BIOGRAFÍA
Parménides
Eleates nació, como su gentilicio lo indica, en la ciudad de Elea, situada en
la costa italiana del mar Tirreno, al sur de la Campania, hacia el año 515 AC.
Parece que intervino en la política de su ciudad
natal, para la que redactó una constitución. Sufrió la influencia de Xenofanes,
aunque su iniciación a la filosofía tuvo lugar a través del pitagorismo,
entonces floreciente en el sur de Italia. Probablemente él mismo fue en sus
comienzos pitagórico, pero sus reflexiones lo llevaron pronto a abandonar la
filosofía pitagórica y a rechazar toda filosofía conocida hasta entonces,
elaborando la suya propia.
Todos
los filósofos anteriores (con la sola excepción del poeta Xenofanes) habían
escrito en prosa, pero Parménides eligió la forma versificada para exponer sus
pensamientos, como ya antes de él habían hecho Hómeros y Hesíodos. Entre los
filósofos griegos posteriores, sólo Empedoklés le imitaría en esto.
El
poema de Parménides consta de un proemio y dos partes. El proemio presenta el
fantástico viaje del filósofo hasta la diosa, que representa simbólicamente y
en tonos heroicos y míticos su ascenso hacia la verdad. La primera parte expone
la verdad y la defiende con argumentaciones lógicas, sutiles y poderosas. La
segunda parte expone la opinión de los mortales, y viene a ser una síntesis de
las cosmologías milesia y pitagórica con elementos de su propia cosecha. Hemos
conservado unos 150 versos del poema, que abarcan la mayor parte del proemio y
de la primera parte.
EL CONTEXTO HISTÓRICO
Momento
histórico en el que vivió Parménides. Grecia, siglo VI. El surgimiento de la
polis.
La
Grecia del s.VI AC , aún subdividida en “Polis”, se ve atormentada por un
período de crisis que comprende un momento fundamental en la historia social.
Esta crisis, iniciada a fines del siglo VII AC
plagada de conflictos internos de raíz económica se extiende a planos
religiosos y morales llevando a los griegos a poner en cuestión todo su sistema
de valores, constituyendo un ataque al orden mismo del mundo. Se producen
reformas en cuanto al derecho y la vida social, y en el ámbito intelectual se
buscan elaborar las nociones de una nueva ética. Se podría decir que esta
crisis llevó en definitiva al nacimiento de una reflexión moral y política
entre los griegos para encarar los problemas en su organización.
Las
transformaciones económicas se deben a la reanudación y el desarrollo de
contactos con Oriente , de esta forma el Mediterráneo se convierte en eje del
comercio marítimo y en principal vía de comunicación. La expansión griega en el
Mediterráneo tiene además de objetivos económicos de intercambio y comercio, la
necesidad de tierras para suplir las exigencias del avance demográfico.
Paralelamente con el esplendor del comercio del oro que implicaba a ciertos
sectores, seducidos por el lujo y la ostentación de la riqueza por influencia
de Oriente, surgen los problemas de índole social en los que los comerciantes
ricos extienden sus empresas a expensas de las colectividades aldeanas. En
rechazo a esta situación aparecen las reformas que buscan una organización con
aspiraciones comunitarias e igualitarias, sometiendo las ambiciones y las
voluntades de poder a una regla general cuya obligación se aplique por igual a
todos. Ésta establecería el equilibrio entre los ciudadanos garantizando la
distribución equitativa de obligaciones, honores y poderes entre los
individuos, y así lograr la unidad de la ciudad. Se procede a nuevas
legislaciones que afectan determinadas materias del derecho (arraigado desde sus
comienzos a un clima religioso), como por ejemplo el homicidio, que deja de ser
un ajuste de cuentas para ser considerado un delito grave. Aquí se manifiestan
las influencias religiosas respecto a la purificación del mal y la enseñanza a
partir del temor al castigo del infierno, además de pretender calmar y
armonizar las tensiones sociales. Pero el espíritu de renovación se orientaba
más a considerar la polis como la ampliación de una familia, que comparte el
pan y come en la misma mesa, realzando ideas de igualdad y amor fraterno.
