Sonido:
Fenómeno físico que estimula el sentido del oído. En los
seres humanos, esto ocurre siempre que una vibración con frecuencia comprendida
entre unos 15 y 20.000 hercios llega al oído interno. El hercio (Hz) es una
unidad de frecuencia que corresponde a un ciclo por segundo. Estas vibraciones
llegan al oído interno transmitidas a través del aire, y a veces se restringe
el término ‘sonido’ a la transmisión en este medio. Sin embargo, en la física
moderna se suele extender el término a vibraciones similares en medios líquidos
o sólidos. Los sonidos con frecuencias superiores a unos 20.000 Hz se
denominan ultrasonidos.
Este artículo se ocupa de este campo de la física en
líneas generales. Para lo relativo a la ciencia arquitectónica del diseño de
estancias y edificios con propiedades adecuadas de propagación y recepción del
sonido. Para lo relativo a la naturaleza del proceso fisiológico de la audición
de sonidos y la anatomía del mecanismo de audición en personas y animales. En
cuanto a las propiedades generales de la producción y propagación de ondas
vibracionales, entre ellas las ondas de sonido.
En general, las ondas pueden propagarse de forma
transversal o longitudinal. En ambos casos, sólo la energía y la cantidad de
movimiento del movimiento ondulatorio se propagan en el medio; ninguna parte
del propio medio se mueve físicamente a una gran distancia. Por ejemplo,
imaginemos que atamos firmemente una cuerda a un poste por un extremo, la
estiramos sin tensarla del todo y sacudimos el otro extremo. Una onda se
desplazará por la cuerda hacia el poste, donde se reflejará y volverá hacia la
mano. En realidad, ninguna parte de la cuerda se mueve longitudinalmente hacia
el poste, pero todas las partes de la cuerda se mueven transversalmente. Este
tipo de movimiento ondulatorio se denomina onda transversal. Del mismo modo, si
tiramos una piedra a un estanque, una serie de ondas transversales se propaga
desde el punto de impacto. Un corcho que flote cerca de dicho punto se moverá
hacia arriba y hacia abajo, es decir, de forma transversal a la dirección del
movimiento ondulatorio, pero apenas mostrará movimiento longitudinal. En
cambio, una onda de sonido es una onda longitudinal. A medida que la energía
del movimiento ondulatorio se propaga alejándose del centro de la perturbación,
las moléculas de aire individuales que transmiten el sonido se mueven hacia
delante y hacia atrás, de forma paralela a la dirección del movimiento
ondulatorio. Por tanto, una onda de sonido es una serie de compresiones y
enrarecimientos sucesivos del aire. Cada molécula individual transmite la
energía a las moléculas vecinas, pero una vez que pasa la onda de sonido, las
moléculas permanecen más o menos en la misma posición.
Características físicas.
Cualquier sonido sencillo, como una nota musical, puede
describirse en su totalidad especificando tres características de su
percepción: el tono, la intensidad y el timbre. Estas características
corresponden exactamente a tres características físicas: la frecuencia, la
amplitud y la composición armónica o forma de onda. El ruido es un sonido
complejo, una mezcla de diferentes frecuencias o notas sin relación armónica.

Ondas sonoras características
Cada
instrumento musical produce una vibración característica. Las vibraciones se
propagan por el aire formando ondas sonoras que al llegar al oído nos permiten
identificar el instrumento aunque no lo veamos. Los cuatro ejemplos que se
muestran representan formas de onda típicas de algunos instrumentos comunes. Un
diapasón genera un sonido puro, y vibra regularmente con una forma de onda
redondeada. Un violín genera un sonido claro y una forma de onda dentada. La
flauta genera un sonido suave y una forma de onda relativamente redondeada. El
diapasón, el violín y la flauta tocan la misma nota, por lo que la distancia
entre los máximos de la onda es la misma en todas las formas de onda. Un gong
no vibra de forma regular como los primeros tres instrumentos. Su forma de onda
es dentada y aleatoria, y por lo general no se puede reconocer la nota.
