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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La Primera Guerra Mundial: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 14468 | Votar! | 2 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Guerra Mundial, Segunda, conflicto militar que comenzó en
1939 como un enfrentamiento bélico europeo entre Alemania y la coalición
franco-británica, se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del
planeta y cuya conclusión en 1945 supuso el nacimiento de un nuevo orden
mundial dominado por Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS).
La II Guerra Mundial requirió la
utilización de todos los recursos humanos y económicos de cada Estado y fue un
conflicto único en los tiempos modernos por la violencia de los ataques
lanzados contra la población civil y por el genocidio (el exterminio de judíos,
gitanos, homosexuales y otros grupos) llevado a cabo por la Alemania nacionalsocialista
(nazi) como un objetivo específico de la guerra. Los principales factores que
determinaron su desenlace fueron la capacidad industrial y la cantidad de
tropas. En los últimos momentos de la lucha se emplearon dos armas radicalmente
nuevas: los cohetes de largo alcance y la bomba atómica. No obstante, el tipo
de armamento empleado durante casi todo el enfrentamiento fue similar al de la
I Guerra Mundial, aunque con ciertas
mejoras. Las principales innovaciones se aplicaron a las aeronaves y a los carros
de combate.
La situación
después de la I Guerra Mundial
El resultado de la I Guerra Mundial fue decepcionante
para tres de las grandes potencias implicadas. Alemania, la gran derrotada,
albergaba un profundo resentimiento por la pérdida de grandes áreas geográficas
y por las indemnizaciones que debía pagar en función de las reparaciones de
guerra impuestas por el Tratado de Versalles. Italia, una de las vencedoras, no
recibió suficientes concesiones territoriales para compensar el coste de la
guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones. Japón, que se encontraba también
en el bando aliado vencedor, vio frustrado su deseo de obtener mayores
posesiones en Asia oriental.
Las causas de la guerra
Francia, Gran Bretaña y Estados
Unidos alcanzaron, por su parte, los objetivos previstos en el conflicto
iniciado en 1914. Habían logrado que Alemania limitara su potencial militar a
una cifra determinada y reorganizaron Europa y el mundo según sus intereses. No
obstante, los desacuerdos políticos entre Francia y Gran Bretaña durante el
periodo de entreguerras (1918-1939) fueron frecuentes, y ambos países
desconfiaban de su capacidad para mantener la paz. Estados Unidos, desengañado
con sus aliados europeos, que no pagaron las deudas contraídas en la guerra,
inició una política aislacionista.
El fracaso de los
esfuerzos de paz
Durante la década de 1920 se
llevaron a cabo varios intentos para lograr el establecimiento de una paz
duradera. En primer lugar, en 1920 se constituyó la Sociedad de Naciones, un
organismo internacional de arbitraje en el que los diferentes países podrían
dirimir sus disputas. Los poderes de la Sociedad quedaban limitados a la
persuasión y a varios grados de sanciones morales y económicas que los miembros
eran libres de cumplir según su criterio. En la Conferencia de Washington
(1921-1922), las principales potencias navales acordaron limitar el número de
naves a una proporción establecida. Los Tratados de Locarno, firmados en esta
ciudad suiza en una conferencia celebrada en 1925, garantizaban las fronteras
franco-alemanas e incluían un acuerdo de arbitraje entre Alemania y Polonia.
Durante la celebración del Pacto de París (1928), 63 naciones firmaron el
Tratado para la Renuncia a la Guerra, también denominado Pacto Briand-Kellog,
por el que renunciaron a la guerra como instrumento de sus respectivas
políticas nacionales y se comprometieron a resolver los conflictos
internacionales por medios pacíficos. Los países signatarios habían decidido de
antemano no incluir las guerras de autodefensa en esta renuncia a los medios
bélicos.
El ascenso del
fascismo
Uno de los objetivos de los
vencedores de la I Guerra Mundial había sido hacer del mundo un lugar
seguro para la democracia; la Alemania de posguerra (cuyo régimen es conocido
como la República de Weimar) adoptó una Constitución democrática, al igual que
la mayoría de los estados reconstituidos o creados después de la contienda. Sin
embargo, en la década de 1920 proliferaron los movimientos que propugnaban un
régimen basado en el totalitarismo nacionalista y militarista, conocido por su
nombre italiano, fascismo, que prometía satisfacer las necesidades del pueblo
con más eficacia que la democracia y se presentaba como una defensa segura
frente al comunismo. Benito Mussolini estableció en Italia en 1922 la primera
dictadura fascista.
La formación del
Eje
Adolf Hitler, Führer (líder) del Partido
Nacionalsocialista Alemán, impregnó de racismo su movimiento fascista. Prometió
cancelar el Tratado de Versalles y conseguir un mayor Lebensraum (en alemán, ‘espacio
vital’) para el pueblo alemán, un derecho que merecía, a su juicio, por
pertenecer a una raza superior. La Gran Depresión que se produjo a comienzos de
la década de 1930 afectó profundamente a Alemania. Los partidos moderados no
llegaban a ningún acuerdo con respecto a las posibles soluciones, y un gran
número de ciudadanos depositó su confianza especialmente en los nazis. Hitler
fue nombrado canciller de Alemania en 1933 y se erigió en dictador tras una
serie de maniobras políticas.
Japón no adoptó un régimen fascista
de forma oficial, pero la influyente posición de las Fuerzas Armadas en el seno
del gobierno les permitió imponer un totalitarismo de características
similares. Los militares japoneses se anticiparon a Hitler a la hora de
desmantelar la situación mundial. Aprovecharon un pequeño enfrentamiento con
tropas chinas en las proximidades de Mukden (actual Shenyang) en 1931 como
pretexto para apoderarse de Manchuria, en donde constituyeron el Estado de
Manchukuo en 1932. Asimismo, ocuparon entre 1937 y 1938 los principales puertos
de China.
Hitler, tras denunciar las
cláusulas sobre desarme impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles,
organizar unas nuevas Fuerzas Aéreas y reimplantar el servicio militar, puso a
prueba su nuevo armamento durante la Guerra Civil española (1936-1939), en la
que participó en defensa de los militares rebeldes junto con las tropas
italianas de Mussolini, que pasaron a apoyar a los insurrectos españoles
después de haber conquistado Etiopía (1935-1936) en un breve conflicto armado.
