Trabajo Práctico
sobre “La Radio”
Alumno: Manuel
Chiesa
Profesor:
Fernandi
Radio, sistema de comunicación mediante ondas electromagnéticas que se
propagan por el espacio. Debido a sus características variables, se utilizan
ondas radiofónicas de diferente longitud para distintos fines; por lo general
se identifican mediante su frecuencia. Las ondas más cortas poseen una
frecuencia (número de ciclos por segundo) más alta; las ondas más largas tienen
una frecuencia más baja (menos ciclos por segundo).
El nombre del
pionero alemán de la radio Heinrich Hertz ha servido para bautizar al ciclo por
segundo (hercio, Hz). Un kilohercio (kHz) son 1.000 ciclos por segundo, 1
megahercio (MHz) es 1 millón de ciclos por segundo y 1 gigahercio (GHz) 1
billón de ciclos por segundo. Las ondas de radio van desde algunos kilohercios
a varios gigahercios. Las ondas de luz visible son mucho más cortas. En el
vacío, toda radiación electromagnética se desplaza en forma de ondas a una
velocidad uniforme de 300.000 kilómetros por segundo.
Las ondas de
radio se utilizan no sólo en la radiodifusión, sino también en la telegrafía
inalámbrica, la transmisión por teléfono, la televisión, el radar, los sistemas
de navegación y la comunicación espacial. En la atmósfera, las características
físicas del aire ocasionan pequeñas variaciones en el movimiento ondulatorio,
que originan errores en los sistemas de comunicación radiofónica como el radar.
Además, las tormentas o las perturbaciones eléctricas provocan fenómenos
anormales en la propagación de las ondas de radio.
Las ondas
electromagnéticas dentro de una atmósfera uniforme se desplazan en línea recta,
y como la superficie terrestre es prácticamente esférica, la comunicación
radiofónica a larga distancia es posible gracias a la reflexión de las ondas de
radio en la ionosfera. Las ondas radiofónicas de longitud de onda inferior a
unos 10 m, que reciben los nombres de frecuencias muy alta,
ultraalta y superalta (VHF, UHF y SHF), no se reflejan en la ionosfera; así, en
la práctica, estas ondas muy cortas sólo se captan a distancia visual. Las
longitudes de onda inferiores a unos pocos centímetros son absorbidas por las
gotas de agua o por las nubes; las inferiores a 1,5 cm pueden quedar
absorbidas por el vapor de agua existente en la atmósfera limpia.
Los sistemas
normales de radiocomunicación constan de dos componentes básicos, el transmisor
y el receptor. El primero genera oscilaciones eléctricas con una frecuencia de
radio denominada frecuencia portadora. Se puede amplificar la amplitud o la
propia frecuencia para variar la onda portadora. Una señal modulada en amplitud
se compone de la frecuencia portadora y dos bandas laterales producto de la
modulación. La frecuencia modulada (FM) produce más de un par de bandas
laterales para cada frecuencia de modulación, gracias a lo cual son posibles
las complejas variaciones que se emiten en forma de voz o cualquier otro sonido
en la radiodifusión, y en las alteraciones de luz y oscuridad en las emisiones
televisivas.
Transmisor
Los componentes
fundamentales de un transmisor de radio son un generador de oscilaciones
(oscilador) para convertir la corriente eléctrica común en oscilaciones de una
determinada frecuencia de radio; los amplificadores para aumentar la intensidad
de dichas oscilaciones conservando la frecuencia establecida y un transductor
para convertir la información a transmitir en un voltaje eléctrico variable y
proporcional a cada valor instantáneo de la intensidad. En el caso de la
transmisión de sonido, el transductor es un micrófono; para transmitir imágenes
se utiliza como transductor un dispositivo fotoeléctrico.
Otros componentes
importantes de un transmisor de radio son el modulador, que aprovecha los
voltajes proporcionales para controlar las variaciones en la intensidad de
oscilación o la frecuencia instantánea de la portadora, y la antena, que radia
una onda portadora igualmente modulada. Cada antena presenta ciertas
propiedades direccionales, es decir, radia más energía en unas direcciones que
en otras, pero la antena siempre se puede modificar de forma que los patrones
de radiación varíen desde un rayo relativamente estrecho hasta una distribución
homogénea en todas las direcciones; este último tipo de radiación se usa en la
radiodifusión.