Frecuencia
Existen distintos métodos para producir sonido de una
frecuencia deseada. Por ejemplo, un sonido de 440 Hz puede crearse
alimentando un altavoz con un oscilador sintonizado a esa frecuencia. También
puede interrumpirse un chorro de aire mediante una rueda dentada con 44 dientes
que gire a 10 revoluciones por segundo; este método se emplea en las sirenas.
Los sonidos de un altavoz y una sirena de la misma frecuencia tendrán un timbre
muy diferente, pero su tono será el mismo, equivalente al la situado sobre el
do central en un piano. El siguiente la del piano, la nota situada una octava
por encima, tiene una frecuencia de 880 Hz. Las notas situadas una y dos
octavas por debajo tienen frecuencias de 220 y 110 Hz respectivamente. Por
definición, una octava es el intervalo entre dos notas cuyas frecuencias tienen
una relación de uno a dos.

Una ley fundamental de la armonía afirma que dos notas
separadas por una octava producen una combinación eufónica cuando suenan
simultáneamente. Cuando el intervalo es de una quinta o de una tercera mayor,
la combinación es progresivamente menos eufónica. En física, un intervalo de
una quinta implica que la relación de las frecuencias de ambas notas es de tres
a dos; en una tercera mayor, la relación es de cinco a cuatro. La ley de la
armonía afirma que dos o más notas producen un sonido eufónico al sonar de
forma simultánea si la relación entre sus frecuencias corresponde a números
enteros pequeños; si las frecuencias no presentan dichas relaciones, se produce
una disonancia. En un instrumento de tonos fijos, como un piano, no es posible
establecer las notas de forma que todas estas relaciones sean exactas, por lo
que al afinarlo es necesario un cierto compromiso de acuerdo con el sistema de
tonos medios o escala temperada.
Amplitud
La amplitud de una onda de sonido es el grado de
movimiento de las moléculas de aire en la onda, que corresponde a la intensidad
del enrarecimiento y compresión que la acompañan. Cuanto mayor es la amplitud
de la onda, más intensamente golpean las moléculas el tímpano y más fuerte es
el sonido percibido. La amplitud de una onda de sonido puede expresarse en
unidades absolutas midiendo la distancia de desplazamiento de las moléculas del
aire, o la diferencia de presiones entre la compresión y el enrarecimiento, o
la energía transportada. Por ejemplo, la voz normal presenta una potencia de
sonido de aproximadamente una cienmilésima de vatio. Sin embargo, todas esas
medidas son muy difíciles de realizar, y la intensidad de los sonidos suele
expresarse comparándolos con un sonido patrón; en ese caso, la intensidad se
expresa en decibelios.
Intensidad
La distancia a la que se puede oír un sonido depende de
su intensidad, que es el flujo medio de energía por unidad de área
perpendicular a la dirección de propagación. En el caso de ondas esféricas que
se propagan desde una fuente puntual, la intensidad es inversamente
proporcional al cuadrado de la distancia, suponiendo que no se produzca ninguna
pérdida de energía debido a la viscosidad, la conducción térmica u otros
efectos de absorción. Por ejemplo, en un medio perfectamente homogéneo, un
sonido será nueve veces más intenso a una distancia de 100 metros que a una
distancia de 300 metros. En la propagación real del sonido en la atmósfera, los
cambios de propiedades físicas del aire como la temperatura, presión o humedad
producen la amortiguación y dispersión de las ondas sonoras, por lo que
generalmente la ley del inverso del cuadrado no se puede aplicar a las medidas
directas de la intensidad del sonido.
Timbre
Si se toca el la situado sobre el do central en un
violín, un piano y un diapasón, con la misma intensidad en los tres casos, los
sonidos son idénticos en frecuencia y amplitud, pero muy diferentes en timbre.
De las tres fuentes, el diapasón es el que produce el tono más sencillo, que en
este caso está formado casi exclusivamente por vibraciones con frecuencias de
440 Hz. Debido a las propiedades acústicas del oído y las propiedades de
resonancia de su membrana vibrante, es dudoso que un tono puro llegue al
mecanismo interno del oído sin sufrir cambios. La componente principal de la
nota producida por el piano o el violín también tiene una frecuencia de
440 Hz. Sin embargo, esas notas también contienen componentes con
frecuencias que son múltiplos exactos de 440 Hz, los llamados tonos
secundarios, como 880, 1.320 o 1.760 Hz. Las intensidades concretas de
esas otras componentes, los llamados armónicos, determinan el timbre de la
nota.
