![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La edad de Piedra: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3671 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Piedra, Edad de,
periodo histórico, o más exactamente prehistórico, en el cual el instrumental
empleado por el hombre estaba construido principalmente con piedra, pero
también con hueso, cornamentas de cérvidos o madera. El término ‘edad de
piedra’ abarca casi toda la existencia del hombre, puesto que comienza con los
útiles más antiguos hallados por la arqueología y finaliza en algunas zonas del
mundo, como Australia y Polinesia, tan sólo hace dos siglos, cuando el uso del
metal (hito que marca el final de la edad de piedra) fue difundido por los
europeos.
A mediados del siglo
XIX, los expertos europeos en antigüedades establecieron con certeza que el
hombre vivió en tiempos remotos al mismo tiempo que una serie de animales
extinguidos. Además, determinaron que las piedras que en siglos anteriores se
denominaban ‘piedras del rayo’, eran útiles humanos antiguos y que la época de
la piedra tallada precedía en el registro arqueológico a la piedra pulimentada,
aún sin saber nada sobre la difusión o duración del periodo en que fueron
empleados. La edad de piedra, que precede a la edad del bronce y a la edad del
hierro, fue posteriormente subdividida por el naturalista y político británico
John Lubbock en distintas fases. En 1865 acuñó los términos ‘paleolítico’ (del
griego paleo,
‘antiguo’, y lithos, ‘piedra’) y ‘neolítico’ (de neo, ‘nuevo’) para definir
los periodos de piedra tallada y pulimentada respectivamente.
Paleolítico
El paleolítico, que
constituye casi el 99% del registro arqueológico mundial, fue subdividido en
tres grandes fases sucesivas: paleolítico inferior, medio y superior.
El paleolítico inferior
cubre un vasto periodo que se inicia con los primeros útiles líticos
reconocibles hallados en yacimientos de Etiopía, fechados hace unos 2,5
millones de años. No obstante, los primeros seres humanos debieron haber usado
útiles mucho antes de esa fecha. Los que fueron fabricados con materiales
orgánicos se han desintegrado y los de piedra sin trabajar son irreconocibles
como instrumentos. Los útiles tallados a partir de piedras son los únicos que
permiten ser reconocidos como tales. Los instrumentos líticos más simples
reciben el nombre de choppers (cantos trabajados monofaciales)
y chopping
tools (cantos bifaciales) que constituyen la denominada cultura de
los cantos trabajados, propia del Homo habilis. Fueron tallados mediante
percutores con la intencionalidad de crear una serie de útiles rudimentarios
apuntados o con filos por una sola cara, empleados para cortar, perforar o
raer. A veces se denominan instrumentos olduvainenses, por los hallazgos de la garganta
de Olduvai (Tanzania), donde se han descubierto numerosos restos de presencia
humana que constituyen los testimonios de la tecnología más antigua y duradera
de la humanidad, ya que permanecieron en uso durante millones de años. El filo
de un útil de sílex o cuarzo es extremadamente cortante; se puede romper o
embotar, pero a su vez puede ser retallado o simplemente desechado para
reemplazarlo fácilmente por otro instrumento, dada la disponibilidad de piedra
apropiada. El siguiente paso fue el tallado de bifaces, trabajando bloques
seleccionados de piedra por ambas caras hasta darle la forma deseada, en
ocasiones muy sofisticada, como la del bifaz simétrico y piriforme, encontrado
en grandes cantidades en el Viejo Mundo, que fue probablemente un instrumento
multiusos (presentaba un largo filo puntiagudo y cortante y un extremo
engrosado a modo de cabeza de martillo). Estos bifaces hicieron su aparición
durante la existencia del Homo erectus (antepasado directo del Homo sapiens),
del que se han encontrado restos desde el sur de África hasta el Sureste
asiático y que abarca un periodo iniciado hace 1,8 millones de años y que se
extendió hasta hace unos pocos centenares de miles de años (véase
Evolución humana). Los bifaces debieron ser, por tanto, unos útiles prácticos y
eficientes. El achelense constituyó una de las etapas más importantes del
paleolítico inferior, aunque no fue una etapa uniforme. Recibió tal nombre del
yacimiento de Saint-Acheul (norte de Francia), caracterizado por la presencia
de bifaces, hendedores y triedros. La denominada técnica levallois supuso un notable
avance; apareció en diferentes lugares y fechas durante este periodo,
probablemente de forma espontánea y no por aculturación. Se denominó así por el
yacimiento homónimo localizado en Francia. Esta técnica consistía en trabajar
un núcleo de sílex de grano fino, de tal forma que se obtuvieran fragmentos
denominados lascas, grandes, planas y con filos cortantes, de tamaños y formas preconcebidas;
pero fue en el paleolítico medio cuando alcanzó su máximo desarrollo. El
paleolítico inferior comenzó en Europa a inicios del cuaternario y finalizó con
la aparición del hombre de Neandertal hace 120.000 años.
