Del caballero circular. Un ensayo sobre la construccion del pensamiento politico en la Universidad.
Política y universidad.
DEL CABALLERO CIRCULAR.
(Un ensayo sobre
la construcción del pensamiento político en la Universidad).
Por: José Guillermo Anjel R.
Aclaración previa:
Por política entiendo el comportamiento moral
en lo diverso, es decir, la institucionalidad del ciudadano fundamentada en
tolerancia, definiendo a la tolerancia como aquel deseo permanente de conocer
al otro para aprender de él y así salir de la ignorancia. Para mi, el
intolerante es un ignorante del otro y, lo que es peor, de las creencias y los
saberes (en términos de talentos y
aprendizajes) del otro. Así mismo, cuando hablo de moral, hablo de las
costumbres tenidas como buenas y pactadas por el colectivo, no en calidad de
verdades absolutas o veneradas sino como elementos en proceso de construcción
mediante la comparación, la discusión y el intercambio.
Por Universidad entiendo aquel colectivo que
construye (elabora, prueba, debate y argumenta) pensamiento sobre unos patrones
universales aceptados como fundamentales y comunes (cuasi leyes) para un mejor
entendimiento del entorno y las variables culturales y económicas que se dan en
él. En la universidad trabajamos conocimiento positivo (ya comprobado en sus
causas y efectos), lo que permite una mejor construcción de las verdades
normativas (las que nos permiten vivir nuestro espacio y nuestro tiempo) y de
un debate civilizado de las distintas posturas, ya sea nuevas o reeditadas, es
decir, nacidas como consecuencia de o tomadas de situaciones y acciones
pasadas. Trabajamos con el logo (la razón) reflexivo, no con el mito o los
meros asombros.
Y el ser, como anota John Locke, es una suma de
expectativas constantes que busca lo que le es propio para realizarse. La
propierty Lockiana, ese afán de los hombres de ajustarse al medio mediante
propicio a través de pactos que obligan a deberes y derechos, propone un ser
vivo, mutante, incapaz de toda quietud. Un ser en pie de lucha que defiende en
sus logros la realización de sus derechos o que intenta alcanzar, a través de
éstos (deb. y der.) lo que sería su
idea de progreso. Somos en lo habido y en el haber, que es el motor político
que visualiza lo que hay y lo que habrá. Somos todo el tiempo en el ejercicio
de la virtud, es decir, de aquello que podremos lograr.
Preámbulo:
Esta charla la voy a cifrar en una idea tomada de
Germán Arciniegas en su libro EL
Estudiante de la Mesa Redonda, donde determina cómo, históricamente, todos
los cambios sociales, políticos y económicos
han nacido de los estudiantes y de la discusión en la universidad. Y, al
mismo tiempo, cómo han sido los estudiantes los auditores del comportamiento
político de los gobernantes y, en un momento dado, los que con sus ideas y sus
actos han hecho posible un mejor ejercicio de la política. Matizo la idea
anterior con algunos apuntes de Max Weber
y con la reflexiones que yo he
tenido como escritor.
Ser político y Universidad:
El estudiante es un testigo oidor de la vida que le
rodea y en la que se prepara para hacer su propia vida en calidad de ser y
ciudadano. Ve y oye lo que pasa en la casa, en otras casas, en la calle, entre
sus amigos, en el salón de clase, en sus trabajos científicos y reflexivos,
imaginando y cuestionando. Es un caballero circular que da vueltas buscando
dónde descansar, dónde soñar, dónde pelear, dónde darle de abrevar a su
caballo, donde amar y ser amado, dónde asumir la curiosidad y el asombro, dónde
encontrar el puente que le llevará al futuro. De alguna forma, como don
Quijote, vela las armas dando vueltas en torno a ellas. Y mientras las vela,
muchos mundos nuevos aparecen o se justifican.
Ustedes (los estudiantes), más que nadie, asisten a la conformación de
un orden, por eso son curiosos, por eso buscan respuestas a las preguntas que
se hacen. Como el buen salvaje de Rosseau, han sido en una naturaleza y buscan,
luego de nominarla, definirla. Y
contratarla para que lo percibido como bueno se mantenga. Esta naturaleza, que
no es otra cosa que el entorno- contexto en que se habita, es mutante. Entorno
que define unas variables para comportarse, contexto que busca una razón para
ese comportamiento. Y si bien es cierto
que el estudiante es fruto de un mundo político que le ha permitido valorar a
los otros en términos de amigos y enemigos, también lo es que es un rebelde
contra ese mundo. Un rebelde porque lo cuestiona, porque se enfrenta a él para
ver mejor, más amplio y seguro el mundo. El estudiante carga sus sueños y,
mientras estudia, los defiende, los crece, les impide la muerte. Y creen con fe
porque, como dice Alvaro Mútis en uno de sus poemas, hay que llegar a la muerte
con los sueños intactos.