Los tratados firmados por Alemania, Italia y Japón (además de otros estados
como Hungría, Rumania y Bulgaria por ejemplo) desde 1936, cuando los dos
primeros países acordaron el primero de ellos, hasta 1941 (cuando Bulgaria se
incorporó a los mismos) dieron como resultado la formación del Eje
Roma-Berlín-Tokio.
La agresión
alemana en Europa
Hitler inició su propia campaña
expansionista con la Anschluss (en alemán, ‘anexión’ o ‘unión’)
de Austria en marzo de 1938, para lograr la cual no hubo de hacer frente a
ningún impedimento: Italia lo apoyó, y los británicos y franceses, intimidados
por el rearme de Alemania, aceptaron que Hitler alegara que la situación de
Austria concernía a la política interior alemana. Estados Unidos había limitado
drásticamente su capacidad para actuar contra este tipo de agresiones después
de haber aprobado una ley de neutralidad que prohibía el envío de ayuda
material a cualquiera de las partes implicadas en un conflicto internacional.
En septiembre de 1938, Hitler
amenazó con declarar la guerra para anexionarse la zona de la frontera
occidental de Checoslovaquia, los Sudetes, con sus 3,5 millones de ciudadanos
de lengua alemana. El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain,
inició una serie de conversaciones que concluyeron a finales de mes con el
Pacto de Munich, en el que los checoslovacos, instados por británicos y
franceses, renunciaban a los Sudetes a cambio de que Hitler se comprometiera a
no apoderarse de más territorios checos. No obstante, este acuerdo no tardó en
convertirse en un apaciguamiento infructuoso: Hitler invadió el resto de
Checoslovaquia en marzo de 1939. El gobierno británico, alarmado por esta nueva
agresión y las amenazas proferidas por Hitler contra Polonia, se comprometió a ayudar
a este país en el caso de que Alemania pusiera en peligro su independencia.
Francia también estableció un tratado de defensa mutua con Polonia.
La otra vertiente de la política de
apaciguamiento tenía como protagonista a la URSS. Iósiv Stalin, el máximo
dirigente soviético, había ofrecido ayuda militar a Checoslovaquia durante la
crisis de 1938, pero su proposición no fue tenida en consideración por ninguna
de las partes del Pacto de Munich. Ahora que existía la amenaza de una guerra,
ambos bandos procuraban obtener la alianza soviética, pero fue Hitler el que
realizó la oferta más atractiva. El Pacto Germano-soviético se firmó en Moscú
en la noche del 23 de agosto de 1939. En el comunicado hecho público al día
siguiente, Alemania y la URSS acordaban no luchar entre sí; existía, no
obstante, un protocolo secreto en el que se concedía a Stalin libertad de
acción en Finlandia, Estonia, Letonia y en el este de Polonia y en Rumania.
Las operaciones
militares
Los ejércitos alemanes marcharon
sobre Polonia a primeras horas de la mañana del 1 de septiembre de 1939. Los
británicos y los franceses declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre,
pero no tenían intención de prestar ayuda a los polacos.
Primera fase: la supremacía del Eje
El número de tropas de las fuerzas
alemanas y polacas era prácticamente similar. Hitler envió 1,5 millones de
soldados y el mariscal polaco Edwar Rydz-Smigly esperaba reunir 1,8 millones de
hombres. Sin embargo los alemanes contaban con seis divisiones panzer
(‘acorazadas’) y cuatro divisiones motorizadas; los polacos sólo disponían de
una brigada acorazada, una motorizada y algunos batallones de carros de
combate. Las Fuerzas Aéreas alemanas estaban formadas por 1.600 aeronaves de
último modelo, mientras que la mitad de los 935 aviones polacos eran obsoletos.
La guerra
relámpago en Polonia
La estrategia polaca consistía en
una rígida defensa de toda la frontera y preveía varias semanas de escaramuzas
preliminares con los alemanes. No obstante, ambos cálculos resultaron incorrectos.
En la mañana del 1 de septiembre, oleadas de bombarderos alemanes atacaron las
líneas férreas y bloquearon la movilización polaca. Durante los cuatro días
siguientes, dos grupos militares —procedentes de Prusia Oriental y Silesia
respectivamente— abrieron el paso a las unidades de avance acorazadas que se
dirigían con rapidez hacia Varsovia y Brest. En esto consistía la blitzkrieg
(en alemán, ‘guerra relámpago’): desplegar de forma simultánea fuerzas
acorazadas, aviación e infantería para realizar un movimiento en forma de pinza
y envolver al enemigo en un breve espacio de tiempo.
Los alemanes rodearon Varsovia
entre el 8 y el 10 de septiembre, bloqueando a las fuerzas polacas al oeste de
la capital. El 17 de septiembre, un segundo y más profundo movimiento
envolvente se cerró cerca de Brest. Ese mismo día, el Ejército Rojo soviético
atacó la frontera. Prácticamente toda Polonia había sido invadida el 20 de
septiembre; el 6 de octubre capituló el fuerte de Kock, último bastión de la
resistencia polaca.
La guerra ficticia
Si los franceses y británicos
hubieran lanzado una ofensiva por el oeste, Polonia habría podido proseguir la
lucha, pero la campaña tendría que haber sido asumida principalmente por los
franceses hasta que llegaran suficientes fuerzas británicas; sin embargo, la
estrategia de Francia era eminentemente defensiva y consistía en defender la
Línea Maginot, fuertemente fortificada. Tras la fulgurante invasión de Polonia,
ninguno de los dos bandos emprendió nuevas acciones. Los británicos y franceses,
un tanto inquietos, comenzaron a elaborar planes para evitar una nueva guerra
mundial. Hitler realizó una oferta de paz con poca convicción, a la vez que
ordenaba a sus generales prepararse para atacar los Países Bajos y Francia. El
Alto Mando Alemán, que no confiaba en poder repetir en Francia la ofensiva
realizada en Polonia, solicitó más tiempo para conquistar los Países Bajos,
Bélgica y la costa francesa del canal de la Mancha. Salvo en el mar, donde los
submarinos alemanes asediaban a las naves mercantes y la Armada británica había
impuesto el bloqueo, fue tan escasa la actividad en las primeras semanas de
octubre que la prensa estadounidense denominó a esta situación la ‘guerra
ficticia’.