Respecto de los
hallazgos relativos al paleolítico inferior en lo que es en la actualidad
España sobresale el yacimiento del Aculadero (Puerto de Santa María, Cádiz).
Todos los indicios señalan que la industria hallada en tal lugar corresponde a
la cultura de los cantos tallados. Se calcula que tiene unos 700.000 años de
antigüedad. Este yacimiento muestra que existieron grupos humanos que fueron
asentándose en la península Ibérica y dirigiéndose hacia el norte. Otra
importante zona de ocupación humana es la zona del Guadalquivir y las depresiones
(hoyas) de Guadix y de Baza (Granada), en especial el yacimiento de Venta
Micena, situado en las proximidades de Cúllar-Baza, donde aparecieron los
polémicos restos del que se creyó, hasta 1997, hombre de Orce (en realidad, un
équido). Otro yacimiento fundamental del paleolítico inferior español es Atapuerca
(Burgos), donde se han hallado numerosos restos, investigados en la actualidad.
El paleolítico medio es
un periodo mal definido que comenzó en distintas fechas según las zonas. Está
identificado con el llamado tecnocomplejo musteriense (nombre derivado del
abrigo rocoso de Le Moustier, al suroeste de Francia), que se extendió desde
hace 180.000 hasta hace 40.000 años, y coincidió ampliamente con la presencia
de los neandertales. El musteriense se caracterizó por el desarrollo y
perfeccionamiento de los útiles ya conocidos, los cuales redujeron su tamaño, y
la fabricación de objetos sobre lascas: puntas, raederas y bifaces. Este
periodo es denominado en África edad media de piedra y abarca desde hace
150.000 años hasta hace 30.000 años. En ese continente no se han localizado
bifaces pero sí se han encontrado ensamblados diversos útiles de pequeño
tamaño, denominados microlitos. Algunos de estos ensamblajes están asociados a
restos humanos anatómicamente modernos.
En el caso español, el
paleolítico medio estuvo igualmente caracterizado por su asociación a la
presencia del hombre de Neandertal, aunque hoy día se rechaza la absoluta
identificación del musteriense con esta especie. Junto al instrumental lítico,
aparecen objetos óseos. El numero de yacimientos aumenta de forma muy
considerable; existen al aire libre y en cuevas, entre las que destaca la cueva
de Morín (Cantabria).
El paleolítico superior
europeo corresponde ya a la presencia del hombre moderno y está asociado a una
amplia variedad de útiles de piedra, hueso, cornamenta y marfil, incluidos
propulsores, arpones y agujas. El utillaje lítico de este periodo comprende una
extensa variedad de instrumentos muy especializados (leznas, raspadores,
grabadores) realizados principalmente sobre hojas y láminas (esto es, lascas
largas, estrechas, delgadas y con filos paralelos, extraídas probablemente de
un nódulo golpeado con un punzón y percutor, más que de forma directa con un
martillo). El paleolítico superior en Europa está dividido en tres grandes
etapas: el auriñaciense y perigordiense; el solutrense y el magdaleniense. En
España se observan diferencias entre la región cantábrica y la zona levantina.