En términos teóricos, la universidad es una Polis
conformada por facultades (o sea por sentidos de lo cierto) que construyen
pensamientos diversos de acuerdo con unos principios éticos y morales. Es una
institución política (que busca unir la diversidad) que visualiza lo que sucede
en el mundo y el entorno, lo compara con lo sabido y enseña la resultante. Es
un micro Estado en formación y de formación permanente, sólo que aquí no se
ejerce la violencia, en términos de represión legal, como si lo hace el Estado
formal. Y este no ejercicio de la represión legal, permite la discusión y la
construcción de la normatividad. Normatividad entendida como leyes
fundamentales que permiten el ejercicio de una actividad, pero que a la vez
lleva a la investigación y el debate con base en los resultados, a fin de
ampliarla y ajustarla a los nuevos tiempos. Si el estudiante es un caballero
circular, la Universidad es el campo por donde discurre lo más importante de
ese caballero: la imaginación y la memoria, lo fundamental para toda
construcción.
La política, como tal vez se ha hecho creer en
América Latina, no es ese discurso retórico y emocional que busca votos y
puestos gubernamentales para legitimar la corrupción o el ejercicio de pequeñas
tiranías y dictaduras (como lo expongo fabulariamente en mi libro De
Dictaduras, Angeles peatones y Pecados renovados). No, la política es un
comportamiento de ciudadanos libres que, en calidad de tales, se obligan a crear
una realidad, una moralidad que les
permita lograr aquello que es bueno y da alegría. Y en términos de Spinoza, la
alegría nace del conocimiento, de este saber que me fortalece para comportarme
con relación a lo que soy, a lo que pienso ordenadamente (geométricamente) y
comparto. Y es desde el conocimiento que se asume la actitud política, pero no
desde una línea de conocimiento sino a partir de un tejido de conocimientos, es
decir, desde la tolerancia. El pensamiento complejo es un ejercicio tolerante del
conocimiento, de lo que tenemos en partes y conjuntos y de lo que estamos
logrando para construir un logos político. Entendiendo por logos político mi
razón de ser en lo diverso, en lo que hay, en lo que habrá. Como el tiempo, que
es en espiral y funciona como un corazón, ampliándose y contrayéndose, siempre
redifiniéndose en lo hecho y en la novedad, en el mytos y el logo. La
universidad, como ninguna otra institución, es este tiempo en espiral..
Definir qué es un ser político, es decir, un ser que
busca identificar lo que le es propio con lo diverso, nos obliga a plantear y resolver muy bien tres puntos 1. Qué es
lo que es propio del individuo y del colectivo. 2. Cómo responde el medio a estas propiedades del ser. 3. Cómo normatiza y se mantiene la institución
política para dar satisfacción a lo que se le demanda al medio y lo que reclama
el individuo y el colectivo. Trataré, entonces, de dar una respuesta coherente,
con base en lo antes enunciado.
1.
Lo propio del ser (y del colectivo) es la vida. En
la vida nos hacemos en calidad de individuo y colectivo moral y pensante, o sea, nos evidenciamos
como ser que construye para hacer de esa vida lo mejor posible y a la vez piensa para que lo construido se
enriquezca con ejercicios intelectuales. No nos bastamos en la materia, que la
materia tiene un límite, el de la materia misma y lo que es sin que pueda ser
más, a menos que se intelectualice sobre ella y acerca de sus orígenes
racionales y míticos. La vida es un imaginario que vamos volviendo (a través de
construcción) realidad moral o infierno. Y es la única certidumbre que tenemos
de nosotros mismos. Y esta vida, como dice Pedro Canales, el personaje de
Manuel Mejía Vallejo, hay que ganársela a la muerte. Por eso somos políticos y, en lo político, entidades dudantes.
