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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Orígenes del teatro: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3519 | Votar! | 2 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Antes de comenzar, se debe poner en
claro el concepto de teatro a cuyos orígenes nos referiremos. Básicamente se
puede hablar de teatro de dos formas bien definidas, con historias muy
distintas.
La primera, la más organizada y de
estudio sistemático, es la que distingue teatro cuando:
A)
Hay una obra escrita
B)
Ésta es representada por actores.
C)
Se representa en un medio formado por todos o algunos de estos elementos:
auditorio, escenario, decorado, vestuario e iluminación.
Éste es el teatro
"formal", en términos de Sófocles, Shakespeare y Miller; es un organismo muy complejo. Es "El teatro".
Pero además de esta consideración, está la que
reconoce y diferencia "El teatro" de "Teatro". Teatro es
todo acto de imitación, ya sea los niños jugando a la familia, como los
aborígenes australianos bailando la danza de la canoa o cuando los navajos
realizan las ceremonias de su "Canto a la montaña".
Este
concepto nos hace retroceder hasta el hombre paleolítico disfrazado de ciervo,
y más atrás aún, a sus antepasados franceses, quienes en paredes de cuevas
trazaron imágenes de mamuts y rinocerontes para atraer así los rebaños. Esta clase
de teatro, es tan simple y primitiva que se podría pensar que ni siquiera es teatro.
Si se mira al teatro como la clase
de organismo que ha sido desde los días de Esquilo, entonces se verá que su
historia es, por contraste, bastante simple. Tendría uno que enterarse bastante
sobre cómo la literatura dramática se desplazó de la poesía a la prosa, de lo
convencional a lo romántico, y de lo realista a una forma más libre. Se tendría
uno que enterar de como los actores y la interpretación siguieron eso cambios,
cooperando y estimulándolos al mismo tiempo. Finalmente, se enteraría de cómo
el escenario tomó diversas formas, y cómo los artífices del arte escénico
algunas veces diminuyeron la obra y a sus
intérpretes, y cómo otras veces abrieron caminos para la expresión del
autor. Sin embargo, este tipo de teatro tiene una historia relativamente simple
que transcurre a lo largo de "sólo" veinticinco siglos.
Pero el teatro como simple arte de
imitación, va mucho más allá de Esquilo. Habría que remontarse a las raíces
del teatro ático, a cómo el hombre hizo
esa mezcla de teatro y magia, y la
llevó a cabo en el antiguo Egipto y cómo la lleva a cabo hoy en Nuevo México.
Lo que el hombre primitivo haya hecho, como teatro, en cualquier lugar y en
cualquier momento puede resultar simple comparado con nuestras actividades
teatrales desde el siglo VI a. de C., pero esta historia es larga y sinuosa.
Es significativo que cuando
Aristóteles intentó explicar , en su Poética,
la naturaleza y excelencia del drama griego, mechara sus cuatro
primeros capítulos con la palabra "imitación". La usó de muchas maneras y con muchos propósitos,
que en su mayoría no vienen al caso; pero en dos proposiciones sentó las bases
para la comprensión de los comienzos del teatro:
"... el imitar es connatural
para los hombres desde la infancia (...) y la
otra causa es el hecho de que todos gozan con la imitación."
(Traducción
de Eilhard Schelsinger)
Muchos psicólogos afirman que el
hombre tiene la aptitud para la
imitación. Es ésta una aptitud muy fuerte, una aptitud tal que, bajo ciertas
condiciones puede darle un placer
peculiar. A lo largo de miles de generaciones los padres han aprovechado
esa aptitud para educar a sus hijos.
Sin la ayuda de esta capacidad imitativa los padres tendrían mayores
dificultades para enseñar a los niños a caminar, a evitar el dolor y las
lesiones, a asegurarse una proporción razonable de bienestar, a disfrutar el placer y a alcanzar la felicidad, o sea, a
llevar una buena vida. En realidad, sin
la aptitud para la imitación, ni un padre de cada mil podría enseñar a su hijo
la más básica de las habilidades vitales - como caminar -, de modo que sólo la imitación puede hacer posibles
siquiera los rudimentos de una educación.
