![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: METAFÍSICA: Se llama meta-física, porque va más allá de lo físico o sensible en cuanto tal, hacia el interior del orden puramente inteligible de la realidad (“meta”, significa más allá). “Ciencia” es conocimiento por causas y, por lo tanto, cierto, universal innecesa Agregado: 02 de MAYO de 2001 (Por Profesor JOSÉ LUIS DELL’ORDINE) | Palabras: 3949 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Filosofía > |
TRABAJO A CARGO DE : LIC. JOSÉ LUIS DELL’ORDINE
CONTACTO: dellordine@arnet.com.ar
ÁREA: FILOSOFÍA
PALABRAS CLAVES: metafísica, ciencia, ente, ser, ontología,
filosofía, accidente, persona.
INTRODRODUCCIÓN GENERAL O
TEMÁTICA:
Se llama meta-física, porque va
más allá de lo físico o sensible en cuanto tal, hacia el interior del orden
puramente inteligible de la realidad (“meta”, significa más allá). “Ciencia” es
conocimiento por causas y, por lo tanto, cierto, universal innecesario. Es un conocimiento en el cual conocemos el
porque, porque hemos conocido la causa, no una causa accidental o fortuita,
sino una causa necesaria.
INDICE:
1) METAFÍSICA:
LA CIENCIA DEL ENTE EN CUANTO ENTE
2) EL OBJETO
DE LA METAFÍSICA
3) EL ENTE ES
ANALÓGICO
4) EL
PRINCIPIO DE NO-CONTRADICCIÓN
5) IMPORTANCIA
DE LA METAFÍSICA PARA LA TEOLOGÍA.
6) CONCLUSIÓN
GENERAL
7) OPINIÓN
PERSONAL
BIBLIOGRAFÍA:
1) Escritos
personales de filosofía.
2) “Filosofía
Cristiana”, José M. De Torre, Ediciones Palabra, 1982, España.
3) Material
recopilado de http://www.filosofía.org
4) “Filosofía”,
Silvia del Luján Di Sanza, Jorge Eduardo Fernández, Patricia La Porta, Ed. Santillana, Buenos Aires, 1999.
DESARROLLO:
1) METAFÍSICA: LA
CIENCIA DEL ENTE EN CUANTO ENTE: Si la metafísica es ciencia del ente, lo que
hemos de estudiar en la metafísica, es la causa del ente. Para ser más precisa la definición de la
metafísica, podemos decir que es la ciencia de los principios de la causa del
ente en cuanto ente. Pero, si los
principios y la causa del ente en cuanto ente han de ser, por ello, los más
universales, podemos decir que, en metafísica, estudiamos los más actos,
últimos y universales principios o causas de todas las cosas. Es por esto que la metafísica es llamada “filosofía
primera”: el conjunto de la realidad cae bajo su mira. La metafísica estudia tanto la totalidad
como la unidad de todas las cosas. ¿Por
qué la totalidad?, porque “el hecho de ser” afecta absolutamente a todas las
cosas. ¿Por qué la única cosa que se
encuentra fuera del ser? “el no-ser!: nada está fuera del alcance de la
metafísica. ¿Y por qué la unidad?.
Porque todas las cosas tienen en común, lo que hace de todas ellas una, es el
ser. Las cosas diferentes en muchos
aspectos, una cosa son exactamente la misma:
en que son, existen. Puesto que
el Ser es lo que todas las cosas son, y la hace a todas ella una, estudiamos la
unidad de todos los seres. Esta es la
visión metafísica: por ello es el más
alto saber natural. Esto lo convierte
en el más difícil de los conocimientos naturales, no por ser complicados, sino
por ser el más comprensivo y el más profundo.