Además
de contribuir a la consolidación del Derecho y las legislaciones, los aspectos
religiosos favorecieron el desarrollo de una reflexión moral y una orientación
política. Ciertos grupos religiosos se oponen a la ostentación del lujo y la
insolencia brutal de los ricos comerciantes, promoviendo el desarrollo de una
virtud fruto de una larga y penosa vida totalmente dedicada al esfuerzo, y
lejana de las tentaciones de placer , del
atractivo de la molicie y de la sensualidad. Estas tendencias recaen
sobre la estructura social modificando las conductas, los valores y las
instituciones; y condenando a la riqueza apuntando a sus consecuencias sociales
con respecto a la división y el odio dentro de la comunidad, por sus condiciones
de insaciable e ilimitada que engendra una voluntad viciada, desviada y
malsana. En contraste a la lujuriosa aristocracia se erige la nueva sabiduría
basada en la templanza, la proporción y la justa medida. Entre ambos grupos es
necesario un mediador que modere y concilie las proporciones de modo que no se
desate la violencia. Este intermediario, cabeza del Estado, debe constituir una
marca (sustentada por leyes supremas iguales para todos) que ninguno pueda
traspasar , para mantener la armonía en la polis. Se debe lograr al mismo
tiempo tanto que se quiebre la arrogancia del rico como que cese la esclavitud
sin llegar al extremo de la subversión.
Más
adelante los aspectos morales y políticos ya no serán exclusivamente
enarbolados por grupos religiosos que se replegan sobre sí mismos en busca de
la pureza, si no que surgirá una corriente que atiende más al bien de la ciudad
y se compromete en mayor grado con la vida pública y los problemas políticos
del Estado. El bien de la ciudad estará dado por el orden, y este sólo puede
mantenerse con conceptos de igualdad y de contención al exceso, a más de lo
justo. Se dice que sin igualdad no hay ciudad y que la igualdad no puede
engendrar guerras, pero esta igualdad es jerárquica, geométrica como dicen los
griegos , no aritmética. Su noción esencial es la proporción y ésta se
corresponde en función de cada virtud. A partir de este principio se hicieron
las reglamentaciones para remplazar las relaciones de fuerza por relaciones
“racionales” con fin de proporcionar y mantener el equilibrio. Así la corriente
Aristocrática y la Democrática sitúan la polémica en el mismo terreno, haciendo
ambas protestas de equidad, los primeros con un enfoque jerárquico y los
segundos proporcionado y armónico, pero asegurando que la desigualdad natural
tenga una preponderancia sin exceso. Ahora entonces la relación social ya no
sería de dominación y sumisión si no que se establecería un vínculo de
reciprocidad para sostener un equilibrio propicio para el desarrollo saludable
de la ciudad. La diferencia está en que los democráticos consideran a todos los
ciudadanos iguales, en el sentido de que tienen derecho de participar en todos
los aspectos de la vida pública, y tenían la idea de alcanzar la igualdad
plena, en la que ya no fuera posible distinguir grupos distintos en el plano
político. Esto se hace posible cuando se dispone la polis sobre una base nueva:
se determinan las tribus según zonas geográficas, ya no según vínculos de
sangre, que quedan ahora fuera de la organización política. Ahora el ideal
igualitario queda plasmado en la realidad política e inspira cambios radicales
en las instituciones. El mundo social adopta una forma circular en la que cada
ciudadano recorrerá todo el circuito, ocupando y cediendo, según el orden del
tiempo, todas las posiciones simétricas que componen el espacio cívico.
EL CONTEXTO CULTURAL
El
arte y arquitectura desarrolladas en Grecia entre el año 1100 a. C. y el siglo
I a. C. tuvo su origen en la civilización del Egeo, pero su evolución posterior
le ha convertido en uno de los períodos más influyentes de la cultura.
El
arte giego se caracterizó por la representación naturalista de la figura
humana, tanto en el aspeco formal como en la intención expresiva del movimiento
y las emociones. El cuerpo humano, se convirtió así, para representaciones de
dioses como de seres humanos, en el motivo fundamental del arte griego,
asociado a los mitos , la literatura y la vida cotidiana.
La
función principal de la arquitectura, pintura y escultura monumental hasta
aproximadamente el año 320 a. C., fue de carácter público, ocupándose de
asuntos religiosos y de la conmemoración de los acontecimientos civiles más
importantes, como las competiciones atléticas,. Los ciudadanos sólo utilizaron
las artes plásticas para la decoración de sus tumbas. Sin embargo, las artes
decorativas se dedicaron sobre todo a la producción de objetos de uso privado.
El
arte griego se divide en períodos que reflejan sus cambios estilísticos:
Período geométrico y orientalizante ( 1100 a.C. - 650 a.C.);
Período arcaico (660 a.C. - 475 a.C.);
Período clásico ( 475 a.C. - 323 a.C.);
Período helenístico (323 a.C. - 31 a.C.).
La vida de Parménides tuvo lugar en el momento en
que se desarrollaba el período arcaico.