Cuando nos asumimos en el ser político, nos asumimos
en una sociedad civil (copia del organismo humano) que nos permita
desarrollarnos debidamente en ella mediante el debido aprendizaje y uso de lo
aprendido para obtener el bien mayor individual y comunitario. Aprendizaje
primero en los sentidos , porque así tenemos claridad sobre lo que nos es
necesario (Aristóteles). Aprendizaje en el mundo, porque debemos pactar una
realidad y aprendizaje en el Estado: debemos asumir un orden. Y como resultado
de lo aprendido, obtener, a fin de que estas necesidades primarias (sentido del
mundo, conocimiento del mundo, ser en el mundo de acuerdo con un orden) sean
satisfechas. O sea, sostenidas en
calidad de solución dentro de un una
institucionalidad política.
En el ejercicio de la vida, el hombre es político. Y
lo es para poder establecer y legitimar
el debido ejercicio de lo que le es propio. Por esto crea la norma, para darse
unos límites que le permitan apropiarse moralmente de lo que le es necesario
para ser en lo material e intelectual. Por esta razón pacta y el pacto, llamado
Estado o Sociedad Civil (sociedad civilizada y por lo tanto atenta al progreso)
establece deberes a cumplir y derechos a reclamar de acuerdo con el
cumplimiento de estos deberes. ¿Y dónde se sabe qué es propio al hombre? ¿Dónde
se discuten las condiciones y situaciones del hombre en sí y en el mundo? En la
Universidad. Aquí está lo que es universal, lo que se ha pactado como bueno y
aquello que se discute para mejorar lo obtenido hasta hoy. Desde Abelardo hasta
Bertrand Russell, la universidad ha cumplido con la tarea de acumular
conocimiento positivo (comprobado o debidamente normatizado) y, paralelamente,
de argumentar. Y es e esta manejo de lo conocido (el conocimiento que hace más
grande al hombre) y de la argumentación que la Universidad se asume como ser
político porque articula, propicia y defiende lo que sería el bien mayor para
el hombre y la sociedad en la que vive. Además, este es el papel de la
universidad: sostener los órdenes y permitir que se construya sobre ellos, que
se avance, que permita ver nuevos horizontes, pero no de manera anárquica sino
siguiendo unos métodos que aseguren la calidad de los resultados. Desde este
punto de vista, el ser político de la universidad no es otra cosa que la
guardia permanente a lo moral- existente (a esto que ha sido bueno y todavía se
ajusta a los tiempos) y a lo que viene, lo que se descubre, dentro de unos
parámetros que no lleven a la confusión. El papel de la universidad es
ordenador, riguroso, científico e intelectual, no meramente acomodaticio a unos
supuestos sin comprobación (como pasa hoy y lo define muy bien François
Lyotard: cada vez somos más ignorantes por el exceso de información sin
comprobar). Desde otro punto de vista, la universidad no se inclina a unas
tendencias, primero las comprueba y si se ajustan al rigor exigido por la
ciencia o la filosofía, los admite dentro de los límites morales que los
acreditan como buenos para el ser humano. En términos políticos, la universidad
es semi- conservadora porque exige que lo nuevo no riña con lo construido, que
la nueva verdad se soporte sobre la anterior. El ser político de la universidad
está en mejorar al individuo (y por extensión a la comunidad) sin que éste pierda identidad, es decir,
construyendo sobre lo logrado, los legados y una idea de verdad que permita ver
mejor el mundo y lo propio del hombre en él. El papel de la universidad no es
partir de cero, confundiendo. Su papel estriba en avanzar. Y no quiere decir
esto que la Universidad (y ustedes los estudiantes con ella y en ella) no
reconozca errores o se refugie en paradigmas. Por el contrario, sobre el método
ensayo error es que la universidad se ha construido y, dentro de la limitación
aristotélica, ha ido ampliando sus limites en la medida en que el conocimiento
y las costumbres lo han requerido, pero no con base en supuestos sino en
comprobaciones de orden moral y científico. Por esta razón la universidad es
peligrosa para los Estados totalitarios o aquellos que buscan el cambio a toda
costa sin medir las consecuencias: la universidad es memoria positiva,
comprobada. Y sobre esta memoria imagina y crea. No es un ente muerto, es un
testigo oidor permanente que, como todo sabio, ante los efectos recurre a
buscar las causas., ya en lo humanístico, ya en lo científico. O en ambos, como
hoy lo exige el pensamiento complejo.
2.
El mundo
conocido empíricamente en los inicios de la historia, en la universidad se ha
vuelto mundo positivo. Antes que un centro de especulación, la universidad es
un centro de razón, consecuencia del debate ordenado y la investigación
metódica. Y es así como el mundo que vemos y existe a los sentidos (de manera
emocional y empírica), se ha convertido en un mundo que entendemos y aprendemos
sin equivocaciones. Y al entender un mundo que se debe aprender para un mejor
comportamiento en él, la universidad es un ser político que ordena, distribuye,
jerarquiza y define en profundidad el uso debido del entorno.