2) OBJETO DE
LA METAFÍSICA: Conviene
hacer aquí una distinción, que nos será de utilidad, entre el objeto formal y
el objeto material de la metafísica. El
segundo es un sujeto-materia (todas las cosas), y el primero es el aspecto de
este objeto material, considerado por la metafísica; a saber, el aspecto del
ser; tal es el punto de vista metafísico, como distinto del de cualquier otra
ciencia. La metafísica es la ciencia
que estudia la totalidad de las cosas bajo el aspecto y desde el punto de vista
del ser: ¿Qué es esto?, ¿De qué está hecho?, ¿Para qué es?, ¿Qué es lo que lo
ha hecho llegar a hacer?. Es útil tener
presente cuando los niños alcanzan el uso de razón, siempre muestran una
inclinación metafísica, porque formulan preguntas sobre el Ser de las cosas:
¿Qué es esto, para qué es?...La primera tendencia del Ser Humano es la de
buscar el Ser de las cosas, porque el objeto natural de la inteligencia es el
Ser. Esta es la razón por la cual la
metafísica es la ciencia natural del hombre, la ciencia humana, la más congénita a la inteligencia. También es ésta la razón por la cual, si la
metafísica es rechazada, olvidada o despreciada, algo necesariamente debe
fallar en alguna parte: en la moral, en las costumbres, en el acercamiento a la
vida...El Catecismo de la doctrina está repleto de metafísica desde el
principio hasta el fin. Nuestra
religión cristiana nos da la explicación última de cualquier cosa que concierna
al propósito de la vida humana, a Dios y a la moralidad. Todo ello se halla exhaustivamente explicado
por ella, ya que es eminentemente metafísica.
La simplicidad y profundidad de la fe cristiana (sobrenatural) es
acompañada por la simplicidad y profundidad de la metafísica (natural).
3) EL ENTE ES
ANALÓGICO: El término
“ente” es aplicado a todas las realidades, pero en el mismo sentido y en
parte en un sentido diferente. Este
niño es un ente, esta mesa es un ente, Dios es un ente. ¿Quiere esto decir que el niño, la mesa y
Dios son exactamente lo mismo?
Evidentemente no: son muy diferentes el uno del otro; pero es cierto que cada uno de ellos es un ente. Esto es muy revelador. El “ser” conviene a numerosas realidades
parcialmente en un mismo sentido, porque todas ellas son entes y, parcialmente,
en un sentido diferente, porque el ser de la mesa es completamente distinto del
ser del niño, el ser de una buena acción es completamente diferente del ser de
una mala acción. Esta característica
del ente es llamada la analogía del
ente. Cuando una palabra es
aplicada a muchas cosas siempre con el mismo sentido, se llama unívoca. Por ejemplo, cuando decimos que Pedro es un
hombre y Juan es un hombre, estamos usando la palabra “hombre” exactamente en
el mismo sentido: la “humanidad” de Pedro es la misma que la “humanidad” de
Juan; difieren éstos en sus
características individuales, pero en lo que concierne a su humanidad son
idénticos. Si un término, por otra
parte, tiene a veces un significado y otras veces uno completamente distinto,
se denomina equívoco:: así, por ejemplo, “tabla” puede significar una
pieza de madera o la tabla de materias de un libro. Ahora bien, existen palabras que no son ni unívocas ni equívocas,
porque, cuando son aplicadas, lo son parcialmente en el mismo sentido, y
parcialmente, en sentido diferente. No
pueden ser llamadas equívocas, pues su significado es similar. Pero tampoco pueden llamarse unívocas, ya
que su sentido cambia en cierto modo.
Por ejemplo, el término “alegre” puede convenir a una sonrisa, aun
pensamiento, a un paisaje, a un color, pero, en parte, en el mismo sentido y,
en parte, en sentidos distintos. Este
tipo de términos es llamado “analógico”, a partir del término griego
que significa “proporción”: los sujetos a los cuales conviene son iguales
entre sí, pero sólo de forma proporcionada:
La “alegría” del paisaje es al paisaje lo que la “alegría”” de la
sonrisa es a la sonrisa; pero no son idénticas. Y el “ente” es el más analógico de todos los
términos. En particular, predicamos el ser
de dos tipos de ente, dos tipos de realidades en los cuales podemos clasificar
a los entes ¿Cuáles son, entonces, las clasificaciones últimas o categorías de
los entes? Como ya hemos observado, lo
primero que advertimos cuando contemplamos la realidad es el cambio; y
después que no hay cambio sin algo que cambie. El cambio no puede existir solo y por sí mismo: es algo que no
cambia, inherente y perteneciente a la cosa.
