Trabajo
Práctico sobre la Primera Guerra Mundial
Guerra Mundial, Segunda, conflicto militar que comenzó en
1939 como un enfrentamiento bélico europeo entre Alemania y la coalición
franco-británica, se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del
planeta y cuya conclusión en 1945 supuso el nacimiento de un nuevo orden
mundial dominado por Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS).
La II Guerra Mundial requirió la
utilización de todos los recursos humanos y económicos de cada Estado y fue un
conflicto único en los tiempos modernos por la violencia de los ataques
lanzados contra la población civil y por el genocidio (el exterminio de judíos,
gitanos, homosexuales y otros grupos) llevado a cabo por la Alemania nacionalsocialista
(nazi) como un objetivo específico de la guerra. Los principales factores que
determinaron su desenlace fueron la capacidad industrial y la cantidad de
tropas. En los últimos momentos de la lucha se emplearon dos armas radicalmente
nuevas: los cohetes de largo alcance y la bomba atómica. No obstante, el tipo
de armamento empleado durante casi todo el enfrentamiento fue similar al de la
I Guerra Mundial, aunque con ciertas
mejoras. Las principales innovaciones se aplicaron a las aeronaves y a los carros
de combate.
La situación
después de la I Guerra Mundial
El resultado de la I Guerra Mundial fue decepcionante
para tres de las grandes potencias implicadas. Alemania, la gran derrotada,
albergaba un profundo resentimiento por la pérdida de grandes áreas geográficas
y por las indemnizaciones que debía pagar en función de las reparaciones de
guerra impuestas por el Tratado de Versalles. Italia, una de las vencedoras, no
recibió suficientes concesiones territoriales para compensar el coste de la
guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones. Japón, que se encontraba también
en el bando aliado vencedor, vio frustrado su deseo de obtener mayores
posesiones en Asia oriental.
Las causas de la guerra
Francia, Gran Bretaña y Estados
Unidos alcanzaron, por su parte, los objetivos previstos en el conflicto
iniciado en 1914. Habían logrado que Alemania limitara su potencial militar a
una cifra determinada y reorganizaron Europa y el mundo según sus intereses. No
obstante, los desacuerdos políticos entre Francia y Gran Bretaña durante el
periodo de entreguerras (1918-1939) fueron frecuentes, y ambos países
desconfiaban de su capacidad para mantener la paz. Estados Unidos, desengañado
con sus aliados europeos, que no pagaron las deudas contraídas en la guerra,
inició una política aislacionista.
El fracaso de los
esfuerzos de paz
Durante la década de 1920 se
llevaron a cabo varios intentos para lograr el establecimiento de una paz
duradera. En primer lugar, en 1920 se constituyó la Sociedad de Naciones, un
organismo internacional de arbitraje en el que los diferentes países podrían
dirimir sus disputas. Los poderes de la Sociedad quedaban limitados a la
persuasión y a varios grados de sanciones morales y económicas que los miembros
eran libres de cumplir según su criterio. En la Conferencia de Washington
(1921-1922), las principales potencias navales acordaron limitar el número de
naves a una proporción establecida. Los Tratados de Locarno, firmados en esta
ciudad suiza en una conferencia celebrada en 1925, garantizaban las fronteras
franco-alemanas e incluían un acuerdo de arbitraje entre Alemania y Polonia.
Durante la celebración del Pacto de París (1928), 63 naciones firmaron el
Tratado para la Renuncia a la Guerra, también denominado Pacto Briand-Kellog,
por el que renunciaron a la guerra como instrumento de sus respectivas
políticas nacionales y se comprometieron a resolver los conflictos
internacionales por medios pacíficos. Los países signatarios habían decidido de
antemano no incluir las guerras de autodefensa en esta renuncia a los medios
bélicos.
El ascenso del
fascismo
Uno de los objetivos de los
vencedores de la I Guerra Mundial había sido hacer del mundo un lugar
seguro para la democracia; la Alemania de posguerra (cuyo régimen es conocido
como la República de Weimar) adoptó una Constitución democrática, al igual que
la mayoría de los estados reconstituidos o creados después de la contienda. Sin
embargo, en la década de 1920 proliferaron los movimientos que propugnaban un
régimen basado en el totalitarismo nacionalista y militarista, conocido por su
nombre italiano, fascismo, que prometía satisfacer las necesidades del pueblo
con más eficacia que la democracia y se presentaba como una defensa segura
frente al comunismo. Benito Mussolini estableció en Italia en 1922 la primera
dictadura fascista.
La formación del
Eje
Adolf Hitler, Führer (líder) del Partido
Nacionalsocialista Alemán, impregnó de racismo su movimiento fascista. Prometió
cancelar el Tratado de Versalles y conseguir un mayor Lebensraum (en alemán, ‘espacio
vital’) para el pueblo alemán, un derecho que merecía, a su juicio, por
pertenecer a una raza superior. La Gran Depresión que se produjo a comienzos de
la década de 1930 afectó profundamente a Alemania. Los partidos moderados no
llegaban a ningún acuerdo con respecto a las posibles soluciones, y un gran
número de ciudadanos depositó su confianza especialmente en los nazis. Hitler
fue nombrado canciller de Alemania en 1933 y se erigió en dictador tras una
serie de maniobras políticas.
Japón no adoptó un régimen fascista
de forma oficial, pero la influyente posición de las Fuerzas Armadas en el seno
del gobierno les permitió imponer un totalitarismo de características
similares. Los militares japoneses se anticiparon a Hitler a la hora de
desmantelar la situación mundial. Aprovecharon un pequeño enfrentamiento con
tropas chinas en las proximidades de Mukden (actual Shenyang) en 1931 como
pretexto para apoderarse de Manchuria, en donde constituyeron el Estado de
Manchukuo en 1932. Asimismo, ocuparon entre 1937 y 1938 los principales puertos
de China.
Hitler, tras denunciar las
cláusulas sobre desarme impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles,
organizar unas nuevas Fuerzas Aéreas y reimplantar el servicio militar, puso a
prueba su nuevo armamento durante la Guerra Civil española (1936-1939), en la
que participó en defensa de los militares rebeldes junto con las tropas
italianas de Mussolini, que pasaron a apoyar a los insurrectos españoles
después de haber conquistado Etiopía (1935-1936) en un breve conflicto armado.
Los tratados firmados por Alemania, Italia y Japón (además de otros estados
como Hungría, Rumania y Bulgaria por ejemplo) desde 1936, cuando los dos
primeros países acordaron el primero de ellos, hasta 1941 (cuando Bulgaria se
incorporó a los mismos) dieron como resultado la formación del Eje
Roma-Berlín-Tokio.
La agresión
alemana en Europa
Hitler inició su propia campaña
expansionista con la Anschluss (en alemán, ‘anexión’ o ‘unión’)
de Austria en marzo de 1938, para lograr la cual no hubo de hacer frente a
ningún impedimento: Italia lo apoyó, y los británicos y franceses, intimidados
por el rearme de Alemania, aceptaron que Hitler alegara que la situación de
Austria concernía a la política interior alemana. Estados Unidos había limitado
drásticamente su capacidad para actuar contra este tipo de agresiones después
de haber aprobado una ley de neutralidad que prohibía el envío de ayuda
material a cualquiera de las partes implicadas en un conflicto internacional.
En septiembre de 1938, Hitler
amenazó con declarar la guerra para anexionarse la zona de la frontera
occidental de Checoslovaquia, los Sudetes, con sus 3,5 millones de ciudadanos
de lengua alemana. El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain,
inició una serie de conversaciones que concluyeron a finales de mes con el
Pacto de Munich, en el que los checoslovacos, instados por británicos y
franceses, renunciaban a los Sudetes a cambio de que Hitler se comprometiera a
no apoderarse de más territorios checos. No obstante, este acuerdo no tardó en
convertirse en un apaciguamiento infructuoso: Hitler invadió el resto de
Checoslovaquia en marzo de 1939. El gobierno británico, alarmado por esta nueva
agresión y las amenazas proferidas por Hitler contra Polonia, se comprometió a ayudar
a este país en el caso de que Alemania pusiera en peligro su independencia.
Francia también estableció un tratado de defensa mutua con Polonia.
La otra vertiente de la política de
apaciguamiento tenía como protagonista a la URSS. Iósiv Stalin, el máximo
dirigente soviético, había ofrecido ayuda militar a Checoslovaquia durante la
crisis de 1938, pero su proposición no fue tenida en consideración por ninguna
de las partes del Pacto de Munich. Ahora que existía la amenaza de una guerra,
ambos bandos procuraban obtener la alianza soviética, pero fue Hitler el que
realizó la oferta más atractiva. El Pacto Germano-soviético se firmó en Moscú
en la noche del 23 de agosto de 1939. En el comunicado hecho público al día
siguiente, Alemania y la URSS acordaban no luchar entre sí; existía, no
obstante, un protocolo secreto en el que se concedía a Stalin libertad de
acción en Finlandia, Estonia, Letonia y en el este de Polonia y en Rumania.
Las operaciones
militares
Los ejércitos alemanes marcharon
sobre Polonia a primeras horas de la mañana del 1 de septiembre de 1939. Los
británicos y los franceses declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre,
pero no tenían intención de prestar ayuda a los polacos.
Primera fase: la supremacía del Eje
El número de tropas de las fuerzas
alemanas y polacas era prácticamente similar. Hitler envió 1,5 millones de
soldados y el mariscal polaco Edwar Rydz-Smigly esperaba reunir 1,8 millones de
hombres. Sin embargo los alemanes contaban con seis divisiones panzer
(‘acorazadas’) y cuatro divisiones motorizadas; los polacos sólo disponían de
una brigada acorazada, una motorizada y algunos batallones de carros de
combate. Las Fuerzas Aéreas alemanas estaban formadas por 1.600 aeronaves de
último modelo, mientras que la mitad de los 935 aviones polacos eran obsoletos.
La guerra
relámpago en Polonia
La estrategia polaca consistía en
una rígida defensa de toda la frontera y preveía varias semanas de escaramuzas
preliminares con los alemanes. No obstante, ambos cálculos resultaron incorrectos.
En la mañana del 1 de septiembre, oleadas de bombarderos alemanes atacaron las
líneas férreas y bloquearon la movilización polaca. Durante los cuatro días
siguientes, dos grupos militares —procedentes de Prusia Oriental y Silesia
respectivamente— abrieron el paso a las unidades de avance acorazadas que se
dirigían con rapidez hacia Varsovia y Brest. En esto consistía la blitzkrieg
(en alemán, ‘guerra relámpago’): desplegar de forma simultánea fuerzas
acorazadas, aviación e infantería para realizar un movimiento en forma de pinza
y envolver al enemigo en un breve espacio de tiempo.
Los alemanes rodearon Varsovia
entre el 8 y el 10 de septiembre, bloqueando a las fuerzas polacas al oeste de
la capital. El 17 de septiembre, un segundo y más profundo movimiento
envolvente se cerró cerca de Brest. Ese mismo día, el Ejército Rojo soviético
atacó la frontera. Prácticamente toda Polonia había sido invadida el 20 de
septiembre; el 6 de octubre capituló el fuerte de Kock, último bastión de la
resistencia polaca.