La Guerra
Ruso-finesa
El 30 de noviembre, después de dos
meses de discusiones diplomáticas, la URSS declaró la guerra a Finlandia,
iniciándose así la denominada Guerra Ruso-finesa. Stalin estaba decidido a
llevar a cabo su propia guerra relámpago, pero los fineses, mandados por el
mariscal Carl Gustaf Emil von Mannerheim resistieron el ataque inicial de unas
tropas soviéticas superiores en número, y continuaron la lucha al año
siguiente.
La ofensiva sobre Finlandia
realizada por la URSS suscitó la indignación de la opinión mundial y brindó una
oportunidad a los británicos y franceses. Éstos habían centrado su atención
desde tiempo atrás en la mina de hierro de la ciudad sueca de Kiruna, que
representaba la principal fuente de este mineral para Alemania. Durante el
verano, la mena era enviada a Alemania a través del mar Báltico; en invierno,
era trasladada al puerto noruego de Narvik —sin hielo pese a la época— y
después embarcada en naves que atravesaban las aguas neutrales de Noruega. El
ferrocarril de Narvik-Kiruna también se unía por el este con los ferrocarriles
fineses; por lo tanto, una fuerza anglo-británica mandada para ayudar a
Finlandia estaría automáticamente en posición de ocupar Narvik y Kiruna. El
problema era conseguir que Noruega y Suecia cooperaran, a lo cual ambas se
negaron.
En Alemania, el jefe de operaciones
navales, el almirante Erich Raeder, apremió a Hitler para que invadiera
Noruega, con lo que quedaría garantizada la seguridad de los puertos del océano
Atlántico, pero el Führer no mostró interés por este plan
hasta finales de enero de 1940. Las primeras observaciones sugerían que la
mejor forma de invadir Noruega era realizar desembarcos simultáneos en las ocho
ciudades portuarias que se encontraban entre Narvik y Oslo. Dinamarca, que no
representaba ninguna dificultad desde el punto de vista militar, podría
favorecer el desarrollo del plan, puesto que disponía de aeródromos cercanos a
Noruega.
Dinamarca y
Noruega
Stalin, que temía una intervención
extranjera, puso fin a la Guerra Ruso-finesa el 8 de marzo y estableció unos
términos que obligaban a Finlandia a entregar ciertos territorios, pero le
permitían conservar su independencia. Los británicos y los franceses
necesitaban entonces encontrar un pretexto para realizar su plan de invasión de
Narvik y Kiruna; decidieron situar minas en las inmediaciones del puerto de
Narvik. Su objetivo era provocar una reacción violenta por parte de los
alemanes, lo que les permitiría pasar al lado noruego y llegar así hasta
Narvik.
Hitler aprobó el plan de invasión
de Noruega y Dinamarca el 2 de abril, y los buques de guerra se hicieron a la
mar el día 7. Dinamarca se rindió inmediatamente, y los desembarcos de tropas
efectuados el día 9 se realizaron con éxito en todos los puntos previstos salvo
en Oslo, que fue ocupado por los alemanes al atardecer; no obstante, el
gobierno noruego, que había decidido luchar, se trasladó a Elverum. Aunque los
noruegos, con la colaboración de 12.000 soldados británicos y franceses,
consiguieron resistir en la zona que se extendía entre Oslo y Trondheim hasta
el 3 de mayo. La situación en Narvik era diferente. Allí, 4.600 alemanes
luchaban contra 24.600 británicos, franceses y noruegos respaldados por los
cañones de la Armada británica. Los alemanes resistieron en Narvik hasta el 28
de mayo; tuvieron que retroceder hasta la frontera con Suecia en la primera
semana de junio, pero cuando estaban a punto de rendirse, las derrotas
militares sufridas por los aliados en Francia obligaron a los británicos y
franceses a reclamar a las tropas destacadas en Narvik.
Los Países Bajos
Al llegar la primavera, Hitler
había elaborado un proyecto mejor para la campaña contra Francia y los Países
Bajos. El primer plan consistía en atravesar Bélgica tal y como se había hecho
durante la I Guerra Mundial. Sin embargo, el general Erich von Manstein y algunos de
sus asesores le habían persuadido para que trasladara el grueso de sus tropas
al sur de Luxemburgo y al bosque de las Ardenas, puesto que el enemigo nunca
esperaría que se realizara un ataque desde esta zona. Los carros de combate
podrían marchar con rapidez hacia el noroeste desde las Ardenas después de
alcanzar la costa y derrotar al enemigo en Bélgica; retrocederían y atacarían
por el sureste, desde la retaguardia de los ejércitos franceses situados en la
Línea Maginot.
Cuando comenzó el ataque el 10 de
mayo de 1940, ambos bandos disponían aproximadamente del mismo número de tropas
y carros de combate, aunque las fuerzas aéreas alemanas eran superiores a las
de los aliados. No obstante, la ventaja decisiva de los alemanes consistía en que
habían planeado todos sus movimientos detalladamente. Sus oponentes tuvieron
que improvisar una estrategia, debido en parte a que belgas y neerlandeses se
mantuvieron neutrales hasta el último momento. Además, los británicos y los
franceses no estaban preparados para hacer frente a las fuerzas acorazadas
alemanas. Los carros de combate aliados se dispersaban entre la infantería,
mientras que los de los alemanes se mantenían juntos en un grupo panzer
(‘acorazado’).
El 10 de mayo, las tropas
aerotransportadas alemanas llegaron a Bélgica y los Países Bajos para
apoderarse de los aeródromos, puentes y la gran fortaleza belga de Eben-Emael.