El método
concreto utilizado para diseñar y disponer los diversos componentes depende del
efecto buscado. Los criterios principales de una radio en un avión comercial o
militar, por ejemplo, son que tenga un peso reducido y que resulte inteligible;
el coste es un aspecto secundario y la fidelidad de reproducción carece
totalmente de importancia. En una emisora comercial de radio, sin embargo, el
tamaño y el peso entrañan poca importancia, el coste debe tenerse en cuenta y
la fidelidad resulta fundamental, sobre todo en el caso de emisoras FM; el control
estricto de la frecuencia constituye una necesidad crítica. En Estados Unidos,
por ejemplo, una emisora comercial típica de 1.000 kHz posee un ancho de banda
de 10 kHz, pero este ancho sólo se puede utilizar para modulación; la
frecuencia de la portadora propiamente dicha se tiene que mantener exactamente
en los 1.000 kHz, ya que una desviación de una centésima del 1% originaría
grandes interferencias con emisoras de la misma frecuencia, aunque se hallen
distantes.
Osciladores
En una emisora
comercial normal, la frecuencia de la portadora se genera mediante un oscilador
de cristal de cuarzo rigurosamente controlado. El método básico para controlar
frecuencias en la mayoría de las emisoras de radio es mediante circuitos de
absorción, o circuitos resonantes, que poseen valores específicos de
inductancia y capacitancia y que, por
tanto, favorecen la producción de corrientes alternas de una determinada
frecuencia e impiden la circulación de corrientes de frecuencias distintas. De
todas formas, cuando la frecuencia debe ser enormemente estable se utiliza un
cristal de cuarzo con una frecuencia natural concreta de oscilación eléctrica
para estabilizar las oscilaciones. En realidad, éstas se generan a baja
potencia en una válvula electrónica y se amplifican en amplificadores de
potencia que actúan como retardadores para evitar la interacción del oscilador
con otros componentes del transmisor, ya que tal interacción alteraría la
frecuencia. El cristal tiene la forma exacta para las dimensiones necesarias a fin
de proporcionar la frecuencia deseada, que luego se puede modificar ligeramente
agregando un condensador al circuito para conseguir la frecuencia exacta. En un
circuito eléctrico bien diseñado, dicho oscilador no varía en más de una
centésima del 1% en la frecuencia. Si se monta el cristal al vacío a
temperatura constante y se estabilizan los voltajes, se puede conseguir una
estabilidad en la frecuencia próxima a una millonésima del 1%.
Los osciladores
de cristal resultan de máxima utilidad en las gamas denominadas de frecuencia
muy baja, baja y media (VLF, LF y MF). Cuando han de generarse frecuencias
superiores a los 10 MHz, el oscilador maestro se diseña para que genere
una frecuencia intermedia, que luego se va duplicando cuantas veces sea
necesario mediante circuitos electrónicos especiales. Si no se precisa un
control estricto de la frecuencia, se pueden utilizar circuitos resonantes con
válvulas normales a fin de producir oscilaciones de hasta 1.000 MHz, y se emplean
los klistrones reflex para generar las frecuencias superiores a los 30.000 MHz. Los
klistrones se sustituyen por magnetrones cuando hay que generar cantidades de
mayor potencia.
Modulación
La modulación de
la portadora para que pueda transportar impulsos se puede efectuar a nivel bajo
o alto. En el primer caso, la señal de frecuencia audio del micrófono, con una
amplificación pequeña o nula, sirve para modular la salida del oscilador y la
frecuencia modulada de la portadora se amplifica antes de conducirla a la
antena; en el segundo caso, las oscilaciones de radiofrecuencia y la señal de
frecuencia audio se amplifican de forma independiente y la modulación se
efectúa justo antes de transmitir las oscilaciones a la antena. La señal se
puede superponer a la portadora mediante modulación de frecuencia (FM) o de
amplitud (AM).
La forma más
sencilla de modulación es la codificación, interrumpiendo la onda portadora a
intervalos concretos mediante una clave o conmutador para formar los puntos y
las rayas de la radiotelegrafía de onda continua.
