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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Músia Barroca: Agregado: 24 de MAYO de 2000 | Palabras: 3893 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Música > |
Estilo musical que se
desarrolló en Europa aproximadamente entre los años 1600 y 1750. Si bien la
música entre estas dos fechas tiene rasgos comunes, el comienzo de este periodo
está marcado por unas innovaciones estilísticas y técnicas que permitieron la
creación del nuevo género de la ópera. El final del periodo se caracteriza por
la aparición de elementos del clasicismo en la música instrumental y en la
ópera. El término barroco se utilizó en un principio para definir un arte o un
estilo con un sentido peyorativo. Hoy día este concepto está totalmente
superado. Musicalmente se considera como uno de los periodos históricos más
revolucionarios de la historia. Desde la perspectiva de la simetría y el
equilibrio clásicos, la música del periodo fue considerada por algunos autores
como demasiado exuberante y algo grotesca. (Resulta irónico que las obras del
arquitecto italiano del siglo XVI Palladio, que se utilizaron como modelo
intelectual de los ideales de claridad y proporción del periodo clásico, fueran
producto del mismo movimiento humanista italiano sobre el que se sustentó la
creación de la ópera). El desarrollo musical del barroco puede describirse en
tres fases, barroco primitivo, medio y tardío, que coinciden, más o menos, con
periodos de 50 años.
Una comunidad musical y
literaria, la camerata fiorentina o di Bardi, desarrolló la ópera durante la
última década del siglo XVI a modo de drama musical cantado en su totalidad. La
intención de la camerata era recrear el poder que tenía el drama clásico griego
para conmover, utilizando la música para dar fuerza a las cualidades
comunicativas de la voz humana.
La primera ópera
completa en sentido moderno que se conoce es Euridice (1600) de Jacopo
Peri y Giulio Caccini. Combinaba una elevada declamación de los solistas con
danzas campestres de ninfas y pastores, fusionando así el poder del drama
trágico con los ideales contemporáneos de la vida pastoril idealizada. Se
tuvieron que desarrollar nuevas formas y técnicas para brindar un medio musical
al poderoso y flexible arte vocal solista, especialmente con la creación de un
estilo refinado de canción acompañada, o monodia. Ello requirió, a su vez, el
desarrollo de medios adecuados y flexibles para acompañar a los solistas. En este
terreno, el bajo continuo tuvo una gran importancia. El acompañamiento del bajo
cifrado, que implicaba la realización improvisada de una estructura determinada
de acordes, se convirtió no sólo en una práctica útil de interpretación, sino
también en un procedimiento que moldeó las actitudes de la composición musical
durante el siguiente siglo y medio. Ello alentó un estilo compositivo basado en
la melodía y en el bajo, y a la generación de melodías sobre estructuras
básicamente armónicas. Esta influencia, en combinación con el deseo de
profundizar en el poder expresivo de la voz solista, alejó la mirada de las
formas musicales basadas en el contrapunto y la imitación, aunque algunas
técnicas inspiradas en estos rasgos sobrevivirían y florecerían en otros
contextos, especialmente en la música religiosa litúrgica y en la música para
teclado.
La ópera pudo haberse
quedado en un experimento aislado. Fue creada como entretenimiento caro y
ocasional de la corte, que implicaba unos decorados elaborados e incluía
escenografías con grandes perspectivas y efectos teatrales muy laboriosos, así
como la participación de muchos músicos. Ésta es la razón por la que uno de los
factores críticos para el desarrollo del género fue el establecimiento en Venecia,
durante la tercera década del siglo XVII, de teatros de ópera permanentes, bajo
el mecenazgo de las familias venecianas más adineradas, pero accesibles para un
amplio público. También fue importante la contribución de Claudio Monteverdi,
quien desarrolló la ópera hasta convertirla en un género artísticamente
coherente, primero en Mantua con Orfeo (1607) y con Arianna (1608, cuya música
se ha perdido en su mayor parte), y luego —y especialmente— en sus óperas
venecianas de madurez como Il ritorno d’Ulisse in patria y L’incoronazzione
di Poppea (1642). Se caracterizaba por una poderosa declamación
dramática duplicada por efectos orquestales sorprendentes, una combinación que
promovió la expresión de lo que Monteverdi llamó “su estilo agitado” (stile
concitato), y que también se pueden hallar en la vasta escena
dramática de Il combattimento di Tancredi e Clorinda (1624), publicada
como una colección de madrigales firmada por Monteverdi. Sin embargo, el estilo
barroco primitivo renunció a las texturas imitativas y descripciones
anecdóticas del anterior estilo de los madrigales, concentrándose, en lugar de
ello, en utilizar la música en un sentido más amplio para intensificar la
pasión o emociones expresados por el cantante.
