RAFAEL ALBERTI
Fuente: Diario La Nación
Poeta,
dramaturgo, pintor y último representante de la Generación del 27, el escritor
español Rafael Alberti, fallecido en la madrugada del 28 de octubre de 1999, a
los 96 años, en su domicilio del Puerto de Santa María, en el sur de España,
fue uno de los más grandes exponentes de la literatura hispana.
A
lo largo de su extensa obra promovió los ideales de la libertad y la justicia e
integró un grupo literario que determinó un renacimiento vigoroso de la lírica
de su país junto con Federico García Lorca, Pedro Salinas, Gerardo Diego,
Dámaso Alonso y otros grandes poetas.
Alberti
había nacido en Cádiz, el 16 de diciembre de 1902. Su primera vocación fue la
pintura y a ella se consagró desde la adolescencia. Su padre, descendiente de
italianos, lo educó en los mejores colegios, empezando por los jesuitas. A los
17 años se trasladó a Madrid con su familia y prosiguió los estudios
superiores.
El
Puerto de Santa María -su lugar de nacimiento en la bahía gaditana- le había
dejado imágenes deslumbrantes de sol y de color, además de la visión de los
hombres que trabajaban en el puerto.
Esa
vivencia se transformó en palabras en su primera obra Marinero en tierra (1925),
pero también en pintura.
Muchos
años después, en Buenos Aires, volvería a los pinceles para intentar una
síntesis artística que él bautizó como "liricografías".
De sus maestros
Desde
que publicó Marinero
en tierra, Alberti entró con paso firme en la generación poética
española del 27, cuyos integrantes pasaron de algún modo por el ultraísmo
promovido por el viejo erudito Rafael Cansinos Assens, al que Jorge Luis Borges
reconoció siempre como el teorizador máximo de ese "ismo" poético.
Alberti siguió las huellas de los maestros del Siglo
de Oro español y de clásicos como Góngora, Garcilaso y otros. Su primer libro
obtuvo el Premio Nacional de Literatura y lo consagró como autor en plena
juventud. Colaboró en la Revista de Occidente, en la que Ortega y Gasset era
una brújula de libertad intelectual.
Inició
así un momento fecundo en su carrera. Publicó La amante (1926), El alba de
alhelí (1927), Cal y canto y Sobre los ángeles (1929), y Sermones y
moradas y Elegía cívica (1935), primer intento de
poesía social. Estrenó, además, su primera obra de teatro, El hombre deshabitado
(1931).
El advenimiento de la República encontró al poeta en
el camino de la politización. En 1932, se afilió al Partido Comunista y dos
años después fundó la revista Octubre, que albergó a escritores y artistas
revolucionarios. En el congreso de autores soviéticos, en Moscú, conoció a
Gorki , a Eisenstein, a Prokofiev y a Malraux.
Cuando estalló la Guerra Civil Española, en 1936, el
autor estaba definitivamente enrolado en uno de los bandos. En Madrid publicó
infinidad de poemas, firmó manifiestos, escribió artículos y organizó actos.
Concluida la guerra, Alberti fue objeto de una campaña de descrédito. En 1939,
el diario ABC decía de él que pertenecía a "los tristes homeros de una
ilíada de derrotas".
En
cambio, él definía su poesía así: "Lo que me impulsa a escribir es la
misma razón que mueve a los obreros y a los campesinos, una razón
revolucionaria. Creo sinceramente que el nuevo camino de la poesía está
ahí".
En la Argentina
Alberti
emigró a París y desde allí llegó a la Argentina en 1940, donde residió 24
años. Estuvo en Córdoba y después se instaló en Buenos Aires con su mujer, la
escritora María Teresa León. Entre 1944 y 1949 fue un asiduo colaborador del
diario La
Nación.
En
nuestro país publicó Entre el clavel y la espada (1941), El trébol
florido (1946), Pleamar (1944), De un momento a otro (1937),
La
gallarda (1944), Imagen primera de... (1945), A la pintura
(1948), Retorno
de lo vivo lejano (1952), Ora marítima. Baladas y canciones del Paraná
(1953) y La
arboleda perdida (1959). También pintó y trabajó como guionista con
su mujer, por ejemplo, en películas como "El gran amor de Bécquer".
Margarita Xirgu estrenó en Buenos Aires El adefesio (1944), una tragedia lorquiana
aplaudida por la crítica. Frecuentó a Oliverio Girondo, Raúl González Tuñón,
Ricardo Molinari y Ernesto Sabato. Conoció a Victoria Ocampo, y a los pintores
Emilio Pettoruti, Raúl Soldi y Antonio Berni.
Sobre
Borges comentó en una ocasión: "No tuve ninguna relación con él mientras
viví en la Argentina. El tenía sus ideas personales y no era amigo de muchas
personas. Era inabordable".
Tras
su exilio en la Argentina, Alberti se instaló en Roma. Tenía 61 años. Conoció a
Ungaretti, Pasolini y Vittorio Gassman. Abierto a todas horas (1964) es el primer
libro suyo editado en España después de la guerra.
En
1977 regresó a España, dispuesto a perdonar. "Me fui con el puño cerrado y
vuelvo con la mano abierta como símbolo de paz y fraternidad entre todos los
españoles", declaró al retornar del exilio. Fustigada luz (1980), Versos
sueltos de cada día (1982), Golfo de sombras (1986), Los hijos
del drago y otros poemas (1986), Cuatro canciones (1987), Canciones
para Altair (1989) y Santa Casilda (1990) figuran entre sus
últimos testimonios.
Obtuvo el premio Cervantes en 1983 y renunció al
Príncipe de Asturias por sus convicciones republicanas. En 1990, a un año de la
muerte de su primera esposa, se casó con su secretaria, María Asunción Mateo,
que preside la Fundación Alberti. Los restos de quien cantó a la libertad, al mar,
a la paz y a los pueblos tendrán un final poético: sus cenizas fueron
esparcidas en las aguas de la bahía de Cádiz.