una regularidad, una uniformidad y sobre todo una intensidad del trabajo que no se encuentra en el oficio independiente ni en la cooperación simple. El hecho de que una mercancía no debe costar más del tiempo de trabajo socialmente necesario para su fabricación aparece en la producción mercantil, en general, como efecto de la competencia, puesto que, para hablar en términos superficiales, cada uno de los productores está obligado a vender su mercancía en su precio de mercado. En la manufactura, por el contrario, la entrega de una cantidad de producto dado se convierte en una ley técnica del propio proceso de producción.” (340-341)

                Marx señala las asincronías del proceso productivo, dado que no todas las partes de un producto requieren el mismo lapso de tiempo para su realización. De aquí que la manufactura no sólo simplifica y multiplica los órganos cualitativamente diferentes del trabajador colectivo: crea una relación matemática que fija y regula su cantidad, es decir, el número relativo de obreros o la magnitud relativa del grupo de obreros en cada función específica.

                Con la manufactura se desarrolló el uso de máquinas; sobre todo “en ciertos trabajos preliminares simples que sólo es posible ejecutar en gran escala y con considerable inversión de fuerza.” (343) A pesar de esto, Marx afirma que en el período manufacturero las máquinas jugaron un papel secundario; creciendo su importancia en el siglo XVII. “El trabajador colectivo formado por la combinación de una gran cantidad de obreros parcelarios es el mecanismo específico del período manufacturero.”  (343) Se produce una gradual descomposición de las tareas; y los obreros fijados a aquella para la cual tienen más facultades. “El trabajador colectivo posee entonces todas las facultades productivas en el mismo grado de virtuosismo , y las invierte con la máxima economía posible, pues emplea sus órganos, individualizados en trabajdores especializados, o en grupos de ellos, nada más que en funciones adecuadas a su calidad. Como miembro del trabajador colectivo, el obrero parcelario se vuelve tanto más perfecto cuanto más limitado e incompleto es. El hábito de una única función lo convierte en órgano infalible y espontáneo de ella, en tanto que el conjunto del mecanismo lo obliga a actuar con la regularidad de una pieza de maquinaria. (...) De ese modo, la manufactura crea una jerarquía de fuerzas de trabajo a la cual corresponde una escala graduada de salarios. Así como el trabajador individual es apripiado y anexado a una función única, así las diversas operaciones se adaptan a esa jerarquía de habilidades y especialidades naturales y adquiridas. (...) La manufactura produce, pues , en cada oficio del cual se adueña, una clase de simples peones que el oficio de la Edad Media alejaba implacablemente. Así como desarrolla la especialidad aislada hasta el punto de convertirla en un virtuosismo a expensas de la capacidad integral del trabajo, también comienza a convertir en una especialidad la falta de todo desarrollo. Al lado de la gradación jerárquica surge una división simple de los trabajadores en especializados y no especializados. En el caso de estos últimos desaparecen los costos del aprendizaje. En el de los primeros, disminuyen en comparación con lo que exige el oficio. En los dos, la fuerza de trabajo se reduce en su valor.” (344-345) Marx señala que la disminución del valor de la fuerza de trabajo descualificada está vinculada a la disminución del  tiempo de aprendizaje; y su inmediata aplicación a la producción de sobretrabajo.

     

    IV- La división del trabajo en la manufactura y la sociedad

     

                Vimos hasta ahora como la manufactura salió de la cooperación. Marx propone examinar la relación entre división manufacturera del trabajo y su división social. 

                División del trabajo  en general puede asociarse a la separación de la división social en sus grandes divisiones: agricultura, industria, etc. Luego estas familias se subdividen en especies; y por último, la división del taller con el nombre de “trabajo en singular” o “en detalle”.  Desarrolla una exposición histórica desde la familia al taller.

                La división de la manufactura sólo puede implementarse sobre un determinado grado “evolutivo” de la división social del trabajo.

                Sin embargo, pese a las muchas analogías y relaciones que existen entre la división social del trabajo en la sociedad y la que existe en el taller, hay una diferncia no de grado, sino de esencia: “¿Pero qué forma las relaciones entre los trabajadores independientes del criador de ganado, el curtidor y el zapatero? El hecho de que sus respectivos productos son mercancías. Y, por el contrario, ¿qué  caracteriza la producción manufacturera del trabajo? El que los trabajadores parcelarios no producen mercancía. Lo que es convierte en mercancía no es su producto colectivo.” (348-349)

                “En la división manufacturera del taller, la cantidad proporcional que primero da la práctica y luego la reflexión, gobierna a priori , como una regla, la masa de obreros asignada a cada función específica. En la división social del trabajo, sólo actúa a posteriori, como necesidad fatal, oculta, muda, perceptible nada más que en las variaciones barométricas de los precios de mercado, que se imopne y domina por medio de catástrofes el capricho arbitrario de los productores de mercancías. La división manufacturera del trabajo supone la autoridad absoluta del capitalista sobre hombres convertidos en simples miembros de un mecanismo que le pertenece. La división social del trabajo enfrenta entre sí a productores independientes, que en rigor no reconocen otra autoridad que la de la competencia, otra fuerza que la presión ejercida sobre ellos por sus intereses recíprocos, tal cmo en el reino animal la guerra de todos contra todos....” (350) Marx critica entonces las posiciones de la burguesía que denuncian los intentos de planificar toda la producción social: el régimen de fábricas, agrega Marx, sólo es bueno para los proletarios. Por tanto, la anarquía en la división social del trabajo y el despotismo en la división manufacturera del trabajo caracterizan al sociedad burguesa.

