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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Musica Colonial: Agregado: 24 de MAYO de 2000 | Palabras: 2530 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Música > |
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Introducción
La mayor
parte de la documentación sobre la música y la danza en la época colonial,
antes de la expulsión de la compañía de Jesús, gira en torno de la actividad de
las misiones y los Colegios urbanos. Los pueblos guaraníes, cuya lengua era tan
melodiosa como rica en matices, resultaron especialmente aptos para el
aprendizaje de los instrumentos y los temas musicales traídos de Europa.
Durante las fiestas de
proclamación del rey Carlos III, precisamente el que expulsaría a la Compañía
de sus dominios, los indígenas de las reducciones de Paraguay bajaron a Buenos
Aires y representaron varias óperas compuestas por un maestro jesuita, o por
algún músico guaraní. Este aprendizaje había empezado tempranamente; ya en 1628
Céspedes, el gobernador del Río de la Plata, escribía al soberano contándole
que más de veinte indios de Yapeyú, entre los que había violinistas, organistas
y otros más, estaban en condiciones de ofrecer músicas y danzas para el
Santísimo Sacramento.
La
población guaraní, seminómada, tuvo que variar su forma de vida y reunirse,
bajo la dirección de los religiosos, en pueblos de indios dispuestos en torno a
una plaza en la que se celebraban todos los acontecimientos públicos. En ellos
las viviendas colectivas sólo servían para almacenar los enseres, ya que la
vida transcurría al aire libre. Estos pueblos contaban con iglesia, colegio,
talleres de diferentes oficios artesanales, hospitales, cementerios y casa para
viudas y estaban rodeados por tierras dedicadas al cultivo intensivo,
especialmente de la yerba mate, que era uno de los elementos fundamentales del
comercio, libre de impuestos, con la sociedad colonial. La economía se
organizaba a partir del trabajo y la participación comunitaria de los bienes y
el intercambio se establecía a través de la reciprocidad entre sus miembros y
los diferentes pueblos. El guaraní fue la lengua empleada para la enseñanza y
la práctica de la doctrina cristiana.
La música
que se cultivó en Latinoamérica en las cantorías de las catedrales, en las
misiones jesuíticas, en las diferentes fiestas religiosas y populares
callejeras, así como en los salones y teatros durante los siglos XVI, XVII y
XVIII, probablemente por el mismo desconocimiento de su existencia, ha
permanecido en el olvido como manifestación de la cultura hispanoamericana. Una
intensa labor científica comenzó hace aproximadamente 30 años con musicólogos
que sacaron del olvido cantidad de obras de diferentes archivos. Estas fueron a
su vez el punto de partida de otras investigaciones que continuaron con el
trabajo de profesionales.
El material no sólo es investigado, sino que infinidad de intérpretes lo
abordan más tarde y lo dan a conocer en América y Europa. Una muestra de la
trascendencia de esta música está dada por el II Festival Internacional de
Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos”,
realizado el año pasado con la participación de 33 grupos.
Antecedentes
históricos
El aporte
musical español se ha manifestado desde un comienzo en América a través del
bagaje que traían los conquistadores y los músicos españoles que viajaban al
Nuevo Mundo; entre ellos los religiosos, que centraron alrededor de la iglesia
el quehacer musical, llegando el mismo a desarrollarse al grado de perfección
con que se cultivaban en las mejores cantorías europeas.
Las primeras escuelas de música, los primeros compositores y los
primeros maestros:
En
1530, en México, el primer maestro de la música europea, Pedro de Gante,
conformó un coro de indígenas que cantaba todos los domingos en la catedral.
Con
respecto a las Misiones, tres órdenes religiosas se repartieron a partir del
siglo XVI un extenso territorio: los jesuitas, los franciscanos y los
dominicos. Los franciscanos fundaron en Ecuador una escuela de música (1534).
El Hermano Berger, perteneciente a la Compañía de Jesús (jesuitas), estuvo en
Córdoba, Paraguay, Chile y Buenos Aires. Fue el alma de la sorprendente
eclosión de la vida musical en estas regiones.