El Ejército neerlandés se rindió el 14 de mayo, varias horas después de que los
bombarderos destruyeran la zona financiera de Rotterdam. Ese mismo día, el
grueso de las fuerzas alemanas partió de las Ardenas por la retaguardia de los
ejércitos británicos y franceses que apoyaban a las tropas belgas, en dirección
a la costa.
La derrota de
Francia
El 20 de mayo, el grupo panzer
tomó la ciudad francesa de Abbeville, situada en la desembocadura del río
Somme, y comenzó a avanzar hacia el norte a lo largo de la costa. Hacia el 26
de mayo, los británicos y los franceses se vieron obligados a retroceder hasta
una estrecha playa que se encontraba en los alrededores de Dunkerque. El rey
belga, Leopoldo III, capituló al día siguiente. Destructores y pequeñas
embarcaciones de todo tipo consiguieron evacuar de Dunkerque a 338.226 hombres
en un salvamento heroico propiciado por la actitud del general alemán Gerd von
Rundstedt, que ordenó a sus carros de combate que se detuvieran a fin de
preservarlos para la siguiente fase de la operación.
La campaña contra Francia comenzó
el 5 de junio. Italia declaró la guerra a Francia y Gran Bretaña el 10 de
junio. La Línea Maginot, que sólo dejaba a merced del enemigo la frontera con
Bélgica, no había sufrido el más mínimo daño, pero el comandante de las fuerzas
francesas, el general Maxime Weygand, no disponía de ningún medio para proteger
París por el norte y el oeste. El 17 de junio, el mariscal Henri Philippe
Pétain, nombrado jefe de gobierno el día anterior solicitó un armisticio, que
fue firmado el 25 de junio, en el que se acordó que Alemania controlaría el
norte y la franja atlántica de Francia. Pétain estableció la capital en Vichy,
en la zona no ocupada del sureste.
La batalla de
Inglaterra
En el verano de 1940, Hitler
dominaba Europa desde el noruego cabo Norte hasta los Pirineos. Su único
enemigo activo —Gran Bretaña, gobernada desde mayo por un nuevo primer
ministro, Winston Churchill— juró continuar la lucha. El Ejército británico
había abandonado la mayor parte de su armamento en las playas de Dunkerque.
Stalin no pensaba desafiar a Hitler. Ante la caída de Francia, Estados Unidos
inició el primer reclutamiento realizado en tiempo de paz de toda su historia e
incrementó considerablemente su presupuesto militar.
Los alemanes confiaban en vencer a
los británicos obligándoles a que se rindieran por falta de suministros. La
batalla del Atlántico comenzó en junio de 1940 y en ella se recurrió a la
guerra submarina para cortar el transporte de suministros británicos. Los
alemanes contaban ahora con bases submarinas en Noruega y Francia. En los
primeros momentos del conflicto, disponían únicamente de 28 submarinos, pero se
estaban construyendo muchos más.
El método más rápido de acabar con
los británicos era una invasión, pero esto implicaba cruzar el canal de la
Mancha; Hitler no se arriesgaría a emprender esta acción a menos que se
neutralizara antes a la Royal Air Force (Fuerzas Aéreas Reales británicas o
RAF). Por lo tanto, la batalla de Inglaterra se desarrolló en el aire, no en
las playas. Los alemanes bombardearon puertos, aeródromos y ciudades británicas
durante agosto y parte de septiembre de 1940, pero los daños causados, si bien
graves para la población civil, resultaron poco decisivos desde el punto de
vista militar previsto por los alemanes, por lo que el 17 de septiembre de
1940, Hitler pospuso la invasión de las islas Británicas indefinidamente.
Los Balcanes y el
norte de África (1940-1941)
En realidad, Hitler había
comunicado a sus generales a finales de julio de 1940 que la siguiente ofensiva
tendría lugar en la URSS. El Führer pensaba que los británicos
continuaban combatiendo porque esperaban que estallara un conflicto entre
Alemania y la URSS; una vez que se hubiera derrotado a los soviéticos y las
posiciones británicas en la India y Oriente Próximo se vieran amenazadas, Gran
Bretaña firmaría la paz. Persuadido por sus asesores militares, Hitler pospuso
la ofensiva sobre la Unión Soviética hasta la primavera para eludir las
dificultades climáticas que hubieran supuesto realizarla durante el invierno.
Mientras tanto, Mussolini había
emprendido en septiembre de 1940 un ataque sin éxito sobre Egipto —una posición
británica— desde la colonia italiana de Libia y había intentado invadir Grecia
un mes después con resultados similares. En respuesta a esta última operación,
los británicos ocuparon los aeródromos de Creta y Grecia. Para impedir que los
aviones británicos tuvieran a su alcance los campos petrolíferos de Ploiesti
(Rumania), Hitler comenzó a preparar una campaña contra Grecia en noviembre.
A principios de 1941, las fuerzas
británicas obligaron a los italianos a replegarse sobre Libia, y Hitler envió
al general Erwin Rommel en el mes de febrero con una fuerza con dos divisiones
de carros de combate, el Afrika Korps, para ayudar a sus aliados
italianos.
Debido a que las tropas alemanas
necesitaban cruzar Rumania y Hungría para llegar hasta Grecia y la Unión
Soviética, Hitler logró incluir a ambos estados en la alianza del Eje en
noviembre de 1940; Bulgaria se unió en marzo de 1941. Cuando Yugoslavia se negó
a adherirse al Eje, Hitler ordenó la invasión de este país.
Yugoslavia
Las operaciones alemanas contra
Grecia y Yugoslavia dieron comienzo el 6 de abril de 1941. La principal
dificultad del ataque sobre Yugoslavia consistía en conseguir que un ejército
de nueve divisiones procedentes de Alemania y Francia se trasladara unido hasta
el objetivo en menos de nueve días. El 10 de abril se lanzaron varios ataques
sobre Belgrado, que cayó el 13 de abril, y el Ejército yugoslavo se rindió al
día siguiente. Sin embargo, fue más sencillo conquistar este país que
conservarlo, ya que las guerrillas —los chetniks serbios, dirigidos por Draza
Mihaílovic, y los partisanos, liderados por Tito— presentaron batalla durante
toda la guerra.