La guerra ficticia
Si los franceses y británicos
hubieran lanzado una ofensiva por el oeste, Polonia habría podido proseguir la
lucha, pero la campaña tendría que haber sido asumida principalmente por los
franceses hasta que llegaran suficientes fuerzas británicas; sin embargo, la
estrategia de Francia era eminentemente defensiva y consistía en defender la
Línea Maginot, fuertemente fortificada. Tras la fulgurante invasión de Polonia,
ninguno de los dos bandos emprendió nuevas acciones. Los británicos y franceses,
un tanto inquietos, comenzaron a elaborar planes para evitar una nueva guerra
mundial. Hitler realizó una oferta de paz con poca convicción, a la vez que
ordenaba a sus generales prepararse para atacar los Países Bajos y Francia. El
Alto Mando Alemán, que no confiaba en poder repetir en Francia la ofensiva
realizada en Polonia, solicitó más tiempo para conquistar los Países Bajos,
Bélgica y la costa francesa del canal de la Mancha. Salvo en el mar, donde los
submarinos alemanes asediaban a las naves mercantes y la Armada británica había
impuesto el bloqueo, fue tan escasa la actividad en las primeras semanas de
octubre que la prensa estadounidense denominó a esta situación la ‘guerra
ficticia’.
La Guerra
Ruso-finesa
El 30 de noviembre, después de dos
meses de discusiones diplomáticas, la URSS declaró la guerra a Finlandia,
iniciándose así la denominada Guerra Ruso-finesa. Stalin estaba decidido a
llevar a cabo su propia guerra relámpago, pero los fineses, mandados por el
mariscal Carl Gustaf Emil von Mannerheim resistieron el ataque inicial de unas
tropas soviéticas superiores en número, y continuaron la lucha al año
siguiente.
La ofensiva sobre Finlandia
realizada por la URSS suscitó la indignación de la opinión mundial y brindó una
oportunidad a los británicos y franceses. Éstos habían centrado su atención
desde tiempo atrás en la mina de hierro de la ciudad sueca de Kiruna, que
representaba la principal fuente de este mineral para Alemania. Durante el
verano, la mena era enviada a Alemania a través del mar Báltico; en invierno,
era trasladada al puerto noruego de Narvik —sin hielo pese a la época— y
después embarcada en naves que atravesaban las aguas neutrales de Noruega. El
ferrocarril de Narvik-Kiruna también se unía por el este con los ferrocarriles
fineses; por lo tanto, una fuerza anglo-británica mandada para ayudar a
Finlandia estaría automáticamente en posición de ocupar Narvik y Kiruna. El
problema era conseguir que Noruega y Suecia cooperaran, a lo cual ambas se
negaron.
En Alemania, el jefe de operaciones
navales, el almirante Erich Raeder, apremió a Hitler para que invadiera
Noruega, con lo que quedaría garantizada la seguridad de los puertos del océano
Atlántico, pero el Führer no mostró interés por este plan
hasta finales de enero de 1940. Las primeras observaciones sugerían que la
mejor forma de invadir Noruega era realizar desembarcos simultáneos en las ocho
ciudades portuarias que se encontraban entre Narvik y Oslo. Dinamarca, que no
representaba ninguna dificultad desde el punto de vista militar, podría
favorecer el desarrollo del plan, puesto que disponía de aeródromos cercanos a
Noruega.
Dinamarca y
Noruega
Stalin, que temía una intervención
extranjera, puso fin a la Guerra Ruso-finesa el 8 de marzo y estableció unos
términos que obligaban a Finlandia a entregar ciertos territorios, pero le
permitían conservar su independencia. Los británicos y los franceses
necesitaban entonces encontrar un pretexto para realizar su plan de invasión de
Narvik y Kiruna; decidieron situar minas en las inmediaciones del puerto de
Narvik. Su objetivo era provocar una reacción violenta por parte de los
alemanes, lo que les permitiría pasar al lado noruego y llegar así hasta
Narvik.
Hitler aprobó el plan de invasión
de Noruega y Dinamarca el 2 de abril, y los buques de guerra se hicieron a la
mar el día 7. Dinamarca se rindió inmediatamente, y los desembarcos de tropas
efectuados el día 9 se realizaron con éxito en todos los puntos previstos salvo
en Oslo, que fue ocupado por los alemanes al atardecer; no obstante, el
gobierno noruego, que había decidido luchar, se trasladó a Elverum. Aunque los
noruegos, con la colaboración de 12.000 soldados británicos y franceses,
consiguieron resistir en la zona que se extendía entre Oslo y Trondheim hasta
el 3 de mayo. La situación en Narvik era diferente. Allí, 4.600 alemanes
luchaban contra 24.600 británicos, franceses y noruegos respaldados por los
cañones de la Armada británica. Los alemanes resistieron en Narvik hasta el 28
de mayo; tuvieron que retroceder hasta la frontera con Suecia en la primera
semana de junio, pero cuando estaban a punto de rendirse, las derrotas
militares sufridas por los aliados en Francia obligaron a los británicos y
franceses a reclamar a las tropas destacadas en Narvik.
Los Países Bajos
Al llegar la primavera, Hitler
había elaborado un proyecto mejor para la campaña contra Francia y los Países
Bajos. El primer plan consistía en atravesar Bélgica tal y como se había hecho
durante la I Guerra Mundial. Sin embargo, el general Erich von Manstein y algunos de
sus asesores le habían persuadido para que trasladara el grueso de sus tropas
al sur de Luxemburgo y al bosque de las Ardenas, puesto que el enemigo nunca
esperaría que se realizara un ataque desde esta zona. Los carros de combate
podrían marchar con rapidez hacia el noroeste desde las Ardenas después de
alcanzar la costa y derrotar al enemigo en Bélgica; retrocederían y atacarían
por el sureste, desde la retaguardia de los ejércitos franceses situados en la
Línea Maginot.
Cuando comenzó el ataque el 10 de
mayo de 1940, ambos bandos disponían aproximadamente del mismo número de tropas
y carros de combate, aunque las fuerzas aéreas alemanas eran superiores a las
de los aliados. No obstante, la ventaja decisiva de los alemanes consistía en que
habían planeado todos sus movimientos detalladamente. Sus oponentes tuvieron
que improvisar una estrategia, debido en parte a que belgas y neerlandeses se
mantuvieron neutrales hasta el último momento. Además, los británicos y los
franceses no estaban preparados para hacer frente a las fuerzas acorazadas
alemanas. Los carros de combate aliados se dispersaban entre la infantería,
mientras que los de los alemanes se mantenían juntos en un grupo panzer
(‘acorazado’).
El 10 de mayo, las tropas
aerotransportadas alemanas llegaron a Bélgica y los Países Bajos para
apoderarse de los aeródromos, puentes y la gran fortaleza belga de Eben-Emael.
El Ejército neerlandés se rindió el 14 de mayo, varias horas después de que los
bombarderos destruyeran la zona financiera de Rotterdam. Ese mismo día, el
grueso de las fuerzas alemanas partió de las Ardenas por la retaguardia de los
ejércitos británicos y franceses que apoyaban a las tropas belgas, en dirección
a la costa.
La derrota de
Francia
El 20 de mayo, el grupo panzer
tomó la ciudad francesa de Abbeville, situada en la desembocadura del río
Somme, y comenzó a avanzar hacia el norte a lo largo de la costa. Hacia el 26
de mayo, los británicos y los franceses se vieron obligados a retroceder hasta
una estrecha playa que se encontraba en los alrededores de Dunkerque. El rey
belga, Leopoldo III, capituló al día siguiente. Destructores y pequeñas
embarcaciones de todo tipo consiguieron evacuar de Dunkerque a 338.226 hombres
en un salvamento heroico propiciado por la actitud del general alemán Gerd von
Rundstedt, que ordenó a sus carros de combate que se detuvieran a fin de
preservarlos para la siguiente fase de la operación.
La campaña contra Francia comenzó
el 5 de junio. Italia declaró la guerra a Francia y Gran Bretaña el 10 de
junio. La Línea Maginot, que sólo dejaba a merced del enemigo la frontera con
Bélgica, no había sufrido el más mínimo daño, pero el comandante de las fuerzas
francesas, el general Maxime Weygand, no disponía de ningún medio para proteger
París por el norte y el oeste. El 17 de junio, el mariscal Henri Philippe
Pétain, nombrado jefe de gobierno el día anterior solicitó un armisticio, que
fue firmado el 25 de junio, en el que se acordó que Alemania controlaría el
norte y la franja atlántica de Francia. Pétain estableció la capital en Vichy,
en la zona no ocupada del sureste.
La batalla de
Inglaterra
En el verano de 1940, Hitler
dominaba Europa desde el noruego cabo Norte hasta los Pirineos. Su único
enemigo activo —Gran Bretaña, gobernada desde mayo por un nuevo primer
ministro, Winston Churchill— juró continuar la lucha. El Ejército británico
había abandonado la mayor parte de su armamento en las playas de Dunkerque.
Stalin no pensaba desafiar a Hitler. Ante la caída de Francia, Estados Unidos
inició el primer reclutamiento realizado en tiempo de paz de toda su historia e
incrementó considerablemente su presupuesto militar.
Los alemanes confiaban en vencer a
los británicos obligándoles a que se rindieran por falta de suministros. La
batalla del Atlántico comenzó en junio de 1940 y en ella se recurrió a la
guerra submarina para cortar el transporte de suministros británicos. Los
alemanes contaban ahora con bases submarinas en Noruega y Francia. En los
primeros momentos del conflicto, disponían únicamente de 28 submarinos, pero se
estaban construyendo muchos más.
El método más rápido de acabar con
los británicos era una invasión, pero esto implicaba cruzar el canal de la
Mancha; Hitler no se arriesgaría a emprender esta acción a menos que se
neutralizara antes a la Royal Air Force (Fuerzas Aéreas Reales británicas o
RAF). Por lo tanto, la batalla de Inglaterra se desarrolló en el aire, no en
las playas. Los alemanes bombardearon puertos, aeródromos y ciudades británicas
durante agosto y parte de septiembre de 1940, pero los daños causados, si bien
graves para la población civil, resultaron poco decisivos desde el punto de
vista militar previsto por los alemanes, por lo que el 17 de septiembre de
1940, Hitler pospuso la invasión de las islas Británicas indefinidamente.
Los Balcanes y el
norte de África (1940-1941)
En realidad, Hitler había
comunicado a sus generales a finales de julio de 1940 que la siguiente ofensiva
tendría lugar en la URSS. El Führer pensaba que los británicos
continuaban combatiendo porque esperaban que estallara un conflicto entre
Alemania y la URSS; una vez que se hubiera derrotado a los soviéticos y las
posiciones británicas en la India y Oriente Próximo se vieran amenazadas, Gran
Bretaña firmaría la paz. Persuadido por sus asesores militares, Hitler pospuso
la ofensiva sobre la Unión Soviética hasta la primavera para eludir las
dificultades climáticas que hubieran supuesto realizarla durante el invierno.
Mientras tanto, Mussolini había
emprendido en septiembre de 1940 un ataque sin éxito sobre Egipto —una posición
británica— desde la colonia italiana de Libia y había intentado invadir Grecia
un mes después con resultados similares. En respuesta a esta última operación,
los británicos ocuparon los aeródromos de Creta y Grecia. Para impedir que los
aviones británicos tuvieran a su alcance los campos petrolíferos de Ploiesti
(Rumania), Hitler comenzó a preparar una campaña contra Grecia en noviembre.
