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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Oceanos y oceanografia: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 4447 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Geografía > |
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Océanos y oceanografía
Océano es un cuerpo extenso de agua
salada que cubre unas tres cuartas partes de la superficie de la Tierra;
oceanografía es el estudio científico de los procesos físicos, químicos y
biológicos que mantienen su estructura y su movimiento. La ciencia marina
también se interesa por las fronteras del océano (la atmósfera encima y el
lecho marino debajo), así como por los litorales y el hielo.
Cuencas oceánicas
En el hemisferio sur
hay una zona circumpolar (el océano Glacial Antártico) que conecta los extremos
australes del océano Atlántico, con forma de S, del océano Pacífico, triangular
y extenso, y del océano Índico, de menor dimensión. Hay algunos otros mares
menores semicerrados; entre ellos son característicos el Ártico, el Báltico y
el Mediterráneo, que se unen a los grandes océanos y modifican sus propiedades.
La profundidad media
del océano es poco menor de 4.000 m. Cerca de tierra firme, el fondo
marino se suele encontrar a poca profundidad, menos de 200 m,
con pendientes suaves que pueden emerger formando bancos costeros o islas.
Estas regiones poco profundas se extienden de 100 a 200 km
desde la costa formando las plataformas continentales, regiones con importancia
económica para la pesca, la extracción de petróleo y de gas y el deshecho de
basuras. Mar adentro desde la plataforma continental, en el llamado talud
continental, el fondo marino desciende con rapidez unos 3.500 m
hasta la explanada continental, una zona de sedimentos con pendiente
decreciente que se extiende unos 600 km hasta las llanuras abisales
planas del fondo oceánico profundo.
Los ejes centrales de
las principales cuencas oceánicas están conectados por el sistema de dorsales,
cordilleras extensas de montañas con depresiones internas cruzadas por zonas de
fractura. Las dorsales oceánicas son fundamentales para la comprensión de la
evolución de las cuencas de los océanos, como explica la tectónica de placas.
Están asociadas con terremotos, con volcanes y con grietas hidrotermales que
transfieren desde el interior de la Tierra fluidos químicamente ricos que están
asociados con insólitos sistemas biológicos dependientes del sulfuro. Desde las
dorsales oceánicas, se despide roca fundida y se extiende internamente,
añadiendo nueva materia a las placas corticales rígidas de la Tierra. Las
placas se separan unos pocos centímetros cada año. En áreas donde las placas se
superponen, como en el borde del Pacífico, la corteza queda subducida y vuelve
al manto, formando fosas que pueden alcanzar profundidades de 7 km (véase
Fosa oceánica). La de mayor profundidad conocida es la fosa de las Marianas,
con unos 11 km, situada al este de Filipinas.
Es útil distinguir
entre las plataformas continentales poco profundas y el océano profundo, pero
no debe olvidarse que incluso las fosas mayores son pequeñas en comparación con
el diámetro de la Tierra: la razón entre la profundidad y la anchura es próxima
al uno por mil. El océano, como la atmósfera, es una capa fina de fluido
sostenido en la Tierra en rotación, debido a la fuerza de la gravedad.
Agua oceánica
El océano contiene el
97% del agua de la Tierra; en la atmósfera está el 0,001%. Los procesos que
intercambian y transforman el agua en vapor, en líquido o en sólido son
fundamentales para el clima y para la propia vida.
El agua es una de las
sustancias más comunes, pero tiene algunas propiedades físicas y químicas
inusuales. Es uno de los pocos líquidos naturales y puede encontrarse en las
tres fases: vapor de agua, agua líquida y hielo sólido. Tiene un calor
específico y un calor latente grandes, de modo que son necesarias grandes
cantidades de energía para elevar su temperatura, para fundir hielo o para
evaporar agua. Estas características controlan en gran medida la distribución
de temperatura en la Tierra, siendo los climas oceánicos más uniformes que los
continentales. Hay otras propiedades del agua —poder disolvente alto, constante
dieléctrica grande y tensión superficial grande, entre otras— que aseguran
reacciones esenciales para que la vida continúe su desarrollo. La mayoría de
estas propiedades no quedan muy afectadas por la presencia de las sales
disueltas que diferencian el agua salina del agua dulce, mucho menos abundante.