                Analiza el modo de producción asiático, de comunidades autosuficientes que desarrollan una producción de subsistencia y sólo mercantilizan el  excedente. Por su parte, las leyes de las corporaciones medievalaes impedían de modo metódico la transformación del maestro en capitalista, al limitar por rigurosos edictos  el número máximo de oficiales y aprendices que tenían derecho a emplear. “La organización corporativa excluía, pues, la división manufacturera del trabajo, aunque contribuyó a desarrollar sus condiciones de existencia al aislar y perfeccionar los oficios.”

     

    V- El carácter capitalista de la manufactura

     

                “Un número considerable de obreros a las órdenes del mismo capital: tal es el punto de partida natural de la manufactura, tanto como de la cooperación simple. Pero la división del trabajo, tal como la exige la manufactura, hace del incesante aumento de los obreros empleados una necesidad técnica. El número mínimo que debe ocupar un capitalista lo prescribe entonces la división del trabajo establecia.” (352)

                Las cantidades, además, debe aumentarse en múltiplos según proporciones fijas en todos los grupos del taller; lo cual implica un aumento del capital variable y constantes (materias primas, salarios, infraestructura, máquinas, etc.) El carácter técnico de la manufactura se expresa en el requerimiento de un capital mínimo creciente para el capitalista.

                Así como en general la cooperación simple no afecta el modo de trabajo individual, la manufactura lo revoluciona de pies a cabeza, y ataca en su raíz la fuerza de trabajo. Mutila al trabajador, hace de él algo monstruoso, al activar el desarrollo artificial de su destreza detallista, a expensas de todo un mundo de disposiciones e instintos productores (...). No sólo el trabajo queda dividido, subdividido y distribuido entre distintos individuos, sino que el individuo mismo es fragmentado y metamorfoseado en el resorte mecánico de una operación exclusiva, de modo que se realiza la absurda fábula de Menenio Agripa, que representa al hombre como fragmento de su propio cuerpo.” (353) El obrero es convertido así en propiedad del capital: “Lo que pierden los obreros parcelarios se concentra frente a ellos en el capital. La división manufacturera les opone la potencia intelectual de la producción como propiedad ajena, y como poder que los domina. Esta escisión empieza a crecer en la cooperación simple, en la cual el capitalista representa, respecto del trabajador aislado, la unidad y voluntad del trabajador colectivo. Se desarrolla en la manufactura, que mutila al trabajdor, hasta el punto de reducirlo a una parcela de sí mismo. Se completa, por último, en la gran industria, que hace de la ciencia una fuerza productiva independiente del trabajo y la enrola al servicio del capital.”

               

     

                “En la manufactura, el enriquecimiento del trabajador colectivo , y por consiguiente del capital, en fuerzas productivas sociales tiene como condición el empobrecimiento del trabajador en materia de fuerzas productivas individuales”. (354) Cita a Ferguson:

     

                “La ignorancia es la madre de la industria, tanto como la de la superstición. La reflexión y la fantasía están sujetas a error, pero el hábito de mover el pie es indepdendiente de ambas. Por consiguiente, las manufacturas prosperan más cuanto menos se consulta a la mente y donde el taller puede... considerarse una máquina, cuyas piezas son hombres.” (354) También cita a Adam Smith en que establece la relación entre el desarrollo de la capacidad de comprensión y las ocupaciones ordinarias de los seres humanos. Quien se desarrolla toda su vida en unas operaciones sencillas  “se vuelve tan estúpido e ignorante como esposible que llegue a serlo una criatura humana.” (354)  Agrega A. Smith, sobre el obrero parcelario: “La uniformidad de su vida estacionaria corrompe, como es natural , la valentía de su espíritu... Corrompe todas las actividades de su cuerpo, y lo hace incapaz de desplegar su fuerza con vigor y perseverancia, en cualquier otra ocupación que no sea aquella para la cual se crió. De esta manera , su destreza para su oficio especial parece haber sido adquirida a expensas de sus virtudes intelectuales, sociales y marciales. Pero en toda sociedad civilizada y avanzada, tal es el  esttado en que el obrero pobre, es decir, la gran masa del pueblo, tiene que caer por fuerza.” (355)

     

    XV- MAQUINARIA Y GRAN INDUSTRIA

     

    1.      Desarrollo de las máquinas y de la producción mecánica

     

    El empleo capitalista de las máquinas sólo tiende a disminuir el precio de las mercancías, a reducir la parte de la jornada que el obrero trabaja para sí, con el fin de prolongar aquella en que trabaja nada más que para el capitalista. Es un método especial para fabricar plusvalía relativa.  “La fuerza de trbajo en la manufactura y el medio de trabajo en la industria moderna son los puntos de partida de la revolución industrial.” (361)

    Señala que todo mecanismo desarrollado se compone de tres partes distintas:  motor, transmisión y máquina de trabajo. Las dos primeras existen para comunicar a la última el movimiento que la hace atacar el objeto de trabajo y modificar su forma. 

