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    Historia de los payasos
    El payaso desde la edad media.

    Agregado: 10 de OCTUBRE de 2002 (Por Carlos Lopez / Luis Guarnizo) | Palabras: 3451 | Votar! | 1 voto | Promedio: (9 / 10) | Sin comentarios | Agregar Comentario
    Categoría: Apuntes y Monografías > Varios >

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    Historia de los payasos.

     

     

     

    El  payaso en la antigüedad.

     

    No poseemos  datos  exactos  ni tenemos la  certeza   de quién  fue el primer payaso de la historia. Sin embargo,  conocemos antecedentes muy remotos que  nos  dan  una idea de la existencia de estos personajes en la antigüedad.

    Hace unos  cuatro mil años, en la antigua  China, un bufón llamado Yusze, servía en la corte  del emperador  Chiiu Shih huang-ti, a quien se debe la construcción de la gran muralla china. Desde esta  época ya le sería  otorgado   a este personaje   un privilegio  que  le será  reconocido a lo largo de la historia:  el poderse burlar del rey, hacerle sugerencias, e influir contundentemente en sus decisiones,  aunque este beneficio  debía ser ejercido con tacto y cautela, pues  de sobrepasarse o  equivocarse,   nuestro  chistoso personaje podía pagar con su propia vida.  Se sabe  que para  construir la muralla china fue necesario que muchas personas sacrificaran su vida.  El emperador, no contento con esto,   tuvo  la idea de pintarla, con lo  cual todo  el pueblo se estremeció pero sólo el bufón Yusze se atrevió a sugerirle,  medio en broma medio en serio,   que no lo hiciera y el emperador al fin cedió,  ahorrándose con ello muchos  años de trabajo y muchas más muertes.

    En otras partes de  oriente  aparecieron los “Lubyet “,o “hombres frívolos”, que caminaban y tropezaban  llevando parasoles  haciendo una pésima imitación de los miembros de la realeza.

    En Malasia surgen los “P´rang” que llevaban  enormes turbantes,   mascaras de carrillos abultados, y colores  extravagantes sobre las cejas.

    Ya   hace cerca de unos  2000 años, en Grecia,  los  payasos  irrumpen en lo que  podría ser denominado  como el antecedente  de  las atelanas, tradición seguida por los romanos  en la que  se presentaba una obra  teatral y los payasos   aparecían en los intermedios,  o al final, interpretando una propia versión cómica de la obra. Homero  nos  habla también  de Tersites, que divertía a los guerreros griegos en las  retaguardias de las áreas de combate y Virgilio  relata las fiestas del  Ager,  en las que personajes enmascarados,  o maquillados,  improvisaban diálogos  humorísticos y representaban costumbres populares.

    Dentro de los payasos romanos  se hicieron  famosos  Cicirro,  que usaba una máscara con cresta de gallo y actuaba como tal, cacaraqueando y batiendo   brazos  a guisa de alas, y  Estúpido,  que llevaba un traje de parches  y un  gorro puntiagudo. Filemón  fue querido por todo el pueblo y es famosa su anécdota: el emperador  obligaba a los cristianos  a hacer sacrificios a los dioses y,  si el cristiano se negaba, era  sentenciado a muerte. Un Cristiano le pagó a Filemón para que fuera al templo y  ofreciera por el  sacrificio y,  estando apunto de hacerlo, el payaso  se percató de que el  también era cristiano y se negó  a   realizar el sacrificio. Con pesar de todo  el pueblo Filemón fue ejecutado  y  hoy, por su inquebrantable fe y valentía,  es  reconocido como santo: San Filemón.

    Desde un comienzo estos payasos    fueron patrocinados por los patricios, gentes adineradas  que  disfrutaban de los espectáculos  ambulantes de bufones,  entre los que   se contaban algunas mujeres.

    Cuando el emperador romano se convierte   al cristianismo,  desaparecen los teatros y, con ellos,  las famosas atelanas  que también se interpretaban en calles o plazas romanas. Entonces los payasos se ven obligados  a  errar por las plazas y mercados  de los diferentes países europeos, convirtiéndose en seres nómadas.