El agua del mar es una
disolución compleja que contiene todos los elementos estables; las técnicas analíticas
actuales han identificado cerca de la mitad de ellos, pero muchos están
presentes en concentraciones ínfimas —menos de una parte por millón. Los
constituyentes principales de un kilogramo típico de agua de mar son 965 g de
agua junto a 19,353 g de cloruro, 10,760 g de
sodio, 2,712 g de sulfato, 1,294 g de
magnesio y cantidades menores de calcio, potasio, bicarbonato, bromuro,
estroncio, boro y fluoruro. Se ha encontrado que muestras de agua de casi
cualquier parte de los océanos abiertos contienen estos constituyentes en
proporciones muy próximas, de tal forma que toda el agua del mar puede tratarse
como una mezcla uniforme diluida con cantidades variables de agua dulce. Debido
a esta constancia, casi absoluta, en la composición, la salinidad puede
estimarse con precisión midiendo la conductividad eléctrica de una muestra a
una temperatura conocida.
Las propiedades del
agua dulce dependen de la presión y de la temperatura; las del agua de mar se
ven afectadas también por la salinidad. La densidad del agua de mar, por
ejemplo, depende de la temperatura, la presión y la salinidad de forma
compleja: disminuye cuando la temperatura aumenta, pero crece con la salinidad
y la presión. La densidad es importante porque el océano tiende a moverse de
manera que el agua más densa esté en el fondo y el agua menos densa en la
superficie. Otra propiedad importante del agua de mar es su gran capacidad para
absorber la radiación electromagnética, en especial la del Sol. Incluso en las
aguas más claras casi toda la radiación solar incidente (el 99%) es absorbida
en los 100 m superiores del océano, donde puede ser utilizada en
la fotosíntesis para transformar carbono inorgánico y elementos nutrientes en
organismos biológicos como el plancton. A profundidades superiores el océano es
oscuro y sus propiedades sólo pueden cambiar al mezclarse.
Sin embargo, las ondas
sonoras pueden transmitirse a través del océano con pérdidas relativamente
pequeñas: una carga de profundidad hecha estallar en Perth, en el oeste de
Australia, puede detectarse en las Bermudas, en el Atlántico norte. Esto
permite que tanto el hombre como los animales marinos puedan usar sonidos para
comunicarse bajo el agua. Las profundidades oceánicas se miden por eco sonoro,
se calculan a partir del intervalo de tiempo que tarda un pulso de sonido en
llegar al fondo y volver. El sonar funciona de forma similar, pero el haz se
transmite con un ángulo respecto a la vertical, para detectar y representar submarinos,
bancos de peces o la forma y la textura del fondo marino.
Estructura
oceánica
El aspecto superficial
del océano se conoce hoy gracias a la observación espacial. Vivimos en el
llamado “planeta azul”. Desde el espacio se ve, sobre todo, el mar azul, las
nubes blancas y cantidades relativamente pequeñas de tierra. Podemos distinguir
el oleaje y, con el estudio cuidadoso de los litorales, el movimiento diario y
semidiario de todas las cuencas oceánicas, lo que constituye las mareas. Estas
observaciones visuales quedan confinadas a la superficie; otras propiedades
importantes requieren medidas realizadas desde barcos.