Denominamos a lo que cambia el accidente y a lo que permanece a
través del cambio sustancia. Los
accidentes no existen en sí mismos: aquello que soporta los accidentes es la
sustancia. Es ésta, así, la
clasificación última del ente: podemos decir que el ente es o sustancia o
accidente. Y cuando predicamos el “ser”
de ambos, ¿lo hacemos acaso en idéntico sentido en los dos casos? No, porque el
ser de sustancia es un ser en sí y por sí, mientras que el ser del accidentes es un ser de la sustancia
o en la sustancia. Es en parte
el mismo y en parte distinto, pues la sustancia es “en sí” y el accidente es
“en la sustancia”. Ambos existen, pero
de modo diferente. Es aquí donde mejor se percibe la analogía del ente.
4) EL
PRINCIPIO DE NO-CONTRADICCIÓN:
El principio supremo de la metafísica es el principio de
no-contradicción. Recordemos: es
imposible que algo sea y no sea en el mismo sentido y en el mismo sujeto. Recordemos también las dos operaciones del
intelecto: 1) la operación de forjar un concepto; 2) la operación de afirmar o
negar: juzgar o ajustar la propia
mente a la realidad. En la
primera operación, la mente forma la noción del ente, sin la cual ninguna
otra cosa puede ser concebida (todos nuestros conceptos implican el concepto de ente). Es ésta la primera moción que nos viene a
la mente, y, ya que la metafísica es la ciencia del ente, es, por ello, la
tendencia más natural de la inteligencia. No es que, en realidad, podamos
recordar cuándo formamos nuestro primer concepto. Pero somos capaces de reconstruir este proceso: podemos descubrir
que la primera idea era el “ente” contemplando todos nuestros conceptos, y
reconociendo que todos hemos accedido a ellos después de haber accedido
a la noción de ente; ella es parte de nuestra humanidad. No hay aquí diferencia alguna de educación,
cultura, talento o sexo: un ser humano se dirige natural y espontáneamente
hacia la noción de ente desde el momento mismo en que empieza a conocer. Es éste, pues, en núcleo más profundo del
ser humano: la búsqueda del sentido de la existencia. Si la primera noción es el “ser”, la segunda debe ser el
“no-ser”. No es tampoco que podamos
recordarla sino, de nuevo, que podamos reconstruirla: diciendo “ser”, nada es
excluido, lo cual significa que la segunda idea, después del ser, debe ser la
“nada” o “no ser”. Y la tercera idea debe ser la división, pues
confrontando ser y no ser; los dividimos: ser no es no-ser. Nos elevamos aquí a la segunda operación de
la mente juntamente con la noción de división, realizamos el primer juicio, que
es el principio de no contradicción (ser no es no-ser). “Noción” es “operación primera”, y “juicio”
es “operación segunda”. En este punto,
hemos de hacer la capital observación de que la contradicción es imposible
porque la realidad es así, no porque ésta sea nuestra manera de pensar: la
contradicción es imposible, no por ser impensable, sino porque no
puede tener lugar en la realidad
(la filosofía moderna, sin embargo, sitúa a menudo el pensamiento por
encima del ser). El principio de
no-contradicción es un juicio evidente, basado en la noción misma de
ser. No es un mero axioma de
pensamiento sino arraigado y fundamentado en el ser. Este principio es auto evidente para todos. Se eleva en la inteligencia de modo natural
como un efecto de la verdad misma, de la verdad de las cosas mismas, a
partir del conocimiento experimental de los términos del juicio. Estos términos son “ser” y “no-ser”, y
tenemos un conocimiento experimental o empírico (sensible) de ellos. Y
partiendo de esta experiencia inmediata, vemos la verdad de las cosas, y el
efecto de ello es el principio de no-contradicción. Este principio es auto evidente para todos, porque estos
dos términos (ser y no-ser) son naturalmente conocidos por todo el mundo. Es el primer de toda demostración o