En la última década del
siglo XVI ya se habían sentado las bases para la ópera. Otro acontecimiento
importante de la década fue la publicación de las Sacrae symphoniae de Giovanni
Gabrieli en Venecia, en 1597, que dividía los grandes conjuntos en grupos que
podían contraponerse y combinarse de varias maneras. Este principio de
orquestación, al que siguió un modelo coral conocido como cori spezzati, fue
consecuencia directa de las posibilidades que brindaban las galerías separadas
de la iglesia de San Marcos. La aplicación de esta idea a la música
instrumental tuvo una gran influencia cuando los compositores del barroco
dispusieron de grandes medios. Una de las obras de la colección de Gabrieli, la
Sonata
pian’e forte, marcó el inicio de las direcciones dinámicas
formalizadas en la música europea, así como el establecimiento de contrastes
dinámicos en terrazas como uno de los recursos a disposición del compositor. En
este primer barroco conviene señalar a los españoles Aguilera de Heredia, Juan
Bautista Comes y Francisco Correa de Arauxo. En América Latina destacan en
México los músicos Hernando Franco y Juan de Lienas.
Un fenómeno sin
parangón en Sudamérica es la producción musical asociada a las reducciones
jesuíticas. Su dispersión por la geografía americana fue un obstáculo para la
conservación y conocimiento de esta música, pero los guaraníes, los chiquitos y
los mojos se la apropiaron y se esforzaron en perpetuarla por tradición oral.
El barroco medio
A mediados del siglo
XVII, el centro de innovación se trasladó de Italia a Francia, donde Jean-Baptiste
Lully, un italiano expatriado, desarrolló un nuevo tipo de ópera en consonancia
con la grandilocuencia de la corte francesa. Mientras que la ópera italiana
puso en un papel cada vez más destacado al cantante solista, la ópera francesa
enfatizaba elementos de la danza derivados de la tradición anterior del ballet
de corte, del coro y de los efectos escénicos espectaculares. Se desarrolló un
estilo musical melódico para los solistas, a la vez claro y elegante, adaptado
a los textos franceses, en contraste con la creciente producción de líneas
melódicas que acompañaron el auge del virtuosismo vocal en Italia. Sin embargo,
tanto los estilos operísticos de Italia como de Francia distinguían entre los recitativos
(episodios conversacionales relativamente veloces que llevaban el peso de la
trama argumental) y las extensas arias, que relajaban las tensiones emocionales
de los personajes individuales. Durante el siglo XVII, la comunicación de las
emociones más significativas pasó poco a poco del recitativo al aria, especialmente
en Italia.