Algunas fases están asociadas a magníficos ejemplares de útiles líticos. En el
sur de Europa, durante el solutrense, se fabricaron puntas planas y delgadas en
forma de hoja, trabajadas por ambas caras. En el hemisferio norte, el
paleolítico superior acabó hace unos 10.500 años con el fin de la glaciación.
En África este periodo recibe el nombre de edad de la piedra final y se
extendió hasta la edad del hierro (pocos siglos antes o después de Cristo,
según las diversas zonas) o incluso hasta tiempos históricos, incorporándose de
este modo a lo que en el Viejo Mundo se denomina neolítico. En América, la
etapa más antigua de presencia humana es llamada periodo paleoindio, que
comenzó hace 15.000 años (algunos autores remontan su inicio hasta hace unos
50.000) y concluyó hacia el 5000 a.C. aproximadamente. Está caracterizado
por una serie de puntas cuidadosamente talladas en piedra como las puntas
Clovis y Folsom en el norte y las puntas de cola de pez en el sur.
Un hecho destacado es
que la perdurabilidad del utillaje lítico en el paleolítico es muy engañosa.
Llega hasta nosotros gracias a su naturaleza pétrea y su abundancia no refleja
necesariamente su importancia. Se han llevado a cabo estudios de cómo y por qué
los pueblos primitivos actuales emplean los útiles líticos, además de análisis
microscópicos que han permitido comparar modos de utilización y las huellas de
uso en el utillaje prehistórico con los actuales, utilizados para funciones
específicas con y sobre diversos materiales. Todas estas investigaciones han
sugerido que muchos de estos instrumentos fueron utilizados para obtener y
trabajar materiales orgánicos y que el empleo de la madera fue de enorme
importancia en el utillaje paleolítico. Han pervivido hasta nuestros días pocos
objetos de madera correspondientes al paleolítico inferior y medio, como es el
caso de un par de puntas de lanza y un receptáculo en Europa y una delgada
placa cuidadosamente fabricada, en Japón.
Grupos humanos del Paleolítico
A lo largo de todo el
paleolítico el hombre fue cazador y recolector aunque también se dedicó a la
pesca. De hecho, durante la mayor parte del paleolítico inferior los primeros
seres humanos (Australopithecus, Homo habilis y Homo erectus) fueron
probablemente más carroñeros que cazadores. Fue en el paleolítico medio y
superior cuando se realizaron actividades de caza propiamente dicha, efectuadas
con medios más apropiados y en batidas comunales. Los cazadores centraron su
actividad en herbívoros como caballos, bisontes, cabras, ciervos y antílopes,
dependiendo de cada región y del clima, que fluctuó durante toda la época
glacial. La caza mayor, como el mamut, fue escasa en comparación con la caza
menor, aunque es cierto que la actividad depredadora del hombre influyó en su
extinción y en la de otras especies de megafauna en diversas partes del mundo.
En las llanuras de Norteamérica, los cazadores explotaron las manadas de
bisontes en batidas masivas, provocando estampidas hacia barrancos donde los
mataban posteriormente. Los grupos humanos del paleolítico parecen haber sido
extremadamente nómadas, desplazándose según las estaciones siguiendo a las
grandes manadas. Durante el paleolítico inferior debieron vivir principalmente
en pequeños campamentos, de los cuales se han encontrado restos en yacimientos
al aire libre, algunos de ellos en terrazas de ríos, aunque también ocuparon
cuevas como el caso de Zhoukoudian (China) o Tautavel (Francia). En el
paleolítico medio y superior se ocuparon de forma más intensa las cuevas y los
abrigos rocosos, pero el hombre continuó viviendo al aire libre. En el paleolítico
inferior se construyeron algunos refugios rudimentarios, como los de las dunas
de Terra Amata (Niza, sur de Francia), pero en el paleolítico superior hay
testimonios de ligeros entoldados y, en Europa central y oriental, de
sofisticadas cabañas hechas con cientos de huesos de mamuts.