La onda portadora
también se puede modular variando la amplitud de la onda según las variaciones
de la frecuencia e intensidad de una señal sonora, tal como una nota musical.
Esta forma de modulación, AM, se utiliza en muchos servicios de radiotelefonía,
incluidas las emisiones normales de radio. La AM también se emplea en la
telefonía por onda portadora, en la que la portadora modulada se transmite por
cable, y en la transmisión de imágenes estáticas a través de cable o radio.
En la FM, la
frecuencia de la onda portadora se varía dentro de un rango establecido a un
ritmo equivalente a la frecuencia de una señal sonora. Esta forma de
modulación, desarrollada en la década de 1930, presenta la ventaja de generar
señales relativamente limpias de ruidos e interferencias procedentes de fuentes
tales como los sistemas de encendido de los automóviles o las tormentas, que
afectan en gran medida a las señales AM. Por tanto, la radiodifusión FM se
efectúa en bandas de alta frecuencia (88 a 108 MHz), aptas para
señales grandes pero con alcance de recepción limitado.
Las ondas
portadoras también se pueden modular variando la fase de la portadora según la
amplitud de la señal. La modulación en fase, sin embargo, ha quedado reducida a
equipos especializados.
El desarrollo de
la técnica de transmisión de ondas continuas en pequeños impulsos de enorme
potencia, como en el caso del radar, planteó la posibilidad de otra forma nueva
de modulación, la modulación de impulsos en tiempo, en la que el espacio entre
los impulsos se modifica de acuerdo con la señal.
La información
transportada por una onda modulada se devuelve a su forma original mediante el
proceso inverso, denominado demodulación o detección. Las emisiones de ondas de
radio a frecuencias bajas y medias van moduladas en amplitud. Para frecuencias
más altas se utilizan tanto la AM como la FM; en la televisión comercial de
nuestros días, por ejemplo, el sonido va por FM, mientras que las imágenes se
transportan por AM. En el rango de las frecuencias superaltas (por encima del
rango de las ultraaltas), en el que se pueden utilizar anchos de banda mayores,
la imagen también se transmite por FM. En la actualidad, tanto el sonido como
las imágenes se pueden enviar de forma digital a dichas frecuencias.
Antenas
La antena del transmisor
no necesita estar unida al propio transmisor. La radiodifusión comercial a
frecuencias medias exige normalmente una antena muy grande, cuya ubicación
óptima es de forma aislada, lejos de cualquier población, mientras que el
estudio de radio suele hallarse en medio de la ciudad. La FM, la televisión y
demás emisiones con frecuencias muy elevadas exigen antenas muy altas si se
pretende conseguir un cierto alcance y no resulta aconsejable colocarlas cerca
del estudio de emisión. En todos estos casos las señales se transmiten a través
de cables. Las líneas telefónicas normales suelen valer para la mayoría de las
emisiones comerciales de radio; si se precisa obtener alta fidelidad o
frecuencias muy altas, se utilizan cables coaxiales.
Receptor
Los componentes
fundamentales de un receptor de radio son: 1) una antena para
recibir las ondas electromagnéticas y convertirlas en oscilaciones eléctricas;
2) amplificadores para aumentar la intensidad de dichas
oscilaciones; 3) equipos para la demodulación; 4) un altavoz para
convertir los impulsos en ondas sonoras perceptibles por el oído humano (y en
televisión, un tubo de imágenes para convertir la señal en ondas luminosas
visibles), y 5) en la mayoría de los receptores, unos osciladores
para generar ondas de radiofrecuencia que puedan mezclarse con las ondas
recibidas.
La señal que
llega de la antena, compuesta por una oscilación de la portadora de
radiofrecuencia, modulada por una señal de frecuencia audio o vídeo que
contiene los impulsos, suele ser muy débil. La sensibilidad de algunos
receptores de radio modernos es tan grande que con que la señal de la antena
sea capaz de producir una corriente alterna de unos pocos cientos de
electrones, la señal se puede detectar y amplificar hasta producir un sonido inteligible
por el altavoz. La mayoría de los receptores pueden funcionar aceptablemente
con una entrada de algunas millonésimas de voltio. Sin embargo, el aspecto
básico en el diseño del receptor es que las señales muy débiles no se
convierten en válidas simplemente amplificando, de forma indiscriminada, tanto
la señal deseada como los ruidos laterales. Así, el cometido principal del
diseñador consiste en garantizar la recepción prioritaria de la señal deseada.