Antes de que existiera la universidad, el entorno
era corto e impreciso y se entendía a través del avance violento del hombre
sobre él. Visiones tribales del mundo, de eso nos hablan los primeros 3.000
años de historia escrita: acciones, peligrosas, demenciales, mitológicas. Por esos
días la tierra era plana y tenía sus límites donde se agotaban los hombres y
los caballos. Pero al nacer la universidad, por el año mil, el mundo conocido
comienza a ampliarse y ordenarse. Empiezan los referentes, los significantes y
los significados. En esa universidad todo tiene un sentido y dentro de ese
sentido el ser humano debe tener un comportamiento. Basta ver el magnífico
trabajo interpretativo del mundo que elaboró san Isidoro de Sevilla, que aunque
más mítico que real ya presuponía un uso y entendimiento científico y político
del entorno. Sentidos e interpretaciones iniciales que permitieron el inicio de
la construcción de la verdad. Y en mil años
de universidad, hoy tenemos un mundo completo a nuestro alcance,
debidamente estudiado y presupuestado para que los colectivos se desarrollen en
él de manera moral y ética.
La universidad, conociendo y entendiendo el entorno,
conocimiento pleno que hoy hemos logrado a través de la tolerancia (discusión
civilizada de opuestos para obtener una tercera verdad de dos enfrentadas),
asume el ser político al indicar lo que es bueno para el colectivo y el
individuo. Las tesis que cuestionan al Estado y la inmoralidad de la ciencia,
salen de la universidad. Los movimientos que enfrentan políticas del Estado,
brotan de la universidad. El cuestionamiento permanente de lo que agrede al
hombre, nace en la universidad. Y es que la universidad, en su ser político, es
un testigo y juez de lo que acontece, a la par que asume la guardia para que lo
construido (en términos de mayor bien) no se desmorone ante la presión de los
conocimientos laberínticos. Veamos un ejemplo del ser político de la
universidad con relación a los tiempos que vivimos: hoy, cuando el mito
milenarista ha hecho explosión de teorías que van contra lo establecido y
normatizado en términos científicos y humanistas, la universidad asume una
posición rígida y científica contra los nuevos míticos. Pero no es una posición
arbitraria o de desprecio, sino una posición de debate y cuestionamiento, de
análisis desapasionado y frío fundamentado en las verdades normativas y en las
que se han logrado construir hasta ahora. No desconoce la situación, pero
tampoco la admite como una verdad sino como un mito que nace con base en
multiplicidad de variables sociales, antropológicas, políticas etc. Y esta
actitud política, la de la defensa de la ciencia y el humanismo, la asume
fundamentada en el conocimiento acumulado y debatido por años, comprobado o
apenas en proceso (pero con unas bases sólidas) de elaboración. El hecho milenarista existe, es cierto, y es
certificado por los medios de comunicación como una tendencia, pero sus
verdades no tienen soporte de ninguna clase, han nacido por generación
espontánea o basadas en supuestos sin comprobar. Ante esto, la universidad
aclara y defiende sus principios: a lo que es empírico se le buscan sus causas
y, una vez encontradas, a través del ensayo- error, se las legitima mediante el
conocimiento positivo, que es lento porque es metódico y científico. Y porque
debe unirse a una totalidad y no jugar como una pieza suelta. Este es el ser
político de la universidad, sostener universales, es decir, es decir encontrar
razones con puntos de unión que permitan entender cada atributo, modo,
accidente como parte del entorno y el contexto propios al hombre.
El la pregunta de cómo responde el entorno al
individuo y al colectivo, está el ser político de la universidad. Y ese ser
político, en lo diverso y a favor del bien mayor, se establece en lo radicado
como bueno, en lo admitido como cierto y en la búsqueda de opciones nuevas con
base en los dos presupuestos anteriores. Ser político que ya está debidamente
reflexionado y avalado por mil años de historia universitaria, de cientifismo y
humanismo debidamente estructurado y acorde con un ideal pactado de sociedad
civil óptima. De aquí que la universidad de finales del siglo XX no se
comprometa ni ataque (como fin único) a un sistema determinado. Su condición es
reflexiva y universal, sabia y moral. Y de acuerdo con esto, clasificadora del
entorno y de sus relaciones políticas con los colectivos humanos. La
universidad, como los filósofos, se hace preguntas. Y enseña las respuestas
cuando estas no riñen con la inteligencia y la ética.