A principios de 1941, las fuerzas
británicas obligaron a los italianos a replegarse sobre Libia, y Hitler envió
al general Erwin Rommel en el mes de febrero con una fuerza con dos divisiones
de carros de combate, el Afrika Korps, para ayudar a sus aliados
italianos.
Debido a que las tropas alemanas
necesitaban cruzar Rumania y Hungría para llegar hasta Grecia y la Unión
Soviética, Hitler logró incluir a ambos estados en la alianza del Eje en
noviembre de 1940; Bulgaria se unió en marzo de 1941. Cuando Yugoslavia se negó
a adherirse al Eje, Hitler ordenó la invasión de este país.
Yugoslavia
Las operaciones alemanas contra
Grecia y Yugoslavia dieron comienzo el 6 de abril de 1941. La principal
dificultad del ataque sobre Yugoslavia consistía en conseguir que un ejército
de nueve divisiones procedentes de Alemania y Francia se trasladara unido hasta
el objetivo en menos de nueve días. El 10 de abril se lanzaron varios ataques
sobre Belgrado, que cayó el 13 de abril, y el Ejército yugoslavo se rindió al
día siguiente. Sin embargo, fue más sencillo conquistar este país que
conservarlo, ya que las guerrillas —los chetniks serbios, dirigidos por Draza
Mihaílovic, y los partisanos, liderados por Tito— presentaron batalla durante
toda la guerra.
Grecia
El Ejército griego, a diferencia
del yugoslavo, se movilizó por completo para defender la Línea de Metaxás,
conjunto de fortificaciones al noreste de Salónica. Mediante un pequeño avance
hacia esta ciudad, los alemanes consiguieron que el 9 de abril se rindiera casi
la mitad del Ejército griego. El I Ejército de Grecia, procedente de Albania, quedó
cercado en el paso de Metsovón y se rindió el 22 de abril, mientras que las
fuerzas británicas se retiraron hacia el sur. A continuación, los rápidos
ataques de los alemanes —sobre el istmo de Corinto y el Peloponeso— obligaron a
los británicos a realizar una evacuación que se saldó con la pérdida de 12.000
hombres. A finales de mayo la isla de Creta quedó en poder de los alemanes.
Mientras tanto, Rommel había
lanzado una contraofensiva sobre los británicos en Libia, expulsándoles del
país, excepto a una guarnición aislada en Tubruq (Tobruk), en abril de 1941.
La segunda fase: la expansión de la guerra
Un año después de la caída de
Francia, la contienda se convirtió en una guerra mundial. Mientras se llevaban
a cabo campañas secundarias en los Balcanes y en el norte de África así como
combates aéreos contra los británicos, Hitler desplegó el grueso de sus fuerzas
hacia el este y formó una coalición con los países del sureste de Europa
(además de Finlandia) para atacar a la URSS.
La ayuda de
Estados Unidos a Gran Bretaña
Estados Unidos abandonó su política
de neutralidad estricta en la guerra europea y se enfrentó, sin llegar a la
guerra, con Japón en Asia y el océano Pacífico. Las conferencias mantenidas
entre Estados Unidos y Gran Bretaña desde enero de 1941 sirvieron para diseñar
una estrategia básica en el caso de que los estadounidenses intervinieran en la
guerra; ambos centrarían su esfuerzo en combatir a Alemania, posponiendo la
lucha con Japón, en el caso de que ésta se iniciara.
En marzo de 1941, el Congreso de Estados
Unidos aprobó la Lend-Lease Act (Ley de Préstamos y Arriendos) y asignó la
cantidad inicial de 7.000 millones de dólares para ayudar a cualquier país que
el presidente designara. De este modo, los estadounidenses esperaban asegurar
la victoria sobre las potencias del Eje sin necesidad de enviar a sus propias
tropas a Europa. No obstante, a finales del verano de 1941, Estados Unidos se
hallaba en estado de guerra no declarada contra Alemania. En julio, la Marina
estadounidense comenzó a escoltar los convoyes británicos por las aguas del
oeste de Islandia. En septiembre, el presidente Franklin Delano Roosevelt
autorizó a las naves que realizaban estas misiones de escolta a abrir fuego
contra las embarcaciones de las potencias del Eje.
Los conflictos entre
Estados Unidos y Japón
Mientras tanto, las relaciones
entre Estados Unidos y Japón continuaban deteriorándose. En septiembre de 1940,
Japón obligó al gobierno francés de Vichy a entregarle la zona norte de
Indochina. Estados Unidos respondió a esta acción prohibiendo la exportación de
acero y combustible a los japoneses. Éstos firmaron un pacto de neutralidad con
la URSS en abril de 1941 para prevenir un ataque soviético en el caso de que
entraran en conflicto con Gran Bretaña o Estados Unidos mientras se apoderaban
de territorios en el sur y este de Asia. Cuando Alemania invadió la URSS en
junio, los dirigentes japoneses sopesaron la posibilidad de romper el acuerdo y
unirse a la ofensiva desde el este, pero finalmente optaron por ocupar el sur
de Indochina el 23 de julio. Dos días después, Estados Unidos, Gran Bretaña y
los Países Bajos congelaron los activos japoneses para impedir que Japón
pudiera adquirir petróleo, lo que a la larga inutilizaría por completo a su
Armada y sus Fuerzas Aéreas.
La invasión
alemana de la URSS
En la mañana del 22 de junio de
1941, más de 3 millones de soldados alemanes iniciaron la invasión de la URSS.
Stalin, cuya confianza en el poderío militar soviético se había tambaleado tras
la guerra con Finlandia, prohibió toda respuesta o reacción por miedo a
provocar a los alemanes. Además, el Alto Mando soviético había llegado a la
conclusión de que la guerra relámpago, tal y como se había llevado a cabo en
Polonia y Francia, no podría ponerse en práctica en la URSS; ambos bandos se
limitarían a mantener pequeños combates a lo largo de la frontera, al menos
durante varias semanas. El Ejército soviético contaba con 2,9 millones de
soldados en la frontera occidental y era dos veces superior a los alemanes en
carros de combate y diez veces en aeronaves. Muchos de sus tanques estaban
anticuados, pero otros, concretamente los T-34, eran mucho más sofisticados que
los alemanes.
Las primeras
victorias de los alemanes
Los alemanes habían organizado tres
grupos de ejércitos para la invasión, denominados Norte, Centro y Sur, que se
dirigirían hacia Leningrado (en la actualidad San Petersburgo), Moscú y Kíev.
Hitler y sus generales habían llegado a la conclusión de que su principal
problema estratégico consistía en bloquear al Ejército soviético durante la
batalla y derrotarlo antes de que pudiera escapar adentrándose en el país; sin
embargo, discrepaban sobre cómo superar este inconveniente. La mayoría de los
generales creían que el régimen soviético lo sacrificaría todo por salvar
Moscú, la capital, el punto de unión de las redes ferroviarias y de carreteras,
y el principal centro industrial de la URSS. En opinión de Hitler, la tierra y
los recursos de Ucrania y el petróleo de Caucasia eran más importantes.
Finalmente se llegó a un compromiso que satisfizo tanto a Hitler como a sus
generales: lanzar tres ofensivas que deberían alcanzar la victoria en diez
semanas antes de que finalizara el verano.
Churchill ofreció una alianza a la
URSS y Roosevelt hizo extensiva a éste Estado la Ley de Préstamos y Arriendos,
pero al cabo de los primeros días, sus respectivos estados mayores creían que
la contienda terminaría en una semana aproximadamente. A finales de agosto, el
Grupo de ejércitos del Centro había realizado importantes avances en Bialystok
y Minsk, y tras cruzar el río Dniéper, la frontera natural del oeste de Moscú,
se encontraba cerca de Smoliensk habiendo cubierto más de dos terceras partes
del camino hasta Moscú.
El cambio de
planes de Hitler
Los rusos actuaron, según lo
previsto por los generales alemanes, sacrificando enormes cantidades de tropas
y armamento para defender Moscú. Sin embargo, Hitler no estaba satisfecho y,
pese a las protestas de su Alto Mando, ordenó al Grupo de ejércitos del Centro
dirigir las fuerzas acorazadas hacia el norte y el sur para ayudar a los otros
dos ejércitos, con lo que se detuvo el avance hacia Moscú. El 8 de septiembre,
el Grupo de ejércitos del Norte puso sitio a Leningrado. El día 16 de ese mes,
el Grupo de ejércitos del Sur cerró una gigantesca maniobra envolvente al este
de Kíev; fue entonces cuando Hitler decidió reanudar el avance hacia Moscú y
ordenó a las fuerzas blindadas reunirse con el Grupo de ejércitos del Centro.
El intento de
tomar Moscú
El Grupo de ejércitos del Centro
retomó las operaciones el 2 de octubre, después de una interrupción de seis
semanas. Se realizaron dos grandes maniobras envolventes pero pronto comenzaron
las lluvias del otoño, que convirtieron las carreteras soviéticas, sin
pavimentar, en barrizales que frenaron el avance durante casi un mes.
A mediados de noviembre bajaron las
temperaturas y el suelo se heló. Hitler y el comandante del Grupo de ejércitos
del Centro, el mariscal de campo Fedor von Bock, decidieron seguir adelante,
con el fin de acabar la campaña de 1941 con una victoria en Moscú antes de la
llegada del invierno.
Los generales que estaban al mando
de los dos grupos acorazados que Bock mandó como avanzadilla tuvieron que
detener la marcha el 5 de diciembre ante las extremas condiciones
climatológicas que tuvieron que afrontar.
La contraofensiva
soviética
Stalin, que permaneció en Moscú, y
el general Gueorgui Konstantínovich Zhúkov lanzaron una fuerte contraofensiva
con las fuerzas de reserva rusas el 6 de diciembre y, al cabo de pocos días, el
grupo de avance de los alemanes fue arrollado.
La contraofensiva de Moscú no tardó
en extenderse a todo el frente, siguiendo las órdenes de Stalin. Los alemanes
no habían formado líneas defensivas para la retaguardia y no podían cavar
trincheras porque el suelo estaba congelado. Algunos de los generales
aconsejaron que las tropas se retiraran a Polonia, pero Hitler les ordenó el 18
de diciembre mantenerse firmes en las posiciones en que se encontraran, con lo
que logró mantener el sitio sobre Leningrado, seguir acechando Moscú y
conservar la zona occidental de Ucrania.
El comienzo de la
guerra en el Pacífico
Japón, ante la aparente inminencia
de la derrota soviética en el verano y otoño de 1941, vio una gran ocasión para
apoderarse del petróleo y demás recursos del Sureste asiático y las islas de
los alrededores, pero sabía que estas acciones desatarían una guerra contra
Estados Unidos. El gobierno estadounidense deseaba detener la expansión
japonesa, pero no estaba seguro de que la opinión pública estuviera dispuesta a
llegar a la guerra para cumplir este objetivo. Acuciados por el embargo de
petróleo que sufrían, los japoneses decidieron lanzar un ataque sobre el
Sureste asiático.
Pearl Harbor
Cuando el general Tojo Hideki fue
nombrado primer ministro a mediados de octubre, decidió que el día 29 de
noviembre era la fecha límite para que su país aceptara un pacto sin guerra. El
plazo fijado por Tojo, que se mantenía en secreto, significaba que la guerra
era prácticamente segura.