Muchos receptores
modernos de radio son de tipo superheterodino, en el que un oscilador genera
una onda de radiofrecuencia que se mezcla con la onda entrante, produciendo así
una onda de frecuencia menor; esta última se denomina frecuencia media. Para
sintonizar el receptor a las distintas frecuencias se modifica la frecuencia de
las oscilaciones, pero la media siempre permanece fija (en 455 kHz para la
mayoría de los receptores de AM y en 10,7 MHz para los de
FM). El oscilador se sintoniza modificando la capacidad del condensador en su
circuito oscilador; el circuito de la antena se sintoniza de forma similar
mediante un condensador.
En todos los
receptores hay una o más etapas de amplificación de frecuencia media; además,
puede haber una o más etapas de amplificación de radiofrecuencia. En la etapa
de frecuencia media se suelen incluir circuitos auxiliares, como el control
automático de volumen, que funciona rectificando parte de la salida de un
circuito de amplificación y alimentando con ella al elemento de control del
mismo circuito o de otro anterior. El detector, denominado a menudo segundo
detector (el primero es el mezclador), suele ser un simple diodo que actúa de
rectificador y produce una señal de frecuencia audio. Las ondas FM se demodulan
o detectan mediante circuitos que reciben el nombre de discriminadores o
radiodetectores; transforman las variaciones de la frecuencia en diferentes
amplitudes de la señal.
Amplificadores
Los
amplificadores de radiofrecuencia y de frecuencia media son amplificadores de
voltaje, que aumentan el voltaje de la señal. Los receptores de radio pueden
tener una o más etapas de amplificación de voltaje de frecuencia audio. Además,
la última etapa antes del altavoz tiene que ser de amplificación de potencia.
Un receptor de alta fidelidad contiene los circuitos de sintonía y de
amplificación de cualquier radio. Como alternativa, una radio de alta fidelidad
puede tener un amplificador y un sintonizador independientes.
Las
características principales de un buen receptor de radio son una sensibilidad,
una selectividad y una fidelidad muy elevadas y un nivel de ruido bajo. La
sensibilidad se consigue en primera instancia mediante muchas etapas de
amplificación y factores altos de amplificación, pero la amplificación elevada
carece de sentido si no se pueden conseguir una fidelidad aceptable y un nivel
de ruido bajo. Los receptores más sensibles tienen una etapa de amplificación
de radiofrecuencia sintonizada. La selectividad es la capacidad del receptor de
captar señales de una emisora y rechazar otras de emisoras diferentes que
limitan con frecuencias muy próximas. La selectividad extrema tampoco resulta
aconsejable, ya que se precisa un ancho de banda de muchos kilohercios para
recibir los componentes de alta frecuencia de las señales de frecuencia audio.
Un buen receptor sintonizado a una emisora presenta una respuesta cero a otra
emisora que se diferencia en 20 kHz. La
selectividad depende sobre todo de los circuitos en la etapa de la frecuencia
intermedia.
Sistemas
de alta fidelidad
Fidelidad es la
uniformidad de respuesta del receptor a diferentes señales de frecuencia audio
moduladas en la portadora. La altísima fidelidad, que se traduce en una
respuesta plana (idéntica amplificación de todas las frecuencias audio) a
través de todo el rango audible desde los 20 Hz hasta los 20 kHz, resulta
extremadamente difícil de conseguir. Un sistema de alta fidelidad es tan
potente como su componente más débil, y entre éstos no sólo se incluyen todos
los circuitos del receptor, sino también el altavoz, las propiedades acústicas
del lugar donde se encuentra el altavoz y el transmisor a que está sintonizado
el receptor. La mayoría de las emisoras AM no reproducen con fidelidad los
sonidos por debajo de 100 Hz o por encima de 5 kHz; las emisoras
FM suelen tener una gama de frecuencias entre 50 Hz y 15 kilohercios.
