Inca Garcilaso de la Vega
“Comentarios Reales” : Libro
cuarto
Biografía,
formación y obra del autor
El Inca
Garcilaso de la Vega (1539-1616)
Nació en el
Cuzco y era hijo natural pero noble por ambas ramas: su padre fue un capitán
español vinculado a ilustres familias y su madre una ñusta (princesa) incaica,
vinculada a la corte cuzqueña. De acuerdo con su origen, posee una conexión con
los dos mundos (América y Europa) como
así también dos lenguas maternas. Esta doble sangre estará presente en todo su
estilo literario. Escuchó tradiciones y relatos de los tiempos del esplendor
incaico y asistió a las primeras acciones de la conquista del Perú y las
guerras civiles entre los conquistadores; resumió esa visión del fin de una era
y el comienzo de otra muy distinta, en una frase famosa: "Trocósenos el
reinar en vasallaje".
Considerado uno de los más grandes cronistas de América,
es el primer escritor que presintió la peruanidad antes de que el Perú existiese,
y uno de los mejores prosistas del renacimiento hispánico. Su visión del
imperio de los incas es fundamental en la historiografía colonial, porque da a
las fuentes orales y mitológicas la total validez historiográfica que antes
raramente habían alcanzado; y porque brinda una imagen armoniosa,
artísticamente idealizada y emocionalmente intensa del mundo incaico y los
primeros años de la conquista.
Se lo puede ubicar entre los cronistas de indias y se
corresponde incluirlo dentro de lo que denominamos “corriente culta”, pues, a
pesar de su sangre mestiza, de los motivos de su obra capital y de su
indianismo, toda la forma, la estructura y el pensamiento de su producción,
demuestran su educación europea.
Sin derecho a usar el nombre de su padre Sebastián
Garcilaso de la Vega (llevaba el de Gómez Suárez de Figueroa), de naturaleza
tímida y reservada, la formación intelectual del Inca fue lenta, y tardía su
producción madura. Esta obra se produce enteramente en España, adonde viaja en
1560, con el propósito de reclamar el derecho a su nombre —entre sus
antepasados ilustres se encontraban el poeta Garcilaso de la Vega, Jorge
Manrique y el marqués de Santillana—, lo que consigue y al que agrega
orgullosamente el apelativo Inca, por el que se le conoce. Se
establece en Montilla (1561), donde goza de la protección de sus parientes
paternos, y luego en Córdoba (1589), donde se vinculó a los círculos de
humanistas españoles y se dedicó al estudio y la investigación que le
permitirían escribir sus crónicas. Se inició en la vida literaria con la
notable traducción (1590) de los Diálogos de amor de León Hebreo, a partir
del original italiano. Su primera crónica, La Florida del Inca (1605), epopeya en
prosa, nada tiene que ver con el Perú sino con la conquista de la península de
ese nombre (actualmente parte de los Estados Unidos) por Hernando de Soto, pero
prueba las altas virtudes del Inca como prosista y narrador. Su obra máxima son
los Comentarios
reales, cuya primera parte (1609) trata de la historia, cultura e
instituciones sociales del imperio incaico; y la segunda, titulada Historia
general del Perú (publicada póstumamente en 1617), que se ocupa de
la conquista de esas tierras y de las guerras civiles. La crónica ofrece una
síntesis ejemplar de las dos principales culturas que configuran el Perú,
integradas dentro de una concepción providencialista de los procesos
históricos, que él presenta como una marcha, desde los oscuros tiempos de
barbarie al advenimiento de la gran cultura europea moderna. Se le considera y
aprecia como excepcional y tardío representante de la prosa renacentista,
caracterizada por la mesura y el equilibrio entre la expresión y los
contenidos, por su sobria belleza formal.
Renacimiento
Período de la historia europea caracterizado por un
renovado interés por el pasado grecorromano clásico y especialmente por su
arte. El renacimiento comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el
resto de Europa durante los siglos XV y XVI. En este periodo, la fragmentaria
sociedad feudal de la edad media, caracterizada por una economía básicamente
agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se
transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas
centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el
mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.
Contexto
El término ‘renacimiento’ lo utilizó por vez primera en
1855 el historiador francés Jules Michelet para referirse al “descubrimiento
del mundo y del hombre” en el siglo XVI. El historiador suizo Jakob Burckhardt
amplió este concepto en su obra La civilización del renacimiento italiano
(1860), en la que delimitó el renacimiento al situarlo en el periodo
comprendido entre el respectivo desarrollo artístico de los pintores Giotto y
Miguel Ángel, y definió a esta época como el nacimiento de la humanidad y de la
conciencia modernas tras un largo periodo de decadencia.