3.
En la universidad, único ambiente propicio para el ejercicio
del pensamiento, nace la estructura de la ley. Estructura que se fundamenta en
actitudes éticas y morales propicias para que el hombre haga de su vida la
mejor posible. Y de esta estructuración de la ley, acorde con principios
filosóficos determinados, nacen las instituciones políticas que habrán de
salvaguardar los derechos de los individuos que cumplen debidamente con sus
deberes y los de aquellos que, por su
situación de inferioridad (niños, enfermos), están exentos de deberes y pueden
usufructuar de protección institucional. La norma (la ley), es consecuencia de
una reflexión moral que tiene como fin la convivencia y desarrollo bueno de los
individuos de una sociedad. Normas con relación al Estado, al ambiente, al
conocimiento ordenado (entendiendo por conocimiento ordenado aquel que se
fundamenta en verdades normativas anteriores sujetas a debate civilizado).
La inteligencia, esta capacidad que tenemos de
resolver problemas y de imaginar lo posible, tiene su centro en la universidad.
Y no porque un hombre no pueda ejercer la inteligencia en soledad sino porque
la real inteligencia es la que se confronta entre varios y con base en el rigor
que excluye toda ignorancia. Y esta inteligencia universitaria, la que reúne a
los individuos para aprender y discutir de acuerdo con lo aprendido, es la que
realiza el tejido donde está lo entendible en calidad de norma para vivir
mejor. Tejido que no es otra cosa que
pensamiento complejo, como siempre ha sido el pensamiento de la universidad
donde, las facultades, centros de conocimiento y reflexión, reúnen sus
principios y constituyen un ser político que normatiza y, según unas normas
comunes, seconvierte en juez de lo que acontece a fin de producir un
conocimiento que le permita al universitario ajustarse al pacto de la sociedad
civil o, en su defecto, a que ingrese en el colectivo legitimando ese pacto.
Con relación a la norma, el ser político de la
universidad está en producir conocimientos y personas que moralmente entiendan
en la ley la factibilidad de un colectivo cada vez mejor. Y si esa ley está
resquebrajada porque ya no es sujeto de la universidad sino de un Estado ajeno a ella, la identidad ética
del universitario será testigo y juez, a la vez que inicio, de la justicia de
esa ley. Aquí cabe anotar que en el ser político de la universidad está el
ejercicio permanente de lo justo y el cuestionamiento de lo legal cuando atente
contra los principios de justicia que no son otros que los de la debida
equidad, como anota Rawls, retomando los pensamientos de Rousseau y Spinoza.
Equidad que sólo se admite en la tolerancia y el conocimiento continuado.
Luego de
este razonamiento, vuelvo a ver al caballero circular. Caballero que no va tras
una dama ni en defensa sólo de imaginarios. No, este caballero circular que veo
en cada estudiante (y nosotros los profesores también lo somos), va en pos del
deber ser nacido del deber hacer. De esta manera obtiene un deber estar o al
menos lo visualiza dentro del ser político de la universidad. Ser político que
prefigura el mayor bien (la sociedad civil ética y tolerante) como camino al
bien supremo (el entendimiento y conocimiento de nuestra condición de ser
humanos en la vida y en las razones intelectuales de esa vida).
Concluyo esta ponencia con un pequeño relato:
-Aquí veo tres letras -, dijo el caballero circular
de la armadura azul. -Son la letra álef , la letra mem y la letra tav. Con
estas letras se construye la palabra emet que traduce verdad -. Pero no quedó
contento con la traducción y quiso saber por qué esa palabra estaba construida
así. Fue entonces donde su maestro y le hizo la pregunta de las tres letras.
El maestro, versado en razones y caminos, le
respondió: esa palabra es única en hebreo, así como la verdad es única. Se
inicia con la letra del silencio (álef), la de la nada y el yo (ain- aní)
continua con mem, que es letra madre (orígenes) y termina con tav que es la
letra con la que se escribe Toráh (que es ley e instrucción). Si le quitas la
letra álef, queda met y met traduce muerte. Contigo (yo- aní) entonces hay
vida, sin ti nada. Pero tú (álef) sin las otras dos letras, eres nadie.
El caballero circular de la armadura azul salió de
casa del maestro y siguió con los ojos el vuelo de una tórtola. Luego fue el
entendimiento de la tórtola y la razón de la tórtola. Luego otra tórtola que
volaba mucho mejor.