Distorsión
En las
transmisiones de radio a menudo se introduce una forma de distorsión de
amplitud al aumentar la intensidad relativa de las frecuencias más altas de
audio. En el receptor aparece un factor equivalente de atenuación de alta
frecuencia. El efecto conjunto de estas dos formas de distorsión es una
reducción del ruido de fondo o estático en el receptor. Muchos receptores van
equipados con controles de tono ajustables por el usuario, de forma que la
amplificación de las frecuencias altas y bajas se pueda adaptar a gusto del
oyente. Otra fuente de distorsión es la modulación transversal, la
transferencia de señales de un circuito a otro por culpa de un apantallamiento
defectuoso. La distorsión armónica ocasionada por la transferencia no lineal de
señales a través de las etapas de amplificación puede reducirse notablemente
utilizando circuitería de realimentación negativa, que anula gran parte de la
distorsión generada en las etapas de amplificación.
Ruido
El ruido
constituye un problema grave en todos los receptores de radio. Hay diferentes
tipos de ruido, como el zumbido, un tono constante de baja frecuencia (unas dos
octavas por debajo del do), producido generalmente por la
frecuencia de la fuente de alimentación de corriente alterna (por lo común 60 Hz) que se
superpone a la señal debido a un filtrado o un apantallamiento defectuoso; el
siseo, un tono constante de alta frecuencia, y el silbido, un tono limpio de
alta frecuencia producido por una oscilación involuntaria de frecuencia audio,
o por un golpeteo. Estos ruidos se pueden eliminar mediante un diseño y una
construcción adecuados.
Sin embargo,
ciertos tipos de ruidos no se pueden eliminar. El más importante en los equipos
normales de AM de baja y media frecuencias es el ruido parásito, originado por
perturbaciones eléctricas en la atmósfera. El ruido parásito puede proceder del
funcionamiento de un equipo eléctrico cercano (como los motores de automóviles
o aviones), pero en la mayoría de los casos proviene de los rayos y relámpagos
de las tormentas. Las ondas de radio producidas por estas perturbaciones
atmosféricas pueden viajar miles de kilómetros sin sufrir apenas atenuación, y,
dado que en un radio de algunos miles de kilómetros respecto del receptor de
radio siempre hay alguna tormenta, casi siempre aparecen ruidos parásitos.
Los ruidos
parásitos afectan a los receptores FM en menor medida, ya que la amplitud de
las ondas intermedias está limitada mediante circuitos especiales antes de la
discriminación, lo que elimina los efectos de los ruidos parásitos.
Otra fuente
primaria de ruido es la agitación térmica de los electrones. En un elemento
conductor a temperatura superior al cero absoluto, los electrones se mueven de
forma aleatoria. Dado que cualquier movimiento electrónico constituye una
corriente eléctrica, la agitación térmica origina ruido al amplificarlo en
exceso. Este tipo de ruido se puede evitar si la señal recibida desde la antena
es notablemente más potente que la corriente causada por la agitación térmica;
en cualquier caso, se puede reducir al mínimo mediante un diseño adecuado. Un
receptor teóricamente perfecto a temperatura ordinaria es capaz de recibir la
voz de forma inteligible siempre que la potencia de la señal alcance los 4 × 10-18 W; sin embargo,
en los receptores normales se precisa una potencia de señal bastante mayor.
Fuente
de alimentación
La radio no tiene
componentes móviles excepto el altavoz, que vibra algunas milésimas de
centímetro, por lo que la única potencia que requiere su funcionamiento es la
corriente eléctrica para hacer circular los electrones por los diferentes
circuitos. Cuando aparecieron las primeras radios en la década de 1920, la
mayoría iban accionadas por pilas. Aunque se siguen utilizando de forma
generalizada en los aparatos portátiles, la fuente de alimentación conectada a
la red presenta ciertas ventajas, ya que permite al diseñador una mayor
libertad a la hora de seleccionar los componentes de los circuitos.
Si la fuente de
alimentación de corriente alterna (CA) es de 120 V, ésta se puede
alimentar directamente del arrollamiento primario del transformador,
obteniéndose en el secundario el voltaje deseado. Esta corriente secundaria
debe rectificarse y filtrarse antes de poder ser utilizada, ya que los
transistores requieren corriente continua (CC) para su funcionamiento. Las
válvulas utilizan CC como corriente anódica; los filamentos se calientan tanto
con CC como con CA, pero en este último caso puede originarse algún zumbido.