    “Al examinar la máquina-herramienta encontramos en grande, aunque en formas modificadas, los aparatos e instrumentos que emplea el artesano o el obrero manufacturero. (...) La máquina-herramienta es , pues, un mecanismo que, habiendo recibido el movimiento correspondiente, ejecuta con sus instrumentos  las mismas operaciones que el trabajador efectuaba antes con instrumentos similares. En cuanto al instrumento, salido de la mano del hombre , es manejado por un mecanismo, la  máquina herramienta ocupa el lugar de la herramienta simple. (...) La cantidad de herramientas que una misma máquina de trabajo pone en juego al mismo tiempo se emancipó, pues, desde el principio, de las limitaciones orgánicas que no podía superar la herramienta manual.” (363) El hombre pasó a tomar la responsabilidad de vigilar la máquina y corregir sus errores con la manos.

    Muchos instrumentos se transforman en máquinas antes del período manufacturero, y a lo largo de éste , pero sin revolucionar el modo de producción.

    “La máquina, punto de partida de la revolución industrial reemplaza, pues, al trabajador que maneja una herramienta por un mecanismo que opera a la vez con varias herramientas semejantes y que recibe su impulso de una fuerza única, sea cual fuere su forma. Pero tal máquina herramienta no es más que un elemento simple de la producción mecánica. El aumento de las dimensiones de la máquina, y de la cantidad de sus herramientas, exige un mecanismo mayor para impulsarla. Y este mecanismo requiere, a su vez , una fuerza superior a la del hombre, para vencer su resistencia, aparte del hecho de que el hombre es un instrumento muy imperfecto para producir un movimiento uniforme continuo. Pero si se supone que actúa simplemente como motor, que una máquina ocupa el lugar de su herramienta, es evidente que se lo puede reemplazar por fuerzas naturales.” (365)

    Plantea dos formas distintas del conjunto del mecanismo productivo: la cooperación de varias máquinas homogéneas (que ejecuta todas las operaciones hasta entonces efectuada por un mismo artesano  o por varios obreros reunidos en una manufactura) o un sistema de máquinas. “El sistema de máquinas propiamente dicho sólo reemplaza la máquina independiente cuando el objeto de trabajo recorre sucesivamente una serie de distintos procesos graduados, ejecutados por una cadena de máquinas-herramientas distintas pero combinadas entre sí. La cooperación por división del trabajo que caracteriza a la manufactura reaparece aquí como combinación de máquinas de operación parcelaria.” (368)La manufactura anticipa el esbozo de la división del trabajo que luego el sistema de máquinas desarrollará. Con la imposición del sistema de máquinas y la producción mecánica, el proceso productivo se hace “objetivo”, independizándose de la subjetividad del trabajador. Antes , la operación estaba adaptada al artesano; ahora ocurre a la inversa: se ha emancipado de las facultades individuales del obrero. “Por consiguiente, así como el principio de la manufactura es el aislamiento de los procesos particulares por la división del trabajo, el de la fábrica, por el contrario, es la continuidad ininterrumpida de esos mismos procesos.” (369) El sistema de máquinas aparece como un gran autómata, que es puesto en movimiento por un motor que se mueve por sí mismo. “En cuanto a la máquina herramienta ejecuta todos los movimientos necesarios para elaborar la materia prima sin la ayuda del hombre, y sólo le pide su atención, hay ya un verdadero sistema automático, aunque susceptible de constantes perfeccionamientos de detalle. (...) La máquina aislada ha sido sustituida por un monstruo mecánico, que llena edificios enteros con sus gigantescos miembros. Su fuerza demoníaca, disimulada primero por el movimiento rítimico y casi solemne de sus descomunales brazos, estalla en la danza afiebrada y vertiginosa de sus innumerables órganos de operación.” (369) Marx concluye que la manufactura constituye , en términos históricos, la base técnica de la gran industria. La industria dominada por máquinas exige también un aumento incesante de obreros especialistas.  En cierto grado de su desarrollo, la gran industria entra en conflicto con su base dada por el oficio y la manufactura.

