La opinión pública (OP) es la opinión basada
en juicios compartidos por una parte considerable de la población, no
determinada de manera individual.
La
OP tiene que ver con una compleja red de intereses que tratan de construir
opinión, y presentarla como natural. El Estado y los poderes económico-sociales
son los principales factores de creación de opinión pública, pero también
cuentan la educación formal (la escuela) y los medios de comunicación. Conclusión:
la opinión pública como concepto comunicativo
Tema
más importante: conexión de la OP con los procesos de discusión, debate y toma
de decisiones colectiva. La OP sigue siendo fundamentalmente un concepto de la
comunicación.
La
base democrática del concepto de OP es discutible. Las decisiones que se apoyan
en la OP se hacen por medio de publicidad y comunicación, pero la comunicación
es, simplemente, una herramienta tanto para la persuasión como para la recogida
de información. “El debate público se refiere principalmente a un debate entre
actores de la política contendientes, que se retransmite por los
medios de comunicación para que las personas del público atento lo observen y
mediten (y, mucho menos frecuentemente, participen). EJEMPLO DE LA
RE-REELECCIÓN.
El
poder político del público atento se basa, “no tanto en lo que hace, sino en
las percepciones de los actores políticos de lo que podría hacer”.
El papel
desempeñado por los periodistas. Los medios de comunicación realizan
una función de vigilancia para sus audiencias (Lasswell, 1948). Esta es el
servicio más importante que se le atribuye a la prensa y que reclaman los
medios.
Los medios de comunicación permiten al
público atento seguir la huella a los actores políticos (vigilancia) y
organizar sus respuestas hacia ellos (correlación). El periodismo también
realiza estas dos funciones para las elites respecto al público activo.
El
periodismo permite a los actores y espectadores políticos interactuar. Los
medios de elite, además, promulgan sus propios puntos de vista a través de
análisis políticos partidistas y de apoyos editoriales a políticas y
candidatos.
Ya no hay política sin medios ni sondeos.
Complementariedad natural: la acción, para los políticos; la información, para
los medios; el conocimiento del estado de la opinión, para los sondeos. Estos
tres componentes de la política moderna no pueden existir sin los otros y son
contrapeso mutuo entre ellos. La política: en la democracia masiva es
inseparable de los medios y sondeos, únicos medios para asegurar cierta
“comunicación” entre los políticos y el electorado.
Memoria más nuevos proyectos, prejuicios,
hábitos, creencias y costumbres se conjugan en la imagen que de sí mismas y de
sus relaciones con otros grupos sociales construyen desde la ficción los
personajes de “Gente Bien”, comedia de Federico Mertens (estrenada en 1909).
Representación peculiar de la sociedad, ideas sobre el uso del lenguaje, lugar
de la autoridad científica. Opera la forma de concebir la realidad, bajo la
forma de imagen que un determinado grupo social construye de ella.
Caracterizar
el imaginario
En
una sociedad, hay 3 planos que se cruzan y son interdependientes: el de lo
real, lo simbólico y lo imaginario. Verón: la producción de la realidad social
es una “experiencia colectiva”, la sociedad “se produce a sí misma”. En la
producción de lo real se articulan las experiencias de lo simbólico y lo
imaginario.
Lacan: “la situación del sujeto está caracterizada esencialmente por su
lugar en el mundo simbólico”. Las representaciones colectivas manifiestan cómo se
piensa un grupo en sus relaciones con los objetos que los afectan y con otros
grupos sociales. Un modo imaginario de relacionarse con el mundo,
que tiene una función ordenadora.
“El
imaginario es el conjunto de imágenes, la representación hecha de memoria,
experiencias y proyectos y/o utopías de que se vale un grupo social para
explicar, organizar, ordenar el mundo social, situarse y actuar en él.
Es una construcción tanto conciente como inconciente”.
El
imaginario en la trama cotidiana de las sociedades
Los sistemas
simbólicos sobre los cuales se apoya y a través de los que trabaja la
imaginación social se construyen sobre las experiencias, deseos, aspiraciones e intereses
de los agentes sociales.
El
imaginario es una categoría con un fuerte sello tradicional, explicativa y no
meramente descriptiva, y actúa en las formas en que un grupo social construye
el sentido en un determinado momento.
A
través de él, se produce una representación totalizante de la sociedad como un
“orden”, según el cual cada elemento tiene su lugar, identidad y razón de ser.
Imaginario y
control social
Es
una pieza efectiva del dispositivo de control de la vida colectiva y del
ejercicio del poder. El impacto de los imaginarios sobre las mentalidades
depende de su difusión, los circuitos y medios de que dispone para ella.
Dos
momentos de ruptura importante: el pasaje de la cultura oral a la
alfabetización y la implantación durable de los medios de comunicación de
masas.
Los
medios construyen y emiten las representaciones globales de la vida social, de
sus agentes, instancias y autoridades, los mitos políticos, los modelos
formadores de mentalidades y comportamientos, las imágenes de los “líderes”,
etc.
Baczko: “en y por la propaganda moderna, la información estimula la
imaginación social y los imaginarios estimulan la información, y todos juntos,
estos fenómenos se contaminan unos con otros en una amalgama extremadamente
activa a través de la cual se ejerce el poder simbólico” (1991: 32). El EPP de
Francia dejó de ser estructurado por un principio argumentativo. Los sondeos
legitiman el poder político de la Prensa.
No
puede decirse que los institutos de encuestas “representen” a la OP. Pretenden
fotografiarla en determinado momento, pero no expresarla. Los periodistas, en
cambio, parecen buscar una interacción cada vez más intensa con el público.
El
poder que adquirió la comunicación política quizás esté ligado a la creciente
dificultad del Estado en exhortar a los ciudadanos.
Parece que la “voz del interés general” pasará cada vez menos por los
representantes nacionales del Soberano, y más por instancias supranacionales.
El
público y el cuerpo electoral no equivalen a opinión pública. En la tradición
democrática la OP es una figura temporaria e imperfecta del cuerpo electoral.
La
OP no se reduce a los sondeos, suponiendo que ésta exista, ya no pasaría por la
representación.
Hay
una profunda transformación en la comunicación política, pero también en la
organización democrática de nuestras sociedades.