La más reciente investigación ha puesto fin al concepto
de la edad media como época oscura e inactiva y ha mostrado cómo el siglo
previo al renacimiento estuvo lleno de logros. Gracias a los scriptoria
(aulas dedicadas al estudio) de los monasterios medievales se conservaron
copias de obras de autores latinos como Virgilio, Ovidio, Cicerón y Séneca. El
sistema legal de la Europa moderna tuvo su origen en el desarrollo del Derecho
civil y del Derecho canónico durante los siglos XII y XIII, y los pensadores
renacentistas continuaron la tradición medieval de los estudios de gramática y
retórica. En el campo de la teología, durante el renacimiento se continuaron
las tradiciones medievales del escolasticismo y las establecidas por las obras
de santo Tomás de Aquino, Juan Escoto y Guillermo de Ockham. El platonismo y el
aristotelismo fueron cruciales para el pensamiento filosófico renacentista. Los
avances en las disciplinas matemáticas (también en la astronomía) estaban en
deuda con los precedentes medievales. Las escuelas de Salerno y Montpellier
fueron destacados centros de estudios de medicina durante la edad media.
Ruptura con la tradición
Por supuesto, la edad media no acabó de forma repentina.
No obstante, sería falso considerar la historia como una perpetua continuidad
y, por tanto, al renacimiento como una mera continuación de la edad media. Una
de las más significativas rupturas renacentistas con la tradición medieval se
encuentra en el campo de la historia. Las obras Historiarum florentini populi libri XII
(Doce
libros de historias florentinas, 1420) de Leonardo Bruno, las Istorie
fiorentine (Historias florentinas, 1525) de Nicolás
Maquiavelo, Storia
d´Italia (Historia de Italia, 1561-1564) de
Francesco Guicciardini y Methodus ad facilem historiarum cognitionem
(Método
para facilitar el conocimiento de la historia, 1566) de Jean Bodin
(Bodino), estaban escritas bajo un punto de vista secular del tiempo y con una
actitud crítica hacia las fuentes históricas. La historia se convirtió en una
rama de la literatura más que de la teología; los historiadores renacentistas
rechazaron la división medieval cristiana de la historia, que se iniciaba con
la Creación, seguida por la encarnación de Jesús, para terminar con el
posterior Juicio Final. La visión renacentista de la historia también constaba
de tres partes: comenzaba con la antigüedad, continuaba con la edad media y se
completaba con la edad de oro, o renacimiento, que acababa de iniciarse.
Mientras que los eruditos medievales contemplaban con recelo el mundo pagano
griego y romano creyendo que vivían en la última etapa histórica, previa al
Juicio Final, sus colegas renacentistas exaltaban el mundo clásico, condenaban
el medievo como una etapa ignorante y bárbara y proclamaban su propia era como
la época de la luz y de regreso al clasicismo. Esta visión era expresada por
muchos pensadores renacentistas que recibieron el nombre de humanistas.
La idea renacentista del humanismo supuso otra
ruptura cultural con la tradición medieval. Según el profesor estadounidense
Paul Oscar Kristeller, este término, frecuentemente mal interpretado, significa
la tendencia general del renacimiento a “conceder la mayor importancia a los
estudios clásicos y a considerar la antigüedad clásica como la pauta común y el
modelo a seguir en toda la actividad cultural”. Se estudiaron los textos
clásicos y se enjuiciaron por sus propios valores; desde este momento ya no se
utilizarían más para embellecer y justificar la civilización cristiana. El gran
interés por la antigüedad tuvo su expresión en la febril y fructífera búsqueda
de manuscritos clásicos; se redescubrieron los Diálogos de Platón, los
textos históricos de Heródoto y Tucídides, las obras de los dramaturgos y
poetas griegos, así como de los Padres de la Iglesia, que se publicaron
críticamente por primera vez. El estudio de la lengua griega se desarrolló en
los siglos XV y XVI gracias a la emigración de eruditos bizantinos que, tras la
caída de Constantinopla en manos del Imperio otomano en 1453, la enseñaron en Florencia,
Ferrara y Milán. El estudio de la literatura antigua, de la historia y de la
filosofía moral, aunque a veces degeneró en una imitación de los clásicos,
tenía por objetivo crear seres humanos libres y civilizados, personas de gusto
y juicio, ciudadanos, en definitiva, más que sacerdotes y monjes.