    “El cambio radical del modo de producción en una esfera industrial implica un cambio radical análogo en otra. Así se advierte al comienzo en las ramas de industria Así, se advierte al comienzo en las  ramas de la industria que se entrelazan como fases de un proceso conjunto, aunque la división del trabajo las haya separado y metamorfoseado sus productos en otras tantas mercancías independientes. (...) El medio de trabajo adquiere en la máquina una existencia material que exige el reemplazo de la fuerza del hombre por las fuerzas naturales , y el de la rutina por la ciencia. En la manufactura, la división del proceso de trabajo es puramente subjetiva; es una combinación de obreros parcelarios. En el sistema de máquinas, la gran industria crea crea un organismo de producción en todo sentido objetivo e impersonal, que el obrero encuentra allí, en el taller,  como condición material ya lista para su trabajo. En la cooperación simple y aún   en la basada en la división del trabajo, la supresión del trabajador aislado por el obrero colectivo parece todavía más o menos accidental. La maquinaria, con pocas excepciones (...) sólo funcionar como medio de un trabajo socializado o común. El carácter cooperativo del trabajo se convierte en una necesidad técnica dicatda por la naturaleza misma de su medio.” (373)

     

     

    II- Valor transmitido por la maquinaria al producto

     

                “Ya se vio que las fuerzas productivas resultantes de la cooperación y la división del trabajo nada cuestan al capital. Son las fuerzas naturales del trabajo social. Las fuerzas físicas de las que se apropia la producción, como el agua, el vapor, el aire, tampoco cuestan.(...) Por consiguiente, si bien a primera vista, resulta evidente que la industria mecánica, al  incorporarse la ciencia y las poderosas fuerzas naturales, aumenta de manera maravillosa la productividad del trabajo, es posible preguntarse si lo que se gana por un lado no se pierde por el otro, si el empleo de máquinas economiza más trabajo de lo que cuestan su construcción y mantenimiento. Como cualquier otro elemento del capital constante, la máquina no produce valor, sino que sencillamente transmite el suyo al artículo que sirve para fabricar. Así, su propio valor entra en el producto.En  lugar de abaratarlo, lo encarece en proporción de lo que vale. (...) Señalemos ante todo que la máquina entra siempre toda entera en el proceso que crea el producto, y sólo por fracciones en el que crea su valor. Nunca traslada más valor del que su desgaste le hace perder en promedio. Por lo tanto hay una gran diferencia entre el valor de la máquina y la porción de valor que transmite de manera periódica a su producto, entre la máquina como elemento de valor y la máquina como elemento de producción. Cuanto mayor es el período durante el cual funciona la misma máquina, más grande es esa diferencia. Todo esto, es cierto, rige también para cualquier otro medio de trabajo. (...) Si se deducen los costos cotidianos de la máquina y de la herramienta, es decir, el valor que su desgaste y su gasto de materiales auxiliares como carbón, aceite, etc., transmiten en promedio al producto cotidiano, su ayuda nada cuesta. Sólo en la industria mecánica llega el hombre a hacer funcionar  en gran escala los productos de su trabajo pasado como fuerzas naturales, es decir, como fuerza gratuita.” (373-374)

                Agrega que el  estudio de la manufactura y la coopración demostró que los  edificios se vuelven menos costosos gracias a su uso común, lo que abarata el precio del producto. La productividad del trabajo tiene como medida la proporción según la cual sustituye al hombre.

     

    III- Efectos inmediatos de la industria maquinizada sobre el trabajador

    El punto de partida de la gran industria es el medio de trabajo, que una vez revolucionado adopta su forma más desarrollada en el sistema organizado de la maquinaria de fábrica. Marx examinará como se incorpora a él material humano.

     

    1.      Apropiación de la fuerzas de trabajo suplementarias. El trabajo de las mujeres y los niños.

    El desarrollo del maquinismo hizo superflua la fueza muscular; la  máquina permite emplear a niños y mujeres. “Antes el obrero vendía su propia fuerza de trabajo, de la cual podía disponer con libertad; ahora vende a su mujer y sus hijos; se convierte en traficante de esclavos.” (381)

    El desarrollo impulsado por la maquinaria hizo que las relaciones entre el comprador y el vendedor de la fuerza de trabajo perdiera toda apariencia de un contrato entre personas libres; lo que dio al Parlamento un motivo para “entrometer” al Estado en el interior de las fábricas. Las limitaciones impuestas por las leyes no sólo provocan las quejas patronales sino la de los padres de los niños-proletarios, que se mudan a lugares donde es posible ejercer la “libertad de trabajo”.

    Marx destaca la enorme proporción de mortalidad infantil en los primeros años de existencia; producto en buena medida de la ausencia de las madres de sus casas y la mala alimentación, el maltrato y el descuido que eleva a un 26,5 % la mortalidad infantil en Manchester, con un promedio del 9%.  Los informes de salud pública son contundentes respecto de las relaciones entre la industrialización y el deterioro de los indicadores sociales.

    Hace una larga y rica referencia a la Ley de fábricas que establece quelos niños empleados en fábricas deben ser educados: “La única culpable es la legislatura , por haber promulgado una ley engañosa, que si bien parece establecer que los niños empleados en fábricas tienen que ser educados, no contiene cláusula alguna por medio de la cual pueda asegurarse esa pretendida finalidad. Sólo establece que en ciertos días de la semana , y durante una determinada cantidad de horas (tres) cada día, deben ser encerrados entre las cuatro paredes de un lugar llamado escuela, y que el empleador del  niño recibirá todas las semanas un certificado en ese sentido, firmado pro una persona que lo hará como maestro o maestra.’.

