![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: la ciudad, lugar y simbolo de la modernidad.: Propósito del trabajo, Introducción, Desarrollo, Conclusión, Bibliografía. Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 3861 | Votar! | 2 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Comunicación > |
Presentada para la materia Principales
corrientes del pensamiento contemporáneo, Cátedra Casullo, de la Carrera
Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de
Buenos Aires. Calificada con un 9 (nueve) .
El objetivo de este trabajo monográfico es mostrar a la ciudad como
lugar y símbolo de la Modernidad. La ciudad como un lugar paradójico,
paradigmático y crítico, propio del pensamiento moderno. Ámbito donde nacen
nuevas figuras y lugares de reunión social. La metrópoli como un lugar donde se
gesta la cultura moderna y donde se debaten los grandes conflictos de la época.
La intención de trabajar sobre la ciudad es reflexionar sobre el complejo
concepto de la ciudad moderna, el cual
transita varios siglos y en diferentes continentes. La idea del trabajo es
hacer un recorrido sobre la ciudad como símbolo de la Modernidad, momento que
surge en Europa y luego se traslada a América, con diferencias, pero donde se
conserva la esencia del concepto de ciudad.
“........Buenos Aires es la
otra calle, la que no pisé nunca, es el secreto de las manzanas, los patios
últimos, es lo que las fachadas ocultan, es mi enemigo, si lo tengo, es la
persona a la que le desagradan mis versos (a mí me desagradan también), es la
modesta librería en que acaso entramos y luego olvidamos, es esa racha de
milonga silbada que no reconocemos y que nos toca; es lo que se ha perdido y lo
que será, es lo ulterior, lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es ni tuyo ni
mío, lo que ignoramos y lo que queremos”.
La ciudad moderna, como Borges presenta a Buenos Aires, es una
sumatoria de recuerdos, es lo que muta con el tiempo, es heterogénea, es algo
que tiene vida propia y que es subjetivo a cada hombre que en ella vive, por
eso es tan complicado describirla.
La ciudad moderna nace con la Revolución Industrial,
durante la segunda mitad del siglo XVIII, el éxodo de cientos de trabajadores
del campo a las ciudades, quienes proporcionarían la mano de obra necesaria
para la actividad industrial, es el motor que hace posible su surgimiento. Pero
este gran desarrollo y la expansión demográfica desencadenarían en un proceso
de urbanización, el cual giraría en torno a las necesidades económicas del
progreso tecnológico así como también, de las necesidades sociales y
culturales. Por ello las grandes ciudades fueron levantadas cerca de un puerto
o yacimiento minero, con la intención de conformar grandes asentamientos
urbanos fabriles. Pero la gran masa de trabajadores que arribaban a estas
ciudades industriales, arrastraban con ellos tradiciones y la necesidad de
llevarlas hacia el nuevo lugar de permanencia.
Es esta la razón de la concentración de gran cantidad de símbolos
diferentes dentro de este espacio, arquitecturas que representan a cada
inmigrante, que con ellas se siente parte de esa gran metrópoli. La ciudad como
un “ser vivo”, algo en constante
evolución, un escenario de intercambio entre las necesidades del hombre y los
condicionamientos socio-geo-históricos.
La ciudad se
transforma en algo heterogéneo, que tiene un poco de cada hombre que allí vive
pero que no le pertenece en su totalidad. Es el ámbito donde se genera y se
transmite la cultura. Toda la arquitectura urbana, sus calles, sus plazas, sus
bares, sus monumentos, sus edificios constituyen hechos culturales. La ciudad
misma, en sí, es un producto cultural.
Mumford en su libro “ La cultura de las ciudades” explica que: “La ciudad
se transforma y representa un portentoso ámbito de “implosión cultural”,
generador de fenomenales fuerzas centrípetas que habrían de suscitar,
precisamente, toda la gama de productos culturales posibles”. La ciudad entonces se construye
sobre una base de culturas diferentes traídas por hombres que conservan sus
tradiciones y en ese mismo acto de preservación generan nuevas costumbres
metropolitanas.
La gran lucha del “homo faber” es
defender su individualidad, sus costumbres pueblerinas, frente a las fuerzas de
la masificación y nivelación,
características propias de este momento histórico. Esto es lo que modela
a la ciudad como un lugar nuevo que se expande pero que no puede dejar de lado
viejas costumbres.