Velocidad del sonido
La frecuencia de una onda de sonido es una medida del
número de vibraciones por segundo de un punto determinado. La distancia entre
dos compresiones o dos enrarecimientos sucesivos de la onda se denomina
longitud de onda. El producto de la longitud de onda y la frecuencia es igual a
la velocidad de propagación de la onda, que es la misma para sonidos de
cualquier frecuencia (cuando el sonido se propaga por el mismo medio a la misma
temperatura). Por ejemplo, la longitud de onda del la situado sobre el do central
es de unos 78,2 cm, y la del la situado por debajo del do central es de
unos 156,4 centímetros.
La velocidad de propagación del sonido en aire seco a
una temperatura de 0 °C es de 331,6 m/s. Al aumentar la temperatura
aumenta la velocidad del sonido; por ejemplo, a 20 °C, la velocidad es de
344 m/s. Los cambios de presión a densidad constante no tienen
prácticamente ningún efecto sobre la velocidad del sonido. En muchos otros
gases, la velocidad sólo depende de su densidad. Si las moléculas son pesadas,
se mueven con más dificultad, y el sonido avanza más despacio por el medio. Por
ejemplo, el sonido avanza ligeramente más deprisa en aire húmedo que en aire
seco, porque el primero contiene un número mayor de moléculas más ligeras. En
la mayoría de los gases, la velocidad del sonido también depende de otro
factor, el calor específico, que afecta a la propagación de las ondas de
sonido.
Generalmente, el sonido se mueve a mayor velocidad en
líquidos y sólidos que en gases. Tanto en los líquidos como en los sólidos, la
densidad tiene el mismo efecto que en los gases; la velocidad del sonido varía
de forma inversamente proporcional a la raíz cuadrada de la densidad. La
velocidad también varía de forma proporcional a la raíz cuadrada de la
elasticidad. Por ejemplo, la velocidad del sonido en agua es de unos
1.500 m/s a temperaturas ordinarias, pero aumenta mucho cuando sube la
temperatura. La velocidad del sonido en el cobre es de unos 3.500 m/s a
temperaturas normales y decrece a medida que aumenta la temperatura (debido a
la disminución de la elasticidad). En el acero, más elástico, el sonido se
desplaza a unos 5.000 m/s; su propagación es muy eficiente.
Refracción, reflexión e interferencias
El sonido avanza en línea recta cuando se desplaza en un
medio de densidad uniforme. Sin embargo, igual que la luz, el sonido está
sometido a la refracción, es decir, la desviación de las ondas de sonido de su
trayectoria original. En las regiones polares, por ejemplo, donde el aire
situado cerca del suelo es más frío que el de las capas más altas, una onda de
sonido ascendente que entra en la región más caliente, donde el sonido avanza a
más velocidad, se desvía hacia abajo por la refracción. La excelente recepción
del sonido a favor del viento y la mala recepción en contra del viento también
se deben a la refracción. La velocidad del aire suele ser mayor en las alturas
que cerca del suelo; una onda de sonido ascendente que avanza a favor del
viento se desvía hacia el suelo, mientras que una onda similar que se mueve en
contra del viento se desvía hacia arriba, por encima de la persona que escucha.
El sonido también se ve afectado por la reflexión, y
cumple la ley fundamental de que el ángulo de incidencia es igual al ángulo de
reflexión. Un eco es el resultado de la reflexión del sonido. El sonar se basa
en la reflexión de los sonidos propagados en agua. Una bocina es un tubo cónico
que forma un haz de ondas de sonido reflejando algunos de los rayos divergentes
en los lados del tubo. Un tubo similar puede recoger ondas de sonido si se
dirige el extremo ancho hacia la fuente de sonido.
