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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Pobreza y marginalidad: Pobreza y Marginalidad: Problemas de Desintegración Social.La temática es sobre Uruguay, pero los fenómenos son tratados de una forma global. Agregado: 02 de MAYO de 2002 (Por Fernando Mazzoni) | Palabras: 4854 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Educación > |
URUGUAY: MENOS POBRES PERO MAS
MARGINADOS Y EXCLUIDOS SOCIALES "(...) Hay que dejar de
discutir la validez de las políticas económicas que han logrado no solamente
que el país creciera económicamente, sino que redujera sistemáticamente su
nivel de pobreza del país. Entonces no parece que la pobreza debería ser un
tema central del debate de la agenda social de hoy.—¿Y cuáles son los nuevos
problemas sociales?
—Están ligados al
propio desarrollo y tienen que ver mucho más con problemas de marginalidad y de
exclusión social, y no necesariamente están ligados a la acumulación material
de bienes. Uno puede tener un alto grado de bienestar material y, sin embargo,
tener una creciente sensación de exclusión dentro de la sociedad. Todos los
analistas concuerdan en que hace veinte o treinta años atrás, la sociedad
uruguaya tenía un altísimo grado de integración social, incluso cuando la
pobreza era mucho mayor que la de hoy.
—¿Es una "agenda
social" similar a la que se discute a nivel de los países desarrollados?


—Absolutamente es así. Somos
el único país de América Latina que logró crecer de manera sostenida a nivel
económico, bajar la pobreza y mejorar la distribución del ingreso. Y eso no se
debe a una política en particular, eso es el conjunto de los acuerdos
institucionales que el Uruguay se ha dado. Eso es una expresión de su grado de
interrelación social. Pero en los últimos quince años, en los cuatro ámbitos de
socialización tradicionales como son la familia, el barrio, la escuela y el
lugar de trabajo, han habido cambios absolutamente revolucionarios, que estamos
mirando muy poco, que estamos hablando muy poco acerca del impacto lógico que
tienen esos cambios sobre la vida de cada uno y sobre la sensación térmica
social. Se triplicó la tasa de divorcio, se duplicó la cantidad de nacimientos
de hijos ilegítimos y la mujer se incorporó al mercado de trabajo. Esto último
es positivo desde el punto de vista del ingreso de los hogares, pero empezaron
a haber hogares sin una presencia adulta. En el barrio aparecieron fenómenos de
urbanización que no conocíamos como los guetos. Y esto no es por mayor pobreza.
También existen guetos para ricos, barrios cercados. El country, por ejemplo,
es un fenómeno moderno y tremendamente agresivo en términos sociales. El viejo barrio
policlasista donde todo el mundo se encontraba más allá de sus diferentes
niveles de ingreso, se apoyaban mutuamente, se conocían y extendían lazos
sociales que después duraban toda una vida; bueno, eso no está sucediendo hoy.
Los estratos de ingresos se están separando en el tejido urbano y están
levantando barreras entre sí. Este es un tema grave que no se está estudiando.
Nadie lo está mirando como un tema de prospectiva, de cómo va a impactar eso
sobre el grado de integración social que supimos tener. El enrejado de las
casas puede ser que genere cierto grado de seguridad hacia adentro, pero genera
violencia hacia afuera. Es tremendamente agresiva la reja en términos de
exclusión. (...)
—¿Qué cambios hubo a
nivel del trabajo? ¿Está vinculado al problema del desempleo?
—El tema de la inestabilidad laboral es mucho más importante
para entender la sensación térmica. En el Uruguay el empleo en el sector
privado se parecía mucho al sistema de protección del empleo japonés. Acá para
que se fundiera una empresa tenía que estar en una situación muy, muy especial.
Esa garantía que de alguna manera antes extendía el Estado a casi cualquier
puesto de trabajo, fuera público o privado, hoy en día ya no existe. (...)
—La gente vive mejor,
pero angustiada...
—Es indiscutible que se venden muchos más autos, hay más
hogares con televisores y videograbadores, hubo un aumento del consumo en todos
los rubros. El tema es si ese aumento del bienestar material y de la capacidad
de consumir bienes ha ido acompañado de un aumento del bienestar espiritual y
psicológico de la gente. Y yo creo que no necesariamente fue así. En algunos
casos sí y otros no. (...)