     

    La  edad media y los bufones   de  las cortes.

     

    Por aquel entonces se celebraba la feria en los principales distritos rurales. Una feria podía durar semanas enteras, la gente vendía, compraba y  miraba los espectáculos  ofrecidos. En este ámbito aparecen los personajes que  serían  conocidos  como “gleemen”,en Alemania y   Escandinavia, y como “jonglenrs”, en Francia.   Eran  hombres atléticos y fuertes, acróbatas, cantantes, músicos  y  entrenaban  perros, osos y caballos y hasta conejos que tocaban tambor con las patas.

     

    Otro payaso cumplía una función  muy simpática:  debía  mantener a raya al público que, dispuesto a manera de círculo, observaba los diferentes espectáculos  y, principalmente, el  del mimo. Entonces  el payaso  pasaba cerca al público y, golpeándole  en broma,  ya fuera con una estaca con un globo atado a uno de sus extremos o una escoba,  gritaba pidiendo espacio para recitar sus trovas.

     

     

    El surgimiento de los  llamados   bufones “tontos”  se  da en las cortes  de la  edad media, aunque más que ser realmente tontos por lo general  eran todo  lo contrario  y, con  mucha astucia,  ejecutaban  su  papel de  socarrones. Generalmente usaban crestas, al igual que Cicirro,  o gorros con orejas y cascabeles. Lucían vestidos  coloridos  y brillantes  y portaban los “marrotes”o bastones  que  tenían las empuñadoras talladas con la cabeza de un bufón.  Aunque el papel de los  bufones   y payasos generalmente estaba limitado a la servidumbre, hay evidencias de que algunos  gozaban de un trato familiar por parte  de  sus amos.  Triboulet,  bufón  del rey  francés Francisco I,  era llevado a las campañas militares, pero  el ruido de los cañones le asustaba tanto que generalmente se escondía debajo de una cama. En una ocasión fue amenazado  de muerte y, al  poner en aviso a su rey, éste le  respondió  que  no  se  preocupara, que  si   aquel hombre  se atrevía a matarlo sería asesinado media hora después. Entonces   Triboulet, mirando preocupado al rey, respondió: “¿No  podrás hacerlo ejecutar media hora antes?”.

    Jeffery Hudson, un hombrecillo  de  menos de medio metro  de altura, fue el  último bufón de la corte  de Inglaterra. En una ocasión, mientras  el rey Carlos I  y la reina  Enriqueta María  estaban comiendo con el duque  de Buckingham, y  ya se disponían  a cortar un enorme pastel  traído por los sirvientes,   Jeffery salió de  éste  dando brincos.

     

    Como  “alegres consejeros” se les conocía  a los bufones en  Alemania, porque  dentro de sus agudas observaciones incluían sabios  consejos.

     

    Un antecedente: la  Comedia del Arte.

     Durante  los siglos  XVI  y XVII,   se hace célebre,  en  Italia,  un nuevo estilo teatral inspirado en la atelana  romana. En la comedia del arte  los personajes eran siempre los mismos   y  sólo variaban los argumentos, que generalmente   eran construidos por parlamentos inventados sobre la marcha, improvisando, por los mismos personajes de acuerdo con su carácter. A calles y plazas  acudían  personajes  de diferentes partes de Italia. Con el tiempo, el uso de un atuendo  o disfraz   permanente, haría que estos  fueran    identificados por el público con suma facilidad:

    Arlequín lleva un disfraz de  parches en forma de rombos  y, algunas veces, un antifaz o un  tricornio en la cabeza; Brighella va vestido de blanco y verde; Polichinela ( cuyo  nombre proviene de Paolo Chinelli, uno de los primeros representantes de la farsa del 

    s XVI) viste  de blanco y con gorro puntiagudo  y el Doctor lleva un atuendo negro y unas mascara de mejillas rojas.

