INDICE
INTRODUCCIÓN.. 3
La óptica.. 3
CONCEPTOS FUNDAMENTALES. 3
NATURALEZA
DE LA LUZ.. 4
El modelo corpuscular de Newton. 4
El modelo ondulatorio de Huygens. 4
La luz como onda electromagnética. 4
Los fotones de Einstein. 4
La luz ¿onda o corpúsculo?. 4
COMPOSICIÓN DE LA LUZ.. 4
EL «EXPERIMENTUM CRUCIS» DE NEWTON.. 4
PROPAGACIÓN de la luz.. 4
LA PRIMERA DETERMINACIÓN EXPERIMENTAL DE LA
VELOCIDAD DE LA LUZ. 4
ÓPTICA
GEOMÉTRICA.. 4
Reflexión y refracción.. 4
La reflexión de la luz.. 4
La Velocidad y el índice de
refracción.. 4
refracción de la luz.. 4
Las leyes de la refracción. 4
APLICACIÓN DE LA LEY DE SNELL. 4
Prismas. 4
ÁNGULO LÍMITE Y REFLEXIÓN TOTAL. 4
Superficies esféricas y asféricas. 4
OBJETOS E IMÁGENES. 4
Espejos. 4
Láminas y prismas. 4
APLICACIÓN DE LA LEY DE SNELL A LÁMINAS
PLANO-PARALEAS. 4
Lentes. 4
Aberración.. 4
ÓPTICA
FÍSICA.. 4
Polarización de la luz.. 4
Interferencia y difracción.. 4
EL EXPERIMENTO DE YOUNG.. 4
Emisión estimulada.. 4
Bibliografía.. 4
La óptica se ocupa del estudio de
la luz, de sus características y de sus manifestaciones. La reflexión y la
refracción por un lado, y las interferencias y la difracción por otro, son
algunos, de los fenómenos ópticos fundamentales. Los primeros pueden estudiarse
siguiendo la marcha de los rayos luminosos. Los segundos se interpretan
recurriendo a la descripción en forma de onda. El conocimiento de las leyes de
la óptica permite comprender cómo y por qué se forman esas imágenes, que
constituyen para el hombre la representación más valiosa de su mundo exterior.
«Una casa o un árbol proyectando
sombra en un día soleado, un espejo o la superficie de un estanque devolviendo
nuestra propia imagen, la apariencia quebrada de una varilla parcialmente
sumergida en el agua, la ilusión de presencia de agua sobre el asfalto
recalentado, el arco iris cruzando el cielo después de una tormenta, son parte
de las incontables experiencias visuales que responden a tres simples leyes
empíricas» (B. Rossi).
La óptica, o estudio de la luz,
constituye un ejemplo de ciencia milenaria. Ya Arquímedes en el siglo III antes
de Cristo era capaz de utilizar con fines bélicos los conocimientos entonces
disponibles sobre la marcha de los rayos luminosos a través de espejos y
lentes. Sin planteamientos muy elaborados sobre cuál fuera su naturaleza, los
antiguos aprendieron, primero, a observar la luz para conocer su comportamiento
y, posteriormente, a utilizarla con diversos propósitos. Es a partir del siglo
XVII con el surgimiento de la ciencia moderna, cuando el problema de la
naturaleza de la luz cobra una importancia singular como objeto del
conocimiento científico.
Estamos tan familiarizados con la
luz que normalmente no somos conscientes de que se trata de un fenómeno físico
singular. De su estudio se ocupa la óptica (de la raíz griega optós, visible), que constituye una de
las ramas de la física más fértiles en ideas que han revolucionado nuestra
visión de la naturaleza y es asimismo una disciplina científica que ha tenido,
y tiene, aplicaciones prácticas de enorme trascendencia: piénsese, por ejemplo,
que la astronomía no pudo empezar a desarrollarse realmente como ciencia hasta
la invención del telescopio, y lo mismo cabe decir de la biología en relación
al microscopio. La óptica se divide en dos ramas: óptica geométrica y óptica
física. La primera se ocupa del estudio de todos aquellos fenómenos ópticos que
pueden tratarse sin necesidad de un modelo sobre la naturaleza de la luz,
mientras que la óptica física se ocupa precisamente de la naturaleza de la luz
y de los fenómenos que se explican haciendo referencia a ella.