prueba, porque surge de las primerísimas nociones que llegan a nuestra mente,
y, por lo tanto, no puede ser demostrado por otro principio que sea más
evidente. No es nada parecido a una hipótesis,
porque una hipótesis es sólo un tipo de tentativa de principio necesitada de
comprobación; pero este éste principio es la primera certeza natural de
la mente humana. Y como tal es
asumido por todas las ciencias. El
marxismo, siguiendo la dialéctica hegeliana , ha negado el principio de
no-contradicción, pero no es la única filosofía que lo ha hecho: Aristóteles,
ya en su época, cuatro siglos antes de Cristo, refutó a aquellos que lo
atacaban. ¿Podemos nosotros probar la
verdad de este principio contra esas filosofías?. Acabamos de decir que no puede ser probado, pues es precisamente
el principio de toda prueba, de toda demostración. Lo que sí se puede hacer es mostrar el
absurdo de negarlo, sencillamente afirmando su opuesto: “una cosa puede ser
ella misma y ser otra en el mismo sentido”; “yo puedo ser yo mismo y otro al
mismo tiempo”...El marxismo dice que no hay ser: sólo hay un proceso de
devenir. Esto se debe al ateísmo
intrínseco de esta filosofía que empieza por negar a Dios, porque Dios es “el
ser que no puede cambiar”.
5) IMPORTANCIA DE
LA METAFÍSICA PARA LA TELOGÍA:
Como hemos visto, la metafísica es indispensable no sólo para la
teología natural, sino también para la teología sobrenatural, porque sólo una
filosofía de la realidad, del ser, es capaz de admitir científicamente la
verdad de la fe tal como es, es decir, como una realidad sobrenatural. En otras palabras, la fe es una realidad
sobrenatural: por tanto, solamente una filosofía que se ocupa de la realidad puede
aceptar científicamente la fe y hacerse teología. Es en realidad de ser, del acto de ser, del ser de las
cosas, donde, en cierto modo, hallamos un suelo común, un punto de encuentro en
todas las cosas como una participación.
Dios es la plenitud de ser; las cosas toman parte del
ser. La filosofía recibe la fe e,
iluminada por la fe, se desarrolla convirtiéndose en teología, la cual es la
más profunda comprensión de la revelación.
¿Qué es la fe? , dos cosas: lo que Dios revela, y nuestro acto de creer
en ello. Y, ¿Qué es la teología?, la mejor
comprensión por nuestra parte de lo que Dios nos ha revelado. ¿Cómo podemos comprender mejor las cosas que
Dios nos ha revelado? Entre otros
medios, con la ayuda de la metafísica.
¿Por qué? Porque la metafísica se dirige de forma ultimísima a lo divino como tal: es la base
común de los hombres con lo divino.
Esta es la razón común de los hombres con lo divino. Esta es la razón común de los hombres con lo
divino. Esta es la razón por la cual,
como dijimos, el catecismo de la doctrina cristiana está repleto de metafísica:
la mayor parte de las cuestiones tratadas por éste poseen implicaciones
metafísicas. El proceso de la teología arranca
de la fe, pero la filosofía es el instrumento de la teología, y, muy
particularmente lo es la metafísica del ser, que no es una metafísica
del “pensamiento “ o de la “idea”. La
metafísica del ser abastece a la teología de las nociones básicas necesarias
para comprender el contenido de la revelación en la medida en que esto es
posible para la mente humana: nociones como sustancia, accidente, causalidad,
subsistencia, naturaleza, persona, etc.
6)CONCLUSIÓN GENERAL: En su obra
Metafísica, Aristóteles intentó definir el "ser". Quizá sea
ésta su principal aportación a la historia de la filosofía griega y occidental
en general. En el texto siguiente, Emile Bréhier profundiza en la concepción
aristotélica de tal aspecto, estableciendo su relación con la anterior
dialéctica platónica.
Fragmento de Historia de la filosofía.
De Emile Bréhier.
Volumen I: primera parte, capítulo IV, 3.