Aún cuando el hombre tenga
simplemente una aptitud para la imitación, el uso exitoso de esa aptitud,
estimulado por las recompensas, lo prepara para practicar la imitación y
disfrutar de ella. Puede gustarle imitar las cosas, y puede gustarle imitar el
comportamiento de los otros seres humanos o de los animales. En el primer caso,
tratará de reproducir el aspecto de los objetos mediante la escultura y la pintura. En el segundo, tratará de reproducir el comportamiento,
la actitud, los gestos y hasta la manera de
hablar de los otros hombres, así
como los acontecimientos que ve o imagina. En un nivel más inferior, esto
responde a la práctica infantil de jugar a ser alguien distinto. En un nivel
algo superior esto ha llevado al hombre primitivo a crear las danzas y
ceremonias mágicas y rituales. Los placeres de imitar y de observar las
imitaciones realizadas por otros, han hecho que el hombre civilizado escribiera
y representara obras teatrales y que se reuniera en multitudes para disfrutar
del teatro.
Sin embargo hay un error en el
ensayo de Aristóteles, y es que si bien trató de seguir el desarrollo de la
tragedia griega no hizo mención alguna
a sus orígenes religiosos; si bien en la época de Aristóteles el aspecto
religioso de la tragedia no era tan obvio, era muy estrecha la relación entre
ésta y la religión, en particular con la deidad Dionisios.
El hombre es primero cazador. Como
no puede saltar sobre su presa desde detrás de los árboles y debe cazar al
descubierto, se disfraza de lo que quiere cazar e imita sus movimientos, ya sea
el esquimal con la foca, o el indio con el búfalo. Luego el hombre, para
celebrar la hazaña, se vestía con la piel del animal cazado, y haciendo a la vez
de cazador y víctima, reproducía la cacería. Aquí hay teatro, pero sin sobretonos de magia, ocultismo o
religión.
La magia comienza cuando el
hombre baila antes de la caza. De algún
modo cree que si imita a los animales
que quiere matar, e imita sus muertes, las presas serán abundantes y la caza
tendrá éxito. Primero el en las imitaciones aparecen sólo los animales, luego
también los cazadores. Esto abre el camino para movimientos de un mayor
propósito y para una acción dramática.
Pero estas representaciones no
tenían como único fin el de asegurarse la caza, sino el de controlarla
naturaleza en general; pero el objetivo central era siempre el mismo: lograr la
subsistencia.
Un
claro ejemplo del intento del dominio de la naturaleza es la ceremonia teatral
registrada en 1920 por Loomis Havemeyer, quien contó que en algunas partes de
Europa, ante una amenaza de sequía, un hombre arrojaba agua subido a un árbol,
mientras otros imitaban el trueno y el rayo, entrechocando dos piedras y
haciendo volar chispas y una antorcha. Para realizar estas representaciones,
los hombres primitivos comienzan a usar elementos cada vez más variados y
sofisticados.
Además de los rituales para
controlar la naturaleza, los hombres comienzan a realizar otras, ya con cierto
contenido místico: danzas al nacimiento,
a la enfermedad, a la muerte, a las leyendas de los orígenes de su gente
y a sus dioses. Para lograr el bienestar y la salud tratan de hacer volver a la
tierra a los espíritus de sus antepasados, a quienes representan en las
ceremonias. Al volver a representar las leyendas de su pasado y las historias
de sus dioses, estos primitivos han ido más allá de las ideas primitivas y del
drama primitivo de los cazadores y recolectores. Han fundado la religión y
están desarrollando el teatro. Cuando un héroe puede convertirse en dios,
sabemos que un hombre común puede convertirse en un espíritu inmortal. Y al
contar las historias de los dioses, el hombre común se convierte en actor y,
finalmente, en autor.
Para imitar el movimiento de los
animales, el hombre debe imitar el ritmo inconsciente que tienen estos al moverse. Así comienza a producir danzas que
por su emoción no son practicables en la actualidad. El hombre usa la danza
como lenguaje en numerosas ceremonias rituales, que son identificadas
justamente como danzas: la Danza de la
Serpiente, la Danza de la Canoa, la Danza del Maíz, la Danza del Cangrejo, la
Danza del Sol. En un principio todos los intérpretes de la tragedia griega era
bailarines que cantaban y declamaban, y aunque
finalmente el coro quedó subordinado a los actores, sus danzas y sus
cantos nunca fueron eliminados de la tragedia ática.