    “Antes de la promulgación de la ley de fábricas revisada en 1844, una enorme proporción de los certificados de escuela firmados con una cruz demostraban que las maestras no sabían escribir. (...) Durante la prepración de la ley de 1844 los inspectores de fábrica denunciaron el lamentable estado de las presuntas escuelas cuyos certificados, lo mismo que los nombres y apellidos de los maestros, tenían que ser anotados de puño y letra de éstos. (...) Y no sólo en esos lugares lastimosos obtienen los niños sus  certificados, aunque no  instrucción. Hay muchas escuelas en las cuales el maestro es competente, pero sus esfuerzos naufragan casi siempr en el batiborrillo enmarañado de niños de todas las edades por encima de tres años. ‘Sus medios de vida, misérrimos en el mejor de los casos, dependen de los peniques recibidos de la mayor cantidad de niños a quienes resulte posible apiñar en el espacio de que se dipone. A esto hay que agregar los escasos muebles escolares, la falta de libros y otros materiales de enseñanza, y el deprimente efecto que sobre los propios niños produce el ambiente viciado y ruinoso.  Estuve en muchas escuelas por el estilo, y en todas ellas vi hileras de chicos que nada hacían en absoluto. Y esta es la asistencia escolar  certificada, y en lus cuadros estadísticos esos chicos figuran como educados’.” (387) Siguen en esta página otras observaciones igualmente reveladoras referidas a la “educación infantil”.

     

     

    2.      Prolongación de la jornada de trabajo

     

    La productividad se encuentra en relación inversa con la parte del valor que transmite al producto: cuanto mayor es la masa de productos entre los que se distribuye el valor que la máquina agrega, menor la parte de valor que le toca a cada mercancía. Pero el período de la vida activa de la máquina está determinado por la longitud de la jornada de trabajo.

    Las máquinas pueden desgastarse por uso intensivo; por desuso o bien por lo que Marx llama “desgaste moral”; a medida que se inventan máquinas más baratas o pefeccionadas que le hacen competencia. “El  peligro de su desgaste moral es tatno menor cuanto más breve es el período en que se reproduce su valor total, y este período es más corto cuanto más prolongada es la joranada de trabajo.” (389)

    “La máquine produce una plusvalía relativa, no sólo al depreciar de manera directa la fuerza de trabajo y abaratarla de modo indirecto pro la baja de precio que ocasiona en las mercancías de uso común, sino además en el sentido de que durante el primer período de su introducción esporádica transforma el trabajo empleado por el poseedor de máquinas en trabajo potenciado, cuyo producto, dotado de un valor social superior a su valor individual, permite al capitalista reponer el valor cotidiano de la fuerza de trabajo con una porción menor del rendimiento diario. Durante ese período de transición en que la industria maquinizada se conserva como una especie de monopolio, los beneficios son, por consiguiente, extraordinarios, y el capitalista trata de explotar a fondo esa luna de miel por medio de la mayor prolongación posible de la jornada. La magnitud de la ganancia aguza el apetito.(...) Así se verifica la ley según la cual la plusvalía proviene, no de las fuerzas de trabajo que el capitalista reemplaza por las máquinas, sino, por el contrario, de las que ocupa. La plusvalía proviene de la parte variable del capital y su suma la determinan dos factores: su tasa y la cantidad de obreros ocupados al mismo tiempo. Si la longitud de la jornada está dada, su división proporcioanl en sobretrabajo y trabajo necessario determina la tasa de plusvalía, pero la cantidad de obreros ocupados depende de la relación del capital variable con el constante.” (391)

    Marx señala la contradicción del desarrollo de la maquinaria: por un lado, aumenta la tasa de plusvalía pero reduce la cantidad de obreros, y por tanto de trabajo vivo (y de valor).

     

     

    3.      Intensificación del trabajo

     

    La sociedad – frente a la prolongación desmesurada de la jornada de trabajo –puso límites legales  para la jornada. Desde entonces,comienza a predominar la intensificación del trabajo.

    “Resulta evidente que con el progreso técnico y la experiencia acumulada de una clase especial de obreros dedicados a la máquina, la rapidez y por tanto la intensidad del trabajo aumentan, como es natural. Así, en las fábricas inglesas la prolongación de la jornada y la acentuación de la intensidad del trabajo van de la mano durante medio siglo. Se entiende, sin embargo, que cuando no se trata de una actividad espasmódica, sin o  unifrome, regular y cotidiana, se llega fatalmente a un punto en que la extensión y la intensidad del trabajo se excluyen una a la otra, a tal punto, que una prolongación de la jornada ya sólo es compatible con un menor grado de intensidad y a la inversa, un grado de intensidad superior con una jornada reducida.” (393)

    La creciente rebelión de la clase obrera obligó al Estado a imponer una reducción de la jornada laboral. Esto lanzó a la clase capitalista a una carrera por elevar la producción de plusvalía relativa por medio del desarrollo acelerado de la maquinaria. Este desarrollo exige, por tanto, una doble evaluación del trabajo: por su extensión o duración  y , por otro lado, por su grado de intensidad  - dada la tendencia a  eliminar los “tiempos muertos” de la producción.  Hubo diversos ensayos marcando los límites de la extensión de la jornada: su reducción experimental demostraba que la producción se mantenía constante o se incrementaba  trabajando menos (de doce a once horas diarias, como en las fábricas de Gardner). Eran ventajas adicionales que se utilizaba menos materia prima y fuentes energéticas.

