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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Radioactividad.: Tipos de radiación , La hipótesis nuclear, Series de desintegración radiactiva , Radiactividad artificial, Lluvia radiactiva, Efectos biológicos de la radiación, Trastornos graves, Radiación no ionizante, Mecanismo. Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 3489 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Física > |
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INTRODUCCIÓN
La
radiactividad se define como la propiedad de algunos elementos químicos que
consiste en la desintegración espontánea ( radiactividad natural ) o provocada
( r. artificial ) de sus núcleos atómicos mediante la emisión de partículas
subatómicas llamadas partículas alfa y partículas beta, y de radiaciones
electromagnéticas denominadas rayos X y rayos gamma.
El
fenómeno fue descubierto en 1896 por el físico francés Antoine Henri Becquerel.
Éste realizó los primeros estudios sobre r. natural, observando que las sales
de uranio podían ennegrecer una placa fotográfica aunque estuvieran separadas
de la misma por una placa de vidrio o un papel negro. También comprobó que los
rayos que producían el oscurecimiento podían descargar un electroscopio, lo que
indicaba que poseían carga eléctrica. Por ello dedujo que estaba ante un nuevo
tipo de radiaciones ( no conocidas hasta entonces ) a las que se les llamó
rayos de Becquerel.
En
1898, los químicos franceses Marie y Pierre Curie dedujeron que la radiactividad
es un fenómeno asociado a los átomo, por lo que ninguno de los agentes físicos
o químicos conocidos influían en la emisión de la radiación.
También
llegaron a la conclusión de que la pechblenda, un mineral de uranio, tenía que
contener otros elementos radiactivos ya que presentaba una radiactividad más
intensa que las sales de uranio empleadas por Becquerel. El matrimonio Curie
llevó a cabo una serie de tratamientos químicos de la pechblenda que condujeron
al descubrimiento de dos nuevos elementos radiactivos, el polonio y el radio.
Marie
Curie observó que entre los elementos conocidos en aquella época, además del
uranio, el torio también era radiactivo.
En
1899, el químico francés André Louis Debierne descubrió otro elemento
radiactivo, el actinio. Ese mismo año, los físicos británicos Ernest Rutherford
y Frederick Soddy descubrieron el gas radiactivo radón, observado en asociación
con el torio, el actinio y el radio. Esto apoyaba el fenómeno de la
radiactividad inducida (Marie Curie, 1899 ).
Se
reconoció que la radiactividad era la fuente de energía más potente que se
conocía hasta entonces. Los Curie midieron el calor asociado con la
desintegración del radio y establecieron que 1 gramo de radio desprende
aproximadamente unos 420 julios (100 calorías) de energía cada hora. Este
efecto de calentamiento continúa hora tras hora y año tras año, mientras que la
combustión completa de un gramo de carbón produce un total de 34.000 julios
(unas 8.000 calorías) de energía.
Tras
estos primeros descubrimientos, la radiactividad atrajo la atención de
científicos de todo el mundo. En las décadas siguientes se investigaron a fondo
muchos aspectos del fenómeno.
Tipos de radiación
Rutherford
descubrió que las emisiones radiactivas contienen al menos dos componentes:
partículas alfa, que sólo penetran unas milésimas de centímetro, y partículas
beta, que son casi 100 veces más penetrantes. En experimentos posteriores se
sometieron las emisiones radiactivas a campos eléctricos y magnéticos, y de
esta forma se descubrió que había un tercer componente, los rayos gamma, que
resultaron ser mucho más penetrantes que las partículas beta.
En
un campo eléctrico, la trayectoria de las partículas beta se desvía mucho hacia
el polo positivo, mientras que la de las partículas alfa lo hace en menor
medida hacia el polo negativo; los rayos gamma no son desviados en absoluto.
Esto indica que las partículas beta tienen carga negativa, las partículas alfa
tienen carga positiva (se desvían menos porque son más pesadas que las
partículas beta) y los rayos gamma son eléctricamente neutros.
El
descubrimiento de que la desintegración del radio produce radón demostró que en
la desintegración radiactiva se produce un cambio en la naturaleza química del
elemento que se desintegra.
Los
experimentos sobre la desviación de partículas alfa en un campo eléctrico
demostraron que la relación entre la carga eléctrica y la masa de estas
partículas es aproximadamente la mitad que la del ion hidrógeno. Los físicos
supusieron que las partículas podían ser iones helio con carga doble (átomos de
helio a los que les faltaban dos electrones). El ion helio tiene una masa
aproximadamente cuatro veces mayor que el de hidrógeno, lo que supondría que su
relación carga-masa sería la mitad que la del ion de hidrógeno. Esta suposición
fue demostrada por Rutherford.