En resumen la óptica es la
rama de la física que se ocupa de la propagación y el comportamiento de la luz.
En un sentido amplio, la luz es la zona del espectro de radiación
electromagnética que se extiende desde los rayos X hasta las microondas, e
incluye la energía radiante que produce la sensación de visión. El estudio de
la óptica se divide en dos ramas, la óptica geométrica y la óptica física,
aunque recientemente se considera una tercera llamada óptica cuántica.
La luz es un agente físico capaz de impresionar nuestra retina
haciendo posible la visión. Con respecto a la luz, los cuerpos pueden ser luminosos (fuentes o focos), si
emiten luz propia, o iluminados, si
se ven gracias a la luz que reciben.
Se denomina oscuridad a la total ausencia de sensación luminosa.
Fuente puntual es una fuente luminosa cuyas dimensiones pueden
considerarse nulas con respecto a la distancia a los cuerpos que ilumina.
El color es una característica psicofísica de la luz que se basa en
diversas características físicas, en particular en la longitud de onda. En
general, y si no se dice otra cosa, nos referiremos a la luz blanca, que es la que produce la misma sensación de color que
la luz solar cenital media.
En cuanto a su capacidad para
dejar pasar la luz, los cuerpos pueden ser opacos,
si, colocados entre una fuente luminosa y el observador, no permiten recibir
ninguna sensación luminosa, y transparentes,
si dejan pasar la luz a su través. A su vez, los cuerpos transparentes pueden
ser diáfanos, si permiten ver los objetos
situados detrás de ellos (por ejemplo, el vidrio de la ventana), y translúcidos o semitransparentes, si a través de ellos puede reconocerse la luz,
pero no la forma de los objetos (por ejemplo, las vidrieras).
La naturaleza de la luz ha sido
objeto de la atención de filósofos y científicos desde tiempos remotos. Ya en
la antigua Grecia se conocían y se manejaban fenómenos y características de la
luz tales como la reflexión, la refracción y el carácter rectilíneo de su
propagación, entre otros. No es de extrañar entonces que la pregunta ¿qué es la
luz? se planteara como una exigencia de un conocimiento más profundo. Los
griegos primero y los árabes después sostuvieron que la luz es una emanación
del ojo que se proyecta sobre el objeto, se refleja en él y produce la visión.
El ojo sería, pues, el emisor y a la vez el receptor de los rayos luminosos.
A partir de esa primera
explicación conocida, el desarrollo histórico de las ideas sobre la naturaleza
de la luz constituye un ejemplo de cómo evolucionan las teorías y los modelos
científicos a medida que, por una parte, se consolida el concepto de ciencia y,
por otra, se obtienen nuevos datos experimentales que ponen a prueba las ideas
disponibles.
Isaac Newton (1642-1727) se
interesó vivamente en los fenómenos asociados a la luz y los colores. A
mediados del siglo XVII, propuso una teoría o modelo acerca de lo que es la
luz, cuya aceptación se extendería durante un largo periodo de tiempo. Afirmaba
que el comportamiento de la luz en la reflexión y en la refracción podría
explicarse con sencillez suponiendo que aquélla consistía en una corriente de
partículas que emergen, no del ojo, sino de la fuente luminosa y se dirigen al
objeto a gran velocidad describiendo trayectorias rectilíneas. Empleando sus
propias palabras, la luz podría considerarse como «multitudes de inimaginables
pequeños y velocísimos corpúsculos de varios tamaños».
Al igual que cualquier modelo
científico, el propuesto por Newton debería resistir la prueba de los hechos
experimentales entonces conocidos, de modo que éstos pudieran ser interpretados
de acuerdo con el modelo. Así, explicó la reflexión luminosa asimilándola a los
fenómenos de rebote que se producen cuando partículas elásticas chocan contra
una pared rígida. En efecto, las leyes de la reflexión luminosa resultaban ser
las mismas que las de este tipo de colisiones.
