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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: El Peronismo entre 1966-1973: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3033 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
En esta parte final de nuestro trabajo nos proponemos responder a los objetivos planteados al comenzar el mismo, narrando la historia del peronismo en los años correspondientes al golpe militar que estamos estudiando.
Para analizar al
peronismo en el período 1966-1973 nos es necesario remitirnos a estudiar, al
menos en algunos aspectos, los años inmediatamente anteriores al golpe de
estado de 1966. Podemos constatar, a través de los resultados electorales de la
elección presidencial de 1963, que el peronismo, a pesar de estar proscripto,
era un movimiento que estaba fuertemente arraigado en la ciudadanía. En dicha elección, que sin embargo fue la
peor del movimiento entre 1957 y 1963, el peronismo obtuvo algo menos del 24
por ciento de los votos (en blanco), mientras que la victoriosa UCRP obtuvo el
25 por ciento de los mismos. Si consideramos que una parte de los votos
peronistas apoyaron a Illia, cabe afirmar que el peronismo era la principal
fuerza política del país. Otro aspecto importante de los años previos al golpe
es el intento de retorno que Perón llevó a cabo en 1964. Este intento fracasó,
por causas cuya explicación exceden el objetivo de nuestro trabajo, pero sirve
para indicar que el general tenía la clara intención de regresar al país, lo cual
es importante tener en cuenta para el análisis de los años posteriores.
La dirección sindical
identificó como enemigos al marxismo y al socialismo, lo cual la acercaba a las
Fuerzas Armadas, y de esta afinidad surgió una “alianza”. Entonces se abandonó
la idea de intentar el retorno de Perón y Augusto Timoteo Vandor se propuso
disputarle al general el liderazgo del movimiento peronista. Un aspecto que
favorecía a Vandor en esta confrontación era la prohibición de los partidos
políticos, con lo cual el sindicalismo quedaba como el único lugar disponible
para el peronismo. Se produjo un enfrentamiento electoral entre ambos, apoyando
cada uno de los contendientes a un candidato a gobernador por la provincia de
Mendoza; y en esta disputa electoral Perón venció con claridad a Vandor,
mostrando que su liderazgo seguía vigente. Luego, la alianza antes mencionada
apoyó el golpe militar que llevó a la presidencia a Juan Carlos Onganía. De
esta manera se llegó a un cogobierno: el presidente poseía apoyo militar y Vandor
respaldo obrero.
Si bien Vandor fue el
que intentó más seriamente disputarle el liderazgo a Perón, también surgieron a
partir de la proscripción del peronismo numerosos partidos neoperonistas, los
cuales se dividían en dos partes: los que permanecieron siempre independientes
de Perón y del verticalismo (el llamado neoperonismo duro) y los que fracasaron en el intento de lograr
una importante trascendencia. (neoperonismo blando). Del primer grupo
mencionado los más importantes fueron el Movimiento Popular Neuquino, el
Movimiento Federal Democrático, el Movimiento Popular Salteño y el Movimiento
Popular Mendocino. Del segundo grupo destacamos al Tres Banderas de Jujuy y
Entre Ríos y la Línea Flores-Luján.
Dado que el
neoperonismo se desarrolló en lugares sin una numerosa población obrera y que,
además, nunca surgió un caudillo a nivel nacional, nunca hubo una organización
que pudiera asemejarse al partido político antes dirigido por Perón.
La dirección del sector obrero se dividió en tres corrientes
luego del fracaso de un plan de lucha de febrero de 1967: quienes no querían ni
creían que la resistencia fuera posible; los herederos de la resistencia
peronista, que pretendían enfrentar al gobierno a cualquier costo; y los que
rodeaban a Vandor, quienes pretendían luchar para luego negociar. Vemos de esta
manera que el movimiento obrero, base del movimiento peronista, se encontraba
dividido. Seguramente Perón lo notó y por eso, temiendo la disolución del
movimiento, convocó a la unidad al escribir La hora de los pueblos, en 1968. En este
libro sostiene que el movimiento peronista no debe ser pasivo, que debe estar
siempre del lado de los obreros, y que, para lograr una unidad de acción no
debe estar dividido. Con seguridad comprendió el general que su regreso sería
imposible si su movimiento estaba disuelto.