La
importancia de la danza entre los pueblos primitivos es abrumadora.
Cuando una vez un explorador le preguntó a un bosquimano sobre cierta cuestión
tribal que el nativo desconocía, éste le contestó: “No bailo esa danza”.
La máscara es más antigua que el
teatro. En un principio fue utilizada por el cazador primitivo como disfraz o
como magia simpática. Pero no fue ese el único uso que le dio, ya que pasó a
ser algo más que un instrumento para la caza. Pasó a ser un elemento
fundamental de dos creencias religiosas: el animismo y el totemismo.
El hombre primitivo creía que todo
cuanto le rodeaba tenía un espíritu, un alma o ánima. Así surgió el animismo.
Todo lo que se movía, el arbusto, el río, el humo, y el propio hombre tenían
espíritu. El alma del hombre abandonaba su cuerpo al morir éste, pero se
depositaba en alguna piedra de forma extraña,
u objeto de madera tallada. Estos espíritus tenían poder, lo que inspiró en el hombre un gran respeto
y temor, y provocó en el la necesidad de crear máscaras para relacionarse mejor
con ellos. La máscara se convirtió en una especie de fetiche animado, mediante el cual el hombre podía dominar a los
espíritus y ejercer una magia poderosa.
La segunda idea popular entre los
hombres primitivos era el totemismo. Esta creencia consistía en que el alma del
hombre estaba más segura en el cuerpo de un animal, pues este era más fuerte,
mientras que el cuerpo del ser humano era frágil y vulnerable. Así, distintas
tribus adoraban y rendían culto a diferentes animales. El hombre imitaba a su
tótem para que este fuera más abundante, y bailaba con una máscara tallada a
imagen de éste.
También usaron máscaras los griegos,
pero sólo en sus piezas con sátiros y comedias; las eliminaron en las
tragedias.
Posteriormente, culturas más
civilizadas comenzaron a utilizarlas indefectiblemente para representar a sus dioses y héroes en las
representaciones y ceremonias. Los primeros en realizar estas actividades
fueron Tespis, quien se embadurnaba la cara con albayalde y otras cosas, Esquilo,
que fue el primero en utilizar máscaras esculpidas y pintadas, y los egipcios,
que tenían máscaras de diferentes animales para cada dios (Horus tenía cabeza
de halcón, Thot tenía la de ibis, y Anubis la de chacal). Las máscaras
alcanzaron un alto grado de desarrollo y sofisticación en las distintas
culturas, y se extendieron por todo el globo.
Hay un gran aire dramático en las ceremonias de
iniciación, en las que el niño deja de serlo para pasar a la vida adulta. Estas ceremonias eran practicadas
entre otros lugares en Australia,
Grecia, Egipto y tenían gran
simbolismo en los dos últimos pues estaban estrechamente ligadas con los dioses
Dionisios y Osiris, que murieron y renacieron (el niño moría, para nacer como
adulto). Las simulaciones eran, en ocasiones, sumamente realistas. En el Tíbet
y en la China, no hace mucho tiempo, los dramas admonitorios enseñaban tanto al hombre como al niño, las terribles
consecuencias de la mala conducta. Para ello realizaban verdaderas
“superproducciones”, con numerosos actores, suntuosas vestimentas,
impresionantes escenografía y utilería. Todo era muy realista y detallado; sin
embargo, y éste es un signo bien definido de teatro, hasta las torturas más
sublevantes eran mitigadas por una especie de humor grotesco que hacía
tolerable y al mismo tiempo eficaz la lesión.
La pregunta es qué relación hay
entre todo este fetichismo y magia simpática y el teatro como lo conocemos. En
realidad no existe una relación directa entre “nuestro” teatro y las ceremonias
religiosas primitivas; pero sí están
relacionadas a la tragedia griega.