Lully, al convertir a
los músicos de cuerda de la corte francesa en un conjunto bien armonizado para
acompañar las óperas, sentó también las bases de la orquesta moderna. En la
segunda mitad del siglo XVII el oboe se había asentado en Francia como un
instrumento musical aceptable, mientras que en Italia los mejores trompetistas
también refinaron su estilo hasta el punto de que podían interpretar sonatas
acompañándose por instrumentos de cuerda. Los oboes y las trompetas (así como
también los fagots) encontraron un lugar de expresión artística en el conjunto
orquestal, aunque mantuvieron sus funciones originales como instrumentos para
tocar al aire libre o de carácter militar. Con la evolución de la música para
cuerda en la segunda mitad del siglo XVII, la supremacía pasó a Italia, donde a
la edad dorada en la fabricación de instrumentos como el violín por parte de luthiers
como los Amati, Antonio Stradivarius y la familia Guarneri, siguió el
desarrollo de un estilo de composición instrumental suave por parte de
compositores como Giuseppe Torelli y Tomaso Vitali, cuyas composiciones
convirtieron el concierto para orquesta de cuerdas y la sonata a trío para gran
conjunto, en los géneros instrumentales más importantes. A medida que el aria de
ópera italiana crecía en longitud y elaboración, también lo hacían las sonatas
y conciertos de los compositores italianos, quienes, poco a poco, ampliaron el
alcance de los movimientos individuales, superponiéndolos en una sucesión de
secciones cortas y contrapuestas que se harían características de las
primitivas obras de tipo sonata. La difusión del nuevo estilo instrumental
italiano fue rápida e importante, en parte gracias a la emigración de los
músicos italianos y en parte gracias a un mercado propicio de conciertos y
sonatas que circulaban ya en las imprentas: Venecia, Amsterdam y luego Londres
se convirtieron en los principales centros de publicación de música. La
popularidad de las composiciones italianas llevaron al establecimiento de una terminología
musical y una dinámica en italiano que sirvió de lenguaje común para los
músicos de toda Europa.
A finales del periodo
del barroco medio se hizo evidente cierto aire internacional en la música
europea. Se mantuvieron los contrastes entre los estilos italiano y francés,
aunque este epíteto ya no asegurara la procedencia. Por ejemplo, la llamada
‘obertura francesa’ se convirtió en preludio orquestal opcional de las óperas
italianas. Compositores que trabajaban en Alemania y Austria, como Georg Muffat
o Johann Kusser, mostraron cierto entusiasmo por el estilo francés, mientras
que los estilos vocal y orquestal italianos influyeron en el desarrollo de la cantata
de iglesia alemana. Resulta difícil identificar en esta etapa un estilo musical
específicamente ‘alemán’, pero la lengua germana daba un tinte característico
de inflexión a las líneas vocales. Los corales (melodías de himnos) que se
habían convertido en parte inseparable de la cultura de la Reforma, dotaron a
los autores alemanes de un recurso característico de composición, tanto en las
cantatas de iglesia como en la música para órgano. Alemania que tuvo en Heinrich
Schütz el principal compositor de la primera mitad del siglo XVII, sufrió las
terribles condiciones de la guerra de los Treinta Años, que inevitablemente
atenuaron el desarrollo cultural de esa época. Cuando volvió a reinar la
confianza, al término de tan agitados tiempos, las cortes y ciudades alemanas
establecieron sus propias casas de ópera, italianizadas en sus ideales, pero a
menudo con tradiciones locales sobre la ejecución musical. Se sabe que algunos
personajes cantaban en alemán, mientras que otros hacían interpretaciones de la
misma ópera en italiano. También podía suceder que los recitativos estuvieran
en alemán y las arias más importantes en italiano. El mantenimiento de una casa
de ópera, en una corte incluso modesta, conllevaba el empleo de músicos, pero
éstos podían participar asimismo en otras actividades, como actuar en la
capilla de la corte y en conciertos de cámara para deleite del señor. Los
requisitos de la orquestación de la música de cuerda italiana dan la pauta del
empleo de músicos en la corte. A menudo podía tratarse de una sonata a trío de
solistas muy bien pagados —una pareja de violines, un chelo o una viola da gamba
(generalmente músicos italianos o franceses), y un maestro de capilla o de
conciertos (Kapellmeister
o Konzertmeister)
que podía tocar el teclado o ser un destacado violinista— al que rodeaba un
séquito de intérpretes menos relevantes. Se trataba de adaptarse al principio
musical emergente del concerto grosso italiano para orquesta de
cuerdas que ponía en juego el contraste de los solistas del concertino
con la orquesta a pleno, incluyendo los músicos de acompañamiento del ripieno.
