Vida y obras de Rafael De Urbino.
Urbino, Florencia, Roma.
Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 1703 |
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RAFAEL
Durante siglos, Rafael ha sido reconocido como el pintor más grande
del alto renacimiento, más versátil que Miguel Ángel y
más prolífico que Leonardo da Vinci. Este último, de mayor
edad, ejerció una importante influencia sobre él.
PERIODO JUVENIL
Rafael nació en Urbino, Italia, donde trabajaba su padre, Giovanni
Santi, pintor de segundo orden pero de extensa cultura. A él cabe atribuir
casi con toda probabilidad la formación inicial de su hijo, quien desde
una edad temprana debió de conocer la obra de Andrea Mantegna, Paolo
Uccello y Piero de la Francesca.
Estudió también con Timoteo Viti en Urbino, realizando bajo su
influencia un gran número de trabajos de miniaturas en una delicada y
poética atmósfera como Apollo y Marsias (Louvre, París).
En 1499 fue a Perugia, en Umbría. Rafael figura como maestro independiente
ya en el año 1500. Sus primeras pinturas muestran una gran influencia
de Pietro Perugino, lo que refuerza la creencia general de que trabajó
durante algún tiempo en el taller de este pintor, del cual adoptó
ya en sus primeras obras las tonalidades claras, las composiciones plácidas
y los paisajes espaciosos. De entre las obras que allí realizó,
cabe destacar Cristo crucificado con la Virgen, los Santos y los Ángeles
(1503) El Sueño del Caballero (National Gallery, Londres), Las Tres Gracias
y Los Desposorios de la Virgen (1505, obra maestra de armonía elegante
y mesurada, con la que cierra su primer periodo).
EL PERIODO FLORENTINO
En 1504, Rafael se trasladó a Florencia, donde estudió la obra
de pintores de su tiempo como Leonardo da Vinci (de quien toma los recursos
técnicos del claroscuro y el “sfumato), Miguel Ángel (del
cual derivan el estilo dramático y los desnudos de algunas de las obras
de Rafael) y Fra Bartolomeo. En La Misa de Bolsena o en La Madonna del pez pueden
apreciarse ciertos rasgos de la pintura tonal de los venecianos, que conoció
a través de Sebastiano del Piombo.
Rafael formula entonces su propio estilo, que es una síntesis del de
los grandes maestros. De esta forma, pasó de la rigidez geométrica
de la escuela de Umbría a una forma más animada e informal de
entender la pintura.
Una gran muestra de este nuevo estilo son las numerosas Vírgenes que
pinta en Florencia, cuya pulcritud compositiva junto con el “sfumato”
y la serenidad poética del paisaje, constituyen algunas de las mejores
obras del clasicismo y del humanismo cristiano. Citemos como ejemplo una de
sus Vírgenes: La Virgen del Jilguero (1505).
El primer ejemplo, que aún conserva la inspiración de la escuela
de Umbría, es la Madonna del Gran Duque (1504-1505).
Ejemplos posteriores muestran la influencia de Leonardo en la serenidad de
la expresión y la composición, como por ejemplo La Bella Jardinera
(1507-1508), en la que se da una composición piramidal característica
de la pintura de Da Vinci
La última de las madonnas pintadas en Florencia fue la Madonna del Baldacchino
(1508), que es una pieza de un altar monumental y su estilo recuerda a las obras
de Fra Bartolomeo.
Su composición más original de este periodo es el Entierro de
Cristo (1507), otra pieza de altar que muestra la gran influencia que Miguel
Ángel ejerció en su obra, especialmente en la anatomía
y posición de las figuras representadas.
Tampoco podemos olvidar su gran obra La Sagrada Familia (1507), obra en la
que crea el prototipo iconográfico de la Virgen con el Niño, cargada
de una sencillez y sensibilidad alejadas de las complejas representaciones de
Miguel Ángel o Leonardo da Vinci.
PERIODO ROMANO
En 1508, a la edad de 25 años, y por recomendación de Bramante,
fue llamado a la corte del Papa Julio II para colaborar en una nueva decoración
de las estancias papales en el palacio del Vaticano.
Las paredes de la habitación llamada Estancia de la Signatura (1509-1511)
están decoradas con frescos que ilustran escenas en que se representa
la personificación de la Teología, Filosofía, Poesía
y Justicia, que aparecen en el techo y que constituyen una verdadera manifestación
doctrinal en torno a la concordia entre paganismo y cristianismo.
En la pared bajo la Teología, se encuentra la Disputa del Sacramento,
que representa a un grupo discutiendo el misterio de la Trinidad, donde expresa
toda su experiencia en los juegos de luces. Se encuentra también en esta
estancia la famosa Escuela de Atenas, una pintura que ilustra un espacio arquitectónico
abierto en el cual Platón, Aristóteles y otros antiguos filósofos
están sumidos en una discusión. En la pared bajo la Poesía,
se encuentra El Parnaso, en el cual el rey griego Apolo aparece rodeado de las
Musas.
Por entonces Rafael dirigía un estudio de éxito y enseñaba
a sus ayudantes a finalizar las obras a partir de dibujos iniciales que él
realizaba (estos dibujos constituyen una importante prueba de las intenciones
originales del artista). Así, otra estancia del Vaticano, la Estancia
de Eliodoro (1512-1514) fue pintada por éstos. En ella se representan
escenas que representan el triunfo de la iglesia católica romana sobre
sus enemigos. Cabe destacar dentro de esta estancia La Expulsión de Eliodoro
o El triunfo del Sacramento
Aunque los frescos que realizó en el Vaticano no fueron accesibles al
público, llegaron a ser ampliamente conocidos gracias a los grabados
de Marcantonio.