Al respecto de esta relación, es
decir, de cómo la tragedia ática tuvo origen en los rituales antes mencionados,
hay principalmente dos teorías, que si bien están en conflicto, también
coinciden.
La teoría más antigua y popular
parte de la magia simpática y de los
ritos y fertilizantes para hacer llover. Surge de los espíritus de la tierra y de los dioses vegetativos, y está
constituido en torno al eterno ciclo de la naturaleza. Las cosas nacen en
primavera y mueren en otoño. Era fácil extender esta idea al hombre, y hacer de
ello un drama. Osiris y Dionisios lo probaron.
Cuando el hombre pasa paulatinamente
del animismo a una especie de politeísmo primitivo, hace dioses a sus
antepasados; los grandes hechiceros y guerreros se transforman en grandes
deidades. Sus vidas terrenales toman nuevas dimensiones y nuevos aspectos
cuando se convierten en dioses. Pero a veces esos dioses mueren, y un dios que
muere es bastante popular, porque, debido a su misma divinidad renacerá. Y no
fue Dionisios el único caso; detrás de él hubo muchísimos dioses con suertes
similares a la suya. Y el ejemplo más claro de la teatralización de estos mitos
es el representado en el antiguo Egipto, que mostraba como Osiris, dios y rey
de ese pueblo, era muerto a traición y desgarrado en pedazos, y como esas
partes se volvían a unir para darle vida eterna en el panteón de los dioses
egipcios.
La otra teoría acerca del origen de
la tragedia griega niega a Dionisios y a Osiris, y se vuelve a héroes que no
alcanzaron el estado de dioses. Esos hombres
eran guerreros y reyes, y sus historias podrían haber sido contadas
primero en las danzas guerreras que servían de estímulos para el valor marcial. La teoría dice que estas historias
eran contadas en ceremonias que eran realizadas junto a sus tumbas, y que estas
historias fueron evolucionando desde el canto y la danza hasta la reproducción
dramática de los acontecimientos.
Estas teorías que parecen tan
diferentes tienen el elemento común de que el hombre primitivo tiene la
costumbre de confundir dioses con héroes. Son numerosos los dioses que
comenzaron como héroes, como hombres. Tal es el caso de Osiris.
En Egipto las representaciones teatrales comenzaron alrededor del año 4000 a. de C. Según Louis E. Lafflin habían
cuatro o cinco clases de obras. Las primeras, los textos de las pirámides,
fueron identificados como dramas de Maspero. En estos textos se encuentran
inmolaciones escénicas, y registran el ascenso al cielo o la resurrección
física de gobernantes y nobles fallecidos y probablemente eran interpretados
por sacerdotes y gobernadores vivos.
La siguiente forma es la llamada
Obra del Festival de la Coronación. Estas obras celebran la ascensión del
faraón al poder. En diversos momentos, cuando el faraón vivía bastante, se conmemoraba su reinado con una especie de
drama llamado Heb Sed, u obra del Jubileo de la Coronación.
La curación de los enfermos, así
como la extracción de los demonios, fue durante largo tiempo el propósito de
muchas ceremonias teatrales. Egipto podía haber tenido una forma de “drama
profiláctico”. Un grupo de jeroglíficos registra cómo Isis curó a Horus de una mordida
de escorpión mediante respiración artificial y magia.
Lo que se sabe del drama de la
pasión egipcio – probablemente la última forma generada y la más dramática- se
le debe al primer actor y director mencionado por la historia escrita,
I-kher-nefert, quien fue enviado a Abidos por el faraón Usertsen III, más o
menos entre 1887 y 1849 a. de C. para construir un nuevo templo dedicado a
Osiris, y “producir”, como diríamos
hoy, el Drama de la Pasión de Abidos que contaba el renacimiento de aquel rey
dios. No se tiene ningún texto de esa obra ni de las que Heródoto halló en
otras dos ciudades egipcias en el 449 a. de C., pero I-kher-nefert inscribió en
piedra el relato de cómo construyó una barca para Osiris, cómo le dio “un
espléndido ropaje y ornamentos” a uno de los actores, y él mismo representó el
papel de protagonista. Como hijo vengador del asesinato de su padre, recuperaba
el desmembrado cuerpo, y traía a Osiris de vuelta a Abidos como dios vivo. La
acción de la obra, que podía haber durado varios días, se desplazaba de un
lugar a otro, incluía procesiones y batallas, y quizás el sacrificio humano de
alguno de los actores guerreros que asesinaban a Osiris. He aquí el primero de
estos dramas que se extienden desde entonces hasta Oberammergau, pasando por el
drama mahometano de la Pasión.