     

    Arlequín era un  sirviente muy  pobre, pero ambicioso,  y por lo general se metía en líos, por lo que era apaleado.  A su  amo, un mercader  avaro llamado Pantalón, no le  gustaba que   Arlequín pretendiera a su bella hija, Colombina, y evitaba a toda costa  que su  bello retoño se  viera con  su sirviente. Entretanto, éste odiaba  a Brighella que, al  ser más corpulento e inteligente que Arlequín, lucía siempre una máscara   de ojos rasgados y sonrisa astuta.

    Polichinela o Pulcinello era un astuto matón que portaba un garrote, para darle una  zurra   a quien no compartiera  sus  ideas. El doctor, amigo de pantalón, era un borrachín ( por eso llevaba las mejillas rojas) que unas veces se desempeñaba  como médico, y otras como  abogado o profesor,  y siempre lanzaba arengas  sobre temas insulsos,  dándose aires de hombre culto. Otro personaje, Capitán,  se la pasaba alardeando sobre sus hazañas y su  furia, pero realmente era un cobarde.

     

    Más tarde, en Francia,  aparecería Pierrot.  Triste   y de  cara blanca, sería otro eterno enamorado  de Colombina y, como veremos  más adelante, influirá de manera decisiva en  la conformación del payaso moderno, que  surge  con la desaparición de la comedia del arte  y la ascensión  del circo moderno, cuando vemos a un Pierrot romántico  y enamorado de la luna, una luna solitaria, porque  su amada, Colombina  ha desaparecido  para siempre de  la escena. 

     

     

    Esbozo  del payaso moderno.

     Se cree que la palabra  “payaso”  se  deriva  de un tal  Pagliaci, pero   sobre este hecho en realidad  no hay mucha  documentación.

    Lo  que    es cierto es que se considera como el primer payaso moderno de la historia  a  Giuseppe  Grimaldi, célebre a tal punto  que   el  gran Charles Dickens  escribió  su biografía. Nacido en 1778, Grimaldi  comenzó  a actuar desde que  tenia  dos años y fue mimo, cómico y volatinero. Los expertos  lo consideran el pionero del genero Clown, término que, sin bien en nuestro idioma  traduce payaso, tiene  en el inglés una procedencia bien diferente. Así pues   “clown”  es derivado  de clod, que traduce aldeano,   y ello se debe a que  los primeros payasos de circo  vestían a  la usanza de los campesinos.

    Ahora bien, ese  payaso o clown,   interpretado por Grimaldi,  no era otra  cosa  que  una réplica del Pierrot  de la  Comedia del Arte, ya que igual que él,  llevaba el rostro blanco.

    En los albores del s XIX, a pesar de su desaparición, la Comedia del Arte  sigue influyendo,  como hasta hoy lo ha hecho, los diferentes  espectáculos circenses y obras de teatro. Así, no es raro pues encontrar  a un Grimaldi que, en  1806, actuaba como payaso en una pantomima titulada “Arlequín y la Mamá  Gansa” y,  posteriormente, ejecutaba sus “arlequinadas”, en las que construía  objetos o personajes con cosas raras, como un hombre hecho de vegetales, con el cual boxeaba, valiéndose de un par de nabos como guantes.

    Tal vez  es, también nuestro   Grimaldi, el protagonista  de una de las anécdotas  más famosas sobre payasos. Parece que “Joy”, como era conocido por los ingleses,  en realidad no era un  hombre muy feliz.  Así que, cierto día, un hombre deprimido y triste  fue a ver al médico. Este lo encontró  bien y le dijo: “necesita algo que lo alegre, vaya  a ver a Grimaldi, él lo  hará reír”. A lo  que el paciente respondió: “Pero, doctor... yo soy Grimaldi”.

     

     Clowns  y augustos.

    Si  bien la figura del  clown  se deriva,  como ya dijimos,  en  gran parte   de  Pierrot, no menos  cierto es que, más tarde, ese clown   se presentaría acompañado del augusto,  derivado   del arlequín  de la Comedia del Arte.