En
el seminario de San Antonio Abad, Cuzco (Perú), fundado en 1598, se estableció
la primera escuela del Nuevo Mundo donde se enseñó sistemáticamente música
polifónica y el arte relativo a los instrumentos.
También la música teatral desempeñó un importante papel. Durante el siglo XVII las compañías de actores salían desde Lima y recorrían todo el Alto Perú, desde Cuzco hasta Sucre. Las músicas de estas representaciones jugaban un papel de suma importancia. Los espectáculos llevaban nombres llamativos y se desarrollaban al aire libre. Pero la música de las representaciones no sólo se interpretaba en plazas y calles, sino también en los atrios de las iglesias, inspirando a los compositores contemporáneos.

La corriente italiana
Entre las corrientes
musicales que predominaron en el período colonial americano se cuentan el
renacimiento y barroco español, por los antecedentes históricos; pero también
debe mencionarse en este sentido el barroco italiano. En efecto, con el
advenimiento de los Borbones en España a principios del siglo XVIII el gusto se
inclinó hacia lo italiano, dejándose un tanto de lado lo español. Así es como
el primer virrey enviado por los Borbones (Don Manuel de Oms y Santa Pau,
Marqués de Castell dos Rius) trajo consigo al maestro italiano Roque Cerutti.
La influencia de este compositor fue decisiva para desterrar localmente el
estilo español e implantar con una enorme vitalidad las formas propias de la
ópera italiana que imperaba entonces en casi toda Europa. Pese a esto, hubo
compositores, como Tomás de Torrejón y Velasco, que permanecieron fieles al
estilo español.
El Hermano Domenico Zipoli, el ilustre músico italiano, que vivió en
Córdoba desde 1717 hasta su muerte en 1726, contribuyó enormemente a la
difusión del estilo italiano con sus destacadas composiciones litúrgicas. Su
vasta producción recorrió el continente americano, sobre todo a través de las
misiones jesuíticas.
De crónicas e instrumentos
Los jesuitas
se destacaron por impartir la enseñanza musical, como así también por
desarrollar el arte de la luthería. En las misiones se construían instrumentos
musicales, principalmente violines, arpas, violones, fagotes, clarines,
chirimías, clavicordios, espinetas, órganos y laúdes. Los oboes y las flautas
no aparecen con frecuencia en los inventarios, pero documentos contemporáneos
confirman también su uso. Se agregan a esta lista los tambores y carillones de
procedencia europea y sonajeros de origen indígena.
En
las misiones de Chiquitos se utilizó un instrumento muy particular, como una
flauta de Pan de uno a dos metros de largo, construida con hojas de palmera
unidas unas con otras. El sonido se producía apretando los labios como para
ejecutar una trompeta. Los llamaban bajones.
Las
danzas autóctonas fueron aceptadas por los misioneros como una expresión
genuina de los pueblos a su cargo, e incorporadas oficialmente al culto
religioso.
El repertorio
El repertorio musical
del barroco latinoamericano se divide en dos grandes categorías. Por un lado se
cuenta la música religiosa, escrita rigurosamente en latín y destinada a un fin
litúrgico. Por el otro se encuentra la música secular, inseparable del ámbito
religioso, pero cuyos textos aparecen en idioma vernáculo.
Dentro de
esta segunda categoría, tuvo un importante desarrollo el género del villancico
(el término se refiere a una estructura formal determinada, utilizada en España
desde el Renacimiento, y abarca una evolución que lleva desde la canción
villanesca hasta una especie de cantata barroca). De acuerdo a la ocasionalidad
del villancico, distinguimos luego entre los siguientes: de Navidad, a la
Virgen, de Corpus Christi, a la Ascensión, a los Santos, juguetes, de negros,
jocosos, de baile, de gitanos, etc.
También dentro de la música secular se verificó un impulso de la música
dramática (en términos generales, música incidental conectada con la
escena), con piezas que encuadran dentro de las formas ópera y arias,
además de rorros (canciones de cuna) y tonadas.
Bibliografía:
Encarta 99.
Revista Clásica del mes de Diciembre de 1998.
Historia Integral de la Argentina, Félix Luna, Tomo 2.
Internet.
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