—Existe la percepción de
que en los últimos años aumentó la marginalidad: más mendigos, más niños
pidiendo en los ómnibus. ¿Usted entiende que esto es una sensación o es una
realidad?
—Marginalidad siempre hubo, pero era una marginalidad ligada
a una imposibilidad de acceder a ciertos niveles de bienestar material. Era una
marginalidad que se confundía con el problema de la pobreza y con la falta de
recursos. Hoy en día, la marginalidad moderna, y creo que es creciente en
nuestra sociedad, es un problema de desintegración social. Por supuesto que se
manifiesta en los sectores de menores ingresos. Pero no necesariamente los
marginales son pobres en el Uruguay. Muchas de las personas que nosotros
visualizamos hoy como marginales tienen una situación material mucho mejor que
la que tuvieron en el pasado. (...)". (director del programa de Fortalecimiento de las Areas
Sociales dependiente de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Máximo Halty,
en Búsqueda del 26 de noviembre)
Ce.R.P. del Este
Ciencias Sociales - Sociología en el Uruguay.
La tapa de este trabajo esta diseñada con recortes de noticias de los principales medios de prensa escrita de nuestro país con relación a los conceptos de pobreza y marginalidad que más adelante serán desarrollados. Seleccioné estas noticias para contextualizar este trabajo y poder tener una visión critica acerca de la realidad social en la cual vivimos.
Creo necesario citar algunos datos con respecto a la población de nuestro país para realizar diferentes apreciaciones.
· Uruguay tiene al 22 de mayo de 1996, fecha de realización del VII Censo General de Población de Hogares y V de Vivienda, 3.163.763 habitantes, de los cuales 51.46% son mujeres. La tasa anual media de crecimiento intercensal promediada desde el censo e 1985 al de 1996, equivale a 6.44 por mil. Este crecimiento no es homogéneo; la población urbana crece a una tasa anual promedio de 10 por mil, mientras que las áreas rurales pierden población a un ritmo del 21.2 por mil anual.
· El 42% de la población se concentra en su capital, Montevideo. Ese nivel de concentración urbana se repite en las capitales departamentales del interior del país. El 91% de la población total del país se concentra en áreas urbanas. Su población rural apenas supera el 9% del total. Se calcula que alrededor del 10% de la población actual es descendiente de esclavos Africanos.
· En lo que hace a la migración externa, en los últimos cinco años han venido a recidir al país algo más de 34.000 personas. La mitad de ellas se han radicado en Montevideo. La composición por edades de la población, muestra una alta proporción de personas en edades adultas mayores (personas de 65 años o más) con un 13%; mientras que los jóvenes alcanzan sólo el 25%. Dentro de la primera, a iguales edades, predominan las mujeres sobre los varones; 15% y 11% respectivamente. Las mujeres predominan en las áreas urbanas y los hombres en las rurales.
· La tasa global de fecundidad se estima para el total del país en 2.6 hijos por mujer. La fecundidad adolescente registra un aumento muy significativo; de 62 nacimientos por cada mil mujeres en edades entre 15 y 19 años, esta cifra se eleva actualmente a 76 nacimientos por cada mil mujeres.
· Paralelamente se observa un descenso en las edades cúspide de fecundidad (25 a 29 años), y un incremento de las tasas en las edades avanzadas. Se evidencia una modificación en las modalidades de constitución familiar; va perdiendo peso relativo el matrimonio como institución formal, y aumentan las uniones consensuales o de hecho.
· Desde el punto de vista educativo, la población analfabeta está representada por el 3.1%. Son 47% los que llegaron a los niveles de enseñanza media o superior.
· Desde el punto de vista de la estratificación social, Uruguay tiene una clase trabajadora vinculada fundamentalmente a los servicios y entes estatales, un extinguido sector de trabajadores del sector industrial y una importante masa de trabajadores estivales, que desarrollan sus actividades, fundamentalmente de servicios, vinculados al turismo.
· El problema del desempleo ha pasado a tener una trascendencia mundial. Para América Latina y el Caribe, Uruguay y Argentina son los países que muestran los mayores niveles de desempleo, siendo un 11.4% y 14.9% respectivamente. En cuanto a la situación general de los jóvenes, aproximadamente el 70% de los desocupados jóvenes pertenecen al 40% más pobre de la población.