    Existen notables  diferencias  en la apariencia y carácter de ambos personajes.

    El clown  generalmente   viste de manera  recatada, con un traje de lentejuelas, la  cara maquillada de blanco y cejas  circunflejas. Es astuto,  dotado de un humor  conservador  y hasta podría decirse que reaccionario.

    Por el contrario, el  augusto  usa disfraces extravagantes  y coloridos  que nunca  le que- dan  a la  medida, siendo  muy grandes o extremadamente estrechos. Por lo regular  calza unas zapatillas enormes  y  una  redonda nariz  roja. Es crítico, mordaz, rebelde e ingenuo. Hace el papel de tonto y  siempre se tropieza y recibe  golpes por parte de su compañero. Claro está que esa ingenuidad, esa estupidez del augusto,  es premeditada, estudiada y debidamente planeada, para hacer la contraparte  del clown, ese payaso inteligente y de apariencia un poco solemne frente al desaliño de su desgualetado compañero de escena. Aunque  también  es común que  el augusto   se dé  sus toques  de caballero dandi portando unos  guantes  blancos.

     

     Sobre el  origen del término  augusto  hay   diversas hipótesis.  Mencionaremos   dos que son las  más    conocidas y aceptadas.  La primera,  señala  que  los espectadores que estaban  en la  orilla del Rhin  solían  gritar  ¡augusto!, deformación   de una expresión popular alemana que significa ¡idiota!, cuando algún mozo torpe  o asistente de circo  aparecía sobre la lona.

    La segunda hipótesis  apunta  hacia el mismo significado  de la expresión, pero  agrega  el  nombre de ese mozo torpe. La anécdota es la siguiente:  En  Berlín, un joven acróbata, llamado Tom  Belling, fue expulsado  de la pista durante un mes por hacer bromas pesadas a sus compañeros. Apesadumbrado, Tom extrañaba el circo y se las ingenió para volver, disfrazado con una peluca vieja y un  abrigo pasado de moda puesto al revés. Creía que nadie lo reconocería  y, estando  distraído  en medio del circo, el dueño de éste, le dio una palmada  en la espalda, haciendo  que Tom  cayera en la pista. El público  creyó que esto era  parte del  show y, riendo a carcajadas, comenzó a gritar  ¡augusto ¡, ¡augusto!. Tal fue  el éxito, que Tom  siguió repitiendo el número   en todas  sus actuaciones naciendo, con él, el eterno  compañero  del clown.

    El augusto es el  perdedor en tanto el clown  es el ganador. Si ambos se disputan un balde de agua,  o un pastel,  siempre  el augusto termina   emparamado    o con la cara embarrada de pastel.

    Más tarde, cuando se forman los tríos, aparece el trombo, o contraugusto, que  tiene la misión de salir a desbaratar el trabajo realizado por sus dos compañeros.

     

    Algunos  célebres payasos.

    Para el  año de 1826  esta  modalidad  de diálogo entre el  clown y el augusto  se  populariza y toma fuerza. Se  dice que  el Clown más  completo de la historia, por la  elegancia  de su humor  como  de su porte,  fue Antonet, aunque  hay  quienes  aseveran  que este  mérito le es disputado  por Tony  Grice, payaso anglosajón  que se hizo célebre en Barcelona por sus acrobacias sobre elefantes, y que, al expirar, en 1897,  dejó  a su hijo  Tony  Grice  II el  legado  de  sus dotes histriónicas.

    Antonet, como  decíamos,  antes de  ser  clown, fue augusto. Por  eso, no es de extrañar que entrenara como  tal  a quien  formaría,  a  su lado, una de las parejas más afamadas y respetas en el mundo de los payasos, Grock.

    Grock era un payaso, músico, acróbata y contorsionista, nacido en suiza,  y   conoció  a Antonet en  Sudamérica.