Se estima que se empezó
a emplear el fuego hace 1,5 millones de años. Abundan restos de hogares en los
lugares de habitación del paleolítico medio y superior. En principio fue
utilizado probablemente como medio de iluminación, de calefacción y de
protección contra animales salvajes, pero con el paso del tiempo se emplearía
también para cocinar alimentos. En el paleolítico superior se utilizó para
calentar los bloques de piedras a fin de facilitar su trabajo, para alterar el
color de los pigmentos minerales y en algunas zonas, como Moravia y Japón, para
cocer figurillas de arcilla. Los grupos humanos del paleolítico medio
practicaron ya con toda probabilidad la navegación. El hombre llegó a Australia
al menos hace unos 55.000 años. Esto significa que cruzó al menos 100
kilómetros de mar abierto, puesto que Australia nunca estuvo unida al Sureste
asiático, ni en los periodos en los que el nivel del mar estuvo más bajo.
El primer testimonio
claro de prácticas funerarias corresponde al paleolítico medio. No obstante hay
pruebas de que en Atapuerca (Burgos, España) tuvo lugar un rudimentario rito
funerario hace unos 300.000 años. Hasta unos 35 esqueletos humanos del tipo
neandertalense fueron aparentemente depositados en una fosa en este lugar. La
ausencia de restos de ocupación y de útiles líticos (indicando que esos hombres
no vivieron allí) y la ausencia de huesos de animales o marcas de mordiscos
(señalando que no fueron víctimas de depredadores) sugieren algún tipo de rito
funerario. Al parecer un enterramiento neandertal en la cueva de Shanidar
(Irak) estuvo rodeado de flores. Sería en el paleolítico superior cuando los
enterramientos se hicieron cada vez más complejos (la cremación más antigua
conocida es la del lago Mungo en Australia y se fecha en torno a unos 26.000
años) en los que aparece la utilización de ocres rojos y la presencia de un
ajuar funerario y, en algunos casos, cientos de cuentas o abalorios que
probablemente estuvieron unidos a la vestimenta, además de otras formas de
ornamentación y utillaje.
De igual modo, aunque
hay algunos ejemplares rudimentarios de arte en el paleolítico inferior y medio
(como una figurilla femenina procedente de Berejat Ram en Israel, de cientos de
milenios de antigüedad), fue durante el paleolítico superior cuando apareció el
arte figurativo en todos los continentes, bien como arte parietal, bien como
arte mobiliar, bajo la forma de grabados o de pequeñas estatuillas. Aunque el arte
paleolítico europeo es el mejor conocido, hay ejemplos de grabados en roca y de
arte mobiliar de fecha similar en otros continentes. Por ejemplo, en Australia
existen petroglifos (grabados sobre rocas) que se pueden datar en una fecha
aproximada de hace 40.000 años. Namibia posee pinturas rupestres polícromas de
animales en la cueva denominada Apolo 11, que se fechan en unos 27.500 años de
antigüedad. En la India, China y Japón se han encontrado grabados sobre las
valvas de las ostras, astas de animales y cantos rodados respectivamente. En
Brasil se localizan las pinturas rupestres de Pedra Furada, que se fechan al
menos en torno a unos 12.000 años, aunque es posible que tengan un mínimo de
17.000 años de antigüedad.
