El Origen
del Universo
Se trata de un acontecimiento postulado por la teoría
cosmológica generalmente aceptada. Los astrónomos están convencidos en su gran
mayoría de que el Universo surgió en un instante definido, entre 12.000 y
20.000 millones de años antes del momento actual. Los primeros indicios de este
hecho provinieron del descubrimiento por parte del astrónomo estadounidense Edwin
Hubble, en la década de 1920, de que el Universo se está expandiendo y los
cúmulos de galaxias se alejan entre sí. La teoría de la relatividad general
propuesta por Albert Einstein también predice esta expansión. Si los
componentes del Universo se están separando, esto significa que en el pasado
estaban más cerca, y retrocediendo lo suficiente en el tiempo se llega a la
conclusión de que todo salió de un único punto matemático (lo que se denomina
una singularidad), en una bola de fuego conocida como Gran Explosión o Big Bang.
El descubrimiento en la década de 1960 de la radiación de fondo cósmica,
interpretada como un ‘eco’ del Big Bang, fue considerado una confirmación
de esta idea y una prueba de que el Universo tuvo un origen.
No hay que imaginarse el Big Bang como la explosión
de un trozo de materia situado en el vacío. En el Big Bang no sólo estaban
concentradas la materia y la energía, sino también el espacio y el tiempo, por
lo que no había ningún lugar ‘fuera’ de la bola de fuego primigenia, ni ningún
momento ‘antes’ del Big Bang. Es el propio espacio lo que se
expande a medida que el Universo envejece, alejando los objetos materiales unos
de otros.
Inflación
La teoría inflacionaria, teoría estándar del origen del
Universo, implica un proceso denominado inflación, y se basa en una combinación
de las ideas cosmológicas con la teoría cuántica y la física de las partículas
elementales. Si tomamos como tiempo cero el momento en que todo surgió a partir
de una singularidad, la inflación explica cómo una ‘semilla’ extremadamente
densa y caliente que contenía toda la masa y energía del Universo, pero de un
tamaño mucho menor que un protón, salió despedida hacia afuera en una expansión
que ha continuado en los miles de millones de años transcurridos desde
entonces. Según la teoría inflacionaria, este empuje inicial fue debido a
procesos en los que una sola fuerza unificada de la naturaleza se dividió en
las cuatro fuerzas fundamentales que existen hoy: la gravitación, el
electromagnetismo y las interacciones nucleares fuerte y débil. Esta breve
descarga de antigravedad surgió como una predicción natural de los intentos de
crear una teoría que combinara las cuatro fuerzas.
La fuerza inflacionaria sólo actuó durante una minúscula
fracción de segundo, pero en ese tiempo duplicó el tamaño del Universo 100
veces o más, haciendo que una bola de energía unas 1020
veces más pequeña que un protón se convirtiera en una zona de 10 cm de
extensión (aproximadamente como una naranja grande) en sólo 15 × 10-33
segundos. El empuje hacia afuera fue tan violento que, aunque la gravedad está
frenando las galaxias desde entonces, la expansión del Universo continúa en la
actualidad.
Aunque siguen debatiéndose los detalles del
funcionamiento de la inflación, los cosmólogos creen entender todo lo que ha
ocurrido con posterioridad, desde que el Universo tenía una diezmilésima de
segundo de antigüedad, cuando la temperatura era de un billón de grados y la
densidad era en todas partes la que existe actualmente en el núcleo de un
átomo. En esas condiciones, las partículas materiales como electrones o
protones eran intercambiables con energía en forma de fotones (radiación). Los
fotones perdían energía, o desaparecían por completo, y la energía perdida se
convertía en partículas. Al contrario, las partículas desaparecían y su energía
reaparecía como fotones, según la ecuación de Einstein E = mc2.
Aunque estas condiciones son extremas en comparación con nuestra experiencia
cotidiana, corresponden a energías y densidades estudiadas rutinariamente en
los actuales aceleradores de partículas: por eso los teóricos están convencidos
de entender lo que ocurría cuando todo el Universo se hallaba en ese estado.