La ciudad se transforma en una conjunción
de sujetos inclasificables, forasteros, extraños, donde estos hacen un esfuerzo
para encontrarse, reconocerse, y relacionarse pero sólo lo logran mediante
símbolos o lugares pequeños dentro de la gran urbe. Todos estaban en este
extraño lugar, campesinos, la nueva burguesía urbana, intelectuales y artistas
donde todos sabían que constituían algo nuevo, pero no qué era.
Así
la metrópolis se funda como un lugar de cruce social, económico y cultural,
donde confluyen diferentes etnias, religiones, posiciones políticas, músicas,
arte, clases sociales, costumbres y tradiciones.
Ya en los siglos XIX y XX se constituye y
legítima la figura del ciudadano. El “homo faber” de la metrópoli industrial
atravesado por sus culturas rurales se transforma en el hombre de la gran
ciudad. Este individuo metropolitano se caracteriza por tener una actitud de
amor- odio hacia el lugar en el que vive. Predominan en las relaciones sociales
ciudadanas indiferencia y egoísmo, además de una sensación de malestar
constante. El ciudadano moderno responde a ese pensamiento que caracterizó a la
Modernidad, con su crítica e inconformismo, y lo manifiesta en su forma de
vivir, en la poesía, la pintura, los diarios y la filosofía.
Helena Béjar en su libro “El ámbito intimo” comenta que: “La gran ciudad moderna muestra
simultáneamente la prepotencia de la sociedad y la posibilidad de autonomía del
individuo. La metrópolis es el reino de la objetividad y el ámbito de la
racionalidad. El habitante de la metrópolis orienta sus relaciones con
precisión, certeza, hostilidad y desconfianza”.
La gran ciudad plagada de seres de
diferente pertenencia, con distintas formas de vida constituye un lugar donde
nadie se conoce. Edificios de departamentos donde nadie sabe quien es el
vecino, restaurantes llenos de gente que come sola, transportes repletos de
pasajeros con rumbo desconocido, veredas con caóticos peatones que corren hacia
un lugar incierto, son estas algunas variables de la ciudad moderna. El anonimato
es propio de esta forma de socialización urbana, los tiempos, los cambios
continuos, la inconstancia, la cantidad de gente aglomerada en el mismo lugar
geográfico, es lo que provoca esta muralla comunicativa entre los ciudadanos.
Los prototipos de este mundo anónimo,
según Béjar, son el pobre y el extraño. Si bien existieron en todas las épocas
cobran significación en la Modernidad. El extraño es una figura de la ciudad en
tanto no se adapta a ella, carece de lugar y su vida es dominada por la movilidad.
Para combatir el anonimato urbano es necesario cultivar la individualidad, es
aquí donde aparece la extravagancia. El extraño a veces recurre a ella
diferenciándose aún más del modelo común de ciudadano.
El
pobre por su parte representa la falta de derechos y deberes que esa sociedad
moderna y civilizada se ha comprometido en cumplir. Y el entrecruzamiento de
ambos prototipos de ha dado en llamar: el linyera.
Figura
reconocida de la ciudad que vive en ella marginalmente, es pobre y extraño. Es
el que hace de la ciudad y de la calle su vivienda. Es ocultado por los
ciudadanos que no quieren reconocer su existencia, pero es justamente esta la
que caracteriza a la ciudad moderna y su complejidad social.
Casullo en el libro “Itinerarios de
la modernidad” explica que también han surgido y cobrado significación otras
figuras en este momento de la ciudad; el poeta, el flaneur, el dandy y el
periodista.
El poeta se relaciona con la ciudad, sus
calles, sus bares, como si fuese con una mujer. Opone la ciudad con el campo,
donde la primera es misteriosa y atractiva, mientras que el mundo rural carece
de estas características cayendo en lo insípido. El poeta es aquella figura que
ejercita una severa crítica y la vez da un
canto de esperanza para solucionar las miserias de su tiempo. Baudelaire
es el poeta de mediados del siglo XIX, quien describe a la metrópolis como un
infierno paradisíaco. Explica que la ciudad por un lado produce enajenación, al
ser el ciudadano un hombre más en la multitud, pero por otro lado la metrópolis
con su encanto particular produce sueños, historias sobre toda esa gente que es
parte de esa concentración de
individuos. Baudelaire en sus poemas escribe que estar en la ciudad es estar en
el centro del mundo, salir a conocer ese mundo, esa ciudad es sorprenderse, es
pensar, es vivir, es salirse de ese estado convaleciente del hombre en la
multitud.