El Ejército y la Armada japonesa
habían desarrollado una estrategia basada en realizar ataques rápidos en
Birmania, la península Malaya, Indias Orientales y Filipinas y establecer un
cinturón defensivo en la zona central y suroccidental del Pacífico. Esperaban
que Estados Unidos les declarara la guerra, pero no creían que estuvieran
dispuestos a prolongar la contienda durante mucho tiempo. Su máxima
preocupación era la flota estadounidense del Pacífico, establecida en Pearl
Harbor (Hawai).
Pocos minutos después de la ocho de
la mañana del domingo 7 de diciembre de 1941 aeronaves japonesas trasladadas en
portaaviones bombardearon Pearl Harbor. Hundieron cuatro acorazados y causaron
daños a cuatro más en un ataque que duró menos de dos horas. Estados Unidos
entró en guerra con Japón el 8 de diciembre; Alemania e Italia declararon la
guerra a Estados Unidos el 11 de diciembre.
Las conquistas
japonesas en Asia y el Pacífico
Antes de finales de diciembre, las
fuerzas japonesas habían conquistado las posesiones británicas de Hong Kong y
las islas Gilbert (en la actualidad Kiribati) así como las posesiones
estadounidenses de Guam y la isla Wake; habían invadido las posesiones
británicas de Birmania, la península Malaya, Borneo y la posesión
estadounidense de Filipinas. La colonia británica de Singapur, considerada
durante mucho tiempo como una de las fortalezas más inexpugnables del mundo,
cayó en febrero de 1942; los japoneses ocuparon también las Indias Holandesas y
desembarcaron en Nueva Guinea en marzo. Las fuerzas estadounidenses y filipinas
de las islas Batan se rindieron el 9 de abril y la resistencia filipina puso
fin a sus actividades con la capitulación de la isla de Corregidor el 6 de
mayo.
De acuerdo con los planes de los
japoneses, aún les restaba tiempo para plantear una estrategia defensiva cuando
hubieran conquistado la colonia australiana del norte de Nueva Guinea, el
archipiélago Bismarck, las Gilbert y la isla Wake, objetivo que habían logrado
a mediados de marzo. Sin embargo, había sido tal el éxito de la campaña, que
decidieron ampliar su perímetro defensivo hasta abarcar las islas Aleutianas
por el norte, el archipiélago de Midway por el este y parte de las islas
Salomón y la zona meridional de Nueva Guinea por el sur. El primer paso fue
conquistar Port Moresby, situado en el extremo suroriental de Nueva Guinea, en
un ataque realizado por mar. Los estadounidenses, que podían descifrar los
mensajes codificados de los japoneses, situaron una fuerza expedicionaria naval
en esta zona. Tras la batalla del mar de Coral (7 y 8 de mayo), los japoneses
se vieron obligados a abandonar los planes previstos para Port Moresby.
La batalla de
Midway
Una potente escuadra japonesa,
compuesta por nueve acorazados y cuatro portaaviones, al mando de la cual se
hallaba el almirante Yamamoto Isoroku, puso rumbo a Midway la primera semana de
junio. El almirante Chester William Nimitz, que había asumido el mando de la
flota estadounidense del océano Pacífico después del ataque a Pearl Harbor,
sólo disponía de tres portaaviones y siete cruceros pesados, pero podía tener
acceso a los mensajes emitidos por los japoneses. La batalla de Midway comenzó
en la mañana del 4 de junio: los bombarderos estadounidenses destruyeron tres
de los portaaviones japoneses en cinco minutos. El cuarto cayó un poco más
tarde, después de que sus aviones hubieran hundido el portaaviones
estadounidense Yorktown.
La posterior conquista japonesa de
Kiska y Attu (islas Aleutianas) los días 6 y 7 no compensaron la derrota de
Midway, de la que nunca llegó a recuperarse la Armada japonesa. Sus acorazados
no sufrieron ningún daño, pero la batalla del mar de Coral y la de Midway
habían demostrado que las naves de guerra más importantes eran los
portaaviones, y el enemigo había destruido cuatro de ellos.
La tercera fase: el cambio de rumbo de la guerra
Roosevelt, Churchill y sus
respectivos consejeros se reunieron en Washington a finales de diciembre de
1941. Confirmaron su estrategia, cuyo objetivo principal era derrotar a
Alemania; los británicos sólo tenían capacidad para luchar en Europa, de manera
que la guerra contra Japón pasó a ser una responsabilidad casi exclusiva de
Estados Unidos. Asimismo, se constituyó el Estado Mayor Conjunto (Combined
Chief of Staff, CCS), comité militar británico y estadounidense con sede en
Washington, encargado de elaborar y ejecutar un plan de guerra común. El 1 de
enero de 1942 Estados Unidos, Gran Bretaña, la URSS y otras 23 naciones
firmaron la Declaración de las Naciones Unidas en la que se comprometían a no
pactar la paz por separado.
La elaboración de
la estrategia aliada
Desde el punto de vista práctico,
Estados Unidos no desplegó una gran actividad en Europa hasta principios de
1942. Los británicos no se limitaron a defender sus posiciones en el norte de
África; conquistaron Tubruq el 10 de diciembre de 1941 y Bengasi (Libia) dos
semanas después. Rommel contraatacó a finales de enero de 1942 y les hizo
retroceder 300 km, pero detuvo su propio avance junto a Tubruq y la frontera egipcia.
Europa
La URSS, temiendo una segunda
ofensiva alemana en el verano, insistió a Estados Unidos y Gran Bretaña para
que aliviaran la presión del frente soviético lanzando una ofensiva por el
oeste. El general George Catlett Marshall, jefe del Estado Mayor del Ejército
estadounidense, creía que la mejor forma de ayudar a los rusos y poner fin
rápidamente a la guerra era llevar a cabo una concentración de tropas en
Inglaterra, cruzar el canal de la Mancha y atacar desde el noroeste de Europa.
Los británicos no deseaban intervenir en ninguna otra operación hasta que se
conquistara el norte de África, y no pensaban que fuera posible reunir en
Inglaterra una fuerza tan poderosa para lanzar una ofensiva a través del canal
en 1943. Rommel fue quien proporcionó la clave para resolver el dilema. En el
mes de junio, capturó Tubruq y se adentró 380 km en Egipto, hasta El-Alamein. Ante esta situación,
los estadounidenses estuvieron de acuerdo en aplazar indefinidamente el ataque
desde el canal y enviaron sus tropas a Gran Bretaña para invadir el África del
Norte francesa.
El Pacífico
Mientras tanto, la Armada
estadounidense proseguía la lucha contra Japón en el Pacífico. El general
Douglas MacArthur, que había estado al mando de las fuerzas de Filipinas, había
sido evacuado por un submarino y trasladado a Australia antes de la rendición.
La batalla de Midway había detenido el avance de los japoneses en la zona
central del Pacífico, pero éstos continuaban expandiéndose por el suroeste a
través de las islas Salomón y Nueva Guinea. El 2 de julio de 1942 los jefes del
Estado Mayor de Estados Unidos dirigieron las operaciones de las fuerzas
terrestres y navales en el sur y suroeste del Pacífico con el objetivo de
frenar a los japoneses, expulsarlos de las islas Salomón y del noreste de Nueva
Guinea y eliminar la gran base que éstos habían establecido en Rabaul, situada
en Nueva Bretaña.
El frente ruso: el
verano de 1942
La zona más conflictiva en esos
momentos era el frente ruso, donde los alemanes tomaron nuevamente la
iniciativa en el verano de 1942 en las ofensivas sobre el sur de Leningrado,
las proximidades de Járkov y Crimea. Era tal la fe de Hitler en la victoria en
1941, que ordenó detener la fabricación de armas y municiones para el Ejército
de Tierra y reconvirtió estas industrias para que fabricaran materiales para
las Fuerzas Aéreas y la Armada. La producción de armamento para el Ejército se
había reanudado en enero de 1942, pero esta remesa no llegaría al frente hasta
finales del verano. Por otro lado, la producción de armas soviética fue
aumentando progresivamente desde comienzos del nuevo año; además, la base
industrial de la URSS era mayor que la alemana.
Hitler sabía que no podría llevar a
cabo una nueva ofensiva total sobre tres objetivos. Algunos de sus generales
proponían que se aguardara un año hasta que se volviera a reorganizar al
Ejército, pero Hitler estaba decidido a conseguir la victoria en 1942, por lo
que intentó obligar al mando soviético a sacrificar al grueso de su Ejército
para defender las minas de carbón de la cuenca del Donets y los campos de
petróleo de Caucasia.
Los alemanes se
dirigen hacia Caucasia
La ofensiva comenzó el 28 de junio
y, en menos de cuatro semanas, los ejércitos alemanes habían tomado la cuenca
del Donets y habían avanzado por el este hasta el río Don. Stalin y sus
generales cometieron un error que finalmente fue beneficioso para sus
intereses: creyendo que los alemanes iban a lanzar un segundo ataque, más
fuerte, sobre Moscú, no habían hecho intervenir a sus reservas y permitieron
que los ejércitos del sur se retiraran.
Hitler, alentado por la facilidad y
rapidez del avance, cambió sus planes en la última semana de julio.
Inicialmente, había propuesto que las tropas se dirigieran hacia el este de
Stalingrado (en la actualidad Volgogrado), tomaran una posición firme en el
Volga y enviaran entonces una fuerza que se adentrara en el sur de Caucasia. El
23 de julio ordenó que dos ejércitos continuaran la marcha hacia Stalingrado y
que otros dos se desplazaran hacia el sur cruzando el bajo Don y tomaran los
campos petroleros de Maikop, Grozni y Bakú.
El 9 de agosto los alemanes se
habían adentrado en Caucasia, en dirección a Maikop. El triunfo parecía
acercarse cuando el VI Ejército y el IV Ejército Acorazado se unieron cerca de
Stalingrado el 3 de septiembre.
La resistencia
rusa en Stalingrado
La URSS atravesó la situación más
difícil de la guerra a finales de julio de 1942, cuando tras la retirada rusa
los alemanes estuvieron en condiciones de avanzar a lo largo del Volga, por
detrás de Moscú, y de adentrarse en Caucasia. El 28 de julio, Stalin hizo un llamamiento
a sus tropas para que libraran una guerra patriótica por Rusia. A finales de
agosto convocó a sus dos mejores militares, Zhúkov, que había organizado la
contraofensiva de Moscú en diciembre de 1941, y el general Alexandr M.
Vasilevski, jefe del Estado Mayor del Ejército, para tomar una decisión sobre
Stalingrado. Éstos propusieron derrotar al enemigo bloqueando a sus tropas en
la ciudad mientras se reunían los medios para lanzar un contraataque.
Guadalcanal
El curso de la guerra era favorable
para las potencias del Eje a mediados del verano de 1942. Stalingrado y los
campos petroleros de Caucasia parecían estar al alcance de Hitler y Rommel se
hallaba en una posición propicia para atacar el canal de Suez. Los japoneses
habían ocupado la isla de Guadalcanal y se dirigían hacia Port Moresby. Sin
embargo, seis meses después las potencias del Eje habían detenido su avance y
retrocedían en la URSS, el norte de África y el suroeste del Pacífico.