Con el auxilio de algunas
suposiciones un tanto artificiales, consiguió explicar también los fenómenos de
la refracción, afirmando que cerca de la superficie de separación de dos medios
transparentes distintos, los corpúsculos luminosos sufren unas fuerzas
atractivas de corto alcance que provocan un cambio en la dirección de su
propagación y en su velocidad. Aunque con mayores dificultades que las habidas
para explicar la reflexión, logró deducir las leyes de la refracción utilizando
el modelo corpuscular.
El físico holandés Christian
Huygens (16291695) dedicó sus esfuerzos a elaborar una teoría ondulatorio
acerca de la naturaleza de la luz que con el tiempo vendría a ser la gran rival
de la teoría corpuscular de su contemporáneo Newton.
Era un hecho comúnmente aceptado
en el mundo científico de entonces, la existencia del «éter cósmico» o medio
sutil y elástico que llenaba el espacio vacío. En aquella época se conocían
también un buen número de fenómenos característicos de las ondas.
En todos los casos, para que
fuera posible su propagación debía existir un medio material que hiciera de
soporte de las mismas. Así, el aire era el soporte de las ondas sonoras y el
agua el de las ondas producidas en la superficie de un lago.
Huygens supuso que todo objeto
luminoso produce perturbaciones en el éter, al igual que un silbato en el aire
o una piedra en el agua, las cuales dan lugar a ondulaciones regulares que se
propagan a su través en todas las direcciones del espacio en forma de ondas
esféricas. Además, según Huygens, cuando un punto del éter es afectado por una
onda se convierte, al vibrar, en nueva fuente de ondas.
Estas ideas básicas que definen
su modelo ondulatorio para la luz le permitieron explicar tanto la propagación
rectilínea como los fenómenos de la reflexión y la refracción, que eran, por
otra parte, comunes a los diferentes tipos de ondas entonces conocidas. A pesar
de la mayor sencillez y el carácter menos artificioso de sus suposiciones, el
modelo de Huygens fue ampliamente rechazado por los científicos de su época.
La enorme influencia y prestigio
científico adquirido por Newton se aliaron con la falta de un lenguaje
matemático adecuado, en contra de la teoría de Huygens para la luz.
El físico inglés Thomas Young
(1772-1829) publicó en 1881 un trabajo titulado «Esbozos de experimentos e
investigaciones respecto de la luz y el sonido». Utilizando como analogía las
ondas en la superficie del agua, descubrió el fenómeno de interferencias
luminosas, según el cual cuando dos ondas procedentes de una misma fuente se
superponen en una pantalla, aparecen sobre ella zonas de máxima luz y zonas de
oscuridad en forma alternada.
El hecho de que, en diferentes
zonas, luz más luz pudiese dar oscuridad, fue explicado por Young en base a la
teoría ondulatorio, suponiendo que en ellas la cresta de una onda coincidía con
el valle de la otra, por lo que se producía una mutua destrucción.
Aunque las ideas de Young tampoco
fueron aceptadas de inmediato, el respaldo matemático efectuado por Agustín
Fresnel (1788-1827) catorce años después, consiguió poner fuera de toda duda la
validez de las ideas de Young sobre tales fenómenos, ideas que se apoyaban en
el modelo ondulatorio propuesto por Huygens.
El modelo corpuscular era incapaz
de explicar las interferencias luminosas. Tampoco podía explicar los fenómenos
de difracción en los cuales la luz parece ser capaz de bordear los obstáculos o
doblar las esquinas como lo demuestra la existencia de una zona intermedia de
penumbra entre las zonas extremas de luz y sombra. Las ideas de Huygens
prevalecían, al fin, sobre las de Newton tras una pugna que había durado cerca
de dos siglos.
El físico escocés James Clark
Maxwell en 1865 situó en la cúspide las primitivas ideas de Huygens, aclarando
en qué consistían las ondas luminosas. Al desarrollar su teoría
electromagnética demostró matemáticamente la existencia de campos
electromagnéticos que, a modo de ondas, podían propasarse tanto por el espacio
vacío como por el interior de algunas sustancias materiales.