La distribución de la
temperatura superficial del mar es la propiedad que mejor se conoce, porque
puede medirse desde el espacio, así como con métodos sencillos que pueden ser
realizados en los barcos mercantes. En el océano abierto decrece desde valores
de 30 °C o más cerca del ecuador, hasta -2 °C
cerca del hielo de las altas latitudes. La salinidad es más difícil de
determinar y por tanto resulta menos conocida; es relativamente baja en latitudes
altas y tiene un máximo subtropical cerca de 25° latitud N y
de 25° latitud S, con un mínimo ecuatorial en medio. Esta
distribución está relacionada con las diferencias entre la evaporación y la precipitación;
la salinidad baja del ecuador deriva de las copiosas lluvias tropicales
(responsables de las junglas y de los bosques tropicales), y las medidas
máximas lo hacen de la lluvia escasa y de los anticiclones subtropicales (con
zonas de desiertos). Tanto la temperatura como la salinidad están distribuidas
de forma aproximadamente zonal, con contornos que van de Este a Oeste. Cerca de
las costas hay anomalías asociadas con las corrientes oceánicas y con un
fenómeno conocido como emergencia. Las regiones de emergencia se encuentran
cerca de las fronteras orientales de los océanos, donde los vientos que soplan
a lo largo de la costa pueden producir una corriente media superficial que se
aleja de la tierra. Agua más profunda (desde tal vez 500 m)
sube para reemplazar el déficit, haciendo descender la temperatura. Esta agua
suele ser rica en sales nutritivas; por tanto, estas zonas tienen una
producción geológica grande y son ricas en peces y en otras formas de vida
marina.
Las observaciones
submarinas son mucho menos numerosas, pero los científicos conocen bien las
distribuciones medias de temperatura, salinidad y oxígeno, y tienen información
más incompleta sobre los otros constituyentes. De lejos, lo que mejor se conoce
es la estructura de temperaturas. El rango es el mismo que el de la superficie
(de -2 °C a 30 °C, justo el rango de temperaturas
en las que los seres humanos podemos vivir), pero hay mucha más agua fría que
caliente: la temperatura media es de 3,5 °C. Toda el agua más caliente que 5 °C
está confinada a una capa poco profunda entre los 50° latitud N y
los 50° latitud S.
Aparte de los cambios
superficiales estacionarios o diarios, la estructura típica es la de una capa
de agua casi isoterma cerca de la superficie, separada por otra capa con
cambios bruscos de temperatura (la termoclina principal) de una última capa
gruesa que se extiende hasta el fondo marino. Al Norte y al Sur de la latitud
50° la temperatura varía poco con la profundidad. En las latitudes medias la
temperatura superficial crece y la profundidad de la termoclina principal es
máxima, aproximadamente de 1 km. A latitudes bajas, la
temperatura de superficie es alta y la termoclina asciende (unos 100 m)
con un cambio rápido de la temperatura con la profundidad. Esta estructura es
explicable parcialmente en términos de las propiedades físicas del agua de mar:
en general, cuanto más fría sea el agua, ésta será más pesada; así, es de
esperar que el agua más densa (fría) descenderá para llenar las cuencas más
profundas del océano. En regiones polares, durante el invierno el agua más fría
se encuentra en la superficie; después de que su calor se haya radiado en la
larga noche polar, desciende y enfría el océano profundo, incluso bajo los
trópicos y el ecuador. El cómo y el porqué exactos de estos procesos se sigue
investigando. La salinidad, como la temperatura, afecta a la densidad, en
especial en las bajas temperaturas polares. Las regiones principales de
descenso de las aguas parecen tener una extensión limitada, confinadas al mar
de Weddell, en el sector Atlántico del océano Antártico, y a los mares de
Groenlandia y Noruega en el océano Atlántico. La estructura salina del océano
es más compleja que la térmica. En general el agua más densa, con menor
temperatura, se encuentra en el fondo. La salinidad afecta menos a la densidad
y, por tanto, puede ser más variable con la profundidad. Los procesos que
afectan a la salinidad (la lluvia que diluye el agua y la evaporación que la
concentra) se producen en la superficie y forman masas de agua con
combinaciones particulares de salinidad y de temperatura. Cuando una de estas
masas abandona la superficie, su temperatura y salinidad sólo se alteran por la
mezcla con otras masas. La mayoría de estos procesos de mezcla tratan al calor
y a la sal de la misma manera; así, una masa de agua tiende a conservar su
propia relación característica entre temperatura y salinidad (T/S).