La metafísica de Aristóteles ocupa el lugar que ha
quedado vacío al rechazar la dialéctica platónica. Es «la ciencia del ser en
tanto que es ser, o de los principios y causas del ser y de sus atributos
esenciales». Plantea un problema muy concreto: ¿qué es lo que hace que un ser
sea lo que es? ¿qué es lo que hace que un caballo sea un caballo, que una
estatua sea una estatua, que una cama sea una cama? Se trata de saber el
sentido que tiene la palabra ser en la definición que enuncia la esencia
de un ser. Así la Metafísica resulta ser, en gran parte, un tratado de
la definición: el problema de la definición, que Platón creyó resolver mediante
la dialéctica, no está, en realidad ni al alcance de la dialéctica, que juzga
simplemente el valor de las definiciones formuladas, ni al de la ciencia
demostrativa, que las usa como principios, sino de una ciencia nueva y todavía
desconocida, la filosofía primera o ciencia deseada, que se ocupa del ser en
tanto que ser.
Seguramente la palabra ser tiene otros
sentidos distintos del que adquiere en la definición; puede servir para
designar el atributo esencial o lo propio (el hombre es capaz de reír),
o incluso el accidente (el hombres es blanco), pudiendo ser tomado éste,
por lo demás, en una de las nueve categorías; pero el ser de lo propio, como el
del accidente, supone el ser de una sustancia; y, si se puede hablar también
del ser de una cualidad y preguntarse qué es, esto sucede porque hay antes una
sustancia; todos esos sentidos del ser son derivados del primero. El objeto
primitivo y esencial de la metafísica consiste, pues, en determinar la
naturaleza del ser en su sentido primitivo; pero se extiende a todos los
sentidos derivados, ya que éstos se refieren al sentido primitivo.
Por eso la metafísica tiene que empezar estableciendo
axiomas, ya que sin ellos no se podría hablar del ser en ningún sentido: no se
puede afirmar y negar a la vez; no se puede decir que una misma cosa es y no
es; no se puede decir que un mismo atributo pertenece y no pertenece a un mismo
sujeto al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. La negación de estos principios
es equivalente a la tesis de Protágoras en el Teeteto, cuando declaraba
verdadero todo lo que le parecía tal. El establecimiento de estos principios
indemostrables no podría ser, por lo demás, una demostración positiva, sino una
refutación de los que los niegan: refutación completamente dialéctica,
consistente en hacer ver al adversario que, aunque parece que los niega, en
realidad, los acepta. El hecho de que no haya término medio entre la negación y
la afirmación es una condición del pensamiento; decir lo contrario es decir que
lo que es no es y que lo que no es; es negar que exista lo verdadero y lo
falso. La refutación consiste también en mostrar la insuficiencia de los
ejemplos que ofrece el adversario en apoyo de su tesis; de modo especial, la
variación de las impresiones sensibles, a tenor de las circunstancias, no le
aporta ninguna prueba; porque si el vino, dulce para un hombre sano, le resulta
amargo al enfermo, desde el momento mismo en que le parece amargo, no le parece
dulce. La propia impresión sensible verifica el axioma.