Durante
el período arcaico, al extenderse el mundo griego geográfica y económicamente,
su mayor riqueza y contacto con el mundo exterior le condujeron al desarrollo
de una arquitectura y escultura monumental. Ambas se hicieron con el mármol y
la piedra caliza que abundaba en Grecia. Los templos albergaron imágenes de los
dioses y estuvieron decorados con esculturas y pinturas. La pintura tuvo
también su desarrollo en las vasijas, que fueron importantes objetos de
comercio.
Los
griegos empezaron a esculpir en piedra, inspirados en las piezas monumentales
de Egipto y Mesopotamia. Las esculturas de bulto redondo compartieron la
solidez y la característica posición frontal de los modelos orientales, pero,
en algunos casos se observa que las figuras eran más dinámicas que las esculturas
egipcias. Las esculturas masculinas y femeninas. a pertir del año 575 a.C.,
reflejaron en sus rostros la denominada sonrisa arcaica. Aunque dicha expresión
no parece responder a razones específicas en las personas o situaciones en las
que aparece reproducida, quzás fue utilizada por los griegos como un artificio
que proporcionaba a las figuras un rasgo humano distintivo.
Las
tres tipologías que predominaron fueron la del joven desnudo de pie (kouros),
la doncella vestida de pie (kore) y la mujer sentada. Todas estas figuras
acentúan las características esenciales del cuerpo y expresan, cada vez más un
conocimiento preciso de la anatomía humana.
La razón de ser
de la representación de estos jóvenes fue, en parte de orden sepulcral y en
parte de carácter votivo. Algunos ejemplos conservados son el Apolo
primitivo del Museo Metropolitano de Nueva York, el Apolo Strangford de Lemnos
del Museo Británico de Londres, obra bastante más tardía, y el Kouros de
Anavysos conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. En
dichas obras, a diferencia de otras más antiguas, puede observarse un estudio
más detallado de la estructura muscular y anatómica. Las figuras femeninas,
vestidas y de pie, ofrecen una amplia variedad de expresiones, tal como puede
verse en las esculturas del Museo de la Acrópolis de Atenas. Sus ropajes están
tallados y pintados con la delicadeza y la meticulosidad característica de la
escultura de ese período.
Los
relieves escultóricos que se esculpieron con posterioridad a la escultura exenta
o de bulto redondo, representaron a sus figuras en movimiento. Los frisos del
Tesoro de los Siphnios, en el Templo de Apolo en Delfos, que muestra una de las
batallas de Troya, son uno de los ejemplos más excepcionales de período arcaico
medio (535 a.C. - 475 a.C.) destacan las eesculturas de los frontones del
Templo Aphaia en Egina. Las figuras del frontón oriental parecen tan llenas de
vida como los atletas que describió el poeta Píndaro.
En
cuanto a la arquitectura, se sabe que los griegos, después de conocer los
templos pétreos de los egipcios, comenzaron en el siglo VII a.C. a construir
sus propios templos en piedra, con un estilo propio y específico. Utilizaron la
piedra caliza en el sur de Italia y sicilia, el mármol en las islas griegas y en
Asia Menor y la caliza revestida con mármol en el continente. Más tarde
levantaron sus edificios principalmente de mármol. Los templos eran de planta
rectangular sobre un pequeño zócalo escalonado (crepidoma) en un recinto donde
se llevaban a cabo las ceremonias rituales. Los templos pequeños presentaban un
frente porticado de doble columna (in antis), a veces con otro vestíbulo
delante del mismo (próstilos). Los templos más grandes, con pórticos en sus
partes delantera y trasera (anfipróstilos), podían tener un vestíbulo de seis
antes de cada uno de sus pórticos, o estar rodeados totalmente por un
peristilo. La columna sostenía un entablamiento, o dintel, bajo un tejado a dos
aguas.
Desarrollaron
dos órdenes de arquitectura o tipos de columnas, el dórico y el jónico.
Las columnas dóricas, que no tenían bas y cuyos capiteles consistían en un
bloque cuadrado (ábaco) sobre un elemento redondo en forma de almohadilla
(equino), eran piezas robustas colocadas a escasa distancia para sujetar el
peso de la mampostería. Su pesadez se aliviaba gracias al fuste abombado y
estirado. En el entablamento se tallaban triglifos verticales sobrecada
columna, dejando entre ellos metolas oblongas, que más tarde fueron cuadradas y
al principio estuvieron pintadas y más tarde decoradas con bajorrelieves
figurativos. El estilo dórico se originó en la península helénica, pero se
difundió por todas partes. Los templos dóricos de Siracusa, Paestrum,
Selinontes, Acragas, Pompeya, Tarento, Matapontum y Corcira todavía se
conservan. Especialmente extraordinario es el templo de Poseidón en Paestrum
(450 a.C.).