Los contrastes entre la orquesta completa y el concertino hacen su primera
aparición en el acompañamiento orquestal del oratorio de San Juan Bautista (Roma,
1675) de Alessandro Stradella.
El género del oratorio
floreció en la Italia del siglo XVII en paralelo a la ópera, utilizando las
mismas formas y estilos musicales técnicos que para la presentación de relatos
sagrados, aunque a menudo interpretados sin los recursos de una puesta en
escena teatral completa. Otro género relacionado con la ópera era la cantata de
cámara, que reflejaba las características estilísticas y formales de la música
de las óperas italianas y francesas. Algunas de las cantatas eran, en efecto,
escenas operísticas en miniatura, pero otras eran, en esencia, montajes
musicales con una poesía lírica más íntima.
El compositor más
destacado del periodo del barroco medio fue el inglés Henry Purcell, cuya
carrera musical es una especie de compendio de sucesivas influencias de estilos
nacionales. A pesar de haber crecido como miembro del coro de la Capilla Real
durante la década de 1670, su obra manifiesta una clara influencia francesa que
siguió a la Restauración y al retorno del rey Carlos II desde su exilio en
Francia. La introducción de los anthems (himnos) y servicios en la Capilla Real
acompañados por un conjunto de cámara formado por músicos de cuerdas, fue una
manifestación temprana de esta influencia francesa. Anteriormente, pero en el
mismo siglo, los avances musicales en Italia llegaron a tener una influencia
mayor en la composición para voz de la música de la Capilla; pero los estilos y
géneros antiguos demostraron una tenaz resistencia en Inglaterra, especialmente
en la música de cámara, gracias al continuo desarrollo de fantasías
contrapuntísticas de estilo renacentista para conjuntos de violas y de canciones
para solista acompañado por laúd. Purcell fusionó las tradiciones inglesas
heredadas con las influencias europeas más modernas, primero en sus himnos y
odas para la corte y luego, al publicar una serie de sonatas a trío en 1683,
imitando justamente a los más afamados maestros italianos. De hecho, Purcell
componía en base a un contrapunto magistral y un sistema armónico propio, que
mantenía el tratamiento de la disonancia de la mayoría de los estilos no
italianos, que alejaba a sus sonatas de ser meras imitaciones. Tan sólo tres
años antes, Purcell había compuesto piezas en el antiguo género de la fantasía
para violas. Pero su aceptación de la nueva y fluida música italiana (aunque
fuera en una versión personal) fue repentina. Purcell murió a la edad de 36
años en 1695. Durante sus últimos diez años de vida, las circunstancias de la
corte le impidieron seguir progresando en su primera área de actividad que fue
la música religiosa, por lo que puso una creciente atención en escribir música
para las producciones de los teatros de Londres.
En España, durante el
periodo del barroco intermedio destacó el organista y compositor Juan
Cabanieles y el tratadista y compositor Gaspar Sanz. En México hay que resaltar
la figura del maestro organista Manuel de Sumaya y en Perú a Tomás de Torrejón
y Velasco, que compuso la que es considerada primera ópera del nuevo mundo: La púrpura
de la rosa, con libreto de Calderón de la Barca.
El barroco tardío
Mientras que durante la
vida de Purcell el violín logró desplazar a la viola como principal instrumento
de cuerda del registro agudo, las partes más graves de la cuerda fueron
ocupadas por instrumentos de la familia de la viola. Tardó un tiempo hasta que
la orquesta de cuerda moderna, incluidos los chelos y los contrabajos, llegó a
las Islas Británicas. Pero las guerras continentales de Europa hicieron que los
instrumentistas europeos más refinados desembarcaran en las islas durante la
primera década del siglo XVIII. Su presencia fue uno de los factores que
permitieron la creación de una orquesta completa y puesta al día que acompañara
a una compañía de ópera italiana que poco a poco se fue estableciendo en
Londres durante dicha década. Por entonces la música italiana había dado nuevos
pasos hacia estilos aún más amplios y grandiosos, tanto en el terreno de la
ópera como en el instrumental. En las manos de Alessandro Scarlatti y Giovanni
Bononcini, la ópera italiana experimentó una expansión expresiva que
correspondía al virtuosismo de la nueva generación de brillantes cantantes-actores.