Tras la muerte del Papa Julio II, en 1513, y el nombramiento de León
X, la influencia y responsabilidades de Rafael aumentaron. Se convirtió
en arquitecto mayor de la basílica de San Pedro en 1514, y un año
más tarde fue el director de las excavaciones arqueológicas cerca
de Roma.
A causa de sus múltiples actividades, sólo la tercera parte de
la habitación del Palacio del Vaticano llamada la Estancia del Incendio
(1514-1517) fue pintada por Rafael. El elaboró los diseños de
la cuarta estancia, la Sala Costantina, pero no la pintó.
Durante este periodo, también diseño diez cartones para los diez
tapices de los Hechos de los apóstoles de Cristo ilustrando las acciones
de éstos para la decoración de la Capilla Sistina. Estos monumentales
tapices, tejidos en Bruselas, se encuentran actualmente en el Museo de Victoria
y Alberto de Londres, pero no reflejan con exactitud la soltura y espaciosidad
de la composición de Rafael.
Al mismo tiempo que relizaba todas estas actividades, Rafael ideó la
arquitectura y decoraciones de la Capilla Chigi, en la iglesia de Santa María
del Popolo y las decoraciones de la Villa Farnesia, en la que se encuentran
El Triunfo de Galatea y dibujó La historia de Psique (obra realizada
por sus discípulos).
Además de todas estas actividades, evolucionó como retratista
y llegó a ser uno de los más brillantes exponentes de la pintura
histórica. Ejecutó un gran número de cuadros, incluyendo
un retrato de Julio II (1511-1512), una serie de madonnas y la famosa Sistine
Madonna (1514, Gemaldegalerie, Dresden)
Realizó también pinturas de carácter religioso, como la
Transfiguración (1517-1520, Vaticano) Que dejó inacabada y fue
completada posteriormente por el más notable de los seguidores de Rafael,
Giulio Romano. La última obra de Rafael, La transfiguración (1517-1511),
acabada por sus discípulos, constituye, con sus veinticinco figuras,
el resultado final de sus estudios de composición de perspectiva y de
luz, siendo esta obra considerada incluso el súmmum de la pintura.
Rafael expresó la verdadera esencia de su arte, su sereno clasicismo,
en las magníficas madonnas que pintó en esta época: Madonna
de Foligno (1511-1512), Madonna de la silla (1514), Madonna de San Sixto (1513).
Finalmente, dio la prueba más elevada y más sugestiva de su delicada
intuición psicológica, a la vez que de su sentido de las gamas
armoniosas, de los más finos valores, en los retratos de Angelo Doni
y de su mujer Magddalena Doni (1516), de León X y dos cardenales (1518-1519)
de Baldasarre Castiglione, de Julio II, de un cardenal desconocido...
Rafael murió en Roma en 1520, a la edad de 37 años, dejando una
producción que fue decisiva en la evolución del arte en Europa,
a la vez que sirvió de inspiración a la tradición académica
dominante en la pintura europea hasta mediados del siglo XIX y fue calificada
como el modelo por excelencia del clasicismo.
Comentario de algunas de sus obras:
LA SAGRADA FAMILIA DEL CORDERO
(29x21 cm. Museo del Prado)
De todas las Sagradas Familias de Rafael, esta pequeña tabla es sin
duda la más nombradas. Además de ser una obra de la juventud del
pintor, pertenece a la época de su estancia en Florencia, donde coincidió
con Leonardo y con Miguel Angel.
De Leonardo precisamente se rastrean muchas influencias en esta obrita juvenil
de Rafael: así, el "sfumato" con que se crean las tenues sombras
que marcan los volúmenes del rostro de la Virgen o del cuerpo del Niño.
El detallado, minucioso y cuidado paisaje del fondo -incluye una escena de la
Huida a Egipto- también está delatando una autoría muy
temprana. Luego, cuando Rafael se estableció en Roma y se consagró
como un genio de la pintura, fue concediendo cada vez menos importancia a este
detallismo.
La serenidad en esta obra radica también en la sencilla composición:
el conjunto de figuras se inscribe en un imaginario triángulo del que
la cabeza de José sería el vértice superior.
El cuadro está firmado en el escote de la Virgen: "Raphael Urbinas
MDVII" (Rafael de Urbino, 1507).
CAÍDA EN EL CAMINO DEL CALVARIO o "EL PASMO DE SICILIA"
(318x229 cm. Museo del Prado)
El subtítulo de "Pasmo de Sicilia" con el que también
se conoce esta obra es la corrupción popular del nombre del lugar de
su procedencia, el convento de Santa María "dello Spasimo"
en la ciudad siciliana de Palermo.
En las colecciones reales -a las que llegó en el reinado de Felipe IV-
se calificaba esta pintura como "la alhaja más preciosa del mundo".
Es la obra más cuidada de Rafael en cuanto a su composición y
a la expresión de los personajes.
En la organización compositiva del cuadro, Rafael hace pasar ante nuestra
vista el camino del cortejo que viniendo desde la derecha se dirige hacia el
fondo izquierdo de la escena recortándose sobre un paisaje de serena
belleza.
En los personajes se distingue la expresión de aquellos que viven intensamente
la tragedia que están presenciando, y la de aquellos que parecen contemplar
impasibles la caída de Cristo.