    “En cuanto la ley abrevia la jornada de trabajo, la máquina se convierte en seguida, en manos del capitalista, en medio sistemático de arrancar a cada instante más trabajo. Pero para que la maquinaria ejerza su presión superior sobre sus servidores humanos, hay que perfeccionarla, sin contar con que la reducción de la jornada obliga al capitalista a poner en tensión todos los resortes de la producción y economizar sus costos.” (396)

    Señala que los inspectores de fábricas han destacado el valor de las limitaciones impuestas a la duración de la jornada; pero ven con preocupación el hecho de que el acortamiento fue acompañada de una intensificación del trabajo que pone en riesgo la salud de los proletarios: “No cabe la menor duda de que la tendencia del capital a compensarse por medio de la intensificación sistemática del trabajo ( en cuanto la ley le prohibió de manera definitiva la prolongación de la jornada), y a transformar cada perfeccionamiento del sistema de maquinarias en un nuevo medio de explotación, tiene que llevar a un punto en que resulte inevitable una nueva disminución de las horas de trabajo.” (401)

     

     

    IV. La fábrica

     

    “En la fábrica , la división del trabajo reaparece ante todo como distribución de los obreros entre máquinas especializadas, y de masas de obreros, que sin embargo no forman grupos organizados, entre las distintas secciones de la fábrica, donde trabajan en máqinas-herramientas homogéneas y alineadas unas al lado de las otras. Por lo tanto, existe entre ellos una coopación simple.” (403) Así hay una distinción fundamental entre los trabajadores de las máquinas-herramienta y sus ayuudantes, casi todos niños. Finalmente, un pequeño número de personal como ingenieros, mecánicos, carpinteros, etc.; que vigilan el mecanismo general y se ocupan de las reparaciones necesarias: ésta última es una clase superior de trabajadoers, los unos formados científicamente, los otros dueños de un oficio ubicado fuera del círculo de los obreros de la fábrica: esta es una pura división tecnológica del trabajo.

    “Aunque desde el punto de vista técnico, el sistema de maquinarias pone fin al antiguo sistema de división del trabajo, éste se mantiene en la fábrica, y ante todo como tradición legada por la manufactura. Luego el capital se apodera de él para consolidarlo y reproducirlo en una forma más repugnante, como medio sistemático de explotación. La especialidad que consistía en manejar durante toda la vida una herramienta parcelaria se convierte en la de servir, en forma más repugnante aún, a una máquina parcelaria durante toda la vida.  Se abusa de la maquinaria para transformar al obrero, desde su más tierna infancia, en parte de una máquina que a su vez es parte de otra. (...) En la manufactura y el oficio, el obrero utiliza su herramienta; en la fábrica, sirve a la máquina. Allí el movimiento del instrumento de trabajo  parte de él; aquí no hace más que seguirlo. En la manufactura, los obreros son otros tantos miembros de un organismo vivo. En la fábrica , se incorporan a un mecanismo muerto que existe con independencia de ellos.(...) La facilidad misma del trabajo se convierte en una tortura, en el sentido de que la máquina no libera al obrero del trabajo, sino que despoja a éste de su interés. Todo tipo de producción capitalista, en la medida en que no sólo es un proceso de trabajo, sino de creación de plusvalía, tiene en común el hecho de quelas condiciones de trabajo dominan al obrero, en lugar de estarles sometidas, pero el sistema de fábricas es el primero que da a esta inversión una realidad técnica. El medio de trabajo convertido en autómata se yergue ante el obrero, durante el propio proceso de trabajo, en forma de capital, de trabajo muerto que domina y succiona su fuerza viva.” (405-406)

    El régimen fabril va creando una disciplina cuartelaria: “Luego de lanzar por la borda la división de poderes, por lo demás tan ensalzada por la burguesía, y el sistema representativo por el cual tanto amor pregona, el capitalista formula, como legislador privado y según su albedrío, su poder autocráticos sobre sus obreros en su código fabril.” (407)

    Toma una cita de Engels por demás esclarecedora: “La esclavitud a que la burguesía sometió al proletariado se presenta en su verdadero aspecto en el sistema fabril. En él todas las libertades cesan de hecho y de derecho. El obrero tiene que estar en la fábrica a las 5.30 de la mañana. Si llega dos minutos tarde, incurre en una multa. Si se retrasa en diez minutos, sólo se le deja entrar después del desayuno, y pierde un cuarto de su jornal... Tiene que comer, beber y dormir a la voz de mando... El reloj despótico le hace interrumpir su sueño y sus comidas. ¿Y qué ocurre en el interior de la fábrica? Allí el fabricante es el legislador absoluto. Hace los reglamentos como se le viene en ganas, modifica y amplía su código a placer, y si introduce en ellos las arbitrariedades más extravagantes, los tribunales dicen a los trabajadores: ‘Puesto que aceptaron ese contrato por propia voluntad, tienen que someterse a él’... De tal modo, esos trabajadores se ven condenados a tormentos físicos y morales desde los nueve años hasta su muerte.” (Nota pie de página N° 114 – cita varios ejemplos ilustrativos de la autocracia fabril, págs. 407-408).