Más
tarde se demostró que las partículas beta eran electrones, mientras que los
rayos gamma eran radiaciones electromagnéticas de la misma naturaleza que los
rayos X pero con una energía bastante mayor.
La hipótesis nuclear
En
la época en que se descubrió la radiactividad, los físicos creían que el átomo
era el bloque de materia último e indivisible. Después, se comprobó que las
partículas alfa y beta ( unidades de materia ) , a través de la radiactividad
transforman los átomos en nuevos tipos de átomos con propiedades químicas
nuevas.
Esto
hizo que se reconociera que los átomos deben tener una estructura interna, y
que no son las partículas últimas y fundamentales de la naturaleza.
En
1911, Rutherford demostró la existencia de un núcleo en el interior del átomo
mediante experimentos en los que se desviaban partículas alfa con láminas
delgadas de metal.
Desde
entonces, la hipótesis nuclear ha evolucionado hasta convertirse en una teoría
de la estructura atómica, que permite explicar todo el fenómeno de la
radiactividad.
Es
decir, se ha comprobado que el átomo está formado por un núcleo central muy
denso, rodeado por una nube de electrones. El núcleo, a su vez, está compuesto
de protones, cuyo número es igual al de los electrones (en un átomo no
ionizado), y de neutrones. Los neutrones son eléctricamente neutros, y su masa
es aproximadamente igual a la de los protones.
Una
partícula alfa (un núcleo de helio con carga doble) está formada por dos
protones y dos neutrones, por lo que sólo puede ser emitida por el núcleo de un
átomo.
Cuando
un núcleo pierde una partícula alfa se forma un nuevo núcleo, más ligero que el
original en cuatro unidades de masa (las masas del neutrón y el protón son de
una unidad aproximadamente). Cuando un átomo del isótopo de uranio con número
másico 238 emite una partícula alfa, se convierte en un átomo de otro elemento,
con número másico 234. Como la carga del uranio 238 disminuye en dos unidades
como resultado de la emisión alfa, el número atómico del átomo resultante es
menor en dos unidades al original, que era de 92. El nuevo átomo tiene un
número atómico de 90, y es un isótopo del elemento torio.
El
torio 234 emite partículas beta (electrones). La emisión beta se produce a
través de la transformación de un neutrón en un protón, y entonces aumenta la
carga nuclear (o número atómico) en una unidad. La masa de un electrón es
despreciable, por lo que el isótopo producido por la desintegración del torio
234 tiene un número másico de 234 y un número atómico de 91; se trata de un
isótopo del protactinio.
Las
emisiones alfa y beta suelen ir junto con la emisión gamma. Los rayos gamma no
poseen carga ni masa; por lo tanto no suponen cambios en la estructura del
núcleo, sino la pérdida de una determinada cantidad de energía radiante.
Con
la emisión de estos rayos, el núcleo compensa el estado inestable tras los
procesos alfa y beta. La partícula alfa o beta primaria y su rayo gamma
asociado se emiten casi a la vez. Sin embargo, se conocen algunos casos de
procesos alfa o beta no acompañados de rayos gamma o al contrario ( isómeros
nucleares, mismo número atómico y número másico pero distintas energías. Ej:
isótopo protactinio 234).
Series de
desintegración radiactiva
Cuando
el uranio 238 se desintegra mediante emisión alfa, se forma torio 234; éste es
un emisor beta y se desintegra para formar protactinio 234, que a su vez, es un
emisor beta que da lugar a un nuevo isótopo del uranio, el uranio 234. Este
isótopo se desintegra mediante emisión alfa para formar torio 230, que se
desintegra mediante emisión alfa y produce el isótopo radio 226.
Esta
serie de desintegración radiactiva, denominada serie uranio-radio, continúa de
forma similar con otras cinco emisiones alfa y otras cuatro emisiones beta
hasta llegar al producto final, un isótopo no radiactivo (estable) del plomo
(el elemento 82) con número másico 206.
En
esta serie están representados todos los elementos de la tabla periódica
situados entre el uranio y el plomo. Todos los miembros de esta serie tienen un
rasgo común: si se resta 2 a sus números másicos se obtienen números
exactamente divisibles por 4, es decir, sus números másicos pueden expresarse
mediante la sencilla fórmula 4n + 2, donde n es un número entero.