La infantería de Marina de Estados
Unidos llegó a Guadalcanal el 7 de agosto de 1942. El desembarco se realizó sin
contratiempos, sólo hubo de hacer frente a una pequeña guarnición japonesa;
pero la lucha se complicó a partir de ese momento. Los japoneses respondían con
rapidez y violencia tanto en los combates navales como aéreos. Mientras las
fuerzas estadounidenses combatían contra un poderoso enemigo bajo un agotador
clima tropical, sus navíos de guerra libraron seis importantes batallas en las
aguas que rodeaban la isla entre el 24 de agosto y el 30 de noviembre.
Finalmente, los efectivos de Estados Unidos comunicaron el 9 de febrero de 1943
la conquista de la isla.
La ofensiva
británico-estadounidense en el norte de África
La situación comenzó a cambiar en
el norte de África el 31 de agosto de 1942 cuando Rommel atacó la línea
británica situada al oeste de El-Alamein. El nuevo comandante británico, el
general Bernard Law Montgomery, lanzó una ofensiva el 23 de octubre y forzó la
retirada de Rommel; las tropas estadounidenses y británicas que luchaban a las
órdenes del general Dwight David Eisenhower comenzaron a llegar a Marruecos y
Argelia el 8 de noviembre; los estadounidenses se establecieron en Casablanca y
Orán, y los británicos en Argel. Los alemanes enviaron refuerzos a la ciudad de
Túnez y ocuparon toda Francia. Consiguieron que el V Ejército Acorazado,
dirigido por el general Jürgen von Arnim se presentara a tiempo de frenar a
Eisenhower en el oeste de Tunicia hacia mediados de diciembre. Rommel se
adentró en el sureste de Tunicia a principios de febrero de 1943 y lanzó un
ataque contra las tropas estadounidenses el 14 de febrero, obligándolas a
abandonar el paso de Kasserine, una posición vital. Éste fue su último éxito y
no pudo aprovecharlo. Hitler le reclamó en marzo debido a que las fuerzas de Estados
Unidos y Gran Bretaña se aproximaban desde el oeste y el sur. Los 275.000
hombres que componían las fuerzas alemanas e italianas quedaron aislados de sus
bases de Bizerta y Túnez; finalmente se rindieron el 13 de mayo.
La victoria
soviética en Stalingrado
Los alemanes habían avanzado 1.100 km más hacia Leningrado y Caucasia
en el frente oriental. Hitler no disponía de tropas alemanas para cubrir esa
distancia, de manera que tuvo que recurrir a las tropas puestas a su
disposición por sus aliados. Así pues, mientras el VI y IV Ejércitos Acorazados
permanecían inmovilizados en Stalingrado durante septiembre y octubre de 1942,
fueron flanqueados por los ejércitos rumanos que acudieron en su ayuda. Un
ejército de italianos y húngaros comenzó a remontar el río Don rápidamente.
En la mañana del 19 de noviembre
las fuerzas acorazadas soviéticas atacaron a los rumanos al oeste y el sur de
Stalingrado. Se reunieron tres días después en Kalach, a orillas del río Don,
donde rodearon al VI Ejército, casi la mitad del IV Ejército Acorazado y a
varias unidades de rumanos. Hitler ordenó al comandante del VI Ejército, el
general Friedrich von Paulus, resistir y le prometió mandar suministros por
aire; asimismo, envió a Manstein, que en aquella época era mariscal de campo,
para aliviar la presión en esa zona. El transporte aéreo no pudo hacer llegar a
Manstein las 300 toneladas de suministros que necesitaba cada día, y las
fuerzas de la operación de descerco fueron contenidas a 55 km de las tropas de Manstein a
finales de diciembre. El VI Ejército estaba condenado a menos que intentara
atravesar las filas enemigas, y Hitler no lo permitía.
Los rusos se internaron en este
reducto por tres frentes en enero de 1943, y Paulus se rindió el 31 de enero.
Después de la lucha de Stalingrado, los alemanes se vieron obligados a
retirarse de Caucasia y retroceder aproximadamente a la línea de la que
partieron en la ofensiva del verano de 1942; esto se debió en parte a la
derrota de las fuerzas italianas y húngaras.
La Conferencia de Casablanca
Desde el 14 hasta el 24 de enero de
1943, Roosevelt, Churchill y los miembros de sus respectivos estados mayores se
reunieron en Casablanca con el objetivo de delinear la estrategia del periodo
posterior a la campaña del norte de África. Los altos mandos estadounidenses
deseaban llevar a cabo la ofensiva a través del canal de la Mancha. Los
británicos, representados por el elocuente Churchill, defendían las ventajas de
concentrarse en los territorios que podían conseguirse en el Mediterráneo, Sicilia
e Italia. Roosevelt apoyó a los británicos; los militares de Estados Unidos
sólo consiguieron (varios meses después) que no se destinaran más tropas a la
zona del Mediterráneo y que se fueran reuniendo fuerzas en Inglaterra para
llevar a cabo el ataque del canal en 1944. Roosevelt sorprendió también a su
alto mando cuando anunció que no se aceptaría ningún acuerdo que no fuera la
rendición incondicional de las potencias del Eje. El propósito de esta política
era tranquilizar a los rusos, que tendrían que esperar al menos otro año para
que se abriera un segundo frente consistente, pero es probable que también
fortaleciera la resistencia del Eje.
Los bombardeos
aéreos sobre Alemania
Los británicos y estadounidenses
decidieron en Casablanca iniciar una ofensiva aérea sobre Alemania como
preludio del pospuesto ataque sobre el canal de la Mancha. En esta ocasión
estaban de acuerdo sobre el momento en el que realizarla, pero no en el método.
Los británicos, como resultado de su desalentadora experiencia con los
bombardeos diurnos a comienzos de la guerra, habían construido bombarderos
pesados, los Lancaster y los Halifax, para los ataques nocturnos sobre un área.
Los estadounidenses creían que sus Flying Fortresses B-17 y los Liberators B-24
estaban suficientemente armados y blindados; estaban provistos de visores de
bombardeo que garantizaban la precisión necesaria para volar de día y alcanzar
blancos muy pequeños. Los británicos hicieron una demostración de su técnica en
cuatro ataques realizados sobre Hamburgo a finales de julio de 1943; gran parte
de la ciudad fue destruida por el fuego y fallecieron 50.000 personas. La
pérdida de aviones y tripulación estadounidenses fue aumentando a medida que
las naves se adentraban en Alemania.
La batalla de
Kursk
Antes de que concluyera la lucha en
el frente oriental en marzo de 1943, Hitler era consciente de que no podría
iniciar otra campaña en verano y propuso la creación de una barrera fortificada
en este frente, similar a la que se estaba construyendo en el Atlántico a lo
largo de la costa occidental europea. Sin embargo, la larga retirada del
invierno había acortado la línea de batalla lo suficiente como para que pudiera
disponer de dos ejércitos más. Asimismo, dejó una gran bolsa hacia el oeste,
alrededor de la ciudad de Kursk. Hitler no quería dejar pasar la oportunidad de
realizar una nueva maniobra envolvente.
Después de aguardar durante tres
meses a que los nuevos carros de combate abandonaran la línea de concentración,
Hitler inició la lucha en Kursk el 5 de julio; atacó por el norte y el sur a
través del extremo oriental de la bolsa. Zhúkov y Vasilevski también habían
puesto sus miras en Kursk y reforzaron las tropas de los alrededores de la
ciudad. Los rusos y los alemanes libraron hasta el 12 de julio la mayor batalla
de carros de combate de la guerra. Hitler canceló la operación debido a que los
estadounidenses y británicos habían arribado a Sicilia y era preciso transferir
divisiones a esta zona. A partir de este momento, fueron los soviéticos los que
tomaron la iniciativa estratégica en el este.
La invasión de
Italia
El 10 de julio desembarcaron en
Sicilia tres divisiones estadounidenses, una canadiense y tres británicas.
Fueron adentrándose en la isla desde las cabezas de playa de la costa
meridional durante cinco semanas; se enfrentaron a cuatro divisiones italianas
y dos alemanas y vencieron a la última resistencia del Eje el 17 de agosto.
Mientras tanto, Mussolini había sido expulsado del poder el 25 de julio, y el
gobierno italiano inició una serie de negociaciones que concluyeron con un
armisticio firmado en secreto el 3 de septiembre y hecho público el 8 de ese
mes.
El 3 de septiembre, las fuerzas del
VIII Ejército británico de Montgomery cruzaron el estrecho de Messina desde
Sicilia y llegaron al extremo sur de la península italiana. El V Ejército de
Estados Unidos, dirigido por el general Mark W. Clark, desembarcó cerca de
Salerno el 9 de septiembre; hacia el 12 de octubre, las fuerzas británicas y
estadounidenses habían establecido una sólida línea a lo largo del país que se
extendía desde el río Volturno, situado al norte de Nápoles, hasta Termoli, en
la costa adriática. La rendición de los italianos no representó grandes
ventajas militares para los aliados; a finales de año los alemanes les contuvieron
en la Línea Gustav, a unos 100 km al sur de Roma. El desembarco realizado en Anzio
el 22 de enero de 1944 no consiguió debilitar la Línea Gustav, firmemente
asentada en el río Liri y Montecassino.
La estrategia
aliada contra Japón
La táctica desplegada en la guerra
contra Japón durante 1943 atravesó varias fases. En la primera de ellas el
objetivo era establecer bases en la costa de China mediante los avances de las
fuerzas británicas y chinas a través de Birmania y el este de China, y los
progresos de los estadounidenses en las islas del centro y suroeste del
Pacífico hasta Formosa (Taiwan) y China. A mediados de año parecía evidente que
ni los británicos ni los chinos iban a cumplir con su cometido. Por lo tanto,
sólo quedaban dos fuerzas de ataque estadounidenses. Su objetivo continuaba
siendo Formosa y la costa de China.
Los progresos de
Estados Unidos en el Pacífico
Las tropas estadounidenses
reconquistaron Attu (en las islas Aleutianas) en un duro combate de tres
semanas que comenzó el 23 de mayo (los japoneses evacuaron Kiska antes de que
las fuerzas de Estados Unidos y Canadá desembarcaran allí en agosto). Las
principales acciones tuvieron lugar en el suroeste del Pacífico. Los
estadounidenses y neozelandeses, dirigidos por el almirante William Halsey,
atravesaron las Salomón y tomaron Nueva Georgia en agosto y la amplia cabeza de
playa de Bougainville en noviembre. Los australianos y estadounidenses que
estaban a las órdenes de MacArthur hicieron retroceder a los japoneses a lo
largo del la costa oriental de Nueva Guinea y tomaron Lae y Salamaua en
septiembre. La misión encomendada a MacArthur y Halsey era conquistar Rabaul.
Los desembarcos realizados en el cabo Gloucester (Nueva Bretaña) en diciembre,
en las islas del Almirantazgo en febrero de 1944 y en la isla Emirau en marzo
del mismo año consiguieron que Rabaul quedara aislado.
El ataque en la zona central del
Pacífico se inició posteriormente. En este área, sin embargo, las islas estaban
separadas por grandes extensiones de mar, y los desembarcos requerían el apoyo
de la fuerza naval, concretamente de portaaviones, de los que hasta finales de
1943 las fuerzas contrarias al Eje no dispuso en número suficiente.