Este trabajo tiene como temas centrales: la pobreza (como fenómeno de larga duración y acumulación), y la marginalidad social. Si bien aunque sea en la pobreza donde se concentre la mayor marginalidad esta no es sinónimo de pobreza. La idea más generalizada de la pobreza (que se manifiesta en las formas de medición de la misma) tiene que ver con la carencia o escasez de bienes materiales, ya sea medidos de forma directa a través del indicador de necesidades básicas insatisfechas, o bien de manera más indirecta por medio de las insuficiencias de los ingresos, o línea de pobreza. Por cierto la cuantificación del fenómeno es importante, sin embargo su comprensión no puede agotarse con la misma, ya que por una parte existen elementos no monetarios (difícilmente medibles) que inciden en el bienestar de las familias y las personas y, por otra, aspectos culturales, territoriales y políticos inciden en la configuración de la pobreza.
A su vez, desde esta perspectiva, y en este escenario emergen crecientemente durante la década de los noventa, diversas manifestaciones de "segmentación y fragmentación socioeconómica y cultural". Así por ejemplo, surgen "nuevos perfiles de marginalidad y pobreza" (inserción laboral precaria, insuficiencia de ingresos, movilidad descendente y violencia), que asociados a pautas de segregación residencial y educativa, acentúan la desintegración y segmentación social.(Katzman 1996).
Perfiles de América Latina
-
Ciudad globalizada.
Ciudad de México y São Paulo lo
son en tanto megaciudades; en otras ciudades centrales en la región, existen
núcleos estratégicos globalizados; estas son ciudades satélites, que actúan
como polos de atracción, donde circulan redes de comunicación, se transportan
personas, bienes y servicios, y en casi todas las concentraciones urbanas, es
posible encontrar enlaces globalizados —desterritorializados— de la producción
y consumo.
-
Ciudad localizada.
Las grandes áreas metropolitanas,
al igual que las ciudades secundarias, provinciales y pequeñas localidades
urbanas, están segmentadas en sectores identificables, por usos, por historia,
por características socioeconómicas. Estos sectores todavía preservan la
especificidad de pueblos y barrios.
-
Ciudad violenta.
Colombia tiene la tasa más alta
de homicidios del mundo; la siguen Brasil, Panamá y México. Algunos autores
señalan que en las ciudades el origen de la violencia está relacionado con una
crisis de integración. Los cambios económicos y sociales que están ocurriendo
en América Latina significan pasar de sistemas de movilidad social colectiva a
sistemas de movilidad social individual. Ciertamente los valores de un mundo
urbano popular, en donde predominaba una cultura obrera, desaparecen con los
cambios recientes.
Estas ciudades —la globalizada,
la localizada y la violenta— nos hacen perder de vista que la ciudad
latinoamericana también es una Ciudad empobrecida. En América Latina los pobres[1]
en los años noventa se concentran en las ciudades. Fenómeno nuevo y creciente,
que ha ocurrido en los últimos veinte años. Si bien el porcentaje total de
personas pobres en la región ha crecido levemente en términos porcentuales, la
población urbana pobre en el período entre 1970 y 1990 pasó del 29 al 39 por
ciento, mientras que la población rural pobre disminuyó porcentualmente del 67
al 61 (Cepal 1994).
Si en 1970 en las áreas rurales
se encontraba el 63 por ciento de los pobres de América Latina, hoy el 59 por
ciento de ellos está en áreas urbanas. En cifras absolutas significa que el
número de personas pobres que habitan en las ciudades ha pasado de 44 millones
a 115 millones de personas (Cepal 1994:157).[2]
Esta concentración de pobreza en las áreas urbanas crea nuevas y crecientes
demandas por suelo urbano, vivienda, infraestructura, servicios, integración y
participación, demandas a menudo no satisfechas por las autoridades.
Actualmente la situación social en las áreas urbanas es más compleja que en décadas anteriores. La mayor concentración de pobreza a la que se aludía en el párrafo anterior es, además, de carácter heterogéneo y ligada a factores diversos y cambiantes, con una mayor desigualdad en la distribución del ingreso. La concentración de la pobreza en las ciudades ha cambiado su geografía, reforzando la tradicional segregación especial hasta alcanzar situaciones en que es difícil seguir hablando de una sola ciudad, ahora que los grupos segregados tienen diferentes vidas, confinadas a diferentes límites espaciales.