Otra figura de la época es el flaneur, es
el observador anónimo de la ciudad. Quien recorre la metrópolis deambulando por
sus calles, sus tabernas, sus prostibulos conociendo a los personajes que por
estos lugares pasan. Ve a la ciudad tan inmensa que se relaciona con ella como
alguien nativo pero también como un turista. Disfruta del encanto de la ciudad
nocturna con sus extraños personajes, laberintos y contrastes, pero también manifestará que la metrópolis
es un lugar donde confluyen el aburrimiento, el ruido y la muchedumbre. Casullo
afirma que Baudelaire “fue un flaneur por excelencia”, quien conocía lo mágico
y lo terrible de la ciudad.
El dandy se sitúa mas allá del bien y el
mal, de la izquierda y la derecha, ricos y pobres. Se plantea un pensamiento
refinado diferente al pensamiento de la burguesía. Pero no lo hace frente a las
mayorías sociales sino a las mayorías de la cultura. Por eso podemos ver a
Dorian Gray pasearse por la ópera con la burguesía inglesa y acto seguido por
los prostibulos de las afueras de Londres donde pululaban marineros, jugadores,
borrachos, asesinos y prostitutas. El dandy es una figura de desacato, de
provocación, que no permite rótulos.
El periodista por otra parte es la figura
que surge con los comienzos de la crisis de la modernidad, es el personaje que
justamente manifiesta este hecho. El periodista como una nueva personalidad que
denuncia y analiza la sociedad. La personalidad que se destacó como modelo de
esta nueva figura es Karl Krauss, quien a traves de su diario “La Antorcha”
quien él sólo editaba y escribía, trata de dar cuenta de lo que se avecinaba a
principios del 1900. Expresaba que se estaba gestando una etapa de catástrofe y
además manifestaba que la Modernidad estaba caducando. Viena, la gran ciudad
del imperio en agonía, es el escenario
donde Krauss plantea este problema. Casullo describe a la ciudad de esta
manera: “
Una Viena absolutamente en decadencia política pero majestuosa en sus
construcciones, esplendorosa en sus monumentos y sus trabajos en piedra
arquitectónica. Envidiable Viena que de alguna manera va a generar una
contradictoria y dolorosa conciencia en algunos de los intelectuales,
conciencia de lo aparente, de lo banal, de lo ilusorio del tiempo que están
viviendo”.
Krauss explica que Viena es el “barómetro
del fin de la humanidad”, es la ciudad en donde se empieza a gestar este
malestar y la predicción del terrible genocidio que va a acontecer durante la
Segunda Guerra Mundial. Plantea que hay un distanciamiento entre la palabra y
lo real, esto es lo que produce una crisis en el espíritu del hombre y una
política del terror que luego Hitler empleará. Krauss se alza frente a la
tragedia que se avecina de una forma particular, no sigue denunciando mediante
su diario la crisis de la humanidad, sino que deja de escribir y de publicar
“La Antorcha” y se exilia en el silencio: “Cuando los hechos de la realidad superan nuestra
imaginación más febril, ya no hay nada
que decir”.
Estas figuras metropolitanas
describen el pensamiento crítico característico de la Modernidad. Sus formas de
vida, sus denuncias, las maneras de relacionarse con la ciudad y con el resto
de los individuos que allí habitan son una clara ilustración de un lugar que se
caracteriza por ser una caldera difícil de describir, en donde se gestaron las
grandes ideas modernas. Todos estos personajes hacen a la ciudad como un lugar
de la cultura, la definen y la articulan. Se hace difícil transitar por el
concepto de ciudad moderna sin tener en
cuenta que estas figuras son las que lo sostienen, estructuran y le dan
sentido. Toda su arquitectura, monumentos, bares, calles y ámbitos propios y
característicos de la ciudad pierden su gracia y su significado sin estas
figuras.