El sonido también experimenta difracción e
interferencia. Si el sonido de una única fuente llega a un oyente por dos
trayectorias diferentes —por ejemplo, una directa y otra reflejada—, los dos
sonidos pueden reforzarse; sin embargo, si no están en fase pueden interferir
de forma que el sonido resultante sea menos intenso que el sonido directo sin
reflexión. Las trayectorias de interferencia son distintas para sonidos de
diferentes frecuencias, con lo que la interferencia produce distorsión en
sonidos complejos. Dos sonidos de distintas frecuencias pueden combinarse para
producir un tercer sonido cuya frecuencia es igual a la suma o diferencia de
las dos frecuencias originales.
Sensaciones de tono.
Si se practica una audimetría a una persona joven
normal, se comprueba que su oído es sensible a todos los sonidos entre 15-20
hercios y 15.000-20.000 hercios. El oído de las personas mayores es menos
agudo, sobre todo en las frecuencias más elevadas. El oído es especialmente
sensible en la gama que va desde el la situado por encima del do central hasta
el la que está cuatro octavas por encima; en esa zona, una persona puede
percibir un sonido cientos de veces más débil que una octava por encima o dos octavas
por debajo. El grado en que un oído sensible puede distinguir entre dos notas
puras que difieran ligeramente en intensidad o frecuencia varía en los
diferentes rangos de intensidad y frecuencia de los tonos. En sonidos de
intensidad moderada situados en el rango de frecuencia para el que el oído es
más sensible (entre 1.000 y 2.000 Hz aproximadamente), es posible
distinguir una diferencia de intensidad de un 20% (1 decibelio, o dB) y una
diferencia en frecuencia de un 0,33% (alrededor de una vigésima de nota). En
este mismo rango, la diferencia entre el sonido más tenue que puede oírse y el
sonido más fuerte que puede distinguirse como tal sonido (los sonidos más
fuertes se ‘sienten’, o perciben, como estímulos dolorosos) es de unos 120
decibelios: una diferencia de intensidad de aproximadamente un billón de veces.
Todas estas pruebas de sensibilidad se refieren a tonos
puros, como los producidos por un oscilador electrónico. Incluso para esos
tonos puros, el oído es imperfecto. Dos notas con frecuencia idéntica pero una
gran diferencia de intensidad pueden aparentar una ligera diferencia de tono.
Más importante resulta la diferencia en las intensidades relativas aparentes en
las distintas frecuencias. A intensidades altas, el oído es aproximadamente igual
de sensible a la mayoría de las frecuencias, pero a bajas intensidades el oído
es mucho más sensible a las frecuencias medias que a las extremas. Por tanto,
un equipo de reproducción de sonido que funciona perfectamente parecerá no
reproducir las notas más graves y agudas si se reduce mucho la intensidad.
Tres tipos de sonido importantes
En la voz, la música y el ruido, es raro escuchar un
tono puro. Una nota musical contiene, además de la frecuencia fundamental,
tonos más agudos que son armónicos de la misma. La voz contiene una mezcla
compleja de sonidos, de los que algunos (pero no todos) guardan una relación
armónica entre sí. El ruido está formado por una mezcla de muchas frecuencias
diferentes dentro de un determinado rango; por tanto, puede compararse con la
luz blanca, que se compone de una mezcla de luces de los distintos colores. Los
distintos ruidos se distinguen por sus diferentes distribuciones de energía en
los distintos rangos de frecuencias.
Cuando se transmite al oído un tono musical que contiene
determinados armónicos del tono fundamental, pero carece de otros armónicos o
del propio tono fundamental, el oído forma diferentes ‘batidos’ o pulsaciones
cuya frecuencia es la suma o la diferencia de los sonidos originales, con lo
que producen los armónicos que faltan o el tono fundamental que no figura en el
sonido original. Estas notas también son armónicos de la nota fundamental
original. Esta respuesta incorrecta del oído puede resultar útil. Por ejemplo,
un equipo reproductor de sonido sin un altavoz grande no puede producir sonidos
de tono más grave que el do situado dos octavas por debajo del do central; sin
embargo, el oído de una persona que escuche ese equipo puede proporcionar la
nota fundamental a partir de las frecuencias de batido de sus armónicos. Otra
imperfección del oído ante los sonidos ordinarios es la incapacidad de oír
notas de alta frecuencia cuando existen sonidos de baja frecuencia de
intensidad considerable. Este fenómeno se denomina enmascaramiento.