Maxwell identificó las ondas
luminosas con sus teóricas ondas electromagnéticas, prediciendo que éstas
deberían comportarse de forma semejante a como lo hacían aquéllas. La
comprobación experimental de tales predicciones vino en 1888 de la mano del
físico alemán Henrich Hertz, al lograr situar en el espacio campos
electromagnéticos viajeros, que fueron los predecesores inmediatos de las
actuales ondas de radio. De esta manera se abría la era de las
telecomunicaciones y se hacía buena la teoría de Maxwell de los campos
electromagnéticos.
La diferencia entre las ondas de
radio (no visibles) y las luminosas tan sólo radicaba en su longitud de onda,
desplazándose ambas a la velocidad de la luz, es decir, a 300 000 km/s.
Posteriormente una gran variedad de ondas electromagnéticas de diferentes
longitudes de onda fueron descubiertas, producidas y manejadas, con lo que la
naturaleza ondulatorio de la luz quedaba perfectamente encuadrada en un marco
más general y parecía definitiva. Sin embargo, algunos hechos experimentales
nuevos mostrarían, más adelante, la insuficiencia del modelo ondulatorio para
describir plenamente el comportamiento de la luz.
Max Planck (1858-1947), al
estudiar los fenómenos de emisión y absorción de radiación electromagnética por
parte de la materia, forzado por los resultados de los experimentos, admitió
que los intercambios de energía que se producen entre materia y radiación no se
llevaba a cabo de forma continua, sino discreta, es decir, como a saltos o
paquetes de energía, lo que Planck denominó cuantos
de energía.
Esta era una idea radicalmente
nueva que Planck intentó conciliar con las ideas imperantes, admitiendo que, si
bien los procesos de emisión de luz por las fuentes o los de absorción por los
objetos se verificaba de forma discontinua, la radiación en sí era una onda
continua que se propagaba como tal por el espacio.
Así las cosas, Albert Einstein
(1879-1955) detuvo su atención sobre un fenómeno entonces conocido como efecto
fotoeléctrico. Dicho efecto consiste en que algunos metales como el cesio, por
ejemplo, emiten electrones cuando son iluminados por un haz de luz.
El análisis de Einstein reveló
que ese fenómeno no podía ser explicado desde el modelo ondulatorio, y tomando
como base la idea de discontinuidad planteada con anterioridad por Plank, fue
más allá afirmando que no sólo la emisión y la absorción de la radiación se
verifica de forma discontinua, sino que la propia radiación es discontinua.
Estas ideas supusieron, de hecho,
la reformulación de un modelo corpuscular. Según el modelo de Einstein la luz
estaría formada por una sucesión de cuantos elementales que a modo de paquetes
de energía chocarían contra la superficie del metal, arrancando de sus átomos
los electrones más externos. Estos nuevos corpúsculos energéticos recibieron el
nombre de fotones (fotos en griego
significa luz).
La interpretación efectuada por
Einstein del efecto fotoeléctrico fue indiscutible, pero también lo era la
teoría de Maxwell de las ondas electromagnéticas.
Ambas habían sido el producto
final de la evolución de dos modelos científicos para la luz, en un intento de
ajustarlos con más fidelidad a los resultados de los experimentos. Ambos
explican la realidad, a pesar de lo cual parecen incompatibles.
Sin embargo, cuando se analiza la
situación resultante prescindiendo de la idea de que un modelo deba prevalecer
necesariamente sobre el otro, se advierte que de los múltiples fenómenos en los
que la luz se manifiesta, unos, como las interferencias o la difracción, pueden
ser descritos únicamente admitiendo el carácter ondulatorio de la luz, en tanto
que otros, como el efecto fotoeléctrico, se acoplan sólo a una imagen
corpuscular. No obstante, entre ambos se obtiene una idea más completa de la
naturaleza de la luz. Se dice por ello que son complementarios.
Las controversias y los antagonismos
entre las ideas de Newton y Huygens han dejado paso, al cabo de los siglos, a
la síntesis de la física actual. La luz es, por tanto, onda, pero también
corpúsculo, manifestándose de uno u otro modo en función de la naturaleza del
experimento o del fenómeno mediante el cual se la pretende caracterizar o
describir.