Si echamos un vistazo al programa de “Sociología en el Uruguay” vimos que desde las postrimerias del siglo XIX hasta nuestros días, como los ciclos de vida estaban asociados a pautas culturales, y como con la modernización del Estado se consolida a la mayoria de la población mejores condiciones de vida, regulando la urbe, creando una mentalidad urbana, planificando. Así lo muestra, por ejemplo, Germán Rama en su libro “Democracia en el Uruguay” donde plantea la necesidad de rentar con una mano de obra instruida, que se pueda insertar en una industria humana, y por otra parte por una necesidad de integración social.
En el pasado la pobreza era la
consecuencia de la dualidad campo-ciudad, urbanismo-ruralidad,
industria-producción artesanal, progreso-retraso, etc. La marginalidad era el
producto del proceso de modernización capitalista industrialista y urbanista
que dejaba al margen de dicho proceso a sectores importantes de campesinos y
pobres atraídos por las ruidosas campanas del progreso.
En el pasado, el Estado, la
acción de los partidos populares y los movimientos sociales trataron de superar
los problemas de marginalidad y desigualdad social redistribuyendo,
fortaleciendo el ámbito de los público (educación, salud, infraestructura,
equipamiento social, etc,), impulsando reformas agrarias, alfabetizando,
ampliando y extendiendo el sistema educacional, profundizando la democracia
creando condiciones de movilidad social.
La modernización de la sociedad moderna, entendida neoliberalmente, coloca al mercado en el centro de las decisiones económicas, sociales, culturales y políticas y para comenzar este trabajo, encuentro necesario explicitar algunas de las particularidades del contexto de globalización en el cual estamos ubicados.
En su definición más amplia, el
término engloba un proceso de creciente internacionalización o mundialización
del capital financiero, industrial y comercial que exige un reacomodo en las
distintas dimensiones, que abarca de lo político-económico, a lo
socio-cultural. Lo que se globaliza no son únicamente las instituciones
estatales y las estrategias económicas, sino también las ideas y los patrones
socioculturales de comportamiento. Esto debido a que, durante la segunda mitad
del siglo XX, la globalización del capital vino acompañada por la revolución
informática y, muy especialmente, por dos de sus productos tecnológicos: la
industria cultural y la comunicación a distancia.
En cuestión de pocas décadas los medios electrónicos de comunicación (teléfono, cine, televisión, video, fax, internet) han propiciado una transformación jamás conocida en los imaginarios culturales de la humanidad. Rompiendo barreras culturales, sociales, políticas o ideológicas erigidas desde hace milenios, los medios han configurado una verdadera cultura global de masas. Todo un universo de signos y símbolos difundidos planetariamente por los mass media empiezan a definir el modo en que millones de personas sienten, piensan, desean, imaginan y actúan. Signos y símbolos que ya no vienen ligados a las peculiaridades históricas, religiosas, étnicas, nacionales o lingüísticas de esas personas, sino que poseen un carácter trans-territorializado y, por ello mismo, postradicional. (cf. Giddens 1993).
DOS INTERROGANTES QUE AYUDAN A DIBUJAR AL POBRE DEL SIGLO XXI.
·
¿Se aprende a ser pobre? ¿Estamos frente a una pobreza
aprendida?
El pobre, en
una sociedad sin movilidad ni equidad social, es socializado para que se
acostumbre a vivir en su estado de pobreza. Ello ocurre sobre todo cuando la
pobreza es una condición social que prácticamente se hereda de generación en generación: los pobres son por lo general
hijos de pobres, los que a su vez, probablemente producirán otros pobres y
otros pobres...
Solo la
educación puede contribuir parcial y ocasionalmente como mecanismo de
superación de la pobreza. Ocasionalmente, debido al hecho de que por lo general
los pobres no tienen acceso completo a la educación y, aun cuando legalmente
sea un derecho establecido, las condiciones socio-económicas obligan a muchos
niños a desertar tempranamente del sistema educacional. Trabajo y salarios justos constituyen - en
toda sociedad - un decisivo factor de superación de la pobreza. Actualmente el
trabajo mal remunerado y precario, constituye el factor más importante causante
de pobreza, la que incluso afecta a importantes segmentos de las llamadas
clases medias.