El siglo XVIII se vio engalanado con estrellas como los castrati Nicolini, Senesino
y Farinelli, pero también había grandes voces femeninas, excepto en Roma,
donde, aunque la ópera estaba ya permitida, los papeles femeninos eran
interpretados por hombres debido a la prohibición papal que impedía a las
mujeres actuar sobre un escenario. También el libreto tipo de ópera seria
italiana llegó en el siglo XVIII a un elevado nivel de calidad intelectual y
poética en la obra de Pietro Metastasio, que trabajaba en Italia y en la corte
imperial de Viena. Si bien se cultivaban, en cierta medida, algunos estilos
particulares en los diferentes centros de ópera, los compositores y solistas
más sobresalientes de ópera italiana se trasladaban por toda Europa.
En la música
instrumental la reputación de Arcangelo Corelli, que trabajaba en Roma como
violinista, director de orquesta y compositor, pronto se extendió por toda
Europa durante las últimas dos décadas del siglo XVII. Sus concerti grossi adquirieron
fama incluso antes de su publicación como Opus 6, un año antes de su muerte en
1713. Pronto se convirtieron en obras clásicas dentro del ámbito de un estilo
dulce en la música para cuerda. Pero sus estructuras de varios movimientos y
elegante estilo armónico resultaban algo anticuadas. El gusto imperante en el
siglo XVIII prefirió los más vivos conciertos en tres movimientos del joven Antonio
Vivaldi, el poco convencional cura pelirrojo y virtuoso del violín, cuya
carrera musical abarca una considerable cantidad de óperas y música religiosa,
así como de conciertos. A pesar de ello, las sonatas y conciertos de Corelli
marcaron un hito histórico importante en la evolución del estilo musical, con
su armonía dirigida a la cadencia y las progresiones del círculo de quintas. En
esas obras, el dominio de las tonalidades mayores y menores (el sistema
armónico conocido como tonalidad) reemplazó decididamente los modos y los
diversos sistemas armónicos modales que habían caracterizado la música
renacentista. Al mismo tiempo, los compositores del barroco tardío conservaron
las prácticas modales más antiguas para emplearlas, en ocasiones, como parte de
un repertorio de efectos en contraste con el sistema armónico mayor/menor
imperante. Finalmente, el barroco musical se extendió por muy diversos lugares
de la geografía europea, y así, por ejemplo, en la corte del elector de Sajonia
puede encontrarse un músico tan bien dotado como Jan Dismar Zelenka.
Antonio Soler,
discípulo de Scarlatti, fue el compositor español más importante del siglo
XVIII. Dentro de su obra sobresalen sus casi 80 sonatas para clave. También en
este periodo hay que mencionar al primer compositor de Cuba del cual se
conserva su música: Esteban Salas y Castro; asimismo destaca en Sudamérica el
venezolano José Antonio Caro de Boesi, autor de una misa llamada El esclavo
vendido, que constituye una de las partituras de mayor valor de la
música colonial. Surge también en este país el movimiento musical que ha sido
llamado ‘el milagro musical americano’.