La perfección del cuerpo humano mediante el
entrenamiento físico, ideal que raramente se conoció en la edad media, se
convirtió en uno de los objetivos de la educación renacentista. Los estudios
humanísticos, junto a los grandes logros artísticos de la época, fueron
fomentados y apoyados económicamente por grandes familias.
Las artes
La recuperación y estudio de los clásicos originó la
aparición de nuevas disciplinas —filología clásica, arqueología, numismática y
epigrafía— y afectó críticamente al desarrollo de las ya existentes. En el
campo de las bellas artes la ruptura decisiva con la tradición medieval tuvo
lugar en Florencia en torno a 1420, cuando el arte renacentista alcanzó el
concepto científico de perspectiva lineal que hizo posible representar el
espacio tridimensional de forma convincente en una superficie plana.
Ciencia y tecnología
También se hicieron progresos en medicina y anatomía,
especialmente tras la traducción, en los siglos XV y XVI, de numerosos trabajos
de Hipócrates y Galeno; también fueron traducidos en el siglo XVI algunos de
los más avanzados tratados griegos sobre matemáticas. Entre los avances
realizados destacaron la solución de ecuaciones cúbicas y la innovadora astronomía
de Nicolás Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler. A finales del siglo XVI,
Galileo ya había dado un paso fundamental al aplicar modelos matemáticos a la
física. La geografía se transformó gracias a los conocimientos empíricos
adquiridos a través de las exploraciones y los descubrimientos de nuevos
continentes y por las primeras traducciones de las obras de Tolomeo y Estrabón.
En el campo de la tecnología, la invención de la
imprenta en el siglo XV revolucionó la difusión de los conocimientos. La imprenta
incrementó el número de ejemplares, ofreció a los eruditos textos idénticos con
los que trabajar y convirtió el trabajo intelectual en una labor colectiva. El
uso de la pólvora transformó las tácticas militares entre los años 1450 y 1550,
favoreciendo el desarrollo de la artillería, que mostró su efectos devastadores
contra los muros de piedra de castillos y ciudades. El ejército medieval,
encabezado por la caballería y apoyado por arqueros, fue reemplazado
progresivamente por la infantería, provista de armas de fuego y picas; tales
fuerzas formaron los primeros ejércitos permanentes de Europa.
Política
En el campo del derecho, se tendió a sustituir el
abstracto método dialéctico de los juristas medievales por una interpretación
filológica e histórica de las fuentes del Derecho romano. Por lo que respecta
al pensamiento político, los teóricos renacentistas recusaron, pero no
anularon, la proposición medieval de que la preservación de la libertad, del
derecho y de la justicia constituía el objetivo fundamental de la vida
política. Los renacentistas aseveraron que la misión central del gobernante era
mantener la seguridad y la paz. Maquiavelo sostenía que la virtú (la fuerza creativa)
del gobernante era la clave para el mantenimiento de su propia posición y el
bienestar de sus súbditos, idea consonante con la política de la época.
Durante el renacimiento, las ciudades italianas se
convirtieron en estados territoriales que buscaban expandirse a costa de otros.
La unificación territorial tuvo lugar también en España, Francia e Inglaterra,
lo que condujo a la formación del Estado nacional moderno. Este proceso contó
con la ayuda de la moderna diplomacia, configurada, al tiempo que las nuevas
tácticas militares, cuando las ciudades-estado italianas establecieron
embajadas permanentes en cortes extranjeras. En el siglo XVI la institución de
la embajada estable se hallaba extendida por el norte del continente, en
Francia, Inglaterra y en el Sacro Imperio Romano Germánico.
Religión
El clero renacentista, particularmente su más alta
jerarquía, ajustó su comportamiento a la ética y costumbres de la sociedad
laica. Las actividades de los papas, cardenales y obispos apenas se
diferenciaban de las usuales entre los mercaderes y políticos de la época. Al
mismo tiempo, la cristiandad se mantuvo como un elemento vital y esencial de la
cultura renacentista. Predicadores como san Bernardino de Siena y teólogos o
prelados como San Antonino de Florencia, gozaron de gran prestigio y fueron
venerados. Además muchos humanistas se preocuparon por cuestiones teológicas y
aplicaron los nuevos conocimientos filológicos e históricos para estudiar e
interpretar a los Padres de la Iglesia. El acercamiento humanista a la teología
y a las Escrituras se puede observar desde el erudito y poeta italiano Petrarca
hasta el holandés Erasmo de Rotterdam, lo que tuvo un poderoso impacto sobre
los católicos y protestantes.