La temperatura y la
salinidad son los trazadores más importantes para indicar las regiones
originales de las masas de agua. Se llaman trazadores conservativos porque no
hay procesos, fuera de la superficie, que añadan o sustraigan calor o sal; así,
en las capas más profundas se conservan sus valores. Un diagrama T/S, mostrando
cómo varía la salinidad con la temperatura en una columna particular de agua,
proporciona una especie de huella que permite el seguimiento de las masas de
agua durante miles de kilómetros; sólo se modifican poco a poco por la mezcla
lenta con otras masas de agua. El proceso detallado que realiza la mezcla
presenta un problema central en la oceanografía física moderna.
Existen otros
trazadores que, aun sin ser conservativos, son valiosos porque proporcionan
indicaciones de tiempo. El agua en la superficie del mar suele estar saturada
(o incluso sobresaturada) con gases atmosféricos, entre ellos el oxígeno.
Cuando esta agua abandona la superficie y se desplaza, su concentración de
oxígeno disminuye porque es el sostén vital de las criaturas marinas y porque
participa en la descomposición de los detritos. Así, el contenido decreciente
de oxígeno es una indicación del tiempo transcurrido desde que el agua abandonó
la superficie. En algunas regiones donde el agua está estancada, todo el
oxígeno ha sido utilizado y, en su lugar, se encuentra sulfuro de hidrógeno. El
mar Negro es un ejemplo clásico: se dice que se llama así porque los sulfuros
oscurecen los objetos metálicos sumergidos.
Otros trazadores,
llamados trazadores transitorios, tienen distribuciones que cambian con el
tiempo, a veces por la influencia humana. Es el caso del tritio, isótopo más
pesado del hidrógeno; su concentración en el océano se debe casi por completo a
las desintegraciones radiactivas de las pruebas para armas nucleares ocurridas
desde la II Guerra Mundial. Su difusión en el océano ha
esclarecido algunos ritmos de circulación oceánica y la magnitud de las
mezclas. El tritio es radiactivo, se desintegra con una vida media de 1.245
años para formar un isótopo estable, el helio 3.
Medidas del tritio y del helio 3 en una misma muestra proporcionan
una estimación del tiempo transcurrido desde que el agua abandonó la
superficie. Tanto esta medida como su interpretación son complejas, pero están
produciendo bastantes pistas sobre la circulación oceánica profunda. Otros
trazadores creados por el hombre, como los freones, también suministran
resultados valiosos y se están haciendo estudios sobre la posibilidad de
inyectar trazadores, como el hexafluoruro de azufre, para investigar el
transporte y las mezclas.
Corrientes
oceánicas
Las corrientes
oceánicas cercanas a la superficie afectan a los barcos, y la mayoría de la
información sobre ellas proviene de los informes de los marinos sobre su deriva
con respecto al rumbo deseado. Pese a las diferentes formas que tienen los
océanos Atlántico, Índico y Pacífico, poseen estructuras de corrientes
superficiales similares, dominadas por una circulación (o giro) de amplitud
oceánica, siendo las corrientes mucho más fuertes en las estrechas regiones
cercanas a las fronteras occidentales. La corriente del Golfo en el Atlántico
norte y la de Kuro-Shivo en el Pacífico son las más conocidas; la corriente
correspondiente en el Océano Índico, la de Somalia, se complica por la
variación estacional del monzón. Cerca del ecuador en todos los océanos hay dos
corrientes con dirección Oeste; en los océanos Pacífico, Índico y en parte del
Atlántico, están separadas por una contracorriente ecuatorial con dirección
Este. En el océano Antártico no hay una barrera continental continua (aunque el
estrecho pasaje de Drake puede causar un efecto parecido) y la corriente
superficial principal fluye en círculo alrededor de la Tierra en la corriente
circumpolar antártica, con dirección Este. Los mapas publicados de las
corrientes oceánicas superficiales se basan en situaciones promedio: en un caso
particular, la corriente puede ser muy distinta, en especial en corrientes como
la del Golfo con meandros y vertientes anulares que se arremolinan de forma
complicada. Las grandes corrientes superficiales varían con el viento y el
tiempo atmosférico, pero pueden considerarse semipermanentes.