Las radios de
transistores no necesitan una CC tan alta como las válvulas de antes, pero
sigue siendo imprescindible el uso de fuentes de alimentación para convertir la
corriente continua (CC) de la red comercial en corriente alterna (CA) y para
aumentarla o reducirla al valor deseado mediante transformadores. Los aparatos
de los aviones o de los automóviles que funcionan con voltajes entre 12 y 14
voltios CC suelen incluir circuitos para convertir el voltaje CC disponible a
CA; tras elevarlo o reducirlo hasta el valor deseado, se vuelve a convertir a
CC mediante un rectificado. Los aparatos que funcionan con voltajes entre 6 y
24 voltios CC siempre disponen de un elemento para aumentar el voltaje. La
llegada de los transistores, los circuitos integrados y demás dispositivos
electrónicos de estado sólido, mucho más reducidos y que consumen muy poca
potencia, ha suprimido casi totalmente el uso de las válvulas en los equipos de
radio, televisión y otras formas de comunicación.
Historia
Aun cuando fueron
necesarios muchos descubrimientos en el campo de la electricidad hasta llegar a
la radio, su nacimiento data en realidad de 1873, año en el que el físico
británico James Clerk Maxwell publicó su teoría sobre las ondas
electromagnéticas
Finales
del siglo XIX
La teoría de
Maxwell se refería sobre todo a las ondas de luz; quince años más tarde, el
físico alemán Heinrich Hertz logró generar eléctricamente tales ondas.
Suministró una carga eléctrica a un condensador y a continuación le hizo un
cortocircuito mediante un arco eléctrico. En la descarga eléctrica resultante,
la corriente saltó desde el punto neutro, creando una carga de signo contrario
en el condensador, y después continuó saltando de un polo al otro, creando una
descarga eléctrica oscilante en forma de chispa. El arco eléctrico radiaba parte
de la energía de la chispa en forma de ondas electromagnéticas. Hertz consiguió
medir algunas de las propiedades de estas ondas ‘hercianas’, incluyendo su
longitud y velocidad.
La idea de
utilizar ondas electromagnéticas para la transmisión de mensajes de un punto a
otro no era nueva; el heliógrafo, por ejemplo, transmitía mensajes por medio de
un haz de rayos luminosos que se podía modular con un obturador para producir
señales en forma de los puntos y las rayas del código Morse. A tal fin la radio
presenta muchas ventajas sobre la luz, aunque no resultasen evidentes a primera
vista. Las ondas de radio, por ejemplo, pueden cubrir distancias enormes, a
diferencia de las microondas (usadas por Hertz).
Las ondas de
radio pueden sufrir grandes atenuaciones y seguir siendo perceptibles,
amplificables y detectadas; pero los buenos amplificadores no se hicieron una
realidad hasta la aparición de las válvulas electrónicas. Por grandes que
fueran los avances de la radiotelegrafía (por ejemplo, en 1901 Marconi desarrolló
la comunicación transatlántica), la radiotelefonía nunca habría llegado a ser
útil sin los avances de la electrónica. Desde el punto de vista histórico, los
desarrollos en el mundo de la radio y en el de la electrónica han ocurrido de
forma simultánea.
Para detectar la
presencia de la radiación electromagnética, Hertz utilizó un aro parecido a las
antenas circulares. En aquella época, el inventor David Edward Hughes había
descubierto que un contacto entre una punta metálica y un trozo de carbón no conducía
la corriente, pero si hacía circular ondas electromagnéticas por el punto de
contacto, éste se hacía conductor. En 1879 Hughes demostró la recepción de
señales de radio procedentes de un emisor de chispas alejado un centenar de
metros. En dichos experimentos hizo circular una corriente de una célula
voltaica a través de una válvula rellena de limaduras de cinc y plata, que se
aglomeraban al ser bombardeadas con ondas de radio.
Este principio lo
utilizó el físico británico Oliver Joseph Lodge en un dispositivo llamado
cohesor para detectar la presencia de ondas de radio. El cohesor, una vez hecho
conductor, se podía volver a hacer aislante golpeándolo y haciendo que se
separasen las partículas. Aunque era mucho más sensible que la bocina en
ausencia de amplificador, el cohesor sólo daba una única respuesta a las ondas
de radio de suficiente potencia de diversas intensidades, por lo que servía
para la telegrafía, pero no para la telefonía.