Parte de esa arquitectura
frecuentada por estas personalidades y que es característico de la ciudad son
los cafés y los bares. Lugar de encuentro de intelectuales, artistas, poetas,
escritores, pintores, prostitutas y personajes de la noche. Es un lugar
básicamente cultural, donde se discute de arte, de política, de literatura, de
filosofía, de la prensa y donde también se estudia, se lee y se escribe. Es el
lugar donde se reúnen las personalidades del momento. Casullo comenta que Viena es la ciudad que se hizo famosa por
sus bares, donde se reunían Krauss, Freud, Klee y Wittgenstein. Es el lugar de
la bohemia donde se juntaban a escuchar música y discutir sobre los grandes
conflictos del fin de la Modernidad.
En Buenos Aires los bares eran el lugar
de los tangueros y de la música ciudadana, era la cita obligada de Troilo,
Pugliese y Goyeneche en el famoso bar “El Viejo Almacén”. No solo se juntaban a
charlar y tomar sino que fue el lugar donde se compusieron grandes tangos.
También famosos escritores han encontrado en los bares el lugar apropiado para
la inspiración de sus obras. El bar como algo propio de la ciudad, gastado por
el paso de estas grandes personalidades que dejaron una huella que quedó
impregnada en el ambiente. Es un lugar mas bien nocturno ya que es el momento
donde florecen los personajes más interesantes de la ciudad.
Otro rincón propio de la ciudad es
el salón, característico de la metrópolis europea del siglo XIX, frecuentado por mujeres en donde se
cultivaba el arte de conversar.
Donde las discusiones pasaban por temas
literarios, artísticos o de actualidad. La burguesía metropolitana frecuentaba
los salones y era una cuestión de
status poder estar allí y ostentar de conocimientos sobre pintura, ópera y
teatro así como también de anécdotas sobre viajes. Era el lugar ideal para
sembrar odios y amores ya que el chisme era el protagonista central de las
reuniones en los salones.
Los clubes a diferencia de los salones eran frecuentados por
varones, donde se reunían los banqueros, los hombres de negocios de la
burguesía mercantil, funcionarios y profesionales, ya sean médicos o abogados.
Aquí las discusiones giraban en torno a temas económicos y políticos. Los
clubes son los centros donde se comenta la prensa y donde se realizan negocios.
Aquí lo que interesa es quien habla y no de quien se habla. Se conversaba sobre
grandes negocios, las noticias de la Bolsa, los mercados europeos y sobre
política. El último tema es importante ya que describe a una sociedad con
grandes intereses políticos, militancia de partido y una constante critica
hacia los problemas socio-económicos del momento. Se crean círculos de opinión
política importante para la época ya que es allí donde no solo se realizan
negocios sino que discute el futuro de la Nación. Aunque es un espacio cerrado
es desde aquí que repercutirán las decisiones luego tomadas en los ámbitos
jurídicos, ejecutivos, económicos y sociales.
A diferencia de los clubes la calle es un espacio publico
donde confluyen todas las clases sociales, pero quienes la viven como propia
son las clases medias y bajas. La calle
por un lado es un ámbito de encuentro social y por otro es un lugar de
desencuentro. La calle es un espacio que con el tiempo se ha ido perdiendo
gracias a la expansión demográfica y las exigencias de la vida moderna. Durante
el siglo XIX y principios del XX la calle era un lugar donde la gente se cruzaba y se detenía a
conversar. Así también en los días de calor salía a la vereda a refrescarse,
incluso aquí en la Argentina, era un lugar de encuentro para tomar el mate. Los
niños se juntaban a jugar a la pelota, las señoras se reunían a hablar y ese
espacio interactivo, de intensa vida social era propio de cada individuo que
allí vivía. La calle no era una simple vía publica sino algo de su propiedad,
su calle. A medida que las ciudades fueron creciendo fueron perdiendo gran
parte de estas calles que en algún lugar de ellas aún se conservan.
La calle como lugar de desencuentro es la que describe
Baudelaire el lugar de las mil caras, de los extraños, de los mendigos y de las
prostitutas, el lugar de todos pero también tierra de nadie. El lugar del
ruido, de las luces y de la multitud.
Las avenidas que nunca duermen, las
calles que no dejan de ser transitadas son propias de este mapa de la ciudad.
La calle al igual que la ciudad no es un todo que tiene una sola definición,
por un lado es un lugar tranquilo donde la sociedad encuentra su espacio de
reunión y por otro es un lugar del terror, de la inseguridad y del vandalismo.
La calle también es peligrosa, un lugar
donde el ciudadano tiene miedo de transitar.