Los primeros desembarcos tuvieron
lugar en Makin (islas Gilbert) y Tarawa en noviembre de 1943. La conquista de
los islotes de Kwajalein y Eniwetok (islas Marshall), emprendida en febrero de
1944, resultó menos costosa, pero fue necesario intensificar el bombardeo
preliminar y emplear un mayor número de vehículos anfibios capaces de cruzar
los arrecifes de los alrededores.
La cuarta fase: la victoria de los aliados
Después de la batalla de Kursk
persistía la duda sobre si las fuerzas soviéticas podrían lanzar una ofensiva
con éxito en el verano. El 12 de agosto, Hitler ordenó que comenzaran las obras
para la construcción de una barrera en el este, a lo largo del río Narva y los
lagos Pskov y Peipus —detrás del grupo militar del Norte— y de los ríos Desna y
Dniéper —detrás de los Grupos de ejércitos del Centro y el Sur. En la segunda
mitad de dicho mes, la ofensiva soviética se expandió por el sur, a lo largo
del río Donets, y por el norte, adentrándose en el sector del Grupo de
ejércitos del Centro.
Hitler permitió al Grupo de
ejércitos del Sur retirarse hasta el río Dniéper el 15 de septiembre; de lo
contrario, lo más probable es que fuera aniquilado. Asimismo, ordenó a las
tropas que destruyeran todo aquello que se encontrara en la zona oriental del
río Dniéper y pudiera ser de alguna utilidad para el enemigo. Esta política
sólo pudo llevarse a cabo parcialmente antes de que los soldados cruzaran el
río a finales de mes; a partir de este momento se aplicó en todos los
territorios cedidos a los rusos.
Las tropas alemanas no encontraron
el más mínimo rastro de la barrera oriental al cruzar el río, y tuvieron que
luchar desde el principio contra cinco cabezas de puente soviéticas. La orilla
superior izquierda del río era la mejor línea defensiva que quedaba en la URSS,
y los ejércitos rusos, mandados por Zhúkov y Vasilevski, lucharon encarnizadamente
para impedir que el enemigo se hiciera fuerte en esta zona. Expandieron las
cabezas de puente, cercaron al Ejército alemán en Crimea durante el mes de
octubre, tomaron Kíev el 6 de noviembre y continuaron la ofensiva en invierno
sin apenas interrupciones.
La Conferencia de
Teherán
A finales de noviembre, Roosevelt y
Churchill viajaron a Teherán para mantener su primer encuentro con Stalin. El
presidente y el primer ministro ya habían aprobado un plan —su nombre en clave
era Overlord
(‘Jefe Supremo’)— para lanzar una ofensiva cruzando el canal. Roosevelt estaba
completamente a favor de llevar a cabo el proyecto a principios de 1944, tan
pronto como las condiciones atmosféricas lo permitieran. Durante la Conferencia
de Teherán, Churchill objetó que consideraba prioritaria la situación de Italia
y las posibles nuevas campañas en los Balcanes y el sur de Francia, pero perdió
la votación frente a Roosevelt y Stalin. La operación Overlord fue fijada para
mayo de 1944. Una vez concluidas las conversaciones, el Estado Mayor Conjunto
convocó a Eisenhower, que se encontraba en el Mediterráneo, para asignarle el
mando del Cuartel General Supremo de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas
(Supreme Headquarters Allied Expeditionary Forces, SHAEF) con el fin de que organizara
y llevara a cabo la invasión a través del canal.
La Conferencia de Teherán marcó el
apogeo de la alianza entre el Este y el Oeste en tiempo de guerra. Stalin
acudió a la reunión como un líder victorioso; la URSS estaba recibiendo grandes
cantidades de ayuda en préstamos y arriendos procedentes de Estados Unidos a
través de Múrmansk y el golfo Pérsico; y la decisión de emprender la operación Overlord
satisfizo finalmente la demanda de un segundo frente, que tanto habían
reclamado los soviéticos. A su vez, aumentó la tensión a medida que los
ejércitos soviéticos se fueron aproximando a las fronteras de algunos pequeños
estados de Europa oriental. Stalin había roto las relaciones diplomáticas con
el gobierno polaco en el exilio —con sede en Londres— e insistió en Teherán,
tal y como lo había hecho anteriormente, en que la frontera soviético-polaca de
la posguerra debería ser la establecida después de la derrota de Polonia
ocurrida en 1939. Tampoco ocultó su irritación cuando Churchill propuso un ataque
británico y estadounidense sobre los Balcanes.
Los preparativos
de los alemanes para la operación Overlord
Hitler esperaba una invasión por el
noroeste de Europa en la primavera de 1944, y la recibió como una oportunidad
de ganar la guerra. De este modo, podría lanzar a todas sus fuerzas, la mitad
de las cuales se encontraba en el frente occidental, contra la URSS. En
noviembre de 1943 comunicó a sus comandantes del frente oriental que no
recibirían más refuerzos hasta que se rechazara la invasión.
Los soviéticos lanzaron una
ofensiva en enero de 1944 que levantó el sitio de Leningrado, y obligaron al
Grupo de ejércitos del Norte a retroceder hasta la línea del río Narva y el
lago Peipus. Allí, los alemanes encontraron refugio en un segmento de la barrera
oriental en el que se había iniciado la fortificación. Recibían sucesivos
ataques por el flanco meridional; el último, que tuvo lugar en marzo y abril,
empujó a los alemanes hacia la amplia zona que se extiende entre las lagunas de
Pripyat y el mar Negro, alejados de todo excepto de algunas franjas de
territorio soviético. Después de que una embarcación no consiguiera rescatarles
en Sebastopol, la mayor parte de los 150.000 alemanes y rumanos fallecieron o
fueron capturados por el enemigo en mayo. Por otro lado, se habían fabricado
suficientes carros de combate y armas para equipar a las nuevas divisiones del
frente occidental y reemplazar a algunas de las perdidas en el este; las
fuerzas aéreas disponían de un 40% más de aviones que el año anterior en esa misma
época; por último, la producción de petróleo sintético durante el tiempo de
guerra alcanzó en abril de 1944 su máximo.
El desembarco de
Normandía
El 6 de junio de 1944, el día D, el
I Ejército de Estados Unidos, dirigido por el general Omar Nelson Bradley, y el
II Ejército británico, mandado por el general Miles C. Dempsey, establecieron
cabezas de playa en Normandía, la costa francesa del canal de la Mancha. La
resistencia de los alemanes fue firme, y las bases militares para los ejércitos
aliados no eran tan buenas como se había esperado. La enorme superioridad aérea
de los aliados en el norte de Francia impidió a Rommel movilizar a sus
limitadas reservas. Además, Hitler estaba convencido de que los desembarcos de
Normandía eran una estratagema y que la invasión principal tendría lugar al
norte del río Sena. Por este motivo, se negó a dejar partir a las divisiones
que se encontraban allí e insistió en que llegaran refuerzos de otras zonas
distantes. A finales de junio, Eisenhower disponía de 850.000 hombres y 150.000
vehículos en Normandía.
La reconquista
soviética de Bielorrusia
No se produjeron acciones en el
frente oriental alemán durante las tres primeras semanas de junio de 1944.
Hitler estaba seguro de que los soviéticos lanzarían una ofensiva en verano, y
tanto él como sus asesores militares opinaban que provendría del flanco
meridional. Después de la batalla de Stalingrado, los rusos habían centrado sus
esfuerzos en esta zona y los alemanes creían que Stalin deseaba ansiosamente
adentrarse en los Balcanes. Aunque el Grupo de ejércitos del Centro controlaba
Bielorrusia —la única gran extensión de territorio soviético que seguía en
poder de los alemanes—, y las señales de una concentración de tropas soviéticas
junto al grupo militar se multiplicaron en junio, los alemanes no pensaron que
existiera un peligro real. El 22 y 23 de junio, cuatro grupos del Ejército
soviético —dos de ellos dirigidos por Zhúkov y otros dos por Vasilevski—
atacaron al Grupo de ejércitos del Centro. Hacia el 3 de julio, cuando las
fuerzas de avance soviéticas que procedían del noreste y el sureste se
reunieron en Minsk, la capital de Bielorrusia, el Grupo de ejércitos del Centro
había perdido los dos tercios de sus divisiones. Los frentes de Zhúkov y
Vasilevski habían avanzado unos 300 km en la última semana. El mando soviético celebró el
17 de julio un desfile que duró un día a través de las calles de Moscú, en el
que participaron 57.000 prisioneros alemanes, entre ellos, 19 generales.
La conspiración
contra Hitler
En el mes de julio, un grupo de
oficiales y civiles alemanes decidieron que la eliminación de Hitler era la
única posibilidad de poner fin a la guerra antes de que todo el territorio
alemán fuera arrasado desde ambos frentes. Intentaron asesinarle el 20 de julio
colocando una bomba en su cuartel general de Prusia Oriental. El artefacto
explotó e hirió a algunos oficiales —varios fallecieron—, pero Hitler sólo
sufrió heridas leves. A continuación, la Gestapo se encargó de perseguir a todo
sospechoso de haber participado en la denominada conspiración de julio: Rommel
se encontraba en esta lista, y optó por suicidarse.
La liberación de
Francia
El 24 de julio los estadounidenses
y los británicos seguían aislados en la cabeza de playa de Normandía, que había
ampliado hasta incluir Saint-Lô y Caen. Bradley comenzó con la ofensiva al día
siguiente lanzando un ataque desde Saint-Lô. A partir de este momento el frente
se expandió rápidamente y Eisenhower agrupó a sus fuerzas. Montgomery asumió el
mando del II Ejército británico y del I Ejército canadiense. Bradley se puso al frente del
XII Grupo de Ejércitos, que acababa de entrar en acción y estaba compuesto por
el I y III Ejércitos, mandados por los generales Courtney H. Hodges y George
Smith Patton, respectivamente.
Una vez que los estadounidenses se
dirigieron hacia el este la primera semana de agosto, se formó una bolsa
alrededor del V y VII Ejércitos Panzer al oeste de Falaise. Los alemanes
consiguieron mantener la posición hasta el 20 de agosto; después, se retiraron
cruzando el Sena. Los estadounidenses liberaron París el 25 de agosto junto con
las fuerzas de la Francia Libre y la Resistencia, lideradas por Charles de
Gaulle.
Mientras tanto, las tropas
estadounidenses y francesas habían llegado a la costa meridional de Francia (al
sur de Marsella) el 15 de agosto, y establecieron contacto con las fuerzas de
Bradley en las proximidades de Dijon la segunda semana de septiembre.
La interrupción de
la ofensiva occidental
Bradley y Montgomery enviaron
grupos de ejércitos hacia el norte y el este, al otro lado del Sena, el 25 de
agosto: los británicos bordearon la costa en dirección a Bélgica y los
estadounidenses se dirigieron a la frontera franco-alemana. Las tropas de
Montgomery tomaron Amberes el 3 de septiembre, y el día 11 cruzaron la frontera
las primeras patrullas de Estados Unidos. Montgomery había llegado a dos
inmensas barreras de agua —el Mosa y el bajo Rin— y los estadounidenses se
hallaban frente al muro occidental, que había sido construido en la década de 1930
como contrapartida alemana de la Línea Maginot. A pesar de que la mayoría de
sus grandes cañones habían desaparecido, los búnkers de cemento y las barreras
antitanque de este muro eran demasiado sólidos. El problema más grave de los
aliados era su falta de suministros. Apenas disponían de combustible y
municiones, que era preciso transportar desde los puertos franceses del canal
de la Mancha a través de 800 km a través de carreteras y ferrocarriles dañados por
la guerra.