Dividida la dirección sindical, el movimiento obrero entró en crisis y la cantidad de días de paro por año decreció notablemente en los primeros años del gobierno de Onganía. Se logró así llegar a un clima de paz social, más por la represión que por el consenso. La relación entre el gobierno y los sindicatos, excepto los participacionistas, se fue desgastando y la clase obrera volvió a movilizarse, enfrentándose en Córdoba con la policía el 13 y el 14 de mayo de 1969 y el 29 del mismo mes en el “Cordobazo”. Este movimiento, ya explicado, demostró que el peronismo era una gran fuerza política vigente, ya que luego del mismo se logró la unidad del movimiento obrero, que, como vimos, era uno de los objetivos de Perón. Unido el movimiento y muerto Vandor (asesinado por un comando no identificado al mes siguiente del “Cordobazo”), Perón estaba en una buena situación de liderazgo que, sumada a la debilidad del gobierno militar luego del “Cordobazo”, le permitían pensar en volver a intentar el regreso. Los disturbios de mayo de 1969 y el accionar de un nuevo grupo guerrillero, los Montoneros (quienes secuestraron y asesinaron al general Aramburu), llevaron a que las Fuerzas Armadas reemplazaran en junio de 1970 a Onganía por Roberto M. Levingston. En su discurso inaugural, el nuevo presidente dejó en claro la intención de terminar la etapa con una convocatoria a elecciones. Se iniciaba así un proceso que terminaría con los gobiernos militares, dando paso a un gobierno democrático.
Evidentemente, la
dirigencia sindical también percibió la debilidad del gobierno militar: los
paros nacionales se hicieron más frecuentes y se solicitó el regreso a la
democracia. Hacia fines de 1970, se construye “La hora del pueblo”, documento en el cual se
acordaba, con representantes del peronismo, el radicalismo, el socialismo
argentino, la democracia progresista, el bloquismo sanjuanino y el conservador
popular, entre otras cosas, finalizar
con las proscripciones electorales.
En marzo de 1971
Levingston fue depuesto por las Fuerzas Armadas luego de desacuerdos con sus
pares y una ola de disturbios sociales. Su lugar lo ocupó el general Alejandro
Agustín Lanusse, con cuya presidencia se continuó la transición a la
democracia.
Hay otro factor que es
importante tener en cuenta: la guerrilla. Ésta contribuyó a que los militares
se inclinaran levemente hacia el peronismo para evitar algo que, según ellos,
podía ser aún peor: el socialismo. Pero, ¿no era Perón socialista? Según sostiene
Mariano Ben Plotkin en Perón, del exilio al poder, Perón
representaba a un socialismo nacional y cristiano, que se oponía al socialismo
internacional y marxista (comunismo). Debemos suponer entonces que lo que los
militares temían más era este segundo tipo de socialismo. Los dirigentes
permitieron, por estas razones, el reingreso del proletariado a la política
argentina. Lanusse comprendió que para evitar la guerra civil era necesario
aceptar al peronismo.
El sindicalismo ya no se encontraba
centralizado (por el surgimiento de líderes obreros en el interior), el
gobierno militar no tenía el apoyo que tuvo al surgir en 1966 y los comandos
guerrilleros, si bien causaban gran impacto social con sus acciones, no eran
una fuerza social que pudiera llegar a imponerse y llegar a gobernar por sí
sola. Perón aparecía entonces como la única persona capaz de lograr la paz
social.
Así, el general se encontró fortalecido. Lanusse
intentó negociar con éste una candidatura presidencial de transición y un lugar
institucional para las Fuerzas Armadas en el futuro régimen, entre otras cosas,
pero el general no aceptó. Las Fuerzas Armadas, a juicio de Perón, ya no se
encontraban en condiciones de negociar ya que la juventud, la guerrilla y el
sindicalismo no tradicional llevaban adelante una oposición frontal contra
éstas, lo cual debilitaba su gobierno. Finalmente, los participacionistas se
unieron al peronismo, quedando Lanusse aislado.
En estas
circunstancias regresó al país el líder del movimiento peronista en noviembre
de 1972. Estuvo poco tiempo, en el cual logró un acuerdo democrático con
Ricardo Balbín y organizó el Frente Justicialista de Liberación, imponiendo él
mismo la fórmula presidencial (encabezada por Cámpora).
Perón no fue candidato
debido a que fue proscripto por violar la cláusula que establecía que el
candidato a presentarse debía estar en el país el 25 de agosto. Sin embargo,
ésta no parece ser la verdadera razón de su proscripción ya que Cámpora pudo
presentarse, estando él en la misma situación que el líder del movimiento
peronista. Entonces debemos buscar otra explicación: Perón fue proscripto
porque Lanusse ya había afirmado que quería una presidencia de transición, y
aunque éste estaba débil no había sido totalmente vencido y logró prohibir la candidatura
del general.