Evaluación
Algunos medievalistas afirman que la hinchada elocuencia
y el insípido neoclasicismo de muchos escritos humanistas debilitan la
pretensión de que el renacimiento constituye un punto de inflexión en la
civilización occidental. Aunque esas aseveraciones son válidas en cierta
medida, el renacimiento fue sin duda una época en la que las antiguas creencias
fueron puestas a prueba y la ebullición intelectual que entonces se produjo
preparó el camino a los pensadores y científicos del siglo XVII. La idea
renacentista de que la humanidad domina a la naturaleza es análoga al concepto
del control del hombre sobre los elementos de la naturaleza explicado por
Francis Bacon, concepto que inició el desarrollo de la ciencia y de la
tecnología moderna. No obstante, el renacimiento ha legado, por encima de todo,
monumentos de gran belleza artística que se mantienen como definiciones perennes
de la cultura occidental.
Humanismo
En filosofía, actitud que hace hincapié en la dignidad y
el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son
seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y
practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia para
describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa durante
los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos
subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su
importancia en el marco del cristianismo.
El movimiento humanista comenzó en Italia, donde los
escritores de finales de la edad media Dante, Giovanni Boccaccio y Francesco de
Petrarca contribuyeron en gran medida al descubrimiento y a la conservación de
las obras clásicas. Los ideales humanistas fueron expresados con fuerza por
otro estudioso italiano, Giovanni Pico della Mirandola, en su Oración,
obra que trata sobre la dignidad del ser humano. El movimiento avanzó aún más por
la influencia de los estudiosos bizantinos llegados a Roma después de la caída
de Constantinopla a manos de los turcos en 1453, y por la creación de la
Academia platónica en Florencia. La Academia, cuyo principal pensador fue
Marsilio Ficino, fue fundada por el hombre de Estado y mecenas florentino Cosme
I de Medici. Deseaba revivir el platonismo y tuvo gran influencia en la
literatura, la pintura y la arquitectura de la época.
La recopilación y traducción de manuscritos clásicos se
generalizó, de modo muy significativo entre el alto clero y la nobleza. La
invención de la imprenta de tipos móviles, a mediados del siglo XV, otorgó un
nuevo impulso al humanismo mediante la difusión de ediciones de los clásicos.
Aunque en Italia el humanismo se desarrolló sobre todo en campos como la
literatura y el arte, en Europa central, donde fue introducido por los
estudiosos alemanes Johannes Reuchlin y Philip Melanchthon, el movimiento
penetró en ámbitos como la teología y la educación, con lo que se convirtió en
una de las principales causas subyacentes de la Reforma.
Uno de los estudiosos más importantes en la introducción
del humanismo en Francia fue Erasmo de Rotterdam, que también desempeñó un
papel principal en su difusión por Inglaterra. Allí, el humanismo fue divulgado
en la Universidad de Oxford por los estudiosos William Grocyn y Thomas Linacre,
y en la Universidad de Cambridge por Erasmo y san Juan Fisher. Desde las
universidades se extendió por toda la sociedad inglesa y allanó el camino para
la edad de oro de la literatura y la cultura que llegaría con el periodo
isabelino.
Análisis
del texto
Esta obra
fundamental del escritor indígena trata acerca del origen de los incas, está
dividida en dos partes. La primera, es una exaltación del mundo incaico y describe
con nostalgia las tradiciones recopiladas de fuentes legendarias. Recurre
muchas veces a la memoria y al conocimiento directo de testigos del imperio
inca. “Demás
de habérmelo dicho los indios, alcancé y vi por mis propios ojos mucha parte de
aquella idolatría”. Es una
descripción narrada con ideas claras, pintorescas y con pasajes poéticos de la
historia indígena, de sus antepasados y la rememoración de historias oídas en
el palacio durante su niñez.
La segunda
parte esboza la conquista del imperio incluyendo las luchas civiles de los
españoles y su llegada.
El Inca se
destaca, en toda la obra, por su seguridad técnica y su concepto moderno y
positivo de la historia.
Además,
aparece por primera vez la visión de los conquistados frente a los conquistadores.
Al ser un hombre de dos mundos, Garcilazo alaba a los incas y defiende sus
costumbres, pero no deja de expresar su admiración por los hechos españoles. De
la defensa de su sangre llega a la mitificación de la cultura incaica y a la
exaltación de la conquista española.