Las
columnas jónicas, originarias de Jonia (Asia Menor) y las islas griegas, son
más esbeltas y se colocan a mayor distancia que las dóricas. Cada una descansa
sobre una basa moldurada y termina con un capitel rn forma de almohadilla plana
que se enrolla en dos volutas en los laterales. El entablamento, más ligero que
en el estilo dórico, podía tener un friso cntinuo.
Hacia
el 550 a. C. se desarroló, en cuanto a la decoración de vasijas, el estilo
denominado corintio, que presenta vasos
abarrotados de figuras sobre fondos florales. En las vasijas se representan a
menudo monstruos fabulosos, como la quimera que escupe fuego, una criatura con
cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. En el período arcaico
medio, Atenas saturó el mercado mediterráneo de objetos cerámicos. La
popularidad de la cerámica ateniense se debió a su carácter de bellas
proporciones, su acabado aterciopelado, negro como el azabache y a las escenas narrativas
con que estaba decorada. La decoración se realizaba en negro sobre el rojo de
la arcilla. Los detalles se grababan de forma incisa y a veces se recalcaban
con el uso de matices lumínicos rojos y blancos, hasta lograr cierta
tridimencionalidad.
A
partir de ese momento, las escenas representadas en los vasos cerámicos y los
artistas que las pintaron se pueden identificar por inscripciones.
Los
vasos decorados en la técnica de figuras rojas, se hiceron por primera vez en
el año 530 a. C. La decoración se realizaba con una técnica pictórica a la
inversa: el fondo se pintaba de negro, dejando las figuras en el color rojo de
la arcilla. Se utilizó también un nuevo color, el castaño dorado que se obtenía
al diluir el barniz negro.
Los
pintores atenienses inventaron hacia el 540 a.C. un nuevo estilo; asumiendo el
interés por la anatomía humana, evolucionaron hacia una nueva concepción
espacial, expresada a través del escorzo y del uso de una capa marrón o parda
para lograr el sombreado. Este fue el inicio de un tipo de pintura en el que la
tridimensionalidad se consigue tanto con la valoración lumínica como con el
contraste de manchas de color.
Aunque
el estilo de las figuras negras continuó siendo el dominante durante todo el
período arcaico, la producción en el estilo de figuras rojas fue incrementando
poco a poco.
EL PENSAMIENTO GRIEGO
Durante
el período del pensamiento griego no existían diferencias claras entre
cuestiones filosóficas, científicas y religiosas, entre procedimientos científicos
y mágicos o entre historia y mito.
Parte
de las realizaciones de los filósofos griegos contribuyó a esclarecer o
comenzar a delimitar esos campos hasta entonces "fusionados", y a
plantear interrogantes a cerca de la naturaleza y del hombre que podían ser
examinados por métodos racionales. Más que por crear doctrinas específicas
crearon una atmósfera intelectual de uso desinteresado de la razón. Por eso,
los filósofos presocráticos son considerados como los antepasados de la
filosofía y de la ciencia al mismo tiempo.
La
historia de la filosofía occidental comienza con las especulaciones de esos
colonos griegos de Asia Menor y del sur de Italia, en los siglos V y VI a.C..
Parte
de la dificultad que se encuentra en el estudio del pensamiento griego anterior
al siglo IV a.C. es la extrema escasez de elementos de juicio documentales
directos; de hecho, fragmentos muy antiguos han llegado hasta nosotros por
citas de autores posteriores, así como también se cuenta con críticas hechas
por filósofos muy posteriores sobre las concepciones de los más primitivos.
Los
problemas de los antiguos pensadores griegos surgen a partir de tres grandes
sucesos de la vida humana, que siempre han ocupado la imaginación de los
hombres: nacimiento-maduración-muerte.
En toda sociedad, desde la más simple hasta la más compleja, estas crisis se
hallan incorporadas en un sistema de mitos y creencias, cuya función, a menudo
no explícita, es canalizar y , en última instancia, disipar las poderosas y
perturbadoras emociones de alegría y de pena, de esperanza y de temor. Pero a
veces, cualquiera sea la razón de ello, queda en la mente una especie de
emoción residual, un sentido del misterio de la vida, que es la curiosidad o
asombro en los cuales Platón y Aristóteles veían el comienzo de la filosofía.