En estas condiciones
se dieron las elecciones del 11 de marzo de 1973 en las cuales triunfó Cámpora
con algo menos del 50% de los votos. Y el 25 de mayo de ese año asumió el
presidente electo, poniendo fin a un largo período de gobiernos militares y
comenzando un nuevo gobierno peronista que sería el principio del camino
democrático a recorrer hasta el regreso de Juan Domingo Perón a la presidencia
de la nación.
Analizaremos ahora los
materiales seleccionados con los cuales trabajamos en el transcurso de nuestra
investigación sobre el peronismo en el período 1966-1973.
Uno de los libros que
utilizamos es Los cuatro peronismos, de Alejandro Horowicz. Esta obra es
un estudio muy completo de la historia del peronismo, de manera tal que nos
resultó muy útil. Centramos nuestra atención en la parte correspondiente al
segundo y tercer peronismos (ya describimos en la segunda parte de nuestro
trabajo las divisionesque hizo Horowicz para el estudio del peronismo). Los cuatro
peronismos, al ser un análisis completo en el sentido de que analiza
la relación entre el peronismo y otros partidos políticos, entre este partido y
las fuerzas militares y los asuntos internos del partido, nos sirve para
responder a los objetivos que nos habíamos propuesto al comenzar nuestra
investigación. Como ya explicamos anteriormente la obra mezcla diferentes
perspectivas históricas, dado que fue escrita y luego corregida por última vez
en 1991. Esto contribuye al buen desarrollo de la explicación de la historia ya
que contiene impresiones del autor rescatadas por él mismo sin que exista una
importante diferencia temporal entre el proceso analizado y el análisis hecho
sobre el mismo, pero además contiene un análisis hecho con una mejor
perspectiva histórica, hecho cuando los protagonistas de los hechos ya no eran
personajes salientes de nuestra política, lo cual contribuye a que los hechos
hayan sido analizados con mayor objetividad. De esta manera, vemos que el
libro, si bien es de gran valor, debe ser considerado como una obra subjetiva,
ya que analiza un período de la historia en el cual el autor era joven, un
período vivido por el autor. Esta subjetividad se ve reflejada en el texto (por
ejemplo, se realizan muy pocas críticas a Perón).
Otro libro utilizado
en nuestra investigación es Perón del exilio al poder. Este libro, que
es una compilación de ensayos de diferentes autores hecha por Samuel Amaral y
Mariano Ben Plotkin, es más objetivo que Los cuatro peronismos. Esto puede deberse
a dos razones: una de ellas es que el trabajo fue realizado a principios de
esta década, con lo cual los autores no están tan afectados emocionalmente por
el paso reciente de los hechos; la otra razón es que algunos de los autores son
extranjeros, con lo cual tienen una menor relación afectiva que los
historiadores argentinos. Sostenemos que esta obra es objetiva, dentro de lo
posible, debido a que se realizan críticas de manera pareja a todos los
protagonistas de la época analizada y no se percibe una inclinación de los
autores a favor de alguna persona o fuerza política. Para finalizar el análisis
de esta obra, debemos decir que se realizan en ella análisis muy buenos con
observaciones sutiles e hipótesis interesantes.
La Argentina de Perón a Lanusse
1943-1973, de Félix Luna, es un libro que fue escrito durante el
gobierno de Lanusse. La obra en sí es un análisis por momentos superficial
(dada la brevedad de la misma), pero nos es útil porque nos sirve como
testimonio de la época y como contraposición al libro de Horowicz (ya que Félix
Luna es de tendencia radical). Particularmente, centramos nuestra atención en
la explicación que hace Luna del neoperonismo y de las búsquedas de una salida
electoral.
La hora de los pueblos, un
libro escrito por Juan Domingo Perón en 1968, es una fuente que utilizamos para
analizar los mensajes que el general enviaba desde su exilio en Madrid. Es un
texto argumentativo, de propaganda política, en el cual critica el autor al
gobierno militar y explica lo que, a su juicio, se debería hacer. Para
comprender las intenciones de Perón al escribirlo es importante notar que el
texto estaba dirigido al pueblo argentino. En la obra convoca a la unidad del
movimiento peronista, lo cual es indispensable para el desarrollo de las
políticas adoptadas por Perón en su intento de retornar al país. Finalmente,
esta obra nos muestra cómo era la comunicación entre el líder exiliado y su
movimiento, cómo hacía Perón para mantener su liderazgo desde Madrid.
Otra fuente que
utilizamos y que también es útil para conocer las intenciones de Perón es un
artículo publicado en el número 43 de la revista Perón el hombre del destino,
dirigida por Enrique Pavón Pereyra, llamado “1970: la propuesta justicialista”.