En general, para que se entienda el habla y se comprenda
satisfactoriamente un tema musical basta reproducir las frecuencias entre 250 y
3.000 Hz (el rango de frecuencias de un teléfono normal), aunque algunos
sonidos —como la zeta— requieren frecuencias de hasta 6.000 Hz. Sin
embargo, para que el efecto sea natural hay que reproducir el rango que va
aproximadamente de 100 a 10.000 Hz. Los sonidos generados por unos pocos
instrumentos musicales sólo pueden reproducirse con naturalidad con frecuencias
algo más bajas, y algunos ruidos necesitan frecuencias más altas.
En cuanto a la conversión de ondas de sonido en ondas
eléctricas y viceversa.
Perspectiva histórica.
Los pueblos antiguos efectuaron numerosas especulaciones
sobre los fenómenos elementales del sonido; sin embargo, con la excepción de
unas pocas suposiciones que resultaron ser ciertas, la ciencia del sonido no
empezó a desarrollarse hasta aproximadamente 1600 d.C. A partir de aquella
época, el conocimiento del sonido avanzó con más rapidez que el conocimiento de
los fenómenos luminosos correspondientes, ya que estos últimos son más
difíciles de observar y medir.
A los antiguos griegos no les preocupaba demasiado el
estudio científico del sonido, pero estaban muy interesados por la música, y
consideraban que representaba los “números aplicados”, frente a la aritmética,
que representaba los “números puros”. El filósofo Pitágoras descubrió que una
octava corresponde a una relación de frecuencias de dos a uno, y enunció la ley
que vincula la consonancia a las relaciones numéricas; posteriormente construyó
todo un edificio de especulaciones místicas en torno a esa ley. Aristóteles, en
unas breves observaciones sobre el sonido, realizó una suposición bastante
acertada sobre la naturaleza de su generación y transmisión. Sin embargo, no se
efectuaron estudios experimentales válidos hasta 1600, cuando Galileo llevó a
cabo un estudio científico del sonido y enunció muchas de sus leyes
fundamentales. Galileo determinó la relación entre tono y frecuencia, y unas
leyes musicales de armonía y disonancia que eran, en esencia, las que se han
descrito en este artículo. También explicó de forma teórica cómo la frecuencia
natural de vibración de una cuerda tensa, y por tanto la frecuencia de los
sonidos producidos por un instrumento de cuerda, depende de la longitud, peso y
tensión de la cuerda.
Los siglos XVII y XVIII
El matemático
francés Marin Mersenne realizó medidas cuantitativas en relación con el sonido
al hallar el tiempo de retorno de un eco y calcular un valor de la velocidad del
sonido que difería del valor real en menos del 10%. Mersenne también fue el
primero en medir de forma aproximada la frecuencia de una nota de tono
determinado. Midió la frecuencia de vibración de un cable largo y pesado cuyo
movimiento era tan lento que podía seguirse a simple vista; después, a partir
de consideraciones teóricas, calculó la frecuencia de un cable corto y ligero
que producía un sonido audible.
En 1660, el científico inglés de origen irlandés Robert
Boyle demostró que el sonido necesitaba un medio gaseoso, líquido o sólido para
su transmisión. Boyle colgó una campana de una cuerda en el vacío y mostró que,
aunque podía verse cómo el badajo golpeaba la campana, no se oía ningún sonido.
El matemático y físico británico Isaac Newton fue el primero
en realizar un tratamiento matemático del sonido en sus Principios matemáticos de la filosofía
natural (1687). Una vez demostrado que la propagación del sonido a
través de cualquier fluido sólo dependía de propiedades físicas medibles del
fluido, como la elasticidad o la densidad, Newton calculó a partir de
consideraciones teóricas la velocidad del sonido en el aire.