Grecia
El Ejército griego, a diferencia
del yugoslavo, se movilizó por completo para defender la Línea de Metaxás,
conjunto de fortificaciones al noreste de Salónica. Mediante un pequeño avance
hacia esta ciudad, los alemanes consiguieron que el 9 de abril se rindiera casi
la mitad del Ejército griego. El I Ejército de Grecia, procedente de Albania, quedó
cercado en el paso de Metsovón y se rindió el 22 de abril, mientras que las
fuerzas británicas se retiraron hacia el sur. A continuación, los rápidos
ataques de los alemanes —sobre el istmo de Corinto y el Peloponeso— obligaron a
los británicos a realizar una evacuación que se saldó con la pérdida de 12.000
hombres. A finales de mayo la isla de Creta quedó en poder de los alemanes.
Mientras tanto, Rommel había
lanzado una contraofensiva sobre los británicos en Libia, expulsándoles del
país, excepto a una guarnición aislada en Tubruq (Tobruk), en abril de 1941.
La segunda fase: la expansión de la guerra
Un año después de la caída de
Francia, la contienda se convirtió en una guerra mundial. Mientras se llevaban
a cabo campañas secundarias en los Balcanes y en el norte de África así como
combates aéreos contra los británicos, Hitler desplegó el grueso de sus fuerzas
hacia el este y formó una coalición con los países del sureste de Europa
(además de Finlandia) para atacar a la URSS.
La ayuda de
Estados Unidos a Gran Bretaña
Estados Unidos abandonó su política
de neutralidad estricta en la guerra europea y se enfrentó, sin llegar a la
guerra, con Japón en Asia y el océano Pacífico. Las conferencias mantenidas
entre Estados Unidos y Gran Bretaña desde enero de 1941 sirvieron para diseñar
una estrategia básica en el caso de que los estadounidenses intervinieran en la
guerra; ambos centrarían su esfuerzo en combatir a Alemania, posponiendo la
lucha con Japón, en el caso de que ésta se iniciara.
En marzo de 1941, el Congreso de Estados
Unidos aprobó la Lend-Lease Act (Ley de Préstamos y Arriendos) y asignó la
cantidad inicial de 7.000 millones de dólares para ayudar a cualquier país que
el presidente designara. De este modo, los estadounidenses esperaban asegurar
la victoria sobre las potencias del Eje sin necesidad de enviar a sus propias
tropas a Europa. No obstante, a finales del verano de 1941, Estados Unidos se
hallaba en estado de guerra no declarada contra Alemania. En julio, la Marina
estadounidense comenzó a escoltar los convoyes británicos por las aguas del
oeste de Islandia. En septiembre, el presidente Franklin Delano Roosevelt
autorizó a las naves que realizaban estas misiones de escolta a abrir fuego
contra las embarcaciones de las potencias del Eje.
Los conflictos entre
Estados Unidos y Japón
Mientras tanto, las relaciones
entre Estados Unidos y Japón continuaban deteriorándose. En septiembre de 1940,
Japón obligó al gobierno francés de Vichy a entregarle la zona norte de
Indochina. Estados Unidos respondió a esta acción prohibiendo la exportación de
acero y combustible a los japoneses. Éstos firmaron un pacto de neutralidad con
la URSS en abril de 1941 para prevenir un ataque soviético en el caso de que
entraran en conflicto con Gran Bretaña o Estados Unidos mientras se apoderaban
de territorios en el sur y este de Asia. Cuando Alemania invadió la URSS en
junio, los dirigentes japoneses sopesaron la posibilidad de romper el acuerdo y
unirse a la ofensiva desde el este, pero finalmente optaron por ocupar el sur
de Indochina el 23 de julio. Dos días después, Estados Unidos, Gran Bretaña y
los Países Bajos congelaron los activos japoneses para impedir que Japón
pudiera adquirir petróleo, lo que a la larga inutilizaría por completo a su
Armada y sus Fuerzas Aéreas.
La invasión
alemana de la URSS
En la mañana del 22 de junio de
1941, más de 3 millones de soldados alemanes iniciaron la invasión de la URSS.
Stalin, cuya confianza en el poderío militar soviético se había tambaleado tras
la guerra con Finlandia, prohibió toda respuesta o reacción por miedo a
provocar a los alemanes. Además, el Alto Mando soviético había llegado a la
conclusión de que la guerra relámpago, tal y como se había llevado a cabo en
Polonia y Francia, no podría ponerse en práctica en la URSS; ambos bandos se
limitarían a mantener pequeños combates a lo largo de la frontera, al menos
durante varias semanas. El Ejército soviético contaba con 2,9 millones de
soldados en la frontera occidental y era dos veces superior a los alemanes en
carros de combate y diez veces en aeronaves. Muchos de sus tanques estaban
anticuados, pero otros, concretamente los T-34, eran mucho más sofisticados que
los alemanes.
Las primeras
victorias de los alemanes
Los alemanes habían organizado tres
grupos de ejércitos para la invasión, denominados Norte, Centro y Sur, que se
dirigirían hacia Leningrado (en la actualidad San Petersburgo), Moscú y Kíev.
Hitler y sus generales habían llegado a la conclusión de que su principal
problema estratégico consistía en bloquear al Ejército soviético durante la
batalla y derrotarlo antes de que pudiera escapar adentrándose en el país; sin
embargo, discrepaban sobre cómo superar este inconveniente. La mayoría de los
generales creían que el régimen soviético lo sacrificaría todo por salvar
Moscú, la capital, el punto de unión de las redes ferroviarias y de carreteras,
y el principal centro industrial de la URSS. En opinión de Hitler, la tierra y
los recursos de Ucrania y el petróleo de Caucasia eran más importantes.
Finalmente se llegó a un compromiso que satisfizo tanto a Hitler como a sus
generales: lanzar tres ofensivas que deberían alcanzar la victoria en diez
semanas antes de que finalizara el verano.