Otras
series radiactivas naturales son la serie del torio, llamada serie 4n
y la serie del actinio o serie 4n + 3. El elemento original de la serie
del torio es el isótopo torio 232, y su producto final es el isótopo estable
plomo 208. La serie del actinio empieza con el uranio 235 y acaba en el plomo
207.
En
los últimos años se ha descubierto y estudiado en profundidad una cuarta serie,
la serie 4n
+ 1, en la que todos son elementos radiactivos artificiales. Su miembro inicial
es un isótopo del elemento artificial curio, el curio 241, y su producto final
es el bismuto 209.
Una
aplicación del conocimiento de los elementos radiactivos es la determinación de
la edad de la Tierra. Se puede saber la edad de una roca ya que en muchos
minerales de uranio y torio (que llevan desintegrándose desde su formación),
las partículas alfa han quedado atrapadas (en forma de átomos de helio) en el
interior de la roca. Sabiendo con precisión las cantidades de helio, uranio y
torio que hay en la roca, se puede calcular el tiempo que llevan ocurriendo los
procesos de desintegración (es decir, la edad de la roca).
Este
método nos dice que la edad de la Tierra oscila en torno a unos 4.600 millones
de años. Se han obtenido valores similares en meteoritos que han caído a la
superficie terrestre y en muestras lunares traídas por el Apollo 11 en julio de
1969, lo que indica que todo el Sistema Solar tiene probablemente una edad
similar a la Tierra.
Radiactividad
artificial
Todos
los isótopos naturales situados por encima del bismuto en la tabla periódica son
radiactivos. Además también existen isótopos naturales radiactivos del bismuto,
el talio, el vanadio, el indio, el neodimio, el gadolinio, el hafnio, el
platino, el plomo, el renio, el lutecio, el rubidio, el potasio, el hidrógeno,
el carbono, el lantano y el samario.
En
1919, Rutherford provocó la primera reacción nuclear inducida artificialmente
al bombardear gas nitrógeno corriente (nitrógeno 14) con partículas alfa.
Comprobó
que los núcleos del nitrógeno capturaban estas partículas y emitían protones
muy rápidamente, con lo que formaban un isótopo estable del oxígeno, el oxígeno
17. Esta reacción puede escribirse en notación simbólica como:
wN
+ nHe
±
xO
+ eH
Por
convenio, se escriben los números atómicos de los núcleos implicados como
subíndices y a la izquierda de sus símbolos químicos, y sus números másicos
como superíndices.
En
la reacción anterior, la partícula alfa se expresa como un núcleo de helio, y
el protón como un núcleo de hidrógeno.
Hasta
1933 no se demostró que estas reacciones nucleares podían llevar en ocasiones a
la formación de nuevos núcleos radiactivos. Los químicos franceses Irène y
Frèdéric Joliot-Curie produjeron aquel año la primera sustancia radiactiva
bombardeando aluminio con partículas alfa.
Los
núcleos de aluminio capturaban estas partículas y emitían neutrones, con lo que
se formaba un isótopo de fósforo que se desintegraba en un periodo de
semidesintegración muy corto.
Los
Joliot-Curie también produjeron un isótopo de nitrógeno a partir de boro, y uno
de aluminio a partir de magnesio. Desde entonces se han descubierto muchas
reacciones nucleares, y se han bombardeado los núcleos de todos los elementos
de la tabla periódica con distintas partículas, entre ellas partículas alfa,
protones, neutrones y deuterones (núcleos de deuterio, el isótopo de hidrógeno
de número másico 2).
Como
resultado de esta investigación intensiva se conocen en la actualidad más de
400 elementos radiactivos artificiales, además a favorecido al desarrollo de
aceleradores de partículas que comunican velocidades enormes a las partículas
empleadas en el bombardeo.
El
estudio de las reacciones nucleares y la búsqueda de nuevos isótopos
radiactivos artificiales, sobre todo entre los elementos más pesados, llevó al
descubrimiento de la fisión nuclear y al posterior desarrollo de la bomba
atómica.
También
se descubrieron varios elementos nuevos que no existen en la naturaleza. El
desarrollo de reactores nucleares hizo posible la producción a gran escala de
isótopos radiactivos de casi todos los elementos de la tabla periódica, y la
disponibilidad de estos isótopos supone una ayuda incalculable para la
investigación química y biomédica.
Entre
los isótopos radiactivos producidos artificialmente tiene gran importancia el
carbono 14, con un periodo de semidesintegración de 5.730 ± 40 años. La
disponibilidad de esta sustancia ha permitido investigar numerosos aspectos de
procesos vitales, como la fotosíntesis, con mayor profundidad.