El tema de los
mitos es tomado con respeto, pero escépticamente, por su cristianismo. El
respeto parte de su cariño por sus antepasados, pero no son tomados como fuente
histórica.
El Inca
incorpora a su obra el mundo cotidiano de los indios para lograr acercar a los
españoles su mundo materno. Siempre explica a los lectores su historia, ya que
su obra está pensada para el europeo, no para el criollo. Quiere que el mundo
europeo conozca como es América. Vive el conflicto de las dos aguas.
Se observa,
igualmente, una división de la identidad del Inca y que, generalmente, intenta
tomar distancia de cierta posturas. De esta forma, evita comprometerse.
Aprovecha su condición de neutralidad para ser más creíble.
Hasta el siglo
XVIII los “Comentarios Reales” fueron la única autoridad en materia de antigua
historia peruana, pero cayeron en un profundo descrédito hacia el siglo XIX
hasta que los modernos estudios de arqueología americana volvieron a comprobar
su veracidad.
En cuanto a
las fuentes utilizadas por el autor para la narración de los acontecimientos,
son tres: los propios recuerdos de la niñez y adolescencia, los relatos de
testigos (fuentes orales) y los documentos que obtuvo de personas ilustradas
(fuentes escritas).
De las fuentes
orales, se puede apreciar que aparecen en el texto algunos relatos
tradicionales que muestran las creencias, costumbres y cultura de
los incas, y son encabezados por frases como “..los indios dicen que...”
o “tienen
en sus creencias que...”. Por ejemplo cuando habla del matrimonio
real entre hermanos relacionado con la religión y la tradición de los incas
(pág. 186) o al referirse al príncipe aparecido en Viracocha, que se puede
considerar como un presagio de lo que finalmente ocurrió en esas circunstancias
(pág. 206)o la aparición de las creencias de los incas en la crianza de los
hijos (pág. 191), etc.
También se
presentan relatos
testimoniales que fueron narrados directamente al Inca por alguien o
que presenció él, siendo un testigo directo: “un amigo de mi padre que vivio (...)
me contó...” o “...vi como se cocía el pan el horno...”.
En este libro
cuarto se menciona como fuente escrita al español Agustín de Zárate
(1514- 1560), cronista español que arribó a Perú en 1543 como contador general
con el objetivo de inspeccionar y reformar la administración de ese país. No lo
logró por completo, pero fue nombrado gobernador de la hacienda de Flandes.
Entre sus obras se encuentra la “Historia del descubrimiento y conquista del
virreinato del Perú”.
El Inca se
coincide con su versión de la narración de los hechos y lo alaba, desaprobando
a otros cronistas que dan a conocer otra versión.
La posición del narrador no esta
definida, según el tema que aborde se pone del lado inca o español. Asume
distintas posiciones.
Al hablar de la lengua
quechua se incluye entre los incas, pero al referirse a la religión se
contrapone y hace alarde de su origen español o cristiano. “Su vana religión” (pág.
184) o “Nuestra
Santa religión” (pág. 190).
Además, muestra siempre su
condición de testigo de la historia que narra. “...yo vi...” o “...vi con
mis propios ojos...”.
En el aspecto de la otredad encontramos distintos casos:
hablando de la religión los otros son los indios, debido a su
condición de católico. En el caso particular de la lengua, no existe un otro,
ya que tanto el español como el quechua son lenguas maternas. Es un caso único
y especial en este aspecto, así que podría considerarse a todos como el otro
o a ninguno. En el aspecto racial, el Inca es mestizo, entonces el otro
son tanto los incas como los españoles.
Al referirse a la lengua utilizada, se observa la aparición
de variadas traducciones del quechua al español destinadas a comprender los términos propios de los nativos para
poder apreciar su historia y sus costumbres. Pero, entre líneas, hay una
connotación mediante la cual el Inca pretende demostrar que es un testigo
protagonista de la historia que esta narrando, que conoce a la perfección el
quechua y que, por lo tanto, está perfectamente capacitado para interpretar las
distintas fuentes en las que se basa su escritura haciendo más realista y
verídica la historia que narra. De este modo, ofrece una versión diferente a la
que pudieron escribir los españoles, de los que dice que corrompen los
vocablos.
Además, iguala el impero Inca con el español en cuanto al idioma.
Se perciben distintos rasgos
del Humanismo, por ejemplo, lo que refiere a la pureza de la lengua con la
correcta fonética o respecto de la sintaxis bipartita con oraciones largas y
subordinaciones. El Inca es un Humanista.