    Luego Marx analiza las condiciones de trabajo en las fábricas: la elevada temperatura afecta todos los sentidos; hay una atmósfera impregnada de materias primas; un ruido ensordecedor; y el mecanismo ensordecedor cuyo funcionamiento uniforma ha producido en gran escala mutilaciones y homicidios industriales.

     

     

    V. La lucha entre el trabajador y la máquina

     

    El trabajador sólo atacó a los medios de trabajo a partir de la introducción de la máquina. En el siglo XVII estallaron en casi toda Europa levantamientos obreros contra la máquina de tejer cintas y cintillas. Relata otras experiencias. “Hace falta tiempo y experiencia y experiencia antes que los obreros, que aprenden a distinguir entre la máquina y su utilización capitalista, dirijan sus ataques, no contra el medio material de producción, sino contra su modo social de explotación.” (411)

    Mencionó la incidencia de la revolución agrícola que , modificando las formas de producción de bienes primarios, liberó mano de obra que fue reubicada – no pacíficamente- en los talleres.

    En su forma-máquina, el medio de trabajo se convierte en seguida en competidor del trabajador. El rendimiento del capital guarda a partir de entonces una proporción directa con la cantidad de trabajadores cuyas condiciones de existencia aniquila la máquina. El sistema de producción capitalista se basa en general en el hecho de que el trabajador vende su fuerza como mercancía. La división del trabajo reduce esa fuerza a la aptitud de detalle para manipular una herramienta fragmentaria. Por consiguiente, en cuanto el manejo de la herramienta corresponde a la máquina, el valor de cambio de la fuerza de trabajo desaparece al mismo tiempo que su valor de uso. El obrero, como un billete desmonetizado, ya no tiene curso. Esa parte de la población que la máquina convierte de tal modo en población superflua, es decir, inútil para las necesidades momentáneas de la explotación capitalista, sucumbe en la lucha desigual de la industria maquinizada contra el antiguo oficio y la manufactura, o invade todas las profesiones más fácilmente accesibles, en las cuales se deprecia la fuerza de trabajo.” (413) Señala algunos ejemplos en este sentido, como el de los tejedores ingleses en 1830. “ El carácter de independencia que la producción capitalista imprime en general a las condiciones y al producto del trabajo respecto del obrero, se desarrolla, entonces, con la máquina hasta el antagonismo más pronunciado. Por eso es la primera que da lugar  a la brutal rebelión del obrero contra el trabajo. El medio de trabajo abruma al obrero. Ese antagonismo directo se destaca  sobre todo cuando las máquinas recientemente introducidas hacen la guerra a los procedimientos tradicionales del oficio y la manufactura. Pero en la gran industria misma, el perfeccionamiento de la maquinaria y el desrrollo del sistema automático producen efectos análogos. El objetivo constante de la máquinaria perfeccionada consiste en disminuir el trabajo manual, o en agregar un eslabón más a la cadena productiva de la fábrica, al sustituir los aparatos humanos por aparatos de hierro.” (414)

    “Dondequiera que un procedimiento exige mucha destreza y una mano segura, se retira lo antes posible de él al trabajador demasiado diestro , que con frecuencia muestra inclinación a irregularidades de varios tipos, para encargárselo a un mecanismo especial, cuyo funcinonamiento automático se encuentra tan bien regulado , que un niño puede vigilarlo.” (415)

    “Y la máquina no actúa sólo como competidora cuya fuerza superior está siempre a punto de hacer superfluo al asalariado. El capital la emplea como potencia enemiga del obrero, y lo proclama en alta voz. Se convierte en el arma más irresistible para reprimir las huelgas, esas rebeliones periódicas del trabajo contra la autocracia del capital.” (418)

     

     

    VI. La teoría de la compensación en lo que respecta a los trabajadores desplazados por la máquina.

    Marx trabaja sobre la afirmación de los economistas burgueses de que el desarrollo tecnológico permite ahorrar mano de obra que luego será empleable en otras ocupaciones. Subyace una “teoría de la compensación”. Marx demuestra que esto no es así a través de ejemplos concretos: la mano de obra desplazada no es efectivamente recontratada en otras empresas. Al producir bienes con menos obreros ,  estos son abaratados y por tanto no sólo afectan a los obreros expulsados; sino que esta baja en el valor de la reproducción de la mano de obra se expresa en un menor salario. Por su parte, esos obreros expulsados se reincorporan en trabajo de escasa calificación, y ellos mismos están deteriorados por sus condiciones laborales; no se suelen ubicar en empresas similares a aquellas de las que fueron expulsados.