Las calles de Buenos Aires como las conocemos hoy son el lugar de
los graffitis, de las luces de neón y de una contaminación visual que al mismo
tiempo, enceguecen y maravillan al ciudadano. Veredas rotas, puestos de comida
y excremento canino son la ilustración más clara del paisaje actual de las
calles porteñas. Las calles de Buenos Aires son la peor herencia de la ciudad
moderna europea, las costumbres capitalistas se trasladaron tergiversadas hacia
nuestro continente. La idea de ciudad y de calle moderna como lugar de consumo
han llegado intactas, pero se ha sumado la pobreza como característica
categórica a ese modelo de metrópoli moderna europea que se ha intentado
copiar.
Conclusión
La ciudad como lugar de la modernidad es un tema extenso,
y complicado de trabajar. Ya que tanto la ciudad como la Modernidad son
conceptos que no tienen una sola definición, tienen aspectos contradictorios y
paradójicos, lo que hace difícil describir esa heterogeneidad. La ciudad es un
lugar que por su carácter ambiguo, indefinido, cambiante, es propicio para la
gestación de las ideas de la Modernidad.
Como ya se mencionó en el trabajo, la ciudad aún conserva características de
siglos pasados, por eso no se puede hablar de la ciudad moderna como algo que
se transforma en su totalidad. Renueva algunas cosas y conserva otras, no solo con
el paso de los años cambia, ya que es cuestión de horas para que de día parezca
un lugar y de noche otro. Por ello la ciudad no cambia en un sentido estricto
sino que va combinándose como un inmenso “collage” de cemento, de cosas viejas y nuevas. La ciudad llena de símbolos
se construye y se destruye, es una ruina y una lujosa capital. Sus habitantes
como la ciudad, son críticos, ambiguos,
extraños y conocidos a la vez, se los puede describir y estereotipar pero se
cae en el error, ya que no se puede generalizar y siempre va a ver algo que vamos
a desconocer de ellos.
La ciudad al igual que el barrio, como dice el poema de
Borges, no es ni tuya ni mía, cada lugar es parte de cada ciudadano pero a la
vez es tierra de nadie. La ciudad se
construye en la subjetividad de cada individuo que en ella vive y sin embargo
esa definición de la ciudad no es totalizadora ni universal. La ciudad desde la
mirada de Baudelaire es como una mujer atractiva y misteriosa y por otro lado
es insípida y aburrida. Es imposible y no tiene sentido llegar a una definición
que de cuenta de todo lo que significa la ciudad. Solo desde la ambigüedad se
puede tratar a la ciudad como concepto de estudio.
La ciudad es causa y consecuencia de la Modernidad, se ha
construido gracias a sus ideas económicas modernas y se destruye gracias a
ellas. En la ciudad se han gestado las ideas más importantes de la Modernidad,
de esta forma pasa a ser capital simbólica de este momento del pensamiento, sin
embargo también dentro de la ciudad han nacido las ideas que han dado por
terminado esta época.
Hablar de la ciudad es tan complicado como hablar de la
Modernidad, no sabemos si ya ha muerto y ha comenzado otra etapa, o si seguimos
en ella. Ambos conceptos se abrazan y dan cuenta del otro, ninguno es posible
sin el otro, ambos son la causa y la consecuencia de su existencia.
Bibliografía
-
BAHDART, Hans Paul.: La
moderna Metrópoli, Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1970
-
BERMAN, Marshall.: Todo lo
sólido se desvanece en el aire, la experiencia de la modernidad, Ed. Siglo XXI,
Madrid, 1998
-
BEJAR, Helena.: El ámbito
intimo, Ed. Alianza Universidad, Madrid, 1998
-
BORGES,
Jorge Luis.: “Buenos Aires”, Obras
completas de Jorge Luis Borges, Ed.
Emecé. Buenos Aires, 1974
-
CASULLO, FORSTER, KAUFMAN.:
Itinerarios de la Modernidad, Ed.Eudeba, Buenos Aires 1999
-
DEL ACEBO IBAÑEZ, Enrique.:
Sociología de la ciudad occidental, Ed. Claridad, San Pablo, 1993
-
MUMFORD,L.: La cultura de
las ciudades, Ed. Emecé, Buenos Aires, 1957
-
WILDE, Oscar.: El retrato de
Dorian Gray, Ed. Need, Buenos Aires,
1999
LA CIUDAD COMO LUGAR DE LA
MODERNIDAD
| ||||
| X | ||||