Churchill ofreció una alianza a la
URSS y Roosevelt hizo extensiva a éste Estado la Ley de Préstamos y Arriendos,
pero al cabo de los primeros días, sus respectivos estados mayores creían que
la contienda terminaría en una semana aproximadamente. A finales de agosto, el
Grupo de ejércitos del Centro había realizado importantes avances en Bialystok
y Minsk, y tras cruzar el río Dniéper, la frontera natural del oeste de Moscú,
se encontraba cerca de Smoliensk habiendo cubierto más de dos terceras partes
del camino hasta Moscú.
El cambio de
planes de Hitler
Los rusos actuaron, según lo
previsto por los generales alemanes, sacrificando enormes cantidades de tropas
y armamento para defender Moscú. Sin embargo, Hitler no estaba satisfecho y,
pese a las protestas de su Alto Mando, ordenó al Grupo de ejércitos del Centro
dirigir las fuerzas acorazadas hacia el norte y el sur para ayudar a los otros
dos ejércitos, con lo que se detuvo el avance hacia Moscú. El 8 de septiembre,
el Grupo de ejércitos del Norte puso sitio a Leningrado. El día 16 de ese mes,
el Grupo de ejércitos del Sur cerró una gigantesca maniobra envolvente al este
de Kíev; fue entonces cuando Hitler decidió reanudar el avance hacia Moscú y
ordenó a las fuerzas blindadas reunirse con el Grupo de ejércitos del Centro.
El intento de
tomar Moscú
El Grupo de ejércitos del Centro
retomó las operaciones el 2 de octubre, después de una interrupción de seis
semanas. Se realizaron dos grandes maniobras envolventes pero pronto comenzaron
las lluvias del otoño, que convirtieron las carreteras soviéticas, sin
pavimentar, en barrizales que frenaron el avance durante casi un mes.
A mediados de noviembre bajaron las
temperaturas y el suelo se heló. Hitler y el comandante del Grupo de ejércitos
del Centro, el mariscal de campo Fedor von Bock, decidieron seguir adelante,
con el fin de acabar la campaña de 1941 con una victoria en Moscú antes de la
llegada del invierno.
Los generales que estaban al mando
de los dos grupos acorazados que Bock mandó como avanzadilla tuvieron que
detener la marcha el 5 de diciembre ante las extremas condiciones
climatológicas que tuvieron que afrontar.
La contraofensiva
soviética
Stalin, que permaneció en Moscú, y
el general Gueorgui Konstantínovich Zhúkov lanzaron una fuerte contraofensiva
con las fuerzas de reserva rusas el 6 de diciembre y, al cabo de pocos días, el
grupo de avance de los alemanes fue arrollado.
La contraofensiva de Moscú no tardó
en extenderse a todo el frente, siguiendo las órdenes de Stalin. Los alemanes
no habían formado líneas defensivas para la retaguardia y no podían cavar
trincheras porque el suelo estaba congelado. Algunos de los generales
aconsejaron que las tropas se retiraran a Polonia, pero Hitler les ordenó el 18
de diciembre mantenerse firmes en las posiciones en que se encontraran, con lo
que logró mantener el sitio sobre Leningrado, seguir acechando Moscú y
conservar la zona occidental de Ucrania.
El comienzo de la
guerra en el Pacífico
Japón, ante la aparente inminencia
de la derrota soviética en el verano y otoño de 1941, vio una gran ocasión para
apoderarse del petróleo y demás recursos del Sureste asiático y las islas de
los alrededores, pero sabía que estas acciones desatarían una guerra contra
Estados Unidos. El gobierno estadounidense deseaba detener la expansión
japonesa, pero no estaba seguro de que la opinión pública estuviera dispuesta a
llegar a la guerra para cumplir este objetivo. Acuciados por el embargo de
petróleo que sufrían, los japoneses decidieron lanzar un ataque sobre el
Sureste asiático.
Pearl Harbor
Cuando el general Tojo Hideki fue
nombrado primer ministro a mediados de octubre, decidió que el día 29 de
noviembre era la fecha límite para que su país aceptara un pacto sin guerra. El
plazo fijado por Tojo, que se mantenía en secreto, significaba que la guerra
era prácticamente segura.
El Ejército y la Armada japonesa
habían desarrollado una estrategia basada en realizar ataques rápidos en
Birmania, la península Malaya, Indias Orientales y Filipinas y establecer un
cinturón defensivo en la zona central y suroccidental del Pacífico. Esperaban
que Estados Unidos les declarara la guerra, pero no creían que estuvieran
dispuestos a prolongar la contienda durante mucho tiempo. Su máxima
preocupación era la flota estadounidense del Pacífico, establecida en Pearl
Harbor (Hawai).
Pocos minutos después de la ocho de
la mañana del domingo 7 de diciembre de 1941 aeronaves japonesas trasladadas en
portaaviones bombardearon Pearl Harbor. Hundieron cuatro acorazados y causaron
daños a cuatro más en un ataque que duró menos de dos horas. Estados Unidos
entró en guerra con Japón el 8 de diciembre; Alemania e Italia declararon la
guerra a Estados Unidos el 11 de diciembre.
Las conquistas
japonesas en Asia y el Pacífico
Antes de finales de diciembre, las
fuerzas japonesas habían conquistado las posesiones británicas de Hong Kong y
las islas Gilbert (en la actualidad Kiribati) así como las posesiones
estadounidenses de Guam y la isla Wake; habían invadido las posesiones
británicas de Birmania, la península Malaya, Borneo y la posesión
estadounidense de Filipinas. La colonia británica de Singapur, considerada
durante mucho tiempo como una de las fortalezas más inexpugnables del mundo,
cayó en febrero de 1942; los japoneses ocuparon también las Indias Holandesas y
desembarcaron en Nueva Guinea en marzo. Las fuerzas estadounidenses y filipinas
de las islas Batan se rindieron el 9 de abril y la resistencia filipina puso
fin a sus actividades con la capitulación de la isla de Corregidor el 6 de
mayo.