Mesolítico
El periodo de
transición entre el final de la glaciación y el inicio del neolítico,
constituyó una especie de hiato en el registro arqueológico llevado a cabo en
el siglo XIX. Con el paso del tiempo se acuñó el término ‘mesolítico’ (edad de
la piedra media) para denominar este periodo de transición en Europa. Hacia la
década de 1880 ya se habían identificado algunas culturas desarrolladas entre
el 8500 y el 7000 a.C. en el Oriente Próximo, pero en Gran Bretaña
(territorio en el que el neolítico procede del continente europeo) esta etapa
llegaría hasta el IV milenio. Por lo general los grupos mesolíticos siguieron
siendo cazadores-recolectores, como sus predecesores, pero pasaron a cazar
otras especies de animales muy diferentes (como el ciervo rojo y el cerdo en
vez del reno) debido al cambio del clima, que tras la glaciación se hizo más templado.
El utillaje lítico refleja este cambio de las condiciones ambientales y está
caracterizado por la presencia de los microlitos geométricos. Éstos no se
utilizarían solamente como puntas de flecha sino también como elementos de
instrumentos más complejos, uniendo las puntas, con resina, a mangos de madera
o astas de animales, que se emplearían como hoces u otros tipos de aperos para
la recolección. También se emplearon hachas de piedra o azuelas para el trabajo
de la madera. Fueron los grupos paleolíticos finales (o epipaleolíticos) del
Oriente Próximo, como los de la cultura natufiense de Palestina, quienes al
parecer dieron los primeros y decisivos pasos hacia la producción de alimentos
y la adopción de la vida sedentaria.
Neolítico
El neolítico ha estado
tradicionalmente asociado a los orígenes de la agricultura, a la vida
sedentaria y al uso de la cerámica y de instrumentos de piedra pulimentada. Sin
embargo, en la actualidad se sabe que algunos de estos rasgos son anteriores a
esta etapa. La cerámica hizo su aparición en Japón hace 16.000 años y en
Australia se han encontrado útiles pulimentados con una antigüedad de 32.000
años. Incluso durante el neolítico estas características no siempre aparecen de
forma conjunta. Por ejemplo, en el Oriente Próximo la producción de alimentos
fue anterior a la aparición de la cerámica, lo que ha dado origen al término de
neolítico precerámico (véase Jericó). No obstante, el vocablo
neolítico sigue en uso en algunas partes del Viejo Mundo. Sus inicios se centran
en el VII milenio en el Oriente Próximo y tiene su fin en el II milenio en
Europa septentrional dependiendo del comienzo de la utilización del cobre.
En el
neolítico se produjo la aparición de los primeros poblados con casas edificadas
con diferentes materiales, en diferentes partes del mundo: casas de adobe en el
Oriente Próximo y de grandes troncos de madera en Europa central y occidental
por ejemplo. En Jericó, el neolítico precerámico coincidió con la construcción
de una monumental muralla de piedra. Pero quizá el poblado neolítico más
extraordinario sea el de Skara Brae en las islas Orcadas, cuyas casas y su
mobiliario (incluido alacenas, aparadores y camas) están realizadas con losas.
La cerámica, producto del desarrollo natural de pueblos sedentarios, fue
ampliamente utilizada. El cultivo de cereal y la domesticación de animales,
como vacas, ovejas, cabras y cerdos, fueron resultado no de un brillante
descubrimiento, sino de la necesidad causada por la presión demográfica. La
minería también hizo su aparición en el neolítico. Sus orígenes se pueden
rastrear en el paleolítico, al practicarse actividades mineras para obtener
ocre en África y en Australia o al excavar en cuevas para extraer nódulos de
piedra. En el mesolítico se había obtenido obsidiana (piedra volcánica) en las
islas del Mediterráneo, pero fue en Europa septentrional durante el neolítico
cuando se explotaron ricas vetas de sílex de alta calidad mediante un enorme
sistema de pozos y galerías radiales, extrayendo los bloques con picos construidos
con astas de animales. Entre las minas mejor conocidas se encuentran las de
Grimes Graves (Gran Bretaña), de Krzemionki (Polonia) y de Spiennes (Bélgica).