    “La máquina es inocente de las miserias que provoca. No tiene la culpa de que nuestro medio social separe al obrero de sus víveres. Allí donde se la introduce, entrega el producto más barato y abundante. Antes y después de su introducción la sociedad posee siempre, por lo menos la misma cantidad de víveres para los trabajadores desplazados, con abstracción de la enorme porción de su producto anual derrochado por los ociosos. (...) En consecuencia, como la máquina, triunfo del hombre sobre las fuerzas naturales, se convierte en manos de los capitalistas en el instumento de la esclavización del hombre a esas fuerzas; dado que, como medio infalible para abreviar el trabajo cotidiano, lo prolonga en manos de los capitalistas; puesto que, como varita mágica para aumentar la riqueza del productor lo empobrece en manos de los capitalistas; por todo eso... el economista burgués declara, imperturbable, que todas estas flagrantes contradicciones son falsas apariencias y vanas quimeras y que, en la realidad, y   por lo tanto en la teoría , no existen. Por cierto que no niegan los inconvenientes temporarios, ¡pero qué medalla no tiene su  reverso! Y para ellos el empleo capitalista de las máquinas es el único posible. La explotación del trabajador por la máquina es lo mismo que la de las máquinas por el trabajador. Por ende, quién expone las realidades del empleo capitalista de las máquina se opone a su utilización y al progreso social.”(423) Hace una fantástica analogía con el alegato de un asesino (pág. 423-424)

    Desde aquí propone esta ley: “Si la cantidad total de un artículo producido a máquina se mantiene igual a la del artículo manual que reemplaza, disminuye la suma total del trabajo empleado. De lo contrario, la labor mecánica costaría tanto o más que la manual.” (424)

     

     

    VII- Repulsión y atracción de los obreros por la fábrica. La crisis de la industria algodonera.

    Marx señala que el desarrollo dela maquinaria implica la expulsión creciente de mano de obra, a la que reemplaza: “... con cada progreso de la maquinización crece la parte constante del capital, anticipada en máquinas, materias primas, etc., en tanto que disminuye la parte variable invertida en fuerza de trabajo. (...) Mientras la explotación mecánica se extiende en una rama de la industria a expensas del oficio o la manufactura, sus éxitos son tan seguros  como lo serían los de un ejército provisto de fusil de cerrojo contra uno de ballesteros. Ese primer período durante el cual la máquina debe conquistar su campo de acción es de una importancia decisiva, a  causa de las ganancias extraordinarias que ayuda a producir. No sólo constituyen por sí mismas un fondo de acumulación acelerada; además atraen a una gran porción del capital social adicional, en vías de formación en todas partes y en busca de nuevas colocaciones en las esferas de producción privilegiadas. Las ventajas particulares del primer período de actividad afiebrada se renuevan dondequiera acaban de introducirse las máquinas. Pero en cuanto la fábrica adquiere cierto asidero y determinado grado de madurez; en cuanto su base técnica, es decir, la máquina, se reproduce por medio de máquinas; en cuanto el modo de extracción del carbón y del hierro, así como la manipulación de los metales y las vías de transporte han sido revolucionados; en unapalabra, en cuanto las condiciones generales de producción se adaptan a las exigencias de la gran industria, ese tipo de explotación adquiere una elasticidad y una facultad de expandirse en forma repentina y a saltos, que no encuentran otros límites que la materia prima y la venta del producto.” (431)

    Se va desarrollando un sistema perfeccionado de comunicaciones y con la baja del precio de los productos se proporcionan armas para la conquista de los mercados extranjeros. Se va reconfigurando una nueva división internacional del trabajo en función de estos nuevos desarrollos.

    La inmensa e intermitente capacidad expansiva del sistema fabril, unida a su dependencia respecto del mercado universal, crea por fuerza una febril producción seguida por un atascamiento de los mercados, cuya contracción provoca la parálisis. La vida de la industria se transforma así  en una serie de períodos de actividad moderada, prosperidad, superproducción, crisis y estancamiento. La incertidumbre e inestabilidad a que la explotación maquinizada somete al trabajo terminan por consolidarse y ser el estado normal del obrero, gracias a esas variaciones períodicas del ciclo industrial. Aparte de las épocas de prosperidad, la lucha más encarnizada es la que se entabla entre los capitalistas por su lugar en el mercado y sus ganancias personales, que se encuentran en proporción directa del bajo precio de sus productos. Se trata, pues, de decidir quién empleará las máquinas más perfeccionadas para suplantar al obrero, y los más sabios métodos de producción. Pero eso no basta y siempre llega un momento  en que se esfuerzan por reducir el precio de las mercancías mediante la depresión del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo (...) El aumento del número de obreros fabriles tiene como condición un crecimiento, muchos más rápido en proporción, del capital invertido en las fábricas. Pero este movimiento sólo se lleva a cabo en los  períodos de flujo y refl