A medida que el Universo se iba enfriando,
los fotones y las partículas materiales ya no tenían suficiente energía para
ser intercambiables, y el Universo, aunque seguía expandiéndose y enfriándose,
empezó a estabilizarse en un estado en el que el número de partículas
permanecía constante (materia estable bañada en el calor de la radiación). Una
centésima de segundo después del ‘principio’, la temperatura había caído hasta
los 100.000 millones de grados, y los protones y neutrones se habían
estabilizado. Al principio había el mismo número de protones que de neutrones,
pero durante un tiempo las interacciones entre estas partículas y los
electrones de alta energía convirtieron más neutrones en protones que protones
en neutrones. Una décima de segundo después del principio, ya sólo había 38
neutrones por cada 62 protones, y la temperatura había bajado a 30.000 millones
de grados. Algo más de un segundo después del nacimiento del Universo sólo
había 24 neutrones por cada 76 protones, la temperatura había descendido hasta
10.000 millones de grados, y la densidad de todo el Universo ‘sólo’ era 380.000
veces superior a la del agua.
Para entonces, el ritmo de los cambios estaba
decelerando. Fueron necesarios casi 14 segundos desde el principio para que el
Universo se enfriara hasta los 3.000 millones de grados, momento en que las
condiciones fueron lo suficientemente suaves para permitir los procesos de
fusión que se producen en una bomba de hidrógenoo en el corazón del Sol. En esa
fase, los protones y neutrones individuales empezaron a permanecer unidos al
colisionar, formando un núcleo de deuterio (hidrógeno pesado) antes de
separarse por efecto de nuevas colisiones. Algo más de tres minutos después del
principio, el Universo era unas 70 veces más caliente que el centro del Sol en
la actualidad. Se había enfriado hasta sólo 1.000 millones de grados. Para
entonces sólo había 14 neutrones por cada 86 protones, pero llegados a ese
punto los núcleos de deuterio no sólo podían formarse sino también sobrevivir
como núcleos estables a pesar de las colisiones. Esto hizo posible que algunos
neutrones de la bola de fuego del Big Bang sobrevivieran hasta el momento
actual.
Formación
de núcleos y átomos
Desde ese momento hasta aproximadamente cuatro minutos
después del principio tuvieron lugar una serie de reacciones nucleares que
convirtieron algunos de los protones (núcleos de hidrógeno) y núcleos de
deuterio en núcleos de helio (cada uno con dos protones y dos neutrones), junto
con trazas de otros núcleos ligeros, en un proceso conocido como nucleosíntesis.
Sólo algo menos del 25% del material nuclear terminó en forma de helio, y el
resto (salvo una fracción de un 1%) en forma de hidrógeno. No obstante, la
temperatura aún era demasiado alta para que estos núcleos pudieran capturar
electrones y formar átomos estables.
Algo más de 30 minutos después del principio, la
temperatura del Universo era de 300 millones de grados, y la densidad había
disminuido espectacularmente hasta ser sólo un 10% de la del agua. Los núcleos
de hidrógeno y helio, con carga positiva, coexistían con electrones libres (de
carga negativa); debido a su carga eléctrica, tanto los núcleos como los
electrones seguían interaccionando con los fotones. La materia se encontraba en
un estado denominado plasma, similar al estado de la materia que existe en la
actualidad en el interior del Sol.
Esta actividad prosiguió durante unos 300.000 años,
hasta que el Universo en expansión se enfrió hasta la temperatura que existe
hoy en la superficie del Sol, unos 6.000 ºC. Esa temperatura era
suficientemente fría para que los núcleos empezaran a capturar electrones y
formar átomos. Durante los 500.000 años siguientes, todos los electrones y
núcleos se unieron de este modo para formar átomos de hidrógeno y helio. Como
los átomos son en su conjunto eléctricamente neutros, dejaron de interaccionar
con la radiación. El Universo se hizo transparente por primera vez, al poder
pasar los fotones de radiación electromagnética junto a los átomos de materia
sin ser perturbados. Es esta radiación, enfriada ya hasta unos -270 ºC (3 K),
la que detectan los radiotelescopios como microondas de la radiación de fondo.
Esta radiación no ha interaccionado con la materia desde unos cientos de miles
de años después del principio, y todavía lleva la huella (en forma de ligeras
diferencias en la temperatura de radiación, según las distintas direcciones del
cielo) de la distribución de la materia en aquel tiempo. Las estrellas y
galaxias no pudieron empezar a formarse hasta aproximadamente un millón de años
después del principio, una vez que la materia y la radiación se ‘desacoplaran’
según se ha descrito.