En
la atmósfera terrestre existe una cantidad minúscula de carbono 14, y todos los
organismos vivos lo asimilan durante su vida. Después de la muerte, esta
asimilación se interrumpe, y el carbono radiactivo, que se desintegra
continuamente, deja de tener una concentración constante.
Las
medidas del contenido de carbono 14 permiten calcular la edad de objetos de
interés histórico o arqueológico, como huesos o momias.
Otras
aplicaciones de los isótopos radiactivos se dan en la terapia médica, la
radiografía industrial, y ciertos dispositivos específicos como fuentes de luz
fosforescente, eliminadores de electricidad estática, calibres de espesor o
pilas nucleares.
Lluvia radiactiva
Se
define como la deposición de partículas radiactivas, liberadas en la atmósfera
por explosiones nucleares o escapes de instalaciones y centrales nucleares,
sobre la superficie de la Tierra.
El
interés de la opinión pública se ha centrado sobre todo en los efectos de la
lluvia radiactiva desde el periodo de las pruebas nucleares atmosféricas a gran
escala realizadas en las décadas de 1950 y comienzos de la de 1960.
Se
habló sobre sus efectos dañinos durante muchos años, pero hasta 1984 no se
adoptó una decisión , cuando un juez federal de Utah dictaminó que 10 personas
habían enfermado de cáncer debido a que el gobierno no había tomado las medidas
adecuadas en cuanto a la exposición de los ciudadanos a la lluvia radiactiva en
aquel estado.
En
1985 el Tribunal de apelación de pensiones de Inglaterra y Gales llegó a una
conclusión similar en el caso de un veterano de las pruebas nucleares
británicas en las islas Christmas durante la década de 1950.
Desde
la firma del tratado de limitación de pruebas nucleares en 1963, los niveles de
lluvia radiactiva han disminuido en todo el mundo. El accidente nuclear de
Chernobil produjo cierta cantidad de lluvia radiactiva.
Mecanismo:
El
material del que se compone la lluvia radiactiva se produce por la energía
nuclear y por la activación del suelo, el aire, el agua y otros materiales en
las inmediaciones del lugar de la detonación.
Las
partículas radiactivas individuales son invisibles, y tan ligeras que podrían
dar vueltas una y otra vez en torno al planeta sin llegar a descender a la
superficie ( sólo si una bomba nuclear fuera detonada fuera de la atmósfera ).
Cuando un arma nuclear es detonada, buena parte del material es absorbido hacia
la bola de fuego ( masa caliente que se eleva formando una nube en forma de
hongo ). En el interior de la bola de fuego y en el tallo de la nube de la
bomba, las partículas radiactivas se adhieren a partículas más pesadas.
Las
partículas de materia de mayor masa caen de vuelta a la tierra en cuestión de
minutos, formando una lluvia radiactiva muy localizada. Las partículas de masa
menor, pero fácilmente visibles, arrastradas por el viento, caen a tierra al
cabo de varias horas, y reciben el nombre de lluvia radiactiva local.
Si
la explosión es de escasa potencia, la nube de la bomba puede no alcanzar la
tropopausa. En casos así, se produce la llamada lluvia radiactiva troposférica,
y los fragmentos de la bomba se desplazan siguiendo la latitud donde se produjo
la detonación y cayendo a la superficie cuando la lluvia arrastra la materia
extraña de la atmósfera.
Si
la explosión es de mucha potencia los residuos alcanzan la estratosfera. La
lluvia producida en este caso recibe el nombre de lluvia atómica estratosférica
o global. Estas partículas permanecen en suspensión durante considerables
periodos.
Riesgos
potenciales
El
riesgo que representaría la lluvia radiactiva en una guerra nuclear sería mucho
más serio que en una prueba nuclear. Habría que considerar los efectos letales
inmediatos y los efectos a largo plazo. Este hecho ha llevado a la construcción
de refugios nucleares como parte de los planes de defensa civil.
Se
están desarrollando sistemas para descontaminar el agua, la tierra y los
alimentos con el fin de combatir los posibles efectos de la lluvia radiactiva
durante y después de un ataque nuclear.
Muchas
investigaciones que aunque algunos seres humanos sobrevivieran a una guerra
nuclear a gran escala, probablemente serían estériles.
En
caso de producirse un accidente en una central con liberación de residuos
radiactivos, la tierra podría quedar contaminada en muchos kilómetros a la
redonda. Para impedir esto, los ingenieros nucleares diseñan los sistemas
intentando impedir el riesgo de fugas accidentales.