La energía radiante tiene una
naturaleza dual, y obedece leyes que pueden explicarse a partir de una
corriente de partículas o paquetes de energía, los llamados fotones, o a partir
de un tren de ondas transversales. El concepto de fotón se emplea para explicar
las interacciones de la luz con la materia que producen un cambio en la forma
de energía, como ocurre con el efecto fotoeléctrico o la luminiscencia. El
concepto de onda suele emplearse para explicar la propagación de la luz y
algunos de los fenómenos de formación de imágenes. En las ondas de luz, como en
todas las ondas electromagnéticas, existen campos eléctricos y magnéticos en
cada punto del espacio, que fluctúan con rapidez. Como estos campos tienen,
además de una magnitud, una dirección determinada, son cantidades vectoriales.
Los campos eléctrico y magnético son perpendiculares entre sí y también
perpendiculares a la dirección de propagación de la onda. La onda luminosa más
sencilla es una onda sinusoidal pura, llamada así porque una gráfica de la
intensidad del campo eléctrico o magnético trazada en cualquier momento a lo
largo de la dirección de propagación sería la gráfica de una función seno. El
número de oscilaciones o vibraciones por segundo en un punto de la onda
luminosa se conoce como frecuencia. La longitud de onda es la distancia a lo
largo de la dirección de propagación entre dos puntos con la misma ‘fase’, es
decir, puntos que ocupan posiciones equivalentes en la onda. Por ejemplo, la
longitud de onda es igual a la distancia que va de un máximo de la onda
sinusoidal a otro, o de un mínimo a otro. En el espectro visible, las
diferencias en longitud de onda se manifiestan como diferencias de color. El
rango visible va desde 350 nanómetros (violeta) hasta 750 nanómetros (rojo),
aproximadamente (un nanómetro, nm, es una milmillonésima de metro). La luz
blanca es una mezcla de todas las longitudes de onda visibles. No existen
límites definidos entre las diferentes longitudes de onda, pero puede
considerarse que la radiación ultravioleta va desde los 350 nm hasta los 10 nm.
Los rayos infrarrojos, que incluyen la energía calorífica radiante, abarcan las
longitudes de onda situadas aproximadamente entre 750 nm y 1 mm. La velocidad
de una onda electromagnética es el producto de su frecuencia y su longitud de
onda. En el vacío, la velocidad es la misma para todas las longitudes de onda.
La velocidad de la luz en las sustancias materiales es menor que en el vacío, y
varía para las distintas longitudes de onda; este efecto se denomina dispersión.
La relación entre la velocidad de la luz en el vacío y la velocidad de una
longitud de onda determinada en una sustancia se conoce como índice de
refracción de la sustancia para dicha longitud de onda. El índice de refracción
del aire es 1,00029 y apenas varía con la longitud de onda. En la mayoría de
las aplicaciones resulta suficientemente preciso considerar que es igual a 1.
La luz es una forma de energía y
aunque esta no es visible, no existe ninguna dificultad para determinar su
presencia. El sol irradia continuamente luz en todas direcciones; una pequeña
porción de ella cae sobre la tierra y la ilumina. Aunque estamos continuamente
sometidos a la radiación luminosa, no sentimos impacto por que no se trata de
una cosa material. Lo que podemos
sentir, en cambio, es el calor del sol, por que su luz es convertida en energía
calorífica, que el cuerpo detecta; por ejemplo podemos sentir calor proveniente
de una lámpara eléctrica.
Algunas sustancias como el aire y
el vidrio, son transparentes a la luz, por lo cual permiten el paso de esta a
través de ellas. Cuando la luz atraviesa el vidrio se propaga algo mas
lentamente que en el aire.
Cuando la luz atraviesa una lamina de vidrio se desvía al entrar en él y
vuelve a desviarse al salir. Ambas desviaciones se compensan mutuamente por que
ambas caras del vidrio son paralelas. Como la dirección es la misma al entrar
que al salir, los objetos vistos a través del vidrio no parecen distorsionados;
si las superficies fueran curvas, la dirección del rayo de luz al salir seria
distinta que al entrar. Esta propiedad
es la que utilizan las lentes para desviar los rayos luminosos del modo deseado.