La
filosofía demuestra un interés por los fenómenos del cambio, en general, por la
visible inconstancia de las cosas y por el origen presunto y la posible
destrucción del universo físico. Por otra parte se experimenta la necesidad de
comprender la posición del hombre en el mundo, su relación con seres
sobrenaturales y sus perspectivas de felicidad y de supervivencia después de la
muerte. Estas preocupaciones no son distintivas de la filosofía, pues también
son los temas del mito poético y de la fe religiosa. A menudo, se expresa la
diferencia diciendo que en la filosofía hallamos un intento racional
por comprender el origen de las cosas y la naturaleza y destino del hombre.
La escuela Eleática
Junto
con los filósofos Jenófanes y Zenón, Parménides formó parte de la Escuela
Eleática. Esta corrienta de filosofía griega tuvo su apogeo en los
siglos VI y V antes de Cristo.
Las
opiniones que caracterizan esta escuela son dos: 1) en realidad, el cambio no
existe; 2) la existencia o el ser es una unidad.
El
pensamiento eleático se opone tanto a la filosofía materialista de la escuela
jónica como a la teoría del flujo universal formulada por Heráclito. Según los
eleáticos. el universo es en esencia una unidad inmutable, que, siendo infinita
en tiempo y espacio, está más alla de la cognición proporcionada por los
sentidos humanos. Sólo a través de la reflexión filosófica, afirmaban, se puede
alcanzar la verdad última. Las observaciones sensoriales ofrecen tan solo un
visión limitada y distorsionada de la realidad.
Muchas
de las doctrinas eleáticas se basaron en las enseñanzas de Jenófanes, mientras
que Parménides desarrolló sus doctrinas dentro de un sistema de metafísica.
PARMÉNIDES
No
se conoce con exactitud los años de nacimiento y fallecimiento de Parménides,
pero se dice que desarrolló su obra entre los años 501 a 592 antes de Cristo.
Otras fuentes dicen que nació hacia los años 515 a 510 antes de Cristo. Lo
cierto es que proviene de la ciudad de Elea, colonia griega del sur de Italia;
se dice que a la edad de 65 años visitó Atenas, ocasión en la que Sócrates,
entonces un hombre joven, lo escuchó hablar. No se sabe con claridad si
Parménides fue contemporáneo de Heráclito ni, en caso de que no lo fueran,
quién fue anterior. El pensamiento de Parménides se contrapone al de Heráclito.
Parménides expuso su filosofía en forma de versos. Entre 490 y 475 escribió un poema didáctico en hexámetros
conocido como De la naturaleza constituído por tres partes: el Proemio, el
Camino de la Verdad y la Apariencia. Del mismo se conserva el proemio,
alrededor de los nueve décimos de la primera parte, y muy poco de la última, de
mucha menor importancia filosófica; pues la doctrina que lo ha hecho célebre se
encuentra en la primera. Parménides es el primer filosófo que procede con total
rigor racional, convencido de que únicamente con el pensamiento, y no con los
sentidos, puede alcanzarse la verdad y de que todo lo que se aparte de aquél no
pude ser sino error; sólo lo racionalmente pensado "es", y a la
inversa, lo que es responde rigurosamente al pensamiento.
En
el Proemio, Parménides afirma haber recibido su conocimiento de una diossa; la
parte central del poema es la alocución de la diosa a Parménides. Ésto muestra
su pensamiento de que el conocimiento puede ser adquirido por revelación
divina, y se pone en claro que tal conocimiento es algo totalmente distinto de
lo que el sentido común considera conocimiento.
La
diosa dice a Parménides que hay "solamente dos caminos de búsqueda
concebibles", y que sólo es posible seguir uno de ellos.
El primer [camino], que es, y que no es posible que
no sea, es el camino de la creencia, pués está acompañado de la verdad. El
otro, que no
es, y que es necesario que no sea; este sendero, te diré, no conduce
a ningún conocimiento. Pues no puedes conocer lo que no es -pués esto es
imposible- ni puedes expresarlo.
Es necesario
decir y pensar que el ser es; pues es posible que sea mientras que
la nada no existe.
Parménides
afirma constantemente que no podemos conocer y ni siquiera pensar o hablar de
lo que no es, que aquello de lo que se puede hablar o pensar debe,
necesariamente, ser.