Se aprende a ser pobre, como
una condición cuasi natural. Quien vive largamente en un sistema termina por
habituarse a él. El sistema lo habitúa, lo obliga a aceptar las reglas del
juego, sus normas, sus pautas de
conducta y sus valores, sus formas de ser, de relacionarse, su lenguaje y
formas de entendimiento, su violencia y sus conflictos. Estas relaciones están
fundadas en la precariedad del suelo y del techo compartido, en la estrechez
habitacional, en la falta de recursos y dinero, en el terrible y limitado
“aquí” del vivir cotidiano, en la imposibilidad de romper este círculo vicioso
del ser pobre.
El ser humano para
reproducirse en forma normal, necesita de determinadas condiciones. Las mismas,
ya deben existir en el momento de la concepción, pasando de la niñez a la
adolescencia, juventud, adultez y vejez. El ciclo de la vida exige de
condiciones especiales, diferenciadas conforme se evoluciona biológica, humana
y espiritualmente. El ser humano es un ser completo y complejo. Por lo tanto no
se le puede tratar reducidamente, como un mero factor económico, un ente
biológico o puramente individual. Por lo general los sistemas sociales no
consideran las diferentes dimensiones de la vida humana, acentuando un aspecto
parcial de su condición. Cuando estas condiciones faltan, el ser humano no
puede desarrollar todas sus potencialidades, se queda a medio camino,
individual y socialmente incompleto.
Los pobres son
seres humanos frustrados en su posibilidades de desarrollo integral. El
empobrecimiento abarca los aspectos físicos, biológicos, habitacionales,
recreativos, culturales, económicos, sociales, políticos espirituales y afectivos que configuran la
vida social. Todos los factores son susceptibles de medir de alguna manera, sea
en forma, en su calidad y en su cantidad. Más aún, en el caso del estándar o
calidad de vida, los parámetros cuantitativos suponen una valoración
cualitativa y, a su vez, lo cualitativo se manifiesta también en cantidad.
·
EL INDIVIDUO
Y LA NECESIDAD DEL ESPACIO.
En países
europeos desarrollados la habitación no sólo está estipulada como una necesidad
elemental, sino que además existe una cuantificación cualitativa de lo que cada
persona necesita como mínimo; ello se expresa en espacio construido, en
cantidad de metros cuadrados por persona o niño. Al fijarse metros cuadrados
habitables por personas, en el fondo se parte de una condición habitacional
requerida por una persona para desenvolverse físicamente. Es decir, la cantidad
de metros cuadrados de habitación corresponde a una concepción de calidad
habitacional. Los pobres tienen lo mínimo, en el espacio físico mínimo, en la
vivienda mínima, para un individuo considerado también mínimamente.
La reducción
del espacio habitacional a un mínimo, reduce también a un mínimo las
posibilidades de movimiento y de vida al interior de la vivienda, limita
gravemente las posibilidades de convivencia familiar; impide el crecimiento
individual de cada ,miembro de la familia, dado que al individualidad subjetiva
requiere de un espacio propio para cultivarse y crecer y, de esta manera poder
relacionarse adecuadamente con el resto.
En el fondo,
la reducción del espacio habitacional impide que se desarrolle el conjunto de
la comunidad familiar. Más aún, el hacinamiento facilita la promiscuidad y la
violencia intrafamiliar. Por otra
parte, la monotonía y la uniformidad de la construcción, lo repetitivo, hace
homogéneo el paisaje de los pobres, los empobrece estéticamente. La vivienda
constituye un factor esencial en el momento de marcar el límite de la pobreza.
La carencia de vivienda otorga al afectado el denigrante sello de “vagabundo,
mendigo”, por lo general asociado a otras carencias - trabajo, educación,
alimentación, ingresos estables - patentiza de manera dramática una condición
de absoluta vulnerabilidad individual y social.
La carencia
habitacional, la condición social de “sin techo”, implica el total desarraigo
territorial, significa la falta de un lugar físico y geográfico donde instalarse
humanamente, para construir identidad personal y ser reconocido por la
comunidad como un sujeto concreto, existente y provisto de una dirección
territorial y vecinal. La carencia habitacional atenta contra el desarrollo de
la subjetividad y de la ciudadanía.