Hay algunas corrientes
subsuperficiales de carácter semipermanente. Quizá las más interesantes sean
las corrientes inferiores ecuatoriales encontradas en los océanos Atlántico y
Pacífico, y de modo esporádico en el Índico, que fluyen desde el Oeste a
velocidades superiores a un metro por segundo, a una profundidad de unos 100 m, en
el ecuador. Existen otras corrientes subsuperficiales semipermanentes donde se
forma agua densa en cuencas con umbral poco profundo: el agua densa supera este
umbral creando una corriente hacia la cuenca oceánica exterior. Son ejemplos
típicos el flujo de agua pesada desde el mar Mediterráneo hacia el océano
Atlántico en Gibraltar y desde el mar Rojo hacia el océano Índico en el
estrecho de Bab-al-Mandeb. El agua densa también fluye hacia el océano
Atlántico a través de varios umbrales en la dorsal que une Groenlandia,
Islandia y Escocia.
Aparte de esto,
nuestros conocimientos de las corrientes subsuperficiales son difíciles de
compendiar porque resultan muy variables. El agua fría originada en el extremo
norte del Atlántico o en el mar de Weddell ocupa todas las cuencas profundas
del océano; por lo tanto, debe de haber una corriente profunda dirigida hacia
el ecuador, pero el camino que toma no está bien establecido. Se piensa que en
el Atlántico norte hay una cavidad profunda vertical-meridional con agua que
fluye hacia el Sur con temperaturas bajas. No hay una fuente de agua profunda
en el océano Pacífico, y la circulación relativamente lenta tiene lugar, en
general, encima de los 800 m: el agua cálida fluye hacia el Norte en Kuro-Shivo
y vuelve en el Pacífico central y oriental a temperaturas menores. El océano
Índico tampoco tiene formaciones de agua profunda. Se ha observado algo de
flujo hacia el polo en forma de corrientes subsuperficiales en las fronteras
occidentales, como contracorrientes bajo la corriente del Golfo a profundidades
mayores de 2.000 m. En el resto del océano las corrientes promedio
quedan ocultadas por la variabilidad introducida por los remolinos oceánicos de
tamaño medio. Se parecen a depresiones y anticiclones meteorológicos, pero son
menores (por lo general, de unos 100 m) y tienen corrientes del orden de
10 cm por segundo. Estas circulaciones suelen durar unos 100 días y sus
corrientes variables asociadas ocultan las corrientes medias más pequeñas.
Aunque la velocidad media de las corrientes oceánicas profundas es pequeña,
éstas transportan grandes cantidades de calor y de agua dulce; por tanto, son
importantes para el mantenimiento del clima.
Interacción
aire-mar
Aparte de las mareas,
todos los movimientos atmosféricos y oceánicos están impulsados por el Sol. Hay
dos preguntas básicas: ¿Qué le ocurre a la radiación solar? ¿Y qué le ocurre al
agua? La mayoría de la energía solar llega a los trópicos, mientras que la
radiación de onda larga saliente está distribuida más uniformemente entre las
distintas latitudes. El exceso de calor en las latitudes bajas se transfiere
hacia los polos por movimientos en la atmósfera y en el océano. La atmósfera
puede considerarse como una máquina de calor gigante e ineficiente que absorbe
calor en el cinturón ecuatorial caliente, perdiéndolo más cerca de los polos.