Materia
oscura
Hay otro componente del Universo, además de la materia
nuclear y la radiación, que surgió del Big Bang y desempeñó un importante papel
en la formación de galaxias. Al igual que las teorías de la gran unificación
predicen la inflación, que es lo que los cosmólogos necesitan para que el
Universo ‘arranque’, estas teorías también predicen la existencia de otras
formas de materia, que resultan ser precisamente lo que necesitan los
cosmólogos para explicar la existencia de estructura en el Universo. Los
astrónomos saben desde hace décadas que hay mucha más materia en el Universo de
la que podemos ver. La existencia de esta materia se manifiesta a través de la
atracción gravitatoria que ejerce sobre las galaxias y cúmulos de galaxias
visibles, lo que afecta a la forma en que se mueven. Al menos hay 10 veces más
materia oscura en el Universo que materia luminosa, y puede que haya hasta 100
veces más. No es posible que toda esta materia se halle en la forma de la
materia que conocemos (a veces llamada materia bariónica), porque en ese caso
no funcionaría el modelo del Big Bang resumido aquí. En particular, la
cantidad de helio producida en el Big Bang no coincidiría con la cantidad
observada en las estrellas más antiguas, que se formaron poco después.
Las teorías de la gran unificación predicen que en la
primera fracción de segundo de la existencia del Universo también debería
haberse producido a partir de la energía una gran cantidad de materia de otro
tipo (llamada materia oscura). Esta materia tendría la forma de partículas que
no participan en interacciones electromagnéticas ni en ninguna de las dos
interacciones nucleares, y sólo se ven afectadas por la cuarta fuerza
fundamental, la gravedad. Estas partículas se conocen como WIMP, acrónimo
inglés de ‘partículas masivas de interacción débil’.
La única forma en que las WIMP afectan al tipo de
materia de la que estamos formados (materia bariónica) es a través de la
gravedad. La consecuencia más importante de ello es que, cuando el Universo
surgió del Big
Bang y la materia ordinaria y la radiación se desacoplaron, las
irregularidades en la distribución de las WIMP en el espacio crearon enormes
‘baches’ gravitatorios que frenaron el movimiento de las partículas de materia
bariónica. Esto habría posibilitado la formación de estrellas, galaxias y
cúmulos de galaxias, y explicaría la distribución actual de los cúmulos de
galaxias en el Universo, en una estructura esponjosa formada por hojas y
filamentos arrollados alrededor de ‘burbujas’ oscuras carentes de galaxias.
La
convergencia de la física y la cosmología
Aunque quedan por averiguar muchos detalles —en
particular, la forma exacta en que se forman las galaxias—, este modelo
estándar de las primeras etapas evolutivas del Universo descansa sobre bases
sólidas. Las teorías de la gran unificación predicen tanto la inflación como la
presencia de materia oscura, sin las cuales la cosmología tendría graves
problemas. Sin embargo, estas teorías fueron desarrolladas de forma aislada de
la cosmología, sin pensar que sus resultados podían aplicarse al Universo en su
conjunto. Las medidas de la actual radiación de fondo revelan la temperatura
que existía en el Universo en la fase de nucleosíntesis, y llevan a la predicción
de que el 25% de la materia de las estrellas antiguas debería encontrarse en
forma de helio, lo que coincide con las observaciones. Además, la estructura
detallada de ondulaciones en la radiación de fondo, detectada por el satélite COBE,
revela la influencia de materia oscura que actuó gravitatoriamente sobre la
materia luminosa algunos cientos de miles de años después del principio y formó
el tipo de estructuras a gran escala que corresponde a la distribución actual a
gran escala de las galaxias. La coincidencia entre los hallazgos de la física
de partículas (el mundo de lo extremadamente pequeño) obtenidos en experimentos
terrestres y la estructura del Universo en expansión (el mundo de lo
extremadamente grande) deducida de las observaciones astronómicas es lo que
convence a los cosmólogos de que, si bien quedan detalles por resolver, la idea
general del origen del Universo es esencialmente correcta.