Pues lo mismo
es pensar y ser,
El
pensar racional no puede ser sino pensar del ente: no hay posibilidad de
alcanzar el ser sino mediante la razón. "La posibilidad de concebir
algo y en consecuencia de expresarlo es
criterio y prueba de la realidad de lo que es concebido y expresado porque
solamente lo real puede concebirse y
expresarse . Con lo cual Parménides llega a expresar, no sólo que pensar una
cosa equivale a pensarla existente, sino que también la pensabilidad de una
cosa prueba su existencia; porque si sólo lo real es pensable, lo pensado
resulta necesariamente real".
Parménides
plantea, entonces dos únicas posibilidades que pueden pensarse, donde no hay
tercer alternativa posible. Entre estas dos posibildades se puede encuadrar todo absolutamente,
inclusive la nada, que entra en el no ser. Ahora bien, es evidente que la
segunda posibilidad enunciada - que no sea nada- es un absurdo; porque decir
"no hay nada" es como afirmar que "lo que hay es la nada",
o sea que la nada es, o que el "no-ente es": pero esto es claramente
contradictorio, y por lo tanto debe rechazarse.
porque el no-ente no lo puedes pensar -pués no es
posible-, ni lo puedes expresar.
Por
ende, es preciso concluir afirmando decisivamente el primer miembro de la
alternativa, es decir, que es . Pero si hay algo, algo
"es", a ese algo se lo llamará ente. Entonces el ente es necesario. Pués
afirmar que "el ente no es" es una evidente contradicción.
Se
llama ente
a todo aquello que "es". De todo lo que pueda predicarse
la palabra "es", y en la medida en que ello ocurre, se trata de entes.
A lo que hace que los entes sean se lo llama ser; los entes, por tanto
son porque participan del ser. La disciplina que estudia los entes sellama ontología.
Ésta enuncia una serie de principios, válidos para todos los entes que se
denominan principios
ontológicos.
a) El principio de identidad afirma que
"todo ente es idéntico a sí mismo".
b) El principio de contradicción sostiene que
"ningún ente puede ser 'P' y 'no-P' al mismo tiempo."
c) El principio de tercer excluído dice que
"todo ente tiene que ser necesariamente 'P' o 'no-P'". Como decíamos
anteriormente, tiene que ser lo uno olo otro, pero no hay tercer alternativa
posible; se es o no se es.
Parménides
hace una diferencia entre lo que son los entes sensibles y los entes ideales. Éstas son las
dos vías de investigación que plantea Parménides en los fragmentos nombrados
anteriormente, y son los dos posibles caminos hacia el conocimiento. Por una
parte, el que se basa en afirmar que el ser "es" y el no ser "no
es", y el otro, que se basa en señalar que el ser "no es" y que
el no ser "es", al que denomina "estrecho sendero". El
primero es el camino de la razón y su principio fundamental: "lo que es,
es y lo que no es, no es"; el segundo es el camino de la experiencia
sensibles.
Porque jamás
fuerza alguna someterá el principio: que el No-ser sea.
Pero tú, no obstante,
aleja tu pensamiento e esa vía y no te dejes lleva por ella por la fuerza
rutinaria de la costumbre, ni manejando tus ojos irreflexivamente, ni tus oídos
que recogen todos los ecos, ni acaso tu lengua: juzga, por el contrario con
razones que admitan múltiples pruebas, como las que yo te he mostrado. Sólo nos
queda ahora hablar de una última vía.
Parménides
busca el fundamento de la realidad en que vivimos en una manera racional, con
principios lógicos. Pués mantenía que los fenómenos de la naturaleza son sólo
aparentes y debidos en esencia al error humano.; parecen existir pero no tienen
entidad real. Y de allí que la realidad, ser verdadero, no es conocida por los
sentidos sino que sólo se puede encontrar en la razón. Todas las cosas
sensibles y sus propiedades -movimiento, nacimiento, color, etc.- no son más
que ilusión, apariencia, nada verdaderamente real, sino fantasmas verbales en
los que sólo pueden creer quienes, lugar de marchar por el camino de la verdad,
andan por el camino de la mera opinión.
Parménides
es el precursor de todo el racionalismo posterior; nos hace desconfiar de la
experiencia y acepta guiarse únicamente por la razón y su principio
fundamental, que es en síntesis de los principios lógicos de identidad, no
contradicción y tercero excluído (principios ontológicos). Y, siguiendo esta
vía de la razón y dejando completamente de lado la vía de la experiencia
sensible, la de Heráclito, ¿cuáles son entonces las características del ser que
hacen inconcebible su conocimiento por medio de la vía sensible?
Sólo nos queda
ahora hablar de una última vía, la de la existencia del Ser. Muchos indicios
que ella nos muestra permiten afirmar que el Ser es increado e imperecedero,
puesto que posee todos sus miembros, es inmóvil y no conoce fin.