Efectos
biológicos de la radiación
La
radiación tiene consecuencias sobre los tejidos de los organismos vivos. Se
transfiere energía a las moléculas de las células de estos tejidos. Como
resultado las células pueden deteriorarse de forma temporal o permanente y
ocasionar incluso la muerte de las mismas. Los efectos de la radiación son los
mismos, tanto si ésta procede del exterior, como si procede de un material
radiactivo situado en el interior del cuerpo.
Los
efectos biológicos de una misma dosis de radiación varían de forma considerable
según el tiempo de exposición. Los efectos que aparecen tras una irradiación
rápida se deben a la muerte de las células y pueden hacerse visibles pasadas
horas, días o semanas.
Trastornos
graves :
Dosis
altas de radiación sobre todo el cuerpo, producen lesiones características. La
radiación absorbida se mide en grays (1 gray es la cantidad de radiación
necesaria para liberar 1 julio de energía por kilogramo de materia).
Una
cantidad de radiación superior a 400.000 grays produce un deterioro severo en
el sistema vascular humano, que desemboca en edema cerebral, trastornos
neurológicos y coma profundo. El individuo muere en las 48 horas siguientes.
Cuando
el organismo absorbe de 100.000 a 400.000 grays de radiación. El individuo
muere en los diez días siguientes a consecuencia del desequilibrio osmótico,
del deterioro de la médula ósea y de la infección terminal.
Si
la cantidad absorbida oscila entre 15.000 y 100.000 grays, se destruye la
médula ósea provocando infección y hemorragia. La persona puede morir cuatro o
cinco semanas después de la exposición.
La
mitad de las personas que han recibido una radiación de 30.000 a 32.500 grays y
que no hayan recibido tratamiento, pierden la médula ósea.
La
irradiación de zonas concretas del cuerpo produce daños locales en los tejidos.
Se lesionan los vasos sanguíneos de las zonas expuestas alterando las funciones
de los órganos. Cantidades más elevadas, desembocan en gangrena.
No
es probable que una irradiación interna, cause trastornos graves. Dependerá del
órgano en cuestión y de su vida media. El tejido irradiado puede destruirse o
desarrollar un cáncer.
Radiación
no ionizante:
Durante
mucho tiempo se ha creído que la frecuencia de radiación de redes o tendidos
eléctricos, radares, canales o redes de comunicación y hornos de microondas era
perjudicial y que producía quemaduras, cataratas, esterilidad temporal, etc. Se
han observado algunas consecuencias biológicas poco importantes pero se
desconoce por el momento qué repercusión tienen sobre la salud.
OPINIÓN PERSONAL
Creo
que se nos debería dar más información sobre las consecuencias de las
radiaciones en los seres vivos, ya que pueden ser nefastas y nos afectan muy
directamente, y por ello todo el mundo debería de interesarse más por este
tema.
Las
radiaciones pueden provocar efectos graves o crónicos sobre nuestra salud,
dependiendo de la dosis recibida. Pueden producir enfermedades agudas o efectos
retardados como el cáncer, y por todo esto habría que poner remedio y control a
las emisiones radiactivas y a las posibles fugas que se pueden producir en las
centrales nucleares.
Los
trabajadores que se exponen a rayos X o material radiactivo están dentro de la
población que corren riesgo de sufrir enfermedades como consecuencia de ello.
Así que estas profesiones deberían ser recompensadas de alguna forma por parte
de los gobiernos.
BIBLIOGRAFÍA
·
Varios autores.1972.Monitor.
Director:
Manuel Salvat.
Ed.
Salvat. V-10, Pamplona.
· Varios
autores.1991. Larousse.
Ed.
Planeta. Volumen-7, Barcelona.
Varios
autores.1990.Nueva Enciclopedia Temática Planeta.
Ed.
Planeta. Volumen-3, Barcelona.
Varios
autores.1989.Crónica de la Técnica.
Ed.
Plaza & Janes. Madrid.
ÍNDICE
Introducción................................................................................1,2
Tipos de
radiación......................................................................2,3
La hipótesis
nuclear....................................................................3,4,5,6
Series de
desintegración radiactiva...........................................6,7
Radiactividad
artificial..................................................................8,9,10
Lluvia
radiactiva............................................................................10,11,12
Mecanismo.................................................................................11
Riesgos
potenciales....................................................................11,12
Efectos
biológicos de la radiación...............................................12
Trastornos
graves........................................................................12,13,14
Radiación
no ionizante.................................................................14
Opinión
personal..............................................................................15
Bibliografía........................................................................................16
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| X | ||||