En los siglos en que la historia de
Osiris fue desarrollándose en el Asia Menor y en el Cercano Oriente hasta
transformarse en la historia de Dionisios, no dejó rastros en las crónicas
religiosas de los judíos. Sin embargo, en el Antiguo Testamento, los estudiosos
modernos del teatro han hallado dos libros que parecen ser narraciones
dramáticas. El Cantar de los cantares
y particularmente el Libro de Job están escritos en un modo que sugieren
diálogos así como cantos para actores vivos.
El historia de Job está contada con tal continuidad dramática, que una
cantidad de escritores han arreglado ese libro en forma de drama actual.
En este último ítem de los orígenes
del teatro nos propondremos explicar como todos estos ritos, ceremonias y
actividades religiosas se transformaron en representaciones por placer, en drama por mero entretenimiento.
Un claro ejemplo se puede encontrar
entre los nativos de Australia. Estos aborígenes, cuya cultura es tan
rudimentaria que casi no se pueden entender entre ellos sin la ayuda del gesto
(no pueden hablar en la oscuridad), tienen no obstante, además de danzas,
rituales e iniciaciones, vivaces manifestaciones de teatro mimético. Se
entretienen mutuamente - y entretienen a los guardabosques que los visitan- con
algo que se aproxima a la actuación por placer. Su Danza de la Canoa no parece
tener otro propósito que la actividad en grupo. Aunque las guerras son cosa del pasado, por su propio placer y el
de sus visitantes, los nativos australianos realizan danzas guerreras con gran
regocijo. Un antropólogo describió una danza de cacería burlesca, en la cual
casi toda la tribu imita a los llamados canguros de las rocas, y pasa por
delante de un cazador que debiera pegarles con un garrote, pero falla siempre: lo que era magia simpática
(recordemos los antiguos rituales previos a la caza), se convierte en
espectáculo burlesco.
También se observa esta
transformación del ritual en comedia entre los cherokees indios de Carolina del
Norte. Estos indios parodian a los hombres blancos, usando máscaras de éstos.
Imitan a los cowboys realizando rodeos o practicando ruidosamente la caza, y
espantando a los animales, divirtiendo a los entusiasmados turistas.
Se observan fenómenos similares, en
los que los antiguos rituales se
convirtieron en graciosas atracciones turísticas también en la Polinesia, donde
compañías que solían dedicarse a rituales de iniciación, ahora realizan
simplemente obras teatrales.
Las ceremonias religiosas se
convirtieron en drama popular cuando Tespis y su carro dejaron el templo de
Icaria en el Ática y fueron con el coro a otras ciudades, en busca sin duda de
fama y de provecho. Al hacerlo, como
escribe William Ridgeway en El origen de la tragedia, “al
elevar la tragedia desde una mera pieza de ritual religioso atada a un
determinado lugar hasta la forma más elevada de la literatura, [Tespis] fue el
verdadero fundador del arte trágico”.
El camino del teatro parece bastante
claro. El hombre primitivo hace magia por razones materiales. Crea ritos de
iniciación para educar a los jóvenes. Cuenta las historias de los héroes y los
dioses de su cultura, y así combina la religión con el drama personal. La línea
tras la cual el rito se convierte en teatro comercial, y el drama por el bien
de un espíritu en momerías pagadas por placer, es difícil de trazar. Algunas
veces señala la decadencia de la tragedia clásica, como en Grecia, aunque mucho
después de Tespis. A veces el teatro
comienza antes de aparecer el drama religioso, y entonces nunca nace el arte
superior. Como se verá más adelante, sólo dos teatros del mundo occidental, el
griego y el medieval, tuvieron sus raíces en el rito religioso y en la leyenda
espiritual.
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