La falta de
acceso a la educación y cultura constituye otro factor que bloquea el
desarrollo del potencial humano y ciudadano moderno que toda persona representa
de por si. En la época moderna la educación y la cultura proporcionan al
individuo herramientas fundamentales para la autoemancipación y el desarrollo
de la individualidad. No sólo el acceso a los medios de producción transforman
en “señor”, también la cultura - sobre todo cuando no se posee bienes de
capital - contribuye al ascenso social. No sólo la economía es un factor de
poder, también el dominio de conocimientos, la acumulación de información y
saber. Y quien no posee medios de producción ni bienes culturales es víctima de
una doble marginación social. Los sectores medios en las sociedades modernas
logran, precisamente, movilidad social, gracias al control profesional de
medios informativos y conocimientos. El poder actual de la tecnocracia, de la
burocracia y de los profesionales atestiguan esta afirmación, poder que se
extiende a diferentes esferas de la vida económica, social, política y
cultural.
Pobres sin
conocimiento, sin información, carecen de la sustentación cultural necesaria
para sobrevivir en un mundo cada vez más complejo y difícil de descifrar,
comprender e interpretar. La educación y la cultura de calidad pueden ayudar a
los pobres a enfrentar por sí solos los difíciles - muchas veces insuperables -
problemas que sufren día a día. Adecuados niveles de educación constituyen un
indicador esencial de la sustentabilidad social de la población pobre. No se
trata por cierto de aumentar la escolaridad cuantitativamente, sino de ofrecer
una educación de calidad, capaz de proporcionar competencias profesionales,
culturales y sociales que hagan de los pobres personas cultas, provistas de
igualdad cultural, indispensable para la acción e interacción social en grupos
y en sociedad.
La afectividad
es otro factor significante en la construcción de la relación humana, en el
habla, en la consideración y respeto mutuo. La carencia de afectividad, de
amor, disminuye la autoestima y destruye la identidad individual. El desarrollo
de la afectividad requiere de la existencia de condiciones de convivencia
humana, propicias para el surgimiento del equilibrio y la armonía.
La afectividad
se cultiva desde la infancia y constituye para la vida cotidiana una energía
indispensable para el desarrollo y la felicidad humana. Los pobres tienen la
misma capacidad afectiva que otros sectores sociales. Sin embargo, la dureza de
la condiciones de vida, el hacinamiento, la falta de privacidad, la carencia de
espacio, los golpes, la desinformación, la represión, tabúes e inseguridades a
que se encuentran permanentemente sometidos, dificultan enormemente el
ejercicio libre y pleno de la afectividad. La sustentabilidad social es una
realidad compleja que abarca importantes
y vitales aspectos del desarrollo de la vida humana.
El ser humano
no es capaz de autosustentarse, sólo lo puede hacer socialmente, en la vida solidaridaria e interrelacionada,
en redes de comunicaciones y complementaciones interindividuales y
sociales, respaldadas equitativamente
por las mediaciones institucionales, en especial por un Estado activo y
redistribuidor del conjunto de los beneficios sociales. Trabajo estable, salud,
participación en las decisiones y vida en un ambiente libre de contaminación
constituyen también, factores fundamentales de la sustentabilidad social.
La pobreza que
afecta a millones de personas - así como a la mayoría de los pueblos
latinoamericanos - no es un problema de ahora, sino de larga duración y
acumulación. La estratificación histórica de las sociedades han mostrado como
realidad constante la existencia de un segmento de población pobre, el que se
ha reproducido históricamente dentro de limites impuestos por la demarcación
cuasi estamental de las clases.
Se nace,
crece, envejece y muere en el estrato
marcado por la pobreza. La pobreza constituye una especie de submundo - no
necesariamente subcultura - que establece fuertes condicionamientos
estructurales a las personas que por desgracia social les corresponde
desenvolverse en dicho medio.
En este sentido, la pobreza es un mundo cerrado, un
círculo autoreferido y autoalimentado por profundas falencias y precariedades
económicas, nutritivas, emocionales, culturales, intelectuales, políticas,
sociales, ambientales, temporales y espaciales. La pobreza tiene una larga
historia, en la que unos pobres van heredando los problemas y la pobreza de
otros. Son el producto del “costo social” de las transformaciones económicas,
políticas, sociales y culturales que vive una sociedad en su trayecto
histórico.