    Ambos actuaron  algún tiempo  como  augusto  y clown  respectivamente, pero luego se separaron,  al parecer por diferencias,  ya que,   como tanto se ha dicho,  Antonet era  bastante temperamental, hecho por el cual se vio obligado a cambiar  de pareja en varias ocasiones.   El augusto Beby, ha sido  la más  destacada. Todavía hoy los expertos se disputan  sobre si la pareja más perfecta  de payasos  ha sido la de Grock y Antonet  o la  de éste con Beby.

    En cuanto al mejor  augusto no hay  dudas, Grock, cuyo nombre original era  Adrián  Wehtfach, se lleva todos los galardones. Triunfó  en muchas partes pero  cuando llegó a España no fue  aclamado con la misma efervescencia. Tal situación  ha sido  atribuida  a que, primero,  se le hizo  una publicidad contraproducente  en aquel país,  al regarse el cuento de que en realidad era un hombre  millonario, poseedor de un castillo en la ribera del Rhin; y, segundo, creó una escuela tan enorme que, cuando llegó a España, ya muchos  de sus discípulos  habían deslumbrado  con  sus  actuaciones y números de presentación. Llegó  a  tener un circo  y se rumoreó mucho sobre su supuesta tacañería.

     

    Se atribuye  a John  y William  Grice  la  institucionalización  de la música  en  las presentaciones  de payaso, a tal punto que se ha sostenido  que,  payaso que  no  interprete algún instrumento, no es payaso. Fueron también famosos por sus  farsas y números musicales   Aurol, Medrano y Pujol.

    Nablett,  de  nacionalidad francesa, populariza, el género del transformismo, consistente  en la imitación de personajes  de la actualidad.

    Dan   Rice, tal vez el payaso americano más famoso, bailaba y cantaba  mientras su cerdo  amaestrado hacia gracias. También los hermanos Duroff, de  Rusia,  tenían  un cerdo llamado “Chuska” que   fue entrenado para lanzarse en paracaídas,  con un globo  amarrado a cuestas.

    En   España,   Popey ha sido reconocido como el payaso(augusto)  más importante  en los últimos tiempos. Los hermanos   Díaz presentaban un número  en el que el clown golpeaba un  muñeco. Luego  el augusto hacia lo propio hasta destrozarlo y se ponía las vestiduras del muñeco. Entonces el clown golpeaba  al augusto vestido de muñeco con  lo que en una  ocasión le  tumbó los dientes  accidentalmente.  En adelante  Emilio Díaz, el augusto, hubo de seguir usando  dientes postizos y,  como si fuera poco, en otra ocasión su  hermano le partió un labio  al arrojarle un pastel con mucha fuerza.

    . En aquel país también  se hicieron célebres los  Rico y  Alex, que fueron invitados para actuar ante el rey Víctor Manuel de Italia, los Carpi, los Tonitoff, Pompof y Thedy, y sus vástagos  Zampabollos  y Nabucodonosorcito.   Chicharito y Guerrita   fueron augustos de soiree,  cuya especialidad   consistía en  ridiculizar   las acrobacias de los expertos.

     

     En  fin, la lista de payasos   afamados es interminable pero no podemos dejar de hacer justicia  al mencionar  algunas mujeres payasos como  Miss LouLou, que dio comienzo a su profesión como acróbata y funambulista, y, luego,  se casó con  el augusto Attof, con quien formó pareja. Oranda  Cristiani y la señora de Riquelme, a diferencia de la mayoría de las clonesas que optaron por el papel del   clown, interpretaron con éxito el rol del augusto. Pero  la primera mujer payaso  fue Elizabeth  Silvestre,   quien, en 1835,  trabajó en el  circo de Pablo Franque en Inglaterra.

     

    Consideraciones finales.

    Los payasos, en suma, pueden tener diversas habilidades. Pueden ser acróbatas, músicos, malabaristas, entrenadores de animales, cantantes, bailarines,  cuentachistes y, en fin,   pueden desempeñar en el escenario toda suerte de acciones y presentaciones inimaginables que  dependen, en buena parte, de las  capacidades y,  sobre todo, de la creatividad  de los propios payasos.