La rebelión de
Varsovia
La ofensiva soviética había
alcanzado a los flancos del Grupo de ejércitos del Centro en julio. El 29 de
ese mes unas fuerzas de avance llegaron cerca de Riga y rompieron el contacto
por tierra del Grupo de ejércitos del Norte con el principal frente alemán. Los
potentes ataques por el flanco meridional del Grupo de ejércitos del Centro
llegaron a la línea del Vístula (al norte de Varsovia) a finales de ese mes. El
general Tadeusz Komorowski (conocido como el general Bór) inició una rebelión
en Varsovia el 31 de julio. Los insurgentes, que eran leales al gobierno
anticomunista exiliado en Londres, provocaron el caos entre las filas alemanas
durante varios días. Las fuerzas soviéticas resistieron con firmeza en el
margen derecho del Vístula y Stalin no permitió que los aviones de Estados
Unidos aterrizaran en los aeródromos soviéticos para proporcionar suministros a
los insurgentes. Finalmente, consintió en que tomaran tierra más de cien B-17
el 18 de septiembre. Pero ya era demasiado tarde; para entonces, los alemanes
ya dominaban la situación, y Komorowski se rindió el 2 de octubre. Stalin
insistió en que sus fuerzas no habían conseguido entrar en Varsovia porque eran
demasiado débiles, lo cual era probablemente falso. Por otro lado, la línea del
Vístula era, en la medida en que los ejércitos pudieran seguir adelante, un
amplio frente sin ninguna interrupción en el que no era posible reponer
suministros.
La derrota de los
aliados de Alemania en el este
Mientras la Unión Soviética
permitía que el levantamiento de Varsovia siguiera su trágico curso, estaba
cosechando un gran número de importantes éxitos en todos los frentes. La
ofensiva lanzada el 20 de agosto entre los Cárpatos y el mar Negro dio como
resultado la petición de un armisticio por parte de Rumania tres días después.
Bulgaria, que nunca había llegado a declarar la guerra a la URSS, se rindió el
9 de septiembre, y Finlandia la secundó el 19 del mismo mes. Las tropas
soviéticas tomaron Belgrado el 20 de octubre e implantaron en Yugoslavia un
gobierno comunista presidido por Tito. En Hungría, los rusos se quedaron a las
puertas de Budapest a finales de noviembre.
Los progresos de
los aliados en Italia
La campaña italiana pasó a un
segundo plano en el verano de 1944 a causa de la operación Overlord. El V Ejército de Clark, formado por
fuerzas francesas, polacas y estadounidenses, tomó Montecassino el 18 de mayo.
Un avance desde la cabeza de playa de Anzio, realizado cinco días después,
obligó a los alemanes a abandonar la Línea Gustav, y el V Ejército entró en Roma,
ciudad abierta desde el 4 de junio. La penetración aliada continuó sin
contratiempos al norte de Roma, pero no tardaría en verse interrumpida dado que
las divisiones estadounidenses y francesas habrían de retirarse para participar
en la invasión del sur de Francia. Después de tomar Ancona y Florencia durante
la segunda semana de agosto, los aliados se hallaban ante la denominada Línea
Gótica Alemana. Ésta fue demolida tras una ofensiva lanzada a finales de ese
mes, pero no se consiguió llegar hasta el valle del Po en los tres meses
siguientes, por lo que las fuerzas se detuvieron en las montañas durante el
invierno.
La batalla del mar
de las Filipinas
El ritmo de las operaciones contra
los japoneses en el Pacífico se incrementó en 1944. Durante la primavera, el
mando aliado conjunto ordenó a MacArthur realizar diversos avances en el
noroeste de Nueva Guinea y en las Filipinas, mientras Nimitz cruzaba la zona
central del Pacífico hasta las islas Marianas y las islas Carolinas. Los
japoneses, por su parte, estaban realizando los preparativos para la batalla
naval decisiva, que tendría lugar al este de las Filipinas.
Las tropas de MacArthur recorrieron
la costa de Nueva Guinea hasta Aitape, Jayapura y la isla Wakde durante abril y
mayo, y desembarcaron en la isla Biak el 27 de mayo. Sus aeródromos permitirían
a los aviones de Estados Unidos hostigar a la flota japonesa de Filipinas. Una
fuerza de ataque organizada en torno a los mayores acorazados del mundo, el Yamato
y el Musashi,
se dirigía hacia Biak el 13 de junio cuando la Armada de Estados Unidos comenzó
a bombardear Saipan en las islas Marianas. Se ordenó entonces a las naves
japonesas que se dirigieran al norte y se unieran a la I Flota del almirante
Ozawa Jisaburo, que había partido de las islas Filipinas con rumbo a las
Marianas.
Ozawa se enfrentó a la Fuerza
Expedicionaria 58 de Estados Unidos, al mando de la cual estaba el almirante
Marc A. Mitscher, en la batalla del mar de las Filipinas el 19 y 20 de junio.
En el primer día los cazas estadounidenses derribaron a 219 de los 236 aviones
japoneses. Mientras proseguía el combate aéreo, los submarinos de Estados
Unidos hundieron dos de los grandes portaaviones de Ozawa; el segundo día, los
bombardeos destruyeron otro portaaviones de gran tamaño. Ozawa puso entonces
rumbo hacia el norte, en dirección a la isla de Okinawa, con los únicos 35
aviones que le quedaban.
El cambio de
estrategia en el Pacífico
Las fuerzas de Estados Unidos
llegaron a Saipan el 15 de junio. Tomaron posesión de esta isla, Tinian y Guam
el 10 de agosto, lo que les proporcionó la clave de una estrategia para poner
fin a la guerra. Era posible establecer bases en las islas para los nuevos
bombarderos de gran autonomía estadounidenses, las superfortalezas volantes
B-29, que podrían llegar hasta Tokyo y otras importantes ciudades japonesas
desde estas islas, al igual que lo habían hecho desde las bases de China. En
noviembre de 1944 comenzaron los bombardeos regulares sobre Japón.
A pesar de que el cambio de
estrategia suscitó ciertas dudas sobre la necesidad de las operaciones de las
Carolinas y Filipinas, éstas se llevaron a cabo tal y como se había previsto;
se realizaron desembarcos en los siguientes puntos: Peleliu (15 de septiembre),
Ulithi (23 de septiembre) y Ngulu (16 de octubre), situados en el oeste de las
Carolinas, y Leyte (20 de octubre), en la zona central de las Filipinas. La
invasión de las islas Filipinas fue la última ocasión de la guerra en la que la
Armada japonesa hizo uso de todas sus fuerzas. En los tres días que duró la
batalla del golfo de Leyte (del 23 al 25 de octubre), cuyo resultado fue más
incierto de lo que parecía indicar el desenlace final, los japoneses perdieron
26 naves —entre ellas, el superacorazado Musashi— y los estadounidenses siete.
La guerra aérea en
Europa
Las principales acciones llevadas a
cabo contra Alemania en el otoño de 1944 fueron combates aéreos. Los
bombarderos de Estados Unidos, escoltados por cazas de gran autonomía
(concretamente, los Mustang P-51) atacaban los objetivos industriales durante
el día y las ciudades por la noche. Hitler respondió a estas agresiones
atacando Gran Bretaña con bombas V-1 y cohetes V-2; no obstante, los alemanes
perdieron las mejores bases de sus lanzamientos —el noroeste de Francia y
Bélgica— en el mes de octubre. Los efectos de la estrategia aliada resultaron
menos evidentes de lo que se había esperado. Los bombardeos no minaron la moral
de la población civil, y la fabricación de cazas y vehículos acorazados alcanzó
la cota más elevada de la guerra en la segunda mitad de 1944. Por otro lado, la
producción de hierro y acero disminuyó a la mitad entre septiembre y diciembre;
asimismo, la destrucción continua de plantas de petróleo sintético, unida a la
pérdida de los campos petroleros de Ploiesti (Rumania), limitó drásticamente
las existencias de combustible para los carros de combate y aviones que
abandonaban las cadenas de producción.
El acortamiento de los frentes en
el este y el oeste y la interrupción de la lucha terrestre a finales de año
proporcionaron a Hitler una nueva oportunidad para crear una reserva de 25
divisiones. Decidió utilizarlas en una ofensiva contra los británicos y
estadounidenses; la táctica consistía en atravesar Bélgica hasta llegar a
Amberes y arrasar esta zona, una acción similar a la que provocó en mayo de
1940 el desastre de Dunkerque.
La batalla de las
Ardenas
La ofensiva alemana —denominada
campaña de las Ardenas— comenzó el 16 de diciembre. Los estadounidenses se
encontraban totalmente desprevenidos; no obstante, opusieron una gran
resistencia y consiguieron defender dos centros estratégicos de comunicaciones
por carretera, Saint-Vith y Bastogne. El esfuerzo de los alemanes fracasó
después del 23 de diciembre, cuando las condiciones atmosféricas permitieron
que se pudiera apreciar la arrolladora superioridad aérea de los aliados. Sin
embargo, no se logró eliminar la bolsa de 80 km que los alemanes habían creado con su incursión en
las líneas enemigas hasta finales de enero. El avance de los aliados en
Alemania no se reanudó hasta febrero.
La Conferencia de
Yalta
En esos momentos, los ejércitos
soviéticos se encontraban en el río Oder, a 60 km al este de Berlín. Habían
aniquilado la línea alemana del Vístula y se aproximaban a la costa del
Báltico, al este de Danzig (en la actualidad Gdansk), en enero de 1945; hacia el 3 de febrero ya
controlaban la zona del Oder. Stalin iba a reunirse con Roosevelt y Churchill
en Yalta (Crimea) desde el 4 al 11 de febrero, y tenía en su poder toda Polonia
y Berlín. En el transcurso de la Conferencia de Yalta, Stalin aceptó declarar
la guerra a Japón en un plazo de tres meses, que comenzaría a partir de la
rendición de Alemania, a cambio de ciertas concesiones territoriales en Extremo
Oriente.
Los estadounidenses y los
británicos no estaban de acuerdo en la forma en la que proceder contra
Alemania. Durante un encuentro celebrado en Malta poco antes, Montgomery había
propuesto que se lanzara un rápido y único ataque, llevado a cabo por el
ejército del general británico, desde el norte de Alemania hasta Berlín.
Deseaban que la mayor parte de los suministros aliados le fueran asignados a
Montgomery, lo que significaba que los estadounidenses sólo desempeñarían una
labor defensiva. En el plan de Eisenhower, que finalmente prevaleció, se daba
prioridad a Montgomery, pero los ejércitos de Estados Unidos también
participaban en la acción.
El paso del Rin
El primer objetivo que debían
cumplir todos los ejércitos aliados era alcanzar el Rin. Para ello, debían
cruzar el río Ruhr, cuyo valle había sido inundado por los alemanes abriendo
las presas de la zona. Después de esperar durante dos semanas a que descendiera
el nivel del agua, el IX y el I Ejército de Estados Unidos atravesaron el río el 23
de febrero.