En las latitudes bajas el aire asciende, formando cinturones ecuatoriales de lluvia,
viajando en dirección polar antes de descender en los anticiclones
subtropicales y volviendo al ecuador como vientos alisios. En latitudes mayores
a 30° latitud N y 30° latitud S los vientos suelen dirigirse hacia el Oeste,
pero se producen depresiones y anticiclones itinerantes que provocan
inestabilidades meteorológicas en las latitudes medias. Tanto el nicho
meridional de baja latitud como las perturbaciones de menor escala transfieren
calor desde los trópicos hacia los polos. También determinan la circulación
general en la atmósfera (los vientos del mundo).
Estos comportamientos
de los vientos son los que inducen las corrientes superficiales medias del
océano, impulsadas sobre todo por el viento. Las corrientes más profundas se
originan por diferencias de densidad. Así puede producirse la circulación
termoclina efectuada por el hundimiento del agua superficial fría y salina, y
por tanto densa, como para llegar y llenar los cuencas profundas del océano.
Los mecanismos no están claros y puede que las circulaciones impulsadas por el
viento y las impulsadas por diferencias de densidad interactúen. Se están
usando modelos informáticos del océano, y de la relación atmósfera-océano, para
estudiar los movimientos implicados. Es muy importante llegar a una comprensión
más profunda del clima para poder obtener fiabilidades mayores en las
predicciones meteorológicas y en la determinación de la escala y de la
intensidad de cualquier calentamiento global posible.
Un programa
internacional mayor, el Experimento de Circulación Oceánica Mundial (WOCE,
siglas en inglés), está en marcha y permitirá un gran incremento de los
conocimientos sobre la estructura y la circulación de los océanos. También hay
proyectos para el establecimiento de un Sistema de Observación del Clima Global
que incluirá un Sistema de Observación Oceánica Global (GOOS, siglas en
inglés). Este sistema está siendo diseñado para que suministre observaciones
oceánicas recogidas de forma regular durante décadas que permitan seguir los
cambios en la circulación oceánica.
Usos del océano
Los usos económicos del
océano dependen de cosas tan básicas como son su gran superficie y volumen,
junto a las propiedades físicas y químicas del agua marina. Su combinación de
densidad alta y viscosidad baja lo hacen apropiado para el desplazamiento de barcos;
su composición química compleja sustenta un entramado alimentario complicado
que empieza en la fotosíntesis e incluye a los peces que los seres humanos
encuentran sabrosos y nutritivos. Su opacidad a la radiación solar lo hace
oscuro, y esto, junto a su volumen enorme, alienta la ocultación en él de
cualquier cosa, desde deshechos hasta submarinos nucleares. Sus calores
específico y latente elevados lo convierten en regulador del clima terrestre y
de la existencia humana. El océano ha sido utilizado desde mucho antes de la
historia registrada: sin embargo, hoy hay mucha más gente con maquinaria,
herramientas y fuentes de energía más poderosas. Se requiere una comprensión
mejorada del océano si no se quiere sobreexplotar su capacidad.
El océano ha sido utilizado
tradicionalmente como sostén de los barcos, como fuente de alimento y como
vertedero; y crece su reconocimiento como componente vital en la regulación del
clima. Componentes químicos valiosos pueden ser extraídos del agua marina, y la
recuperación de minerales del mar, como hidrocarburos, es una industria
principal que extiende gradualmente sus operaciones a las aguas más profundas.