    El hecho  es que hoy  día  este  oficio   se ha  visto desmeritado,  no  solo por la visión que el propio público  muchas veces tiene de él,  sino  por que  sus representantes  no son conscientes  de la cabal importancia   de la función que desempeñan: la  de hacer reír.

     Ya  Rubén Darío, en su cuento “El rey burgués”,  denunciaba   este  hecho al relatar la jactancia con que un rey  dejaba  apresado en el olvido,  fuera del palacio, en medio del frío y la muerte, a un  viejo bufón, mientras  el orgulloso monarca  se regodeaba  celebrando  con suntuosas viandas,  en compañía de turiferarios, filosofastros, y supuestos sabios hombres de la corte.

    En nuestro medio  vemos  muchos augustos pero pocos  clowns.  Y son augustos más por su apariencia, porque muchos carecen  de  esa inteligencia, esa sagacidad y esa perspicacia, que son menesteres  a la hora de jugar a ser, o actuar como si fueran, idiotas.

     Hoy  se nos  ha olvidado,  o tal vez hemos desconocido,  que, aquella idiotez de los augustos,  iba cargada con un humor mordaz y crítico  y que  era una idiotez aparentada.

    Tal vez por eso el payaso  de nuestra cotidianidad, aquel que es contratado en fiestas y piñatas o que   hace las veces de perifonista por las  calles y aceras  del centro de nuestra ciudad,  reniega de su condición,  o se avergüenza de ella, cuando en realidad  este oficio que, por qué no, podría ser también profesión, tiene una historia tan bella, un pasado fascinante, rico en  anécdotas, personajes, curiosidades y todo lo que se quiera.

     

    No hemos   aprendido, también por ignorancia,  a ver mas allá de un maquillaje que  nos resulta ridículo y una mirada  triste, profunda,  del  ser   que interpreta el payaso, porque una cosa es el payaso y otra quien lo interpreta, pero uno y otro aúnan  sus esfuerzos,  sacrifican sus vidas,  por  arrancarle una sonrisa  a las nuestras,  y es por eso  que  creemos que es justo hacer un reconocimiento    a estos nobles  personajes que  tantas carcajadas  le han  robado   a  la historia. Ese es nuestro propósito. Esa nuestra finalidad.

     

    “Teta  roja de sol

    teta azul de la luna.

    Torso mitad coral,

    Mitad plata y penumbra.”

    Homenaje  al arlequín en   cuatro versos.

    Federico García Lorca.

     

    POR CARLOS AUGUSTO  LÓPEZ.

     

    AGRADECIMIENTOS  EN  EL  APOYO INVESTIGATIVO A LUIS  GUILLERMO GUARNIZO.

     

    Bibliografía:

     

    -El Maravilloso Mundo del  circo.

    -CROWTHER, Carol. Payasos y Payasadas.  Voluntad  Editores. Bogotá. 1978.

    -VICENS, F. La vida del circo. Ediciones G. P. Barcelona. 1958.

     

    Carlos  Augusto  López y Luis Guillermo Guarnizo  son Comunicadores Sociales de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia.  Apasionados  por la  historia  y la  radio, lideran  futuros proyectos   culturales   tanto para televisión  como  para radio y prensa. Tienen como meta recuperar  el género  del documental radial  y el radio drama  en su país, así como la iniciativa  de  crear productos  radiales y televisivos   de calidad  que  tengan los suficientes meritos para competir  en  el ámbito internacional.

     Resumen por  subtítulos  del artículo ‘ Historia de los Payasos’.

    -         El  payaso en la antigüedad.

    -         La  edad  media y  los bufones  de las cortes.

    -         Un antecedente. La  Comedia del Arte.

    -         Esbozo del payaso  moderno.

    -         Clowns  y augustos.

    -         Algunos célebres payasos.

    -         Consideraciones  finales.




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