En él se cita una declaración del Comando Superior Peronista, dada a conocer
por Perón después del golpe militar de junio de 1970. Analizando el mensaje que
da se percibe que muy probablemente Perón ya intuía el fin del gobierno militar
y estaba preparando el terreno para volver (hay que considerar que fue escrito
durante el exilio del general). Al igual que La hora de los pueblos,
tiene la función de ser un mensaje político. Utilizamos este artículo para
responder a dos de los objetivos que nos planteamos en la primera parte del
trabajo (el análisis del papel desarrollado por Perón en el exilio y los
intentos realizados para que éste pudiera regresar al país).
Otra fuente que
utilizamos es una estadística obtenida de El estado burocrático autoritario, de
Guillermo O´Donnell. Ésta es una fuente muy objetiva en un sentido pero subjetiva
en otro. Es objetiva porque simplemente presenta los datos estadísticos de las
respuestas que fueron dadas a distintas preguntas. Pero es subjetiva porque
presenta las respuestas dadas a determinadas preguntas, formuladas de determinada
manera. Muchas veces la manera de preguntar influye en las respuestas. También
la organización de los datos en diferentes categorías es algo subjetivo, ya que
se pueden mostrar los datos obtenidos de diferentes maneras, causando distintos
efectos en el lector.
Nos proponemos en esta parte final del trabajo extraer conclusiones, acordes a los objetivos planteados en la primera parte del mismo, a partir de lo estudiado a partir de las diversas fuentes y libros consultados.
El primer objetivo que
nos habíamos planteado era estudiar la participación de Perón en la política
argentina. La hipótesis propuesta anteriormente resultó ser correcta: el
general tuvo una participación indirecta (no ocupó cargos, dado que estaba
exiliado, pero sí pudo influir sobre su movimiento y los miembros de su
partido; más correcto sería decir que influyó sobre los miembros de lo que
antes era su partido, ya que el mismo fue prohibido durante muchos años del
gobierno militar).
En cuanto a los
líderes del movimiento peronista no exiliados concluimos que éstos se dividían
en dos grupos: por un lado estaban quienes acataban sin discusión las órdenes
de Perón enviadas desde el exilio; por otro lado estaban quienes se mantuvieron
independientes del líder del movimiento peronista. Esto se aplica tanto para
los dirigentes sindicales como para los integrantes de los partidos
neoperonistas. Con respecto a estos últimos vimos que se dividían en duros y blandos, correspondiendo esta división a
independientes y fieles a Perón respectivamente. También vimos que el liderazgo
de Perón fue discutido por algunos dirigentes, siendo el caso más sobresaliente
el de Augusto Timoteo Vandor.
Si bien se hicieron
esfuerzos para intentar el regreso de Perón a la Argentina, muchos de éstos
fueron realizados por el general mismo. En otro caso, vimos que el fallido
intento del general de volver en 1964 fue acompañado por Vandor. Sin embargo,
cabe sospechar que el dirigente sindical lo hizo por interés personal para
favorecerse él mismo (si Perón retornaba debería adherir a la política de
Vandor, ya que el movimiento obrero era entonces la única fuerza organizada del
peronismo).
Para finalizar las
respuestas a los objetivos planteados, debemos afirmar que la identificación
del pueblo con el peronismo, y especialmente con Perón más que con otros
dirigentes, se mantuvo vigente durante el exilio del general. Esto fue lo que
le permitió ser la única persona capaz de lograr la paz social luego del fin
del gobierno militar. Era la persona indicada debido a que, entre otros
factores ya explicados, su movimiento lo seguía apoyando. Afirmamos que la
identificación del pueblo con Perón era mayor que con otros dirigentes ya que,
si bien su liderazgo fue discutido, jamás ningún dirigente logró imponerse
sobre el general. Como afirma Samuel Amaral en la conclusión de su obra, no
hubo una ruptura entre Perón y el peronismo.
Para concluir, queremos extraer algunas
conclusiones que, si bien no responden a los objetivos planteados, nos parecen
importantes mencionar para cerrar el trabajo. Sostenemos que el movimiento
peronista no se disolvió, a pesar del exilio de su líder, por diversos motivos:
uno de ellos es que la identificación de los militantes peronistas con Perón
era muy grande (debido, seguramente, a la obra social realizada por el general
en sus años de gobierno, aunque esto excede ya los objetivos de nuestro
trabajo); el segundo motivo es que existía un interés por mantener el
movimiento unido, dado que, quien lograse liderarlo (ya sea Perón o algún otro
dirigente), tendría un gran poder político.
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