La falta de mecanismos efectivos de movilidad social y la concentración extrema
del ingreso han consolidado este círculo vicioso de la pobreza. Los países
desarrollados implementaron políticas
de compensación social de carácter
integral, plasmadas en los llamados
“estados de bienestar social”. Sus sistemas sociales eran abiertos, ofrecían a
la mayoría de la población - independientemente de su pertenencia social -
posibilidades de experimentar progresos, de subir en la escala social.
Especialmente la educación fue el instrumento cultural que por excelencia
contribuyó a desarrollar el potencial intelectual, técnico, profesional y
ciudadano de las personas.
Resulta muy difícil definir
o describir con precisión lo que significa la pobreza para los afectados. Entre
los sectores sociales más duramente afectados por la pobreza se encuentran sin
duda las mujeres. Con razón en la literatura sobre estudios de la mujer se
emplea el término “feminización de la pobreza”. La mujer no sólo está más cerca
que el hombre de la pobreza, a ella además le corresponde enfrentar diariamente
las situaciones de pobreza que vive la familia o ella y sus hijos cuando se
trata de mujeres jefas de hogar (cerca de un 25 % de los hogares pobres).
La racionalidad
instrumental, de que nos hablaba Weber, ha seguido avanzando, inspirando e
impregnado los llamados procesos de modernización. En todo caso se trata de una
racionalidad capitalista privatizadora, donde lo que cuenta es la
cuantificación y la acumulación de riquezas. En este sentido puede decirse que
el desencanto de la modernidad sigue su curso... con el rigor endurecido del atraso y la pobreza.
Ser pobre significa algo mas
que una mera condición social. Pobres no sólo son aquellos que carecen de los
medios necesarios para subsistir, sino que además constituyen una especie de
“mal social”, una “enfermedad” que corroe las bases de la sociedad “sana”. Los
pobres son apuntados con el dedo, como seres de otro mundo, carentes de las
cualidades y virtudes que se supone al ciudadano integrado.
Pobre es alguien que además
de vivir en carencias, no está en condiciones de valerse por sí mismo. En otros casos la estigmatización está
relacionada con la conducta “conflictiva” de determinados sectores de pobres.
El estigma reproduce pobreza en la conciencia del que ya es pobre, al depositar culpabilidad sobre la condición de pobre sobre el mismo afectado.
Estamos ante una sociedad más compleja y diferenciada, pero sobre todo fragmentada. El tema hoy no es la dicotomía pobres-ricos sino incluidos-excluídos, ciudadanos con futuro o sin él.
Aportes
de la prof: Laura Vigo
GIDDENS, A. (1990): Consecuencias de la Modernidad.
Ed.Alianza Madrid.
GARCÍA CANCLINI, N. (1989): Culturas híbridas. Estrategias
para entrar y salir de la modernidad.
México: Grijalbo.
KATZMAN, R. (1996): Marginalidad e integración social
en Uruguay. Ed. CEPAL, Montevideo.
KLIKSBERG, B. (1999) Capital Social y Cultura, Claves
Esenciales del Desarrollo. Revista de la CEPAL 69. http://www.eclac.org/publicaciones/SecretariaEjecutiva/7/lcg2067/kliksbergesp.pdf
NACIONES UNIDAS, Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL), 1997, La Brecha de la Equidad. América Latina, El Caribe y
la Cumbre Social, Santiago de Chile, Chile.
Diferentes medios de prensa
escrita del Uruguay: Búsqueda, El Observador, La República, El País, Revista
Posdata.
Trabajo enviado por:
Prof: Fernando Mazzoni
[1] Personas con
ingresos inferiores a la línea de pobreza
[2]. Entre 1990 y 1994, Cepal señala
que el número total de hogares pobres disminuyó de 41 a 30 por ciento. Entre
1995 y 1996, la situación es variada. Mientras en Chile, Brasil y Perú las
estadísticas oficiales indican que la pobreza ha disminuido, en Argentina,
México y Venezuela, la pobreza ha aumentado marcadamente. En el resto de los
países en la región, los niveles de pobreza no han cambiado significadamente
(Cepal 1997).