Por lo demás, la tarea de la metafísica es nueva. No
se trata ya de llegar por descomposición a los elementos componentes de los
seres, como hacen los físicos, ni de elevarse mediante una dialéctica regresiva
hasta una realidad suprema, objeto de una intuición intelectual, como en
Platón, sino de determinar por generalización los caracteres comunes de toda
realidad. La metafísica no es tampoco la ciencia del Bien o causa final ni la
de la causa motriz, ya que Bien y causa motriz dejan fuera cosas inmóviles como
los seres matemáticos, sino la ciencia mucho más general de la quididad, la
cual no deja nada fuera de ella. La metafísica no estudia una a una ni
colectivamente todas las sustancias, sino lo que hay de común en todas; pero
una vez más; lo que hay de común no son elementos concretos, como el fuego o el
agua, sino que cada una tiene una quididad que permite clasificarla en un
género y determinarla por una diferencia. Desde esta perspectiva, no hay que
hacer ninguna distinción entre las sustancias sensibles y las no sensibles, ni
tampoco entre las corruptibles y las incorruptibles; el terreno de la
metafísica no está limitado a la categoría de cosas no-sensibles e
incorruptibles, sino que es mucho más extenso. Sin embargo, el metafísico, al
estudiar el ser en tanto que ser, no debe tener la ilusión de haber alcanzado
el género supremo. Ese es el error de los platónicos y de los pitagóricos, que
al hablar como de un género supremo del ser (o de lo uno, que viene a ser lo
mismo, ya que se puede decir uno de todo aquello de lo que se dice es)
determinan a continuación todas las clases por el método de división, mediante
diferencias del ser: error lógico, ya que es una regla lógica que la diferencia
(por ejemplo, bípedo) no debe contener en su noción el género (animal) del cual
es diferencia, mientras que de cada pretendida diferencia del ser, se puede
decir que es. El ser, atributo universal, no es pues en modo alguno el
género cuyas especies serían los otros seres. Los primeros géneros son las
categorías, y el ser, como lo uno, está por encima de ellas y es común a todas.
Para hacer de lo uno o del ser el género y, por
consiguiente, el generador de toda realidad, la dialéctica platónica tomaba
como punto de partida no ya el ser, sino las parejas de opuestos: ser y no-ser,
uno y múltiple, finito e infinito, mediante cuya mezcla engendraba todas las
formas de la realidad. La metafísica cierra también esta salida a la
dialéctica: los opuestos no son principios primitivos, sino maneras de ser de
las sustancias. Una cosa es sustancia antes de ser finita o infinita; ahora
bien, la sustancia, es decir, un hombre o un caballo, «no tiene contrario». Por
tanto, ese primer principio no puede ser el punto de partida de una dialéctica.
La ciencia de los opuestos no es más que una parte subordinada de la
metafísica; más adelante veremos que conserva un inmenso papel como principio
de la física.
Si el ser no es género supremo ni término de una
pareja de opuestos, resulta que no es más que un predicado; y las únicas
realidades de las que es predicado, cuando se toma en sentido primitivo, son
las realidades individuales; por ejemplo, Sócrates o este caballo. Tales
realidades son las que estudia la metafísica, no como particulares, sino en
cuanto que son algo. Pero ¿no hay en ello una dificultad grave?; esas cosas
sensibles, móviles, perecederas, ¿son realmente algo?; ¿es posible la ciencia
de otra forma que no sea alcanzando su modelo inteligible y fijo? De aquí el
famoso dilema: o un objeto es objeto de ciencia, en cuyo caso es universal y,
por tanto, irreal, o bien es real y, por tanto, sensible sin necesidad de ser
verdadero, o sea, sin sujeción a la ciencia, porque no hay «ciencia más que de
lo universal». Esto fue lo que llevó a Platón a superponer a las realidades del
devenir —objetos de opinión— las realidades estables de las ideas —objetos de
ciencia—, salida que le está vedada a Aristóteles, una de cuyas principales
preocupaciones consiste entonces en mostrar los elementos estables y
permanentes implicados en el seno del devenir mismo.
1. Fuente:
Bréhier, Emile. Historia de la filosofía (2 vols.). Traducción de Juan
Antonio Pérez Millán y Mª Dolores Morán. Madrid. Editorial Tecnos, 1988.
7)OPINIÓN
PERSONAL: La
metafísica ha recibido en el siglo XX severas críticas. Las principales son las que provienen del
positivismo lógico, para quien la metafísica es un discurso sin significado
porque sus enunciados son afirmaciones acerca de los cuales nunca se podrá
tener una experiencia. No obstante,
debemos decir que los temas concernientes a la metafísica no fueron dejados a
un lado en el siglo XX, sino, por el contrario, las distintas corrientes de
pensamiento se ven remitidas a ellos con la necesidad de formular maneras
alternativas en su tratamiento.
8) LINKS:


<a
href="http://www.monografias.com">
<img src="http://monografias.com/img/468x60.gif"
border="0"
width="468" height="60"
alt="Monografias.com"></a>
| ||||
| X | ||||