El ingeniero
electrotécnico e inventor italiano Guglielmo Marconi está considerado
universalmente el inventor de la radio. A partir de 1895 fue desarrollando y
perfeccionando el cohesor y lo conectó a una forma primitiva de antena, con el
extremo conectado a tierra. Además mejoró los osciladores de chispa conectados
a antenas rudimentarias. El transmisor se modulaba mediante una clave ordinaria
de telégrafo. El cohesor del receptor accionaba un instrumento telegráfico que
funcionaba básicamente como amplificador.
En 1896 consiguió
transmitir señales desde una distancia de 1,6 km, y registró su
primera patente inglesa. En 1897 transmitió señales desde la costa hasta un
barco a 29 km en alta mar. Dos años más tarde logró establecer
una comunicación comercial entre Inglaterra y Francia capaz de funcionar con
independencia del estado del tiempo; a principios de 1901 consiguió enviar
señales a más de 322 km de distancia, y a finales de ese mismo año
transmitió una carta entera de un lado a otro del océano Atlántico. En 1902 ya
se enviaban de forma regular mensajes transatlánticos y en 1905 muchos barcos
llevaban equipos de radio para comunicarse con emisoras de costa. Como
reconocimiento a sus trabajos en el campo de la telegrafía sin hilos, en 1909
Marconi compartió el Premio Nobel de Física con el físico alemán Karl Ferdinand
Braun.
A lo largo de
todos estos años se introdujeron diferentes mejoras técnicas. Para la sintonía
se utilizaron circuitos resonantes dotados de inductancia y capacitancia. Las
antenas se fueron perfeccionando, descubriéndose y aprovechándose sus propiedades
direccionales. Se utilizaron los transformadores para aumentar el voltaje
enviado a la antena. Se desarrollaron otros detectores para complementar al
cohesor y su rudimentario descohesor. Se construyó un detector magnético basado
en la propiedad de las ondas magnéticas para desmagnetizar los hilos de acero,
un bolómetro que medía el aumento de temperatura de un cable fino cuando lo
atravesaban ondas de radio y la denominada válvula de Fleming, precursora de la
válvula termoiónica o lámpara de vacío.
Siglo
XX
El desarrollo de
la válvula electrónica se remonta al descubrimiento que hizo el inventor
estadounidense Thomas Alva Edison al comprobar que entre un filamento de una
lámpara incandescente y otro electrodo colocado en la misma lámpara fluye una
corriente y que además sólo lo hace en un sentido. La válvula de Fleming apenas
difería del tubo de Edison. Su desarrollo se debe al físico e ingeniero
eléctrico inglés John Ambrose Fleming en 1904 y fue el primer diodo, o válvula
de dos elementos, que se utilizó en la radio. El tubo actuaba de detector,
rectificador y limitador.
En 1906 se
produjo un avance revolucionario, punto de partida de la electrónica, al
incorporar el inventor estadounidense Lee de Forest un tercer elemento, la
rejilla, entre el filamento y el cátodo de la válvula. El tubo de De Forest,
que bautizó con el nombre de ‘audión’ y que actualmente se conoce por triodo
(válvula de tres elementos), en principio sólo se utilizó como detector, pero
pronto se descubrieron sus propiedades como amplificador y oscilador; en 1915
el desarrollo de la telefonía sin hilos había alcanzado un grado de madurez
suficiente como para comunicarse entre Virginia y Hawai (Estados Unidos) y
entre Virginia y París (Francia).
Las funciones
rectificadoras de los cristales fueron descubiertas en 1912 por el ingeniero
eléctrico e inventor estadounidense Greenleaf Whittier Pickard, al poner de
manifiesto que los cristales se pueden utilizar como detectores. Este
descubrimiento permitió el nacimiento de los receptores con detector de
cristal, tan populares en la década de los años veinte. En 1912, el ingeniero
eléctrico estadounidense Edwin Howard Armstrong descubrió el circuito reactivo,
que permite realimentar una válvula con parte de su propia salida. Éste y otros
descubrimientos de Armstrong constituyen la base de muchos circuitos de los
equipos modernos de radio.