De acuerdo con los planes de los
japoneses, aún les restaba tiempo para plantear una estrategia defensiva cuando
hubieran conquistado la colonia australiana del norte de Nueva Guinea, el
archipiélago Bismarck, las Gilbert y la isla Wake, objetivo que habían logrado
a mediados de marzo. Sin embargo, había sido tal el éxito de la campaña, que
decidieron ampliar su perímetro defensivo hasta abarcar las islas Aleutianas
por el norte, el archipiélago de Midway por el este y parte de las islas
Salomón y la zona meridional de Nueva Guinea por el sur. El primer paso fue
conquistar Port Moresby, situado en el extremo suroriental de Nueva Guinea, en
un ataque realizado por mar. Los estadounidenses, que podían descifrar los
mensajes codificados de los japoneses, situaron una fuerza expedicionaria naval
en esta zona. Tras la batalla del mar de Coral (7 y 8 de mayo), los japoneses
se vieron obligados a abandonar los planes previstos para Port Moresby.
La batalla de
Midway
Una potente escuadra japonesa,
compuesta por nueve acorazados y cuatro portaaviones, al mando de la cual se
hallaba el almirante Yamamoto Isoroku, puso rumbo a Midway la primera semana de
junio. El almirante Chester William Nimitz, que había asumido el mando de la
flota estadounidense del océano Pacífico después del ataque a Pearl Harbor,
sólo disponía de tres portaaviones y siete cruceros pesados, pero podía tener
acceso a los mensajes emitidos por los japoneses. La batalla de Midway comenzó
en la mañana del 4 de junio: los bombarderos estadounidenses destruyeron tres
de los portaaviones japoneses en cinco minutos. El cuarto cayó un poco más
tarde, después de que sus aviones hubieran hundido el portaaviones
estadounidense Yorktown.
La posterior conquista japonesa de
Kiska y Attu (islas Aleutianas) los días 6 y 7 no compensaron la derrota de
Midway, de la que nunca llegó a recuperarse la Armada japonesa. Sus acorazados
no sufrieron ningún daño, pero la batalla del mar de Coral y la de Midway
habían demostrado que las naves de guerra más importantes eran los
portaaviones, y el enemigo había destruido cuatro de ellos.
La tercera fase: el cambio de rumbo de la guerra
Roosevelt, Churchill y sus
respectivos consejeros se reunieron en Washington a finales de diciembre de
1941. Confirmaron su estrategia, cuyo objetivo principal era derrotar a
Alemania; los británicos sólo tenían capacidad para luchar en Europa, de manera
que la guerra contra Japón pasó a ser una responsabilidad casi exclusiva de
Estados Unidos. Asimismo, se constituyó el Estado Mayor Conjunto (Combined
Chief of Staff, CCS), comité militar británico y estadounidense con sede en
Washington, encargado de elaborar y ejecutar un plan de guerra común. El 1 de
enero de 1942 Estados Unidos, Gran Bretaña, la URSS y otras 23 naciones
firmaron la Declaración de las Naciones Unidas en la que se comprometían a no
pactar la paz por separado.
La elaboración de
la estrategia aliada
Desde el punto de vista práctico,
Estados Unidos no desplegó una gran actividad en Europa hasta principios de
1942. Los británicos no se limitaron a defender sus posiciones en el norte de
África; conquistaron Tubruq el 10 de diciembre de 1941 y Bengasi (Libia) dos
semanas después. Rommel contraatacó a finales de enero de 1942 y les hizo
retroceder 300 km, pero detuvo su propio avance junto a Tubruq y la frontera egipcia.
Europa
La URSS, temiendo una segunda
ofensiva alemana en el verano, insistió a Estados Unidos y Gran Bretaña para
que aliviaran la presión del frente soviético lanzando una ofensiva por el
oeste. El general George Catlett Marshall, jefe del Estado Mayor del Ejército
estadounidense, creía que la mejor forma de ayudar a los rusos y poner fin
rápidamente a la guerra era llevar a cabo una concentración de tropas en
Inglaterra, cruzar el canal de la Mancha y atacar desde el noroeste de Europa.
Los británicos no deseaban intervenir en ninguna otra operación hasta que se
conquistara el norte de África, y no pensaban que fuera posible reunir en
Inglaterra una fuerza tan poderosa para lanzar una ofensiva a través del canal
en 1943. Rommel fue quien proporcionó la clave para resolver el dilema. En el
mes de junio, capturó Tubruq y se adentró 380 km en Egipto, hasta El-Alamein. Ante esta situación,
los estadounidenses estuvieron de acuerdo en aplazar indefinidamente el ataque
desde el canal y enviaron sus tropas a Gran Bretaña para invadir el África del
Norte francesa.
El Pacífico
Mientras tanto, la Armada
estadounidense proseguía la lucha contra Japón en el Pacífico. El general
Douglas MacArthur, que había estado al mando de las fuerzas de Filipinas, había
sido evacuado por un submarino y trasladado a Australia antes de la rendición.
La batalla de Midway había detenido el avance de los japoneses en la zona
central del Pacífico, pero éstos continuaban expandiéndose por el suroeste a
través de las islas Salomón y Nueva Guinea. El 2 de julio de 1942 los jefes del
Estado Mayor de Estados Unidos dirigieron las operaciones de las fuerzas
terrestres y navales en el sur y suroeste del Pacífico con el objetivo de
frenar a los japoneses, expulsarlos de las islas Salomón y del noreste de Nueva
Guinea y eliminar la gran base que éstos habían establecido en Rabaul, situada
en Nueva Bretaña.
El frente ruso: el
verano de 1942
La zona más conflictiva en esos
momentos era el frente ruso, donde los alemanes tomaron nuevamente la
iniciativa en el verano de 1942 en las ofensivas sobre el sur de Leningrado,
las proximidades de Járkov y Crimea. Era tal la fe de Hitler en la victoria en
1941, que ordenó detener la fabricación de armas y municiones para el Ejército
de Tierra y reconvirtió estas industrias para que fabricaran materiales para
las Fuerzas Aéreas y la Armada. La producción de armamento para el Ejército se
había reanudado en enero de 1942, pero esta remesa no llegaría al frente hasta
finales del verano. Por otro lado, la producción de armas soviética fue
aumentando progresivamente desde comienzos del nuevo año; además, la base
industrial de la URSS era mayor que la alemana.