No fue jamás
ni será, ya que es ahora, en toda su integridad, uno y continuo.
. ...No es
igualmente divisible, puesto que es todo él homogéneo.
Éstos
son los "indicios" del ente. Es increado, porque admitir que tiene un
origen es admitir que en un momento hubo no-ser, y ésto es imposible de concebir.
No conoce el nacimiento ni la muerte, "es, era y será siempre".
Porque, en
efecto, ¿qué origen podrías buscarle? ¿De dónde devendría su crecimiento? No te
permitiré que me digas o que pienses que haya podido venir del No-Ser,porque no
se puede decir ni pensar que el Ser no sea. Qué necesidad, pués lo habría hecho
surgir en un momento determinado, después y no antes, tomar un impulso de la
nada y crecer? Por tanto, o ha de existir absolutamente o no ser del todo.
Jamás una fe
vigorosa aceptará que, de lo que no es pueda nacer una cosa distinta.
De
tener origen, hubiese tenido que ser engendrado por el Ser o por el No-Ser. La
primera posibilidad se descarta en tanto que el Ser es, en efecto el ente,
que ya es; la segunda no puede ser verdadera ya que lo que no es ente
es el no-ente,
o sea la nada y por lo tanto no hay nada que pueda haberlo engendrado. Por otra
parte, atribuirla un origen sería admitir que lo que lo determina está más allá
de la pura identidad.
El
Ser es único. Porque si no sería múltiple o habría, simplemente dos entes.
Para que sea posible la existencia de dos entes, debería haber una diferencia entre
ellos, puesto que si no se diferencian en nada serían uno solo. Pero como lo
que se diferencia del ente es lo que no es ente, o sea el no-ente,
la nada que no es nada por lo que no puede haber diferencia alguna y no puede
haber, enconsecuencia sino un solo ente.
El
Ser es, también inmóvil. De moverse, se desplazaría de un lado a otro, por lo
que en ese primer lado ya dejaría de haber Ser y antes habría No-Ser en el otro
lado. Además, para moverse necesitaría un espacio, y ésta debería ser diferente
del ente,
y como lo único que no es ente es el no-ente, ese espacio sería
la nada, y no puede haber espacio ninguno donde pueda
moverse el ente. Ahora bien, el movimiento es una
forma de cambio, pero el Ser es inmutable. por lo que aún más descartado queda
decir que el Ser sea móvil.
Parménides
dice que el ente
es inmutable puesto que cualquier cambio implica dejar de
"ser" para pasar a ser otra cosa; sólo hay Ser y No-Ser, por lo que
el cambio del ser sería únicamente para pasar a ser No-Ser, que es el no-ente,
y por lo tanto, la nada que no es nada.
Por
lo mismo el Ser es homogéneo, contínuo, no puede ser dividido ya que el Ser
toca al Ser, dando lugar a una división sólo en el caso en que haya algo
distinto al Ser entre el Ser y el Ser, y ésto es absurdo ya que toda división
se la hace según partes diferentes.
Es
también, imperecedero, ya que no conoce fin. El ente nunca podría dejar de
ser porque sería el no-ente, la nada.
¿Cómo en el
curso del tiempo podría ser destruido el Ser?
Así se
extingue el nacimiento y queda ignorada la destrucción.
El ente
es, además, intemporal. En tanto que Heráclito pensaba la eternidad como
infinita duración a través del tiempo, Parménides piensa la eternidad del ente
como supratemporal, como constante presencia, como eterno presente, o, quizás,
como in-temporal. Llegar a ser es para el ente un acto único y eterno que no conoce
etapas, que se cumple como instante absolutamente intemporal, y en
ello se encierra su falta de fin.
El
poema abunda en indicaciones como "todo entero", "todo lo
mismo", de intacta contextura", que siguen siempre la misma línea
hacia concluir la ausencia de finalidad. El Ser está disociado de toda
limitación bajo la cual piensa el ser humano. No con ello quiere indicar que la
presencia sea infinita. En relación con los otros principios de la filosofía
arcaica, el Ser posee un contenido incomparablemente preciso que se define por
su esencia y los predicados derivados de ella. El poema afirma una posición
bien delimitada de la presencia dentro del interminable vacío de la nada.
Además, y dado
que un último límite, el Ser está terminado por todas partes, semejante a la
masa de una esfera bellamente circular, igual en todas direccione a partir del
centro. Ni mayor ni menor podría ser en cualquiera de sus partes.
