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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La mistica: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 735 | Votar! | 2 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
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Monografía
Sobre la Mística
Mística (literatura), término derivado del adjetivo latino mysticus,
tomado del griego mystikós ‘relativo a los misterios religiosos’. La mística
está vinculada con una práctica interior de lo religioso que supera y no puede
explicarse sólo desde el punto de vista racional, doctrinal o dogmático.
Presente en la religión hebrea, en la musulmana, a través de corrientes como el
sufismo, en la católica o en el budismo zen, participa de la experiencia de lo
extremo.
En la historia de la mística y su
literatura habrá que tener en cuenta la mística alemana del siglo XIV, con su
máximo representante, Maestro Eckhart (1260-1328), autor de Tratados
y Sermones.
Su actividad como predicador, que prolongaba el deseo de las órdenes
mendicantes de transmitir la verdad divina, le exigió hacerse de un lenguaje
capaz de apresar y comunicar lo inefable de la verdad de Dios que, según él, es
“inteligencia pura”. Al hablar del desasimiento, por ejemplo, afirma que
consiste “en el hecho de que el espíritu se halle tan inmóvil frente a todo
cuanto le suceda, ya sean cosas agradables o penosas, honores, oprobios y
difamaciones, como es inmóvil una montaña de plomo ante el soplo de un viento
leve”.
Literatura mística española
Dos siglos después se desarrolló la
literatura mística española, representada sobre todo por san Juan de la Cruz
(1542-1591) y santa Teresa de Jesús (1515-1582). En el primero, autor de poemas
como el Cántico
espiritual, recreación del Cantar de los cantares de Salomón, y Llama de amor
viva, se encuentran huellas de las interpretaciones bíblicas
cristianas o judías, de la literatura mística del catalán Ramon Llull
(1232-1316), del alemán Eckhart (“Mi alma está desasida / de toda cosa criada”, dice san Juan), de san Bernardo
y san Buenaventura, pero sobre todo de la poesía mística musulmana de autores
como Ibn Arabi de Murcia e Ibn al Farid.
En el misticismo sufí, san Juan de
la Cruz encontró símbolos como el vino o la embriaguez mística, la noche oscura
del alma, el pájaro solitario, el alma como jardín místico. Desde el punto de
vista del lenguaje, la investigadora Luce López-Baralt ha destacado la “poética
del delirio”: así como Eckhart se esforzaba por comunicar lo inefable, san Juan
de la Cruz recupera las imágenes desconcertantes, los cambios abruptos y hasta
la incongruencia de los tiempos verbales. Esta poética aún se mantiene en las
prosas en las que el poeta pretende explicar el Cántico espiritual en
función de la doctrina, otorgando a una misma imagen distintos valores simbólicos.
En Las virtudes del pájaro solitario,
Juan Goytisolo recupera novelísticamente esta tradición y la poesía de san
Juan, como en la imagen del vino mezclado con la saliva del Amado: “Bébelo puro
o mézclalo con la saliva del Amado, cualquier otra mixtura sería sacrilegio”.
Santa Teresa, en cambio, adopta un
estilo más sencillo y expone directamente sus incomprensiones o sus
dificultades para expresar la experiencia de Dios. El padre Jerónimo Gracián,
que la estimulaba para que escribiera Las Moradas, justificaba la tendencia de
santa Teresa a la imprecisión en el uso de las palabras relacionadas con la
experiencia mística: “Una éxtasis, en cuanto en ella se junta
nuestra voluntad con la de Dios, se llama unión; en cuanto eleva las potencias y las
levanta, se llama vuelo del alma; en cuanto es altísimo conocimiento de Dios,
se llama mística
teológica, etc. Todos estos nombres son verdaderos y declaran algo
deste espíritu”. Lo que Jerónimo Gracián se ve obligado a justificar es, en
rigor, la gran riqueza de la literatura de santa Teresa. A esos términos
deberán añadirse otros como embebecimiento, arrebatamiento, arrobamiento.
Si la experiencia mística es la de
la unión definitiva con Dios, el grado superlativo de tal arrobamiento es la
supresión de la palabra, el silencio. Mientras la unión y la quietud del
desasimiento y la inmovilidad no llega, sólo queda el camino del vértigo
verbal. Despojada de sus connotaciones religiosas, ésta es la gran enseñanza de
la mística en la búsqueda de la Palabra: que todo lo diga en el terreno
literario. Así parecen haberlo entendido muchos poetas contemporáneos, desde
Mallarmé a un poeta español, estudioso de san Juan de la Cruz, como José Ángel
Valente. En ese estadio, el fervor místico, otra forma de la comunicación
erótica (“Amada en el Amado transformada”), se confunde con ese otro rasgo de
la plenitud latente en la palabra poética.
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