Hitler sabía que no podría llevar a
cabo una nueva ofensiva total sobre tres objetivos. Algunos de sus generales
proponían que se aguardara un año hasta que se volviera a reorganizar al
Ejército, pero Hitler estaba decidido a conseguir la victoria en 1942, por lo
que intentó obligar al mando soviético a sacrificar al grueso de su Ejército
para defender las minas de carbón de la cuenca del Donets y los campos de
petróleo de Caucasia.
Los alemanes se
dirigen hacia Caucasia
La ofensiva comenzó el 28 de junio
y, en menos de cuatro semanas, los ejércitos alemanes habían tomado la cuenca
del Donets y habían avanzado por el este hasta el río Don. Stalin y sus
generales cometieron un error que finalmente fue beneficioso para sus
intereses: creyendo que los alemanes iban a lanzar un segundo ataque, más
fuerte, sobre Moscú, no habían hecho intervenir a sus reservas y permitieron
que los ejércitos del sur se retiraran.
Hitler, alentado por la facilidad y
rapidez del avance, cambió sus planes en la última semana de julio.
Inicialmente, había propuesto que las tropas se dirigieran hacia el este de
Stalingrado (en la actualidad Volgogrado), tomaran una posición firme en el
Volga y enviaran entonces una fuerza que se adentrara en el sur de Caucasia. El
23 de julio ordenó que dos ejércitos continuaran la marcha hacia Stalingrado y
que otros dos se desplazaran hacia el sur cruzando el bajo Don y tomaran los
campos petroleros de Maikop, Grozni y Bakú.
El 9 de agosto los alemanes se
habían adentrado en Caucasia, en dirección a Maikop. El triunfo parecía
acercarse cuando el VI Ejército y el IV Ejército Acorazado se unieron cerca de
Stalingrado el 3 de septiembre.
La resistencia
rusa en Stalingrado
La URSS atravesó la situación más
difícil de la guerra a finales de julio de 1942, cuando tras la retirada rusa
los alemanes estuvieron en condiciones de avanzar a lo largo del Volga, por
detrás de Moscú, y de adentrarse en Caucasia. El 28 de julio, Stalin hizo un llamamiento
a sus tropas para que libraran una guerra patriótica por Rusia. A finales de
agosto convocó a sus dos mejores militares, Zhúkov, que había organizado la
contraofensiva de Moscú en diciembre de 1941, y el general Alexandr M.
Vasilevski, jefe del Estado Mayor del Ejército, para tomar una decisión sobre
Stalingrado. Éstos propusieron derrotar al enemigo bloqueando a sus tropas en
la ciudad mientras se reunían los medios para lanzar un contraataque.
Guadalcanal
El curso de la guerra era favorable
para las potencias del Eje a mediados del verano de 1942. Stalingrado y los
campos petroleros de Caucasia parecían estar al alcance de Hitler y Rommel se
hallaba en una posición propicia para atacar el canal de Suez. Los japoneses
habían ocupado la isla de Guadalcanal y se dirigían hacia Port Moresby. Sin
embargo, seis meses después las potencias del Eje habían detenido su avance y
retrocedían en la URSS, el norte de África y el suroeste del Pacífico.
La infantería de Marina de Estados
Unidos llegó a Guadalcanal el 7 de agosto de 1942. El desembarco se realizó sin
contratiempos, sólo hubo de hacer frente a una pequeña guarnición japonesa;
pero la lucha se complicó a partir de ese momento. Los japoneses respondían con
rapidez y violencia tanto en los combates navales como aéreos. Mientras las
fuerzas estadounidenses combatían contra un poderoso enemigo bajo un agotador
clima tropical, sus navíos de guerra libraron seis importantes batallas en las
aguas que rodeaban la isla entre el 24 de agosto y el 30 de noviembre.
Finalmente, los efectivos de Estados Unidos comunicaron el 9 de febrero de 1943
la conquista de la isla.
La ofensiva
británico-estadounidense en el norte de África
La situación comenzó a cambiar en
el norte de África el 31 de agosto de 1942 cuando Rommel atacó la línea
británica situada al oeste de El-Alamein. El nuevo comandante británico, el
general Bernard Law Montgomery, lanzó una ofensiva el 23 de octubre y forzó la
retirada de Rommel; las tropas estadounidenses y británicas que luchaban a las
órdenes del general Dwight David Eisenhower comenzaron a llegar a Marruecos y
Argelia el 8 de noviembre; los estadounidenses se establecieron en Casablanca y
Orán, y los británicos en Argel. Los alemanes enviaron refuerzos a la ciudad de
Túnez y ocuparon toda Francia. Consiguieron que el V Ejército Acorazado,
dirigido por el general Jürgen von Arnim se presentara a tiempo de frenar a
Eisenhower en el oeste de Tunicia hacia mediados de diciembre. Rommel se
adentró en el sureste de Tunicia a principios de febrero de 1943 y lanzó un
ataque contra las tropas estadounidenses el 14 de febrero, obligándolas a
abandonar el paso de Kasserine, una posición vital. Éste fue su último éxito y
no pudo aprovecharlo. Hitler le reclamó en marzo debido a que las fuerzas de Estados
Unidos y Gran Bretaña se aproximaban desde el oeste y el sur. Los 275.000
hombres que componían las fuerzas alemanas e italianas quedaron aislados de sus
bases de Bizerta y Túnez; finalmente se rindieron el 13 de mayo.
La victoria
soviética en Stalingrado
Los alemanes habían avanzado 1.100 km más hacia Leningrado y Caucasia
en el frente oriental. Hitler no disponía de tropas alemanas para cubrir esa
distancia, de manera que tuvo que recurrir a las tropas puestas a su
disposición por sus aliados. Así pues, mientras el VI y IV Ejércitos Acorazados
permanecían inmovilizados en Stalingrado durante septiembre y octubre de 1942,
fueron flanqueados por los ejércitos rumanos que acudieron en su ayuda. Un
ejército de italianos y húngaros comenzó a remontar el río Don rápidamente.
En la mañana del 19 de noviembre las fuerzas acorazadas soviéticas atacaron a los rumanos al oeste y el sur de Stalingrado. Se reunieron tres días después en Kalach, a orillas del río Don, donde rodearon al VI Ejército, ca