A principios de marzo los ejércitos
se encontraban muy próximos al Rin. Todos los puentes estaban destruidos,
excepto el de la pequeña ciudad de Remagen, donde las unidades del I Ejército tomaron el puente
ferroviario de Ludendorff el 7 de marzo. El 24 de marzo, fecha en la que
Montgomery ordenó a algunos grupos del II Ejército británico y del IX Ejército estadounidense
pasar al otro lado del río, el I Ejército estadounidense ocupaba una cabeza de puente
situada entre Bonn y Coblenza. El 22 de marzo el III Ejército de Estados Unidos había
capturado otra cabeza de puente al sur de Maguncia. Así pues, se había
atravesado la barrera del río y Eisenhower ordenó a los ejércitos atacar hacia
el este sobre un amplio frente.
Los objetivos
aliados en Alemania
El I y IX Ejército estadounidenses
rodearon el corazón industrial de Alemania, el Ruhr, el 1 de abril. El II Ejército británico cruzó el Weser,
que se encontraba a medio camino entre el Rin y el Elba, el 5 de abril. El IX
Ejército alcanzó el Elba a la altura de Magdeburgo el 11 de abril, y tomaron
una cabeza de puente en el lado oriental un día después, con lo cual sólo les
separaban 120 km de Berlín.
Con la llegada del IX Ejército al
Elba, surgió el problema de la carrera hacia Berlín. Los británicos, sobre todo
Churchill y Montgomery, y algunos estadounidenses, sostenían que Berlín era el
objetivo más importante de Alemania porque el mundo, y especialmente los
alemanes, considerarían a las fuerzas que tomaran esta ciudad como los
verdaderos vencedores de la guerra. Eisenhower insistía en que su importancia
desde el punto de vista militar no justificaba el posible coste que podría
suponer la entrada en Berlín, y que la unión con los rusos podría realizarse
igualmente más al sur, en las proximidades de Leipzig y Dresde. Además, el
general estadounidense consideraba que los nazis incondicionales se refugiarían
en algún reducto en las montañas de Baviera y, por lo tanto, su intención era
dirigir el grueso de las fuerzas de su país hacia el sur de Alemania.
Mientras tanto, el frente soviético
había permanecido estacionario en el río Oder desde febrero, lo cual planteó
otro problema. La explicación que dieron los soviéticos después de la guerra
consistía en que sus flancos del norte y del sur se hallaban amenazados y era
preciso despejar la zona. La secuencia de acontecimientos a partir de febrero
de 1945 indica que Stalin no confiaba en que los británicos y los
estadounidenses pudieran atravesar Alemania tan rápido como lo habían hecho,
por lo que asumieron que tendrían un amplio margen de tiempo para llevar a cabo
su conquista del este de Europa antes de dirigirse hacia el centro de Alemania.
Era obvio que Stalin no consideraba Berlín como un punto importante, aunque no
fue ésta la opinión que expresó a Eisenhower. Los ejércitos soviéticos se
reorganizaron apresuradamente para lanzar una ofensiva sobre Berlín la primera
semana de abril.
Las batallas
finales en Europa
La última y débil esperanza de
Hitler, alentada brevemente por el fallecimiento del presidente estadounidense
Roosevelt ocurrido el 12 de abril, era que se desatara un conflicto entre las
potencias occidentales y la URSS. El V Ejército de Estados Unidos y el VIII Ejército británico lanzaron una
serie de ataques el 14 y el 16 de abril que les llevaron hasta el río Po en una
semana. El avance soviético hacia Berlín comenzó el 16 de abril. El VII Ejército estadounidense tomó
Nuremberg el 20 de abril. Cuatro días después los soviéticos cerraron el cerco
sobre Berlín. Al día siguiente el V Ejército soviético y el I Ejército estadounidense
establecieron contacto en la ciudad de Torgau, situada en el Elba (al noreste
de Leipzig), y Alemania quedó dividida en dos partes. La resistencia organizada
contra los estadounidenses y los británicos cesó prácticamente la última semana
del mes, pero las tropas alemanas orientadas hacia el este lucharon
desesperadamente para evitar ser apresadas por los soviéticos.
La rendición de
Alemania
Hitler decidió esperar el desenlace
final en Berlín, donde aún podía manipular a los escasos altos mandos que
quedaban. La mayor parte de sus colaboradores políticos y militares abandonaron
la capital para dirigirse hacia el norte y sur de Alemania, seguramente para no
estar al alcance de los soviéticos. Hitler se suicidó en su búnker de Berlín el
30 de abril. Su último acto oficial importante fue nombrar al almirante Karl
Dönitz como sucesor suyo en la jefatura del Estado.
La única opción que le quedaba a
Dönitz, que había sido leal a Hitler, era rendirse. Su representante, el
general Alfred Jodl, firmó la rendición incondicional de todas las Fuerzas
Armadas alemanas en el cuartel general de Eisenhower, establecido en Reims, el
7 de mayo. Las tropas alemanas de Italia ya se habían rendido (el 2 mayo), al
igual que las de los Países Bajos, el norte de Alemania y Dinamarca (4 de
mayo). Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña declararon el 8 de mayo
el Día de la Victoria en Europa. La rendición incondicional completa entró en
vigor un minuto después de la medianoche, una vez firmado en Berlín un segundo
documento que también suscribió la URSS.
La derrota de
Japón
El final de la guerra no se
avistaba, a pesar de que la situación de Japón era desesperada a comienzos de
1945. La Armada japonesa ya no volvería a operar a pleno rendimiento, pero la
mayor parte del Ejército se encontraba en buenas condiciones y estaba
desplegado en los archipiélagos y en China. Los japoneses dieron una muestra de
lo que aún podía esperarse de sus fuerzas recurriendo a las actividades de los kamikazes
(en japonés, ‘viento divino’), ataques aéreos suicidas, durante los combates en
Luzón (islas Filipinas).
Iwo Jima y
Okinawa
Mientras se esperaba a que llegaran
los refuerzos de Europa para lanzar el ataque final sobre Japón, seguía
ejecutándose la estrategia de conquista de las islas; en primer lugar, se llevó
a cabo un desembarco en Iwo Jima el 19 de febrero. El asalto de este pequeño
islote árido —la batalla de Iwo Jima— costó la vida de más de 6.000 infantes de
la Marina estadounidense, antes de convertirse en una base segura el 16 de
marzo.
El 1 de abril, el X Ejército de
Estados Unidos dirigido por el general Simon B. Buckner desembarcó en Okinawa,
situada 500 km al sur de la isla japonesa más meridional, Kyushu, y la lucha se
prolongó hasta el 21 de junio.
Hiroshima y
Nagasaki
A lo largo de todo el conflicto, los
gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña habían llevado a cabo un gran
proyecto científico e industrial para el desarrollo de armas nucleares, y
creían que Alemania estaba investigando en el mismo campo. No se disponía de
suficientes cantidades de los elementos principales, uranio y plutonio
fisionable, antes de que concluyera la guerra en Europa. La primera bomba
atómica se hizo explotar en un ensayo realizado el 16 de julio de 1945 en
Alamogordo (Nuevo México, en Estados Unidos).
Se habían fabricado dos bombas más,
y comenzó a plantearse la posibilidad de emplearlas contra Japón para conseguir
su rendición. El presidente estadounidense Harry S. Truman permitió que se
lanzaran estos dos artefactos porque, según explicó, creía que podrían salvar
miles de vidas; la primera cayó sobre Hiroshima el 6 de agosto, y la segunda se
lanzó sobre Nagasaki tres días después. Los cálculos de Estados Unidos indican
que fallecieron entre 66.000 y 78.000 en Hiroshima y que el número de víctimas
en Nagasaki fue de 39.000. Los japoneses estiman que las bajas ascendieron a un
total de 240.000 personas. La URSS declaró la guerra a Japón el 8 de agosto e
invadió Manchuria al día siguiente.
La rendición de
Japón
Japón anunció su rendición el 14 de
agosto, aunque no fue totalmente incondicional debido a que los aliados habían
acordado permitir que el país mantuviera a su emperador. La firma oficial se
realizó en la bahía de Tokyo a bordo del acorazado Missouri el 2 de septiembre.
La delegación aliada estaba encabezada por el general MacArthur, que pasó a ser
el gobernador militar del Japón ocupado.
Las estadísticas fundamentales de
la II Guerra Mundial la convierten en el mayor conflicto de la historia en
cuanto a los recursos humanos y materiales empleados. En total, tomaron parte
en esta contienda 61 países con una población de 1.700 millones de personas,
esto es, tres cuartas partes de la población mundial. Se reclutó a 110 millones
de ciudadanos, más de la mitad de los cuales procedían de tres países: la URSS
(22-30 millones), Alemania (17 millones) y Estados Unidos (16 millones).
La mayor parte de las estadísticas
de la guerra son únicamente cálculos aproximados. La inmensa y caótica
destrucción del conflicto ha imposibilitado la elaboración de un registro
uniforme. Algunos gobiernos perdieron el control de los datos, y otros
decidieron manipularlos con fines políticos.
Se ha alcanzado un cierto consenso
con respecto al coste total de la guerra. Se estima que el económico rebasó el
billón de dólares estadounidenses, lo que la hace más onerosa que todas las
anteriores guerras en conjunto. El coste humano —sin incluir a los más de 5
millones de judíos asesinados en el Holocausto, que fueron víctimas indirectas
de la contienda— se estima en 55 millones de muertos, 25 millones de los cuales
eran militares y el resto civiles.
Estadísticas
económicas
Estados Unidos fue el país que
destinó más dinero a la guerra: el gasto aproximado fue de 341.000 millones de
dólares, incluidos 50.000 millones asignados a préstamos y arriendos; de éstos,
31.000 fueron destinados a Gran Bretaña, 11.000 a la URSS, 5.000 a China y
3.000 fueron repartidos entre otros 35 países. La segunda nación fue Alemania,
que dedicó 272.000 millones de dólares; le sigue la URSS con 192.000 millones;
Gran Bretaña, con 120.000 millones; Italia, con 94.000 millones; y Japón, con
56.000 millones. No obstante, a excepción de Estados Unidos y algunos de los
aliados menos activos desde el punto de vista militar, el dinero empleado no se
aproxima al verdadero coste de la guerra. El gobierno soviético calculó que la
URSS perdió el 30% de su riqueza nacional. Las exacciones y el saqueo de los
nazis en las naciones ocupadas son incalculables. Se estima que el importe
total de la contienda en Japón ascendió a 562.000 millones.
Las pérdidas
humanas
El coste humano de la guerra recayó
principalmente sobre la URSS, cuyas bajas entre personal militar y población
civil se cree que superaron los 27 millones. Las víctimas militares y civiles
de los aliados fueron de 44 millones, en tanto que las de las potencias del Eje
de 11 millones. El número de muertos de ambos bandos en Europa ascendió a 19
millones y las víctimas de la guerra contra Japón llegaron a los 6 millones.
Estados Unidos, que apenas sufrió bajas entre la población civil, perdió a unos
400.000 ciudadanos.
Como consecuencia de estas ingentes
pérdidas humanas y económicas, se alteró el equilibrio político. Gran Bretaña,
Francia y Alemania dejaron de ser grandes potencias desde el punto de vista
militar, posición que fue ocupada por Estados Unidos y la URSS.