El siglo XVIII fue sobre todo un periodo de desarrollo
teórico. El cálculo supuso una potente herramienta nueva para científicos de
muchos campos. Los matemáticos franceses Jean le Rond Alembert y Joseph Louis
Lagrange y los matemáticos suizos Johann Bernoulli y Leonhard Euler
contribuyeron al conocimiento de cuestiones como el tono y el timbre del sonido
producido por un instrumento musical determinado, o la velocidad y naturaleza
de la transmisión del sonido en diferentes medios. Sin embargo, el tratamiento
matemático completo del sonido requiere el análisis armónico, desarrollado por
el matemático francés Jean Baptiste Joseph Fourier en 1822 y aplicado al sonido
por el físico alemán Georg Simon Ohm.
Las variaciones de sonido denominadas ‘batidos’, una
consecuencia de la naturaleza ondulatoria del sonido, fueron descubiertas en
torno a 1740 por el violinista italiano Giuseppe Tartini y el organista alemán
Georg Sorge. El físico alemán Ernst Chladni realizó numerosos descubrimientos
sobre el sonido a finales del siglo XVIII, sobre todo en relación con la
vibración de cuerdas y varillas.
Siglos XIX y XX
El siglo XIX supuso, sobre todo, una era de desarrollo
experimental. Las primeras medidas precisas de la velocidad del sonido en el
agua fueron llevadas a cabo en 1826 por el matemático francés Jacques Sturm, y
a lo largo del siglo se realizaron numerosos experimentos para determinar con
extremada precisión la velocidad de sonidos de diferentes frecuencias en
distintos medios. La ley fundamental que dice que la velocidad es la misma para
sonidos de cualquier frecuencia y depende de la densidad y elasticidad del
medio quedó establecida en dichos experimentos.
Durante el siglo XIX se emplearon en el estudio del
sonido aparatos como el estroboscopio, el fonendoscopio o la sirena. En este
siglo se dedicó también mucho interés al establecimiento de un patrón de tono.
La primera sugerencia de un patrón la realizó el físico francés Joseph Sauveur
alrededor de 1700. Sauveur propuso que el do equivaliera a 256 Hz, un
patrón cómodo desde el punto de vista matemático (al ser una potencia de dos).
El físico alemán Johann Heinrich Scheibler llevó a cabo la primera
determinación precisa de la frecuencia de un tono, y en 1834 propuso como
patrón que el la equivaliera a 440 Hz. En 1859, el gobierno francés
decretó que el patrón para el la fuera de 435 Hz, según las
investigaciones del físico francés Jules Antoine Lissajous. Este patrón se
aceptó en muchas regiones del mundo hasta bien entrado el siglo XX.
En el siglo XIX se inventaron el teléfono, el micrófono
y diversos tipos de gramófono, todos ellos muy útiles para el estudio del
sonido. En el siglo XX, los físicos dispusieron por primera vez de instrumentos
que hacían posible un estudio sencillo, preciso y cuantitativo del sonido.
Mediante osciladores electrónicos pueden producirse ondas electromagnéticas de
cualquier tipo y convertirlas en sonido mediante sistemas electromagnéticos o
piezoeléctricos. En sentido inverso, es posible convertir los sonidos en
corrientes eléctricas mediante un micrófono, amplificarlas electrónicamente sin
distorsión y analizarlas mediante un osciloscopio de rayos catódicos. Las técnicas
modernas permiten grabar y reproducir el sonido con una fidelidad
extremadamente elevada.
En la I Guerra Mundial, las necesidades militares
llevaron a emplear por primera vez el sonar para la detección de submarinos,
que hoy también se emplea para estudiar las corrientes y capas oceánicas y para
realizar mapas de los fondos marinos. En la actualidad, las ondas de sonido de
frecuencias muy elevadas (ultrasonidos) se emplean en numerosas aplicaciones
técnicas y médicas.