Por otra parte, la actividad militar, como la lucha antisubmarina, está en
declive con el fin de la Guerra fría; sus recursos de investigación y
desarrollo en el océano profundo están siendo transferidos en parte hacia las
aguas costeras. Los barcos de superficie están más relacionados con las olas
que con las corrientes; por tanto, se está haciendo un uso creciente de predicciones
de oleaje basadas en modelos informáticos que utilizan las velocidades de los
vientos dadas por las predicciones meteorológicas. Los resultados se comparan
con las observaciones hechas en los barcos y con las observaciones de altura de
las olas realizadas desde los altímetros de los satélites, que miden también
las velocidades de los vientos de superficie. Otros instrumentos, los medidores
de dispersión, miden tanto la velocidad del viento como su dirección. Las
predicciones de olas también son valiosas para los barcos pesqueros, así como
el sistema sonar para la localización de peces. La oceanografía pesquera, sin
embargo, es una disciplina muy complicada. La abundancia variable de bancos de
peces es difícil de predecir. Gestionar la industria para no exceder lo que se
piensa hoy que es el desarrollo sostenible, presenta problemas internacionales
complejos, tanto para establecer como para cumplir los tratados necesarios. Hay
pocas esperanzas de que la pesca suministre más de una pequeña fracción de las
necesidades mundiales de proteínas. El océano es tan grande que incita el
vertido de materia sobrante en su interior por parte de industrias y de
ciudades que quieren evitar el gasto adicional de los vertidos en tierra o del
procesado o reciclado de sus desechos. Todo el mundo conoce algún caso de contaminación
del agua marina, pero hay pocas estimaciones fiables sobre el material vertido
y sobre los lugares de vertido. Más de las tres cuartas partes de las
contaminaciones marinas provienen de fuentes situadas en tierra, y un tercio de
éstas tiene origen aéreo, que engloba algunos contaminantes de las emisiones de
los vehículos. Sólo un 12% proviene de las embarcaciones, como resultado de
descargas operativas, de accidentes o de basura (véase Contaminación por
crudos).
Ya hace muchos años que
el valor de la producción de petróleo y de gas en el mar supera el de las
capturas mundiales de pesca. Se siguen encontrando reservas muy cargadas,
aunque a profundidades cada vez mayores y en regiones con entornos mucho más
duros para la resistencia de las estructuras de extracción y para el
funcionamiento de las industrias de servicios de apoyo. La explotación de los
materiales del lecho oceánico se limita principalmente a la extracción de arena
y de grava desde profundidades relativamente pequeñas. Ha habido pocos
progresos en la extracción propuesta de metales de los nódulos de manganeso
encontrados en grandes cantidades en el fondo del océano profundo, de los
sedimentos ricos en metales que se sabe que existen en huecos de la grieta del
mar Rojo o de los asociados con las grietas hidrotermales de los océanos
Atlántico y Pacífico. Ciertos elementos químicos, como el bromo, siguen siendo
extraídos del agua del mar, y hay un interés creciente sobre los productos farmacéuticos
que se obtienen de la biota marina. El agua misma representa un recurso valioso
en la producción de agua dulce en muchos lugares del mundo donde la desalinización
o la ósmosis inversa son rentables, pese a que el calor latente elevado del
agua impone elevados costes energéticos.
Cada vez se reconoce
más que el océano actúa como un regulador del clima, pero, a pesar de la
expansión y de los progresos de la ciencia marina en este siglo, los
científicos tienen pocos conocimientos sobre las propiedades, las poblaciones y
los procesos del océano. Modelos informáticos avanzados de la relación
atmósfera-océano han sido desarrollados, pero requieren mejor y más completa
información de los procesos oceánicos. Hasta que no alcancen un estado más
avanzado no podremos esperar predicciones fiables de los cambios climáticos
provocados por el incremento de dióxido de carbono, de metano o de otros gases
con actividad radiactiva en la atmósfera.
Se espera que el océano
y la atmósfera permanezcan más o menos en su estado actual durante cientos de
millones de años. En unas pocas generaciones la población mundial excederá los
diez mil millones de personas, la mayoría en los países en vías de desarrollo;
entonces nuestra supervivencia dependerá de una mejor comprensión de la
interacción entre nuestros limitados recursos biológicos y físicos.
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