El es
Ser sólo rige dentro de una esfera, más allá de la cual existe otra cosa, y esa
esfera tiene un diámetro exactamente tan vasto como el alcance de la luz.
Entonces, si no depende de una indefinición en el contenido ni de ocupar un
lugar ilimitado, la falta de fin es falta de finalidad. Su acción es de una índole
tal que desconoce el llegar aser como proceso efectivo, donde cabría
distinnguir un más cerca y un más lejos de alguna meta. La substancia
ontológica no tiende a ninguna cosa porque, porque sólo podría dirigirse hacia
una mayor o menor nagación de sí, ésto es hacia una irrealidad mayor o menor.
Ahora
bien, lo sin-finalidad del Ser es también lo inmóvil. Todo movimiento supone un
"llegar a" y es el Ser precisamente "lo que ha llegado"
como principio. Cualquier "llegar a" ulterior, cualquier tendencia adicional
se verifica desde el móvil de un incumplimiento, y lo incumplido allí es
precisamente el Ser puro y simple -que sólo existe en apariencia, sin el
estatuto de lo presente-. Y frente a esa inquietud por la realización
característica de lo aparente el Ser se muestra imperturbable, y es en esto en
que consiste lo inmóvil de su acción. Inmóvil es el predicado de lo perfecto, y
perfécto es el carácter de lo surgido por sí, pero la inmovilidad es igualmente
indiferenciadel principio hacia lo otro, serenidad de algo en su posición
inmediata, y en esa medida, el ánimo "sin temblor" de la verdad que
perseguía el saber.
Por
consiguiente, la acción de la presencia es inmóvil o sin cambio por perfecta,
pero no al invera. La perfección se deduce del afinalismo y éste, en última
instancia de la unidad y continuidad del Ser. Con todo, su unidad y continuidad
provienen de algo más básico aún, de la simplicidad e inmediatez de su acto
reflxivo, cuyo fundamento es la eternidad en acto de la presencia, no tanto
prolongarse sobre una seri infinita de momentos como constituir un ser
"todo entero", "de una vez" y "lleno".
La
presencia carece de momentos o de partes, y no se proyecta lejos de sí como una
acción de cualquier totalidad. Sin embargo, es "toda", y ésto expresa
dos circunstancias: no surgir por partes sino "de una vez", y no
tener otro tiempo que "ahora".
La
presencia de Parménides se define sin finitizarse. Por eso es a la vez concreta
y abstracta. Pero esa delimitación de sí que no obliga a sobrepasar el límite
resultante es algo que la presencia extrae de su carácter instantáneo. No es en
realidad duradero sino ajeno a la naturaleza del tiempo, fugaz y eterno.
En
Parménides lo que hay es precisamente dos cosas con una rígida frontera entre
ambas, y lo que se enuncia como principio no es lo verdadero porque abarca todo
sino por su específica naturaleza. De esas dos cosas, una es instante y la otra
es tiempo, una es pura presencia y la otra es apariencia cambiante, una es
"íntegra" y la otra es "por partes". El Ser tiene Límite o
fin por todas partes , pero posee una densidad sencillamente ilimitada,
infinita. Densidad es el otro lado del instante; lo instantáneo está fuera del
discurrir temporal porque no se diluye en el aplazamiento y carga con todo el contenido
de una vez Esto es lo que significa el atributo lleno del Ser: que su extensión
se despliega hacia dentro, como la de un brotar replegado sobre sí. La medida
de su dominio no es por eso suscitar alteración interior o exterior, sino
mantenerse intácto en el propio ánimo como pura tensión de "una esfera
bellamente circular".
"Con
Parménides comenzó el filosofar propiamente dicho, y con ello se echa de ver la
elevación del reino de lo ideal. Un hombre se libera de las representaciones y
opiniones, les niega toda verdad, y dice que sólo la necesidad, el ser es lo
verdadero. Este comienzo, por cierto es todavía borroso e indeterminado; no
puede alcanzarse más lo que allí yace; pero precisamente esta aclaración es el
desarrollo de la filosofía misma, el cual aquí no existe todacía".
Hegel
enseña que con Parménides se inicia la filosofía en el sentido más propio de la
palabra porque sólo con Parménides el pensamiento se ciñe a lo ideal o
racional. Los filósofos anteriores -Tales, Anaximandro, Anaxímenes, los
pitagóricos-, no habían alcanzado aún el pensamiento entoda su pureza. Con
Parménides el pensamiento se atiene sólo así mismo, al dominio del concepto y
rechaza todo lo que tenga origen en lo sensible y en las opiniones de los
hombres, que se nutren de lo sensible.