El sílex de estas minas, al igual que el de otras muchas explotaciones al aire
libre, fue transformado en hachas talladas o pulimentadas, objetos de una
extensa y lejana comercialización, que se emplearon en la profunda
deforestación que se produjo en Europa en esta época. Las numerosas y alargadas
casas (de decenas de metros de longitud) construidas con grandes tablas de
madera, pueden ser consideradas como evidencia de la deforestación. En el
yacimiento de Kückhoven (Alemania noroccidental) se ha encontrado el pozo más
antiguo, fechado más allá del 5000 a.C., que estaba revestido con enormes
tablas de madera. Durante el neolítico también se construyeron carreteras o
pistas mediante tablones de madera en la Europa húmeda, como la de Somerset
(Gran Bretaña) y poblados formados por casas de madera a orillas de los lagos
alpinos, a veces palafitos, esto es, levantadas en plataformas sobre el agua.
Las excavaciones en estos poblados lacustres han sacado a la luz gran cantidad
de productos manufacturados a partir de materiales orgánicos, como objetos de
madera, de cestería o tejidos, que normalmente se desintegran con el paso del
tiempo. Ello ha permitido vislumbrar la vida cotidiana de finales de la edad de
piedra. Este tipo de materiales también se conserva en ambientes extremadamente
áridos como el suroeste americano o las alturas andinas. La cerámica estaba a
menudo ricamente decorada mediante motivos incisos, estampillados o pintados.
El arte neolítico
también presenta una amplia variedad de figurillas (en ocasiones femeninas como
en la zona euroasiática) pero quizá los logros más importantes se encuentran en
una serie de imponentes monumentos localizados en diferentes partes del mundo.
En Europa occidental hay numerosos túmulos funerarios de grandes dimensiones,
construidos con tierra sobre las estructuras mortuorias de piedra. Es notable
el ejemplo de Silbury Hill (sur de Inglaterra), un enorme túmulo de creta de 40
metros de altura y 160 de diámetro, construido hacia el año 2600 a.C. Más
impresionantes aún son los monumentos megalíticos (del griego mega
y lithos,
‘grandes piedras’) en especial los de Europa occidental: los grandes círculos
británicos (de los que Stonehenge y Avebury son quizá los más conocidos); los
menhires, o piedras hincadas verticalmente en el suelo, en la mayoría de los
casos aislados pero en ocasiones en conjuntos como los asombrosos alineamientos
de Carnac (Bretaña, Francia); los menhires-estatuas antropomórficos y las
grandes tumbas megalíticas, desde Escandinavia hasta Portugal. Muchas de estas
tumbas estaban profusamente decoradas con motivos incisos en sus piedras:
espirales, puntas de diamante e incluso hachas. Algunas tumbas en España y
Portugal estaban pintadas en su interior. Está bien comprobado que el trazado y
la orientación de algunos de estos monumentos estaban en relación con la astronomía.
Por ejemplo, Stonehenge está orientado según el solsticio de verano mientras
que New Grange tiene un vano a través del cual penetran los rayos solares
durante el solsticio de invierno. Aunque los bloques de piedra levantados en
algunos de los monumentos europeos son de imponentes dimensiones, el logro
probablemente más destacado de cualquier grupo humano en la edad de piedra se
encuentra en la isla de Pascua, en el sur del océano Pacífico, donde desde los
primeros siglos de nuestra era hasta el año 1600 aproximadamente, los nativos
del neolítico construyeron impresionantes estatuas que descansaban sobre
plataformas enormes construidas con cascajo y recubiertas con losas. Se
esculpieron unas mil de estos moai en toba volcánica con cinceles de
basalto y fueron transportadas, probablemente sobre troncos a modo de rodillos,
varios kilómetros hasta la costa donde se encontraban las plataformas. El
trabajo que supuso el labrado, el traslado y el izado de los megalitos ha
generado un profundo respeto por sus constructores y por la inmensa capacidad
del hombre, equipado tan sólo con utillaje de piedra y materiales orgánicos.
| ||||
| X | ||||