Audiometría:
Técnica
que se emplea para medir la audición. Los audiómetros, instrumentos para
efectuar dicha medición, son utilizados por especialistas del oído, nariz y
garganta, otorrinolaringólogos (ORL), técnicos auditivos que trabajan en
departamentos de ORL de hospitales y otros centros, médicos generales y todos
aquellos relacionados con las pruebas de audición y el diagnóstico selectivo de
la sordera, en especial en los niños. El audiómetro es un instrumento sencillo
que produce tonos puros de varias frecuencias determinadas que pueden ser
escuchados a través de auriculares. La persona que está siendo examinada se
suele encerrar en una cabina insonorizada que elimina los ruidos externos y
está provista de un interruptor. Cada oído se estudia de forma independiente.
Cada
vez se emite un tono con una intensidad suficiente como para ser escuchado con
facilidad y después se desciende el volumen de forma gradual. En el instante en
el que el tono deja de ser oído, la persona que está siendo examinada presiona
el botón. Esto indica a la máquina el nivel más bajo a partir del cual el
sujeto deja de escuchar un tono de dicha frecuencia. El operario puede variar
las frecuencias y el proceso se repite con cada una de ellas. Por lo general,
la sensibilidad se puede examinar a frecuencias de 125 Hz (hercios o
ciclos por segundo), 250 Hz, 500 Hz, 1.000 Hz, 2.000 Hz,
4.000 Hz, 8.000 Hz y 12.000 Hz. Otra forma alternativa a la
escucha a través de auriculares es el examen de la audición por conducción
ósea. En este caso, los auriculares se sustituyen por vibradores recubiertos de
goma que hacen presión contra el hueso por detrás de la zona inferior de la
oreja. Estos dispositivos producen vibraciones en un rango de frecuencias
similar.
El
audiómetro imprime automáticamente los resultados de la prueba en una ficha que
se conoce como audiograma. Éste presenta una escala para cada oído que muestra
las frecuencias a las cuales se ha efectuado la prueba e indica el nivel
inferior normal para cada una de ellas de forma independiente. La audición
nunca es uniforme en todas las frecuencias y suele variar mucho con cada una de
ellas. La sensibilidad se exhibe en decibelios por debajo de lo normal, que
viene representado por el 0, que es el valor normal en adultos jóvenes. La
escala desciende de 10 en 10 decibelios hasta los 100 decibelios —donde el
decibelio es la unidad comparativa de la intensidad del sonido—, un nivel
indicativo de sordera casi total.
Los
audiómetros se fabrican en una amplia gama de formas y tamaños, desde
instrumentos portátiles, casi de bolsillo, hasta grandes máquinas que requieren
su propia mesa o carrito. La tendencia es hacia la disminución del tamaño y la
mayor parte se pueden utilizar sobre una mesa. Todos están equipados con
botones u otros mecanismos para variar las frecuencias y las amplitudes y con
algún tipo de indicador que muestra su posición. También está dotado de un
dispositivo que imprime el audiograma, lo que se suele hacer en unas fichas
estándar. Esto proporciona un registro exacto y permanente de la prueba
realizada al paciente en un fecha determinada.
En su
interior, el audiómetro está formado por un oscilador de audio de frecuencia
variable transistorizado —que suele ser un dispositivo sencillo de
retroalimentación— capaz de producir una señal sinusoidal (casi una onda sinusoide).
La señal sinusoide es necesaria y como otras ondas presenta armonía a distintas
frecuencias.
Colegio Concepción Angol
ONDAS
SONORAS
Nombre: Cristian Bravo.
Curso: 2° medio
Fecha: 7 de Septiembre
INTRODUCCIÓN
En el siguiente trabajo hablaré acerca de que son las ondas sonoras y
que característica tienen, para explicar los temas el trabajo también tiene
dibujos que sirven para guiarse y de ejemplo.
Las ondas sonoras se hacen presente todos los días en la vida de una
persona que tiene la capacidad de escuchar, por lo tanto son muy importantes,
ya que de ella dependemos de muchas cosas.
CONCLUSIÓN
En trabajo realizado me di cuenta de las características que tienen las
ondas sonoras, por lo general uno no se da el tiempo de investigar, pero es
algo muy interesante.
Yo creo que las ondas son muy importantes en la vida porque sin ellas la comunicación entre las personas
sería mas lenta y deficiente.