Los objetos opacos brillantes
reflejan los rayos luminosos. El aluminio y la plata bruñidos son muy buenos
reflectores. Los espejos poseen en la parte de atrás una fina capa de plata con
una capa de pintura roja que la cubre pa0ra evitar que por fricción n se desprenda. Al mirar un espejo,
la luz que llega a nuestros ojos proviene de su superficie y da la impresión de
que la imagen se encuentra en algún punto por detrás del espejo. Un espejo
plano da una imagen del mismo tamaño que el objeto. En el calidoscopio la luz
reflejada en los trozos de papel de colores es reflejada nuevamente en los dos
espejos que lo forman, y con cada reflexión se produce una nueva imagen. La
serie de imágenes se nos aparecen en forma de un hermoso dibujo.
El ojo que sigue la dirección de
los rayos provenientes del espejo, podrá comprobar que para la mayoría de las
posiciones del objeto la imagen aparece ya sea aumentado o disminuida de
tamaño. Puede también aparecer invertida.
Aunque para el ojo la luz parece
ser incolora, en realidad se compone de varios colores (rojo, anaranjado,
amarillo, verde, azul, índigo y violeta).
Unidos, estos colores dan luz
incolora (a menudo denominada luz blanca). Isaac Newton fue el primero en
demostrar que esto era así haciendo pasar un haz de luz blanca a través de un
prisma. La luz emergente estaba dividida en sus colores componentes y al
intercalar una pantalla en su camino sobre ella aparecía un arco iris. Esta
banda luminosa era la imagen de la fuente luminosa, con una imagen por cada
color de luz componente. Estas imágenes constituyen el espectro de luz
incidente. El espectroscopio es un instrumento que emplea un prisma para
obtener el espectro. Cuando un elemento químico se encuentra a una temperatura
suficientemente alta, emite luz. La luz de un elemento en particular dará siempre el mismo espectro. Por eso el
espectroscopio se emplea en análisis químicos y también para analizar la luz
proveniente de las estrellas y determinar los elementos que la componen.
El vidrio puede fabricarse en
varios colores. El vidrio rojo es el que permite únicamente el paso a la luz
roja, absorbe la luz de los otros colores. El vidrio azul, en cambio absorber
las luces de todos los colores menos el azul.
Un objeto azul opaco se
ve azul porque absorbe la luz roja, anaranjada, amarilla, verde, índigo y violeta
que caen sobre él y refleja solamente la luz a la que es la luz que ve el ojo.
Si el objeto refleja todas las luces, se ve blanco, si no refleja ninguna se ve
negro
Si sobre un objeto rojo incide
solamente luz roja, esta luz será reflejada y el objeto sé vera roja. Pero un
objeto verde absolverá toda la luz roja que caiga sobre él. Nada se reflejara,
por lo cual el objeto parecerá de color negro.
El ojo puede detectar la luz
porque posee una parte sensible a la luz, la retina. Los rayos luminosos que
llegan al ojo son concentrados por la cornea y el cristalino, de modo que
forman una imagen sobre la retina. Esta imagen es transmitida en forma de
impulsos nerviosos por el nervio óptico hasta el cerebro que la traduce en un
cuadro.
El reflector blanco ilumina el
blanco vestido de la bailarina en el escenario, los espectadores lo ven blanco,
pero si el reflector cambia a verde, rojo, azul, o cualquier otro color, el
vestido aparentemente cambiara su color, tomando el de los reflectores que lo
ilumina.
El vestido blanco de la bailarina
se ve blanco por que refleja hacia los ojos de los espectadores la luz blanca
del reflector. Pero un objeto blanco parece blanco solamente por que refleja
todos los colores que caen sobre él. Cuando el reflector cambia al rojo, solo
cae sobre la luz roja y por ende solo puede reflejar la luz roja. El vestido
reflejara luz verde y parecerá verde, luz azul y sé vera azul. Para que el
vestido adquiera cualquier color no es necesario, sin embargo, poseer luces de
muchos colores. En realidad, cualquier efecto de color puede obtenerse
mezclando los rayos de tres
reflectores: Rojos, azules, y verde, son estos los colores primarios de la luz.
Mezclando los haces luminosos en las proporciones adecuadas, puede obtenerse
cualquier color visible. Un reflector verde y otro rojo de igual intensidad
sobre el vestido blanco lo harán parecer, sorprendentemente, amarillo.
Agréguese un reflector azul y el vestido volverá a ser blanco.