En 1902, el
ingeniero estadounidense Arthur Edwin Kennelly y el físico británico Oliver
Heaviside (de forma independiente y casi simultánea) proclamaron la probable
existencia de una capa de gas ionizado en la parte alta de la atmósfera que
afectaría a la propagación de las ondas de radio. Esta capa, bautizada en
principio como la capa de Heaviside o Kennelly-Heaviside, es una de las capas
de la ionosfera. Aunque resulta transparente para las longitudes de onda más
cortas, desvía o refleja las ondas de longitudes más largas. Gracias a esta
reflexión, las ondas de radio se propagan mucho más allá del horizonte.
La propagación de
las ondas de radio en la ionosfera se ve seriamente afectada por la hora del
día, la estación y la actividad solar. Leves variaciones en la naturaleza y
altitud de la ionosfera, que tienen lugar con gran rapidez, pueden afectar la
calidad de la recepción a gran distancia. La ionosfera es también la causa de
un fenómeno por el cual se recibe una señal en un punto muy distante y no en
otro más próximo. Este fenómeno se produce cuando el rayo en tierra ha sido
absorbido por obstáculos terrestres y el rayo propagado a través de la
ionosfera no se refleja con un ángulo lo suficientemente agudo como para ser
recibido a distancias cortas respecto de la antena.
Radio
de onda corta
Aun cuando
determinadas zonas de las diferentes bandas de radio, onda corta, onda larga,
onda media, frecuencia muy alta y frecuencia ultraalta, están asignadas a muy
diferentes propósitos, la expresión ‘radio de onda corta’ se refiere
generalmente a emisiones de radio en la gama de frecuencia altas (3 a 30 MHz) que cubren
grandes distancias, sobre todo en el entorno de las comunicaciones
internacionales. Sin embargo, la comunicación mediante microondas a través de
un satélite de comunicaciones, proporciona señales de mayor fiabilidad y libres
de error.
Por lo general se
suele asociar a los radioaficionados con la onda corta, aunque tienen asignadas
frecuencias en la banda de onda media, la de muy alta frecuencia y la de
ultraalta, así como en la banda de onda corta. Algunas conllevan ciertas
restricciones pensadas para que queden a disposición del mayor número posible
de usuarios.
Durante la rápida
evolución de la radio tras la I Guerra Mundial,
los radioaficionados lograron hazañas tan espectaculares como el primer
contacto radiofónico (1921) transatlántico. También han prestado una ayuda
voluntaria muy valiosa en caso de emergencias con interrupción de las
comunicaciones normales. Ciertas organizaciones de radioaficionados han lanzado
una serie de satélites aprovechando los lanzamientos normales de Estados
Unidos, la antigua Unión Soviética y la Agencia Espacial Europea (ESA). Estos
satélites se denominan normalmente Oscar (Orbiting Satellites Carrying Amateur
Radio). El primero de ellos, Oscar 1, colocado en órbita en 1961, fue
al mismo tiempo el primer satélite no gubernamental; el cuarto, en 1965,
proporcionó la primera comunicación directa vía satélite entre Estados Unidos y
la Unión Soviética. A principios de la década de 1980 había en todo el mundo
más de 1,5 millones de licencias de radioaficionados, incluidos los de la radio
de banda ciudadana.
La
radio actual
Los enormes
avances en el campo de la tecnología de la comunicación radiofónica a partir de
la II Guerra Mundial han hecho posible la exploración del
espacio, puesta de manifiesto especialmente en las misiones Apolo
a la Luna (1969-1972). A bordo de los módulos de mando y lunar se hallaban
complejos equipos de transmisión y recepción, parte del compacto sistema de
comunicaciones de muy alta frecuencia. El sistema realizaba simultáneamente
funciones de voz y de exploración, calculando la distancia entre los dos vehículos
mediante la medición del tiempo transcurrido entre la emisión de tonos y la
recepción del eco. Las señales de voz de los astronautas también se transmitían
simultáneamente a todo el mundo mediante una red de comunicaciones. El sistema
de radio celular es una versión en miniatura de las grandes redes radiofónicas.