El barroco tardío
también fue testigo de logros sustanciales en la música para teclado. La
tradición francesa de música para clavicordio, elegante y muy ornamentada,
culminó con las obras de François Couperin, cuyo primer libro de ordres
(suites) se publicó en 1713. Las suites de Couperin, tal como fueron
publicadas, eran obras de varios movimientos que mezclaban piezas de carácter
con géneros de la danza. Los compositores alemanes e ingleses produjeron suites
de estilo francés que solían estructurarse según cuatro tipos de danza: alemanda,
zarabanda, courante y giga. Durante el periodo del barroco floreció la
industria de la construcción de clavicordios, por lo que se produjeron
distintos tipos de instrumentos de gran calidad a manos de fabricantes
flamencos, holandeses, alemanes, franceses e italianos. El pianoforte fue
creación casi fortuita de Bartolomeo Cristofori uno de los fabricantes de
instrumentos de teclado más importantes de Italia en la década de 1680, pero no
tuvo entidad propia hasta un siglo más tarde. El clavicordio y el órgano eran
entonces los principales instrumentos de teclado. El clavicordio era
considerado tanto instrumento de cámara como de práctica, especialmente en
Alemania. En las manos de constructores como Schnitger y Father Smith en el norte
de Europa, y de Gottfried Silbermann en Sajonia, el órgano alcanzó su máximo
desarrollo en los periodos del barroco medio y tardío. Los distintos gustos
tonales, representados por estos fabricantes y por los constructores franceses
de órganos de la época, quedan reflejados en la música para órgano de
compositores como Dietrich Buxtehude, William Croft, Johann Pachelbel y Louis
Marchand. La forma sonata de movimiento único binario para clavicordio fue
desarrollada como el principal género para teclado por Domenico Scarlatti, hijo
de Alessandro, cuyos años de madurez transcurrieron al servicio de la corte
española.
Sin embargo, nuestra
percepción del barroco tardío está influida por otros dos compositores que
nacieron en 1685, el mismo año que Domenico Scarlatti: Johann Sebastian Bach y Georg
Friedrich Händel. Aunque ambos alcanzaron la fama entre sus contemporáneos como
intérpretes de teclado, su significado para nosotros es más amplio. Ambos
abarcaron prácticamente todos los géneros musicales significativos del periodo,
y sus músicas son el compendio de las tendencias estilísticas del barroco
tardío. En ambos casos trabajaron para conseguir una síntesis individual merced
a las vicisitudes propias de sus carreras y de sus personalidades creativas. En
cierto aspecto, cada uno de ellos representa un modelo diferente de músico
típico del barroco. Bach era el Kapellmeister alemán que trabajaba para la
corte o la ciudad, y Händel el compositor que se basaba en el teatro.
Profesionalmente fueron un cúmulo de excelencias: quizá no haya habido otra
época en la cual las figuras principales estuvieran más dotadas de talento,
competencia técnica y voluntad innovadora que en el periodo del barroco. Bach
fusionó en sus cantatas para iglesia y su música de la Pasión, el estilo vocal
italianizante con el enfoque alemán, serio y adusto. Sus suites para teclado
muestran una unión igual de efectiva con el estilo francés. A la vez que
trabajaba claramente dentro de la tradición del bajo continuo, la fascinación
de Bach por las posibilidades intelectuales y emocionales de la fuga y la
imitación, introdujeron una nueva dimensión en la música del periodo del
barroco tardío.
La música original de
Händel estaba orientada principalmente hacia la ópera italiana. Fue este género
el que le sacó de su Alemania natal, para llevarlo primero a Italia y luego a
Londres. Después de una importante carrera en esta última ciudad con óperas
italianas, época en la que produjo las obras más sorprendentes del género
durante el barroco tardío, elaboró un nuevo tipo de oratorio inglés para ser
representado en los teatros. Hasta cierto punto, esta innovación le fue
impuesta por el gusto musical de Londres, pero le dio la oportunidad de
combinar su buen hacer como escritor de arias, con el poderoso estilo de
escritura para coro que con anterioridad había utilizado en su música
religiosa. Como compositores en el sentido constructivo del término, Bach y
Händel son el modelo supremo del barroco tardío. Händel, y en menor medida
también Bach, desarrollaron sobre la base del material temático unas
estructuras de movimiento muy valiosas, lo que implicaba la posesión de cierta
cantidad de ideas musicales prestadas de otros o de sí mismos. Bach murió en
1750 y la carrera de Händel se truncó definitivamente cuando le sobrevino la
ceguera, después de haber finalizado su oratorio Jeptha en 1751. En la música
del último Händel se pueden encontrar las pistas de nuevos estilos melódicos y
armónicos que fructificarían en el posterior periodo del clasicismo.
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