La luz blanca del sol o del
reflector es en sí una mezcla de diferentes colores.
"Él triángulo" de
colores es un método conveniente para recordar los resultados de mezclar cruces
de diferentes colores. La combinación de colores primarios contiguos da el
color intermedio. Los colores opuestos en él triangulo se denominan
complementarios. Su propiedad fundamental es que al combinarse dan nuevamente
luz blanca.
Así como con tres colores
primarios se podrían obtener todos los demás colores. Hay tres pigmentos
(sustancias colorantes, pinturas) que al ser mezclados producen un pigmento
capas de reflejar luz de cualquier color. Los tres pigmentos primarios no son
los mismos que los tres colores primarios de luz. Son el amarillo, él púrpura
(magenta) y el azul verdoso, los colores secundarios de la luz. Cada pigmento
primario absorbe uno de los colores primarios de la luz y refleja los otros
dos.
El amarillo es uno de los
pigmentos primarios. Un vestido amarillo bajo la luz blanca (igual a una,
mezcla de luces con rojo, verde y azul), refleja los dos colores de luz que
compone la luz amarillo-rojo y verde. Absorbe todo el azul, color
complementario del amarillo. Un vestido azul verdoso refleja azul y verde y
absorbe todo el rojo.
De modo que si se mezclan
pigmentos amarillo y azul verdoso en igual porción, el pigmento resultante
absorberá todas las luces menos la verde, que será reflejada. Por eso la
pintura amarilla mezclada con pintura azul verdosa da pintura verde.
El color de cualquier pigmento es
el resultado de sustraer de luz blanca todos los colores que absorben los pigmentos
constituyentes, y reflejar solamente los colores comunes a todos los
constituyentes. Puede eliminarse toda luz reflejada mezclando pigmentos púrpura
y verde. Él púrpura solo reflejara rojo
y azul, y el verde solo reflejara verde. No hay colores comunes a ambos
pigmentos que puedan ser reflejados y el objeto se ve negro. Los colores deben,
sin embargo, sé mezclados en las proporciones correctas. Si hay más verde que
púrpura, algo de luz verde no podrá ser absorbida por él púrpura y el pigmento
resultante será verde oscuro. Los pigmentos complementarios son rojos y azules
verdoso, verde y púrpura, azul y amarillo. Pero a diferencia de mezcla de luces
de colores, la suma de dos pigmentos complementarios da negro. Colores
complementarios de luz, al ser mezclados en las proporciones correctas, dan
blanco porque el rayo resultante contiene todos los constituyentes de la luz
blanca. Los pigmentos complementarios dan negro al ser mezclados porque constituyen una sustancia que absorbe
todos los colores constituyentes de la luz blanca. El pigmento ha sustraído de la luz blanca todos los colores que
pudieron ser absorbidos, no dejando nada para reflejar.
Newton había encontrado ya que la
luz blanca es una luz compuesta, pero deseaba demostrar de una forma
indiscutible que los colores que emergían del prisma no eran modificaciones de
la luz blanca, como sugerían sus adversarios científicos. Para conseguirlo ideó
un «experimentum crucis» o experimento crucial que consistía, en esencia, en
someter a cada uno de los colores obtenidos por la acción de un primer prisma,
a un segundo prisma, y comprobar por una parte que no podía descomponerse más y
por otra su diferente comportamiento en cuanto al grado de desviación sufrida
por efecto del prisma. Newton resume sus resultados en los siguientes términos:
«En primer lugar descubrí que los rayos que son más refractados que otros de la
misma incidencia exhiben colores púrpuras y violetas, mientras que aquellos que
exhiben el rojo son menos retractados, y los azules, verdes y amarillos poseen
refracciones intermedias... En segundo y a la inversa, descubrí que rayos de
igual incidencia son gradualmente más y más refractados según su disposición a
exhibir colores en este orden: rojo, amarillo, verde, azul y violeta con todos
sus colores intermedios».
A diferencia del sonido, la luz
se propaga en el vacío, es decir, no necesita de un soporte material para su
propagación. En un medio isótropo, la luz se propaga en línea recta. Esto es
algo que puede observarse fácilmente, por ejemplo, en el polvillo del aire de
una habitación en la que no existe ni